—Ugh...—Izuku se levanta de la cama a duras penas. Siente que ha pasado una noche horrible, como si no hubiera tenido apenas oportunidad de descansar.—(¿Creo que he tenido una pesadilla? Aunque no la recuerdo muy bien...).
Echa un vistazo al reloj de su habitación: las ocho y cinco de la mañana.
—(Ahora que lo pienso teníamos planes de ir al río hoy...)—bosteza.—(Debería prepararme... Aunque hace un poco de frío.).
En ese momento cae en un sonido de fondo que lo está molestando constantemente: abre la cortina de la ventana de su habitación, y se sorprende al ver una lluvia bastante fuerte azotando el pueblo con ira. Un escalofrío recorre su cuerpo.
—(¿¡Lluvia!? ¿¡En julio!? ¿Agh, una tormenta de verano justo el día que planeábamos bañarnos...? Diablos, que mala suerte.)—se levanta de la cama y baja los escalones hasta la sala de estar. Sus padres están ahí, Hisashi sentado en el sofá con un periódico e Inko desayunando tranquilamente en la mesa. Cuando la mujer ve a su hijo, semidesnudo, pues él siempre duerme en ropa interior, con una mirada algo desorientada, lo detiene un momento.
—Ah, Izuku, supongo que habrás visto la lluvia que está cayendo.—dice. El chico asiente.
—Me preguntaba si teníamos un paraguas...—vacila.
—¿Vais a salir a pesar del mal tiempo?—pregunta el hombre.
—No estaremos fuera, pero supongo que nos quedaremos en casa de alguien. Como sea, ¿lo tenemos o no?—más impaciente, repite la pregunta.
—Nos trajimos uno, está en nuestra habitación. Recógelo de ahí.—tras la indicación de su madre, Izuku corre hacia el susodicho lugar y empieza a buscar dentro de los armarios. Finalmente lo encuentra: es el paraguas verde que le regalaron hace ya algunos años por su cumpleaños. Recuerda lo que Mitsuki, la madre de Bakugou, le dijo:
—¡Ahora vuestros paraguas van a juego! ¡Verde y rojo, vuestros colores favoritos!
—(Kacchan tenía uno de estos pero en rojo... Me pregunto si todavía lo tendrá.)—se siente algo abrumado al recordar ese detalle, así que lo aparta de su mente. Recuerda el escenario del día de ayer: los pétalos de los dientes de león, miles de deseos sin pedir, siendo desplazados por el viento hacia las lejanas estrellas de la bóveda celeste.
Pero lo más increíble fue, sin duda... Cuando con tan solo mirar el rojo carmesí de los ojos de su amigo pudo ignorar toda la belleza que los rodeaba. Una vista que quizás no sería capaz de ver nunca más en vida... Fue sobrepuesta por el rostro de Kacchan.
—(¡Deja de pensar cosas raras!)—se pega una bofetada a si mismo, harto de su traicionera mente.—(No me puedo olvidar de lo que ocurrió el verano pasado... Y seguro que Kacchan tampoco lo hace. Si se pasa de gracioso conmigo tendré que dejárselo claro... Porque las cosas que llega a decirme parecen otra cosa.).
Se dirige a su habitación para ponerse algo de ropa y así poder salir a la calle. Abre la puerta de su casa y se prepara para abrir el paraguas. Sin embargo, su corazón da un pequeño sobresalto cuando ve a Katsuki en la entrada de su hogar, completamente mojado.
—Ka...—tartamudea sorprendido.—Kacchan...
—Hola.—él lo saluda como si nada. Sin hesitación alguna, Deku lo agarra enseguida del brazo y lo empuja dentro de su casa. Cierra la puerta tras él, y con el paraguas verde en su mano, toca la camiseta de su amigo.
—¡Estás empapadísimo!—exclama, levemente molesto.—¿Qué hacías caminando por el pueblo sin un paraguas?
—Cuando salí de casa aún no llovía.—explica Bakugou, algo desconcertado ante la reacción de su amigo.—Solo venía a recogerte, Deku. Para ir a casa de Uraraka. Me han avisado por walkie-talkie que nos reunamos allí.
Midoriya suspira, y agarrando la muñeca de Bakugou, lo arrastra por su casa. Ignorando a sus padres, Izuku obliga a Katsuki a entrar a su habitación.
—Deku.—dice el rubio.
—No vamos a irnos hasta que te seques.—suspira.—Por Dios, Kacchan. ¿No se te ocurrió la idea de, no sé, quedarte bajo un techo?
—La tormenta parece que va a durar lo suyo.—se encoge de hombros. Midoriya abre un cajón de su armario.—No quería quedarme ahí todo el día.
