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Especies Diferentes
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Okikagu Week 2018
Día 2: Boda
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El bosque muerto, abandonado en la pradera cerca de los lugareños, era considerado un peligro para las cientos de criaturas que se ocultaban del poder y ambición del hombre. Era el bosque prohibido para enanos, ninfas e incluso elfos, creaturas perfectas y protectoras de la naturaleza.
Ningún elfo o criatura ingresarían a las fauces de los dominios del hombre, al menos ninguno que tenga otro lugar para ir. Partiría al sur dentro de muy poco, el frio y las grandes nevadas espantaría al más aventurero elfo de allí, con excepción de él. Sougo, era un elfo reconocido por proteger a su majestad, la antigua deidad que cuidaba de todos ellos. Vivo largos años bajo el proteccionismo del bosque de las ninfas, batallo incesantemente contra la conquista de los hombres, gano y perdió mucho durante esos años. Reconocido por su labor, hoy era juzgado por alta traición.
Llegando a la entrada del Bosque Muerto, se acomodó entre las raíces del árbol más grande, esperando la llegada de Kagura, la culpable de su desdicha.
La noche avanzada le daba el permiso para cerrar sus ojos buscando calma, no tenía peligro, los humanos le temían a la noche y los elfos a los dominios de esos seres tan simples.
Ella se tardaría en llegar, como de costumbre. Tosca y mal hablada, bulliciosa e infantil, enérgica y sincera, Kagura era todo aquello y mucho más. Si tan solo… no tuviera la sangre de su enemigo recorriendo por sus venas.
Era bien sabida la guerra y disputa entre enanos y elfos, las guerras desafiantes y los desprecios entre unos y otros., era cosa de todos los días. Pero cuando la conoció, no espero o creyó que fuese miembro de los enanos.
Tenía una estatura más que aceptable, a simple vista la vio como si de una humana se tratara y, a pesar de no estar muy alejado de la realidad, Kagura llevaba sangre de enano por sus venas, herencia de su padre. Pero la situación no fue más favorable, para los elfos ya era demasiado repulsivo estar en presencia de un hibrido con un torrente sanguíneo contaminado por los enanos, para darse cuenta que su progenitora era humana. Hija de rivales y los más grandes asesinos de elfos, Kagura fue apresada por tiempo indefinido.
Durante toda la temporada de invierno, Sougo estuvo a cargo de ella. Encerrada en un calabozo a oscuras, incapaz de ver algo mas que a ese elfo fastidioso.
Comenzó como una relación de rivalidad, prejuzgar fue de lo más espontaneo debido a la guerra creada hace milenios. Pero, para el asombro de ellos, el afecto comenzó a surgir, volviendo esa rivalidad infundada en amistad. Confianza era lo que sobraba.
Sougo el primero en percatarse de todo lo que le sucediera.
Una vez, después de meses encerrada, Kagura se infectó el brazo. La muy bruta golpeo su muñeca con un extremo de la roca sucia y llena de musgo. El idiota del elfo la había provocado provocando que de un movimiento brusco se hiriera levemente. La hibrida no le dio mucha importancia, ocultando su herida entre los pliegues de su abrigo, la piel de oso era lo más común para combatir las bajas temperaturas.
No necesito, siquiera, esforzarse para notar un cambio repentino en ella. Entrando de sopetón a la celda la obligo a desvestirse.
´´ ¿qué crees que haces?´´ le pregunto avergonzada.
Se hubiera mofado de su actitud tan nerviosa si de otra ocasión se tratara, pero la preocupación no dejaba que sus facciones cambiaran del estado de seriedad.
Durante esa infección cuido, sano y acompaño a esa abominación, un hibrido del que muchos podrían estar en desacuerdo, pero que el había aprendido a querer y amar.
Ella fue la causa por la que decidió dejar su tierra natal, alejarse de los prados verdes y del resguardo de la gran deidad de los elfos, para caer en terreno peligroso. Enamorarse de alguien como Kagura, hacer frente a los señores elfos y escapar junto a una prisionera era suficiente para condenar a ambos a morir en el exilio.
