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Flor de Sakura

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Okikagu Week 2018

Día 4: Cortesana/ Yoshiwara

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Fue hace varios años.

Yo era una niña, tú entrabas como policía.

Me sorprendió que así fuese, pues tu corta edad no dejaba que los demás vean tus grandes habilidades con la espada.

Recuerdo que me escape de Yoshiwara cuando te encontré entre las calles desiertas de edo. Me atacaron, no sé qué iban a hacer conmigo cuando tú los derrotaste. Creíste que era una damisela, porque te sorprendiste cuando los golpee con fuerza en sus partes bajas.

´´Sougo´´ dijiste a modo de presentación, yo respondí con mi nombre.

No sé si la causa fue tu libertad, o mi asombro excesivo por todo lo que estuviese fuera de Yoshiwara, solo sabía que tu forma de vivir me atraía.

Fue un encuentro simple y poco significativo, pero mi mente rechazaba la idea de olvidarte.

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Caminando por el extenso pasillo, se apresuró a llegar a tiempo a su cita. Un cliente aguardaba su llegada. En la entrada su amiga Soyo le sonrió con alegría, se la notaba muy emocionada. Ambas abrieron la puerta llevando consigo el sake para beber.

En la habitación se encontraba un gran número de oficiales del Shinsegumi. Varias mujeres ocupaban sus puestos al lado de policías de menor cargo, mientras el comandante y el vicecomandante aguardaban a las cortesanas de mayor rango. Los capitanes de las divisiones, un nivel más bajo que los anteriores nombrados, estaban sentados muy tranquilamente mientras bebían y degustaban junto al resto de oficiales.

Kagura no tardo en descubrir la causa de la emoción de su compañera y amiga. En el centro, siendo el motivo de tal fiesta, Okita Sougo estaba sentado tomando licor.

Una de las cortesanas, la joven Ayumi, se levantó al verlas ingresar. Les hizo una reverencia para que la siguieran hasta el centro.

Soyo y Kagura eran las más hermosas de todo Yoshiwara, las cortesanas más codiciadas de todo el barrio rojo. Pocos podían acceder a ellas. El título de Oiran era obtenido por unas pocas. A parte de ellas estaban Tsukuyo, Suzuran y Hinowa.

―levante sus bebidas―llamo con alegría Kondo Isao, el comandante de la fuerza policial de Edo―estamos acá celebrando el cumple años numero veintiuno de Sougo―la ovación no se hizo esperar.

Kagura no sabía que hacer exactamente, término quedándose quieta en su lugar mientras Soyo aplaudía gustosa junto al resto de hombre allí presentes.

La pelirroja sabía que Soyo estaba enamorada de Okita Sougo. No era de pasearse mucho por esos lugares, pero cada vez que lo hacía llamaba la atención de gran parte del público femenino. Para Kagura todo aquello era muy distinto.

No sabiendo para donde mirar, busco con sus ojos la botella de licor, sabiendo que más tarde debería servir a los comensales. Pero no espero encontrarse con la mirada penetrante de Sougo, fijo en ella. El chico no se estaba inmutando por el tan exuberante festejo que le estaban regalando, sino que se mantenía centrado en Kagura y está en él.

Cuando los aplausos cesaron, Kagura desvió su mirada, buscando a Soyo. Tenía miedo que hubiese mal pensado todo, pero se alegró al encontrarla ensimismada con el licor y una charla amena que Kondo había generado en medio del griterío.

Acabando las bebidas, algunos oficiales partieron a sus hogares mientras otros alquilaban una habitación para pasarlo en compañía de una hermosa dama. La noche ya estaba muy avanzada cuando Kondo miro a Sougo curioso.

― ¿no quieres disfrutar de tus veintiún años con una hermosa cortesana?―pregunto el hombre curioso―nosotros quedaremos un rato más disfrutando la fiesta―

Para Kagura, esas miradas cómplices no pasaron desapercibidas, sabía que se estaban dando un mensaje, sus señas eran extrañas y los ojos de Hijikata no dejaban de apuntar a Soyo y a ella misma.

Por otra parte, la joven de cabellera azabache sonrió tímida esperando con sus más puras ilusiones ser la elegida por Okita Sougo, aunque solo recibió una gran decepción durante esa noche.

―Kagura estará bien―dijo como si nada levantándose de su lugar.

La pelirroja miro a su amiga buscando la respuesta de ´´ ¿Qué hacer?´´ en aquellos momentos. Soyo, por su parte solo miro anonadada la situación sintiendo su corazón romperse.

―Soyo―murmuro por lo bajo pidiendo disculpas. Sabía que pasara lo que pasara la cortesana de ojos azules no podía negarse a esa solicitud.

