Sí...eh...La T es por referencias sexuales semi-explicitas. Eso.


Edad: 18

Era una sensación fascinante, incluso más intensa que el placer del asesinato y mucho más definida. A esas alturas, no pensaba que escucharla gritar su nombre fuera algo tan increíble, no estaba seguro de qué era, pero algo en esa sensación que era…era…

Despertó agitado, con un desagradable calor en todo el cuerpo, aunque se concentraba en la parte baja de su vientre, donde un sobresaliente bulto marcaba presencia dentro de los pantalones, la tela producía un roce doloroso

—Mierda…— se levantó sin terminar de entender qué le pasaba.

Dado que volver a matar a diestra y siniestra era demasiado llamativo, Zack se conformó con los ladrones que se colaban en la casa al creerla abandonada, algunos animales y un montón de muñecos rellenos con felpa que Rachel cosía cuando los destrozaba a guadañazos. En ese momento, había relleno dispersado por todo el jardín, aquella fastidiosa sensación no solo se negaba a irse, cada vez que hacía un movimiento, solo conseguía rasparse más.

Y enfurecerse más, claro está

—Mierda, mierda, mierda, mierda…— destrozó un arbolito que, con algunos cuidados extras, Ray había salvado de marchitarse, la mitad del tronco cayó al suelo con pesadez, el filo del arma lo rasgó cual mantequilla

— ¿Zack? ¿Qué haces aquí afuera? — se volteó respirando demasiado agitado para verse normal, Rachel estaba parada mirándole con más preocupación que otra cosa, aun cuando su pareja pareciera un animal furioso. El mayor se quedó mirándola, un detalle captó su atención

— ¿Te lo…pusiste? — ella tenía puesto su polerón, aquella prenda varias tallas más grande que la suya daba la ilusión de que no traía nada debajo, sumando a esa aureola de pelo rubio medio desordenado por la almohada y lo rojizo de sus mejillas por el frío, fue una imagen que le habría gustado guardar en una foto

—Sí, hace un frío horrible— la bonita ilusión se rompió cuando Ray se quitó la sudadera, dejándola sobre los hombros del adulto —ven, entra, vas a resfriarte— era gracioso si uno lo pensaba: el buscado asesino Isaac Foster, dejándose guiar sumisamente al interior de la casa por alguien que le llegaba al hombro.

Una vez dentro, la joven hizo un puchero

— ¿Cuánto tiempo estuviste haciendo eso? Estás helado…— colocó una mano sobre el pecho masculino que, en pos del ejercicio, estaba cubierto por un sudor frío —ve a darte una ducha caliente, te llevaré un poco de té a la cama— Ray se puso de puntitas para darle un beso en la frente, luego, en los labios.

En realidad, Zack descubrió que esa desagradable sensación se quitaba con agua helada, al menos, hasta que descubriera otra manera de librarse de ella. Por otro lado, también se dijo que investigaría un poco, no le gustaba que la joven se preocupara, así que no estaría de más saber que mierda era eso.

Regresaba del trabajo con la paga en el bolsillo del polerón, usualmente, en los trabajos de construcción, el empleo que nadie solía querer era el de destrozar escombros demasiado pequeños para las maquinas en base a pura picota, actividad que siempre era su favorita y que, dado que nadie solía querer realizar, le dejaba una paga bastante buena, a su parecer. En ese momento, regresaba a casa con un par de libros, no entendía muy bien por qué el sujeto de la misma se puso así cuando se los recomendó, pero bueno, aún quedaba algo por hacer antes de regresar.

Poco después de que comenzaran a salir juntos, Rachel le convenció de quitarse las vendas, siendo mucho más sencillo usar poleras, al cabo, a ella no le molestaban las cicatrices. Dado que las rompía con facilidad, la rubia trataba de zurcirlas tanto como podía, pero la tela terminaba por ceder, así que él compraba en una tienda cercana, donde tenían una sección dedicada al 2X1

—Listo— agarró un par que le gustó bastante: una negra con el estampado de un lobo y otra, también negra, que decía "Haz la guerra (solo en la cama)" con letras rojas.

Al regresar, le echó un vistazo al par de libros, unos textos sobre anatomía masculina y cuidado de la misma que medio le hicieron entender aquellas reacciones, además del curioso sueño, aunque siendo honesto, no estaba muy seguro de qué hacer con ello. Reflexionaba un poco sobre el tema cuando escuchó la voz femenina

— ¡Ya llegué! ¡¿Estás aquí?! — acababa de colocarse la polera nueva y los bóxer (sus favoritos, los azul marino con guadañitas pequeñas) cuando decidió hacerle una pequeña broma.

Ray se asomó a su cuarto, pensando que Zack no estaba, solo para asfixiarse con la coca-cola que había comprado

— ¡Rachel Gardner, declaro esta cama como mi territorio y si la quieres de vuelta vas a tener que quitármela! — Soltó aquella carcajada característica mientras le apuntaba de manera desafiante — ¡anda, muévete! ¡Esta guerra acaba de comenzar! —

Se fijó en aquella inscripción estampada sobre la tela, casi le dio un colapso nervioso.

Porque, y esta es una pequeña aclaración, Zack no entendía el doble sentido de dicho texto. Ella sí.

