Hoy es un domingo complicado. Si bien la playa contendrá a bastantes más personas que la semana pasada, la temperatura que marcan los termómetros ambientales superan los 38 grados. Los cinco adolescentes, vestidos ya con los bañadores y cargados con bolsas repletas de variopintos materiales (flotadores, colchonetas, galletas, bolsas de patatas fritas, cubos, palas, toallas, sombrillas y ropa de recambio) están decidiendo si ir al río, donde estarán solos, o al litoral.

—En el río estaremos más tranquilos.—profiere Izuku.—Pero la zona profunda está bastante más lejos que la playa. Podríamos morir derretidos antes de llegar.

—En el río apenas podremos zambullirnos enteros.—asevera Hitoshi.—Yo voto por ir a la playa.

—¿Seguro? Vinieron un montón de turistas hace poco a los alrededores de la costa. Estará a petar de gente.—dice Ochaco, quien no parece sentirse muy convencida de la opción que ofrece Shin.

—Los extremos de la playa suelen estar mucho más vacíos. Ya sabes, pasado el segundo túnel de piedra.—añade Iida, haciendo comillas con los dedos mientras dice la palabra "túnel".

—Claro, porque está lleno de cangrejos.—responde Uraraka.

—Da igual. ¿Vamos ya para allá? Me va a dar un golpe de calor si seguimos encerrados aquí.—Katsuki agarra su mochila bandolera mientras se dirige hacia el vestíbulo para salir al exterior.

—Oye, ¿no te han explicado en el colegio lo que es la democracia?—Uraraka es la única que lo reprocha. Aun así, ella y los otros tres hacen lo mismo que Kacchan, cargando su equipaje y caminando hacia la salida.

—Quizás lo hayan hecho, pero no lo recuerdo.—contesta Katsuki sin mirarla mientras gira el pomo.—Iba a salir ganando la opción de la playa, igualmente.

—Bueno, supongo que sí.—admite ella avergonzada.

Una vez abierta la puerta, los cinco salen en fila india a la calle. Los abrasadores rayos del Sol caen directamente sobre su piel y ojos, cegándolos y torturando cada epidermis de su tejido cutáneo sin piedad alguna.

—JODER QUE CALOR.—grita Shin a la vez que se cubre los ojos con sus dos brazos, haciando una X.

—Vamos rápido a la playa por dios.—sugiere ahora Uraraka, impaciente.—Ya estoy sudando.

Ochaco y Shinso son sin duda los más expresivos respecto al calor que hace. Deku también lo está pasando mal, pero él prefiere cerrar la boca y aguantar en silencio. Mientras tanto, Tenya abre una sombrilla de playa gigantesca y Kacchan se coloca tranquilamente una gorra, aunque con la visera para atrás. De esta forma empieza la travesía hasta la playa de los cinco jóvenes.

—¡Tenyaaaa!—Ochaco corre bajo sombra del parasol de su amigo, pegándose a él.—Oh, que fresquito se está aquí.

—¡Oye, tramposa, te me has adelantado!—Shin hace lo mismo que ella, pero por el otro lado. De esta forma, Tenya tiene por un lado a Ochaco y por el otro a Hitoshi, quien casi parece que quiera fusionar su extremidad con la suya.—Wow, esto es el paraíso...

—Chicos, la sombrilla es grande, pero tampoco tanto.—insinúa Iida mientras se coloca bien las gafas.—Me vais a dar calor si os pegáis tanto a mí.

—Venga, pero si aquí no da el sol...—Ochaco se agarra al brazo de Tenya, el cual está flexionado para agarrar el guardasol.—Cariño, me gustan tus músculos.~—bromea.

Hitoshi se queda mirando a Uraraka, y hace el mismo gesto que ella.

—Estás muy fuerte, Iida.—pronuncia con un tono de voz más agudo y afeminado.

—¡Si vais a decir tonterías mejor callaros!

Delante del trío lalala, separados por unos cuatro metros de distancia, están Deku y Kacchan, que caminan uno al lado del otro en silencio: Katsuki con una expresión seria y neutra en el rostro, e Izuku sonriendo de manera reservada y algo intranquila. No mantienen ninguna conversación.

