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Bruma Roja

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Okikagu Week 2018

Día 5: Reencarnación

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Abriendo sus ojos por enésima vez, sin poder ocultar la opresión o el dolor de sus sueños recurrentes. No sabía si realmente estaba dormida, si seguía en medio de sus pesadillas, si por fin había despertado o todas aquellas que había pasado era una cadena de eventos que muy pronto acabarían.

Se levantó de su cama aun con pesadez, sentía los ojos hinchados por tanto llorar y la garganta quemando por los gritos desaforados que había dado.

Busco algo que pudiera decirle la hora que era, la época en la que estaba. Necesitaba un indicio para ubicarse en tiempo y lugar.

Por lo menos estaba al tanto de los caracteres japoneses escritos en las notas pegadas en una pequeña pizarra. Se levantó de su cama buscando la hora y algún indicativo que le diga donde estaba Sougo, pero no encontrar nada más que un reloj marcando las siete y treinta y cinco minutos.

Después de cambiarse apresuradamente, salió para poder entablar con algún vecino, siempre se cruzaba con alguien que si conocía a la Kagura de aquella época. Para su mala suerte no había nadie, más que un puesto de diarios terminando de poner las revistas en exposición. Se acercó con la intención de entablar una conversación amena, pensando que así conseguiría respuestas, pero lo único que pudo ver fue la fecha en el que estaba; 6 de agosto de 1945. Era una fecha importante para la historia japonesa. Deberían estar en plena guerra, disputándose por el poder contra los aliados, una situación de sumo peligro para muchos. Recordó los bombardeos de esa época y…

― ¿le sucede algo señora Okita?―pregunto el hombre del puesto de periódicos.

Kagura se ruborizo un poco, aun no se acostumbraba a ser llamada así y no era para menos. En su mundo, del que ella venia, Sougo era solo un idiota con el que peleaba constantemente durante la hora del almuerzo, al salir de clases, al ingresar, prácticamente a todo momento.

Era un estúpido idiota, un sádico de primera del que ella se había enamorado. Aun recordaba el momento en el que Sougo se le había confesado de camino a casa, simple y efectivo. Kagura lo acepto, sin dudarlo, permitiéndole que le robara su primer beso. Pero no quedo todo así, esa misma noche comenzó un sueño del que aún no podía escapar. Cada vez que despertaba aparecía en un nuevo mundo, paralelo o el propio; con muchos siglos de distancia o algunos pocos. No sabía cuánto tiempo estaba perdiendo, pero seguía tan sofocada de estar allí.

―no nada―respondió tratando de sonar casual.

Por otro lado, el hombre de edad avanzada supo que sus palabras solo eran una máscara.

―no se preocupe―trato de reconfortarla―seguramente el señor Okita vendrá pronto de su viaje a Nagasaki― de pronto un balde de agua fría cayó sobre su cuerpo, ¿había dicho ´´Nagasaki´´?

Con el miedo en su cuerpo corrió rápido dentro de su hogar, busco a tientas un teléfono, algo con lo que comunicarse. Un numero anotado entre los papeles de la pizarra llamo su atención, la letra de Sougo era evidente en ella. Lo tomo y deseando con todas sus fuerzas que el la atienda espero a ser recibida. El teléfono vibraba, mientras emitía el sonido característico.

―buenas tardes, habla con…― no necesito que se presente, reconocía muy bien su voz para saber quién era.

―Sougo, ¿Dónde estás?―pregunto alterada.

―en el trabajo―dijo sin comprender que sucedía― ¿Kagura que ocurre?―la pelirroja miraba el reloj de pared, sus manecillas seguían avanzando.

―Sougo sal de ahí, aléjate del centro―rogo al momento que la aguja avanzaba sin detenerse, ya eran las ocho y catorce minutos.

―Kagura ¿Qué ocu… rre?― la llamada de teléfono comenzó a tener interferencias fijando nuevamente su mirada al reloj.

Las manecillas estaban detenidas, marcaban las 8:15, hora del deceso de más de cien mil personas en la ciudad de Nagasaki, la bomba ´´Little Boy´´ había impactado con la ciudad de Nagasaki, el día 6 de agosto de 1945.

El pitido al otro lado del teléfono le saco todas las ilusiones de volver a escuchar su voz.

