Hola de nuevo, persona que no ha visto el final del juego...ahora no es que no vayas a entender, es que te vas a comer un spoiler de los gordos. Eso.


Edad: 19

Ella soltó un gemido bastante fuerte cuando le mordió el cuello, recordaba las primeras ocasiones, cuando se asustaba de manera horrible al escucharla, ahora le incitaban a ir más rápido, a ser más agresivo, aunque procuraba no pasarse con ello: jamás se perdonaría las marcas que le dejó en las muñecas.

Razón por la que ella solía ir encima, aunque eso no le impedía apretarla, abrazarla de la cintura para acercarla y buscar su boca. En esos momentos, Ray le parecía un ángel, un pequeño y frágil ángel asesino capaz de enloquecerle con sus caricias, de arrancarle la medula con sus zarpas.

Movió la cadera con rapidez, ansioso por tocar fondo, porque ella tocara fondo, Rachel lo imitó y poco tardó en caer rendida sobre él, cubierta por ese sudor suyo de ángel y un aura dorada que no era más que cabello bien cuidado. Escondió la cabeza en el cuello de Zack

—Mañana estará morada— besó la barbilla masculina

—Lo siento— de verdad lo lamentaba. Le gustaba la yugular, suave y cálida, era su sitio favorito para hincar los dientes, pero la idea de herirla ya no le hacía mucha gracia.

A esas alturas, Zack se preguntaba si sería capaz de cumplir con su juramento en caso de que ella lo quisiera

—Tranquilo, no me duele—se acurrucó a su lado, afuera hacía un frío horrible, así que probablemente buscaba calor

—Ven aquí— aquello sonaba como una orden aunque no lo fuera, los ademanes de Zack seguían siendo bastante bruscos, no tanto como antes, pero era un detalle que no había cambiado del todo

—Buenas noches, Zack.

—Buenas noches, Ray— ella lo besó antes de dormir.

Despertó solo en la cama, cosa que no acabó de gustarle pese a saber que su pareja tenía trabajo ese día, salió de la habitación para encontrarse con el desayuno listo: el pan tostado todavía tibio, con la mantequilla y la mermelada al lado, además del termo lleno

"Disfruta tu día libre, yo llegaré durante la tarde.

Con amor, Ray"

Aquellos eran detalles que, aun con casi dos años juntos, le seguían llamando la atención, principalmente porque alguien capaz de semejantes muestras de aprecio y cariño por su pareja seguía teniendo la misma cara de pala. Era divertido imaginarla preparando el desayuno con aquella expresión fría.

Tomó asiento

—bueno, que aproveche.

Mientras se servía un poco de café vio otra nota:

"¿Puedes ir al súper?"

Y una pequeña lista de la compra que incluía huevos, carne y algunas verduras, entre ellas, papas si quería que le friera algunas para la cena. No era que hubiera intereses personales de por medio, pero decidió ir apenas terminase el desayuno.

Iba ya de vuelta, jugando con la bolsa que, sin que se diera cuenta, estaba cediendo lentamente a tal punto que pronto los comestibles saldrían volando cuando escuchó la conocida voz masculina

—Vaya, Isaac, haz crecido mucho.

Era como si, para Gray, no hubiera pasado un solo día. La misma ropa, la misma cara, el mismo pelo semi-canoso, las pupilas tan claras que eran difíciles de ver

— ¿Estás vivo? — Zack no se lo creía

—Tú sobreviviste a electroshock, disparos, puñaladas y escapaste de la cárcel, Isaac, ¿tan sorprendente es que haya podido salir de ese edificio?

—Eso…creo— el reverendo se acercó con una sonrisa

—Veo que has aumentado de peso, también que has dejado las vendas. Eso es bueno, luces muy saludable.

—Tú no has cambiado ni una mierda— se echó la bolsa al hombro —por cierto, gracias por todo, de no ser por ti, yo y Ray…

— ¿Sigues viéndola?

—vivimos juntos.

—Comprendo. Es algo normal, tú y Rachel tenían una relación bastante curiosa.

— ¿A qué te refieres? — el comentario le había molestado

—No me malinterpretes, Isaac. Me refiero a que ambos encontraron un refugio en el otro in conocerse demasiado y ese lazo, lejos de romperse dentro de tantas mentiras y cosas ocultas, se fortaleció— por alguna razón, todo sonaba como un sermón de iglesia — ¿te incomoda si te acompaño un trecho?