—¿No vas a ir con ellos?—suelta Bakugou de repente, rompiendo el silencio y sin dejar de ver al frente. Midoriya gira su cabeza para mirarlo, algo sorprendido de su repentina pregunta. Al ver que no responde nada, Kacchan pasa a observarlo también, clavando sus ojos carmesí en el par de esmeraldas de Izuku.—Parece que se está bien bajo la sombra. Cabes bajo esa sombrilla perfectamente.

Deku mira a sus amigos, quienes ahora se empujan de un lado a otro a la vez que se ríen. Sin duda, parecen estar pasárselo muy bien. Aun así, se encoge de hombros mientras baja su cuello dirección al suelo.

—No sé. Prefiero estar contigo.—responde. Al ver un poco de desconcierto en la expresión de Kacchan tras su respuesta, se ruboriza un poco.

—Tampoco es que estemos hablando de algo especial ahora.—sonríe Katsuki. Sin embargo, el gesto se le borra de la cara enseguida al ver la expresión de Midoriya. Dirige su mano al brazo de Deku, y lo toca durante un par de segundos. Izuku observa las acciones de su amigo sin decir nada, esperando por una respuesta de su parte.—Estás ardiendo de una manera increíble, tío.

—Bueno, hace calor...—susurra Midoriya.

—Hmm, ya.—Bakugou abre la cremallera de su bolsa y saca algo de dentro. Izuku desconoce la identidad del objeto al principio, pero en cuanto Bakugou lo abre se da cuenta de lo que es: una sombrilla, más pequeña que la de Tenya y de un limpio color blanco. Cualquier rayo del Sol que iluminara el cabello rubio o el rojo sangre de los ojos de Kacchan es detenido por el parasol: ahora, Katsuki no brilla. El pigmento de su pelo se ha apagado, y sus ojos, más que rojo sangre, parecen granate desgastado.

—Vamos, métete.—apremia.—Antes de que te marees más y acabes desmayándote.

Agarra del brazo de su amigo y lo obliga a andar bajo la sombra del guardasol.

—¿Cómo sabes que estoy mareado?—pregunta Izuku, sorprendido.

—Deku, no me jodas.—responde Kacchan.—Soy tu mejor amigo. Nada de ti se me escapa.

Bakugou recupera la sonrisa, induciendo a Midoriya a hacer el mismo gesto. Se miran mutuamente durante varios segundos, a los ojos, y los segundos empiezan a parecer eternos. Escondidos hasta del Sol, uno tan cerca del otro, Katsuki baja la mirada hacia los labios de su amigo. Se dispone a decir algo. Pero antes de poder articular palabra alguna, es interrumpido por el vocerío de atrás.

—¡Vamos, Tenya, canta con nosotros!—grita Uraraka.—I'm a Barbie girl! In a Barbie world!

Life in plastic! Is fantastic!—desafina Shin.

—Menos mal que estamos a punto de salir del pueblo...—susurra Bakugou mientras mira al resto del grupo. Su mano izquierda está agarrada suavemente a la manga de la camiseta de Izuku.—No sé donde han dejado su dignidad, estos traviesos muchachos.

—(¿Me está cogiendo de la ropa para que no me tropiece? Estoy mareado, pero tampoco es para tanto...)—piensa Deku mientras mira de reojo los dedos de Kacchan.—(Sigue guardando esa amabilidad especial y discreta que solo usa conmigo... Me pregunto si dentro de dos años seré capaz de revivir momentos como éste... Si Kacchan no regresa al pueblo, va a ser imposible.).


Después de diez minutos de travesía por las ardientes sendas de Crisa, con el grupo dividido por cada sombrilla que cuentan a su disposición, los cinco adolescentes ven a la distancia a la pandilla de Todoroki. Enseguida empiezan a calcular las opciones que tienen.

—Yo no voy a pasar delante de ellos.—afirma Katsuki con orgullo.

—Si no vamos por este camino recto tendremos que bajar y dar mucha más vuelta. ¿Quieres que tardemos un cuarto de hora más en llegar al agua fría del mar?—pregunta Iida, tratando de sonar convincente.

—Seguro que nos dicen algo.—murmura a regañadientes el rubio.—Esos gilipollas...

—Katsuki, les tienes demasiado recelo, enserio.—replica Ochaco.

—Tío, antes no los odiabas tanto.—sigue Hitoshi.—¿Cuándo empezaste a tener esta actitud hacia ellos? ¿A mitades del verano pasado?

—¿Y eso qué mierda importa? No quiero pasar por ahí.

