Capítulo 3
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Esa fue la noche más larga que Hiccup vivió.
Nada se comparó a la angustia y so sobra de saber que la chica más importante en su vida estaba en peligro.
Daba vueltas por la habitación, sabía que eso desesperaba a Astrid, pero no le importaba, era una manera un poco tranquilizadora.
En ese momento Fishlegs estaba escribiendo el diagnóstico de la rubia, anotando todo lo que veía de ella.
-Hiccup… ¿podrás dejar de caminar? –preguntó Astrid, con voz cansada y mentalmente agotada.
Finalmente el vikingo de la Gronckle se acercó al brazo izquierdo de la rubia y se asustó un poco. Inmediatamente se alejó de la cama y fue con Hiccup.
-¿Qué pasa?
-Viste el rasguño, ¿no es cierto?
-Dijo que no era nada.
-Ya conoces a Astrid, dice que no es nada, pero los síntomas están allí. –recordó, preocupado.
Eso despertó la atención de Hiccup.
Miró a Astrid toser y toser, alejó ligeramente a Fishlegs para hablar un poco más en privado, aunque la rubia escuchaba absolutamente todo.
-Ok, supongamos entonces que tienes razón. ¿Cuál es la cura? –le preguntó desesperado, pero manteniendo la compostura de un jefe, o futuro jefe que sería.
Fishlegs se mostró indeciso. –Pues no estoy seguro. Lo único que sé es que el azote avanza rápidamente y se lleva a su víctima en menos de tres lunas.
-Y ya pasó una luna. –cayó en cuenta de tal situación
-Lo sé, Snotlout ya debe estar en camino con las notas de Gothi. Esperemos que diga algo más.
Y como si hubiese sido invocado, el pesadilla monstruosa de Snotlout se escuchó aterrizar en la cabaña de la rubia.
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El barco se estaba preparando. Las flechas estaban filosas, perfectamente puntiagudas y listas con el veneno tranquilizador en caso de necesitarlo.
Además, no sólo eso era lo que tenía arreglado, también era un transporte para trasladar al dragón que capturarían.
Había rumores que ese dragón tenía propiedades curativas, aunque no le constaba, y si podía curar enfermos, con mayor razón alzaría el precio de la bestia.
-Todo listo, Viggo. El curso de la fragata está establecido, todo fue colocado, las jaulas están en orden y preparé más mezcla adormecedora para los dragones. –comunicó Ryker mientas entraba a la tienda de su hermano.
-Vaya hermano, parece que hay un progreso, ahora no sólo haces lo que digo, sino que también confirmas haberlo realizado, estoy orgulloso. –dijo después de dar un aplauso en señal de reconocimiento, haciendo rabiar a Ryker. –En ese caso, a la isla. –mencionó con una sonrisa, después de ver el Ojo del Dragón la ubicación de la isla en donde estaban los Buffalords.
-¿Estás seguro que encontraremos uno?
Viggo sonrió maquiavélicamente.
-Oh, no lo buscaremos nosotros, esos jinetes me lo darán.
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La cura era simple, pero difícil de encontrar. Los buffalords casi estaba extintos, y si no lo estaban sería casi imposible encontrarlos, porque habían sido cazados.
-… es como si los hubieran borrado de la historia. –comentó Fishlegs, desesperado.
-Fishlegs, ya les dije que… -la rubia no terminó con su frase, ni tampoco logró seguir de pie, porque en un instante perdió las fuerzas que segundo a segundo iban siendo mermadas de su voluntad, empezando a desequilibrarse, cayendo hacia el suelo.
-¡Astrid! –exclamó el chico al notar que su amiga estaba a punto de golpearse con la madera del piso. Corrió a socorrerla y apenas alcanzó a tomarla entre sus brazos.
-Estoy bien. –susurró, antes de cerrar sus ojos y toser de nuevo, dejando a sus tres compañeros bastante preocupados.
Hiccup la observó y se preocupó más por ella.
-No, no estás bien. –sinceró con un nudo en la garganta mientras la colocaba de nuevo en su cama y la arropaba. –No insistas, Astrid. Por un momento deja de ser fuerte y deja que te cuidemos como tú harías con nosotros.
Haddock le acarició su frente y notó que la fiebre aumentaba.
-Hay que encontrar ese dragón.
Snotlout y Fishlegs asintieron, el vikingo que acababa de llegar estaba por decir algo, sin embargo lo interrumpieron los gemelos.
-Astrid, te hemos preparado Caldo de Pollo a la Gallina. –entró Tuffnut alzando un plato caliente, orgulloso.
-Sí, y está delicioso. –agregó Ruff. –Aunque tal vez un poco salado.
La convaleciente sonió un poco en señal de simpatía por sus amigos, no le agradaba reconocer que todos la querían y que se preocupaban por ella.
-Gracias chicos… espero que no hayan matado a Gallina por eso. –opinó Hiccup, poniendo un poco de humor.
-¡Qué va! –simplificó el gemelo poniendo el caldo en la mesita de al lado de la cama. –Ella misma lo preparó.
Todos los chicos se mostraron curiosos. -¿De qué hablas, raro? –preguntó el patán del equipo.
-¿De qué será? –se encogió de hombros. –Gallina preparó el caldo.
-Así es, la gastronomía de los animales es muy sofisticada, Gallina le puso ramas….
-Piedras. –agregó su consanguínea apuntando.
