Hola bonitos! Cuanto tiempo!

Respuesta:

-"Rah": Hola... sí, es a ti, por ese rw... GRACIAS! Me llegó en un muy mal momento y TÚ conseguiste que me secase las lágrimas y me pusiese a escribir... y bueno, en aquel momento solo me pude poner para un par de párrafos... pero TÚ encendiste esa mecha cuando yo no tenía ganas de nada... Así que este capítulo (espero que te guste porque si no voy a quedar to mal.) es para ti. Si es que no te has dado a la fuga después de tantísimo tiempo...

Sé que ha habido algún otro rev y mensajes privados, los privados los contesto individualmente por privado y los públicos en esta ocasión he resaltado el que mas me tocó la fibra, aunque no se si fue el único que recibí por el capítulo 18 :l

Esta etapa de Harry Potter me parece muy guay en el libro. Considero que la película está bien pero me quedé con la sensación de que no se parecía lo que debía al libro.

Mi versión se basa en lo que no se ve, obviamente, para qué os voy a repetir lo que ya se vio... no tendría sentido (aunque algunas cosas siento que son necesarias). Pero si no os gusta, o no os cuadra... respondo dudas encantada. En concreto éste año lo voy a basar en la película mas que en el libro, pero también voy a meter elementos del libro.

Debo decir que es bastante difícil recrear las cosas desde el punto de vista de Draco de forma que yo quede satisfecha y respetando lo más importante del canon. Sé que he tenido varios fallos en el tiempo y en algunos diálogos, soy consciente, pero tengo que leerme los libros casi enteros a cada capítulo que hago y ver las películas una y otra vez... y sinceramente es agotador decidir qué si y qué no... Incluso tengo que leer los siguientes para hacer bien la trama y tratar que encaje... y me lío un poco a veces. No soy perfecta señores XD pero no voy a modificar la historia porque la vida es eso... equivocarse y aprender.

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-"Respira... respira... ". –Pensó para tratar de controlarse... mirando fijamente hacia el pozo plateado del despacho de su padre.

Draco se armó de valor, se aferró al borde de la pila y cayó en un puzle que finalmente formó la verdad ante sus ojos.

Su padre estaba arrodillado frente a un ser… no podía llamarlo humano. Su cabeza estaba completamente pelada, por lo que apreciaba el tono grisáceo casi verdoso de su piel. Sus ojos eran profundos, rojos… y su nariz tan solo dos rejillas. No había duda. Potter había sido sincero. Voldemort había vuelto y tal y como creía, su padre había acudido a la llamada. Jamás habría pensado en ver a Lucius arrastrándose de aquella manera ante ningún ser de la tierra, aquello le hizo perder respeto por él. Mientras analizaba la escena, se mantuvo atento a la conversación, al menos hasta que escuchó una frase: "Los dementores se unirán a nosotros, son nuestros aliados naturales". En ese momento se bloqueó un poco. Pues, si, Voldemort parecía el ser mas aterrador del mundo, pero los Dementores, a los cuales conocía en persona, aun sabiendo que no representaban una amenaza, le habían hecho tener pesadillas durante meses. Claro que nadie tenía por qué saberlo.

-"Aliados… naturales…? Los dementores? Parece que las historias que me contó se quedaron cortas…" –Pensó Draco incrédulo mirando temeroso la cara de aquel malévolo ser.

De pronto un olor a humedad le invadió, su padre continuaba arrodillado ante el señor tenebroso. Entonces fue cuando Draco se dio cuenta de algo curioso, a diferencia de casi todo lo que había logrado ver en el pensadero de su padre, aquel recuerdo era muy vivo y reciente. Se conservaban los olores, las voces, todo lo que había percibido Lucius a la perfección, lo que lo hacía mucho más real y le permitiría ponerse en la piel de su enemigo. Era la primera vez que veía un recuerdo reciente.

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Voldemort nombró a Harry Potter, llamando la atención de Draco, entonces fue cuando se preguntó dónde estaría Cedric en aquel momento. Quizás continuaba escondido en algún lugar… Pero al mirar a la lejanía, pudo apreciar perfectamente su cuerpo tirado en el césped. Se quedó paralizado. En forma de flashback, pudo escuchar a la multitud gritando en el momento en que Harry apareció en Hogwarts… aquel momento horrible en el que se dio cuenta de que un chico poco más mayor que él estaba muerto. Y recordaba la humillación, lo mucho que le había molestado, tener que fingir en el gran comedor, que le daba absolutamente igual la muerte de su compañero, dado que debía parecer ofendido ante la declaración de Potter sobre que su padre había acudido a la llamada y por ello imitó el comportamiento de Crabbe y Goyle, de no prestar homenaje.

Con los puños apretados, Draco se acercó a su cuerpo. Debía obligarse a verlo. Tenía que hacerlo para poder asumir de una vez por todas que todo aquello era real, que su apellido pronto podría estar reducido a cenizas, que su padre era una basura. Se sentía mareado, confundido. Su respiración se agitaba a cada paso, hasta que escuchó risas y se giró con curiosidad. Maldita la hora. Maldita la hora de ver a todos, pero en especial a su propio padre a lo lejos, riendo y disfrutando frente a Potter, que era torturado por "el señor tenebroso", el cual incluso, trató de hacerle suplicar por su vida mediante la maldición Imperio, aunque para sorpresa de todos los presentes, el chico lo resistió. En aquel momento decidió que no tenía la necesidad de acercarse al cuerpo de Cedric, pues aquella imagen era mas que suficiente para confirmarse a si mismo de que lado estaba realmente, aunque no pudiese estarlo. La cara de Hermione, sonriente y feliz, con aspecto de "te lo dije", apareció en su mente. Ante lo que solo pudo curvar sus labios ligeramente hacia arriba, casi sonriendo con suficiencia y pensar "sabelotodo..." como si de alguna manera ella estuviese presente, e incluso pudiese oírle.

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Su compañero de clase y el famoso mago tenebroso se comenzaron a batir en duelo. Voldemort ganaba con ventaja, su encantamiento estuvo a punto de tocar a Harry. Draco no podía entender cómo Harry Potter había salido vivo de allí, pero menos aun cómo era posible que no se hubiese vuelto rematadamente loco después de pasar por todo aquello. De pronto se formó una gran campana de luz, que pilló a todos los presentes por sorpresa. Los mortífagos rondaron alrededor de la campana de luz extremadamente sorprendidos hablando entre sí.

-No puede ser! –Exclamó uno de ellos.

-Priori incantatem… –Murmuró Crabbe padre– PRIORI INCANTATEM! –Gritó fascinado con los ojos como platos.

-PERO COMO ES POSIBLE! –Replicó Lucius empujando a los que comenzaban a sacar sus varitas para evitar cualquier interrupción.

-Son hermanas!? –Aquello fue lo último que Draco creyó entender al respecto, aunque no le encontraba sentido. Tampoco lograba ver nada a través de aquella luminosa campana, pero se mantenía atento dentro de lo posible.

Finalmente la campana de luz estalló rompiendo la unión de los hechizos y derribándoles a ambos. Harry salió despedido atravesando a Malfoy, atravesándolo de vuelta cuando se levantó para correr en dirección a Diggory. Draco pudo ver como Potter alcanzó su cadáver e invocó la copa del torneo y a pesar de los intentos de Voldemort, nada más tocarla, ambos chicos desaparecieron.

-NNNNNNOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! –El grito desgarrador de Voldemort atravesó toda la escena, al igual que los rayos de luz que emanaba su varita con fiereza y sin compasión.