—No es por nada pero cada vez nos estamos acercando más. Nos acabarán viendo.

—Urachaco, si tantas ganas tienes de ver la cara de "ángel" de tu amado vete a su casa por las noches y ya nos contarás por la mañana que tal.—con un tono increíblemente impaciente y molesto, las palabras de Katsuki se esfuman en el ambiente, seguidas de un silencio sepulcral ante la insinuación que acaba de hacer. Nadie parece querer añadir nada más a la conversación.

—Kacchan, tranquilízate.—le pide Deku a la vez que toca el brazo de su alterado amigo.—Vamos a pasar enfrente de ellos, ¿vale? Si nos dicen algo, no hace falta que contestes. Solo no pierdas la calma, ¿de acuerdo?—mira de reojo a su amiga, quien se encuentra algo dolida por el comentario de Katsuki.—Y discúlpate con Ochaco, por dios.

—Perdóname, me he pasado.—musita enseguida Bakugou. Uraraka mira el bosque, situado en la distancia, con cierta pesadumbre en sus ojos.

—Él ya tiene novia...—es lo único que dice.—Pesado.

—Vaya, vaya, vaya.—tal y como sabían bien todos, una vez pasan enfrente del grupo de mayores reciben un agradable saludo de parte del "jefe", Shoto Todoroki, quien les dedica una sonrisa burlona.—Mira quien está por aquí.

Bakugou, tirando de Midoriya, intenta pasar de largo del chico de veintidós años. Shoto los sigue, bajo la mirada del resto de sus amigos, que tienen sus ojos clavados en los cinco jóvenes.

—Hey, hey, hey, hey. ¿Sabéis que eso es de mala educación?—Todoroki toca el hombro de Izuku, provocando que Katsuki lo atraiga hacia él, alejándolo de Shoto. Fulmina con la mirada al chico.

—No lo toques.—advierte.—Le contagiarás el retraso.

—Oye, relax, bestia: yo solo quería deciros que me va de coña que hayáis pasado por aquí.—explica Todoroki, usando todavía un tono de voz sarcástico y burlesco. Pasa a mirar a Iida, Uraraka y Shinso.—Yo y mis amigos queremos saber una cosa.

Y este es el momento perfecto para hacer una pequeña pausa y explicar un poco como se reparte la sociedad del pueblo. Todas y cada una de las personas que están en Crisa se encuentran dentro del nivel de una organizada y quisquillosa pirámida jerárquica.

—El primero: los ancianos. Gracias a ellos es que hay vida en el pueblo, pues son sus hijos, nietos y hasta bisnietos los que vienen cada verano a pasar las vacaciones.

—El segundo: los adultos. Ellos se lo pasan genial y no tienen malos rollos entre ellos. Tensei se encontraría aquí dentro también.

—El tercero: la pandilla formada por Shoto, Momo, Mina, Denki, Itsuka, Neito, Mei, Toru y Ojiro. Son en general un grupo de veinteañeros que dentro de poco dejarán de venir a Crisa, pero que mientras lo hacen, les gusta pasárselo bien (fumar, carreras de motos, fiestas, etc). Su relación con Izuku, Katsuki, Ochaco, Tenya y Hitoshi es muy inconsistente: si bien hay veces que los dejan en paz, otras veces los molestan e insultan hasta el punto del acoso.

—El cuarto: el grupo de Midoriya, Bakugou, Uraraka, Iida y Shinso. Kirishima, si bien es mayor que ellos, se encuentra también dentro de este grupo, pues no es aceptado en la jerga de Todoroki.

—El quinto: los niños, los cuales son Kyoka, Tsuyu y Tokoyami, que ya rondan la pubertad, y Eri y Kota, que apenas han acabado el preescolar este año. Probablemente son los jóvenes que más paz tienen a su alcance: se llevan bien con el cuarto nivel, y el tercer nivel no los molesta nunca.

Y tras dejar claro este punto, sigamos con el encuentro entre los dos enfrentados grupos.

—Eso, eso.—continúa Mina.—Ayer fue el cumpleaños de vuestro amigo...—señala con la cabeza a Hitoshi.—Y nosotros colaboramos con la fiesta que organizásteis.

—¿Sí? ¿Y qué?—pregunta Kacchan, receloso.