Sintiendo nuevamente la muerte de su amado dejo caer el auricular del teléfono mientras permanecía en silencio al momento de dejar caer lágrimas silenciosas por sus mejillas.

En el antiguo reloj de pared se marcó una mano ensangrentada que cubría el vidrio protector. Una aclaración de que otra vez había fallado.

Rápidamente el olor a carne quemada se expandió por la habitación, Kagura comenzaba a sentir mareos al imaginarse la escena de muerte que estarían viviendo los pocos sobrevivientes de tremendo genocidio. Sentía como si estuviera en medio de esa escena apocalíptica, saboreando la sangre metálica y viendo los restos que llego a ser su esposo en aquella vida.

´´―otra vez fallaste―´´una bruma roja comenzó a emanar a su lado. Una especie de alter ego suyo, en versión masculina, se presentaba a su lado. El destello rojizo emanaba desde los poros de su propia piel, dándole un toque infernal al propio sujeto. ´´―tienes una sola oportunidad―´´ le murmuro antes de arrastrarla a otra vida.

La primera vez que había visto a esa especie de bruma roja, ocurrió durante sus sueños. Esa tarde y había aceptado comenzar una relación con Sougo. Pero al llegar a la comodidad de su casa y recostarse para dormir, su mundo se vino abajo. La pelirroja había caído en una especie de juego perverso del que no podía escapar. Mientras ese sujeto le mostraba una pared infinita con miles de relojes representando las oportunidades que tendría de salvar a Sougo de una muerte horrenda.

´´―durante todas tus vidas, en este u otro universo paralelo, él no sobrevive―´´ le explico con una sonrisa burlona ´´―tienes la opción de arriesgarte e intentar salvarlo o dejar que tus vidas fluyan como ya está predestinado―'' toco un reloj de pared con una sonrisa de astucia ´´―estas son tus oportunidades―´´

La marca de sangre en cada uno de esos objetos, representantes del tiempo, expresaba la cantidad de veces que había fallado. Había tantos intentos, tantas fallas que estaba por perder la cabeza.

Verlo morir miles de veces, todas y cada una de ellas de manera brutal. Degollado durante el siglo XVII en Inglaterra al ser encontrado en un barco pirata, acusado de piratería sin un juicio justo. Probo la guillotina durante la era Sengoku en manos de los Shugo-daimyō; acribillado en la primer guerra mundial; descuartizado por leones durante la Grecia antigua en el coliseo.

Podría contar cientos de momentos donde lo vio perder la vida de manera brutal. Pero recordando todas esas vidas se daba cuenta que existía una que nada podía superar: El naufragio de un barco en pleno siglo XIX en una isla desierta. En una isla sin seres humanos más que ellos. Con treinta y cuatro estómagos gruñendo por el hambre, tiritando de frio y buscando el poco resguardo que podían conseguir en una isla azotada por el mal clima. Con escasa fauna y poca agua dulce, no era de sorprender que varios perdieran la cabeza.

Kagura había pasado a ser Kanaye, un miembro importante del navío. Era uno de los pocos que creía que volverían a tierra gracias al poder de su carga, la cual, según él, era de suma importancia. Pero mayor fue su asombro, cuando por más de varios meses no llego un alma al rescate.

El canibalismo fue lo que ganaron.

Sougo era recién ingresado. Su primer viaje y ya se topaba con una adversidad como aquella. Ser el más joven fue, posiblemente, lo que los llevo a pensar que podría ser el más fácil de matar.

Kanaye intento protegerlo en el momento que vio las intenciones de esos sujetos, pero al ser detenido entre dos de los marinos vio, delante de sus ojos, como cortaban su yugular dejándolo desangrarse como si de un animal se tratase. Los ojos rojizos de Sougo fueron perdiendo vida, dejando el cuerpo en manos de esos sádicos y hambrientos sujetos. Cortaron su piel, sacaron partes de su cuerpo como las entrañas y el corazón. Kanaye no podía parar de ver esa matanza despiadada, ese descuartizamiento repulsivo, sin dejar de tener ganas de vomitar. Nauseas era lo de poco. El olor a carne cocida sobre la fogata lo mareo perdiendo el conocimiento y cayendo a otro mundo paralelo. Todavía tenía el recuerdo de como hincaban sus dientes en la carne cocida de uno de sus compañeros como si fuese de lo más natural, lo más sabroso de la faz del mundo.