―ese viejo malhumorado tardo mucho en darme el listón― refunfuño cruzando sus brazos sobre su pecho mientras explicaba el motivo de su tardanza.
Sougo se levantó de su sitio, dedicándole una sonrisa socarrona a esta. Limpio la comisura de sus labios con su pulga, demostrándole que no creía nada de sus palabras, seguramente había perdido el tiempo comiendo en alguna taberna. Sus rasgos humanos le permitían un mejor camuflaje entre ellos.
―para la próxima intenta limpiar tus labios antes de mentirme, Kagura―
La pelirroja retiro su mano de sus labios avergonzada por ser descubierta tan simplemente. Ese estúpido elfo era tan consiente de cada movimiento de ella, de cada cambio en su actitud que era imposible el ´´no ser descubierta´´.
Kagura, despotrico contra el ruidosamente, tan insoportable y chillona era su voz que el termino acallándola con un simple ´´llegaremos tarde para la ceremonia´´. Recordando la importancia de ese bendito viaje, la hibrida se aferró a su brazo con brusquedad tratando de calmar su desbocado palpitar.
Comenzaron a adentrarse entre la abundancia la flora y la oscura guarida de aquellos animales que aun resistían a la conquista humana. La mitad humana miro, analizo y sintió las diferencias entre ambos. No era una cuestión de físico o rasgos meramente visibles, se trataba de la diferencia entre el carácter de ambos. Mientras Kagura era pletórica en todo el sentido de la palabra, glotona y muy pasional, Sougo era del tipo de persona analítica, reservada, circunspecto durante la mayor parte del tiempo. Eran opuestos en más de un sentido, pero podían encontrar una pequeña similitud en el otro. Si se trataba de ello, la privacidad les daba el espacio necesario para ser los amantes más devotos de la edad medieval.
Llegando finalmente a un claro en medio del bosque, con la tenue luz de la luna reflejándose en el lago, centro de vida de toda flora a su alrededor. Las luciérnagas danzantes daban un aire mágico al ambiente, así como el aullido de los lobos en la lejanía.
Kagura soltó su brazo, se ocultó detrás de un inmenso abeto y comenzó a desvestirse. Parecía ser que recién se estaba percatando de la situación. Su estómago se oprimió y el nerviosismo no paraba de provocar espasmos en su cuerpo.
Extendió la prenda de color blanco al frente suyo para comprobar el buen trabajo de ese anciano. Un vestido tan fino como ese era una exquisitez en el mundo medieval. Con mangas largas y amplias, y varias capas de telas que llegaban hasta sus pies, cubriéndolos con soltura y sin tanto abombamiento. Era suelto, con una falda que caía armoniosamente por sus piernas. Su listón amarrado debajo del busto le brindo el toque final a su prenda. Lista para mostrarse ante Sougo, noto un pedazo de lienzo trasparente apoyada sobre una corona de flores, junto a ello una nota con un mensaje corto pero enternecedor:
´´que te vaya bien, hasta pronto´´ un mensaje de Gin y Shinpachi, los sastres que aceptaron hacer su vestido a bajo costo, le obsequiaron junto a ese gratificante mensaje la prenda significativa de una boda, el velo.
Sougo estaba esperando desde hace algunos momentos a que ella saliera, no era necesario tanta formalidad. Solo serían ellos dos.
Aunque jamás espero quedar tan sorprendido al verla. No sabía si era la magia de las luciérnagas o la luz plateada de la luna, las que la hacían deslumbrar de tal manera. Estaba seguro que si era vista por los elfos en esas prendas con esa aura de dicha, nadie dudaría que fuera una criatura tan pura como un mismísimo ángel.
―cierra la boca, se te caerá la baba―levanto su quijada con el suave tacto de su dedo índice. Si permanecía otros dos segundos sin hablar realmente dudaría que fuese Kagura.
― ¿y el velo?―pregunto ignorando su mal comentario.
Trato de levantarlo para verla directo a los ojos pero ella lo detuvo de un golpe en el hombro.