―está bien Kagura-chan, siempre tienes las pastillas―le murmuro por lo bajo sin que nadie la escuchara, dejándola ir finalmente.

La chica asintió y partió al lado del capitán de la primera división del Shinsegumi.

Se sentía extraña nerviosa y muy confusa. Kagura no había sido muy charlatana durante la noche, solo una vez había cruzado miradas y casi no emitió sonido alguno. Quería dejar el camino libre para que su amiga se luzca ante él, pero no había resultado en lo mas mínimo.

Llegando a la habitación, observo el futon extendido en el centro. Estaba nerviosa, jamás sintió tantos nervios como en ese momento. A pesar que sabía cuál era el ´´por qué´´…

― ¿quiere tomar un poco de sake?―pregunto con nerviosismo.

Sougo quedo mirándola por varios segundos meditando la respuesta.

― ¿no te parece que bebí bastante en la fiesta?―pregunto.

Para Kagura eso no era un impedimento, nadie se había negado a tomar una copa antes de comenzar. El hecho de que se niegue no la estaba dejando conforme.

―cierto, pero puedo servirle una bebida que jamás haya tomado―trato de persuadirlo sin mucho éxito, puesto que Sougo la rodeo por la cintura y la atrajo hacia él.

―si te dejo que me la sirvas, ¿podremos continuar?―movió sus manos delineando todo el centro de su espalda deteniéndose en su obi. Para Kagura eso había sido demasiada proximidad y comenzó a asentir sin detenerse, solo quería que él la suelte―entonces prepáralo― pidió.

Soltándola con una sonrisa autosuficiente, Kagura camino rápido a preparar el brebaje. ´´pastillas´´ pensó en las palabras de Soyo y busco, nerviosa, su tarro con varias píldoras de color rosa y la forma de un pétalo de cerezo. Comenzó a prepararlo, fijándose que Sougo no la viera haciéndolo.

Se lo sirvió con una sonrisa, al momento que él se sentaba enfrentado a ella. El castaño tomo el pocillo y lo observo sonriéndole. Fue ese momento donde sintió dudas… ¿dudas? No, ella no podía dudar, todo era por su amiga y su integridad.

Aunque no pudo negar que deseo por una milésima de segundos que no le haga efecto, que se le caiga o algo suceda y es que, sí, Kagura estaba enamorada de él. Mucho antes de que Soyo ponga sus ojos en ese joven policía. Ellos habían cruzado sus vidas seis años atrás, el día que había escapado de Yoshiwara, pero por lo que notaba Sougo no la recordaba.

Sougo amago para tomas su bebida pero al ver la cara expectante de la pelirroja, desistió.

―bien, ahora podemos comenzar―dejo su vaso a un costado del futon para atraerla hacia él.

La sentó sobre el a ahorcajadas para tener mejor acceso a su cuello. Mientras acariciaba su cintura con cautela ascendiendo por toda la anchura de su espalda hasta rosar sus hombros aproximándola, aún más, hacia él.

Kagura trato de detenerlo. Le estaba gustando y mucho, todo aquello, pero la imagen de Soyo…

―espere, aun no tomo siquiera un poco de la bebida que…―Sougo la silencio presionando su pulgar en sus labios.

―la condición era que me sirvas―aclaro―jamás especifique que tomaría o no el sake―

Era jaque mate para Kagura, de alguna manera. Desarmando el obi y abriendo su kimono pudo verla semidesnuda. Aunque lo que más le encanto fue su sonrojo y la desesperación por no ser tocada por él.

―espera―trato de detener las caricias de alguna manera, pero solo consiguió que Sougo la sofoque con un beso muy apasionado, del que ella no logro negarse en absoluto.

Separando sus labios pudo darse cuenta que sus dudas estaban esclarecidas.

―eres virgen―sonrió. La cortesana se sentó cubriéndose al momento que el mismo se sentaba a un costado del futon― ¿me pregunto cómo fue que aguantaste mantener tu pureza hasta ahora?―estaba hablando al aire creyendo encontrar una explicación razonable― ¿acaso se trata de una droga?―levanto su sake, analizando la sustancia con mucha duda, Kagura no sabía dónde meterse, ¿había sido descubierta?

La pastilla que Kagura usaba tenía un fuerte poder alucinógeno. Dejaba a sus clientes dormidos antes de comenzar algo y los ponía a alucinar cualquier estupidez. Cuando estos despertaban sentían que habían pasado la mejor noche de sus vidas. Era la única manera que la chica había conseguido para escapar, no quería entregar su cuerpo a cualquier hombre, ella no era así.

―no tienes pruebas―se escudó en sus palabras.