Draco se sentía ensordecer, el recuerdo seguía y básicamente era Voldemort descargando su furia contra sus siervos y contra todo su alrededor. Ya no había motivo para seguir allí, había visto todo lo que le interesaba de aquel recuerdo. Pero le estaba costando trabajo romper la conexión con él. Finalmente lo consiguió cayendo de culo sobre el frío suelo del despacho de su padre. Estaba de vuelta en Malfoy Manor.

Escuchaba todo muy distorsionado. Todo iba a cámara lenta. Al menos así fue hasta que Narcisa Malfoy se le tiró encima con cara de preocupación dándole una buena regañina.

-Draco… Cómo se te ocurre?! –Narcisa estaba realmente horrorizada– Qué estabas viendo? Por dios… Ya sabes lo malhumorado que está tu padre últimamente!

El chico se levantó y aunque tuvo que seguir parpadeando, pronto encontró la voluntad de hablar.

-Lo se mamá. –Dijo con frialdad– Tuve en cuenta el riesgo cuando empecé a mirar dentro de la cabeza de Lucius... –Murmuró llevándose una mano a la frente con gesto de dolor. Narcisa se escandalizó aún más.

-Como que "cuando empezaste"!? Se puede saber cuánto tiempo llevas haciendo esto!? –Gritó cogiéndole de los hombros y mirándole a la cara– Escúchame hijo esto no está bien! No es un juego, me entiendes!? –Las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos de una forma que a Draco le resultó familiar.

-Mamá... mamá!... –Pero su madre no le escuchaba, solo le zarandeaba con suavidad y le reñía sin parar– MADRE! –Draco elevó la voz y se separó con impotencia– Tú sabes lo que Lucius ha permitido? –Los flashes de lo que había visto le inundaban la cabeza como fotografías hechas con flash– Sabes lo que ha hecho? –Escuchó las risas de burla, mientras Harry Potter se retorcía de dolor en el césped, a causa de un "Cruciatus"– Has visto qué tipo de hombre es? –Vio la cara de satisfacción de su padre– Sabes de lo que es capaz?! –Narcissa le miró sorprendida. Jamás, en toda su vida, había visto así a su hijo. Jamás había sido capaz de alzarle la voz y mucho menos se la había quitado así de encima. Sus manos comenzaron a temblar.

-Hijo... tu padre siempre ha hecho lo posible para protegernos. Para proteger su linaje y nuestro... nivel de vida... –Carraspeó como si las palabras le rasgasen la garganta.

-Nivel de vida? –Dijo Draco indignado– LUCIUS... –Gritó– SE QUEDO MIRANDO MIENTRAS HARRY POTTER ERA TORTURADO! Y ESE CHICO, POR MAS IMBECIL QUE SEA... –A Draco se le paralizaron las cuerdas vocales. Su mente voló y se imaginó a sí mismo siendo torturado por Voldemort mientras su padre reía– ES QUE... PODRIA HABER SIDO YO MISMO! ENTIENDES!? –Draco sudaba con intensidad. Sentía sus arterias hervir como si se estuviesen cocinando en su propia sangre. Se quitó la chaqueta y la lanzó. El dolor, la congoja, el miedo... eran terribles. Le ahogaban. En un ataque de desesperación gritó mientras se despeinaba el pelo, se giró y comenzó a dar patadas y puñetazos a todo lo que pilló a su paso, destruyendo el despacho de Lucius poco a poco.

Narcisa se quedó bloqueada. Su hijo estaba teniendo un ataque de pánico e ira totalmente justificado ante sus ojos y no sabía reaccionar. Poco a poco el instinto de madre se abrió paso.

-PARA POR FAVOR DRACO, TE VAS A HACER DAÑO! POR FAVOR HIJO! –Narcisa se acercaba a él para intentar detenerle pero Draco se quitaba y huía con facilidad para continuar con su arrebato de ira. El chico lloraba, chillaba, rompía cosas... las manos le comenzaron a sangrar... aquello tenía que parar. Ella sabía perfectamente la clase de artefactos que tenía su marido en aquel despacho. Trampas, objetos oscuros y venenos muy bien disimulados. Habría sido una desgracia que Draco golpease alguno por error y hubiese acabado malherido. Nunca se habría imaginado que algún día fuese a apuntar a su hijo dispuesta a atacar... pero no tuvo más remedio.

Horas después la elfina Melmie, tropezó desencadenando un estruendoso ruido por una bandeja que se le cayó al suelo. Draco se despertó de golpe sin saber dónde estaba.

-Oh! He despertado al señorito! Que cosa tan horrible he hecho! Melmie mala... Melmie inútil... –Balbuceaba la elfina entre sollozos tirada en el suelo, cubierta de comida. Se podía apreciar un gran conflicto interno en ella. Quería golpearse por haber hecho las cosas mal, pero no debía ya que su amo, Draco, se lo había prohibido en secreto.

-Qué est...? Melmie! Levántate y limpia todo esto antes de que mis padres lleguen, ese ruido debe haberse oído en toda la mansión! –Ordenó con preocupación real.

-Pero... señorito, su padre no se encuentra en... –Melmie alargó la oreja hacia la puerta y soltó un gritito de terror. Narcisa Malfoy entró por la puerta justo después de que Melmie aterrada, chasquease sus pequeños dedos e hiciese todo aquel desastre desaparecer. Narcisa la fulminó con la mirada.

-Retírate ahora mismo! –Le dijo Malfoy bruscamente intentando sonar rudo. Narcisa ya estaba al pie de su cama mirando con preocupación a su hijo– Estoy bien... –Soltó exasperado– Muy bien teniendo en cuenta que me has atacado... –Draco lanzó las mantas quitándoselas de encima y con un movimiento de varita hizo aparecer un baúl vacío, abierto sobre su cama.

-No sé por qué elegiste a esa elfina tan torpe como servicio personal teniendo… –Narcisa se giró tras cerrar la puerta y se dio cuenta de que su hijo se había levantado– Donde te crees que vas exactamente?! –Preguntó Narcisa cerrando el baúl manualmente– No te he atacado Draco, como se te ocurre! solo intentaba...

-Intentar hacerme creer que todo está bien y que Lucius es un padre maravilloso? –Gruñó abriendo el baúl con otro movimiento de varita– O lanzarme un "Imperio" para que sea por fin el hijo que siempre soñasteis?

-No... –Su tono de voz se volvió más seco y frío– Sólo te aturdí... Estabas demasiado alterado como para razonar y tener una conversación. –Hizo una pausa, su hijo suspiró y lanzó con rabia diferentes pertenencias al interior del baúl. Narcisa guardó silencio hasta que la impotencia se apoderó de ella– Dime, Draco... Tengo que aturdirte otra vez? –Amenazó con voz calmada y siseante. El chico paró en seco, no se podía creer lo que oía.

-Hazlo –Narcisa frunció los labios ante el desafío–. Al menos resolverías mi duda sobre cómo es posible que estés felizmente casada con ese hombre –Hubo un duelo de miradas hasta que Draco cedió. Tenía que calmarse, al fin y al cabo era su madre. Ella siempre había estado ahí cuando Lucius le atormentaba o no le dejaba hacer lo que quisiera. Agachó la cabeza–. Lo siento...