—Ya, y prefieres resfriarte para pasar tres días en casa.
—Tengo buena salud, no te preocupes.—esboza una sonrisa. Izuku deja encima de la cama una camisa de tirantes negra y unos pantalones cortos.—Oh... Esa camisa...
—Sí, es tuya. De cuando me la dejaste el verano pasado. Nunca tuve oportunidad de devolvértela.—explica, algo nervioso.—Deberías quitarte la ropa, secarte y ponerte otra nueva. La que llevas ahora está hecha un asco por culpa de la lluvia.
Kacchan observa durante algunos segundos la ropa que Deku le presta.
—¿Te da igual que me cambie aquí?—pregunta. Izuku lo mira extrañado.
—Claro... Los dos somos chicos. ¿Por qué debería importarme?
—Por nada.
Bakugou se saca la camiseta blanca que lleva y se la da a Midoriya. El peliverde observa el cuerpo de su amigo momentáneamente: el agua se le ha traspasado a la piel, así que su amigo está igual de húmedo que su ropa.
—Tu ropa está hecha un desastre.—se gira para doblar la camiseta.—Igual que tú.
—Vamos, pareces mi madre.—bromea Katsuki mientras se saca los pantalones.—Es verano, no pasa nada.
—En las tormentas de verano puede hacer frío, Katsuki Bakugou.
—Lo sé, Izuku Midoriya.
—Aun así, sí que has debido de estar mucho rato bajo la llu...—mientras habla se gira para recoger el resto de la vestimenta de su amigo, encontrándoselo semi-desnudo con unos calzoncillos más pequeños que un bañador. Por alguna razón, la repentina vista de su amigo con casi toda la carne al aire lo pone nervioso.
—¿He de quitarme la ropa interior también, mamá?—pregunta Bakugou, ajeno a los pensamientos de su amigo. Midoriya asiente lentamente.
—Si lo tienes mojado, sí.—recoge los pantalones y se gira enseguida para no ver el cuerpo desnudo de Katsuki.
Mientras dobla la ropa de su amigo, un tenso silencio se instala en la habitación. Deku dobla los pantalones de Kacchan hasta tres veces tan solo para no girarse. En un momento dado, la mano de su amigo aparece por un lado y deja los calzoncillos empapados encima del colchón.
—¿Tienes alguna toalla cerca?—pregunta Katsuki. Izuku no puede evitar girarse para hablar a su amigo al rostro, encontrándose inevitablemente con su cuerpo completamente desnudo. ¿Cuántas veces en su vida se habrán visto mutuamente desnudos? ¿Por qué se pone nervioso ahora?
—S-sí, déjame traerte una.—sale huyendo de su habitación para dirigirse hacia el lavabo. Una vez encuentra lo que busca, regresa acelerado a su cuarto, y cuando abre la puerta, ve a Kacchan observando el pueblo desde su ventana, sentado sobre el colchón, obviamente sin nada de ropa.
—¡Kacchan, no mojes mi cama!—le lanza la toalla.—Sécate ya de una vez.
—Oye, hoy estás raro.—bromea el rubio mientras elimina los rastros de agua sobre su piel.—A veces pareces enfadado, a veces pareces mi madre y otras veces pareces estar avergonzado.—los ojos rubí del chico se clavan en las pecas de su rostro.—No puedes con mis músculos, ¿verdad? Por eso te pregunté si podía cambiarme aquí.
—No soy una chica.—contesta Izuku molesto.—Y tampoco estás tan fuerte.
—Tus ojos dicen otra cosa.
—¡No te estoy mirando!—gira su cabeza con enfado.—¡Deja de decir cosas raras, Kacchan!
Tras soltar esa frase por la boca, un silencio extrañamente incómodo reina la estancia. El único sonido que los acompaña son las gotas de lluvia del exterior repicando contra el suelo, los árboles y los tejados. La atmósfera es endemoniadamente grande y silenciosa, y la habitación en la que se encuentran, muy pequeña.
—...—Izuku es el que más incomfortable se siente. Se rasca la nuca.—P-perdón.—musita.
—¿Perdón por qué?—pregunta Katsuki mientras se viste, aparentemente indiferente.
—Lo de las cosas raras... Hoy no estoy de humor, creo.—fuerza una sonrisa. Bakugou lo mira extrañado.—S-sabes bien a que me he referido con "raras", Kacchan... Por eso lo siento.
El rostro del rubio se ensombrece, dibujándose en su lugar una expresión entristecida y hasta dolorida. Se pone su camisa en silencio. El peliverde se limita a observarlo preocupado.
