Hermione caminaba llorando abatida cuando de pronto le llegó una voz como si fuese una bofetada.

-Cuanto menos, interesante. La señorita Granger merodeando por las mazmorras del castillo en mitad de la noche… –Musitó el profesor Snape esbozando una sonrisa maliciosa.

Hermione, con la cara empapada y expresión de horror, llevó la mirada desde sus zapatos hasta la cara del profesor. Al no saber qué decir, las lágrimas volvieron a sus ojos tan rápido que no le dio tiempo más que a bajar la mirada de nuevo.

-"Estupendo, ahora Snape va a restar puntos a Gryffindor por mi culpa". –Pensó con lágrimas cayéndole por las mejillas y tratando de no gimotear.

Snape cambió su gesto de malicia para ponerse serio y bajó gradualmente el volumen de su voz hasta comenzar a arrastrar las palabras.

-Cinco puntos menos para Gryffindor… y ahora vuelva inmediatamente a su sala común.

Hermione se sorprendió -"Solo cinco?" –Pensó.

Pero inmediatamente corrió por el pasillo rápidamente temiendo que se arrepintiese y le restase más puntos.

Snape se quedó inmóvil mientras Hermione se alejaba corriendo. Cuando dejó de escuchar sus pasos se apresuró a entrar en la sala común de Slytherin. Draco estaba tumbado sobre el sofá con los brazos sobre su cabeza.

-Draco! –Dijo Snape bruscamente.

Éste se levantó sobresaltado, se frotó los ojos con las manos y esperó agotado el interrogatorio inminente.

Snape se aproximó, quedó frente al sofá cruzando los brazos y frunciendo los labios atravesándole con la mirada.

-Que!? Estoy haciendo algo que mi padre no aprueba? –Dijo irritado.

-Seguramente… –Snape deslizó su barita por su mano y le apuntó pillándole completamente por sorpresa–. "Legerement" –Dijo con firmeza.

De pronto Draco sintió cómo le drenaban la mente, sus ojos se nublaron repasando sus recuerdos. Sin saber cómo se puso de pie. Snape pudo visualizar todo hasta que Malfoy se comió el postre que Hermione le ofreció cuando estaba en su casa en vacaciones. Justo en ese preciso momento Snape escuchó un eco que distorsionaba las imágenes y nublaba los efectos del encantamiento.

-BASTA! BASTA! –Gritaba Draco como si le estuviesen torturando.

Draco jadeó sudoroso y cayó de nuevo sobre el sofá parpadeando aturdido y sin aliento. Se escucharon murmullos y puertas al otro lado del pasillo que en pocos segundos se abarrotó de alumnos que empujaban para averiguar qué estaba ocurriendo.

Snape miraba a Draco con la cara desencajada, Malfoy le miró temeroso unos segundos, se desanudó la corbata y apoyó los codos en las rodillas mientras hundía sus dedos en su pelo cerrando los ojos con fuerza y balanceándose un poco. Los murmullos crecieron.

Snape no apartó la mirada de Draco hablando muy alto y furioso.

-A no ser que quieran un castigo ejemplar más les vale meterse de nuevo en sus habitaciones y no salir hasta mañana a la hora del… desayuno. –Todos los alumnos se quedaron congelados, las miradas iban de Malfoy a Snape y en derredor–. YA! –Gritó el profesor.

Los chicos pegaron un respingo al unísono y los empujones volvieron a producirse, esta vez para dirigirse de vuelta a sus respectivas habitaciones. Pansy Crabbe y Goyle tardaron más pero obedecieron.

Cuando las puertas se cerraron y los susurros dejaron de ser audibles en la sala común, Draco intentó hablar pero fue inteligible, seguía un poco aturdido y lloraba en silencio. Snape continuaba inmóvil.

-Draco, te han enseñado ya a usar la oclumancia? –Preguntó con tono de sospecha.

-La… qué…? –Balbuceó.

Snape parecía palidecer más de lo habitual por momentos. Guardó su varita y se fue sin decir palabra.

Draco quedó preocupado. Lo que Snape había visto era más que suficiente para que su padre le encerrase de por vida en el sótano de la mansión Malfoy.

