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Sumisión
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Okikagu Week 2018
Día 8: Celos
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Okita Sougo era un sádico de primera, amaba torturar a sus víctimas y ver en sus facciones el terror grabado en sus ojos. La sangre era un bono extra en su día a día. Estaba acostumbrado a proteger lo que él consideraba que debía ser protegido, aun si no tenía una orden para ello.
Su rutina consistía en arrestar, asesinar y castigar a quien este por fuera de la ley, todos estarían de acuerdo en que era un sádico de primera.
Contra la pared sintiendo la lengua de su compañera rosar su abdomen, llegando a su cuello, marcando y devorando todo a su paso. Lo aprisiono aún más contra la pared buscando que no escapara, que se mantenga alejado de la puerta, única vía de escape que podría llegar a tener.
El no quedaría sin hacer nada. Tomo su cintura y la alejo de su cuerpo mientras intentaba sacarse la camisa y corbata, antes de que ella lo detenga y lo estampe contra el piso tomando total control de la situación. Apoyo su pierna sobre el brazo derecho para inmovilizarlo, mientras una de sus manos estaba libre para sujetar su brazo izquierdo, desde la muñeca. Sentía su pulso acelerarse al momento que ella trazaba la línea de sus músculos al paso en que dejaba besos y mordidas entre su ropa.
Ella le arrebato su espada, aún guardada en su saya, para desenvainarla con agilidad. Paso la lengua por el filo de la hoja excitándolo de sobremanera. Dándole una última vista a sus pupilas dilatadas, la mujer, dio un ágil movimiento para cortar la ropa del hombre que tenía a su merced. Su torso bien trabajado apareció ante sus ojos, deleitándola. Se saboreó el hilo de sangre que quedo en la hoja filosa de su katana. No había sido un corte profundo, sino más bien superficial, ¡ah, pero como le excitaba verlo asi!
―Sougo―la voz de su comandante lo detuvo en plena caminata a su habitación. El último trabajo había sido bastante pesado y ameritaba darse una ducha urgente―en una hora necesito que realices un trabajo de suma importancia―apenas eran las siete de la tarde, no había tocado su cálida cama y ya tenía un trabajo nuevo. ―te esperare en el dojo para darte los detalles―
―entendido―acepto con cansancio. Los detalles se los darían más tarde, era costumbre aquello.
Camino por los pasillos de la base y se adentró a las duchas buscando un poco de calma. Se desvistió rosando las marcas que su piel portaba. Algunas eran marcas de guerra, peleas innumerables que había tenido en el pasado. Con sus, tan solo veinte años, Okita Sougo conocía muy bien los campos de batalla. Se podría decir que estaba acostumbrado a ver su katana manchada de sangre. Pero… las marcas más llamativas que lo arrastraban a sus recuerdos del pasado eran esas dejadas por una mujer de hermosa figura y carácter dominante.
―suéltame― había logrado decir el hombre al sentir que no tenía absoluta libertad para moverse.
Sus manos ansiaban tocarla, sus labios esperaban marcarla y su pelvis atravesar sus húmedas paredes. Ya no se sentía tan conforme de esa forma, solo ella se divertiría.
―no―le susurro en su oído liberando un suspiro excitante y caliente que erizo su piel―Sougo, pídeme perdón―reclamo con ímpetu mientras cabalgaba lenta y pausadamente sobre su erección, aun, atrapada dentro de sus pantalones.
El joven de ojos color carmín mantenía su boca abierta buscando calmar su desesperación. El sudor de su cuerpo se deslizaba con cautela mientras declaraba lo excitado que estaba con todo aquello.
―no tengo nada… que pedirte―hablo por fin.
Esa era una respuesta que no cayó bien para su interlocutora. La chica sobre él volvió su mano libre al cinturón de este. Lo arranco de su pantalón sin dejar de ver sus ojos directamente.
― ¿seguro?―pregunto divertida―no sabes cuánto te arrepentirás, sádico―suspiro cerca de sus labios.
Secando su cabello con una toalla, saco su bata para volver a colocarse el uniforme, aunque esta vez uno limpio. Agradecía tener varios, la mayoría se iban rompiendo culpa de los trabajos extremos. Aunque también existían otras causas.
Camino preparado para comenzar con su labor. Kondo Isao, lo esperaba en yukata mientras entrenaba arduamente junto a Hijikata. Sougo se apoyó en la entrada, llevaba la camisa arremangada y su chaleco típico. La chaqueta la había dejado en su cuarto, hacia calor esa noche.