—¿Es que no sabéis lo que toca ahora? Nosotros os hicimos un favor ayer.—Denki sonríe maliciosamente.—Y ahora vosotros nos debéis una recompensa.

—¿De qué habláis? Vosotros accedisteis a hacerlo como algo caritativo.—alega Tenya. Gran error, pues los ojos heterocromáticos de Todoroki

—¿Perdón? Ayer malgasté combustible de mi moto.—replica Shoto, intimidante, e infringiéndole miedo a Iida, quién asiente silenciosamente.

—No solo eso, ayer sacrificamos nuestros planes de bajar a la ciudad para dar el "Feliz cumpleaños".—prosigue Itsuka.—¿No pensáis que es injusto?

—¡Vosotros estuvisteis en la barbacoa y comisteis carne gratis! ¡Esa ya es recompensa suficiente!—Bakugou no tarda en alterarse ante la encerrona que les están haciendo.

—Enserio, Katsuki... Negándole un favor a tus mayores.—pronuncia Neito, divertido.—Nosotros somos adultos, y vosotros, niños. Y sabéis de sobra que es lo que hacen los niños, ¿verdad? ¡Exacto! Obedecer a sus mayores.—Kendo asiente.—Así que no tenéis el derecho de negaros a esto...~.

—(Que manipulador...)—piensa Uraraka, con los labios sellados.

—(Maldito bastardo hijo de puta... Voy a matarte ahora mismo...)—Kacchan hace un amago de lanzarse hacia Monoma, pero Midoriya lo detiene agarrándole de la muñeca.

—Igualmente, no sé porqué os escandalizais tanto: tampoco es que hayáis escuchado que es lo que queremos.—prosigue Todoroki, cruzándose de brazos.

—Pues ya lo puedes estar soltando.—escupe Katsuki.

—¿No queréis dinero ni nada así?—pregunta Hitoshi, desconcertado.

—No, nunca hemos mencionado nada de pesetas o dinero.—Shoto niega con la cabeza.—Solo queríamos proponeros un reto divertido. De hecho, es hasta posible que os guste.

—¿De qué coño habláis?—ruge Kacchan.

—¿Queréis saberlo?—Todoroki continúa provocando. Bakugou chasquea la lengua a la vez que asiente con la cabeza.—Anda, Mina, díselo, que está desesperado por saberlo.

—¡Una prueba de valor!—salta Ashido.—Y el lugar será... ¡El caserón abandonado que hay cerca de aquí!

Un escalofrío sube por la espalda de los cinco adolescentes.

—¿Q-qué dices? Nosotros tenemos prohibido ir allí.—Iida se coloca bien las gafas, perturbado.

—Ese lugar es muy grande y está lleno de cristales rotos, ¿no...? ¿Queréis que nos metamos ahí?—los

mayores asienten ante la duda de Uraraka.—Eso es una locura...

Shinso mira hacia otro lado, incómodo, mientras Midoriya traga saliva. El edificio que Mina ha mencionado... Se trata de una pequeña mansión que tiene ya sus años, situada en la zona periférica del pueblo y alejada de todas las demás casas. Lleva abandonada un porrón de años, y corren rumores presuntamente ciertos de que se cometió un asesinato en ese lugar. A partir de ahí, por lo tanto, han surgido historias de fantasmas y similares.

—(¿No pueden estar hablando enserio? ¿Para qué quieren que vayamos a un lugar como ese?)—Izuku quiere sacar sus dudas al exterior, pero la voz se le queda atorada en la garganta.

—¿Cuándo sería?—pregunta Katsuki con gran seriedad, mirando fijamente a los ojos de Shoto.

—El domingo dentro de dos semanas.—responde Kaminari, deleitado con las reacciones de los jóvenes.—A las dos de la madrugada.

—¿Qué? ¿Tan tarde? ¡Imposible!—para sorpresa general y de si mismo, Deku es el primero en reaccionar. Cuando ha escuchado las palabras "dos de la madrugada" no ha podido evitar callarse.—¡No me dejan salir a esas horas!

—Awww, mirad el niñito... Los papas le tienen impuesta las nueve de la noche como hora máxima.—se burla Itsuka con voz ñoña. Su comentario provoca risillas en el resto del grupo. Bakugou le toca el hombro a su amigo, probablemente en un intento de reprimir sus ganas de matar a los mayores.

