El resto del domingo se lo pasaron jugando en la playa hasta las cuatro de la tarde, y tras eso fueron a la terraza de la casa de Iida a jugar varias partidas al Monopoly. Su madre les preparó a los cinco adolescentes varios muffins con sabor a chocolate, manzana y canela.
—Ochaco, coge todos los que quieras.—le va recordando la mujer a la chica, que se limita a asentir con una sonrisa nerviosa en la cara.
—S-sí.—tras eso agarra una magdalena para no quedar mal, pero una vez la madre de Iida se marcha la deja sobre la bandeja.—Estoy llena, ya no puedo comer más.
—Que raro que lo digas tú.—subraya Shinso con la boca llena, quien tiene un trozo de comida en los labios.
—Guarro, acaba de comer antes de hablar.—Katsuki le da una palmada en la espalda, provocando que por poco se atragante. Todos empiezan a reír, incluido Hitoshi, quien enseguida debe darle tres sorbos grandes a su vaso de agua para no ahogarse del todo.
Es divertido estar los cinco juntos. Pero cada uno de ellos es consciente a su propio modo de que... Hay algo dentro del grupo que está mal. Sin embargo, ninguno se atreve a pronunciar en voz alta esas preocupaciones interiores que guardan en sus corazones.
—Pues bueno... Al final tendremos que hacer esa prueba de valor.—alrededor de las once y media de la noche, bajo un oscuro firmamento repleto de estrellas, Midoriya y Bakugou caminan dirección al hogar del primero.—Fui muy valiente antes, pero... Ahora que lo pienso bien, no sé si seré capaz de hacerlo.
—¿Prefieres pagar?—Izuku niega ansiosamente con la cabeza.
—¡No, eso nunca!—afirma, seguro de si mismo. Katsuki esboza una sonrisa, y le revuelve el cabello a su amigo.
—No tienes que preocuparte, pequeña princesa: el caballero Bakugou estará ahí para protegerte de cualquier mal.—pronuncia, sin verguenza alguna. Aun así, Midoriya siente como se ruboriza.
—No digas cosas raras...—murmura, agachando la cabeza.—P-por cierto, ya es bastante tarde: ¿no tendrás problemas si te pasas de la hora de llegada?—pregunta.
—Na. Y si los tengo, me da igual.
—De hecho, tú ya deberías estar en tu casa... Quedaba de paso. En cambio, la mía es la que más lejos está.—a su alrededor no hay absolutamente nadie: el único sonido que hay aparte de sus voces son las conversaciones de los grillos y alguna ráfaga de brisa fresca que mece suavemente el campo de dientes de león, haciendo volar miles de motas de algodón hacia algún lugar elevado del cielo.
—Woow, mira eso. Es hermoso.—Deku queda boquiabierto ante la vista.—Parece que vuelen dirección a la Luna.
—¿No crees que es bueno?—pregunta Kacchan repentinamente. Midoriya no sabe a que se refiere.
—¿El qué?—Bakugou sonríe y lo abraza por el hombro. Entonces eleva la cabeza, tratando de captar todos y cada uno de los pétalos que flotan con sus ojos.
—Que haya decidido tomar el camino largo para acompañarte.—dice.—Si me hubiera quedado en casa... Yo me habría perdido esta magnífica escena, y tú la habrías visto solo.
Izuku se sonroja, y se enfada consigo mismo por hacerlo.
—Sí... Seguro que no me habríais creído mañana cuando os lo contara.
—Ver para creer.—alega Bakugou, a la vez que suelta a su amigo, que empieza a trotar. Ya están llegando a su casa. Una libélula pasa volando por su lado.—¿Echas a correr?
—Sí, quiero llegar lo más pronto posible.—iba a acelerar tras mirar a su amigo, pero decide detenerse por alguna razón que él mismo desconoce. Es esa sensación... La de no querer separarse de Katsuki.—Kacchan, date prisa en el camino de vuelta, ¿sí? Ten cuidado con el grupo de Shoto, pueden hacerte alguna jugarreta si te encuentran.
—¿Ahora te estás preocupando por mí? Mira que mono eres.
—No soy mono... ¿Qué te pasa, que dices cosas tan raras este verano? Primero chinchas a Ochaco continuamente, y ahora te metes conmigo...—hace morros. Bakugou echa a reír.
—¡No me meto contigo, bobo!—afirma, entre risas. Tose para serenarse, y apoya su mano en la cabeza de Midoriya.—Te estoy halagando.
—Que me llames "mono" no suena a halago en absoluto.
—¿Quieres un poema que describa tu belleza entonces?—pregunta el rubio. Izuku se queda callado: no sabe si es una duda retórica o si... Katsuki está hablando enserio, y por ende, esperando una respuesta honesta de parte de él. Se quedan mirando al rostro, bajo la luz de la Luna. Una escena muy similar ha ocurrido hace poco: de hecho, ese mismo día, hace tan solo unas horas antes, bajo el refugio de la sombrilla. Los dos se pierden en los ojos del otro, mutuamente... Rodeados por una extraña y relajante atmósfera. El tiempo parece no terminarse nunca, como si alguien lo hubiera detenido justo para ese instante. Sin embargo, todo tiene un fin.
—...—Bakugou tarda un poco en reaccionar, pero opta por apartar su mano del cabello de su amigo.—Vamos, te estarán esperando, Adonis.
—...—la cabeza de Izuku procesa el momento de forma más lenta todavía.—Ah, sí, sí... Ya me voy.—de forma definitiva se despide de Kacchan.—Buenas noches.
—Buenas noches.—Katsuki le devuelve la despedida con la mano.—(...¿Cuál era la excusa que yo tenía para decírselo?).
Observa a su pequeño y torpe amigo correr a trompicones hacia su hogar. No puede evitar sonreír y suspirar, como si fuera un anciano mirando a un grupo de niños pequeños jugar al escondite en el parque.
—(Ah, supongo que no me he atrevido hoy... A prometerte que cada día te acompañaría a casa para que no observaras este increíble firmamento de estrellas en soledad nunca más.)—con las manos en los bolsillos, dobla su cuerpo por la lumbar, fijando su vista en la panorámica celestial que cubre por completo Crisa. Un auténtico espectáculo espacial.—(Hasta el día en que me vaya y no vuelva más a verte.)
