-No me voy a molestar en preguntártelo otra vez… –Dijo entrecortadamente mirando con cautela en derredor.
-No es necesario… –Musitó arrastrando las palabras–. Nadie me enseñó... y tampoco leí nunca nada al respecto… hasta que lo mencionaste aquella noche.
El rostro de Snape se tornó más sombrío de lo habitual.
-Si has consultado las fuentes adecuadas y… siendo mí ahijado confío en que lo has hecho, comprenderás el motivo de mí… desconcierto…
-En verdad no. –Dijo torciendo con suficiencia su sonrisa.
-No deberías sentirte halagado. Sin embargo a juzgar por lo que vi… me resulta curioso que no temas que Lucius pueda…
-No le dejaré entrar. Y puedo asegurarte que si alguien entra no volverá a ver nada sobre ella… –Su sonrisa se borró por completo.
-Con que eres tan arrogante que no has sido capaz de preguntarte… de dónde has sacado el don de la oclumancia? En el fondo te pareces más a Harry Potter de lo que crees…
Malfoy se puso en pie rápidamente y miró a su padrino con la típica cara de asco que solía poner cuando se enfrentaba a Weasley. Snape levantó su barbilla más aún con suficiencia.
-No me puedo creer que tenga que venir personalmente a deciros que bajéis a cenar de una vez! –Gritó la señora Malfoy desde el umbral de la puerta de la suite de su hijo.
-Discúlpanos Narcisa… –Snape se echó a un lado indicándole a Draco que podía salir.
Snape no se quedó a cenar, la relación que mantenía con los Malfoy se había ido debilitando peligrosamente durante los últimos años. Delante de Draco evitaban expresarlo a toda costa porque para el chico, Snape había sido presentado como la extensión del brazo de su temido padre. Pero Draco estaba muy bien informado.
Desde que Lucius le había confesado a su hijo que era un ex-mortifago, varios impulsos de curiosidad le empujaban a revisar el despacho de su padre, aunque por supuesto sólo cuando estaba totalmente convencido de que su padre no podría descubrirle.
El primer día de vacaciones, cuando gozaba de soledad en la mansión ya que sus padres se hallaban asistiendo a un asunto oficial del ministerio de magia, descubrió algo parecido a un pozo de plata de corto diámetro y alta longitud. Asomó su cabeza con cierta dificultad y sobre la superficie de lo que parecía agua pudo distinguir algunas imágenes enmarcadas con una extraña sustancia negruzca de apariencia vaporosa. Draco quiso asomarse más y en un segundo sin darse cuenta se vio cayendo en medio de la nada.
Cuando sintió que se posaba sobre el suelo firme abrió los ojos lentamente atemorizado y miró a su alrededor. Casi le da un infarto cuando vio a su padre con aspecto rejuvenecido y el pelo más corto mirándole fijamente.
Tras unos segundos de pánico se vio atravesado por un señor que era inconfundiblemente el rejuvenecido padre de su compañero Vicent Crabbe (ambos tenían la misma cara de gorilas). También pudo distinguir tras su propio padre al Sr. Goyle, padre de su amigo Gregory Goyle, éste no estaba tan cambiado, sin embargo su pelo se veía menos canoso y su barba menos poblada.
Draco había leído algo sobre el tema pero jamás se lo había imaginado de aquella manera, siempre había pensado que los recuerdos ajenos depositados en un pensadero se verían como una película, y no como si él mismo hubiese estado en aquella época y en aquel lugar.
Sintió deseos de adquirir uno propio pero no quiso admitirse a sí mismo los recuerdos que reviviría una y otra vez y justo antes de que su rostro apareciese en su cabeza de nuevo, levanto la mirada y la clavó en una persona que no había estado presente antes de caer inmerso en sus pensamientos… Era Snape, que junto a Lucius, Crabbe, Goyle, otro hombre al que llamaban Avery, otro llamado Wal, hablaban animadamente y saludaban a los que se aparecían entre sombras negras y vaporosas parecidas a las que Draco había visto enmarcando los recuerdos en el pensadero.
