Os dejo el 7. Calculo que me quedan unos tres capítulos para acabar. Intentaré publicarlos rápido porque en unos días me reincorporo al trabajo después de casi 6 meses de baja, y no sé si podré seguir publicando con tanta asiduidad.
Espero que os guste.
CAPITULO 7
Llegó a su apartamento derrotada. Sus manos, lucían un pequeño vendaje que con sumo cuidado le había colocado J.J, una vez que habían conseguido calmarla. Afortunadamente las heridas no eran tan profundas como parecían. La mayor parte eran solo pequeños cortes que curarían con rapidez. Y el más grave era el que ahora estaba cubierto con el vendaje improvisado.
Cuando había salido de los servicios, ya no había rastro ni de John ni de Derek. Se sentía completamente miserable por el dolor que había causado a éste último. No podía hacer otra cosa que darle la razón. Hablaría con él, se disculparía, pero no ese día. Aún estaba tremendamente afectada por la noticia de la muerte de Matthew. García le había facilitado el expediente, y cuando terminó de leerlo, supuso que su versión futura, posiblemente acabaría disculpándose con John una vez recuperara sus recuerdos. Pero la versión 1.0, aún no estaba preparada para ello.
Agradeció que el equipo fuera lo suficientemente discreto como para no hacer preguntas sobre su confesión respecto a lo que le había ocurrido a los 15 años. Estaban totalmente deconcertados y finalmente ella había lamentado haberlos tratado de aquel modo cuando era evidente que sólo trataban de ayudarla.
Ahora se encontraba en casa. Hotch le habia ordenado que se tomara un par de días libres. Simplemente había aceptado, estaba cansada, abrumada y no tenía fuerzas ni para discutir.
Necesitaba oir una voz amiga, una voz de su pasado. Se acordó de Clyde, y marcó su número. Contestó al segundo tono, al otro lado del Atlántico.
- ¿Emily?- La voz de Clyde sonó preocupada- ¿Va todo bien?
- Sí- Se apresuró a contestar- Bueno... no... Hoy me he enterado de que un buen amigo ha muerto... en realidad... fue hace tres años.. pero ya sabes...- Se rectificó a sí misma. Todo aquello de la pérdida de memoria, le empezaba a crear verdadera confusión- Una vez te hablé de él...Matthew.
- ¿Benton?- Por supuesto que Clyde sabía quien era. No conocía la historia, pero sabía el cariño que le tenía- Lo siento Em. No me lo dijiste cuando ocurrió. No tenía ni idea.
- Me estoy dando cuenta de que hay muchas cosas de mi vida que no le quise contar a este equipo- Dijo ella en voz baja- ¿Cuándo me volví tan desconfiada? No era así cuando estaba con vosotros... o al menos, no tanto.
- No recuerdo que hayas sido nunca especialmente confiada, Em. De hecho, me ocultaste muy bien la existencia de Declan. Podría haberte ayudado con eso, por cierto - Le señaló con cierto reproche- Pero supongo que todo el tema de Doyle te afectó más de lo que creías, aún con todo el tiempo que fuiste a terapia. Evidentemente eso no lo recuerdas.
- No- Replicó ella, sorprendida, mientras enlazaba aquello con la pregunta que realmente quería hacer. Si alguien podría responderle, ese era Clyde- ¿Era real, Clyde? Es decir, ¿le quise de verdad?...¿Esto que siento ahora mismo, es real?..
Clyde notó su angustia en su voz. Se tomó su tiempo para contestar.
- Creo que una parte de ti realmente amó parte de lo que él era. Al menos, durante un tiempo. Es imposible diferenciar si era real o no, para ti creo que sí lo era, y es evidente que él te quería. Emily, tú mejor que nadie sabes muy bien cuántas mujeres hubo en su vida, y solamente a ti te confesó que tenía un hijo, y solamente a ti, te entregó un anillo.
"El anillo, ¿qué habré hecho con él?", pensó de inmediato.
- Clyde, soy incapaz de lidiar con la idea de que se convirtiera en un monstruo. No puedo concebir que me torturara de esa forma.
- Y sin embargo- Dijo él- Las pruebas están en tu cuerpo- Le señaló.
- ¿Tú sabes lo que me hizo?- Le preguntó con curiosidad- ¿Tú sabías lo del trébol que me tatuó?.
