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Te Odio

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Okikagu Week 2018

Día 7: Gender Bender

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Kanaye: Kagura

Kanaye y Souko tienen la misma edad.

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En la vida de Okita Souko, desde su más temprana edad, comenzaba a explorar el sentimiento de ´´Odio´´. A pesar de que era una chica con altas dosis de sadismo y, ya muy bien sabia Hijikata Toushirou, era capaz de cualquier cosa si intentaban arrebatarle lo que más apreciaba.

Sin ir muy lejos, la joven de ojos color carmín y cabellera castaña, tenía muy bien guardado en su memoria cinco momentos donde su odio escalo niveles extremos.

Incluso, a pesar de lo extraño que pueda llegar a sonar, ese odio no era dirigido hacia Hijibastardo. Sus memorias siempre iban a un joven de su misma edad con sus hebras rojizas y ojos azul cielo.

Atención.

A su corta edad de siete años, Okita Souko, mientras caminaba por las los campos cercanos a su casa, la llamativa imagen de un extranjero llamo su atención.

― ¡Hey!―llamo al infante quien se dio vuelta para observarla. Tenía la piel demasiado pálida y las ropas chinas delataban su procedencia― ¿un extranjero?―pensó en voz alta― ¿tú me entender, niño enano chino?―en las épocas viejas que su hermana traía de vez en cuando, los hombres de las tierras poderosas hablaban como idiotas con los nativos, intentando que comprendan su lengua. La pequeña Souko hizo el intento, ´´si funciona en las películas, ¿por qué no en la vida real?

El pelirrojo frunció el entrecejo sintiendo la burla en esos ojos rojizos que mantenían a duras penas la neutralidad.

― ¿Quién mierda te crees bastarda?―grito dándole un cabezazo en la frente provocando una inflamación en ese sector.

Souko cayó al piso sujetando su chichón y evitando que un par de lágrimas se resbalen de sus ojos por el tremendo golpe.

― Puto chino, ¡vete a la mierda!―le grito con furia mientras sentía como su piel sensible comenzaba a inflamarse― ¡trataba de ayudarte estúpido chino!― lanzo una patada a su pierna, con tanta fuerza que termino por romperle el tobillo.

La pelea siguió sin ninguno dando su brazo a torcer. Pero el atardecer caía en esos campos y la pequeña solo pudo lanzar un último puño antes de escapar en dirección de su hogar.

― ¡Sou-chan!―llegando a su casa pudo escuchar el llamado de su adorada hermana mayor. Se escuchaba preocupada, se maldijo por asustarla así. Se acercó a la mujer para poder hacer uso de su presencia, pero así como su felicidad por verla creció, esta descendió muchos niveles al ver a Hijikata―Sou-chan, ¿dónde estabas?― se acercó preocupada para poder abrasarla como mucho cariño.

Acepto el abrazo sin dejar de ver con ojos de repulsión a ese hombre que robaba cada vez más la atención de su hermana.

― Lo siento ―se disculpó―yo…― quiso explicar que era lo que la detuvo a volver más temprano, pero esa ´´causa´´ llego a los límites de su hogar permitiendo que su hermana, Mitsuba, lo vea.

― ¿Trajiste un amigo?― pregunto risueña al momento de ver al pequeño pelirrojo parado a una distancia prudencial.

Para Okita Mitsuba eso era un gran progreso, su pequeña hermanita no era muy sociable con los niños de su edad.

Al escuchar esa pregunta se giró sobre sus pasos hasta toparse con las pupilas de ese chino grosero.

― No, él no es…―quiso explicarle, intento decirle que ni en sus pesadillas seria amiga del mocoso extranjero que la ataco como un animal.

― Qué lindo niño, ¿Cómo te llamas?―su hermana la ignoro concentrándose en el niño e intentando hacer un mayor contacto.

El pelirrojo se sintió en confianza con el trato amable de la mayor y se acercó a ella con cautela. Tomo la mano que ella le extendía y acepto el saludo con vergüenza.

― Kanaye― se presentó sin poder evitar sentir la pena en su rostro.

´´es un mal actor´´ pensó Souko al verlo siendo tan modesto.