—Ven a casa, es lo menos que puedo hacer— avanzó señalándole el camino de forma semejante a un niño pequeño, Gray lo siguió con un paso mucho más tranquilo.

Zack tiró las bolsas de la compra sobre la mesa, los utensilios del desayuno ya estaban lavados y secándose

—A ver…— la enorme silueta casi desapareció dentro del refrigerador —tengo agua, mi soda, té, café y esta cosa que compró Ray— le mostró una lata de café frío

—Agua estaría bien, ¿no bebes alcohol, Isaac? — el reverendo estaba sentado en uno de los antiguos sillones de Rachel

—Una vez compré una lata de cerveza, pero me dio asco. Aunque creo que no hubiera vuelto a tomarla de todas formas.

— ¿Por qué? —

—Me asustó un poco la cara de Ray cuando me vio.

Apenas le había dado un sorbo cuando la vio parada en la puerta, claramente asustada, cosa que también lo aterró bastante, Zack de verdad pensó que ella tomaría sus cosas y se iría. Por supuesto, un padre alcohólico que acabó matando a su madre delante de sus ojos mientras estaba ebrio.

Por un instante, ella temió haberse enamorado de alguien similar.

Él pateó la lata y dijo que sabía horrible, que comprarla fue un desperdicio de dinero y que no se preocupara. No habían vuelto a hablar del tema

—Cierto, el padre de Rachel era alcohólico, ¿no es así? — el pelinegro tomó asiento en otro sillón, dejando el agua en la mesa de centro

—Sí, diría que buena parte de la culpa de que Ray se halla comportado como una perra loca es suya. Así que tampoco bebe, no quiso probar nada cuando fuimos a un restaurante por nuestro aniversario.

—Así que se han vuelto una pareja.

—Llevamos casi dos años, este año quería llevarla a la feria, creo que le gustará.

—Veo que han formado un vínculo muy estrecho, eso me alegra. Creo que ambos se hacen muy bien el uno al otro.

—Trato de cuidarla, Ray ya ha pasado por mucha mierda y no quiero que pase por más— se rascó la cabeza —Supongo que eso le gustó.

— ¿Tú le gustaste primero?

—Ella me lo dijo primero, pero no lo sé. Creo que si.

—Comprendo. Pues sí, es natural que una mujer como Rachel quiera como amante a un hombre que la haga sentir protegida, incluso alguien que solo había conocido el asesinato…— Gray sonrió — ¿Y tú, Isaac? ¿Qué te gusta de ella? ¿Cuándo empezó todo?

Tres recuerdos le invadieron la mente exactamente al mismo tiempo, generando tal bucle mental que apenas pudo abrir la boca para responder, sin saber en qué orden decir nada: Rachel reconociéndolo por primera vez en la vida como un ser humano, Rachel preocupándose por él y cuidándole de manera bastante distinta a la suya, pero no por ello menos atenta; finalmente, el encuentro de la noche anterior mientras caía sobre él envuelta en ese aroma que solo debían tener los ángeles

—Creo que…cuando salimos de ese edificio— balbuceó. Si seguía pensando la cabeza le iba a explotar —Porque no quería…que muriera así.

Habría hecho lo imposible por que sobreviviera, incluso sacrificar su propia vida, aunque en ese tiempo aquel sentimiento era mucho más simple: Quería cuidarla, eso era todo

—Pero…creo que…

¿Cuándo empezó a pensar en ella de otra forma?

Quizás, esa primera vez que la vio con la delgada polera de tirantes negra, mostrando la realidad más obvia: Rachel estaba convirtiéndose en una mujer, en un precioso ángel asesino con las alas tan dañadas que haría falta un soplo para romperlas. Cuidarla pasó de ser un deseo basado en el cariño a una auténtica obsesión.

Porque esa pequeña mujer era todo lo que tenía. Y se negaba a dársela a nadie.

Por primera vez en su vida, Zack realmente deseó algo. A alguien.

Y pese a la solapada posesividad, no hizo realmente ningún acercamiento, de manera similar a un niño, no estaba muy seguro de qué quería con todo ello, sus fantasías más alocadas incluían poco más que un beso o un abrazo.