―hoy tendrás una misión de vigilancia―hablo tranquilo su comandante mientras seguía en pleno combate contra Hijikata― ¿te acuerdas de la señorita Kirie?―pregunto al momento de esquivar un ataque de su compañero―solicito un escolta. Al parecer quiere compañía para restablecer su antiguo hogar y… ―un ataque de Hijikata casi le costó su equilibrio pero consiguió mantenerse en pie por un buen rato hasta que el sonido de la alarma detuvo su combate dejándolos en un claro empate―mejoraste, Toshi―felicito para volver su atención a sougo.
―supongo que querrá que sea yo quien la escolte―estaba comprendiendo la situacion.
―claro que no, Sougo― negó con cuidado―la señorita Kirie es quien pidió expresamente que la escoltes―el de ojos color rojizo se sorprendió, esa chica lo odiaba, por lo que tenía entendido ―a decir verdad, la Yorozuya también la acompañara―sonrió cómplice― cumple tu deber y tendrás el día libre a partir de mañana―
Sougo acepto ese trato mientras escuchaba las quejas de Hijikata por malcriar al último de los Okita.
Camino rumbo a su cita, debía llegar pronto. Al parecer esa chica Kirie quien, en años anteriores, había salvado tenía miedo de una represalia por reconstruir el antiguo hogar de su amado padre. Saber que estaba involucrado en temas bastante complejos la preocupaba bastante.
Agradecía que la Yorozuya lo acompañara, no quería trabajar solo en tal reconstrucción. Pero al mismo tiempo estaba en contra de su participación.
Ver unas hebras rojizas a lo lejos hondeando en el viento le trajo la posibilidad de terminar mal esa noche, a pesar de que muy en su interior deseaba verla enojada.
Amarro sus manos con su cinturón. Apretó fuerte provocándole dolor, Sougo no tardo en quejarse pero ella lo ignoro rotundamente.
―aun no escucho las disculpas que me debes, sádico―hablo ronca, acercando sus labios al pecho de él.
El castaño forcejeo tratando de librarse de la atadura, obteniendo una sonrisa de superioridad por parte de Kagura. Su estúpida amante no paraba de sonreírle con mofa al ver que no podría librarse de esto.
―china, ya te dije que no pienso disculparme―dijo cerrando el asunto.
Ella sonrió ampliamente mostrando un pedazo de tela blanca, era la corbata de Sougo, una prenda importante en el uniforme del Shinsegumi.
―sabes que hoy te portaste mal conmigo―beso su mejilla relamiéndose los labios―sádico, con una simple disculpa podrías evitar todo esto―sonrió sarcástica―pero si no quieres, tendré que castigarte―con tranquilidad uso la corbata para cubrir los ojos de su amante y comenzar con la tortura.
―china, sácame…―gimió con desesperación al sentir un líquido espeso caer por sobre su abdomen.
Kagura estaba disfrutando de la vista, ¡como amaba verlo desesperado!
―tengo hambre, Sougo―lamio el lóbulo de su oreja―me siento feliz de encontrar helado―rio por lo bajo mientras lo veía forcejear―no te preocupes―susurro erótica―lo comeré todo―antes de que se quejara, pudo sentir como bajaba por su pecho, deslizando su lengua por su piel marcando un recorrido de delicioso helado derretido.
Sougo no podía hacer más que suspirar excitado.
Esa estúpida se estaba pasando.
Realmente no debería estar disfrutando de aquello.
Llegando al antiguo hogar de Kirie, la Yorozuya se dispersó por todo el terreno buscando como arreglar esa casa abandonada.
―disculpe, Okita-san―pidió Kirie al momento de ingresar―le agradezco por todo―Sougo sabía que ese agradecimiento no era por su actual labor, sino del trabajo que hizo hace dos años.
―no sé de qué hablas―negó rápido con la mirada perdida en la nada. Ella levanto la mirada del piso para dirigírsela a él―no deberías estancarte en el pasado―comento tranquilo―no olvidar es distinto a permanecer en el pasado― sus palabras salieron sin saber porque.
A Sougo le podía importar menos las gracias de quienes había protegido en el pasado. Las palabras no decían tanto como las acciones, y antes de andar recibiendo alabanzas prefería verlos avanzar sin mirar atrás. Era sádico, sí, pero no sentía placer por ver el dolor de personas que no podrían defenderse. Prefería ver como agonizaba un bastardo, un maldito asesino en manos de la hoja de su katana, verlo rogar por piedad mientras se desangra con facilidad.
―sí, Okita-san―respondió apenada tomando su mano para buscar una manera de decir ese secreto guardado que llevaba consigo―le debo mucho―su rostro estaba rojo de la vergüenza.