—No te he dado las gracias por venir a buscarme.—continúa Midoriya, caminando hacia la cama para tomar asiento al lado de su amigo.—A diferencia de como tratas a los demás, siempre eres muy amable conmigo y parece que yo no lo aprecie.
—No lo hago para que me des las gracias.—musita Bakugou.
—Ya...—agacha la cabeza.—Podemos hablar de ello, si quieres. Hasta ahora no lo hemos hecho en condiciones.
—¿Hablar sobre qué? ¿Amor?—su voz se tiñe de sarcasmo.
—No es amor exactamente...—se ruboriza un poco.—Ya sabes. Sexualidad.
—No necesito hablar de eso.
—Pero...
—Y menos contigo.—contesta tajante.—Deberías saberlo bien, Deku. Lo viste con tus propios ojos, ¿no?—gira su cuerpo entero para evitar seguir viendo el rostro de su amigo.—¿O es que seguirás engañándote a ti mismo, cómo suele hacer todo el mundo?
—Kacchan... Solo quiero escuchar la verdad.—pide Midoriya.—¿A ti qué te gusta?
Sin embargo, no recibe ninguna respuesta verbal del rubio.
—...—espera unos segundos más.—Kacchan.
—Qué.—pregunta éste.
—¿Tengo que volver a repetirte la pregunta?—siente su cuerpo tensionándose.—¿A ti qué te gusta? ¿Las chi...?
Su duda es interrumpida por el mismo Katsuki, quien se da la vuelta rápidamente y cubre los labios de su amigo con la mano. Lo mira de manera fulminante a los ojos, sin piedad alguna: solo los separa la pequeña distancia de dos centímetros. El corazón de Izuku se detiene por segundos.
—No sigas.—pide. Un gran dolor oculto se percibe en su voz.—No sigas, por favor.
—...—vuelve a sentir el aire entrando por sus pulmones una vez Bakugou retira su mano de su boca.—Ka...
—Se suponía que ibas a olvidarlo.—gruñe.—¿Por qué sigues insistiendo con esa mierda?
—No es mierda, Kacchan, solo quiero ayud...
—A Hitoshi y a Tenya no les preguntas esas cosas.—su voz se vuelve algo agresiva.
—B-bueno...—Midoriya solo siente como se empequeñece ante el enfado de su amigo.—A ellos no los vi... Haciendo eso.
—Tscht.—se cubre el rostro con su mano mientras aprieta sus dientes. Izuku se da cuenta en ese momento que su mano está temblando levemente.
—Kacchan.—intenta agarrarle, pero el rubio retira el brazo.—¡Kacchan, mírame!—pide.
—No quiero.—su voz está rota. Está llorando. O más bien, reprimiendo el llanto.—¡Déjame en paz!
—¡Ésta es mi habitación!—exclama Deku.—¡Y no voy a dejar de insistir hasta que me digas que te pasa! ¡Así que por favor, mírame!—reclama.
Katsuki aparta lentamente su mano, dejando ver su par de ojos rojos ahogados en lágrimas, al igual que dos soles apagados listos para explotar y morir. Midoriya agarra su mano, y sin vacilar ni dudar, toma aire.
—No sé que te pasa, Kacchan.—dice.—Pero soy tu mejor amigo. Nunca voy a odiarte, hagas lo que hagas... O quieras a quien quieras.—agacha la mirada.—M... Mi madre no cree que eso sea lo
correcto. Pero yo te conozco desde hace muchos años, y sé que tú vas a decidir lo que es mejor para ti.
—Eso no se decide... Estúpido...—Bakugou se niega a devolverle la mirada a su amigo.—Naces así.
Midoriya intenta sonreír.
—Fallo mío.—se corrige.—Pero sé que sabes bien lo que haces.
—Tú... Odias a los maricas.—las lágrimas empiezan a salir de sus ojos a medida que lo dice, y los sonidos que bloqueaba en su garganta salen al exterior por su boca de manera incontrolable.—Tu familia te ha criado así, ¿no? Creen que la homosexualidad es mala y se debe exterminar. Creen que podemos contagiar nuestras perversidades a la gente "normal" como tú.—su desconsolada expresión se cruza con el rostro pálido de Deku.—Si finalmente lo admito... Me vas a odiar, ¿verdad? Te alejarás de mí, y los demás también lo harán... Porque soy un anormal.
—K-Kacchan, tú eres diferente. Eres mi mejor amigo, no te voy a abandonar nunca.
—Mentiroso.—pronuncia él, sonriendo con angustia.
—¡No es mentira!—exclama Midoriya.—¡Olvida a mi madre, ¿sí?! Si realmente odiara a la gente como tú, ¡no me habría despedido de ti el verano pasado! ¡Y tampoco te estaría hablando ahora!