-Eres mi hijo, Draco –Narcisa le levantó el mentón y le abrazó como sólo una madre lo hace–, nunca podré perdonarte nada... Porque nunca tendré nada que perdonarte –Draco la abrazó también, era hora de madurar–... no importa lo que hagas mal. Siempre te querré –Le abrazó más fuerte–. Y siempre serás mi niño. Por mucho que te empeñes en crecer. –Aquello les hizo sonreír a ambos.

Draco y Narcisa se sentaron junto a la chimenea de la suite y hablaron tranquilamente del pasado. Al parecer el abuelo Abraxas Malfoy había "obligado" a Lucius a convertirse en siervo de Voldemort, pues él no se sentía capaz de librar ninguna guerra a causa de su enfermedad. Entre muchas de las cosas que su madre le contó, hubo una que le dejó momentáneamente sin respiración.

-En realidad, tu padre no siempre fue tan exigente sobre la pureza de la sangre, sabes? –Draco pudo apreciar un leve gesto de reprobación por parte de su madre– No se lo digas nunca pero... recuerdo que en Hogwarts estaba bastante interesado en una mestiza que finalmente nunca le correspondió... –Sonrió recordando aquellos tiempos.

-Imposible... –Negó él. Narcissa rompió en carcajadas. Aunque no era muy común, siempre que ocurría, lograba hacerlo de forma fina. Con una elegancia que no se entrena.

-Bueno si piensas eso es porque claramente, el viejo Abraxas le comió la cabeza a tu padre a tiempo...

Draco estaba fascinado de descubrir aquello a esas alturas. Se preguntaba si...

-Y... quién te "comió la cabeza" a ti? –La mirada de su madre se ensombreció.

-Mi forma de pensar siempre ha sido la que es –Narcisa alzó el mentón con orgullo– Ya suponía que te sorprenderías. Aunque tu padre ahora sea más rudo al respecto, yo siempre he sido más firme en mi mentalidad. La abuela Druella me inculcó con mucho éxito ciertos valores desde muy pronto... Pero lo que necesito que entiendas –Fue un obvio cambio de tema radical, pero Draco estaba tan sorprendido que no lo evitó–... es que tu padre no es ningún loco. Aquella noche después del encuentro con Voldemort, él vino bastante debilitado y alterado –Hizo una pausa–. El regreso del señor tenebroso no es algo positivo, ni siquiera para nosotros hijo... pero tu padre haría cualquier cosa para protegernos... él aceptó esa situación en tiempos en los que definitivamente parecía que nuestro bando lo tenía todo ganado. Cualquiera que se revelase contra sus ideales no tenía un final feliz, además fue deseo de Abraxas, y tu padre le admiraba como no te haces una idea... –Suspiró.

-Madre, cómo era el abuelo Abraxas? Y qué pasó el último día que Lucius fue a visitarle? –Narcisa se sorprendió un poco– Sé que fue el año pasado, de viruela de Dragón. Recuerdo aquel día cuando padre llegó tan irreconocible... y luego no me dejasteis asistir al funeral –Draco se quedó pensativo en silencio unos segundos, en el reflejo de sus ojos, casi se podían ver los pocos recuerdos que tenía del viejo–. Nunca crucé con él más que un par de palabras educadas e insignificantes. En casa siempre ha sido un tema... prohibido.

-Di por hecho que habrías visto esos recuerdos, tu padre suele revivirlo a menudo... –Su mirada se tornó dolorosa al ver que su hijo no lo iba a dejar pasar fácilmente– No me gusta hablar de ello, pero te conozco demasiado bien como para saber que si no te lo muestro, cometerás la locura de volver a mirar donde no debes... –Draco sonrió de medio lado y abrazó a su madre. Sentirse tan comprendido no era habitual. Aquella mujer podía ver a través de él. Quizás debería haberlo permitido más a menudo a lo largo de su vida. De pronto se dio cuenta de que su madre le había calmado. Ya no quería irse. ¿A quién le recordaba aquella habilidad…?

...

Una semana después, Narcisa entró en plena noche en la habitación un poco agitada y cerró la puerta tras de sí. Draco la miró preocupado y sacó su varita, pero su madre negó restándole gravedad al asunto. Tras varias charlas sabía que ante aquella situación, debía mantenerse en total silencio. La mujer se desabrochó el colgante que llevaba bajo el camisón y lo lanzó. El objeto levitó y con un "engorgio" mudo, Narcisa lo agrandó. La tapa se abrió y la mujer invitó a su hijo a acercarse. Así lo hizo.

-Mamá esto es...

-Ssh... –Chistó Narcisa de forma delicada removiendo en el interior con su varita, buscando algo casi con urgencia. Un estruendo en el primer piso les puso a ambos los pelos como escarpias. Narcisa deshizo el hechizo y volvió a ponerse el colgante –Puso a su hijo detrás de ella y tragó fuerte–. Draco, debes ser fuerte de mente, me entiendes? –Susurró– Si lo que ves te asusta, tienes que intentar que no se note... me has entendido? –Preguntó preocupada.

-Pero... –No pudo terminar de hablar.

Narcisa cogió a su hijo de la mano y comenzó a correr tirando de él por los pasillos con agilidad y rapidez. La mansión era un verdadero laberinto, pero Draco la conocía muy bien y su madre mejor aun. En un punto concreto y sin previo aviso, el suelo que pisaban cambió de aspecto, pasaron unos segundos hasta que Draco se dio cuenta de que lo que veía bajo sus pies era el piso inferior, al principio se asustó un poco ya que los techos de la Malfoy Manor eran tremendamente altos e invitaban al vértigo. Sin embargo resultó muy útil, ya que le confirmó que se dirigían hacia las escaleras principales, aunque inexplicablemente, estaban dando demasiados rodeos... giró la cabeza un segundo para comprobar si el suelo que quedaba atrás seguía siendo transparente, pero no. Aunque Draco comprobó asombrado que todas las luces y velas se apagaban a su paso. Jamas había visto su casa tan oscura. De pronto un choque le hizo frenar en seco y se vio obligado a reprimir un quejido. Había chocado con Narcisa, que observaba concentrada esperando encontrar algo en el piso inferior. Draco miraba también con curiosidad, sin poder evitar en pensar, que tenía que pedirle a su madre que le enseñase aquel encantamiento. Narcisa usó la varita para indicarle algo a Draco. Entonces Draco pudo ver a su padre entrar por la puerta del gran salón principal junto a unos hombres que identificó como Goyle y Crabbe padres, vestidos de mortífagos, dirigiéndose hacia las glamurosas botellas de cristal que contenían las carismas bebidas alcohólicas que su miserable progenitor rara vez bebía en su presencia. De repente, con un estruendo, las puertas del salón se abrieron y entró él, seguido de otros muchos. Era exactamente igual que en los recuerdos de Lucius, pero saber que aquello no era un recuerdo hacía que Draco sintiese mas escalofríos. Fue automático, Narcisa se tensó extremadamente, Lucius alzó su mirada hacia al techo, como si buscase algo, como si supiera que su mujer observaba. Narcisa apretó la mano de su hijo y algo tiró de él bruscamente. Ese algo se ensañó, le retorció todo el cuerpo, se lo estiró, lo encogió y le embotó el cerebro hasta que de pronto se sintió de nuevo medianamente normal. Cuando al fin sus rodillas tocaron el suelo, vomitó toda la cena que Melmie le había servido. Narcisa suspiró.

...

-Buenas noches, una habitación para dos, por favor. –Dijo Narcisa con su habitual cara de asco. Draco miraba en derredor intrigado, aquel sitio era enano, cutre y desastroso.