Intentaba decir las palabras más obvias, pero el castaño la dejo hablar. Si hubiese sido en otro momento la rechazaría rápidamente, pero sentir la mirada penetrante de Kagura lo divirtió.
Sougo tenía un pequeño secreto, él amaba ver a Kagura siendo celosa. Le gustaba acorralarla con los celos, sacar su más perversa faceta posesiva que demostrara que ella era de él y él de ella. Verla furiosa, porque lo tocaran, porque lo miraban con lujuria o simplemente porque tenían una simple fantasía con él, la volvía demasiado posesiva. El capitán de la primera división del Shinsegumi aprovechaba ese detalle al máximo. Prácticamente, era el quien manejaba los celos de ella, dejaba que confesiones como aquella escalen más alto para colmar la paciencia de Kagura y ver nuevamente su deseo ardiente por él. Pero claro, aquello tenia consecuencias.
―sádico, necesito ayuda―dijo irritada. Estaba claro que no tenía la intención de ocultar sus celos.
Sougo asintió con una sonrisa burlona a lo que ella sin esperar a que llegue a su lado lo tomo de su brazo y lo arrastro lejos de Kirie, no sin antes dirigirle una mirada de advertencia a esta. Si, habían sido compañeras de equipo dos años atrás y realmente la estimaba, pero no soportaba ver que nadie intentara sacarle lo que era de ella.
― ¿ocurre algo china?―pregunto divertido.
A Kagura casi le da un ataque de ira al escucharlo tan divertido. Esa noche trabajarían bastante en el hogar de esa chica, Gin y Shinpachi no volverían hasta bien tarde en la mañana. La Yorozuya estaba cerca, lista para ser un buen lugar para una noche de tortura.
No supo cómo, pero lo había arrastrado hasta el lugar de trabajo de esa china. Como pudo lo había seducido, acorralado y amordazado.
Ahora se encontraba en una especie de juego sexual del que no estaba seguro si deseaba detener.
Sacando toda tela que pueda molestarla, a excepción de su bóxer, siguió besando el cuerpo de Sougo que seguía sumido en una bruma erótica de la que le costaba salir. Realmente no podía aceptar estar a merced de esa estúpida china.
―Sougo―dijo cantarinamente― ¿te disculparas?―ronroneo mientras pasaba sus uñas por su pecho como si de un felino se tratara.
―china…―susurro casi inaudible. Su boca estaba seca y sus gemidos no paraban de salir―vete a la mierda― se sentía exhausto, lo único que quería era entrar en ella, pero no podía permitir dejarse en evidencia tan fácilmente.
―veo que estas muy insistente en negarte, Sougo―murmuro ronca contra su cuello.
Sintió su peso perderse de su pecho, ya no tenía el tacto de su piel contra la suya. Estaba exhausto, cansado, quería que lo soltara, quería participar al igual que ella. Pero algo dentro suyo le decía que todo aquello lo excitaba. Sougo no podía aceptar ser un sumiso, al menos no en voz alta y delante de ella.
― ¿Kagura…?―llamo el hombre. El silencio lo torturaba cada vez más.
―acá estoy―toco su pecho trazándolo a lo largo con la uña de su dedo índice―solo buscaba algo para nuestra diversión―sus dedos subieron hasta la corbata de Sougo rosando la tela, provocando impaciencia en su amante―creo que te interesara―
Con cuidado destenso la atadura de su corbata. Sougo movió su cabeza con insistencia para poder ver algo, librándose de ese obstáculo en su visión. Se veía acalorado y excitado, como era de costumbre cada vez que ella lo sometía a su merced.
Ver sus labios rosados curvándose con un magnifico sadismo, con su cabello suelto dejando que sus hebras rojizas caigan por sobre su hombro con delicadeza. Su piel, con gotas de sudor resbalando con parsimonia, y sus ojos dilatados por el placer que obtendrían esa noche. Sougo estaba impaciente, quería que ella hiciera algo, que le demostrara lo que había aprendido y es que… mierda, no podía seguir negándolo, amaba verla tomando el control, sometiéndolo, provocándole el placer mas exquisito que pudiera sentir.
Pero también estaba que ella era Kagura y esa mocosa no era comun.
Sacando un objeto alargado de color violeta, la pelirroja acabo con la magia del momento.
― ¿Qué mierda crees qué haces con eso?―pregunto aterrado al verla con un consolador.
― ¿Qué tiene?―pregunto inocente― ¿no te gusta? Mira, hasta se mueve―dijo burlona mientras activaba el susodicho objeto.
A Sougo le entro el pánico al ver eso, esta bien que amaba a su novia, que se tentaba más cada vez que lo sometía, pero eso era otro nivel.