-Los Carrow! Que alegría veros por aquí viejos amigos! –Exclamó Lucius saludando primero a la mujer y luego al hombre ambos con semblante serio y frio.
Las conversaciones cruzadas entre ellos continuaron hasta que dejó de llegar gente y todos por petición de Lucius se sentaron en los majestuosos sofás que Malfoy reconocía como los que actualmente estaban en la misma sala de reuniones. Su madre sin embargo no se hallaba allí.
Draco observó pacientemente y entendió que algunos de los mortifagos absueltos que habían sobrevivido a la caza del ministerio se reunían en secreto en ocasiones especiales para rememorar viejas hazañas, criticar a los nacidos de muggles y hablar sobre la posibilidad del regreso del señor tenebroso… que era algo que hasta para Draco (que no les conocía tan bien), era evidente que todos temían, pero tenía lógica, al fin y al cabo sus vidas se volvieron más tranquilas y cómodas tras su desaparición. Aquel temor se convirtió en un secreto a voces, nadie se atrevía a expresarlo en voz alta aunque todos sabían que tenían la misma opinión.
-Vaya, Greyback no va a venir esta vez… alguien sabe algo de él? –Preguntó Lucius mirando su reloj de bolsillo.
Nadie supo contestar, tampoco se movieron, tan solo un señor al que llamaban Nott carraspeó y tomó un largo trago de su copa.
Al finalizar la reunión Draco un poco aburrido, sentado sobre el brazo de un majestuoso sofá un poco apartado (aunque lo suficientemente cerca para escuchar) pudo ver que tambaleándose tras haber bebido muchas copas, todos los ex-mortifagos desaparecían dejando finalmente a Snape y a Lucius a solas.
Draco que había estado distraído mirando a los demás presentes, volvió la vista hacia a su padre y su estado de ánimo cambio por completo. Ahí estaba el señor Lucius Malfoy, tan respetado, tan temido, borracho como una cuba, con la corbata aflojada y el pelo despeinado, tumbándose sobre el gran sofá que había estado abarrotado minutos antes. Draco observó cómo ponía los zapatos sobre la carísima tela color esmeralda y negó muy ofendido con la cabeza por la cantidad de regañinas que se había llevado él por hacer lo mismo en otras ocasiones.
-Tú mejor que nadie Severus… "hip!" debes saber lo que pienso sobre la posibilidad de que el señor tenebroso vuelva a alzarse… –Dijo un desaliñado Lucius Malfoy haciendo una pausa para hipar de nuevo y dejar su copa vacía sobre la mesa–. Sobre todo teniendo en cuenta las ideas de futuro que tenía para mi hijo Draco… –Draco frunció el ceño y trago saliva, pero lo dejó pasar, ya no importaba lo que un mago muerto quisiera para él y de todos modos prefería no saberlo–. Pero piénsalo sólo por un segundo… no crees que sería glorioso verle matar y torturar a tu… jefe? –Lucius sonrió y sus mejillas se sonrojaron aún más.
-Cállate Lucius… Quien-tú-sabes no ha tenido ni tendría jamás nada que hacer en un duelo contra Albus Dumbledor. –Dijo Snape con voz ronca y cansina tapándose los ojos.
-Cómo osas decir tal cosa bajo mi majestuoso techo? –Dijo el señor Malfoy tambaleándose mientras se levantaba con aire ofendido.
-Porque es verdad! –Snape se levantó también y le hizo frente–. Ningún mago ni ahora, ni hasta el momento de su muerte será jamás más poderoso que él, por eso Quien-tu-sabes está destruido y Dumbledor es uno de los hombres más respetados de nuestro tiempo.
Draco se levantó nervioso y observo la escena incrédulo, su padre levantó su varita y apuntó a Snape con ira en los ojos, Snape hizo lo mismo en pose defensiva, pero de pronto una bonita voz interrumpió la escena.