—¡Las nueve no es nuestra hora máxima! Podemos estar fuera hasta las doce de la noche...—afirma Ochaco, incómoda con el azaroso ambiente en el que se encuentran.—¿Tiene que ser tan tarde? ¿No puede ser antes, como por ejemplo a las... Diez?

—¿A las diez? ¿Eres estúpida?—el tono de voz intimida a Uraraka, que mira a otro lado.—A esas horas hasta las abuelas están por el pueblo paseando. ¿Qué gracia tiene entonces?

—No la insultes, Mina.—Todoroki mira a la chica rosa de reojo. Ochaco se ruboriza.—Quieres que nos deban algo, ¿no?

—Solo es sentido común.—Ashido se limita a cruzarse de brazos.—Pero bueno, bebés, la única opción que tenéis es la que os hemos dicho y ninguna más. Domingo dentro de dos semanas a las dos de la madrugada... O nada.

—¿Qué pasa si nos negamos a ir?—tartamudea Tenya. Los irises de Shoto se cubren de un peculiar y severo frío.

—Quién sabe...—deja ir mientras juguetea con sus pies.—Quizás deberíais empezar a hacer hucha cada uno de vosotros... Y acostumbraros al título oficial de "Perdedores".

—Hijo de...—susurra Kacchan por lo bajo.

—Parece que nos haremos rico.—ríe Denki.

—¡Claro que no, iremos!—Bakugou se gira dirección a sus amigos para que le sigan la corriente. Sin embargo, ni Uraraka, ni Iida ni Shinso dicen nada. Algo desconcertado ante esta reacción, pasa a observar a los ojos de Midoriya, quién tampoco abre la boca.—Vamos a ir...

—Katsuki... Es peligroso.—titubea Ochaco.

—¡Y arriesgado! ¡A esas horas deberíamos estar en nuestras casas, no en mitad del bosque!—salta Tenya.

—Pero podemos escaparnos fácilmente, ¿no?—argumenta Kacchan.—A esas horas nuestros padres ya estarán sobando. Es tan fácil como salirnos por la ventana, reunirnos en un punto e ir para allá...

Uraraka e Iida niegan con la cabeza simultáneamente. Katsuki vuelve a mirar a Izuku, con desespero. Él tan solo agacha la cabeza.

—Yo no soy tan valiente como tú...—musita.

—...Entonces, ¡¿Hitoshi!? ¿Tú que opinas? Estás de acuerdo en ir, ¿verdad?—desesperado, pone todas sus esperanzas en Shin. Sin embargo, éstas son rotas cuando Hitoshi niega lentamente con la cabeza.

—Creo que nos va a salir mejor pagarles que no hacer esto.—dice.

—...¿Por qué?

—No quiero escaparme de casa, Katsuki.—alega.

—¡Vamos, es solo por la noche!

—¿Pero qué pasa si un padre se da cuenta de que nos hemos fugado? Cundirá el pánico enseguida, y nos castigarán a todos por el resto del verano.—razona Hitoshi, con extraña calma.—¿Para ti vale la pena?

—¡CLARO!—exclama Bakugou.—¡¿Es que no veis que nos están sobornando para que les acabemos pagando?! ¡Están jugando con nuestra mayor debilidad, que es la minoría de edad...!—ajeno a las miradas de interés que los adultos tienen puesta en él, Katsuki intenta que sus amigos entren en razón.—¡...Vamos!

—¡Pero vete tú a saber el estado interior de ese sitio!—replica Uraraka.—Vidrios rotos, ratas, bichos, suciedad... Y encima a las dos de la mañana, Katsuki. ¿Qué si hay un accidente?

—Nadie podrá ayudarnos.—apoya Iida.

—Bien, ¿¡entonces queréis que se os acaben los ahorros!? ¿¡Y el orgullo, donde está!?

—Katsuki, deja de chillar.—le pide Shinso.—Si tantas ganas tienes de ponerte en riesgo... Ve tú solo.

—¿Qué?—el pulso del rubio tiembla.—¿Qué coño te pasa, Hitoshi? ¡Tú... Siempre eras el primero en apuntarse a este tipo de planes! ¡Y esta vez es algo importante, nuestro dinero depende de ello! ¿¡Porqué te niegas tan de repente!?

—¡¿He de argumentar algo después de lo que te estamos diciendo todo el rato!?—contesta.

