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~Un mundo sin ti~
Amai do
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Capítulo II
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En sus manos tenía la pieza clave del juego. Le daba vueltas y jugueteaba con ella, colocándola en diversas posiciones encima del tablero, como si cambiara algo en la jugada que tenía planificada, pero era lo inusual en esa parte, desde cualquier ángulo, defendía al jefe.
Finalmente, se puso de pie, colocó sus manos detrás de su espalda y comenzó a caminar, dando vueltas a su alrededor, pensando en los siguiente movimientos que haría en el juego y en su trabajo, hasta que su hermano entró a su tienda.
-Viggo, misión cumplida. –informó Ryker mientras le sonreía. –Uno de los centinelas vio a la rubia entrar al barco pesquero, si es tan predecible como creemos, ella está infectada.
-¡Excelentes noticias!, mi querido hermano. Veo que al menos tienes algo de cerebro en esa cabeza calva.
Ryker gruñó un poco, mordiéndose los labios y conteniendo las ganas de golpearlo, aunque tenía muy presente su lealtad y por lo tanto no le haría nada a su consanguíneo, de momento.
-¿Ahora qué paso sigue? ¿Para qué la querías contagiar? –preguntó con curiosidad.
Viggo tomó de nuevo en sus manos la pieza de "La esposa del jefe" de ese juego que tan obsesionado lo tenía, tomó el Ojo del dragón y descifró cierto código para vislumbrar la especie siguiente para atrapar.
-El siguiente paso es negociar una oferta, después de todo… ya tenemos una demanda.
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Ese día en la Orilla del Dragón estuvo calmado, al menos después de que Astrid informara al resto de los jinetes acerca de brote de la Peste de Odín, pero estaban calmados por saber que esa enfermedad estaba en el barco pesquero y allí se había quedado, o al menos eso creían.
-Muy bien chicos, es todo por hoy, pueden irse a descansar, Toothless y yo iremos a dar un paseo, ¿alguien nos quiere acompañar? –preguntó Hiccup poniéndose de pie.
-Paso, tengo información que logré decodificar del Ojo del Dragón y la quiero ordenar, además que quiero que Meatlug descanse, mañana iremos a explorar, ¿verdad, chica? –mencionó Fishlegs mientras le permitía a su dragona que le lamiera toda la cara.
-Tampoco yo, te apañaría a ti y a tu Furia Nocturna sólo con un vuelo, y no lo digo porque tenga ampollas en mi trasero y las quiera ir a aplastar antes de ir a dormir. –cedió Snotlout haciendo que el estómago de los jinetes se revolviera.
-¡Qué asco Jorgenson! –exclamaron los gemelos, pero inmediatamente recapacitaron. -¿Te podemos ayudar?
Sin decir nada más los anteriores hablante empezaron a retirarse y a dejar a sus dragones en el establo, sin darse cuenta sólo quedaron Hiccup y la hermosa Astrid.
-¿Y tú que dices? ¿Nos acompañas? –preguntó el futuro jefe de Berk con ojitos suplicantes.
Astrid empezaba a sentirse un poco mareada. Ella sabía que estaba infectada y que a cada segundo su esperanza de vida disminuía considerablemente, pero… lo miró, miró esos ojos verdes que le hacía perderse en sus pensamientos, no quería perder ni un segundo lejos de él, así que respiró profundamente y tocó la herida en su brazo, rogando porque Hiccup no la viera, pues no quería preocuparlo. Pensó de nuevo sus opciones, una de ellas era quedarse en su cama para enfermarse más y la otra era estar con el chico que le había robado el corazón.
Quizá era uno de sus últimos días con vida, o mejor dicho, una de sus últimas oportunidades de hacer feliz a Hiccup.
Rendida le sonrió y se subió en Stormfly.
-Alcánzame, pescado parlanchín.
Dicho lo anterior, Astrid y la Nadder salieron volando de la estancia común de la Orilla.
-Ella nunca cambia. -susurró embelesado mientras ajustaba su prótesis a la de Toothless. -Vamos, amigo. Hay dos chicas a las que debemos impresionar.
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Piruetas, giros, carreras y un momento de paz fue lo que Astrid e Hiccup vivieron por escasos y efímeros momentos, lamentablemente la noche llegó y ambos tuvieron que marcharse a sus respectivas cabañas para descansar.
Aterrizaron en el área de la choza de Astrid. Toothless se extendió en la tirolesa y Stormfly hizo lo mismo, dejando momentáneamente a los chicos en la entrada de la cabaña.
