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Capítulo 5

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En los alrededores de la isla donde estaba el Buffalord y el resto de los jinetes una pequeña canoa regresaba al barco principal.

Uno de los tripulantes se bajó y llegó a los aposentos del comandante.

-Señor, los espías confirmaron que los jinetes se encuentran en la isla, están en la parte sur.

-¿Contaron los dragones? –preguntó Viggo sin dejar de observar la pieza de "Mazas y garras" que tenía en sus manos.

-Así es. Está el Furia Nocturna, el Gronckle, el Cremallerus y vieron que el Pesadilla Monstruosa salió justo después del amanecer.

Viggo sonrió. –Excelente. El Nadder no está con ellos, eso significa que la rubia enfermó y que han ido por ella para salvarla.

-¿Salvarla? –preguntó Ryker, que estaba afilando su cuchillo en una de las sillas.

-El azote de Odín sólo se cura con saliva del Buffalord. Mi plan está dando resultado.

-¿Por qué no simplemente vamos por el dragón y ya? ¿No es esa la misión? –preguntó el cazador que había sido espía.

Viggo sonrió, aclarar aspectos de sus planes era una de las cosas más divertidas para él.

-La misión, en ese caso va más allá de obtener un dragón raro. Hay que pensar a futuro, quiero el dragón, pero también la misión se extiende a descubrir algo mucho más importante.

-¿Qué cosa? –preguntó Ryker sin entender nada.

Su jefe de los cazadores le arrojó a su hermano la pieza que tenía en sus manos, la misma que no había soltado. –Medir la resistencia y descubrir la debilidad de Hiccup; así acabarlo poco a poco.

Ryker se regocijó con la verdad, pero también se sorprendió de la astucia de su hermano al notar de nueva cuenta la pieza: la esposa del jefe, la única oportunidad en el juego de Mazas y Garras para realizar un chantaje o bien, pagar un rescate.

-Su debilidad son los dragones, sus amigos, Berk. –dijo Ryker como si fuese lo más obvio.

Viggo le pidió con la mirada que observara la pieza que estaba justo en las manos de él.

-En mazas y garras cada pieza tiene movimientos específicos. Cada parte toma su papel y sus movimientos, hay una asombrosa infinidad de maneras de ganar.

-Y de perder. –ironizó Ryker.

Viggo asesinó a su consanguíneo con la mirada por la imprudencia que cometió.

-Así es, pero en cada juego se aprenden más estrategias para lastimar a tu oponente, tal vez no ganas… pero dejas marca como jugador.

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Hiccup cabeceaba pero no dejaba de ver el horizonte o alguna señal de Snotlout o Astrid. Los jinetes estaban al pendiente también porque ninguno de ellos había descansado lo suficiente como para estar en sus cinco sentidos.

-Deberías dormir un poco, cuando Astrid llegue te prometo te despertaremos. –prometió el vikingo de la Gronckle.

El castaño resopló, no le gustaba que los demás se preocuparan por él, al menos no en ese momento.

Se sentó y apoyó su cabeza en Toothless, negándose a dormir.

-Sólo descansaré. –informó cerrando los ojos.

Fishlegs sonrió, su amigo era bastante terco, aunque no le gustara aceptarlo. Estaba por retomar su lugar en la vigilancia cuando notó que sonidos de dragones familiares empezaban a apreciarse.

-¡Ya llegan! –exclamaron los gemelos sin perder de vista al Buffalord.

Hiccup, que ni los ojos alcanzó a cerrar se levantó de inmediato. Visualizó a Stomfly y a Astrid que ya iba completamente acostada en el lomo de la dragona.

La Nadder aterrizó cuidadosamente pero Astrid no tuvo fuerza suficiente para sujetarse y dejarse caer, por fortuna Hiccup lo vio y corrió para atraparla antes de desplomarse en el césped.

-Tranquila mi lady. –susurró Hiccup con la mayor de las ternuras. -Descansa vas a sanar, tienes que seguir luchando y aguantar. –le pidió justo antes de colocarla sobre la roca en la que estaba descansando él momentos antes.

Astrid se quejó con las pocas fuerzas que le quedaban. Le acarició la frente trató de brindarle fuerzas al tomarla de la mano.

-Empeoró en el camino. Está por llegar la tercer luna y…

-¡No digas más! –pidió Ruffnut con miedo.

El castaño soltó a Astrid a pesar de no desear hacerlo.

-Hay que darle el antídoto. ¡Ya! –expresó con urgencia al notar que Astrid seguía tosiendo.

Se acercó al Buffalord con cuidado, respiró aliviado en el momento que notó que la saliva del dragón caía en el contenedor que previamente había preparado.

-Toma, despacio. –indicó con calidez.

Al ingerirla empezó a sentirse mejor, o al menos eso es lo que todos querían ver. Hiccup sonrió al ver que Astrid volvía a enfocar su mirada en él.

-¿Te sientes mejor? –preguntó.

La rubia negó con las pocas fuerzas que le quedaban provocando otro momento de ansiedad en los jinetes.

-N… no. –pero gracias por intentarlo.

Los demás ahogaron un grito.

-Ocupas más saliva de Buffalord. –exclamó Hiccup, desesperado, buscando con la mirada al dragón, pero ya se había ido. Había volado. –¡Vayan por él!

Los jinetes asintieron rápido, temerosos de ver Haddock con esa preocupación e incertidumbre ante la agonía que Astrid sufría.