-Disculpe señora, podría entregarme su documentación para hacer el trámite? –Pidió amablemente el sorprendido recepcionista mirando su ropa. A Draco le pareció percibir un gesto canino, como un olfateo rápido, y luego una ligera y breve mueca de asco. Le dieron ganas de escupirle los restos de cena vomitada que se le había quedado entre los dientes.

-Bueno, eso no será necesario... –Susurró Narcissa, forzando una mueca amable e hizo un movimiento de mano discreto. El recepcionista sonrió como drogado y asintió ofreciéndoles la mejor habitación que había disponible sin necesidad de hacer registro ni cobro.

Ya en la diminuta habitación Draco pudo identificar algunos de los objetos que había visto en la única casa muggle que había visitado, como esa cosa rectangular negra colgada de la pared. Parecía un espejo negro enmarcado, se podía ver en él, aunque no tan nítidamente como en un espejo de los que conocía. Hermione tenía algo similar en el salón, aunque era más grande y no tenía aquella pequeña luz roja en la parte inferior.

-Madre, donde estamos...? –Preguntó Draco mirando la pequeña lucecita roja. Narcissa frunció el ceño como si hubiese estado deseando que esa pregunta no llegase nunca.

-Es importante que nos apartemos de lo que has visto en casa.

-Tengo la sensación de que no nos podremos apartar para siempre mama. Y algo me dice que tú también lo sabes. –Dijo mirando las ridículas camas individuales.

-No, para siempre no, pero al menos por ahora, o al menos esta noche… debemos... –Se quitó la capa y suspiró sentándose en una de las camas, que gruñó al recibir su peso– Será mejor que durmamos ya...

-En realidad... –Dijo arrugando la nariz– preferiría salir un rato mama... –Narcissa se levantó y Draco endureció su expresión– A solas. Lo necesito –Su madre pareció meditar al respecto– Son muggles, mama, nadie que me conozca se va a imaginar que estamos... –Miró su entorno con desprecio– aquí. Y... llevo mi varita, no te preocupes...

-Está bien Draco. Ten cuidado y no te alejes... –Volvió su ropa a la normalidad con cierta preocupación– Si no has vuelto en máximo dos horas saldré a buscarte, y si no te encuentro me inventaré una excusa convincente para nuestra desaparición y pondré al mismísimo Voldemort en tu busca si es necesario... Aunque espero que no lo sea.

-Mama... volveré pronto, vale? Solo necesito pasear un poco... –Cogió su varita y la ocultó en su manga para tenerla a su alcance.

Las calles estaban adornadas por setos. Las casas eran pequeñas pero bonitas, algunas tenían incluso algo de terreno. Olía un poco a humedad, pero no parecía haber llovido. El aire era cálido... pero le molestaba... algo no estaba en su sitio. Aquel lugar le sonaba demasiado. Entonces, la vio, allí frente a sus ojos estaba la casa de Hermione. Una parte de él le gritaba "huye" pero la que controlaba sus pies le dijo "corre". Tras un rato parado en medio de la calle contemplando la casa, Draco corrió más rápido de lo que había corrido jamás, pero cuando llegó a la entrada se dio cuenta de que no sabía que hacer a continuación. Rodeó la casa, saltó la pequeña valla y miró a través de las puertas de cristal. Todo seguía igual que aquella vez... quizás hubiese otra estantería más repleta de libros, pero todo estaba igual. El chico retrocedió algunos pasos y miró la que recordaba que era la ventana de Hermione. No se le ocurrió ninguna forma de subir así que miró a su alrededor. El barrio estaba silencioso y apagado.

-"Lumos" –Apuntó a su ventana. Nada ocurrió... Miró al suelo desesperado y bajo los rosales apreció pequeñas piedras– "Wingardium Leviosa" –La piedra levitó hasta la ventana y Draco la hizo chocar delicadamente tres veces contra el cristal. Nada. Suspiró exasperado y miró la puerta– JODER! –Gritó en un susurro– "Alohomora".

...

Miró aquella puerta. La puerta tras la cual se encontraba la habitación de Hermione. Hacía mucho tiempo de aquello pero había deseado volver muchas veces. Si el destino había hecho que su madre huyendo fuese a parar a aquel lugar... debía ser por algo. Empujó la puerta y aquel aroma sustituyó al oxígeno. Inmediatamente miró la cama... allí no había nadie. Abrió el armario sin importarle lo más mínimo el ruido. Había ropa pero no demasiada. La luz de la luna que se filtraba por su persiana, tocaba directamente en un cajón semi cerrado, haciendo que una tela conocida llamase su atención. Draco alargó su mano sin pensarlo y sacó la corbata de Slytherin que algún día le había pertenecido. Se la acercó a la cara, ahora olía a ella. La dejó sobre la cómoda del interior del armario y siguió buscando indicios del paradero de la chica. Miró por todas partes pero no había ni rastro del baúl. Entonces reparó en mirar su estantería. No había la misma cantidad casi indecente de libros y cuadernos que la otra vez... Lo mismo para el escritorio. No, definitivamente Hermione Granger se había ido, y a juzgar por lo que se había llevado con ella, sería por una larga temporada... entonces de pronto se preocupó. Anduvo hasta lo que sabía que era la habitación principal pero la puerta estaba cerrada. Por suerte no le hizo falta abrirla, unos minutos en silencio le bastaron para escuchar los ronquidos provenientes del otro lado de la puerta. Se giró aliviado. Estuviese donde estuviese, si hubiese sido una huida del país, sus padres no estarían allí.

Entonces volvió a su habitación. Allí se quedó, sentado sobre la cama con un tenue "lumos" apuntando al interior del armario, pensando en qué hubiese pasado si Hermione hubiese estado presente... lo último que debía hacer era volver a acercarse. Necesitaba coger algo suyo... cualquier cosa que le ayudase a recordar que no debía hablar con ella por mucho que lo deseara. Sin pensar, alargó su mano y volvió a coger aquella corbata esmeralda. Quien le iba a haber dicho que ese gesto iba a ser el acertado.

-D...raco... Malfoy? –Susurró una voz femenina y temblorosa desde el umbral de la puerta.

El cuerpo de Draco se heló. Lo primero que le nació fue un "Lumos máxima" mudo que cegase a la dueña de esa voz por si era bruja. El "Lumos" voló hasta el techo iluminando la habitación y parte del pasillo. La dueña de aquella voz soltó un grito ahogado y se tapó la cara con sus brazos. Pasados unos segundos de confusión, la señora se descubrió la cara y temblando, observó al chico, que si era posible, estaba más asustado que ella misma.

-Se... –Draco tartamudeó por primera vez en su vida– Señora Granger...? –Estaba claro que era ella. La mujer relajó su postura y se acercó de la misma forma en que se habría acercado a un depredador.

-Eres tú, verdad? –Dijo mirando y señalando la corbata que el chico aun sostenía en sus manos.

-S... si, señora... yo... –Draco, temblando y sin saber qué hacer, dejó la corbata sobre la cama, cambió su varita de mano, y alargó su brazo hacia ella para presentarse formalmente– Mi nombre es Draco Malfoy. Por favor, le ruego que disculpe mi irrupción a estas horas de la noche... –Dijo tartamudeando, supo que aquello no era correcto, pero él no sabía borrar recuerdos y huir no era una opción– Sé que no he pedido permiso para entrar pero, lógicamente no debo ser visto por... –su mente trabajó rápido, iba a decir muggles, pero no lo creía correcto– nadie. –Aquella fue la primera vez que ofreció su respeto a una persona no mágica. Ojalá hubiese podido ver la cara de sorpresa de Hermione al presenciar algo así. Aquello le causó una leve sonrisa. La señora Granger al verla, aceptó estrechar su mano.