-"Ex…pelliarmus!" –Susurró una joven y preciosa mujer desde la entrada con un brazo en alto varita en mano y el otro brazo en cuna bajo el cuerpo de un infante profundamente dormido.
Las dos varitas salieron volando de las manos de sus dueños, la mujer guardó la suya y les miró enfurecida. Los dos hombres adultos en aquel momento parecían dos niños pequeños, firmes y con la cabeza gacha ante su madre que les había pillado haciendo una travesura. Malfoy no pudo evitar romper a reír con fuerza ante la situación.
-Narcisa yo… –Murmuró Lucius tímidamente.
La madre de Draco negó y miro a su hijo durmiendo plácidamente sobre su pecho. Después volvió la mirada hacia a Snape y este comprendió al instante que era hora de desaparecer.
La habitación se difuminó velozmente y el despacho de su padre se materializó a su alrededor de nuevo, pero muchos de los objetos más queridos por Lucius no estaban y la decoración era ligeramente diferente.
Draco, un poco mareado después de ver tantos borrones, caminó hasta el ventanal que había tras la mesa, su padre aguardaba inmóvil como una estatua con el pelo más largo que la vez anterior, Draco le miró y vio que Lucius sonreía con orgullo mientras observaba cómo una bella mujer asustada, sujetaba a un niño muy rubio por la muñeca, aparentemente aquel rubito era el responsable de que una Ashwinder estuviese levitando frente a ellos en pleno jardín sin control alguno. Su padre abrió la acristalada puerta y salió al balcón.
Draco le siguió extrañado y dudoso, aquel balcón no existía en aquel momento.
-Vaya, veo que tiene claro que debe defender a su mama –Dijo Lucius en voz muy alta.
La bella mujer miró en su dirección. Draco sonrió complacido, no podía creer que su madre hubiese sido aún más bella de lo que era.
-No tiene gracia Lucius, si está aquí podría haber algún nido… Draco cariño deja a la serpiente en paz por favor… –Dijo su madre cogiendo en brazos al niño.
La serpiente cayó al suelo libre y se dirigió hacia a ellos, pero antes de poder moverse mucho se hizo cenizas. El infante rompió a llorar, Lucius se puso muy serio al verlo. Un chasquido interrumpió los pensamientos de Draco.
-Querías verme? –Dijo Snape con frialdad.
Lucius se sobresaltó un poco y ambos entraron de nuevo al despacho.
-Si… si claro.
-Y bien? –Preguntó Snape con las manos extendidas.
-A pesar de lo que pasó, sigues siendo el padrino de mi único hijo, lo que para mí tiene mucho valor…
-Ni siquiera querías que fuese yo, querías escoger a Goyle pero el señor tenebroso…
-Aun así, lo eres Severus.
-Sé de sobra lo que pensaste… Yo! Un mestizo, padrino de un Malfoy, de la unión de un Malfoy y una Black nada menos! Debió suponer una deshonra abrumadora para ambas familias, que el que sabíais que sería un digno príncipe de Slytherin tras tantas generaciones tuviese por padrino a un sangre sucia… verdad? –Desafió Snape.
-Si ya sabes la respuesta para que preguntas. –Hubo una pausa, Snape frunció sus labios–. Aun así he de admitir que aunque seas mestizo, al renegar de tu sangre muggle te pude ver realmente casi como a un igual…
-Pero tras lo ocurrido hace unos meses eso cambió verdad? No toleras que además de ser mestizo cometiese la imprudencia de defender a otro mestizo poderoso, tras unas cuantas copas, eh? Albus Dumbledor es un gran mago, solo un necio lo negaría.
-Cállate Severus! –Dijo Lucius furioso. Draco les miraba perplejo.
-No! –Snape vio la intención de Lucius y exclamó: "Expelliarmus!"