-¡No dejen que se vaya! –rogó a los jinetes al verlos volar en direcciones opuestas tratando de localizar al dragón o a otro más que pudiera cumplir con los requisitos para salvar a Hofferson de la peste de Odín.

Toothless se acercó a Astrid, moviendo su frágil mano con el hocico. Stormfly cambió de semblante y se colocó al lado de su jinete.

-Encontraremos a ese dragón, Astrid. Lo prometo. –le dijo, notando que la fiebre le aumentaba. La abrazó un poco más para que ella se sintiera segura. –Iré a buscar a Buffalord. –susurró al ponerse de pie.

-¡No me dejes sola! –rogó asustada, rompiéndole el corazón a Hiccup.

El castaño no le soltó la mano a la rubia, estaría con ella, aunque fueran sus últimos momentos.

La miró convaleciente, nada que ver con la típica Astrid, tan sarcástica, guerrera y hermosa que tenía su corazón…

Con dolor empezó a imaginar cómo sería estar sin ella, y no pudo, no podía imaginarlas porque en realidad no había terminado de imaginar un futuro lleno de felicidad. Tantas cosas que tenía que decir y que nunca pudo, todo por esperar que todo fuera perfecto, que él fuera perfecto, pero nunca había sido posible y todo indicaba que nunca lo sería.

Tomó valor del mismo miedo que le estaba impidiendo ser feliz y finalmente decidió expresar lo que sentía. De todos los segundos que había vivido, ese en definitiva era el más inapropiado, pero quizá los últimos que le quedaban.

-Te amo Astrid. –susurró con miedo.

La rubia, por su parte, sintió una inmensa felicidad aun en medio del dolor.

-¿Por qué tardaste tanto? –preguntó con voz cansada.

-Por tonto. Por esperar un momento perfecto, en lugar de crearlo. –confesó.

Ella sonrió por las palabras nerviosas que expresó.

-Ya lo sabía. –dijo atrevida aun al borde de la muerte. –Y tú sabías que lo sabía.

El castaño se rio por la osadía de ella. –Yo también te amo, Hiccup… pero… supongo que… tendrás que vivir sin mí. –confesó empezando a llorar y a toser con mayor sonoridad.

Se sintió tonta por tenerle miedo a la muerte, cuando en realidad desde hacía años que esperaba ese momento para ser una guerrera en el Valhalla.

-No, mi lady…

-Sí, Hiccup. Qué lástima que… no pudimos ser felices juntos… creo que… nos habríamos ahorrado mucha agonía… si hubiésemos sido honestos desde… desde ese día en la cala… en serio te quiero…

-Yo más.

Le besó la frente con sumo cuidado y adoración que le tenía, el castaño por su parte limpió las mejillas de Hofferson, sin darse cuenta que él mismo estaba llorando, pues su lady había dado su último suspiro.

-¿Astrid? –preguntó aterrado viendo que la rubia ya ni se movía. -¿ASTRID?

Los dragones emitieron un rugido ensordecedor, esperando que el resto de los jinetes llegaran o al menos Astrid se despertara.

-¿Qué sucede? –preguntó Snotlout.

-No encontramos al Buff. –comentó uno de los Thorson, pero dejaron de hablar al momento en que vieron Hiccup llorando desconsoladamente sobre el cuerpo inerte de Astrid.

-¡No! –dijeron todos, quitándose sus cascos ante el duelo que todos sentían.

El castaño se levantó como si estuviera muerto también.

Su dragón se acercó con él y le trató de reanimar, pero era algo que salía de la capacidad de él. Jamás podría consolarlo como había hecho. Toothless lo removió pero Hiccup ya no respondía.

-Es mi culpa. –se condenó a sí mismo a cargar ese momento por el resto de su vida. –Mi lady.

Toothless ya no aguantó más y le empezó a dar golpecitos con el hocico en su torso, hasta que el hijo del jefe lo detuvo.

-Basta amigo… ya no puedes hacer más. –murmuró apretando los puños.

-¿Hiccup cuanto es dos más dos? –escuchó la voz proveniente del dragón.

-Amigo ¿dijiste algo? ¿Sabes hablar? –preguntó asombrado. -¿Por qué suenas a Tuffnut?

Miró a su alrededor y las imágenes empezaron a hacerse más borrosas.

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Despertó de golpe y con la respiración alterada.

-¿Astrid? –preguntó antes de que le dijeran algo más. -¿Dónde está?

-Ay, bien hecho, jefecito. Dos minutos más y ganaba la apuesta. –se quejó la rubia, sentada al lado de él. –llevas varios minutos hablando de Astrid mientras dormía.

-¿Por qué no me despertaste? –preguntó molesto, dándose cuenta que había sido un sueño y que sí había cerrado los ojos.

-No está Snotlout ni Fishlegs para molestar, además es entretenido verte sufrir mientras duermes.

La miró extraña por su sinceridad, pero no tenía tiempo para verla.

Se relajó al momento en que abrió los ojos a su realidad, pero no dejaba creer que existía una leve oportunidad.

-¡Ya vienen!

Se escuchó la voz de Fishlegs y de Tuffnut mientras aterrizaban en sus dragones correspondientes. Hiccup miró el cielo y por fin divisó las cuatro manchas.

Después vio al Buffalord.

Se prometió a si mismo hacer lo que fuera con tal de salvarla, agradecido que esa pesadilla sólo había sido una mala pasada de su mente cansada.

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.Notas de la autora:

Esta euforia por el estreno de la temporada me terminó , pero yo sigo con mini maratón de mis fics.

Gracias por leer

**Amai do**

Publicado: 24 de febrero de 2017