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Capítulo 4
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Hiccup buscó como loco. No se detenía a descansar ni a dejar que Toothless descansara aunque fuera un poco. Su corazón estaba tan alterado que sólo repetía una y otra vez la escena de Astrid en la cama, tan adolorida y débil por la enfermedad que azotaba su vida.
-Tiene que haber uno por aquí. –murmuró impaciente mientras veía la superficie de la isla.
Y tras probar sus incesantes ideas como el alga de Pesadilla Voladora y el lente del catalejo que puso al revés y resultó que veía cosas pequeñas dio con la pista de uno.
Con esas corazonadas y un poco suerte lo hallaron tranquilamente en comiendo pasto. Habían encontrado al Buffalord. Pero no era posible llevarlo hasta la Orilla del Dragón.
En arranques de desesperación por ser apartado por su comida empezaba expandir su tamaño y a arrojar cantidad de fuego que acababa con todo a su tacto.
-Si no podemos llevar al Buffalord a Astrid… -comentó Hiccup pensando.
Una idea brillante pasó por la cabeza de Snotlout. –Traigamos a Astrid al Buffalord. ¡Ya mismo!
Sin decir una palabra más, el patán montado a su dragón se dirigió a la orilla para traer a la rubia.
El líder del equipo miró con atención al jinete. Resopló con el corazón casi en la boca y tomó una decisión.
-Iré por Astrid. Toothless es más rápido. –aseguró dirigiendo al aire al Furia Nocturna.
-¿Estás loco? –preguntó Fishlegs asustado.
-Pues sí está loco por Astrid. Eso lo sabemos. –aseguró el gemelo.
Hiccup rodó los ojos. –No tengo tiempo para esto.
-Espera jefecito. –detuvo Ruffnut. –El imbécil de Snotlout sí es rápido y también lo es Stormfly. Quieras o no también quiero ir por Astrid, es mi amiga a fin de cuentas. Sólo no le digan. –susurró lo último para después continuar. –En caso de que el buen Buff quiera escapar o lo perdamos de vista, necesitamos buscarlo…
-O tratar de encontrar otro. –opinó Fishlegs.
-Entendemos tu preocupación, pero a menos que encontremos otra pila de caca te ocupamos para rastrear al dragón y sólo tú eres el que puede encontrarlo. –finalizó la rubia.
Hiccup resopló. –Esperemos que no tarden. –deseó el castaño.
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Las cartas estaban sobre la mesa (literalmente), alguien las vería y como cada una tenía su nombre era obvio que llegarían a quien estaba destinado.
Esa fue de las peores noches que vivió. Cada hora se asomaba por su ventana para ver por el vasto horizonte, esperanzada en que alguien montado en un Furia Nocturna llegara y le diera el antídoto para que se sanara. El amanecer llegó, pero no la esperanza con él.
Se recostó de nuevo, arropándose con las mantas que Hiccup dejó allí.
-Es la tercera luna. El último día. –susurró Astrid, esperando que al terminar la noche ella ya estuviera curada. -¡Qué tonta fui al querer ayudar ese barco!
Stormfly le movió levemente la cabeza con su hocico, pero notó que ella volvió a dormirse a pesar que un par de horas antes había amanecido.
La dragona también miró al cielo, y se alegró en el momento en que vio una manchita en llamas acercándose la Orilla del Dragón.
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-Hiccup… ¿eres tú? –preguntó Astrid débilmente, atreviéndose a abrir los ojos ante la hinchazón de sus ojos tras escuchar unos pasos afuera del lugar.
-Nop, alguien más guapo. –presumió Snot entrando a la cabaña.
-Bah. –exclamó la rubia tapándose de nuevo.
El chico se acercó a ella y la removió un poco. La rubia se enderezó con las pocas fuerzas que le quedaban.
-¿No encontraron al dragón, verdad? –preguntó temerosa.
Verla indefensa hizo que Snotlout se preocupara.
-No es eso. –dijo dándole una palmada en la espalda. –Lo encontramos, pero no podemos traerlo, si lo movemos explota. Así que he venido para llevarte allá… anda… sube a mi dragón.
Astrid lo miró extrañada y lo golpeó a duras penas.