― ¡china, tira eso a la mierda!―le grito con pánico en la cara. Esa chica debía estar jugando.
― ¿Por qué? Aun no lo pruebas sádico―rio sádica mientras un escalofrío recorría su piel.
― ¡ni se te ocurra maldita perra!―le grito mientras de un fuerte movimiento lleno de angustia y pavor se libró de su atadura rompiendo el cinturón.
Con nervios tomo esa basura de sus manos y lo lanzo lejos de allí. Seguramente habría terminado en la boca de algún animalejo que estuviera rondando por el lugar o, de lo contrario estaría, para la mala suerte de Gin, frente a la puerta del bar de Otose.
Sougo se dio vuelta para encararla y demostrarle que ella debía tener límites para sus juegos maritales cuando sintió un balde de agua helada.
― ¿qué rayos te ocurre…?―grito al sentir los cubos de hielos sobre su piel desnuda.
Kagura se agacho lamiendo esos trozos de hielo. Su lengua caliente mezclada con el frio del agua en descongelación lo excitó demasiado.
―no me gusta…―comenzó a hablar mientras acercaba su lengua cada vez más cerca del cuello de su amado hombre― que te toquen―tiro su Qipao y libero sus pechos de su brasier. Acerco boca a la de él e incoó sus dientes en su labio inferior dejando caer gotitas de sangre― eres un idiota, lo estás disfrutando―hablo ronca―y yo estoy furiosa porque otra chica te toco―lamio y mordió su cuello mientras friccionaba su cuerpo calentando las zonas frías por el hielo.
―Kagura…―su voz quebrada por el deseo alertaba a los oídos sensibles de Kagura que ya casi estaba al límite.
Sin dejarlo hablar, deslizo sus dedos dentro de su bóxer presionando un trozo de hielo contra él. Sougo no pudo evitar arquear su espalda al sentir tremendo placer.
― ¿te duele?―pregunto divertida. Sougo le dedico una mirada seria llena de urgencias― discúlpate, y te ayudare con esto―
Kagura realmente había jugado muy bien sus cartas, no le estaba dejando muchas opciones de juego. Quería, realmente acabar con esa tortura.
Tragando lo que posiblemente fuese su orgullo, murmuro un leve: ´´lo siento´´. Kagura acepto su intento de disculpa, no estaba en condiciones para reclamar mucho más. Debía ayudarlo y de paso, ayudarse a sí misma.
―Sougo, ni se te ocurra volver a dejar que te toquen―mordió su cuello de manera posesiva dejando una marca visible en él.
Volviendo a quedar sobre todo su cuerpo, acabo dejándolo entrar dentro de ella para ver como él se esforzaba por no emitir sonidos lascivos por toda la habitación.
Sin moverse aun término acercando sus labios a su canal auditivo para darle la última advertencia, aquello era la regla de oro que él debía respetar o de lo contrario tendría consecuencias.
―recuerda siempre… que tú eres mío, sádico―
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Aclaraciones Importantes:
Los fics de:
Día 1: Okita Yandere
Día 2: Boda
Día 3: Vida de Casados
Día 4: Cortesana/ Yoshiwara
Día 6: Hermano Mayor
Día 7: Gender Bender
Tendrán continuación más adelante. Estos seis fics fueron creados (hace mucho) con la idea de volverlos long fics XD No será pronto pero me gustaría hacerlos.
Por otro lado el fic de ´´Celos´´ (Día 8) fue pensado como OneShot, así que está finalizado, prácticamente.
Y el Día 5 (Reencarnación) es una idea que tome apresurada al ver que no podía terminar de desarrollar mi idea principal para ese día, así que tome medidas drásticas. Es con el único con el que no me siento conforme XD Pero la idea principal para Reencarnación la desarrollare en un futuro.
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Agradecimientos:
Gracias a tamago to gohan-aru/ tamagito, por haberme ayudado con algunas ideas dispersas que tenía en ciertas escenas, así mismo por darme la oportunidad de utilizar a su OC, Ayumi.
También a Frany Fanny Tsuki, que me recordó una hermosa canción de Vocaloid (La sirenita) que sirvió para concentrarme cuando no podía XD.
Y a todos los que me leyeron hasta acá, realmente se los agradezco muchísimo.
Lamento mucho el Hiatus, pero los parciales se acercan y no puedo concentrarme con tantas fotocopias, tal vez no hubiera sido tanto problema si no hubiésemos tenido un paro tan largo, ahora estamos apurados para llegar a las fechas previstas.
Sin mucho más que decir me despido.
Nos leeremos
¡Bye!
