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Capítulo 7
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Fue completamente inesperado esa aparición. Solamente vio la red encima del dragón y supo que las esperanzas para salvar a Astrid estaban extinguiéndose poco a poco. No entendía cómo es que Viggo había parecido allí.
Maldición estaba tan cerca de obtener la cura y ese idiota aparecía.
Miró a Astrid de nuevo con lástima, su vitalidad desaparecía a casa segundo.
Los jinetes también voltearon, todos estaban sorprendidos por la tremenda irrupción que había hecho el máximo cazador de dragones que hasta ese momento habían conocido.
Mientras tanto los mercenarios se iban acercando triunfantes, sentían que habían ganado el máximo de los trofeos, en especial el líder de ellos.
—¡Viggo! —le reclamó Hiccup, por atentar contra la vida de mujer que amaba
Rápidamente los cazadores rodearon al gran dragón que ahora yacía inmóvil por la red a la que había sido sometido
—Hola, Hiccup. –saludó con cinismo. —Muchas gracias por este obsequio. Me siento fatal que no puedas usarlo para ayudar a tu amiguita.
Un duelo visual se llevó a cabo con ellos. Snotlout y el hijo del jefe retrocedieron unos pasos hasta que sus dragones se colocaron detrás de ellos.
Sin perderlos la vista se montaron en sus compañeros para intentar defenderse, claro, sin lastimar al dragón.
—¿Pero cómo?
No hay rastros de esta isla por ninguna parte, ¿cómo la encontró? — se cuestionó Fishlegs
Mientras tanto Hiccup sólo trataba de pensar lo más rápido posible para ayudar a Astrid, debía idear un plan eficiente y tajante en el que todos salieran victoriosos; pues cada segundo que pasaba, ella se ponía más mal.
—Hagamos que valga la pena. —le susurro a Toothless para que alzará bueno y tuviera una mejor distancia para disparar.
Varios ataques de plasma y fuego los asustaron un poco, pero ellos se iban preparados.
Fishlegs se quedó cuidando a Astrid mientras que el resto de los jinetes trató de liberar al Buffalord, pero rápidamente se vieron afectados por los dardos y demás ataques que los cazadores les dieron.
Cuando el Cremallerus y los gemelos cayeron Hiccup empezó a consierar la idea de que tal vez no ganaría esa batalla.
—¡No tienes idea de lo que estás haciendo! –le advirtió con dolor. En su corazón no había más que dolor e impotencia ante la inminente posibilidad de que Astrid se pudiera morir.
—Pues no coincido, este dragón es extremadamente único. –alardeó de su magnifico plan que llevaba días ejecutando. —Su piel me hará rico. –explicó calmadamente. — Debiste dejar las cosas como estaban. –era hora de presumir su gran hazaña, y no sólo de eso, de superar a su máximo oponente. —Mi barco pesquero no era un lugar para ti ni ninguno de tus jinetes
—¿Barco pesquero? –Hiccup se preguntó a sí mismo, eso significaba que todo había sido premeditado y planeado.
Era obvio, él los mantenían vigilados, sabía sus movimientos, sabía cuáles eran sus cuadrantes de búsqueda y protección. Él era mucho mejor de lo que creyó, y había optado por la peor de las maneras para demostrarlo.
El cazador ya lo había vencido antes, pero el ojo del dragón no era comparado con la posibilidad de perder a Astrid.
— Es simple querido amigo. Oferta y demanda. Sabía cómo generar la oferta si podía generar la demanda. –explicó de una vez por todas, abriendo el entendimiento de Hiccup y compañía, ante lo que los jinetes se asustaron, ¿en serio había enfermado a Astrid a propósito?
—¡Eres un monstruo! –le gritoneó Fishlegs.
—Monstro no, hombre audaz para los negocios, tal vez. –concluyó serenamente.