―pues tengo una muy importante entre mis manos―explico divertido mientras movía con diversión el sake. Kagura gruño con molestia y se mantuvo alejada de él mientras cubría su cuerpo―cálmate, no buscó nada de lo que piensas. Estoy acá para capturar al dueño de este poderoso mercado―afirmo el―pero para ello necesito una excusa muy grande para permanecer por aquí―hablo tranquilo―creí que si buscaba una chica que usara esas píldoras seria mas directo todo―

― ¿cómo sabes que las uso?―pregunto aun desconfiada.

―me lo acabas de confirmar―Kagura se mordió la lengua por su estúpido descuido―además que no se te notaba muy alegre en esa fiesta, parecías la más capacitada para recurrir a esas pastillas, no tienes la intención de ser cortesana―su análisis estaba bien, demasiado bien.

La joven se sintió desanimada por haber sido elegida por ello, por un momento había creído que él…

―de cualquier manera debemos pasar la noche en esta habitación, así que muévete y acuéstate―ordeno mientras se acomodaba en el futon dejándole espacio.

Esa noche fue muy incómoda para Kagura. Sin contar lo vergonzoso que fue desvestirse delante de Sougo, y verlo a él sin ropa. ´´Si alguien viene debe vernos en este estado, no pueden sospechar´´ le aclaro, el debía tener una perfecta cuartada por si llegaban a sospechar que había venido a investigar el tema de drogas. Yoshiwara seguía siendo un lugar fuera de la ley, pero abolido por el mismísimo shogun.

Dormir no fue muy sencillo, debes en cuando podían rosarse sin querer tocándose, sin ningún tipo de tela que los separara. Kagura estaba hiperventilando, sentir ´´todo´´ su cuerpo cuando este se acercaba a ella buscando comodidad la perturbaba en más de un sentido.

Sougo llego a abrazarla por la cintura en medio de su sueño y dejar su rostro oculto en su cuello. Su aliento caliente incomodaba a Kagura, la pobre cortesana no podía dormir. Realmente sentía que estaba en un sueño, que todo aquello estaba ocurriendo.

El ´´no te tocare´´ la había calmado un poco cuando se acostó a su lado, pero también la había decepcionado.

Como pudo, logro resistir durante toda la noche, sintiendo su corazón latir a mil cada vez que el dejaba chocar su aliento contra su piel o refregaba su cara contra su hombro.

Llegando el sonido de las aves mañaneras, Kagura salió de entre sus brazos para poder vestirse. No quería esperar a que él se levantara. Después de poner nuevamente su ropa interior, la pelirroja comenzó a acomodarse la yukata sin conseguir atarse el obi.

― ¿se puede saber qué haces?―pregunto confuso Sougo, mientras la tomaba de la cintura para regresarla a la cama. Su compañía se sonrojo rápido al sentirlo tan cerca― recuerda que no pueden haber sospechas, aún es temprano para que te vayas―le aviso.

―solo me estoy vistiendo―se excusó tratando de demostrar que aquella situación no le afectaba en lo mas mínimo.

― ¿no crees que la razón por la que hayas dormido desnuda al lado mío se perdería?―pregunto irónico mientras detenía el moño que se estaba haciendo con el obi.

Kagura trato de objetar, pero unos pasos en el pasillo pusieron en alerta a Sougo, quien rápidamente la alzo de la cintura y la sentó en sus piernas dejando que su yukata quede abierta.

Sin previo aviso la tomo de si mentón haciendo presión para que abra la boca para, finalmente, robarle un beso. Uno pensaría en un beso tierno, sencillo, lleno de delicadeza, pero no fue así, Sougo le robo más de un suspiro mientras colaba su lengua tocando todas las paredes de su boca.

―disculpe―una voz femenina se escuchó en la habitación alertando a Kagura quien se separó de él. ―lamento la interrupción, solo pensé que ya…―Sougo la silencio con una mirada severa.

―danos quince minutos―pidió antes que la cortesana saliera muy sorprendida de lo que había visto.

¿Y cómo no hacerlo? Kagura jamás se había demorado con nadie, siempre salía vestida antes de que el hombre despertara, y eso se debía a la importancia de las píldoras que mezclaba con la bebida de su cliente.

Sougo suspiro al verla desaparecer de la habitación, mientras Kagura se alejaba lentamente de él. No estaba sorprendida por su accionar, se notaba que era una manera de no ser descubierto. Lo que realmente le importaba era la identidad de esa cortesana.

Ayumi, recientemente había sido transferida de un prostíbulo de menor categoría al ser clausurado por su baja clientela. Soyo la había adoptado como su reciente amiga. Ayumi, al igual que ella estaba al tanto del amor que la azabache sentía por Sougo, así que ver aquello no le traería nada bueno.