-Está claro que has fracasado... –Dijo observando maravillada la luz que bailaba despacio tocando el techo.

Draco dio un respingo como si lo hubiese olvidado y la luz desapareció. La señora Granger encendió la lamparita que descansaba sobre la mesilla de noche de Hermione como si temiese quedarse a oscuras con aquel chico. Tras unos segundos en silencio, le tomó por inofensivo, y sonrió para calmarle. Draco miró al suelo avergonzado.

-Creo… que debería irme. Es… tarde… –Dijo Draco esperando a que la mujer se apartase de la puerta.

-No… por favor. No me importa, mañana no tengo que hacer nada. Me asusté al oírte subir pero… no pasa nada. Creo que me alegro de que estés aquí. –Draco alzó una ceja intrigado, la señora Granger comprendió lo que aquello podía parecer y decidió especificar– No, veras, es que eso quiere decir que lo que me dijo la mujer que se llevó a mi hija era cierto. Pocos saben dónde está y eso quiere decir que está a salvo. Gracias a ti he comprendido que es mejor que yo no supiera la ubicación… pero… por qué has venido tú a buscarla?

-Solo… estaba por la zona y quería saludar... –Carraspeó– ¿Disculpe señora pero…?

-Deja de llamarme así, me siento tan vieja... me llamo Jean... –Sonrió y miró el pequeño reloj de su hija– Y soy lo suficientemente lista como para saber que nadie pasa a saludar a estas horas, ni siquiera en el mundo mágico... Ha pasado algo? Puedo hacer yo algo por ti? –Draco pudo ver su preocupación.

-Mire... Jean. No veo a su hija desde el curso pasado. Si quiere saber la verdad, no debería estar aquí. Esto... ha sido la mayor casualidad de mi vida, y créame en el mundo mágico hay gente que cree que las casualidades no existen. Yo no debería haber acabado aquí esta noche. Y usted no debería haberme visto... –Murmuró frustrado.

-Entiendo... bueno… –Dijo reflexionando, con la misma expresión forzada que Hermione– no se mucho del mundo mágico, pero mi hija recibía pájaros con cartas a diario. Está claro que vuestra mensajería es más eficaz que la nuestra... así que… por qué estás realmente aquí? –Draco parecía estar ideando alguna mentira, pero Jane Granger no se lo iba a permitir– Ya que irrumpes en mi casa, no tengas la poca vergüenza de mentirme –Dijo perdiendo la paciencia. Hizo una pausa para respirar hondo–. Bueno… al menos dime si tiene que ver con el mago ese… –Preguntó con voz queda. Draco la miró sorprendido.

-Qué mago? Cómo es posible que usted...?

-Crees que después de lo que ocurrió en segundo año iba a aceptar estar totalmente desinformada sobre los sucesos de vuestro mundo? Tuve una extensa conversación con Dumbledore al respecto. En un momento dado, llegué a la conclusión de que no podía evitar el destino de mi hija. Y lo asumí. Pero eso no quiere decir que me haya conformado con que me mantuviesen ciega. Así que –suspiró– aunque últimamente no me sirva de mucho, durante las vacaciones recibo "El profeta". Estoy suscrita con el nombre de una squib, claro. Aquello fue lo primero que le pedí a Dumbledore y vaya si se agarró a ello. Se limita a enviarme ese periódico, pero no me aclara nada en absoluto sobre mis dudas, con que muchas de las cosas no las entiendo.

-Ese viejo loco... es una ley de las más sagradas. Mantener a los muggles al margen de todo eso! –Dijo indignado sin poder contenerse.

-Antes de quejarte de alguien que rompe las reglas, piensa en donde estas tú ahora... –Se rio la madre. Draco no pudo más que pensar, que Jane Granger no era consciente de lo de lleno que había dado en la diana–. Mira, hace tiempo que Hermione no me habla de ti... pero creo que bastantes cosas tiene ya mi niña en la cabeza, como para que tú se lo hagas más difícil, comprendes? Ella ya me explicó algunas razones para la forma en la que tú la tratabas, pero Malfoy, ella no tiene la culpa de los ideales que tiene tu familia –Aquello fue un puñal para el estómago de Draco. Al parecer Granger madre, sí que sabía en qué medida estaba en lo cierto al hacerle ver que estaba rompiendo algunas reglas– No crees que sois demasiado jóvenes para haceros daño? ¡Anda que no hay juventud por ahí para conocer!

-Señora... Jean. –Rectificó justo a tiempo– No puedo ofrecerle la vida que me gustaría... pero eso no quiere decir que...

-Oh por dios hijo, hablas como si tuvieses el doble de tu edad, sois niños! Por amor de dios...

-Señora, en mi mundo, los de mi clase... bueno, los padres acostumbran a prometer a sus hijos entre los quince y los diecisiete años, a otras familias de características similares –Aquello horrorizó a Jean, para ella eso formaba parte del medievo–. Le digo con el corazón en la mano que me habría gustado que la situación fuese la propia para con su hija. Pero sin embargo eso no puede ocurrir. Todo el dolor –Hizo otra pausa– que yo le he causado a su hija, ha sido tan solo para tratar de protegerla de gente como mi padre... para que se alejase de mi sin dudar.

-Entonces dime, Draco Malfoy. Si lo tienes tan claro… ¿Qué haces aquí...? –Jane ocultó su sorpresa por escuchar a un niño tan joven hablar de aquella manera tan recatada y seria.

-Nada en absoluto señora. No debí venir jamás... –Draco no ocultó su vergüenza.

-Está claro que eres inteligente. Bueno, ahora debo preguntarte algo... –Draco la miró intrigado– Tú lo sabes verdad? Draco; Aquella mujer se llevó a Hermione y me prometió que estaría a salvo, por supuesto sé lo suficiente de él como para asustarme, pero en el profeta dicen que no ha vuelto. Aunque si no ha vuelto… ¿Que peligro corre mi hija? Algunos incluso dicen que murió.

-Morir? –Draco miró a aquella mujer y se dio cuenta de que en verdad no comprendía la magnitud de la situación– Jean... no debo contarte nada…

-Tampoco deberías estar aquí –Interrumpió con desesperación–. Quieres que Dumbledore se entere?

-Señora Granger con todo respeto –Draco se levantó ofendido y se abrochó la chaqueta como lo habría hecho un diplomático–, no creo que le gustase la desmemorización, no poseo una gran experiencia en ese campo...

-Vienes a mi casa, a poner a mi hija en peligro, sin ser invitado, sin permiso. Y me amenazas? –Se levantó cruzándose de brazos– Así actúa la "gente con clase" de tu mundo? Qué triste. –Draco la miró fijamente. Aquella mujer no tenía ni idea de lo que le habría pasado de haberle dicho aquello a otro mago de sangre pura que no fuese él.

-Señora Granger, no me gusta esta situación, y me pongo en su lugar. Creame. Con que solo le diré que si se han llevado a Hermione, significa que está a salvo. De lo que sea que pueda resultar una amenaza. –Dijo resignado.

-Sólo quiero saber, si es verdad que ha vuelto... de boca de alguien que creo que lo sabe con absoluta certeza. Cuando mi hija vino con esa corbata, dijo que era de Slyth... no recuerdo el nombre completo...

-Slytherin.