-Gracias por volar conmigo, sin ti sería muy diferente todo. –expresó Hiccup con cierto nerviosismo.
Astrid se sentía muy cansada y también le dolía su cabeza, el atardecer apenas y había pasado, pero empezaba a sentir ciertos estragos en su cuerpo ante el brote de la infección que recién había adquirido.
Empezó a toser levemente, tratando de disimular.
-¿Te encuentras bien?
La rubia asintió en medio de un tosido. –Sí, estoy bien, descuida, mientras volábamos se secó la garganta, con un poco de agua se me pasa. –minimizó, sin quitar su mano de la herida.
Haddock no quedó muy convencido, pero le creyó, pues su argumento era bastante valido.
-¿Quieres que vaya a traer agua? –preguntó preocupado.
Astrid sonrió ante su caballerosidad.
-Descuida, tengo un sifón con agua en mi choza, gracias.
El castaño le sonrió ante la ternura que la chica creía ocultar en sí misma.
-En ese caso, mi lady, que duermas bien, te veo en la mañana, iré a explorar temprano, ¿deseas venir?
Astrid fue incapaz de decirle que no, sólo asintió un poco con su cabeza y entró a la cabaña, no sin antes desear buenas noches también.
-Descansa, Hiccup.
Tras cerrar la puerta, el castaño se fue con una sonrisa en su rostro, sólo subió una rampa y llegó a su choza, se sentó afuera de la ésta y miró las estrellas al lado de su dragón.
-¿Tú qué dices, amigo? ¿Mañana le digo lo que siento por ella?
El dragón sólo giró los ojos, cada noche le hacía la misma pregunta, así que el reptil ya se había cansado de hablar y de decirle a su manera que sí.
No pasó mucho tiempo después para que Haddock cayera dormido.
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Con pesar se quitó las hombreras de su cuerpo, aflojó un poco su ropa y las botas también, pero sentía mucho frío al mismo tiempo, además de un temblor en por todas sus extremidades que no le hacían sentir nada bien.
Agarró un pedazo de tela y la empapó de agua, colocándola en su frente. Sintió que estaba más caliente de lo usual y finalmente la puso sobre la herida, la cual ardía por completo.
-Maldición. –masculló la rubia, sintiéndose torpe e inexperta por haber entrado a ese barco pesquero. Se compadeció de los hombres que había allí, y se culpó por no haberlos podido ayudar. Ahora como castigo, ella viviría lo que ellos experimentaron los últimos días de su vida.
Con ese sentimiento se empezó a marear y a sentir que su cabeza iba a explotar, sintió su cuerpo cortado y un fuerte dolor en el pecho.
Stormfly se acercó y le trató de animar con su hocico pegado a su cuerpo, pero la dragona la sintió diferente.
-Estoy bien, chica, sólo necesito descansar, verás que amaneceré mejor.
La rubia ni terminó de hablar cuando un fuerte mareo seguido de un escalofrío la hizo perder el equilibrio y caer de lleno a la cama.
Stormfly se alteró y empezó a dar vueltas por toda la habitación.
-Chica, basta. –ordeno Astrid con las pocas fuerzas que le quedaban.
La Nadder acató órdenes, recostándose en el piso, permitiendo que la rubia pusiera sus pies encima de su cama para descansar.
Sin embargo, en las siguientes horas, Astrid siguió tosiendo, con fiebre y un agotamiento terrible.
La rubia se sentó en la orilla de la cama, y ni cuenta se dio cuando la Nadder salió de la choza.
-Exagera, estoy bien. –recalcó, tratando de auto convencerse de no necesitar nada.
Por suerte la dragona no hizo caso y salió a buscar ayuda. La reptil conocía a su jinete, sabía que era fuerte y testaruda y que por consiguiente necesitaría a alguien que la viera así sin necesidad de que ella se sintiera una debilucha, obviamente fue con quien estaba más cerca y a quien Astrid le tenía más lealtad.
Sabía la entrada y sabía cómo llamar la atención.
Arrojó espinas y empezó a dar vueltas en la pequeña estancia de la cabaña de Hiccup.
Cuando Haddock por fin la vio, la Nadder le hizo una señal con la cabeza, dando a entender claramente que quería que la siguiera.
"Es raro" –pensó Hiccup, pero era obvio que el único pensamiento que tenía en mente cada vez que veía a Stormfly era Astrid, se asustó un poco cuando la vio, así que no meditó más y se montó en Toothless para avanzar los pocos pasos hacia la choza de Astrid.