Saliendo sin darle explicaciones dejo a Sougo solo en la habitación, debía hablar con Soyo. Pero al momento de encontrarla el terror se apodero de ella al verla al lado de esa chica de ojos color amatista, la joven Ayumi.

―Soyo-chan―trato de hablar con ella y para su sorpresa esta le sonrió como de costumbre.

―Kagura-chan me alegra que volvieras, ¿la pastilla funciono?―se sintió una traidora completamente, pero trato de sonreírle con cautela asegurando que si había hecho efecto.

La tarde paso sin muchos problemas, todo había vuelto a la normalidad. Aunque aún estaba el miedo porque Ayumi hablara. Tenía que hablar muy seriamente con esa joven antes de que cometa algún error. Su principal problema era que no podía decir la causa por la que Sougo había estado, realmente, en Yoshiwara.

Otra noche se acercó, llena de trabajo y muchos hombres desfilando por las calles del barrio rojo. Alistándose para salir afuera, dejando la noche anterior en el pasado, las cortesanas se decidieron a continuar con su labor. Pero una voz llamo a una de ellas.

―Kagura― Hinowa se acerca al lado de Tsukuyo, ambas cortesanas de gran nivel―hoy no iras―hablo tranquila―tienes una reserva, estas reservada para un solo hombre durante lo que queda de la semana―dijo sorprendiendo a más de una allí. Comprar a alguien como Kagura era realmente costoso, gastar tanto dinero por varias noches era más que impactante. Los hombres, comúnmente no querían ser atendidos por la misma joven más de dos noches seguidas―el resto camine al gran salón, el Shinsegumi está esperando― esas palabras le dolieron a la pelirroja. Soyo asintió muy emocionada sin darse cuenta del dolor que su amiga sentía al verla partir al encuentro con Sougo, mientras ella pasaría la noche con algún viejo de los altos mandos.

Caminando con la mirada al frente, resignándose a seguir ese asqueroso juego, se dejó guiar por Hinowa que la dejo en la puerta de la habitación. Le sorprendió lo mucho que esta le sonreía, incluso antes de irse le acaricio la cabeza con ternura.

Dejando de lado el extraño comportamiento de su superiora, Kagura deslizo la puerta de entrada encontrándose con nada más ni nada menos que Okita sougo.

El asombro fue demasiado que permaneció varios segundos allí parada sin saber que decir. Fue entonces que Sougo la llamo por su nombre pidiéndole que cerrara la puerta.

Dentro y a solas el comenzó a hablar.

―necesito una excusa para pasearme por estos lugares―dijo tranquilo―hasta que encuentre la fuente de esa droga―la miro a los ojos tomando su mano. La atrajo hacia el sin que Kagura ponga resistencia―sé que esa pastilla te sirve y no espero a que me digas de donde la sacas, yo mismo lo averiguare― rápida, Kagura se soltó de su agarre ¿Qué era todo aquello?

― ¿y no crees que podría decir que estas investigando un tema que no te incumbe en un barrio rojo protegido por el shogun?―lo amenazo. Kagura se negaba a perder esa preciada droga que le permitía alejarse de sus obligaciones.

Sougo tomo su advertencia pero jugo aún más con ella. Volvió a acercarse, esta vez fue el quien se movió a su lugar.

―Kagura, si yo hablo tu terminarías quedando sin clientes y sé que eso es muy malo para ustedes―hablo amenazante.

Aunque le dolía el tenia razón, no recaudar el monto necesario que se exigía, ameritaba a tomar medidas más extremas, muchas de ellas cobradas con la sangre. La prostituta que quedaba obsoleta era sacrificada, si no podía recaudar lo necesario, no era necesaria para Yoshiwara.

―tu…―hablo amenazante mirándolo con furia.

―no diré nada―hablo rápido―solo no digas nada o ambos estaremos en problemas―le murmuro cerca del oído.

―de acuerdo―termino aceptando de la mala gana.

Mientras Sougo se sentaba en el futon, Kagura iba por el tatami. El joven de ojos color rojizo la vio sacar una bolsa con objetos extraños. La bolsa de seda tenía una cuerda de, no más, un metro de largo y tres pinzas para colgar la ropa.

― ¿para que se supone que es todo eso?―pregunto curioso, por un momento se le ocurrió que quería practicar métodos eróticos de tortura, pero recordando su nula experiencia lo negó al instante.

―ayer olvide de hacerlas, por suerte no nos revisaron―comento mientras ataba las cuerdas alrededor de sus piernas, por debajo del muslo―debo dejar marcas para que crean que realmente me acosté contigo―explico finalmente.