Su silencio, junto con un jadeo poco disimulado, le indico que desconocía esa información.
- Pues entonces, se convirtió en algo peor de lo que yo creía- Le dijo por toda respuesta- Emily, tienes que encontrar la forma de apartarlo de tu vida. Estoy bastante seguro de que tu amnesia tiene mucho que ver con el trauma que te provocó. Debes vencerlo si quieres recuperar tus recuerdos. Eres fuerte, no lo olvides...
- Como un ave fénix...- Susurró ella llevando inconscientemente la mano a su colgante.- Eso es lo que me dijo Derek.
Emily escuchó una pequeña risa al otro lado de la linea.
- ¿Me vas a hacer partícipe de la causa de tu diversión?- Le preguntó ella con ironía. Pero en realidad, agradecía poder oír una risa amiga.
- ¿Sabes? Nunca vi a nadie sentirse tan culpable, tan enfadado y tan devastado todo al mismo tiempo, como cuando pensó que habías muerto. Y lo mismo ocurrió esta última vez. Supongo que él tiene bastante que ver con el hecho de que te negaras a aceptar mi propuesta.
Ignoró su poco sutil indirecta, y se centró en su última palabra. Esto era algo nuevo para ella.
- ¿Qué propuesta?- Estaba totalmente intrigada- ¿De qué hablas?.
- Te ofrecí un puesto aquí en la INTERPOL, como jefa de equipo, pero lo rechazaste.
- ¿Te dije por qué?- Emily estaba atónita.
- No con palabras- Admitió él- Pero tu silencio cuando te pregunté si estabas con alguien, fue bastante revelador. De todas formas, Emily, el puesto sigue aquí si lo quieres. Si las cosas son tan diferentes para ti, quizás sea el momento de cambiar de aires. Sabes que prometí protegerte. Mi oferta sigue en pie.
Emily no sabía que contestar. Desde luego, no era algo en lo que hubiera pensado. ¿Habría sido Derek el motivo de su decisión? Por más que se esforzaba su mente seguía en blanco.
- Gracias Clyde- Dijo ella finalmente. Realmente sentía que lo hacía como amigo. Clyde la había salvado en muchas ocasiones durante su etapa encubierta. Nunca le había dado motivos para desconfiar de él.
Cuando colgó el teléfono, tenía mas preguntas que respuestas. Tenía que recordar, debía hacerlo o acabaría volviéndose loca. Su cabeza parecía que iba a estallar en mil pedazos de un momento a otro, y sabía que allí estaban las respuestas que necesitaba. Todo aquello empezaba a pasarle factura. Se encontraba mal de la tensión acumulada durante aquellos días, y finalmente, decidió tumbarse en la cama un rato, con Sergio tendido a sus pies. No podía quitarse aquella extraña sensación de encima, como si hubiera una pieza muy importante que debía encajar. Necesitaba recordar, necesitaba recordar urgentemente qué era lo que había ocurrido exactamente con Derek.
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Esta vez no fue un maullido lo que escuchó, sino el suave ronroneo de Sergio junto a su oído. Abrió los ojos, consciente de que estaba en un sueño, y lo siguió de nuevo a través del espejo.
Se encontró en su dormitorio, sentada en su cama. Su pijama era diferente. Se había ido a dormir con una camisola, y ahora llevaba puesto un pijama corto de dos piezas. Notó una mano suave en su mejilla, y giró la cabeza. A su lado estaba Derek, mirándola dulcemente.
"No tenemos que hacer esto si no estás preparada " Le susurró sin apartar la vista de ella.
Emily, aunque no recordaba aquel momento, sintió que las palabras le venían a la cabeza, como si un apuntador se las estuviera dictando.
"Estoy preparada Derek..." Le dijo en voz baja- "Solo ve despacio" -Añadió con una sonrisa tímida.
Notó los labios de Derek en los suyos, delicadamente al principio, con más urgencia después, mientras que la iba desnudando lentamente. Sintió cómo le acariciaba la piel, y la cubría de besos de mariposa, tomándose su tiempo con ella, asegurándose de que se encontraba relajada antes de continuar.
No daba un sólo paso más, sin mirarla antes a los ojos en silencio, para confirmar que estaba bien y que realmente quería aquello.