Al día siguiente delante de todos actuó como el chico de siempre. Hermione no pudo evitar sentirse vengada cuando Ronald cansado de sus constantes burlas, le tiró un viscoso corazón de cocodrilo acertándole en toda la cara. Muchos alumnos reprimieron una risotada para no ser castigados. Snape miró rápidamente al escuchar el impacto, los Slytherin señalaron en dirección a Ron como si de una coreografía se tratase mientras Draco se limpiaba la cara con expresión de asco y cierta satisfacción.

-Cincuenta puntos menos para Gryffindor. –Dijo el profesor más apático de lo normal.

Todos soltaron un gemido de disgusto, pero Hermione frunció el ceño rememorando los cinco puntos que le había quitado a ella por andar en las mazmorras de noche, lo comparó y pensó en múltiples posibles explicaciones pero no sacó ninguna conclusión posible.

Durante noviembre, Hermione intentó evitar lo más posible a Malfoy con éxito, fue difícil ya que en un par de ocasiones él intentó acercarse pero ella se limitaba a mirarle con desprecio y continuaba su camino sin dirigirle la palabra.

Ravenclaw ganó a Hufflepuff, lo que le dio a Gryffindor una nueva oportunidad para ganar la copa de quidditch, Harry estaba más ocupado que nunca con los entrenamientos, con que Hermione y Ron pasaban más tiempo a solas, lo que a Hermione no le resultaba tan irritante como pensaba que sería, y a Ron le encantaba. Aquello alimentaba a su vez la paranoia de Malfoy sobre lo que podía haber entre Hermione y Ron hasta que finalmente ninguno de los dos tuvo que actuar ni mentir, se sacaban de quicio mutuamente y hasta comenzaban a odiarse.

Una noche los tres Gryffindors decidieron dar un paseo hasta la cabaña de Hagrid, allí descubrieron que Buckbeak el hipogrifo había sido condenado a muerte gracias a Lucius Malfoy.

Hermione sintió la noticia como una puñalada recordando que antes del primer beso, Malfoy le había dado su palabra de que iba a intentar que no hubiese consecuencias ni para Hagrid ni para el animal. Pensó que seguramente al terminar su relación había dejado de lado su promesa… y no se equivocaba.

Malfoy había pagado su frustración con Hagrid y Buckbeak, no había tratado de impedir que su padre tomase medidas ni por un segundo, aunque también se debía a la información que Snape le había arrebatado de sus recuerdos. No sabía si todo había llegado a oídos de Lucius, pero no tenía ganas de comprobarlo.

Cuando se enteró de lo decidido le dio cierta pena por el animal, pero por supuesto frente a sus amigos eran todo burlas. La noticia atrajo de nuevo la atención de Pansy, que se había cansado de tratar de seducir a Flint. Esta vez Draco no la rechazó de lleno, le daba la razón internamente sobre la idiotez que había sido fijarse en Granger, se sintió más unido a ella que nunca y aunque la idea de besarla le producía el mismo asco que se imaginaba que le daría besar a la hermana que nunca tuvo, si había una mínima posibilidad de que eso molestase un poco a Hermione no descartaba poder hacerlo en un futuro.

El último fin de semana del trimestre llegó con la última visita a Hogsmade. Harry seguía sin tener permiso pero contaba con el pasadizo de la estatua de la bruja tuerta. Hermione salió con Ron, se deshicieron de todo el mundo esperando quedarse a solas con Harry para que nadie le viese y no se chivasen.

Ron y Hermione pararon ante el alambre de espino que cercaba los terrenos de la casa de los gritos, Ron no quiso acercarse más.

Malfoy vio cómo se alejaban juntos y sintió tanta rabia que les siguió junto a Crabbe y Goyle. Escucharon a Hermione informar de que era la casa más encantada de Gran Bretaña, la conversación siguió. Crabbe y Goyle se miraban sin comprender. Malfoy no lograba oír todo con claridad pero cuando Ron se sonrojó tanto que se apreciaba perfectamente desde la distancia perdió la paciencia y se acercó rabioso, sus amigos le siguieron expectantes.

-Imaginando vuestra casa de ensueño? Tendrás la ilusión de conseguir una casa grande no Weasel? No duerme toda tu familia en una misma habitación? –Dijo con mucha superioridad sin poder ocultar el tono de rabia de su voz.