Una gran bola de luz dorada salió de la varita de Snape y acertó en el pecho de Lucius, que salió volando y atravesó el enorme ventanal en un horroroso estruendo desapareciendo tras el límite del balcón Draco corrió junto a Snape para asomarse mientras se escuchaban unos gritos de terror y se quedó tan atónito como él.
Un ensangrentado Lucius Malfoy levitaba por encima del infante y su preciosa madre la cual lloraba horrorizada envolviendo a su hijo con sus brazos mientras éste con sus grandes ojos grises miraba fijamente a su padre igual que lo había hecho con la Ashwinder minutos antes, solo que esta vez en lugar de parecer divertido parecía muy concentrado. Narcisa caminó hacia atrás y sacó su varita, apuntó a Lucius y trató de bajarlo pero no fue capaz, algo, no sabía qué se lo impedía.
Draco observaba tan impresionado la escena que cuando vio aparecer corriendo por el jardín a Severus Snape tuvo que girarse para entender que ya no estaba a su lado. La bella mujer gritaba.
-Que has hecho Severus! Que has hecho! –Lloraba Narcisa sujetando a su hijo con fuerza tratando de impedirle ver la escena.
Snape hablaba en voz inaudible.
-Estoy harta de vuestras estúpidas peleas, me da igual si sigues siendo fiel a Voldemort o no, él ya no está! –Gritó y se le entrecortó la voz–. Y nos guste o no, eres el padrino de Draco! Esto no puede seguir así me escuchas?! Haz el favor de bajar a mi marido, Severus!
Snape se quedó inmóvil, miró al pequeño Draco y se volvió hacia Lucius Malfoy para tratar de bajarle. Tras muchos esfuerzos el pequeño infante parpadeó y justo en ese preciso instante Snape pudo bajar a Lucius.
-"Rennervate!" –Gritó Narcisa afligida apuntando en dirección a Lucius.
Snape contempló al pequeño Draco con la misma cara que se le había quedado en la sala común de Slytherin la noche que trató de sumergirse en sus pensamientos. Murmuró algo y desapareció de nuevo. Los cristales obedecieron un movimiento de varita de Narcisa y volaron en dirección al ventanal atravesando a Draco y cortando la escena a su paso como si de tela rasgada se tratase.
Draco se dio cuenta de que había vuelto a la realidad, escuchó ruidos y se fue corriendo a su habitación para reflexionar todo lo que había visto.
Los ruidos de cubiertos le sacaron de sus recuerdos y volvió a la mesa en la que Snape no había querido sentarse a compartir la cena con ellos.
-Hijo, estas bien? No estas comiendo nada… –Dijo Narcisa mirado el plato de su hijo.
-Si mama… claro, estoy perfectamente. Solo… estoy un poco cansado.
-Draco, te ha dicho Severus algo que debamos saber? –Interrogó su padre mirándole con recelo.
-No padre. Nada importante, hablábamos de Hogwarts… –Dijo mirando su plato.
-Quieres pasar directamente al postre cariño? He mandado hacer tu tarta favorita. –Dijo su madre orgullosa.
-Narcisa, por favor… Draco no es ningún niño pequeño ya, no le consientas de esa manera! –Dijo cansado.
-Vaya! Qué casualidad que tú precisamente me digas eso cuando no paras de llenarle los bolsillos de oro! –Dijo su madre ofendida.
-Cómo va a ir un Malfoy por la vida sin dinero mujer! Que cosas tienes, no me compares!
Draco desconectó de la conversación, una elfina tropezó tras la silla de Narcisa y sin querer se hizo visible. Los tres la miraron, pero antes de que Lucius pudiese poner el grito en el cielo Draco se levantó rápidamente, tiró del trapo viejo de la elfina levantándola y la empujó hacia la salida. Su intención fue parecer brusco pero cuando la elfina se giró para disculparse de forma exagerada Draco le sonrió amablemente, Lucius halagó lo que creía que había hecho su hijo y propuso un brindis.