Su mayor aspiración a esas alturas, era convertirse en alguien capaz de llenar el vacío en la vida de Ray. Él se preocuparía por ella, la cuidaría, la protegería y se aseguraría que estuviera bien mientras pudiera.

Irónicamente, el egoísmo fue lo que acabó de hacerlo madurar, porque, finalmente, logró comprender lo que quería: Que Rachel deseara devolver aquellas atenciones.

—Me di cuenta cuando ella me lo dijo.

Gray le sonrió

—Comprendo, solo necesitabas permiso.

—Algo así, creo.

Ambos escucharon la puerta abrirse

—Mi jefe me dejó ir temprano, te traje una sor…— observó a Gray con una expresión vacía, luego sonrió con falsedad —hola…Gray, ha pasado un tiempo.

El reverendo le sonrió de vuelta

—Pues sí, Rachel, haz crecido mucho.

Ella dejó sobre la mesa una cajita de pastelería, esa gestualidad recordaba levemente a una gata con el lomo erizado, una a la que querías tomarle las crías. Porque, al parecer, estaba bastante consiente que Zack se entregó a la policía por sugerencia suya

—Y tú no has cambiado nada.

—Lo mismo le dije yo— comentó su pareja quien estaba un tanto sorprendido con su cambio de actitud, acabó de sorprenderse cuando Ray tomó asiento en sus piernas

— ¿qué te trae por aquí, Gray?

—Solo estaba de paso y me encontré con Isaac, así que se han vuelto una pareja, ¿eh?

—Cumpliremos dos años pronto— Zack la rodeó con los brazos — ¿Y tú? ¿Dónde haz estado?

—En muchos lugares, he trabajado dando sermones en iglesias pequeñas, unas cuantas misiones, pero nada muy importante.

Zack se rió

—No te imagino haciendo esa mierda, ¿en serio hay gente que va a verte?

En realidad, las escasas ocasiones en las que escuchó al reverendo hablando de Dios, no eran de manera muy apegada a la biblia (al menos, lo que Ray le contó sobre ese libro porque nunca lo leyó) y si la gente que creía en eso estaba tan jodida como lo estuvo su pareja en ese tiempo, dudaba que les hiciera mucha gracia

—Te sorprendería, Isaac, aunque la verdad es que dar sermones no es algo muy divertido, me aburrí pronto— Se puso de pie —bueno, creo que es momento de retirarme—

— ¿Tan pronto?

—Sí, como te comenté solo estaba de paso.

—Te acompaño afuera— le dijo Rachel saltando del regazo masculino.

Habían recorrido un par de calles cuando, finalmente, el reverendo preguntó

— ¿Vas a matarme, Rachel?

—Zack me contó lo que hiciste. Se entregó por sugerencia tuya— le miraba con el ceño fruncido y los ojos encendidos —Cuando logramos escapar, de haber tenido los medios, te hubiera buscado para matarte.

—Así que Isaac era tan importante para ti en ese tiempo, es algo muy dulce— normalmente, un comentario así la habría cohibido un poco, pero no viniendo de él

—Pues sí. Pero ya han pasado seis años, no importa.

—Me alegra ver que no debo temer por mi vida.

—Eso sí Gray, quiero saber una cosa.

—Adelante.

Pareció dudar un momento

— ¿Qué diablos eres, Gray?

El hombre sonrió

— ¿Por qué lo dices?

—No lo sé, escapaste de un edificio en llamas, apareces seis años después sin una sola cana de más y eso de que has trabajado en iglesias es mentira— dio un paso más hacia él —Te he estado buscando, que yo sepa, al menos, ninguna iglesia del país te tiene o tuvo entre sus congregaciones.

El reverendo le dio un par de palmaditas en la cabeza

—Eres una chica muy lista, eventualmente lo deducirás por ti misma— se dio la vuelta —adiós, Rachel, nos volveremos a ver.

Por un instante, se vio tentada a seguirlo. No lo hizo.

De vuelta, Zack colocaba la tetera para preparar el almuerzo, de seguro arroz cuando sintió como era abrazado

—Hey, ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

Ella lo apretó un poco más fuerte

—Sí, solo quiero un abrazo.

Porque, después de seis años, a Rachel seguía asustándole la idea de que Zack fuera ejecutado.