Crabbe y Goyle le rieron la gracia.

-Cierra el pico Malfoy –Dijo Ron avergonzado.

-Que desagradable… Creo que ya es hora de enseñarte a respetar más a tus superiores. –Dijo ajustándose los guantes con la insignia de Slytherin.

A Ron le brillaron los ojos complacido por la proposición pero Hermione se puso frente a él frenándole enfurecida.

-NO ESTARAS HABLANDO DE TI! –Gritó ella amenazante.

Draco sintió demasiado resentimiento al ver que de nuevo le enfrentaba para proteger a Ron de una pelea, así que fue a dar donde sabía que más le dolería.

-Te atreves a hablarme! –Dijo ofendido–. Asquerosa sangre su…!

Una bola de nieve enorme le interrumpió haciéndose mil pedazos sobre su ridículo gorro, todos se pusieron en guardia.

-QUIEN HA SIDO! –Gritó Malfoy.

Otra bola cayó sobre él. Al ver que salía de la nada Hermione esbozó media sonrisa. Sin embargo Ron, Malfoy, Crabbe y Goyle palidecieron tanto como la nieve. De un momento a otro Crabbe y Goyle cayeron de morros sobre la nieve y Malfoy fue arrastrado cogido de un pie hasta un metro tras la valla de los terrenos de la casa de los gritos.

Finalmente tras intentar agarrarse a cualquier cosa fue liberado, se incorporó gritando aterrado y salió despavorido seguido por sus amigos.

Hermione y Ron no paraban de reír a carcajadas hasta que las borlas del gorro de Ron comenzaron a saltar y palideció de nuevo. Cuando algo tiró del pelo de Hermione ella dejo de reírse lentamente.

-Harry estate quieto! –Dijo divertida.

Ron miró incrédulo y con un enorme alivio cómo su amigo se quitaba la capa de la invisibilidad.

Durante el resto del curso el Drama de Harry fue tan intenso que Hermione no tuvo que pensar en buscar un entretenimiento para lograr distraerse. Ya solo tuvo tiempo para estudiar y para ayudar a sus amigos.

En el tren de Hogwarts, a medio camino, tras llegar la nueva lechuza de Ron y la carta de Sirius, Hermione recordó con sentimientos encontrados un momento en concreto del curso que había sido clave para no echar de menos a Draco.

"Draco y sus amigos observaban al hipogrifo desde la distancia y se burlaban y pavoneaban sobre su ejecución. Los tres Gryffindors aguardaban tras los muros esperando a que se fueran pero Hermione se cansó de escuchar estupideces y se adelantó.

-TU! ASQUEROSA, SUCIA Y FALSA CUCARACHA! –Hermione le apuntó con la varita en pose de ataque más decidida que nunca.

Para sorpresa de todos, mientras Malfoy acobardado esperaba lo peor Ron la detuvo.

-Espera Hermione! No merece la pena! –Dijo preocupado.

Ella podía sufrir un castigo o le quitarían más puntos a Gryffindor lo que para satisfacción de Malfoy haría ganadora a Slytherin de la copa de la casa.

Hubo un silencio incomodo, Hermione bajó la varita y se dio la vuelta caminando hacia sus amigos, pero cuando le escuchó reír con chulería no pudo soportarlo más así que se giró e hizo lo que para todos los presentes era impensable.

La bofetada resonó por entre los árboles, Harry y Ron sonrieron gratamente sorprendidos.

Malfoy no podía creerlo, el tortazo fue tan fuerte que le pitaba el oído un poco y notaba que le picaba la cara. En ese momento se daba cuenta de que ella probablemente ya no sentía nada por él y su furia y dolor crecieron. Salió corriendo sin decir nada, sus amigos le siguieron.

Harry y Ron la contemplaron, Harry le hizo un gesto con la cabeza en señal de preocupación preguntándole si estaba bien.

-Que bien sienta… –Hermione rompió el silencio y asintió disimuladamente a Harry.

-Bien no… genial! –Dijo Ron como si estuviese ante su mayor ídolo."

Las palabras la sacaron de sus recuerdos.

-Ahora vengo, tengo que ir al servicio. –Avisó Ron saliendo del compartimento.