-Si. Eso fue más tarde, pero la primera vez que escuché aquel nombre fue cuando mi hija estuvo a punto de morir, atacada por una serpiente gigante –Jean temblaba.

Draco suspiró y se frotó los ojos. Vaya carta de presentación tenía. Una avalancha de recuerdos le invadió. Se pudo ver a si mismo cuidando de las mandrágoras con la cara llena de sudor y tierra, tan solo con la intención de que Sprout las pudiese mandar para que Snape, las recibiera lo antes posible e hiciese la maldita poción. Finalmente accedió a contarle la historia de las casas por encima, para que entendiese al menos, que el mal no residía en Slytherin concretamente. Jean debía estar muy desesperada, porque a pesar de no haber obtenido excesiva información útil sobre la situación actual, su alivio fue notable al tener algo nuevo en lo que pensar.

-Ese hombre es el mal, no Slytherin. Y si, muchos que estamos en Slytherin tenemos que ver con él, pero no todos... y en mi caso, no por voluntad propia –Hizo una pausa que Jean estuvo a punto de aprovechar para preguntar otra cosa, Draco se desesperó y se le soltó la lengua–. Si, el señor tenebroso ha vuelto, pero como le he dicho, debe saber que los magos que rodean a su hija son muy capaces. Sobre todo debe saber que su hija... –Suspiró y cerró los ojos pensando en ella– Su hija no necesita que nadie la proteja más que de sí misma. Y de eso ya me encargo yo, manteniendo la distancia con ella.

El silencio que vino a continuación fue casi reconfortante. Aunque quizás demasiado largo.

-Realmente la quieres, verdad Draco? –Sonrió Jean. Draco puso su habitual sonrisa de medio lado– Si... los adultos a menudo olvidamos lo que es enamorarse de esa manera a vuestra edad. Ian y yo nos enamoramos cuando estábamos en la facultad –Draco la miró extrañado pero no quiso interrumpir–, éramos más mayores que vosotros, pero de alguna manera, estábamos seguros de que terminaríamos juntos... Claro que nosotros no teníamos tantas complicaciones como vosotros... –Se hizo un silencio incómodo– Las veces que ella ha hablado de ti… –Para sorpresa de Jean, Draco interrumpió.

-Si señora. La quiero... –Aquella fue la primera vez que lo admitió en voz alta– Cuando estoy con ella se me olvida la edad que tengo, mis amigos, mi casa, mi origen…

-Entonces cuida de ella. Tú estás en ese bando... –Draco sintió una punzada. No quería creer que había escogido bando– Habla con Dumbledore chico, quizás él te pueda ofrecer protección... –Dijo desesperada.

-Señora no lo entiende... esto no funciona así. Mis padres están en esto, antes o después me voy a ver involucrado. Hacer un trato implica muchos riesgos... No puedo hacerle eso a mi familia, y sinceramente tampoco creo que fuese productivo para su hija, al igual que mencionarle a alguien mi presencia aquí esta noche… –Ambos se callaron durante un breve rato–. Tengo que irme... mi madre debe estar preocupada...

-Espera, no te vayas... –Jean Granger salió de la habitación, Draco obedeció por respeto– Toma, quiero que tengas esto... –Jean le tendió una imagen. Una imagen preciosa. Se trataba de una foto. Lo mas raro fue ver que no se movía. Pudo reconocer a Jean mucho más joven, sujetando por la mano a una Hermione enana de unos seis años que sonreía de forma muy radiante. Estaban en lo que parecía un bosque, con una tienda de campaña al fondo. Era un día soleado. Draco no supo que decir, ni que pensar– Es mi niña... –Sollozó Jean.

-Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a Hermione, señora Granger... lo juro. –Dijo despacio, sin poder apartar los ojos de la foto. Sabía que llevarla con él era un riesgo, pero la ocultaría bien. Conocía a la persona indicada para enseñarle a hacerlo. De pronto la madre de Hermione comenzó a llorar. Draco suspiró y la rodeó con un brazo. ¿Qué otra cosa podría haber hecho? Suspiró. Jean se abrazó a él como si el chico fuese su última esperanza.

-Sé que lo harás... –Se secó las lágrimas y se apartó un poco avergonzada– Discúlpame... es difícil controlarme en esta situación –Draco asintió comprensivo–. Hay algo más que debes saber. No le contaré a nadie tu situación con mi hija, y mucho menos tu presencia aquí esta noche. Ella ya me advirtió que las cosas podrían complicarse, incluso antes de lo del mago este tenebroso que dices que ha vuelto.

-Muchas gracias por su comprensión, señora Granger. –Draco se despidió en la puerta, lo que se le hizo extremadamente raro.

Al volver, Narcisa le echó la bronca, pero estaba tan contenta de verle que se le pasó rápido.

...

Después de pasar la mayoría del verano en la casa de los Black, Hermione se alegró mucho de estar camino de Hogwarts. Sin Harry presente y con todos los Weasley alrededor, Ron y ella habían desarrollado un extraño comportamiento parecido al de un matrimonio durante su estancia en el Numero 12 de Grimmauld Place que... no terminaba de comprender. Se había dado cuenta gracias a las insinuaciones de Ginny, que parecía alegrarse de que por fin pasase algo entre ellos. Algo que Hermione se repetía a diario que no estaba pasando. Quería desvanecer ese extraño vínculo poco a poco antes de que pudiese llegar más lejos... y estando encerrados en aquella casa, resultaba casi imposible. Inconscientemente, ella seguía a Ron y él la seguía a ella. Era como si ella se sintiese más segura a su lado y claro, él encantado.

Hermione dejó de alegrarse de estar en el tren cuando anunció que Ron y ella debían buscar el vagón de los prefectos. De nuevo solos. Se pudo notar como Harry se incomodó mientras que Ron optó por disimular sin mucho acierto.

Cuando Ron y ella llegaron al vagón adecuado, ambos se quedaron perplejos. Hermione por pura lógica y al contrario de Ron, se esperaba ver a Draco allí, pero... Pansy Parkinson... prefecta de Slytherin?! La sangre le hirvió, no era ni de lejos la Slytherin idónea para el puesto. A decir verdad se esperaba más ver a Daphne Greengrass, aunque fuese por calificaciones o... por no ser más tonta que un troll. Todo el mundo lo habría esperado. Ese mismo pensamiento le llevó al siguiente. Miró a Ron de soslayo, pensó en Harry, Dean Thomas e incluso en Neville... se habría esperado tener junto a ella a cualquier persona que no fuese Ronald Weasley como prefecto... y entonces suspiró. Siempre se sentía mal cuando menospreciaba mentalmente a Ron.

Cuando ambos se acercaron, Draco frunció fugazmente el ceño y se pegó a Pansy, alejándose de ellos lo más posible. Hermione pudo sentir a Ron tensarse como un perro de presa a punto de saltar. Pero afortunadamente llegaron los prefectos de Hufflepuff y la reunión comenzó.

Mientras les dictaban sus obligaciones, Hermione no sentía ganas de mirarle... y si en algún lugar de su interior las sintió, las inhibió con rotundo éxito. En cambio Draco si tenía problemas para quitarle los ojos de encima. Pero la miraba con una expresión tan asqueada que nadie se extrañó por ello. Al terminar, Ron y Hermione fueron en búsqueda de Harry, pero antes de alejarse lo suficiente, Hermione giró la cabeza sin pensar, sin motivo... hasta dar de lleno con su mirada. Un escalofrío recorrió su cuerpo y su mirada volvió a donde siempre debió estar, al frente. En aquel momento no tenía ni idea de la perturbación que ese acto reflejo desencadenaría en el interior de Malfoy.