Las pinzas servían para dejar marcas, muy similares a las que dejaban esos hematomas que los hombres dejaban en toda la piel de si amante. Las cuerdas eran principalmente para las marcas de manos en las piernas y brazos. Había visto varias chicas con esas marcas así que agradecía que pudiera hacer esas marcas en su piel a la perfección con un par de objetos simples.

― ¿y crees que eso funcionara?―pregunto descreido.

―hace dos años que lo hago, estoy segura que funcionara―apretó la soga dejando una marca real en su pálida y delicada piel― ¿vez?―le sonrió con burla.

A Sougo no le pareció muy efectivo, aun si le decía que así lograba engañar al resto de cortesanas. Viendo el daño que se provocaba decidió cambiar, un poco, todo aquello.

Deteniendo su accionar con la palma de su mano sobre la de ella. Kagura recién se percataba de la cercanía excesiva de Sougo. Sin darle tiempo a pensar, este, la sentó sobre su regazo y abrió su kimono con fuerza.

― ¿qué haces?―pregunto sorprendida.

―no sabes hacer marcas―le respondió―esto…―toco las marcas recientes sobre sus piernas―no parece que fueran manos. No necesitas de mucho dolor para ser marcada, yo puedo ayudarte―

Tocando su cintura y bajando hasta sus piernas, por debajo de los muslos presiono sus manos, buscando dejar marcas en su tersa piel. Kagura sintió su cuerpo algo incómodo, el deseo de ser besada por el comenzó a crecer sin saber si tenía el derecho de hacerlo o no. para cuando pensó en arriesgarse para buscar un poco de su dulce sabor, él ya estaba interesado en su cuello dejando marcas a lo largo de este. Sus manos se movieron hasta sus brazos y muñecas donde presionaba buscando dejar un recuerdo de la supuesta noche que pasaron amándose.

Kagura no podía evitar sentirse cohibida y excitada. Algo le decía que mueva sus caderas, que busque calmar el calor de su cuerpo, pero lo único que ponía hacer era morderse el labio para evitar soltar suspiros de deseo.

―espera…―dijo con esfuerzo al momento en que la recostaba en el futon, separando sus piernas.

―no te hare nada…―Sougo también estaba teniendo complicaciones con ese juego extraño que comenzaron―solo dejare marcas―

Verlo morder sus piernas cada vez más cerca de la unión de sus piernas sin terminar de llegar la ponía ansiosa, lo quería, realmente lo quería… aunque sabía que solo era ella quien lo deseaba, solo ella estaba enamorada.

Como la noche anterior, Kagura durmió al lado de Sougo sin prenda alguna, manteniendo su pureza y el mismo nerviosismo de la noche anterior.

Una vez se despidieron, Sougo aviso que vendría durante la noche. Kagura pensó que se debía por su investigación. Realmente él no estaba allí por ella.

―Kagura-chan, ¿cómo has estado?―pregunto la joven de ojos color café, algo desanimada―ayer vino el Shinsegumi, pero Okita-san no estaba― sospechaba que era esa la causa.

―Soyo-chan, yo…― la azabache interrumpió rápido.

― ¿usaste la pastilla?―pregunto con cautela, asegurándose que nadie la escuchara.

Su amiga solo atino a asentir.

Una de las damas a cargo de Hinowa, llegaron a verlas con un rostro severo como era la costumbre. Las ordeno a desvestirse, debían revisarlas a cómo era la costumbre.

Kagura busco mantenerse ajena a Soyo, sentía que las marcas que él le había dejado serían muy notorias y su amiga descubriría que no era como de costumbre.

Cuando toco el turno de Soyo, esta mostro su cuerpo. Soyo había sido cortesana un año antes que Kagura. Por ese entonces esa droga no existía por lo que Soyo se termino acostumbrando a dar sus servicios como toda cortesana de Yoshiwara. Pero Kagura se negaba rotundamente a ello.

La pelirroja se desvistió, llamando la atención de la azabache. Decepción era lo que estaba grabado en sus ojos. Kagura se sentía apenada porque la vieran con las marcas que Sougo le había dejado, que no sintió la vista de Soyo clavada en ella.

Con la revisión terminada, la oirán tenían la tarde para descansar. Pocas veces recibían un visitante, esta semana se sentía muy extraña. Kagura y Soyo llevaban tres días seguidos recibiendo clientes.

La pelirroja se sentó cerca de una mesa de madera con una tasa humeante de té, su amiga estuvo mirándola por varios minutos sin ninguna expresión en su rostro. La joven de ojos azulados comenzaba a sentirse nerviosa, ¿Por qué la miraba así? Fue en ese momento que recordó a Ayumi.

Dándose vuelta para verla, su adorada amiga comenzaba a abrir su boca para articular todas las incógnitas que tenía.