Con precaución bajó de su Furia Noctura y entró a la choza.
-Astrid… -la mirada que le brindó y verla en ese estado tan poco inusual e inestable le hizo pensar lo peor.
-Hiccup… ¿qué estás haciendo aquí? –le preguntó a duras penas, comenzando a toser nuevamente y a sentir un dolor en la cabeza nuevamente.
-Stormfly parecía preocupada. –musitó, acariciando brevemente a la Nadder que seguía alterada. –Así que…
No terminó de hablar porque Astrid tosió de nueva cuenta, aunque se percató que había dejado a destapada su herida y la cubrió rápidamente, esperando que Hiccup no la hubiese visto.
De repente, todo en los pensamientos de Hiccup empezaron a tomar lógica.
-Astrid… ¿Qué te pasa?
-Estoy bien, no te preocupes. –intentó tranquilizar.
El castaño se acercó a la rubia, pero ella ni se inmutó, lo miró con la vista cansada, como si le comunicara que no debía preocuparse.
Hiccup la tomó de los hombros y se aterró al notar que estaba ardiendo en fiebre.
-Mi lady no estás bien. –intentó razonar, empujándola levemente para que se acostara. Le tocó la frente e hizo a un lado su flequillo.
-No te preocupes, por favor, ve a descansar.
Haddock no hizo caso.
Resopló asustado, así que dirigió su vista a Stomfly y a Toothless que se asomaba por el marco de la puerta.
-Chicos, vayan por Fishlegs y los demás. –pidió Hiccup mientras sacaba de su pantalón un pañuelo, mojandolo con algo de agua que había en la mesita al lado de la cama y lo ponía en la frente de la rubia.
Los dragones obedecieron de inmediato, yendo a donde el jefe les había indicado.
-Shh, tranquila, estarás bien.
Astrid le sonrió, por eso lo quería, por el corazón tan bondadoso que le tenía a todos, especialmente a ella
-No te preocupes, sólo es un resfriado. –trató de convencerse a sí misma.
Hiccup se sentó en la cama también, a escasas pulgadas del rostro de ella, la acarició levente y se sintió atraído a besarla, pues en ese estado sólo la hacía parecer más hermosa, a pesar de estar ruborizada por la fiebre.
Ambos cerraron los ojos y se acercaron, hasta que…
-¡Chicos! –exclamó Fishlegs tapando sus ojos al instante. –Pensé que era una emergencia, no que habían decidido consumar su matrimonio antes de casarse. –se disculpó a la brevedad, empezando a acalorarse.
Hiccup se puso rojo, más cuando vio que Astrid estaba casi dormida, pensó que se estaba aprovechando de ella.
-Te golpearé, Fishlegs. –amenazó la rubia en un susurro, antes de cerrar sus ojos y dejarse dormir, sin dejar de toser.
-¿Nos despertaron para cumplir una fantasía fetichista? –preguntó Snotlout.
El castaño se levantó y caminó un poco.
-¿Dónde están los gemelos? –preguntó tratando de olvidarse del momento incómodo.
-Siguen durmiendo, se quedaron hasta tarde jugando con la gallina en la fosa de jabalís. –dijo el regordete vikingo sin quitar sus manos de los ojos.
-Ya en serio, ¿para qué nos levantó tu dragón? Soñaba que Heather me sacaba las pulgas de la cabeza. –se quejo Jorgenson.
Hiccup tragó duro y volteó a ver a la rubia.
-Creo que Astrid se contagió de la Furia de Odín. –susurró.
Los chicos abrieron los ojos asombrados.
-¿Pero cómo? –preguntó Snotllout, impactado.
-Aun no sé, pero… ocupo su ayuda, Astrid está en peligro.
Los vikingos asintieron.
-¿Qué hacemos? –preguntó Ingerman.
Hiccup resopló. –Fishlegs, averigua entre tus libros de medicina cualquier cosa de la enfermedad, mientras tanto, Snotlout, ve a Berk, informa a Gothi lo que ha pasado y que te escriba la cura o un remedio para atender a Astrid.
-En seguida. –los dos dijeron al unísono y se marcharon a cumplir con lo que les había sido encomendado.
Astrid emitió un quejido, sintiéndose mal y haciendo sentir mal a Hiccup por preocuparse.
-Estarás bien, lo prometo. –dijo, antes de darle un beso en la frente.
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Gracias por leer
**Amai do**
Publicado: 31 de agosto de 2016