—Pero hasta ahora, nunca has escuchado esas palabras directamente de mi boca... ¿Verdad?
—...Kacchan...—las ganas de llorar lo invaden a él ahora también. ¿Por qué se siente tan inútil ante esa situación? ¿Era algo inevitable, acaso?—Me gustó ver las estrellas contigo ayer.
Afirma, mientras rodea el rostro de su amigo con sus dos manos, acariciando sus mejillas. Este lo mira sorprendido.
—Me gusta pasar tiempo contigo. Me gusta pasar tiempo con todos. Porque, bueno, todos sois... Mis preciados y queridos amigos.—afirma.—Quiero seguir construyendo recuerdos a tu lado, Kacchan. Porque eres el mejor amigo que he tenido nunca.
—Deku...
—No, déjame terminar.—lo interrumpe.—Me da igual lo que te guste. Ni siquiera necesito escucharlo de ti si no estás preparado todavía: quiero que sepas que no se lo voy a decir a nadie.—mira con decisión a los ojos de su amigo.—No te voy a odiar. Soy incapaz de odiarte. Eres más que un amigo para mí: incluso más que un hermano, diría yo. Siempre he pensado que tú y yo... Tenemos un vínculo especial.—se sonroja levemente al decir esto.—Nuestro destino es permanecer siempre juntos.
—Tú... No sabes lo que estás diciendo, enserio.—intenta secarse las lágrimas.—No quiero desconfiar de ti. Pero tengo miedo.—agacha la cabeza.—¿Cómo puedo saber que no estás mintiendo ahora? ¿Qué no me tienes asco? Las palabras no siempre son capaces de demostrar nuestros sentimientos.—mira suplicantemente a Midoriya.
Izuku se limita a acercar su rostro a la suave mejilla de Katsuki y plantarle un dulce beso.
—Con eso deberías saberlo.—dice.—Si te tuviera asco no sería capaz de hacerlo.
—...—una pequeña sonrisa aparece en los labios de Bakugou.—Mi vida está realmente tirada por la basura, ¿eh?
Llevándose a Deku consigo, se tumba en la cama de su mejor amigo, abrazándolo por la espalda y apoyando su cabeza en el pecho de Midoriya, intentando apaciguar sus lágrimas.
—Kacchan...—Izuku se sonroja.
—Soy solo una marioneta más de este planeta.—clama, indefenso y derrotado.—Mi destino no es otro más que trabajar como un esclavo... Ocultarme... Y morir bajo las miradas de odio del resto de humanos.
Izuku recuerda lo que Katsuki afirmó el otro día en la barbacoa del cumpleaños de Hitoshi.
—Pues yo tengo planeado marcharme a los dieciocho.
—No haré bachillerato. No está entre mis planes.
—Me pondré a trabajar en una fábrica o en una tienda.
Y al recordarlo, sus ojos se llenan de lágrimas de impotencia.
—(¿Cómo es posible que no sepa nada sobre ti?)—piensa con remordimiento.—(¿Es que solo cuentas con tus amigos para divertirte y pasártelo bien? ¿No confías en nosotros, Kacchan? ¿No confías... En mí?).
Escucha los gimoteos de su amigo apagarse en su camiseta.
—Kacchan...—acaricia su pelo, intentando consolarle.—No pienses en el futuro.—pide.
—Si no lo hago ahora, cuando llegue el momento me perderé...—susurra él.
—No te perderás.—sus dedos ahora rozan la fría y húmeda nuca de su amigo.—Yo estaré contigo. Te lo prometo.
—Solo eres el amigo del pueblo de verano...—murmura Bakugou.—¿Cómo piensas estar conmigo? Te sacarás el bachillerato, irás a la universidad... Conseguirás una novia bonita y amable con la que te casarás y tendrás hijos.—cada palabra que dice deja ver más de su disgusto y dolor.—Formaréis una familia completamente sana y normal, a diferencia de mí, que ni siquiera puedo soñar con eso. Tú estás destinado a vivir en la gloria, Deku.—ahoga un sollozo.—En cambio, mi destino es vivir en lo más bajo de to...
—Deja de hablar, Kacchan.—Izuku abraza a su amigo, y apoya su barbilla encima de su cabeza.—Duerme un poco, por favor. Olvida tu sufrimiento durante un rato.
Cierra sus ojos, sintiendo así el calor y el tacto del cuerpo de Katsuki contra el suyo. El llanto de su amigo se va apagando conforme pasa el tiempo. Al final, el único sonido que los rodea es el de la lluvia resonando en el exterior de la casa.
—...Gracias.—pronuncia Bakugou antes de dormirse.