Ya en el vagón, reunidos con Luna, Neville, Ginny y Harry... Hermione tuvo que regañar a Ron por alardear de las ventajas que le otorgaba su recién puesto de prefecto. A lo que Ron respondió con un repertorio de chistes ofensivos hacia Crabbe y Goyle, que desató la risa inexplicablemente escandalosa de Luna, provocando que la revista que llevaba rato leyendo se deslizase hasta el suelo y llamando la atención de Harry. La cara del pobre chico era un poema después de leer tanta tontería junta... Ron le preguntó por su contenido y Hermione hizo una crítica muy falta de amabilidad. Obviamente ofendió a Luna, ya que su padre era el editor. Todos los vellos del cuerpo de Hermione se erizaron, no le convenía tener a esa chica en contra, aunque la gente la tomase por una "Lunática" sabía lo suficiente como para hacer su vida más complicada... así que sin mucho éxito trató de arreglarlo.

Antes de poder recuperarse del mal trago, la puerta se abrió. Suspiró cansada, y alzó la vista. Eran Draco, Crabbe y Goyle desafiando a Harry. Hermione no atendió a la conversación, pero todos sus amigos comenzaron a reír... con que no tuvo más remedio que hacer lo mismo para disimular. Aquello no ayudó para aplacar a Draco, que sintió una punzada al reconocer la risa de Hermione de entre la de todos los presentes.

-Cómo te sientes al quedar por debajo de un Weasley? –Dijo acariciando su insignia de prefecto, la cual llevaba clavada en su impecable túnica. Aquellas palabras tuvieron el efecto de un dementor en todo el compartimento.

-Cállate Malfoy! –Dijo Hermione bruscamente sintiendo su sangre bullir. El silencio duró unos segundos mientras los presentes que se habían percatado asimilaban la situación. Malfoy trató de parecer imperturbable.

-Estas nervioso Potter? Me alegro. Te voy a perseguir día tras día y cuando cometas un error...

-Largo! –Hermione se puso de pie frente a Draco en forma de amenaza, aquello le pilló desprevenido pero surgió efecto.

Tan cerca... de nuevo.

Draco miró a Harry una última vez en forma de advertencia y se fue seguido de unos desconcertados Crabbe y Goyle.

-Eh, qué ha sido eso? –Preguntó Goyle empujando a Draco.

-No me toques! –Draco le dio un manotazo y le empujó de vuelta.

-Eh, eh es que estáis locos!? –Dijo Crabbe separándoles y mirando en derredor– AH! –Ambos le apartaron con brusquedad y el chico cayó al suelo de espaldas. Draco le miró.

-Qué está pasando! Qué demonios hacéis? –Irrumpió Pansy preocupada ayudando a Crabbe a levantarse. Draco la miró con resentimiento y se alejó– Me vais a explicar que ha sido eso? –Exigió Pansy mirando a Goyle, que se limitó a negar temeroso.

...

Draco pasó el resto del viaje en tren sentado junto al solitario Nott, que leía muy entretenido el contenido de un cuaderno elegante.

Astoria Greengrass, sentada junto a sus amigas, fijó su mirada en Draco, después en Nott y finalmente la paseó por todo el vagón pestañeando con elegancia natural. Antes de bajarse del tren Crabbe y Goyle se quedaron observando a Draco fijamente desde el otro lado del vagón, y no con buenos ojos. Draco se dio cuenta, se acercó a ellos y los tres comenzaron a susurrarse aparentemente con malas pulgas, mientras la multitud bajaba. Una de las compañeras de su clase, la cogió del brazo y la adentró en la multitud que se hallaba en el andén. Astoria no alcanzó a oir ni ver nada mas.

-No voy a tolerar que ninguno de vosotros me toque, está claro? Estamos juntos en esto pero nada va a volver a ser lo que era. –Dijo alistándose la chaqueta. Goyle hizo ademan de perder la paciencia pero Crabbe le agarró a tiempo.

-Basta. No podemos confiar prácticamente en nadie, pero nosotros no somos el enemigo... –Murmuró Crabbe ofuscado.

-Tampoco somos amigos. –Sentenció Draco bajando del tren. Pansy se acercó a él y le guió hasta los alumnos de primer año para comenzar sus funciones de prefectos. Antes de irse, miró a sus otros dos compañeros de forma severa.

-Bienvenidos a Hogwarts! Estoy segura de que muchos de vosotros estáis asustados, pero... no hay motivo para ello –Dijo una sonriente Hermione respaldada por Hannah Abbott, que asentía compulsivamente a todo lo que decía la Gryffindor.

-Bueno, deberíais asustaros, aun podríais entrar en Sly... –Un golpe interrumpió a Ron– AY! Hermione, eso no era necesario! –Recriminó frotándose el brazo.

-No digas eso, debe ser la primera cosa productiva que ha hecho en su vida. Deberías premiarla. Ya sabes, como si fuese una lechuza en pleno aprendizaje… –Dijo Pansy riéndose como una idiota buscando la complicidad de Malfoy, que se limitó a morder su manzana verde como si no lo hubiese escuchado.

-Tú crees? –Dijo Padma cruzándose de brazos– Yo creo que ha hecho cosas bastante productivas a lo largo de los diferentes cursos... como por ejemplo, superaros a los dos –Hizo una pausa malévola–, en todo... –Sentenció haciendo reír y cuchichear a todos los alumnos de primero, ante la furibunda mirada de Pansy.

-Ya basta Padma –Reprendió Anthony Goldstein–. Somos la primera imagen de Hogwarts que reciben estos alumnos de primer año, esto no es lo apropi... –Intentó terminar pero fue apartado de mala manera por Draco. Lo que provocó una media sonrisa de Padma y una mirada reprobatoria de Hermione.

-Sí, sí... lo que tú quieras. Estoy seguro de que la mayoría sois mestizos o nacidos de muggles! –Escupió Draco rabioso, haciendo enfurecer a Hermione. Claramente estaba pagando con ellos, la frustración de no haberle partido la cara de mono a Goyle, pero eso nadie lo sabía–. Que os quede claro que esas risas de antes os van a costar caras durante el curso. –Pansy se dispuso a apoyar aquellas amenazas, pero Draco salió en dirección a los carruajes y se callço para seguirle como un perrito faldero.

-No va a cambiar nunca! Ni con la "P" en el pecho puede comportarse! –Bufó Hermione pateando el suelo.

-Qué esperabas? Con "P" o sin ella... es Malfoy... –Obvió Ron, preguntándose por qué Harry y Hermione estaban tan irritables aquel día.

-Si... ya lo veo. –Al ver que todos los carruajes empezaban a llenarse, Hermione corrió en dirección a Harry soltando sapos y culebras, seguida de Ron.

...

-"Genial, estupendo..." –Pensó Hermione tras el discurso del sombrero seleccionador– "Acaba de decirnos que aunque nos separemos en casas diferentes debemos estar unidos..." –Su mirada se desvió hacia Draco lentamente– "Si ese trozo de tela supiera lo difícil que es... No hemos aprendido del error que cometieron los fundadores al dividir la escuela, lo repetimos a diario..." –Draco le devolvió la mirada dejándola fija en ella, Hermione cerró los ojos unos segundos y se miró las manos, cerradas en puños sobre su regazo.

