Edad: 15 años
— ¡te dije que tocaras la puerta!
— ¡Ya salí, maldita sea, además estabas tapada con la puta cortina! — escuchó el pestillo, nuevamente, se quedaría sin poder usar el excusado hasta que Rachel acabara de bañarse. Bufó, hacía rato que la joven se comportaba de esa manera, asunto que empezaba a hartarle.
Se encerraba en el baño para cambiarse de ropa, le ponía pestillo cuando lo usaba, exigía que le tocara la puerta para entrar a su habitación, redujo al mínimo los abrazos que solía darle e, incluso, aunque solían dormir juntos, ahora apenas si se tumbaba a su lado por un rato.
La vio salir del baño ya vestida, esa era otra cosa extraña, Ray le tomó el gusto a la ropa ancha, mínimo dos tallas más que la real.
—¿Mmh? — vio algo que llamó su atención, a la joven se le cayó una bolita de tela, quizás, un par de calcetines. Los tiró sobre el sillón.
Se metió al baño, estaba a medio desvestir, con las vendas sobre la tapa del retrete cuando ella abrió la puerta
— ¿Has visto mis cal…?— fue como si se le prendiera fuego en las mejillas — ¡lo siento! — casi rompió la puerta de lo fuerte que la cerró.
De acuerdo, suficiente.
Casi pateó la puerta del cuarto, acercándose con rapidez, por un instante, la rubia se vio como un conejo asustado, le agarró las manos
— ¿Qué diablos te pasa? — ella apartó la mirada —Ray, ¿Quién está frente a ti? —
—Tú…
—Muy bien, ¿y tanto te desagrado para irte así?
— ¡No! ¡Tú me…!— volvió a encendérsele la cara, a asustarse. Mierda
—Un "no" es suficiente— trató de tranquilizarla —últimamente has estado actuando como una perra extraña, ¿qué pasa? ¿Alguien te hiso algo? — pareció incomodarse, notó como se revolvía dentro de la enorme prenda
—Quítate esa mierda, ¿qué diablos estás ocultando? —
— ¡Suéltame! — el forcejeo fue breve, dado que Zack era mucho más fuerte.
— ¿Mmh? — debajo tenía una simple polera de tirantes, un tanto ajustada. En realidad, él nunca reparó mucho en la anatomía femenina, ahora notaba que ese cuerpo estaba algo más torneado que cuando la conoció, pero no mucho más. Ray se tapó como si estuviera desnuda, volvió a tomarle las manos, obligándola a mostrarse —no veo nada por lo que tengas que estar escondiéndote— ella apartó la mirada
—Zack…— tomó aire — ¿Yo te parezco bonita? — el agarre disminuyó en intensidad, apenas si estaba sosteniéndola.
Algo así, bueno, le recordaba a un perrito o un gatito o un animal tierno y adorable
— ¿Por qué mierda me preguntas eso? —
—Solo era curiosidad— el tono de voz lo asustó, se volvió más frío, más triste
—Sí, lo he pensado— muy a su manera, pero era un sí
— ¿En serio? — fue como si los ojos se le iluminaran
—Si— no entendía por qué estaba tan feliz —mira, te propongo esto: si quieres privacidad y esas mierdas de niña te la daré, pero deja de actuar como si estuvieras escondiéndote de mí. Me molesta.
El abrazo fue tan brusco como un golpe y dolió como tal, pero le gustó, hacía tiempo que se los negaba
— ¿Puedo quedarme así por un momento? — pidió Rachel
—Como quieras— acarició los suaves cabellos rubios, finalmente la menor se alejó —piénsalo, yo iré a bañarme— la menor lo siguió con la mirada hasta que cerró la puerta
—Pensarlo, ¿eh? — Susurró con una sonrisa un tanto triste, luego suspiró —me gustaría que te dieras cuenta, Zack.
Se dejó caer en la cama, avergonzada por lo que estuvo a punto de soltar.
Quien le dio un hogar, una razón para seguir viviendo, el cuidado y protección que siempre quiso. A ella, una bruja
—De verdad… ¿algo tan puro e inocente puede ser mío?