Cuando ambos estuvieron desnudos en la cama, siguió recorriendo su cuerpo, sin dejar ningún rincón sin explorar, besando con amor las cicatrices que Doyle le había dejado, hasta que estuvo absolutamente seguro de que era el momento.
Entró en ella lentamente, con suavidad, mirándola a los ojos, deleitándose en su placer y repitiéndole una y otra vez cuánto la quería. Emily sintió su ternura y su calidez mientras le hacía el amor. "Te amo, Emily", le dijo cuando terminaron y la estrechó entre sus brazos. Justo un momento antes de quedarse dormida, notó como una lágrima de felicidad resbalaba por su mejilla.
Cuando despertó, se encontró en mitad de un prado, junto a un estanque. Al fondo, un enorme roble extendía sus ramas hacia ella. Sintió desasosiego por la pérdida de la cercanía de Derek. Miró a su alrededor buscándole sin éxito, pero ni siquiera, reconoció el lugar, ¿dónde estaba?. Bajó la vista hacia el suelo, y se dio cuenta de que llevaba puestos unos zapatitos de hebillas negras y medias blancas. Examinó el resto de su indumentaria, y exclamó atónita "¡¿Qué demonios?!". Un vestido azul, con mangas fruncidas, un delantal blanco y un lazo en el pelo, completaban su atuendo. Jadeó con incredulidad "¡¿Ahora soy la puta Alicia en el País de las Maravillas?!". Definitivamente su sueño había dado un giro de 180 grados, y no en el buen sentido.
Como no podía ser menos, entró en escena un conejo blanco, sólo que no era exactamente un conejo blanco. Más bien, era su jefe, ataviado con levita roja y pajarita, como el conejo blanco del cuento. Pasó junto a ella apresuradamente en dirección al árbol, mirando a cada segundo un reloj de bolsillo, y exclamando "¡llego tarde, llego tarde!. "¿Hotch?", lo llamó atónita, mientras corría hacia él. Se detuvo justo cuando llegó a la altura del árbol y se volvió a ella con cara de pocos amigos.
- ¡Llego tarde! ¡Llego tarde!. ¡No le gusta que nadie se retrase!- Le gritó haciendo que ella se sobresaltara.
- ¿A dónde?, ¿De quien hablas?- Le preguntó intentando detenerlo.
- ¡No entiendes nada!- Se encaró a ella con impaciencia, mientras se introducía por un hueco en el tronco del árbol.
- ¡No te vayas!, ¡Espera!- Emily lo agarró por la manga de su levita.
Pero Hotch, versión conejo, se zafó de un movimiento brusco.
- ¡No me retrases! ¡Ya te he dicho que no le gusta!- Se dirigió a ella enfadado- ¡Y tú deberías darte prisa!- Añadió escudriñando sus ojos como si intentara leerlos- ¡Vas con mucho retraso! - Le advirtió asustado antes de desaparecer en el hueco del árbol.
Emily se quedó allí, atónita, sin saber qué demonios debía hacer. ¿Estaban dentro de aquel árbol los siete años que había perdido? ¿Sería aquella la forma en que su mente la ayudaba a recuperar su memoria? "Supongo que toca meterse ahí dentro", pensó, y acto seguido siguió los pasos del conejo y se introdujo en el agujero. Tan pronto como puso sus pies en el suelo, éste cedió y desapareció. Emily comenzó a caer por una especie de túnel que no parecía tener fin. Cerró los ojos, y cuando los abrió se encontró sentada en una silla, y frente a una mesa muy bien dispuesta con tazas, dulces, y pastas de té. Estaba en medio de un jardín.
- ¿Y tú de donde has salido, muchachita?- Le preguntó sorprendido una extraña versión de Reid, vestido con un traje verde y un sombrero de copa del mismo color.
- ¡Oh!. ¡No seas maleducado!- Le reprendió Penélope a su lado, mientras que se aproximaba hacia Emily para ofrecerle una taza de té. Llevaba un disfraz de liebre y corría de aquí para allá como si hubiera perdido el juicio, sin ton ni son.- ¡Toma un poco de té niña!- Le dijo vertiendo más té sobre la taza, ya llena, de modo que comenzó a derramarse por los bordes.