Se acercó de forma más tensa de la que habría querido, preguntándose qué ropa interior se colocó ese día, juraba que si era la blanca con ositos, se mataba ahí mismo

—Tranquilízate, solo es Zack…— se decía acercándose a la anatomía masculina, este había ido aprendiendo a ser más delicado, así que no sería tan brusco, además…

Este le dio un almohadazo que la dejó tumbada sobre el colchón

— ¡Si quieres ganar vas a tener que esforzarte más! — volvió a soltar una carcajada

—… ¿A este tipo de "guerra" te referías? — preguntó ella un tanto fastidiada

—Sí, ¿por? — Rachel tomó la almohada sobrante y empezó a golpearlo de vuelta, sus ojos habían tomado ese tinte rojizo mientras se tragaba los insultos que pensaba dedicarle, este no se percató de su rabia, atribuyéndolo a querer su lecho de vuelta cuando, en realidad, si hubiera tenido un arma, habría tratado de matarlo.

Una vez Rachel pidió tregua, Zack decidió cederle la mitad del espacio, la joven se acurrucó contra él. Golpearlo había sido una manera de liberar la frustración aunque, siendo honesta, no iba dirigida a su pareja, sino a ella misma. Porque debía admitirlo, ¿no era muy iluso de su parte creer que él entendía aquellas cosas?

—Oye, ¿estás bien? Luces algo incómodo, ¿te estoy aplastando? — le preguntó. No era eso, aquella fastidiosa sensación había regresado

—Estoy bien, creo que iré a ducharme—

— ¿No venías saliendo? —

—Sí, pero…— gruñó al no saber expresarse, el texto leído había sido algo demasiado teórico: una acumulación de sangre en la zona genital producida por excitación sexual, apenas si entendía dicha definición, así que explicarlo estaba más allá de sus posibilidades

—Bueno, adelante solo… ¿puedo preguntarte algo primero? — había un par de cosas que quería dejar claro al respecto

—Solo apúrate— el roce estaba volviendo a ser doloroso, así que tenía la urgencia de agua fría

— ¿Crees que soy atractiva? — preguntó acomodándose de tal forma que, sentía, su cuerpo se notaría de mejor manera, sentía que el conjunto que llevaba se veía bien: falda negra, gruesas pantys del mismo color y una sencilla polera blanca con la sombra de varios pájaros volando.

Zack le puso esa cara que, indicaba, no comprendía del todo la pregunta, decidió plantearlo de otra manera

—Me refiero a si mi cuerpo te llama la atención, porque si te soy honesta…— acarició el vientre masculino, metiendo la mano por debajo de la ropa —a mi si me llama la atención el tuyo.

Fue como si el flujo de sangre aumentara de manera dolorosa, recordar cuando la vio vestida con su ropa fue peor

—Si— respondió sin muchos rodeos — ¿pensabas que no? — sentía la urgencia de algo, pero no estaba seguro de qué

—No, no es eso— confesó —quería preguntarte si…te gustaría que hiciéramos ese tipo de cosas.

— ¿Ese tipo de cosas?

—Pues…— acercó la mano al bóxer. Él agarró su muñeca

—No hagas eso.

— ¿No quieres?

Ese no era el problema. Más bien, que estaba demasiado incómodo, demasiado nervioso, no tenía idea de qué clase de contacto quería recibir o como devolverlo

—No ahora.

—Bueno…tampoco estoy segura de querer hacer…todo— comentó —no sabría qué hacer.

—Quitarme esta maldita molestia sería una gran ayuda— Rachel levantó una ceja

— ¿No dijiste que no ahora?

Zack gruñó fastidiado por haberse contradicho, pero de alguna forma, hizo que Ray le entendiera mejor.

Era complicado lidiar con algo que le fue tan ajeno durante tanto tiempo, sin tener idea de lo que se quería hacer, pero con bastantes ganas de llevarlo a cabo. Si ella se sentía así, no quería pensar en cuan confundido se hallaba Zack.

Volvió a acercarse, esta vez, para besarle el cuello

— ¿Qué tal así? — el contraste entre la áspera piel herida con los suaves labios femeninos fue una sensación agradable, Zack retorció los dedos, la apretó contra si de manera brusca, se disculpó al creer que la había herido

—Está bien— murmuró la rubia con una sonrisa. El mayor pasó la mano por el hombro, bajó un poco

—Di la palabra mágica, Ray.

—Puedes hacerlo, Zack— susurró.

Notó como ella se revolvió un poco

— ¿Te duele? — preguntó un poco nervioso, Rachel negó con la cabeza

—No, solo estaba arreglándome la ropa— aunque el adulto no le había sacado nada, si la desarmó bastante, se notaba en las arrugas — ¿Y a ti? ¿No te arde o algo?

—Como si esas manitos pudieran hacerme daño— se burló, vio como tomaba asiento — ¿Dónde vas?

—Al baño— temió que se hubiera molestado por el comentario. Regresó un par de minutos después con el ceño fruncido

— ¿Qué pasa? — Ray se subió la polera y le mostró el cuello: los chupones llegaban desde el cuello hasta el estómago — ¿te duelen? — preguntó

—No.

—Entonces están bien— Rachel suspiró

—Tendré que usar maquillaje o bufanda.

— ¿Por qué?

Al parecer, tendría que explicarle un par de cosas.