Ante el acto tan tierno del infante, Mitsuba no pudo evitar sentirse enamorada de esa inocencia que trasmitía. Ese niño destilaba pureza y un aura muy infantil, su ternura la encandilo tanto que callo rendida a sus encantos.

― ¿Qué lindo eres?― dijo sin poder evitar tocar sus mejillas sonrojadas con ambas manos.

Tanto Souko como Hijikata sintieron los celos apoderarse de ellos, esa mujer tan preciada para ambos estaba brindando todo su cariño y afecto a ese mocoso recién llegado. Hijikata no pudo ver en el menor a un poderoso contrincante por el afecto y amor de Mitsuba. Mientras Souko sentía que descendía otro escalón en las prioridades de Mitsuba, quedando por debajo del bastardo ´´Toshi´´.

― Hermana, el me golpeo en la cabeza―intento explicar la situación y evitar que su hermana lo prefiera a él antes que a ella―tengo la frente anchada― mostro levantando su flequillo haciendo hincapié la culpa del mocoso pellirrojo.

Hijikata apoyo la idea de la infante, por una vez en sus vidas, ambos estaban en el mismo bando.

―Sou-chan― musito la mujer, descreída de la violencia que podía ejercer ese pequeño de ojos tan profundos como el océano.

― Tú me rompiste la pierna― contraataco el niño levantando su pantalón. Llevaba impregnado un moretón bastante notorio y nadie negaría que debajo de su piel su hueso no estuviera quebrado, el pequeño caminaba rengueando.

― Eso fue porque me atacaste― aclaro la chica en su defensa.

Con su vista en su hermana menor y ese extraño, la mujer de diecisiete años comenzó a reír. Souko realmente se había encontrado un gran amigo. Calmando su dicha, seco pequeñas lagrimas producto de la risa que le había provocado esa actitud infantil por parte de Souko. Con una sonrisa cálida, de esas que solo le dedicaba a Souko e Hijikata, clavo su mirada en las del pequeño Kanaye.

― Está bien no te preocupes―calmo la riña de esos dos― ¿dónde está tu familia?, te llevare a casa―aseguro la joven consiguiendo que la menor de los Okita disfrute por sus adentros el no volver a ver a ese chino tonto.

― Bueno…―el niño miro para todos lados buscando una excusa para aquello―no tengo― hablo sincero tratando de no mirar directamente a la mayor.

Souko rechazo esa posibilidad y sintió la falsedad en el aire, ese chino estaba mintiendo. ´´seguro se metió en problemas y está intentando escapar de sus problemas´´ Souko no podía caer en esa farsa.

― Miente hermana, seguro debe querer comida―lo trato como todo un oportunista.

― Es una pena―pero para su desgracia, Mitsuba no estaba escuchándola―te quedaras acá ¿te parece bien?― pregunto al no encontrar otra excusa. Más adelante preguntaría por sus padres, capas y tenga suerte.

Ese dictaminen de parte de la castaña provoco un descreimiento tanto en Souko como Hijikata que no pudieron evitar gritar de asombro y decepción al saber que pronto serian reemplazados. Para fastidio de ella, la atención de su hermana era robada por el mocoso chino.

― ¿Qué?― el grito de ambos y la sensación de un sentimiento repulsivo lleno de odio por parte de la pequeña de siete años, había sido el preludio para una seguidilla de eventos fastidiosos en su día a día, claro, al lado de ese mocoso.

Derrota.

Okita Souko no podía entender como ese chino lo hacía. No importaba cuanto entrenara, cuantas veces podía superar al resto de niños de su misma edad, e incluso superiores a ella. Era una maestra en el arte de la esgrima, pero aun así no podía superar a ese chino fastidioso que no dejaba de mofarse de su debilidad.

Más fuerte y ágil que ella, con mayor resistencia y una clara habilidad innata en el combate cuerpo a cuerpo. No esgrimía una katana, pero si combatía muy bien con su estúpida e inservible sombrilla.

En una palabra, ese niño era un ´´genio´´. Su poder en combate se llevaba las alabanzas de todos los presentes e incluso desplazaba a la menor de las Okita a un segundo puesto. El señor Kondo, padre de Isao, felicitaba con mayor ímpetu sus técnicas relegando a un punto inferior a Souko, quien en años pasados era su preferida.