En medio de la noche, tumbado en su cama de tamaño inmenso chasqueó los dedos, la elfina de la cena apareció muy asustada mirando alrededor así como Dobby había hecho hacía años, se parecía a Dobby demasiado, sin embargo sus ojos empañados relucían con color morado y no era tan horriblemente fea.
Malfoy se sentó en el borde de la cama y la miró. La elfina cruzó sus manos tratando de dejar de temblar y musitó:
-Que desea? –La elfina hizo una reverencia absurda y exagerada cuando se dio cuenta de que se le había olvidado.
-Tu nombre. –Dijo Draco intentando sonar tan serio como Lucius.
-Mi… Ooh! Mi… nombre –Susurró la elfina aterrorizada–. Mel… Melmie… mi señor… –Terminó.
-Eres nueva Melmie? –Dijo Draco suavizando el tono.
-Oh no… no, no señor, mi madre trabaja con ustedes desde hace muchos años, yo he estado toda mi vida aprendiendo a serviros como es debido. Ayer fue la primera vez que mi madre me dejó salir de las cocinas para servirles a ustedes señor… –Explicó con su voz chillona.
-Entiendo… Y, Melmie, eres fiel a tus amos?
La elfina le miró horrorizada y se tapó la boca y luego los ojos.
-Por... por supuesto señor yo jamás… –Reverenciaba.
-De acuerdo, te creo Melmie. –La pequeña elfina le miró con curiosidad totalmente anonadada–. Entonces quisiera que me digas una cosa, si yo te pido algunos favores que deberían quedar en absoluto secreto, podría confiar en que jamás nadie sabría nada sobre ello? –La miró.
-Melmie… bueno señor… por supuesto, pero… –Malfoy alzó una ceja y la elfina soltó un gritito. Habló de nuevo tapándose los ojos–. Por supuesto señorito sus padres estarían al corriente de esos favores verdad?
-No. Sería algo que solo tú sabrías. –Dijo con tono amenazador– Y si mis padres no te preguntasen específicamente sobre este asunto no sería mentirles Melmie.
-No entiendo mi señor discúlpeme, sé que debo castigarme por mi ignorancia… –La elfina fue a pegarse cabezazos contra los bordes perfectamente adornados de la cama de Malfoy.
-Basta! –Dijo él, y la elfina paró con el relieve de una de las serpientes de plata ya grabado en la frente. Draco la miró con pena–. Melmie, no te volverás a castigar de esa manera en mi presencia por nada, a no ser que estemos en presencia de mis padres. Has entendido? –La elfina le miró como si estuviese loco y asintió.
-Entonces mi señorito sería tan grandioso de explicarle a Melmie?
-Si yo te pido que me lleves a un sitio, me llevas. Si mis padres no te preguntan directamente si el día de hoy me has llevado a ese sitio en concreto, tú no dirás nada. Pero si por ejemplo mi padre te pregunta: –Se puso en pie imitando a Lucius–. "Melmie, has llevado a algún sitio a mi hijo?" –Draco le hizo una señal para que afirmase.
-Si…? Señor. –Dijo dubitativa. Draco siguió imitando a su padre.
-Ahora si mi padre te preguntase a donde me has llevado le dirías la verdad, pero si mi padre te preguntase "para qué" y yo no te digo el motivo de visitar aquel lugar tú no sabes para que he ido por tanto… si Lucius te pregunta para que hemos ido, tú le dirías… –Le hizo un gesto para que continuase hablando.
-No… no lo sé señor… no sé para qué quería el señorito Draco que Melmie le llevase hasta allí…? –Dijo de nuevo con tono chillón y dudoso.
-Perfecto Melmie, entiendes ahora lo que espero de ti?
-Si señorito Malfoy –Sonrió ampliamente al ver la cara de satisfacción de su amo.
-Pues ya puedes retirarte, y recuerda que nadie debe saber nada sobre esta conversación Melmie, ni siquiera los demás elfos de la mansión.