—Chicos...—Uraraka intenta calmar a los dos chicos, fallando estrepitosamente.

—¡Hasta que no me digas algo que verdaderamente sea un inconveniente que te lo impida no voy a parar!—completamente enfadado, Bakugou se coloca hasta en posición de ataque, como si fuera a lanzarse contra su amigo en cualquier momento. Izuku vuelve a agarrarlo.

—¡NO QUIERO PREOCUPAR A MI MADRE!—grita Hitoshi.—¿Eso te parece suficiente...?

Katsuki se relaja instintivamente ante la alta y clara respuesta de Shin.

—"Kacchan", estás muy nervioso, relájate.—se burla Neito.

—Cállate, pedazo de mierda.

—¡Kacchan...! Esto...—Midoriya intenta captar la atención de su amigo.—(Está increíblemente enfadado y nervioso... Hace poco hasta le temblaba el pulso.).

Izuku observa el rostro de su amigo. Katsuki le devuelve el gesto: su expresión se ha suavizado, y en el rojo de sus irises no hay señales de furia, si no de tranquilidad.

—(Pero no importa cuan molesto esté: él siempre me mira con amabilidad. Incluso si me he negado antes a la idea que ha propuesto la pandilla de mayores, no está enfadado conmigo, o al menos siempre va a pretender no estarlo. Solo cinco meses más...)—suspira, sin soltar la muñeca de Katsuki.—Yo... Si tan convencido estás de este plan, iré contigo, Kacchan. Aunque no me parezca una idea prudente, creo que no nos queda otra opción.—hasta Bakugou muestra sorpresa de las palabras de Deku. Después de todo, Izuku es el más miedoso de entre los cinco, y por ende, del que menos se esperaban que diera la pata a torcer en su negativa con la idea.

—Vaya... Vuestro amigo se apunta al bombardeo.—sonríe Todoroki.—¿Vosotros que decís?

Mira a Shinso, Iida y Uraraka con picardía.


—Deku... ¿Cómo es que cambiaste de idea antes?—tras el indeseable encuentro con los mayores, el resto del camino a la playa es corto pero bastante incómodo, especialmente por los esfuerzos de Bakugou en llevarle la contraria a sus amigos, y por su pequeña pelea con Hitoshi. Por alguna razón, el rubio estaba excesivamente aprensivo y alterado en la discusión, como si le estuviera yendo la vida en ello. No intentó hablar con Midoriya durante todo este rato. Sin embargo, con una voz apagada, se ha decidido finalmente a preguntar.—¿Querías complacerme o algo así? ¿O quizás evitar una pelea?—se rasca el pelo.

—No, no era por eso.—responde Izuku.—Pero no podía dejarte ir solo a ese lugar, ¿sabes? Que tú eres capaz de esas locuras.—tose.—Y además, no quería perder mi mesada en esa gilipollez.

—Pero... ¿No tienes miedo? Hasta hace poco eras incapaz de caminar por aquí de noche.

—Todavía me pasa... Sigo siendo un cobarde, no te equivoques.—se sonroja.—Pero, ¿qué más da? Estaréis todos ahí conmigo, ¿no?—mira a los ojos de su amigo.—Nada malo pasará, estoy seguro, porque estaremos los cinco juntos y nos las arreglaremos bien. No es como si existieran los fantasmas...

—(Está cagado de miedo.)—piensa Katsuki para sus adentros. Echa un largo suspiro.—No he llegado a agradecerte antes por lo que has hecho. Gracias por querer acompañarme aunque pienses que es mala idea.—se coloca bien la gorra.—(Sinceramente, a mí tampoco me parece el plan ideal ir a ese sitio. Pero en esa situación... No podíamos negarnos. Especialmente delante de esos dos gilipollas...).

—...Esa no ha sido la única razón, ¿sabes?—sonríe melancólicamente. El aroma del agua del mar se cuela entre sus fosas nasales.—Nos queda poco tiempo juntos, ¿no? No quiero desperdiciar el tiempo con enfados y tonterías del estilo.—se detiene y señala el paisaje que hay ante sus ojos.—Mira, ya hemos llegado. Si vamos a una zona con menos gente podremos jugar todos con la colchoneta.—esboza una sonrisa más amplia.—Kacchan, pídele perdón a Shin, ¿sí? No vale la pena continuar mosqueado por lo de antes.

—...Deku...—asiente.—Lo haré.