― ¡Quiero un combate!―grito la chica de coleta alta. Llevaba el traje típico de combate mientras empuñaba con fuerza el bakuto.

― Sádica, tengo hambre―inflo sus mejillas dando la apariencia de adorable―más tarde―parecía un infante, a pesar de que ambos alcanzaban la edad de trece años.

― Pelea chino―su voz sonó a amenaza, una que helaría la sangre de cualquier combatiente menos la de ese chino que seguía quejándose de su estomago vacio.

― Pero…―volvió a quejarse al momento de escuchar un llamado de la adorable mitsuba.

― Kana-chan―sonrió la rubia con su sonrisa característica mientras llevaba en su falda un obento enorme. La chica, en esos años de convivencia, había aprendido que tan grande era el apetito del pequeño pelirrojo― después de entrenar podrán comer, esfuérzate ¿sí?―Kanaye ensancho su sonrisa dedicándosela a la mayor con la mala suerte que ese simple acto hacia hervir aún más la sangre de souko.

Preparados para la contienda, Kanaye se mantuvo preparado para recibir un ataque por parte de Souko. La chica mantenía las pupilas dilatas, ensombrecidas. Su cuerpo estaba ansioso por derrotar a ese chino roba hogares.

Con el grito del señor Kondo, ambos se embistieron evitando un golpe del otro. Los movimientos agiles de Kanaye y las estocadas de parte de Souko hicieron del combate muy interesante. Ambos derrochaban habilidades extraordinarias para sus cortas vidas. Los gritos de apoyo de Mitsuba y los alaridos del resto de mocosos no permitían que se sintiera la verdadera tensión entre ambos. Parecía un combate entre dos amigos, aunque no se podía estar más equivocado. Souko estaba desesperada por noquearlo y lanzarlo contra el piso, no soportaba ser la segunda en nada y no se lo permitiría a ese idiota.

El combate se extendió, con grandes ataques, golpes de puño, patadas dolorosas y miradas fulminantes. Pero algo estaba ocurriendo en la cabeza de uno de los dos que provocaba un cortocircuito en sus neuronas.

Al terminar de lanzar un puño, pudo sentir como el movimiento ágil de Souko lo esquivaba para poder impactar su bakuto contra su estómago terminando de caer sobre el piso pulido del dojo. Dejando un silencio impactante, y es que nadie podía creer lo que sus ojos veían, Okita Souko se proclamaba como la ganadora de esa contienda.

― ¡La ganadora es Souko!―grito orgulloso el padre de Isao consiguiendo los aplausos y ovaciones de todos los espectadores.

― Muy bien Sou-chan!― felicito su hermana desde su puesto mientras, a su lado, Hijikata y Kondo observaban la escena con mucha desconfianza. Algo no cuadraba y comenzaban a entender que era.

― Mierda―insulto el chico levantándose. Se sobo la cabeza girándola en dirección de Mitsuba― ¡Ahora podemos comer!―sin importarle la pelea o los resultados decidió ir a comer sus sagrados alimentos, pero la mano de su contrincante lo detuvo en seco― ¿Qué pasa?― pregunto.

´´ ¿QUÉ PASA?´´ se dijo a si misma como si de un mal chiste se tratara. Estaba al tanto, ella no había ganado, ese bastardo hizo uso de sus habilidades para hacer trampa. La había humillado. Romperle el cuello era lo que menos quería hacerle.

Guio su vista a los ojos azules de su compañero dejándole bien en claro que esto no quedaría así.

― La próxima vez que me dejes ganar, te matare―

Confianza.

Los años habían pasado, Kanaye ya tenía diecisiete años y pertenecía junto al resto de compañeros al cuartel del Shinsegumi. Era un miembro de suma importancia, el capitán del segundo escuadrón del Shinsegumi. Estaba a cargo de un grupo de quince oficiales de la policía. La mayoría apenas y los conoció desde hace unos años. Okita Souko no hacia trabajos junto a él, ella conformaba el primer escuadrón, un título que la lleno de arrogancia y superioridad. Por una vez en su vida se sentía mejor que él.

Aunque hablando en temas de pelea, sus conflictos siempre se desarrollaban en cuanto se veían. Un insulto, una patada o incluso una mirada en la dirección del otro generaban un pleito que terminaba con la destrucción de todo el espacio que los rodeaba.

