Edad: 14 años
Afuera llovía como la mierda, a Zack no le gustaba la lluvia, antaño, eso significaba frío, ropa mojada y ruidos que lo dejaban sordo cada tanto. En la actualidad, las tormentas no tenían ninguna de esas cosas (bueno, salvo los truenos) pero eso no las hacía más agradables
— ¿Ya está listo? —Rachel volteó a mirarlo
—Como ya te dije, las últimas cinco veces, todavía le queda un poco al chocolate— porque para Zack, lo único que tenían de bueno los días de lluvia, era que preparaban chocolate caliente y se tumbaban en la cama a leer o ver una película. Gruñó, se acercó invadiendo su espacio personal
— ¿Y ahora? — apoyó el mentón en la cabeza de Rachel, algo que le costaba un poco menos desde hacía un tiempo, al cabo, había crecido unos cinco centímetros durante ese año
—No, ya está listo— colocó chocolate en las tazas, previamente medio llenas con leche
— ¡Por fin! — cuando quiso sacar una, la rubia se lo impidió — ¡Oye!
—La última vez te quemaste y tiraste la taza contra el muro, ahora no tengo más.
— ¡Fue su culpa! ¡Me quemó la boca y dolió como la mierda!
—Te la daré si me prometes que esperarás a que se enfríe un poco— este gruñó
—Trato.
—Aquí tienes, ten cuidado— apenas la tuvo en la mano, salió corriendo al cuarto
— ¡Quiero el rincón! — Rachel se preguntó por qué hacía eso, al cabo, a ella le gustaba dormir en la orilla.
Hacía un tiempo, habían logrado burlar a la policía para sacar la mayor cantidad posible de muebles que había en la antigua casa de Rachel, no eran demasiados, pero entre eso y lo que pudieron ahorrar con los trabajos a jornada del joven, el sitio era mucho más cómodo, hasta tenían un cuarto cada uno, aunque dormir juntos, especialmente durante el frío, se volvió un hábito. Cuando entró, Zack empezó a golpear el espacio libre repetidas veces, como si llamara a una mascota
— ¿Por qué mierda eres tan putamente lenta? — le recordó a un niño berrinchudo
—Más bien, tú vas corriendo a todas partes— se acurrucó en ese espacio restante, tomó un libro que había sobre el velador: "Horacio Quiroga, obras completas" al mayor le gustaba mucho ese autor, no solo por las temáticas, sino lo sencilla que era su lectura
—Tengo una idea— le arrebató el texto —yo te leeré ahora.
— ¿En serio?
— ¿acaso lo dudas?
—Bueno, ahora ya puedes leer de forma fluida, solo me causó curiosidad, eso es todo— ella se acomodó con su taza en la mano —adelante.
—Este me gusta, "El almo-hadón de plumas" — todavía tenía algunos problemas con las palabras demasiado largas. Se aclaró la garganta con solemnidad
"Su luna de miel fue un largo esca...lofrío"
— ¿Qué es una luna de miel? — Rachel se encogió de hombros
—Creo que es un viaje que hacen los recién casados—
—Ah, entiendo—
"Rubia, an-ge-li-cal y tímida, el ca-rácter duro de su marido heló sus soñadas….niñerías de novia"
Rachel sonrió al ver que pudo leer perfectamente una palabra más larga sin pausa. Se perdió un tanto en la lectura, concentrado también en los movimientos de Rachel, quien acabó el chocolate y se acurrucó contra él.
"Y es muy común encontrarlos en los almohadones de plumas"
Se sintió orgulloso de sí mismo al terminar
—Felicidades Zack, lo has hecho muy bien— le felicitó Rachel, Zack se rió al ver su rostro agotado
—Te ves como la mierda—
—Tengo sueño—
—Duerme, entonces— ella se apretó más contra él, pasando el brazo por encima de la cintura masculina, Zack intentó apartarla un poco, estaba enterrándole el codo en el vientre
—Oye…— Rachel gruñó con suavidad, algo que posiblemente le aprendió a él y enganchó su pierna alrededor de la masculina, en un agarre firme y casi inmovilizador, salvo que quisiera despertarla
—Grrrr... — dio un largo suspiro —bueno, tu ganas.
Maldición, de saber que acabaría contándole un cuento para dormir, le habría conseguido un osito o algo.