― no usaste la pastilla, ¿cierto?―pregunto fría― ¿Okita -kun fue tu invitado?―sin tener la intención de camuflarlo, su dolor se mostró tanto en su voz como en sus facciones.

―Soyo-chan, no me toco―aseguro con desesperacion.

― ¿y esas marcas? Kagura, eso te lo hizo un hombre―estaba dolida y furiosa. Rabia y celos era lo que sentía en esos momentos. Le había confiado todo a su amiga y ahora recibía un puñal por la espalda.

―todo tiene una explicación, puedo probarlo incluso―se acercó buscando su perdón.―Soyo-chan, yo…―

― ¿Qué?―le grito― ¿Qué eres pura? Eso no puedes probarlo, jamás porque sabes el castigo que aquello merece si tus palabras son verdad―respondió con dolor― ¿queridas que crea que podías hacerte una prueba? Pero cuando veamos los pros y contras yo terminaría desistiendo porque confiaría en ti―

―Soyo-chan…―

―Pues no te creo nada, quiero que te hagas la prueba― sus gritos la asustaron y llamo la atención de varias mujeres allí presentes.

―Soyo-chan…―trato de callarla, no quería que nadie se entere.

― ¿Qué Kagura? ¿Acaso no lo eres?―pregunto molesta e ironica.

Sintiendo las miradas de todos allí presentes, Kagura se vio obligada a aceptar ese pedido de Soyo. Negarlo acabaría por darle la razón, pero…

Durante el atardecer, Kagura quiso intentar hablar con ella nuevamente sin éxito. La chica se escudaba en las palabras venenosas de Ayumi. Estaba al límite, se sentía traidora, a pesar de no haber hecho nada.

Llegando la noche, Kagura fue caminando tranquilamente a encontrarse con Okita Sougo. Esta vez aclararía todo, no quería traicionar a Soyo, no dejaría que él la besara o que la marcara, no dejaría que siquiera la toque. Aunque lo desee mantendría la distancia entre ambos.

A segundos de abrir la puerta, Tsukuyo apareció llamándola con preocupación. La rubia se mostraba preocupada, demasiado y eso la alteraba.

― ¿qué sucede?―pregunto sin comprender todo aquello.―tengo un cliente esperando―

―Kagura―hablo con preocupación― ¿tu duermes a tus clientes?―pregunto Tsukuyo. ¿Qué acababa de decir?

― ¿Qué?― ¿Cómo podía suceder todo aquello? si la única que sabía era… Soyo.

Sabía que Sougo no sería el responsable, el perdería más de lo que ganaba.

Alejándola de la puerta, fue llevada por Tsukuyo ante Hinowa y las ancianas de yoshiwara.

¿Juicio justo? Eso no existía, Kagura era hermosa y atraía clientes muy adinerados. Pero si ella usaba esas drogas corría el riesgo de ser descubierta bajando la reputación del barrio rojo. No era una decisión fácil, menos cuando el jefe Hosen no se encontraba allí. Agradecían enormemente eso, pero tampoco se podían confiar. Con que una hable todas las demás caerían, lo que era lo más seguro viendo que esa situación había llegado a oídos de todos por una jovencita despechada.

Soyo se encontraba allí, no quería hacer contacto visual con ella, bajaba la mirada cada vez que podía. ¿Qué se suponía que estaba ocurriendo?

¿Preguntas? ¿Permitir al acusado que se proteja? No, eso no existía allí. Lo único que podía esclarecer todo lo ocurrido era una prueba, verificar que esta siga siendo o no virgen.

Y Kagura resultaba tan pura como cuando llego.

―Kagura-chan―llamo Soyo con vergüenza. Al fin y al cabo su amiga había dicho la verdad desde el principio y ella…

― ¿por qué lo dijiste, Soyo-chan?―pregunto dolida la pelirroja.

―yo no lo dije, te lo aseguro―respondió con dolor.

― ¿Cómo esperas que te crea, cuando tu no fuiste capas de creerme?―le reprocho.

La mayor de las ancianas comenzó a hablar con dolor al ver un caso así de traición entre sus chicas. ¿Dónde había quedado el compañerismo de su epoca?

―todas sabemos que es lo que procede―´´muerte´´ pensó Kagura.

―permítame decir algo―pidió Hinowa, esperando comprensión―unos días pido, Kagura-chan fue comprada por un cliente por un total de seis días y…―la anciana levanto la mano deteniendo su pedido.

―lo sé, pero si el la descubre todas pagaremos por ello―

―no podemos devolver el dinero―aseguro Hinowa― además…―trato de buscar palabras entre la bruma que consumía su mente.