―aun no va esa parte―le indico―Gin-chan y Shinpachi me lo regalaron―amplio su sonrisa mostrando su dicha por recibir semejante regalo.
―me sorprende que perdieran tanto tiempo en hacer un vestido para una enana, ¿acaso no eran sastres reales?―un golpe a su estómago lo hizo callarse. Sujeto el punto de dolor inclinándose para cubrir la zona afectada.
―una novia no puede casarse sin su corona nupcial―comento mientras arreglaba las flores por sobre su velo― esos dos son grandes amigos, solo dos idiotas ayudarían a una hibrida―
Kagura extendió su brazo para que él pueda impulsarse. Erguido completamente se sobo por última vez su estómago y le sonrió con calma.
―supongo, debo ser el mayor de los idiotas―murmuro.
La hibrida solo murmuro un leve ´´lo eres´´ sin que su acompañante la escuchara.
Separando sus cuerpos, enfrentados comenzaron con ese pequeño ritual matrimonial.
Brindaron sus votos, asegurando su unión eterna y sagrada, sobrepasando los problemas y prometiendo un amor eterno que duraría por los siglos, traspasando la muerte y las reencarnaciones.
―te buscare en otra vida―se dijeron al unisono.
Se sonrieron como dos idiotas, sabiendo que sus promesas eran mucho más que simples palabras, iban cargadas de sentimientos reales.
Prosiguieron con las indicaciones, haciendo las preguntas de aceptación, dando un sí rotundo sin muestra de dudas de parte de ambos.
―debería decir… ¿puede besar a la novia?― se acercó a ella tomándola de la mano, entrelazando sus dedos. Acerco su mano, aferrada aun a él, a su boca rosando el anillo de oro fundido. Una reliquia familiar que le pertenecía desde hace años.
―no hemos tomado la hidromiel―murmuro cerca de sus labios, excitándolo bastante.
―no necesitamos de un afrodisiaco para concebir hijos―sonrió de lado tratando de persuadirla de alguna manera.
―puede que tengas razón―comento con sus bocas unidas sin besarse totalmente, entrelazando sus brazos alrededor de su cuello―con este pecado que llevamos, dudo que la deidad de la fertilidad nos quiera brindar un descendiente― asintió dejándose consumir por los labios hambrientos de ese elfo tan molesto.
Ella tenía razón, no esperaban descendientes. Ni siquiera sabían si llegarían a vivir más que un par de años. Perseguidos por todos, buscados por consumar una abominación como lo era ´´el amor entre un hibrido enano y un elfo´´, sus expectativas de vida no eran muy altas. Dejarían que el tiempo decida, después de todo se volverían a ver en otra vida.
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Aclaraciones:
―Principal: las criaturas tienen que ver con la mitología Nórdica.
―Elfos vs Enanos: como deben saber, los elfos y enanos son enemigos naturales en todas las leyendas Nórdicas.
―La boda: está basada (mayormente) en la cultura nórdica. Casi no encontré detalles de la boda de esa civilización, así que use una especie de mezcla con la que conocemos mayormente: la católica (hablo principalmente por los anillos).
Hidromiel: hace referencia a una bebida alcohólica procedente de la fermentación mediante levadura a partir de miel diluida en agua.
Corona nupcial: según los antiguos griegos traía felicidad el matrimonio y los protegía de los malos pensamientos, aunque esto también era compartido por los antiguos vikingos, pertenecientes a la civilización nórdica.
Deidad de la fertilidad: las ceremonias de las bodas Nórdicas se celebraban en Viernes, Friday, Friggas-day, en honor de la diosa del matrimonio. Friggas es la diosa de la que hago referencia en el fic.
Luna de miel: El término "luna de miel" según veamos en diferentes fuentes nos remitirá a un origen de civilizaciones de la antigüedad. Se le llama "luna" porque todas estas culturas basaban el cálculo del tiempo en el ciclo lunar. Se medían los meses y años en base a los ciclos de la luna y "miel" porque este producto era considerado afrodisíaco y se le atribuía el aumento de la fertilidad en la pareja (Estos datos los corrobore con una página sobre la civilización nórdica).