Harry miró a Hermione que parecía haber despertado de un largo sueño y continuaba con una media sonrisa dibujada en la cara.

-De que te ríes Hermione? –Dijo Harry sonriendo mientras se comía una pasta de calabaza.

-Estaba recordando… lo que le hice a Malfoy… –Se rio un poco, negó con la cabeza y miro al suelo avergonzada.

-Fue genial, Ron habla de ello todos los días. –Dijo masticando con discreción.

-Si… bueno, reconozco que me avergüenza haber perdido los papeles de esa manera, no me siento precisamente bien por haber usado la violencia… fue muy incómodo verle después por los pasillos, sabes que no se quejó a ningún profesor? –Dijo pensativa.

-Creo que sé lo que estás pensando, y no es una buena idea Hermione –Tragó–. Sinceramente.

-Ya… tienes razón, pero creo que ha estado intentando hablar conmigo y yo le he estado esquivando –Decía mirando por la ventana pensativa.

Harry intentó encontrar las palabras correctas sobre lo que opinaba.

-Pregúntate por qué –Le dijo metiéndose en la boca una bola de chocolate con relleno de mouse de fresa y nata de cornualles.

Ron entró en el compartimiento antes de lo esperado en el momento justo para escuchar las palabras de Harry, que casi se traga la bola de chocolate rellena entera y tuvo que incorporarse y hacer esfuerzos para toser con el fin de no asfixiarse. Le lloraron los ojos pero finalmente consiguió lo que se proponía y masticó la bola disimulando dándose con el puño en el pecho. Hermione abrió mucho los ojos y se sonrojó mirando por la ventana.

-De que hablabais? –Les miró a ambos inexpresivo y se dejó caer junto a Harry, que le inclinó la bolsa de bolas en ofrecimiento.

Ron negó resignado. No le gustaba gorronear.

-Y bien? –Dijo mirando a Hermione.

-Perdonad. Ahora vengo. –Ella se levantó y salió del compartimento.

Harry se las apaño para cambiar de tema.

Hermione vagó por el tren un rato. Luego fue al baño, se miró al espejo, suspiró unas doscientas veces y se apoyó en la pared. El leve balanceo del tren resultaba relajante. Cerró los ojos hasta que unos golpes atronadores hicieron temblar la puerta. Se enfadó y abrió antes de dejar siquiera hablar a quien estuviese tras la puerta.

Era Pansy. Aún tenía la mano en alto, no se esperaba que abriesen de sorpresa y casi le da a Hermione en toda la cara, lo que tampoco le habría importado. Se miraron desafiantes en silencio. Hermione salió empujándola, la expresión de enfado de Hermione debía ser muy evidente porque Neville y los demás se apartaron de inmediato pegándose a la pared cuando ella se acercó.

No había ningún compartimento libre pero había uno donde se encontraba a solas una chica de segundo año que vestía de manera extraña. Era la chica a la que todos en segundo año llamaban "Lunática" por varias razones. Lo sabía por Ginny.

Hermione no tenía ganas de aguantar excentricidades pero pudo ver perfectamente por el rabillo del ojo el pelo radiante de Malfoy abriéndose paso a empujones por el pasillo del tren para llegar hasta ella así que sin pensarlo dos veces entró y cerró tras de sí.

Luna la miró a través de sus gafas con una mínima expresión de pena.

-Hola… Hermione Granger, verdad? Nunca había visto tantos torposoplos en alguien consciente. –Declaró sorprendida.

-Torpo…? –Se sentó en frente bufando y mirando por la ventana. Decidió ignorarla.

Luna la miraba fijamente.

-Si prefieres estar sola puedo irme… –Dijo Luna apenada.

Hermione la miró de reojo unos segundos y después suspiró.

-Da igual Lunat… –Carraspeó sonrojándose un poco–. Da igual.

-Bueno, yo si te agradecería que te fueras…

A Hermione se le revolvió el estómago terriblemente. Habría gritado de forma infantil pero se le agarrotó hasta la garganta.

-Tú eres Draco Malfoy, verdad? –Preguntó curiosa mirando a través de sus gafas.

Malfoy asintió con desgana y se hizo a un lado indicándole que saliese.