Melmie se sorprendió y asintió haciendo reverencias hasta que se desapareció.
A la llegada de agosto Hermione comenzó a hacer los preparativos para ser llevada a la madriguera el día 20 de agosto. Los mundiales de quidditch se celebraban dos días después, pero ella quería estar un par de días antes porque había acordado ayudar a Ginny con algunos deberes.
Su madre entró en la habitación y dejó las capas perfectamente limpias dobladas y planchadas colocadas sobre los libros de Hermione que ya estaban dentro del gran baúl.
-Gracias mama –Le dio un beso en la mejilla y continuó ordenando pergaminos escogiendo qué llevarse y qué no.
Su madre la observó con cautela y cruzó los brazos lentamente, Hermione se extrañó pero lo ignoró hasta que finalmente su madre suspiró para llamar su atención. Hermione giró sobre sus talones.
-Pasa algo? –Preguntó extrañada mirando a su alrededor y luego a su ropa mientras mantenía agarrados varios pergaminos.
-Hija… es que… verás… creo que… bueno. Hay algo que quieras contarme? –Preguntó la señora Granger con aire preocupado.
Hermione se extrañó. Lo único que no les había contado a sus padres era que había estado a merced de las garras de un dementor y más tarde de un profesor que realmente se había transformado en hombre lobo, ya tuvo suficiente drama cuando les contó lo del basilisco, así que esta vez no quería pasar por lo mismo y al fin y al cabo sobre aquello no había tenido ningún tipo de pesadilla con que no tendrían por qué saberlo. Les habría mandado alguien una carta o algo parecido informándoles de todo?
-Pues… pues no… a que te refieres exactamente? –Tragó saliva preocupada.
-Bueno, creo que este año debes tener muchas ganas de volver a Hogwarts… y empiezo a entender por qué llegaste tan triste a King Cross! –Su madre se metió la mano en el bolsillo y agarró algo con fuerza haciendo una pausa dramática antes de sacar lo que tenía.
Hermione estaba completamente desconcertada, no entendía absolutamente nada hasta que…
-He encontrado esto en el bolsillo interno de una de tus túnicas. Por cierto tenía tierra dentro de los bolsillos y he tenido que…
La voz de la señora Granger se perdió unos segundos en un eco lejano mientras Hermione observaba la corbata a rallas esmeraldas y plateadas que su madre sostenía.
Mirando aquella corbata se dio cuenta de que su odio hacia Malfoy se había difuminado más de lo que le habría gustado y de que en el fondo de su corazón sentía cierta nostalgia hacia aquel día a la orilla del lago negro cuando todo lo que les separaba no existió durante horas. Después de recordar aquello se obligó a pensar en lo que suponía estar con Malfoy y en cómo había decidido terminar aquella relación entre ellos. Su mente volvió un poco a la normalidad. Volvió a prohibirse pensar en aquel Malfoy cálido y valiente que ella había conocido. El tiempo fuera de Hogwarts pasaba demasiado despacio y los dos meses y medio que llevaba fuera de aquel lugar para ella parecían años. Había escrito más de cincuenta cartas dirigidas a Harry que jamás se atrevió a enviar, en todas hablaba de sus sentimientos por Draco y por algún motivo que no sabía explicar en ese preciso instante decidió que era una de las cosas indispensables que debía llevarse de vuelta al colegio.
-Hija te encuentras bien? Estas muy pálida.
La señora Granger dejo caer la corbata dentro del baúl y corrió a examinar a su hija.
-Si mama perdona es que… bueno, no recordaba que esa corbata estuviese aun entre mis cosas. Perdona. –Hermione se quitó y miró la extendida corbata sin saber si cogerla o dejarla tal cual a pesar del aspecto de desorden que provocaba.