Snotlout sugirió acabar con él, Hiccup le dio la orden a Toothless de que hiciera lo suyo, pero cuando estaba por hacerlo Viggo dio la orden de que mataran al dragón, Ryker obedeció y de inmediato preparó su filosa arma sobre la cabeza del reptil.
—¡No! –exclamó asustado, pues ya no habría tiempo de buscar otro dragón, debía.
— Pensaría dos veces antes de actuar. –provocó Viggo por última vez.
— ¿Y tus negocios? –intentó persuadir el líder de los jinetes, pero no lo logró, Viggo iba preparado para eso más.
—Negocio es negocio, esto es una pérdida que estoy dispuesto a sufrir. –simplificó como si no le importra, y la verdad es que no lo hacía, un dragón era un dragón… podía conseguir otro. —La pregunta es ¿y tú?
Ésa pregunta tocó la más remota de las fibras del corazón del muchacho enamorado. La respuesta la conocía, Viggo la conocía, todos en Berk la sabían a la perfección. No podía permitir que dañaran a Astrid ni al dragón, pero si debía ponerlos en una balanza, la respuesta era obvia.
Si tan sólo pudiera salvar a ambos… esa idea le dio otra vía de escape aun mejor. Tal vez comprometería brevemente su ideología, pero correría el riesgo.
Resopló, quizá era hora de una de las jugadas de Mazas y Garras "Clavada confusa", hacerle creer al contrincante que ganaba para que bajara la guardia.
Volteó a verla una vez más, y la respuesta estuvo clara en su mente y corazón, después de todo aún tenía último bajo la manga y era probable que funcionara, pero aún así no correría el riesgo.
— OK, tú ganas. Llévatela, llévate al dragón. Pero déjanos conseguir el antídoto para el azote. La saliva del Buffalord. No me iré sin ella, es una pérdida no estoy dispuesto a aceptar.
—No Hiccup... no se lo des... no por mí. —alcanzó a decir brevement, sin conocer que Hiccup había pensado en otra posibilidad. Bastó una señal del cazador para que dejaran de apuntar al dragón.
El castaño descendió con la furia nocturna, se acercan al colosal reptil, preparó un contenedor para que depositara la saliva, y finalmente, después de horas de incertidumbre, funcionó. El Buffalorf empezó a gotear la cura para la rubia
—Realmente extraño nuestro tiempo juntos, querido Hiccup. Mi hermano deja mucho que desear en el departamento de inteligencia. —el muchacho ni se inmutó a sus necias palaras. —No estés tan lúgubre, le quita toda la diversión. Lo que bien empieza bien acaba. —intentó molestar y azuzar, pero Hiccup no iba a caer en sus provocaciones, él tenía establecida tu prioridad.
Una vez que terminó, le dio una última mirada de odio al cazador para después acercarse con extrema lentitud a la rubia, y le extendió el tarro que contenía la saliva.
Con miedo a que su sueño se hiciera verdad el corazón. Le dio de beber l saliva, dándole apalabras de ánima para que no se preocupara por el dragón, después realizarían lo que fuera necesario para recuperarlo, pero en ese momento la prioridad era ella, por suerte, el miedo desapareció cuando el color rosado en las mejillas de la rubia regresó a su rostro.
-¡Funciona!
Empezó hablar y hasta sonrío. El antídoto había causado positivo en ella.
— Gracias a Thor. —agradeció y se alivió el castaño al ver que ella estaba bien.
Astrid levantó de la roca donde estaba recostada, y aunque se mareó un poco, se sujetó a Hiccup de nuevo. Agradeció con la mirada a todos los jinetes y finalmente llegó hasta Stormfly quien había estado al pendiente de ella. Un poco más alejados de ellos, el cazador veía alegre la respuesta. Su plan había dado resultado.
Había medido la voluntad de Hiccup.
Ahora sabía que había algo que él cuidaba más que los dragones: Astrid. Ese día había aprendido demasiado, celebraría a lo grande con ese dragón, y estaba seguro que él no rompería su promesa ni su código de honor.