-Es curioso, tú también tienes muchos torposoplos… no tantos como ella pero, también es fascinante. –Luna observaba con la boca abierta primero a él y luego a ella, que seguía mirando por la ventana tratando de calmarse.

-No sé qué son esos topro… –Dijo Malfoy conteniéndose.

-Torposoplos. –Corrigió Luna con aspecto más serio.

-Lo que sea. No sé qué son, pero serias tan amable de salir? –Pidió tratando de ser educado.

Luna volvió a mirar a Hermione y a Malfoy… y a Hermione otra vez.

-Creo… creo que no. –Decidió.

Malfoy se sonrojó por la sorpresa. Hermione miró a Luna con admiración.

-Cómo has dicho niña? –Perdió su paciencia.

Luna se quitó las gafas, le miró inexpresiva y habló con su voz débil e inocente.

-Que no. No me iré si no me lo pide ella. –Señaló a Hermione.

Malfoy no podía creer lo que estaba escuchando, respiró hondo varias veces haciendo acopio de paciencia.

Hermione temió que la próxima reacción de Malfoy fuese llamarla sangre sucia o algo similar. Ella había sido muy borde y sin embargo la chica había tenido una reacción admirable y muy bonita, con que no quería verla pasar un mal rato.

-Está bien, no te preocupes, déjanos un ratito, pero después vienes a explicarme qué es eso de los… torposoplos. Prometido? –Sonrió un poco y miró a Malfoy de forma amenazadora para que mantuviese su boca cerrada.

-Está bien. –Sonrió un poco–. Después vengo. –Miró a Malfoy de manera inexpresiva y antes de salir cerró la persianita de la puerta. Ambos se sonrojaron.

Hermione se sentó y siguió mirando por la ventana, Malfoy la imitó.

-Qué miras… exactamente?

Hermione le miró de reojo y no pudo evitar reírse en silencio. Malfoy la vio.

-De que te ríes? –Preguntó riéndose también.

-Esencialmente de la cara de idiota que has puesto mirando a la nada, pero también influye que casi puedo ver aun la marca de mi mano en tu cara. –Su resentimiento crecía por segundos.

Malfoy sonrió impresionado. Hacía meses que no hablaban y que por primera vez tras una disputa ella le dijera algo así, no era a lo que estaba acostumbrado.

De alguna manera ambos eran conscientes de que algo se había roto entre los dos porque la última vez que se habían visto junto a la sala común de Slytherin, el desenlace había sido demasiado fuerte para ambos, aunque sabían que siempre habría algo especial en el ambiente mientras los dos estuviesen en la misma habitación.

-Debo admitir que me sorprende que hables así… aunque te entiendo.

-Que haces aquí Draco? Sinceramente. –Preguntó en tono cansino con cara inexpresiva volviéndose para mirarle.

-No estaba seguro de si teníamos algo pendiente… no me gustó dejarte allí sola llorand…

-Pues lo hiciste. Y yo pude volver perfectamente a la sala común sin tu ayuda. –Interrumpió–. No tenemos nada de qué hablar, sangre pura.

Se creó de nuevo un silencio incómodo mientras miraban por la ventana, ya no se notaba esa electricidad, ahora todo era frío.

-Parece ser que tienes razón… creo que no queda nada entre nosotros. –Dijo con cierta nostalgia.

-Será mejor que te vayas, Pansy te estará buscando y no me apetece ver su estúpida cara. –Esta vez no se sintió celosa, pero el frio que sentía anestesiaba un poco la nostalgia.

-Si… tienes razón. –Se levantó–. Bueno… –Tragó saliva. Obviamente a él le dolía un poco más que a ella, pero para ser justos, ella tuvo que sufrir la humillación–. Adiós… Granger…

Ella no le miró mientras se iba. Al escuchar el sonido de la puerta cerrándose tras de él, Hermione sintió que lo que se cerraba era lo que había entre ellos.

Aunque los dos lo tuviesen en mayor grado superado, seguía doliéndoles la situación inevitablemente.

"Hola chicos lo siento, están pasándome cosas…

Me gustaría centrarme más en escribir pero me cuesta un poco… entre temas familiares económicos y que me quede sin ordenador estoy ç&[#€º~!

Ya tengo el 12 empezado"