―una noche―pidió Kagura―la última―

Las palabras de ella sorprendieron a muchas, ella nunca había estado de acuerdo con los clientes, ¿Por qué la desesperación ahora de tener una noche más?

Resultaba que Kagura ya estaba cansada de todo. No quería deprimieres mas, no quería esperar más. Se había contenido por Soyo pero, contra todo pronóstico, su mejor amiga la había traicionado.

A solas mientras se acomodaba su kimono y la ostentosa ornamenta sobre su elaborado peinado, Kagura escucho el deslizar de la puerta.

―una noche no cambiara nada―aseguro la mujer a tras de ella―no creo que seas más importante que cualquier otra cortesana―

Dándose vuelta, Kagura vio a la perpetradora de todo aquel show, Ayumi, la nueva cortesana.

― ¿Qué tan interesada estas en el?―pregunto mordaz. Ya sospechaba que Soyo no había sido la culpable. Aunque perdonarla no era la opción, si Ayumi sabía todo el asunto de la droga en forma de pétalo de Sakura, era porque Soyo había hablado. Seguía siendo traición de todos modos― ¿también serias capaz de ir tras de Soyo-chan?― la mujer le sonrió segura.

―quiero status, reconocimiento y a Okita Sougo―marco con sus manos tres dedos como sus principales objetivos.―quiero ser la única Oiran de Yoshiwara. Soyo no es mi único objetivo―aseguro dejando en evidencia sus oscuros deseos, deseos que involucraban a Tsukuyo y Hinowa también.

―atentar contra nuestra forma de vida también es penado con la muerte―la voz de Suzuran a sus espaldas la asusto―creo que tu también mereces un escarmiento―detrás de la mujer mayor, Soyo miraba la situación con asombro, no podía creerse lo que había escuchado.

Sentado en la habitación esperando a que esa chica llegue, estaba Okita Sougo bastante impaciente. Había pensado en hablar muy seriamente con ella, tenía ciertas cosas de las que hablar.

― ¿ya estabas acá?―trato de hacerse la desentendida al momento de ingresar.

― ¿por qué no llegaste temprano? Te estuve esperando―le reclamo.

Sonriéndole como jamás le hubiera sonreído a un cliente, se acercó lentamente acuclillándose al frente de él. Ella fue quien tomo la iniciativa en ese momento. Tomando su rostro con ambas manos lo beso sin que pudiera razonar. Ya estaba perdida, no tenía nada de malo disfrutar lo último que le quedaba de tiempo haciendo lo que más deseaba; ser sincera con él.

Presionando su cuerpo contra su cuerpo lo obligo a recostarse en el futon quedando ella sobre él. Rogaba con todas sus fuerzas que no la rechazara, que la acepte tal cual era.

Quería será amada, que dejara huellas reales en su cuerpo y en sus memorias, que la besara embriagándola con el placer que labios le brindaban.

Sougo no se notó reacio a las caricias de ella, es más, se dejaba hacer con total pasividad. Deseaba saber hasta dónde podrían llegar esa noche y por lo que veía, no existían límites.

Tomo el control, subiéndose sobre ella dándole placer, afecto y una sensación de amor mutuo que Kagura seguía dudando que fuese así. Sougo la estaba amando con mucho cuidado, respeto y afecto. La volvía loca, pero también esperanzada de que el la quisiera, la amara.

Esa noche fue suya, se entregó y el la acepto completamente.

―no sé si te acuerdas…―Sougo comenzó a hablar mientras ella se aferraba a su cuerpo, descansando en su pecho. Estaba a punto de dormir cuando las palabras de él llamaron su atención―pero hace seis años te encontré en la calle siendo atacada―Kagura quiso mirar su rostro descreyendo lo que el decía, pero Sougo no se lo permitió― déjame terminar―pidió. La comisura de sus labios se encorvaba en una sonrisa de satisfacción―soy policía, miembro del Shinsegumi. Y no investigamos en absoluto esa droga que usas―Kagura no pudo evitar abrir los ojos de la sorpresa―hace tiempo te reconocí. Admito que intente muchas veces hablarte pero… no sabía si recordabas todo aquello―acepto al recordar cuantas veces pensó de manera tan pesimista― cuando cumplí los veintiuno, me trajeron acá y sentí que era la mejor oportunidad de acercarme―rio por lo bajo―lo de la droga fue algo que invente para tener una excusa de permanecer más tiempo. Y funciono, supongo―

―nunca olvide al chico que me salvo―Kagura sonrió ampliamente. Todo aquello parecía un sueño, uno demasiado placentero.

Sougo la atrajo besándola nuevamente. Se acomodaron para dormir plácidamente y aprovechar lo que quedaba de noche y de tiempo…

En la mañana Kagura comenzaba a vestirse cuando Sougo la tomaba por la cintura atrayéndola a él.