Tras la selección de casas para los alumnos de primer año se sirvió la cena. Hermione observó con repulsión como hablaba Ron con la boca llena. Harry Debatía con Nick Casi Decapitado sobre las palabras del sombrero.

-Quiere que todos seamos amigos...? –Por la desviación de su mirada Hermione supuso que miró hacia la mesa de Slytherin, seguramente a Draco– Eso es... imposible... –Dijo asqueado. Hermione suspiró profundamente. Hacía mucho que Harry parecía haber olvidado por completo el asunto que ella había tenido con Malfoy. Y empezaba a molestarle seriamente.

Ron ofendió a Nick, que intentaba hacer cambiar de idea a Harry sobre relacionarse con "todos". Con que Hermione se enfadó con Ron y el resto de la cena se sumió en un silencio incómodo. Lavender le guiñó el ojo a Parvati y poco le faltó para dar saltitos en el sitio. Parvati se limitó a sonreír y negar con la cabeza mirando a Hermione de reojo como si quisiera pedirle perdón.

-Los alumnos de primer año deben saber, que el acceso al bosque que rodea parte de los terrenos de Hogwarts, está terminantemente prohibido. Incluso para los que ya llevan un tiempo con nosotros. –Los tres Gryffindor rieron cómplices.

Dumbledore repitió las prohibiciones como cada año y anunció el cambio en el profesorado. En ese momento paró de hablar y fue interrumpido por Dolores Umbridge. Su discurso dejó claro que el ministerio estaba interfiriendo en Hogwarts, pues resultaba que aquella mujer era trabajadora de confianza de Fudge, perteneciendo incluso al consejo de Wizengamot.

Tras la cena Hermione y Ron, así como todos los demás prefectos de las otras casas, reunieron como pudieron a los alumnos de primer año para guiarlos a la sala común.

-Primer año por aquí, no se os ocurra separaros o yo misma os llevaré derechitos con Filch para que os cuelgue en las mazmorras, entendido? –Amenazó Pansy seguida de Draco, que en aquel momento mantenía la mirada fija en Astoria, con su expresión habitual de indiferencia–. Que poca gracia me hace tener que encargarme de estos mocosos, no entiendo por qué ese viejo loco me ha elegido para esto... –Al escuchar aquello, Draco la miró divertido por primera vez en meses–. Vaya, hace tanto que no veo esa expresión... que casi me das miedo. –Rio ella. Draco se puso serio de nuevo.

-Últimamente no tengo muchos motivos para reír...

-Lo se Draco, pero verás como todo mejorará, al fin y al cabo aun no te ha llamado "a ti"... –Miró de reojo a los niños de primer año y se calló. Estaban entretenidos mirando en todas direcciones pero debía tener precaución con lo que decía.

-Ya te lo dije Pansy, lo estoy esperando. Mejor yo... que ella. –Sentenció Draco parándose frente al muro de entrada de su sala común. Pansy le miró de forma reprobatoria pero no dijo nada.

...

Aquella noche fue la primera que no hubo risas, bromas y peleas en su habitación antes de irse a dormir. Los cinco chicos estaban serios, callados... tanto que les llegaba un eco lejano desde el resto de las habitaciones, en las que las risas y sonidos de encantamientos reinaban.

Goyle estaba tumbado en su cama mirando al techo, Nott repasaba las páginas del mismo cuaderno que leía en el tren, Zabini ordenaba cuidadosamente la ropa en su baúl y Crabbe se mantenía sentado a los pies de su cama, mirándoles a todos uno por uno como si hubiese perdido algo que no conseguía recuperar. Draco por su parte estaba tumbado con la almohada sobre la cabeza, relajado... le pareció que había pasado una eternidad desde que se sintió así por última vez... sabiendo a ciencia cierta que nadie iba a acudir a irrumpir en aquella habitación para perturbar su paz...

"BUM! SLAM! PLAF!"

-JAJAJAJA... ja... ja... –La risa se ahogó. Había dos chicos en el suelo. Uno estaba encima del otro sujetando su jersey y con el brazo listo para darle un puñetazo al que tenía debajo, cuando alzó la vista lentamente y se encontró a los cinco chicos apuntando con sus varitas. El que estaba debajo siguió su mirada y al ver la habitación en la que habían irrumpido, se puso tan blanco como la cera. Empujó a su contrincante (que estaba en shock), para tratar de quitárselo de encima y una vez lo consiguió corrió por su vida, derrapando en el proceso. El otro se limitó a arrastrarse por el suelo hacia atrás y a cerrar la puerta como buenamente pudo.

Los cinco Slytherins bajaron sus varitas. Draco la tiró contra la cama con fiereza y gruñó, eso desató el comienzo de una conversación que hubiese sido mejor no tener.

-Maldito imbécil! Mañana le arrancaré la cara y se la haré comer al otro! –Bufó Zabini.

-Tenemos que tranquilizarnos... –Murmuró Crabbe.

-Cállate ya! Tú has saltado igual que nosotros! –Acusó Goyle.

-Cerrar la boca todos de una vez! –Exclamó Draco que sólo quería olvidar todo para poder dormir bien por primera vez en meses. Nott se mantenía callado.

-Menos humos rubito, a pesar de lo que llevas pensando toda tu vida, aquí nadie te ha nombrado líder de nada. –Escupió Zabini con resentimiento acumulado.

Draco se dirigió hacia a él con claras intenciones de hacérselo repetir, Zabini sonrió dispuesto a recibirle encantado, pero una pared cóncava luminosa, que parecía escudar a Blaise se interpuso entre ambos.

-Se acabó. –Dijo Nott con seriedad. Draco le miró, no había varita. Nott no parpadeaba y su mirada dejaba claro que aquello que los chicos tenían intención de hacer no iba ocurrir. Volvió a mirar a Blaise, que se sentó en la cama y apartó la mirada. Malfoy asintió y salió del cuarto cerrando tras de sí.

Aquella fue la primera noche del nuevo curso. Tan solo... la primera.

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IMPORTANTE:

En el libro de "La orden del Fénix" se realiza la prueba de Ron para Quidditch con Alicia Spinnet al mando del equipo. Sin embargo en las películas esto ocurre en "El príncipe mestizo" con Harry y Ginny al mando. Quiero dejar claro que por razones obvias de tiempo que no tengo para leer los libros enteros, ésto ocurrirá en los capítulos que correspondan a "El Príncipe mestizo".

MAS IMPORTANTE AUN:

Estoy pensando en omitir "Crused child" y hacer mi propia versión de lo que habría sido la continuación de la historia. Lo que no se es si al terminar éste lo separaré en otro fic... Qué pensáis al respecto? Si es que hay alguien leyendome :l

Espero que este cap os guste después de tanto tiempo, y os pido paciencia para Draco (por comentarios y mensajes anteriores), tiene demasiadas cosas en la cabeza. No es fácil querer/tener todo y nada a la vez... de hecho creo que todos coincidiremos en que de primeras, en el canon cuando aparece Draco, pone nervioso a cualquiera, y eso se debe a que es complicadillo de comprender, su vida no fue fácil señores.

*Si me quieres motivar comparte el fic pls!

Y si dejas rewiev te adoraré para always! Venga anímate, que por ser tú... ES GRATIS!

Perdón si hay algún fallo, porque como me lo vuelva a leer lo borro entero. Procedo a vendarme los ojos y darle a publicar.

YA ME CALLO.

Un besito y gracias por estar ahí, en alguna parte.

(SI ES QUE NO OS HABEIS FUGADO DESPUES DE TANTO TIEMPO).