Emily observaba boquiabierta la escena, identificando perfectamente al Sombrerero Loco y a la Liebre de Marzo. "¿Y a estos dos qué les pasa?, ¿Se han dejado abierta la puerta del circo?", se dijo, mientras prácticamente se veía obligada a tomar una y otra taza de té, que no paraban de servirle. Empezaba a estar estresada de verlos dar saltitos histéricos, corretear y decir una tontería detrás de otra.
- ¡Ya basta!- Les gritó cansada- ¿Qué hago aquí?- Les exigió saber levantándose de la silla.
Sus surrealistas anfitriones la miraron perplejos, y corrieron hacia ella tomándola cada una por un brazo y dándole empujones.
- ¡Es verdad! ¡Es verdad!- Exclamó el Sombrerero Reid tirando de ella- ¡Con lo tarde que es! ¡No le va a gustar!.
- ¡¿ A quién?!- Le preguntó realmente exasperada, mientras intentaba esquivarlo.
- ¡La Reina de Corazones!- Exclamó Penélope agitando las manos.
Se oyó un sonido de trompetas a lo lejos.
- ¡Ya viene! ¡Ya viene!- Gritaron a coro los dos extraños personajes, y empezaron a tirar de ella cada uno por un brazo, pero en dirección contraria.
- ¡Soltadme!- Les exigió, zafándose de ellos- ¿Qué coño os habéis fumado vosotros dos?
- ¡No lo entiendes niña! ¡Ya no puedes hacer nada! ¡Te has retrasado mucho!- Le dijo con voz asustada Reid.
Emily lo miró sin comprender.
- ¡Corre! ¡Corre! ¡Te cortará la cabeza!- La conminó Penélope.
Entre los dos la empujaron hacia la maleza donde la escondieron, y luego corrieron a recibir a la Reina de Corazones. Emily se asomó entre las ramas para saber de quién tenían tanto miedo.
"¡Oh, mierda!"- Susurró para si misma, cuando vio a Strauss, con una túnica roja y negra y una corona en la cabeza. A su lado, Hotch-Conejo Blanco- parecía realmente aterrorizado.
- ¡¿Donde está?!- Se desgañitó la Reina buscando hasta debajo de las sillas, mientras que el ejército de cartas que la acompañaban, todos con credenciales del FBI, se replegaban hacia atrás tratando de evitar su furia.
- ¡Se ha atrevido a llegar tarde!- Gritó- ¡Y ya sabe que no me gusta que la gente retrase!. ¡Que le coooooorten la cabeeeeeza !- Añadió furibunda dirigiéndose a los asustados naipes.
"¿Realmente?", pensó Emily. "¿Se han vuelto todos locos aquí?". Pero casi sin darse cuenta, comenzó a dar pasos hacia atrás hasta que poco después echaba a correr para alejarse de allí.
No paró hasta que tropezó con una seta gigante. Sobre ella, un gusano con la cara de Rossi, fumaba tranquilamente en una pipa. "Oh, señor... por supuesto" susurró. A esas alturas, ya Emily había perdido toda su capacidad para sorprenderse.
- ¿Qué haces aquí, jovencita?- Le preguntó con voz calmada mientras echaba una bocanada de humo.
- Eso quisiera saber yo- Le contestó ella, sentándose en el suelo, agotada de correr- Lo único que sé es que aquí todo el mundo parece haber escapado de un manicomio.
- A ella le gusta que la gente sea puntual, eso es todo.- Le explicó tranquilamente.
Emily se quedó absorta mirando las formas que tomaba el humo al salir de su boca. Iba formando consonantes y vocales, según hablaba. La "U", la "A", la "C"... y vuelta a empezar.
- Ya lo sé- Le replicó ella- Pero yo no llego tarde. Nadie me espera en ningún lado.
- Y sin embargo te has retrasado- Argumentó él- Ya es muy tarde.
Emily lo miró totalmente perpleja.
- ¿Pero qué obsesión tenéis todos aquí con el tiempo?- Le preguntó exasperada.
- El tiempo es importante- Le dijo enigmáticamente- Y tú ni siquiera llevas reloj.
Emily jadeó de pura frustración.
- Dímelo a mí, he perdido siete años de mi vida.
- ¡Oh!- Exclamó él levemente- Acaban de pasar por aquí.