―te veré mas tarde―beso su cuello provocando un dolor asfixiante en Kagura.

―claro―aseguro a pesar de que no cumpliría con esa promesa.

Un beso en los labios fue su última muestra de afecto antes de marcharse.

Saliendo al patio vio la luz deslumbrante del sol iluminar su día de muerte, Tsukuyo se acerco a ella. La pobre mujer estaba a cargo de todas esas matanzas regidas por el gran gobernante, Hosen. La escolto a través de los pasillos.

―Kagura, espera…―una mano sujeto el cuello de Tsukuyo apresándola. Dos sombras mas aparecieron cubiertos con mascaras ninjas. El más alto tomo a Kagura en brazos alejándola de allí.

― ¡Tsuki!―los gritos de Kagura alertaron a todas las cortesanas en ese momento, viendo el terrible espectáculo habían miles de testigos de ese acto poco común en el barrio rojo de yoshiwara.

Dejando libre a la rubia, ese hombre también partió lejos, siguiendo a sus camaradas.

―Tsukuyo―llamo Hinowa con preocupación mientras la ayudaba a levantarse. Había recibido un golpe en la cara dejando un hilo de sangre cayendo desde su labio― ¿te encuentras bien?―pregunto alarmada mientras la llevaba a una de las habitaciones más próxima― ¡traigan hielo!―ordeno al momento que quedaba sola con la mujer de ojos amatistas.

―maldición, les dije que dejaron una marca de agresión, pero esos estúpidos policías no saben tratar a una dama―se irguió sin problemas mientras limpiaba la sangre―se creen que una dama es débil, ese golpe n dolió para nada. Espero que todos crean esa actuación forzada―dijo con reproche.

―cálmate, Tsuki―rio divertida―el plan que armo Suzuran fue bastante ingenioso, estoy segura que todas lo creyeron. Okita-san ayudo bastante en todo esto―comento fascinada― ¿viste como la llevaba en brazos?―comento feliz.

―Hinowa, deberías dejar las novelas. Suzuran también es igual a ti―comento la rubia― ¿me pregunto si es que ese hombre será el apropiado para cuidar a Kagura?―

―descuida lo es. ¿Qué hombre se arriesgaría tanto por una simple cortesana?―rio como una adolecente―siempre que venía a Yoshiwara no era nada más que por Kagura-chan. Puedes estar segura que ella estará en buenas manos―

―eso espero―

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en las afueras de la ciudad, en medio de campos de flores y árboles frondosos, un hombre enmascarado y una cortesana de tez pálida permanecían parados a resguardo de los rayos del sol.

― ¿por qué estamos acá?―pregunto Kagura a su secuestrador. Los otros dos sujetos se habían alejado dejándolos completamente solos.

―porque te dije que nos veríamos mas tarde―esa voz masculina tan magnética, perfecta, tan erótica cuando lo deseara. Era la voz de Sougo, sin duda.

― ¿Por qué…?― el hombre bajo su masca para dejarse al descubierto. Esbozaba una sonrisa triunfante.

―no esperabas que te dejara allá, a morir ¿cierto?― Kagura abrió la boca para objetar pero fue silenciada por el tacto electrizante de sus labios con los suyos.―anoche, dijiste que eras mía. Kagura, te comento que soy posesivo y no puedo dejar que alguien más te toque. Aceptaste ser mía―la beso, una dos, tres veces―ahora tienes que hacerte cargo―Kagura respondía a sus muestras de afecto. Pero algo se quebró dentro de ella, ¿le estaban diciendo que era libre? Que no tendría que acostarse nunca más con nadie, bueno, con excepción del hombre que la salvaba una segunda vez.

¿Hace cuánto tiempo no sentía la felicidad completa?

―me hare cargo―asintió―solo si tu aceptas quedarte por siempre a mi lado―lo beso nuevamente―porque, quiero decirte, que yo también soy posesiva y no quiero verte con nadie más que no sea yo, ¿te harás cargo?―

Sougo rio teniéndola al fin a su lado. La estrecho entre sus brazos demostrándole que esa promesa estaba sellada…

―por siempre―

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Aclaraciones:

Ayumi: es un personaje OC, pero no es de mi autoría. Pertenece a tamagito (en wattpad) ― tamago to gohan-aru (en fanfiction). El personaje aparece en la historia Broken Heart y Healed Heart de la misma autora. Para el uso de este personaje tengo total permiso de la misma tamagito. Por favor no lo uses sin su consentimiento.

Oiran: es una cortesana de alto rango en Japón

Obi: es una faja ancha de tela fuerte que se lleva sobre el kimono, se ata a la espalda de distintas formas.