—Temo que nuestra reunión debe terminar. Continuaremos esta contienda a su debido tiempo. –dio la espalda y se fue a empezar con los preparativos para marcharse de esa isla escondida por los mapas.
Los jinetes intentaron ir tras él, pero Hiccup los detuvo.
— No, deténganse. Aceptamos que podía irse de la isla con ese dragón, y es lo que vamos a hacer.
La rubia que seguía algo confundida por tanto mareo no comprendió a lo que se refería.
-¿Seguro, Hiccup? –preguntó Snotlout. –No volveremos a tenerlos tan cerca.
-Lo sé, pero… el propósito era ayudar a Astrid, sin importar el costo. –recordó mientas veía a Astrid, quien sólo le daba una mirada de agradecimiento.
-Se molestaron mucho, muchachos. Gracias.
-Desucuida, gracias a ti ahora haré caca que huela bien. Todos salimos ganando.
Los jinetes y dragones rieron ante la opinión de la chica.
-Además, ese dragón terminará escapando… no puede estar lejos de la isla. –siguió Tuff mientras se montaba a su dragón de nuevo.
La convaleciente intentó descifrar el sentido de esas palabras, pero fueron en vano porque Hiccup sólo le guiñó el ojo.
-¿Qué ocurrió? –le preguntó al castaño.
El hijo del jefe sólo le ayudó a que se subiera a Stormfly.
-Aun nada. Pero nadie se mete con lo que más me importa, Astrid. –sentenció Hiccup al terminar de empujarla para que se quedara cómoda en la silla de la dragona.
Por fin había terminado esa prueba, ahora sólo faltaba que el dragón hiciera lo que estaban seguros haría.
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Mientras tanto los cazadores tardaron un poco en encerrar al dragón, le pusieron las cadenas más fuertes que tenían y lo resguardaron bajo varias jaulas.
El barco se preparaba para zarpar mientras tanto Viggo estaba completamente feliz por la gran hazaña que había realizado
—Un poco decepcionante que no venga ese muchacho, pero bueno, es un hombre de palabra y eso es admirable. –comentó para su hermano mientras veían la isla a lo lejos, sin movimientos alarmantes lo que significaba que Hiccup, ni los jinetes, ni mucho menos los dragones se moverían.
Aún no terminaba de hablar cuando un estruendo debajo de sus pies se escuchó y retumbó por toda la fragata, justamente por donde estaba el dragón que recién había sido enjaulado.
Grandes explosiones empezaron a sentirse por todo el navío, mientras que el dragón no sólo aumentaba drásticamente en su tamaño, sino que también arrojaba el máximo de los ataques, destruyendo todo a su paso.
Viggo trataba de aferrarse a lo que quedaba de la proa de su barco, pero finalmente entendió que había sido burlado, y de la peor forma, de la peor de las jugadas, jaque mate perfecto que nunca vio venir.
-¡Hiccup!
Furioso, debía salvar lo que aún le quedaba.
-Liberen a la bestia.
Fue todo lo que puedo decir antes de que Ryker cortara la cadena por la que el Buffa seguía atado y movilizando todo el barco, quien cuando estuvo libre regresó pacíficamente a la planicie de la que se alimentaba.
Hiccup suspiró aliviado.
Su plan había funcionado, y mejor de lo que había creído.
Astrid lo miró sorprendida por su facilidad de pensamiento y estrategia.
-Bien, jinetes… hay que irnos.
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Notas de la autora:
Lamento haber tardado tanto en actualizar, espero que aún sigan esta historia.
Sé que en esta entrega prácticamente se describió todo el capítulo, pero no había mucho que agregar esta escena la verdad.
El próximo capítulo será el último.
Gracias por leer
**Amai do**
—Escribe con el corazón—
Publicado: 3 de enero de 2018