- Esto tienen que ser una broma...- Murmuró, poniéndose de pie- Aunque la culpa es mía por hablar con un gusano...- Miró hacia él con expresión de disculpa- Sin ofender.
- Si no hubieras llegado tan tarde, tú misma los hubieras visto- Añadió él encogiéndose de lo que fuera que tuviera en lugar de hombros- Pero te has retrasado mucho. Ya no te dejará en paz hasta que te corte la cabeza.
Emily suspiró resignada, dando por perdida cualquier posibilidad de sacar nada en claro de aquel personaje.
- ¿Podrías decirme al menos, cómo puedo salir de aquí?- Le pregunto sin demasiada esperanza,
El gusano la miró con curiosidad.
- Sigue al gato- Le dijo señalando a unos metros de ella.
- ¿Qué gato?- Le preguntó. Allí no había nadie.
- A mí- Dijo una sonrisa delante de ella. No vio nada más.
- ¡Qué diablos!- Exclamó Emily dando un salto del susto.
Frente a ella se terminó de dibujar la imagen de J.J., embutida en un genuino traje de gato de Cheshire, y con una sonrisa de oreja a oreja.
- Sígueme- La conminó haciendo un gesto con la cabeza.
- ¿Qué otra cosa voy a hacer?- Preguntó Emily en voz alta siguiendo a J.J. que parecia ignorarla. Guardó la esperanza de que la guiará hasta sus años perdidos. "Por lo visto, no debían estar muy lejos de allí " pensó con ironía.
Caminaron en silencio a través de la maleza hasta que de repente se encontró frente al lago del prado donde había visto al Conejo Blanco por primera vez.
- Tienes que atravesar el espejo- Le indicó con la mano señalando la superficie del agua.
Emily la miró confundida. ¿En serio le estaba pidiendo que se tirara al agua?.
- ¿No hay otra salida?- Le preguntó esperanzada- ¿Recuperaré así mis recuerdos?- Añadió tras recibir un gesto negativo de J.J.
J.J.- Cheshire le sonrió levemente.
- Es muy tarde, ya no te puedes quedar aquí, te has retrasado mucho.
Emily jadeó incrédula. ¿En serio? ¿Otra vez con lo mismo?.
- ¡Ya estoy harta de decirle a todo el mundo que no llego tarde a ningún sitio!.
J.J.- Cheshire se acercó, clavando sus ojos en ella. Parecía que intentaba mirar a través de ella.
- No lo entiendes- Le dijo con expresión angustiada- Vas muy retrasada Emily... ¿No lo ves? - Añadió al tiempo que con su mano le tocaba suavemente el vientre- Llevas mucho retraso.
Emily la miró totalmente confundida. Abrió la boca pero fue incapaz de verbalizar las conexiones que su mente había comenzado a realizar. De repente, sintió cómo caía hacia atrás sobre el estanque. Todo se esfumó a su alrededor y cuando abrió los ojos, se encontró sentada en su cama respirando agitadamente.
Instintivamente, puso su mano debajo de su vientre.
- Dios mío...- Susurró como si la respuesta que estaba buscando la hubiera golpeado de repente- No puede ser...
Se levantó como un resorte de su cama, y empezó a revolver todos los cajones de su habitación. No podía ser, aquello simplemente no podía ser. Vació el armario, luego la cómoda, las mesillas de noche. La ropa y el resto de sus enseres se acumulaban en la cama. Tenía que haber algo, tenía que encontrar alguna prueba. Fue de un lado para otro, susurrando "Oh, señor", "Oh Dios mío", una y otra vez hasta que se quedó congelada cuando volcó sobre la cama, el contenido de una pequeña caja que guardaba en la repisa superior del armario.
- ¡Oh, Dios...!- Volvió a repetir ya de modo definitivo. Sintió como sus piernas cedían, hasta quedar sentada en la cama, con sus manos sobre sus mejillas y los ojos desorbitados.
La pequeña ecografía junto a una prueba de embarazo, le acababa de confirmar lo que, en realidad, ya sabía.
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NOTA.
Ojalá os haya gustado. He intentado jugar al despiste durante un par de capítulos para llegar hasta aquí, y espero que os haya sorprendido el final del sueño, al menos un poquito. Yo he disfrutado mucho escribiéndolo.
Gracias por leer y por los comentarios que habéis dejado. Sois uno soles.