Souko había mejorado mucho en los combates, su fuerza y destreza la posiciono en el podio de los mejores espadachines del renombrado Shinsegumi. Los combates contra Kanaye fueron escalando y desde hace unos años compartían un empate. Ninguno podía superar al otro. Tal vez se deba a la falta de ejercitación por parte de Kanaye y al exceso de entrenamiento por parte de Souko, ¿Quién sabe? Lo único de lo que se podía estar seguro era del buen genio que tenía la castaña al saber que ya no estaría por debajo de él.

En parte eso alegraba al pelirrojo, quien no estaba interesado en que interrumpan su comida o sus sueños de belleza por la irritación de una mocosa púbera como ella.

Sus conflictos menguaban en ciertos aspectos, aunque siempre perduraría el mal genio de ambos y lo explosivos que podían ser al estar cerca.

― ¿Se puede saber qué es lo que te hace tanta gracia, chino?― pero ahí estaban, peleando nuevamente por una estupidez sin sentido.

Al ser miembro del Shinsegumi y ocupar el puesto de capitana del primer escuadrón debería dejarla conforme, pero no era así. Tenía el respeto de Kondo, sí, pero su confianza…

― Es que no entiendo para que quieras saberlo―se mofo de su curiosidad.

Realmente, nadie comprendería a Souko. La chica había descubierto como en más de una ocasión su comandante y principal foco de admiración, Kondo Isao, entregaba sus secretos más pudorosos a ese chino estúpido antes que a ella. La estaban dejando de lado y, no solo eso, confiaban mucho más en el extraño que tenía allí adelante.

― Solo responde, chino― sacando la lengua en señal de rechazo dio pie a un combate entre ambos.

Recordar la razón por la que su superior lo llamaba era vergonzoso, esa sádica debiera dar las gracias que no destruía la buena imagen que tenia de su superior.

´´ ¿Qué hago Kanaye -kun?´´ le había sollozado en un momento de copas ´´las mujeres no paran de rechazarme, mi cu** es tan peludo que…´´ Los lamentos, sumados al alcohol ahuyentaban a todos los clientes que compartían mesa cerca de su ubicación. Eran temas tan personales que el mismísimo Kondo sentía pudor de contárselo a Okita Souko, la chica era como una hermanita para él.

― Sádica―llamo sacándola de su nube de ira―deberías agradecerme, los secretos de gori son traumantes―

Celos.

Hasta el momento Kanaye era quien le arrebataba todo lo que amaba realmente: su hermana, su posición y la confianza de Kondo. El muy bastardo era en equidad, igual a Hijikata quien hace algunos años había contraído nupcias con su hermana.

Siempre odio a ese chino, ladrón de lo más valioso para él, pero ahora…

Ahora lo odiaba por hacerlo sentir esos celos infrahumanos que la carcomían completamente.

Hace algunos días habían conocido a Sakata Ginko y Shinpachi Shimura, ambos miembros de la Yorozuya. La líder de los FreeLancer era en extrema vaga y adicta a los dulces, tenía carisma y una personalidad única, no podía negarlo. Pero inconscientemente se estaba robando la total atención de Kanaye.

Ese chino acortaba sus combates y evitaba extender sus riñas para terminar su trabajo lo más pronto posible e ir a pasar el rato con la Yorozuya. La ignoraba e incluso rechazaba sus intentos por mantener un combate como en los viejos tiempos, algo que jamás hubiera pasado.

―esto sabe a mierda―

Los intentos fallidos de Souko por buscar la atención del pelirrojo eran constantes, en últimas instancias apelaba a la razón y terminaba hurtando su dulce preferido para poder fastidiarlo. Incluso había llegado a interrumpir sus dulces nueve horas de sueño de belleza.

― ¡dámelo sádica!―funcionaba bastante bien, su atención volvía a ella y dejaba de lado a esa mujer de cabellera plateada.

Lo tenía donde quería, observándola, tocándola, siguiéndola… pero como si de un castigo se tratase, la voz de Ginko se escuchó a lo lejos seguida de Shinpachi. Rápidamente Kanaye dejo de darle importancia a su adorado dulce e insistió en perseguir a esa mujer.