-De quién es? Yo pensaba… que como huele a chico quizás era de un noviete o algo parecido… –Dijo la madre sonrojada entre tímidas sonrisas–. De hecho no la quise lavar… por si… el motivo de que estuvieses tan triste e King Cross pudiese ser a causa de que quizás le ibas a echar de menos sabes… –Dijo alzando las cejas.
Hermione sintió una punzada en el estómago.
-Em… bueno yo…
-No pasa nada hija estas en edad de enamorarte… pero que tu padre no se entere! Ya sabes que cuando se pone en plan padre protector no hay quien le aguante… –La abrazó–. Me alegro mucho por ti cielo, pero haz las cosas con cabeza como haces siempre y no solo me alegrare, también estaré orgullosa. –Sonrió exageradamente emocionada–. No me hago a la idea de lo mucho que has crecido en tan poco tiempo…
Los discursos de la señora Granger siempre resultaban agotadores, Hermione se sintió extrañamente identificada con Draco y Ron cuando en diferentes ocasiones le habían rogado que fuese al grano o dejase de hablar (Harry era demasiado educado para expresarlo).
-Bueno y cuéntame hija, se trata de algún niño que yo haya podido ver en King Cross? –Preguntó con curiosidad haciéndose la moderna.
Hermione se sintió sonrojar hasta las cejas.
-Mama… no quiero… no es… es que es complicado… –Dijo finalmente.
-Vale vale, solo dime si se trata de aquel niño tan guapo y encantador… –Hermione frunció el ceño pensativa sin comprender a quien se refería–. El hijo de esa gente tan humilde y simpática… vaya no recuerdo su nombre… Weasel?
Hermione abrió mucho los ojos y la boca demasiado incrédula, aquello no estaba pasando, su madre no acababa de llamar Weasel a los Weasley… Incluso miró a su alrededor para comprobar que Malfoy no estuviese haciendo de las suyas y tuvo que mirar de cerca a su madre preguntándose si sería él tras haber tomado poción multijugos.
-Mama…? –Dijo sorprendida–. Es... We… Weasley… mama.
-Oh vaya que metedura de pata perdona… Como hay apellidos tan raros… algunos extranjeros… yo pensé que quizás… oh vaya perdona que torpe soy. –Se disculpó muy sonrojada la señora Granger–. Entonces, es él? Ese niño tan guapo con el pelo tan rojo y tan bonito? La verdad es que siempre le he visto mirarte como si fueses una divinidad…
Hermione negó haciendo aspavientos con las manos.
-No mama no! Ese chico es Ronald Weasley, es un… amigo… ya sabes. También me llevo muy bien con su hermana Ginny, que es la chica de pelo rojo tan largo que tanto me escribe en vacaciones… además ambos están en Gryffindor y sus corbatas… bueno, son igual que las mías –Sacó una y se la enseñó–. Ves? Escarlata y dorado, eso es de Gryffindor…
Su madre miró extrañada la corbata esmeralda.
-Entonces esos colores de que son cariño? –Miró a su hija con curiosidad.
-Oh… bueno… Son… los colores de… Slytherin…
Su madre profirió un grito ahogado y se tapó la boca. Hermione contuvo la respiración.
-Slyth… eso no tuvo algo que ver con aquella serpiente tan horrorosa que te ataco en segundo año!?
Hermione palideció más aun, no necesitaba escuchar que a su madre tampoco le parecía bien.
-Si… si mama… si… pero no es lo que crees, no todos son así –Se apresuró a explicar la conexión ante la temerosa mirada de su madre y le contó todo sobre quién era aquel chico.
-Pero hija… –La abrazó de nuevo con cara de tristeza–. Lo has debido de pasar fatal… menos mal que tu amiguito… ese Harry… te apoyó… Oh vaya… mi niña… te han roto el corazón verdad?... –Decía mientras se tambaleaba cariñosamente con Hermione entre sus brazos.
Hermione suspiró resignada contra el enmarañado pelo de su madre.