-Al menos déjame ser una moribunda con dignidad. –pidió al ponerse de pie, pero perdió estabilidad y se apoyó en Stormfly.
El patán se sobó el brazo y tomó de la mesa un paño para que ayudara a la rubia a secarse la frente, pero le fue imposible no percatarse de las cartas que había en la mesa.
-¿Llegó correo de Berk? –preguntó extrañado.
La rubia se giró para ver lo que ocurría. Negó con suavidad apoyada en Stormfly. –Son cartas para ustedes y para algunos de Berk. –confesó mientras el muchacho hojeaba las hojas dobladas y selladas con cera. –En caso de que no sirva lo del dragón.
El corazón de Snotlout se le hizo chiquito de escuchar esas cosas.
-No digas eso, Astrid. Te vas a poner bien, ya verás.
-Lo dices porque es lo que quieres. Lo dices porque estás enamorado de mí. –comentó cansada tratando de subirse a Stormfly.
Snotlout se rio. –No, no estoy enamorado de ti. Ni que tuvieras tanta suerte.
La rubia sonrió por las palabras de su amigo por la consideración que le mostró.
-Así que no seas tan arrogante y sé positiva. Irás a beber esa baba de dragón, te curarás, Hiccup y tú dejarán de jugar con nosotros y formalizarán esa relación que creen no existe y de la que nadie se percata pero todos deseamos, se besarán y en un par de años se casaran, serán los jefes de Berk y tendrán hijos molestos que golpearán a todos cada que se enojen además de fastidiar con tantos datos de dragones que no conocemos. –respiró después de hablar rápidamente. –Así que súbete a ese bello Nadder y agárrate bien, porque serán varias horas de vuelo.
La rubia empañó su mirada. Esas palabras eran las más motivadoras que había escuchado de él.
-Gracias.
Después de eso, lograron irse.
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En los alrededores de la isla donde estaba el Buffalord y el resto de los jinetes una pequeña canoa regresaba al barco principal.
Uno de los tripulantes se bajó y llegó a los aposentos del comandante.
-Señor, los espías confirmaron que los jinetes se encuentran en la isla, están en la parte sur.
-¿Contaron los dragones? –preguntó Viggo sin dejar de observar la pieza de "Mazas y garras" que tenía en sus manos.
-Así es. Está el Furia Nocturna, el Gronckle, el Cremallerus y vieron que el Pesadilla Monstruosa salió justo después del amanecer.
Viggo sonrió. –Excelente. El Nadder no está con ellos, eso significa que la rubia enfermó y que han ido por ella para salvarla.
-¿Salvarla? –preguntó Ryker, que estaba afilando su cuchillo en una de las sillas.
-El azote de Odín sólo se cura con saliva del Buffalord. Mi plan está dando resultado.
-¿Por qué no simplemente vamos por el dragón y ya? ¿No es esa la misión? –preguntó el cazador que había sido espía.
Viggo sonrió, aclarar aspectos de sus planes era una de las cosas más divertidas para él.
-La misión, en ese caso va más allá de obtener un dragón raro. Hay que pensar a futuro, quiero el dragón, pero también la misión se extiende a descubrir algo mucho más importante.
-¿Qué cosa? –preguntó Ryker sin entender nada.
Su jefe de los cazadores le arrojó a su hermano la pieza que tenía en sus manos, la misma que no había soltado. –medir la resistencia y descubrir la debilidad de Hiccup; así acabarlo poco a poco.
Ryker se regocijó con la verdad, pero también se sorprendió de la astucia de su hermano al notar de nueva cuenta la pieza: la esposa del jefe, la única oportunidad en el juego de Mazas y Garras para realizar un chantaje o bien, pagar un rescate.
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Notas de la autora:
Alguien por allí?
Lamento la tardanza, en serio que no es la intención hacerlos sufrir con la espera, sí con mis fics, pero no con la espera.
Todos sabemos cómo termina la historia, pero no lo que hay detrás de ella, esto sólo es una de mis ideas. Creo que sólo le queda otro capi a esta historia, trataré de no tardar tanto a la próxima.
Gracias por leer
**Amai do**
Publicado: 21 de enero de 2017