Cegada por los celos y consumida por la rabia que le provocaba ese sentimiento lo arrastro por la fuerza hasta un callejón sin salida.

Sin importarle lo que pensara de ella, abrió su Qipao de repente dejando ver parte de su pecho trabajado. Kanaye se exalto ante ese exabrupto y en vez de sacarla de encima se sonrojo como un tomate no sabiendo que hacer exactamente.

Con una sonrisa ladina, la chica se felicitó a ella misma. No entendía las causas de esos celos desmesurados, pero nunca permitió que Kanaye se acercara demasiado a una mujer que no fuera su hermana o ella misma. Esto le permitía saber que tan puro era y las causas de sus sonrojos, el pobre no estaba acostumbrado a ser asediado de esta manera.

― ¿Qué mierda haces, sádica?―pregunto con nerviosismo mientras intentaba buscar espacio donde no habia.

― Chino―le susurro con cautela atendiendo de igual forma la posibilidad de que alguien pudiera verlo en tal posición―nunca se te ocurra…―presiono sus labios contra su cuello dejando marca visible en su pálida piel―…mirar a alguien que no sea yo― alejándose unos centímetros de él pudo vislumbrar como las rodillas de este flaqueaban y comenzaba a desmoronarse. Esa pureza que tenía y que lo volvía tan adorable se la terminaría sacando ella, nadie más que ella.

Dejándolo mudo en su lugar sin dejar que reaccionara de aquello que había ocurrido, y es que prácticamente, Souko se había confesado ante él. Aunque era capaz de apostar hasta su puesto que ese chino ignorante no comprendería tal situación.

Por lo menos lo había marcado como parte de su propiedad.

― ¡Hola, Souchi!―saludo la shiroyasha en cuanto la cruzo saliendo del callejón.

― Es Souko, jefa―aclaro sin detenerse.

― ¿Sabes dónde está Kanaye? Tengo unas cosa que quisiera hablar con el―

― Ocupado, tratando de enfriar la marca de propiedad impresa en su piel― el pudor es algo que no tenía y mucho menos cuando se trataba de Kanaye.

Ginko se percató de los celos excesivos de la chica, estaba hecho un manojo de nervios por culpa del pelirrojo.

― ¿De enserio?― murmuro por lo bajo― me pregunto si podrá tener dos marcas de propiedad―comento burlándose de ella.

― Sí, puede―acepto tranquila― lástima que sean solo por parte de su dueña―

Confesión.

―Sádica―llamo el pelirrojo desde lejos en medio de la primera nevada del año.

― ¿Qué quieres, chino?―se detuvo en su andar, estaba preparada para seguir con su labor cuando ese inepto capitán de la segunda división del Shinsegumi comenzaba a detenerla.

― Bueno, sad… Souko―trato de arreglarlo al ver la mala cara que le hacia su, hace semanas, novia― ¡vete a la mierda sádica!, ¡tú me dijiste chino!―recordó el apodo peyorativo que usaba muy comunmente.

― Ya, chino. Es parte de nosotros supongo―acepto después de hacer el intento por llamarse por el nombre. Sonaba tan cursi decirle ´´Kanaye´´ que prefería seguir como hasta la fecha. ― ¿Qué es lo que querías?―pregunto directa.

Kanaye estaba nervioso, más de lo común. Pronto seria navidad y para sus veintitrés años sus amigos y allegados le indicaron que ya era momento de sentar cabeza. Cuatro años de relación era mucho tiempo, un compromiso, una boda y pequeños retoños rondando por el Shinsegumi era lo que más esperaban sus compañeros de trabajo. Pero todo sonaba tan simple que Kanaye no podía comprender porque estaba sudando en esos momentos.

― Nos… nos pidieron vigilar la zona céntrica― respondió apenado.

Todo era un plan maestro por parte de Kondo, el matrimonio Hijikata y la Yorozuya. Supuestamente debiera llevarla hasta el gran árbol del centro y allí pedirle matrimonio.

Caminaron hasta el lugar del gran árbol navideño que adornaba el centro de la ciudad, las tiendas lo rodeaban convirtiendo esas calles en un movimiento fluido de transeúntes que iban y venían de un lugar a otro.