-Tierra.
-Arena.
-Hojas secas.
-Hojas marchitas.
-Un poco de estiércol de jabalí.
-Y lo más importante… un toque de sal. –comentó el orgulloso gemelo. –Literalmente un Caldo de Pollo, porque un pollo lo hizo.
Todos lo vieron con cara de asco, aunque le agradecieron que lo hicieran porque se relajaron brevemente.
Astrid quiso vomitar, el Jorgenson lo notó y sacó a todos de la habitación, quedando sólo Hiccup y Astrid.
-Jamás cambiarán. –mencionó la rubia, antes de toser. –Mejor aléjate de mí. Puedes contagiarte. –opinó la chica, pero el castaño no le hizo caso.
-No pasará, y como quiera… valdría la pena por ti. –le dijo con sinceridad, acariciando su frente, misma que cada vez que la tocaba la sentía con más fiebre. –Descansa Astrid, encontraremos ese dragón y lo traeremos para sanarte.
La rubia intentó decir algo, pero no tuvo fuerzas suficientes, pues empezaba a dormitar.
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No pasó mucho tiempo para que el gran trabajo en equipo que los muchachos sabían realizar empezara a cobrar frutos. Descubrieron una ubicación aproximada y empezaron a prepararse para llegar a tal rumbo.
Stormfly se quedó en la habitación de Astrid para protegerla, a cómo podía le llevaba algo de fruta y la tapaba cuando ella tiraba al suelo los movimientos que realizaba de manera inconsciente.
-Todo listo, Hiccup. Hay que irnos ya, el tiempo apremia. –comentó Fishlegs mientras montaba a su Gronckle.
-Muy bien, le diré a Astrid que nos iremos. Espérenme en el andamio. –mencionó Hiccup subiéndose a Toothless y éste lo llevaba a la cabaña de la enferma rubia.
Entró con cuidado y se le partió el corazón cuando vieron a Astrid así, el Furia Nocturna se asustó un poco y fue a moverle la mano pues lucía más cansada que antes.
-Astrid, ya nos vamos. Stormfly se queda contigo.
Se preocupó mucho mientras abandonaban la habitación para retirarse a la búsqueda del dragón. La miro por última vez y lo que veían en esa rubia no era nada parecido con la imagen impregnado en su memoria de lo que recordaba cada noche, ya no era más enérgica y atrevida, ahora está en defensa y vulnerable ante esa enfermedad. -Regresaremos, te prometo que te traeré esa medicina y sanaras, ten cuidado y si algo llega pasar por favor manda a un terrible terror, sabes que uno de ellos sigue el rastro de Toothless y nos encontrará, vendré de inmediato ayudarte.
La rubia le sonrió, Astrid le acarició la mejilla, después de toser un poco.
-Anda chico dragón, no te preocupes por mi estaré bien.
-Eso es lo que espero con todo el corazón.
Sin embargo, había algo que no le gustaba a Astrid, ese mal presentimiento o corazonada.
-Hiccup, si no pueden encontrar al dragón, regresen, no quiero irme si despedirme de ustedes. –le pidió con sinceridad.
Esa declaración le pareció una aberración, tanto que no pudo visualizar esa imagen en su mente, y eso que lo intentó.
-No, mi lady. No digas eso… encontraré ese dragón, traeré la saliva, y te mejorarás. –aseguró finalmente.
-Confió en ti… -susurró a duras penas. –Pero hay posibilidades que no se logre… si eso pasa… sólo… imagina un mundo sin que yo viva en él.
El castaño sonrío amargamente con el dolor de su corazón.
Montó su dragón nuevamente y emprendió el vuelo. Los demás igualmente hacia Isla misteriosa en donde parecía que estaba el último rastro del dragón. Astrid sólo sonrío mientras veía la silueta desvanecerse.
El arsenal se fue en su misión de búsqueda.
En cambio, Astrid se quedó sola en su cabaña, la gallina también estaba allí y le causaba algo de gracia ver cómo es que ella podía picar tres veces en el mismo pocito del piso de madera aunque no hubiese comida allí.
Stormfly sobrevolaba la isla en busca de algún intruso, le llevaba fruta a Astrid y vigilaba que siguiera viva al menos.
-Tranquila, amiga… Hiccup volverá.
Pero las horas pasaban, el frío de la noche se hizo presente y no quiso pensar en posibilidades.
La cabeza estaba por explotarle, casi no podía respirar y aunque lagrimeaban sus ojos ella juraría que su piel empezaba a cambiar de color.
Había pasado un día y ella empezaba a sentirse peor.
Con mucho dolor en su cuerpo se levantó y trató de caminar hacia su escritorio y empezó a escribir.
Una carta para cada quien.
Su tía que vivía en Berk.
Otra más de admiración para el jefe Stoick y Gobber. Una para los jinetes, pero la más dolorosa fue la de Hiccup. ¿Cómo decirle en sus últimas horas lo que no le había dicho en años?
-Por si no regresan a tiempo…
Dejó esas cartas sobre su mesa, esperando que no hubiese necesidad de que llegaran a su destinatario. Las lágrimas inconscientes y reprimidas atiborraron sus ojos. Tampoco estaba lista para morir. O quizá, no estaba lista para dejar a Hiccup.
-Vuelve a mí, chico dragón.
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**Amai do**
-Escribe con el corazón-
Publicado: 1 noviembre de 2016