Cuando consiguió quedarse a solas en la habitación se sentó en la cama y miró la corbata, al parecer su madre había comprendido a la perfección la historia pero antes de dejarla a solas no pudo evitar repetirle que su amigo Ronald no le habría hecho sufrir tanto, con que mientras observaba la corbata de Draco los ojos se le iban hacia la suya propia trayéndole recuerdos de su amigo a la cabeza.
Finalmente cogió las dos corbatas y se sentó en el suelo para sentirse más protegida. En un acto de masoquismo se acercó a la nariz la de Draco y respiró sobre ella entrecortadamente. Las lágrimas acudieron rápidamente hacia sus ojos y ella para frenarlas decidió posar la prenda sobre su rodilla izquierda. Nunca antes hasta ese momento había contemplado la posibilidad de considerar a Ronald como algo más que un simple amigo, al menos no de forma seria.
Intentó recordar algunos de los mejores momentos a su lado pero el color esmeralda eclipsaba sin dificultad al escarlata de su propia corbata, Hermione tuvo que concentrarse con todas sus fuerzas y cerrar los ojos hasta que por fin consiguió separar los momentos buenos de entre tantas peleas y tantas diferencias de opiniones que había tenido con su amigo.
-A ver… es cierto que la primera vez que le vi pensé que era guapo… aunque bastante poco inteligente. Pero bueno, también me pareció que Pansy era simpática en el tren… así que no sé muy bien si estaba en mis cabales en aquella época… –Pensaba para sí misma seriamente con el ceño fruncido–. Aunque en verdad después me di cuenta de que si era poco inteligente, no solo no me agradeció que le ayudase sino que encima se burló de mí… bueno y después me salvó del troll… lo admito! –Refunfuñaba en su mente–. Y es cierto que a partir de ahí… se portó mejor… y comenzó a agradecerme las ayudas que le ofrecía para hacer los deberes… y en segundo me defendió de Malfoy con el tragababosas, aunque le saliese mal… –Le empezó a doler la cabeza, repasó los demás momentos buenos que había tenido con él–. Me ha defendido varias veces del idiota de Malfoy… –Volvió a mirar fijamente la corbata esmeralda juntándola con la escarlata–. Pero cierto es que… se llevan mal y los dos buscarían cualquier excusa para pelearse…
Aquella noche tras cenar y recoger todo (menos las corbatas), tuvo el impulso de ponerse la de Slytherin alrededor del cuello, se miró al espejo unos segundos y se sintió demasiado rara. Crookshanks la miraba tumbado desde la zona de los pies de su cama moviendo la cola de forma curiosa.
-Crookshanks… tu qué opinas…? Se arrodilló frente a su gato y puso sobre la cama la corbata de Gryffindor, se quitó la de Slytherin y la puso al lado. Crookshanks olfateo con curiosidad la corbata esmeralda–. Si… ya sé que huele a otra persona… qué opinas, huele bien verdad? –Sonrió.
El gato restregó su cabeza contra la corbata esmeralda y comenzó a ronronear panza arriba con su cordoncito de oropel dejándose ver a través del collar natural de pelo largo que tenía sobre su tórax. Hermione no pudo evitar reírse.
-Ya veo que te da más que buena espina… –Hermione acarició a su gato y le dio un leve beso en la cabeza. Volvió a ponerse la corbata color esmeralda en el cuello y se anudó la escarlata en la muñeca.
Aquella noche Hermione se durmió pensando en los dos chicos y Crookshanks tuvo que apagar la luz y volver a acurrucarse en una esquina inferior de la cama.
**Hola chicos… No estoy pasando buenos momentos pero sentarme a escribir es lo que me hace desconectar y aunque me lo he planteado… no quisiera dejarlo a medias… quiero que sepáis que me animan mucho vuestros comentarios… y que cuantos más recibo (privados o públicos) más escribo… quería daros las gracias por vuestro apoyo de todo corazón. Me dais mucha, mucha fuerza!