Souko lo inspecciono momentáneamente, de pies a cabeza buscando algo que le llamara la atención, se veía raro, distante. No fue mucho tiempo el que necesito para esclarecer sus dudas, estaba nervioso como si intentara decir algún secreto. Su mano dentro de su chaqueta presionaba un objeto de un material duro ¿Una caja quizás? La mujer a su lado comenzó a dudar de su conclusión, pero decidió soltarla para molestar al chino y que este comienza una conversación en esa noche fría de invierno.

― ¿Me vas a pedir matrimonio?― soltó sin tapujos esperando una reacción del hombre.

Como si lo hubiera adivinado, Kanaye salto asustado por la pregunto de su novia.

― ¿Qué? ¿Cómo lo…?―cerro su boca dándose cuenta que quedaría al descubierto―claro que no― aseguro rápido consumido por la vergüenza.

A Souko le pareció interesante su reacción, incluso sentía que en segundos lo vería arrodillado, como el perro que era, en medio de la calle implorando por su mano.

― ¿Seguro? Estas muy nervioso― volvió a cuestionarlo con sorna.

― ¡Jamás te pediría eso, sádica!― grito apenado intentando sacarla de sus dudas.

Para Souko era obvio que mentía pero, para su desgracia, el tiempo paso volando y su próxima misión empezaría dentro de muy poco.

― Ya van a ser las doce, tengo una misión a primera hora― comento despidiéndose con la mano en un vaivén.

Kanaye se desesperó, eso no era parte del plan. El chino debiera estar arrodillado ahí mismo pidiendo su mano, pero eso sonaba salido de una novela barata que prefería usar otros métodos más eficientes, más de ellos.

― Espera…―jalo de ella con fuerza buscando alargar un poco más de tiempo para soltar su propuesta―no te voy a pedir matrimonio…― ´´maldición´´ se dijo a sí mismo. No era un estúpido tsundere, pero no podía ser verdaderamente sincero con la mujer que amaba, principalmente por la relación de rivalidad que los unió en primera instancia―pero quiero verte vieja― soltó como todo un estúpido dejando en estupor a la mismísima capitana del primer escuadrón del Shinsegumi.

― ¿Qué?― la mujer no sabía si tomar esas palabras como un insulto o una propuesta indirecta.

― Quiero que estés a mi lado hasta que te vuelvas vieja, arrugada y fea― soltó rápido mientras los colores teñían su pálida piel―y que tengamos hijos muy lindos, gracias a los genes de su hermoso papi― siguió hablando impartiendo un poco de su narcisismo, confiando en la belleza que sus genes aportarían a la descendencia de ambos ―y… que nunca tengas la posibilidad de alejarte de tu amo, Souko―

Sonaba a un mal plan, era más que seguro que ninguna mujer aceptaría una propuesta así, pero Souko lo conocía tan bien que sabía lo que decía entre líneas. Kanaye no estaba acostumbrado a decir su nombre, a menos que sea en la intimidad, en un momento de vulnerabilidad donde exponía sus sentimientos sin bromas o juegos de por medio.

― ¿Eres idiota? Prácticamente me pediste matrimonio― dijo directa ante sus palabras.

― Te dije que no…― trato de negarlo, como todo tsundere lo haría.

― Shhhh― lo silencio, era lo más romántico que ese chino inútil podría llegar a decir. No esperaba palabras más tiernas que esas, de lo contrario ella misma terminaría vomitando por el exceso de dulzura―está bien, me casare contigo, Kanaye―

Sus palabras iban cargadas de aceptación, sellando un compromiso mutuo entre ellos.

― Sádica…― roso su rostro con cuidado al momento que sentía como se calentaban por el sonrojo leve que sus palabras le habían provocado a su novia.

Souko odiaba a Kanaye, tantos recuerdos de su pasado y presente le traían ese sentimiento de odio, pero había cinco momentos principales donde su sentir escalaba los puntos más altos. Este en especial era el peor de todos aquellos momentos. Sus palabras, insulsas, la dejaron vulnerable ante sus ojos. Odiaba verse así ante su rival número uno, lo odiaba a él, aunque muchas veces se encontraba amándolo…

― Acepto, porque yo también te odio y quiero que vivas un infierno a mi lado―