Volviendo a aparecer en su cuarto, se sentó en su cama sobresaltada, ´´ ¿acaso todo había sido un sueño?´´ se preguntó, pero…

´´―recuerda que es tu última oportunidad―´´ no, no había sido un sueño. La bruma roja apareció delante suyo con una sonrisa burlona, estaba ansioso por jugar a ese juego.

―si―respondió antes de salir en su búsqueda.

Camino hasta su casa, Sougo vivía solo a tres calles de la suya. Ella había descubierto que todo ocurría porque ellos estaban cerca, porque ambos se enamoraban sin importar lo que sucediera en cada una de sus reencarnaciones. Que otra manera de terminar con todo aquello, que ponerle fin.

―china, ¿Qué haces tan temprano? ¿Ya me extrañabas?―se burló como de costumbre, sin embargo ella no tomo su burla.

―quiero que terminemos―dijo directamente tomando por sorpresa al joven de ojos rojizos― fui apresurada. Lo estuve pensando y la verdad es que…―la mano pesada de Sougo presionando su hombro la silencio.

― ¿Qué ocurre?―pregunto serio―no me vengas con esa mierda, no soy estúpido, china―

―lo siento sádico, pero no estoy interesada en ti―esa mentira la afectaba, tanto a ella como a él―me gusta alguien más―sus palabras eran aguijones para ambos, dolor e incredulidad azotaban a Sougo.

Sintiendo el silencio pesado en el ambiente y la falta de palabras entre ellos, Kagura no fue capaz de levantar su mirada antes de partir. ´´es lo mejor, es lo mejor´´ se consoló.

Pero no camino mucho cuando Sougo ya estaba detrás de ella para detenerla. Sus pasos y su voz rompieron la poca calma que tenía Kagura, sorprendiendo al joven.

―no te creo―respondió a sus recientes palabras de despedida―sé que me estas mintiendo―

La abrazo dejando que su rostro empapado en lágrimas se seque con su sudadera. Kagura no fue fuerte en aquellos momentos y se dejó vencer por los brazos protectores de sougo.

―no deberías de consolarme―se aferró a su ropa con miedo a volverlo a perder―te acabo de dejar―el de ojos color carmín sonrió por lo bajo calmándola con un suave movimiento de sus manos en su cabeza.

―no puedes dejarme, lo sé―murmuro sintiendo nuevamente su calma volver―y yo tampoco puedo dejarte ir― esas eran las palabras que más deseaba escuchar, casi podía olvidar todo lo que había vivido durante esas eternas reencarnaciones, pero nada podría seguir siendo tan bueno.

El chirrido de un auto a escasos metros perdiendo el control de su estabilidad se acercaba a ellos peligrosamente.

Fueron segundos en los que el tiempo se congelo para Kagura, la risa burlona de la bruma roja regalándole desde la acera la estremecía tanto como los brazos de Sougo intentando protegerla… pero ella había jurado salvarlo, aunque sea una vez.

Sin dejar que el pudiera empujarla a un lugar seguro, a segundos del impacto Kagura lo alejo de allí con un fuerte impulso gracias a su fuerza, dejando que el auto chocara con su cuerpo.

Lo último que escucho fue el grito de Sougo llamándola con desesperación, pero un ´´Kagura´´ no servía.

Ella estaba riéndose de la bruma roja por creer que no sería capaz de protegerlo.

Al final ella había ganado esa jugada.

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Aclaraciones:

Historia basada en la canción: Kagerou Days, Kagerou Project, cantada por Hatsune Miku.

Sengoku: Durante el siglo XV la autoridad del shogunato Ashikaga se había reducido de tal forma que el poder militar, político y económico de Japón acabó reposando en los jefes de los clanes locales, los daimyō. De esta forma el territorio se fragmentó y dio comienzo una auténtica era feudal. Enfrentados unos con otros por aumentar su poder, las guerras internas entre los daimyō asolaron Japón durante más de un siglo en lo que se conoce como el periodo Sengoku

Shugo-daimyō: figuras (colectivas) que más ha influido en toda la historia de Japón, porque estos shugo finalmente llegaron a independizarse del poder shogunal y tomar todo el poder no sólo militar, sino también político y económico, en los territorios que le habían sido asignados.