Atención: Mashashi Kishimoto es el creador de Naruto. Tiene todos los derechos de la serie y yo, Yume Fujimi, sólo utilizo sus personajes para hacer fics sin ningún ánimo de lucro, por lo que denunciarme o criticarme por ello, sería una solemne estupidez. Únicamente pretendo entretener y hacer pasar un rato agradable a todos los lectores. Una vez aclarado esto… ¡Empecemos!
Para leer correctamente el fic:
-Sakura y Kakashi hacen la mejor pareja.- Narración normal.
-"Sakura y Kakashi hacen la mejor pareja".- Pensamientos.
-Sakura y Kakashi hacen la mejor pareja.- Diálogo.
-"Sakura y Kakashi hacen la mejor pareja".- Recuerdos.
-"Sakura y Kakashi hacen la mejor pareja".- Sarcasmo o titulo de algo, por ejemplo un libro.
TORMENTO
Capítulo 5
Después de haberse equipado, Kakashi y Sakura salieron de la cueva. Allí les esperaban el resto de sus compañeros anbu perfectamente preparados también. Ahora, sólo les quedaba plantear una estrategia de ataque. Se dividieron en tres equipos y se dispersaron por la zona. Los cogerían por sorpresa.
El grupo uno (Kakashi y Sakura) tenía que avanzar por la banda izquierda. Ambos ninjas estaban dispuestos a rodear a sus adversarios y no dejarles escapar, sin embargo uno de los enemigos les detectó y atacó primero.
El ninja exiliado lanzó un kunai a Kakashi que fácilmente esquivó. Sakura vio cómo se aproximaban más renegados e hizo una multiplicación de sombras para comprobar el resto de la zona y, así, averiguar cuál era la naturaleza de los ataques enemigos.
-¡Kakashi! – Gritó la joven comenzando a hacer algunos sellos.- Son del país del Agua: ¡Ninjas de la Niebla!
-Entendido.- respondió su compañero. "Sólo el elemento tierra es superior al del agua" pensó. Acto seguido se hundió bajo tierra.
En cuanto la joven vio cómo se escondió Kakashi, lanzó su técnica ilusoria. Algunos renegados comenzaron a golpearse unos a otros pensando que eran el enemigo. La ilusión de Sakura les había confundido totalmente; su técnica no era fácil de detectar pero mucho menos deshacerse de ella. Mientras continuaban confundidos, Kakashi fue atrapando, uno a uno, a los exiliados metiéndoles bajo tierra. Konoha estaba ganando terreno.
De pronto, uno de los renegados se liberó del genjutsu y fue directamente a atacar a Sakura. Para poder esquivar el ataque, tuvo que deshacer su técnica de modo que el resto de enemigos que quedaban con vida, fueron a por ella también. Kakashi surgió de la tierra y realizó otro jutsu formando una gran muralla de roca maciza para evitarles el paso. Sabía que si seguía utilizando técnicas de tierra no podrían vencerle. Cuando por fin consiguió atraparles, activó su sharingan. Sus muertes fueron instantáneas.
Al mismo tiempo, Sakura seguía peleando con otros tres adversarios. Uno de los exiliados hizo un jutsu y ella pudo evadirlo con un potente golpe en el suelo creando múltiples aperturas. Vio cómo los otros dos iban a por ella y sacó la katana que llevaba a su espalda; mientras que a uno lo hirió gravemente cortándole en el pecho, al otro le golpeó duramente en el rostro. Ambos quedaron noqueados, pero todavía quedaba uno.
Sakura respiró agitadamente por el esfuerzo que acaba de hacer. El enemigo pretendía aprovecharse de su debilitamiento; sacó dos shurinkens enormes de su mochila. Iba a matarla sin piedad. La joven sintió el instinto asesino de su rival y, sin pensarlo dos veces, sujetó fuertemente su katana con las dos manos y fue directa hacia él. Duró apenas unos segundos, pero pudo sentir perfectamente el contacto del acero incrustándose en el cuerpo de su enemigo. Pasó a través de él y se quedó quieta por un momento; estaba aturdida y le costó reaccionar algo más de lo normal. Vio su espada cubierta de sangre, sus manos también lo estaban. Se dio la vuelta y allí estaba el cadáver de su rival partido por la mitad.
A lo largo de su vida había visto mucha sangre, pero nada como aquello. Sangre por todas partes: en el suelo, en los árboles, en sus ropas… Se quitó la máscara muy lentamente, la cara de gato que tenía dibujada ya no se podía apreciar por la sangre que la manchaba; y la dejó caer al suelo. Esta era la primera vez que mataba a alguien. Era cierto que tiempo atrás había participado en misiones en las que el enemigo había perecido, pero nunca antes había dado muerte a alguien con sus propias manos. Su corazón estaba desbocado y no podía controlar su respiración. Estaba intentando asimilar que finalmente se había convertido en una asesina. Volvió a mirar su katana, todavía la empuñaba con fuerza.
Kakashi vio toda la escena a través de su sharingan. Cubrió su ojo especial con la mano, al mismo tiempo que abría el otro y fue derecho hacia ella. Y allí estaba Sakura, cubierta de sangre, mirando a su víctima mortal. Una vez más, se preocupó por ella. Quería evitar que sufriera pero siendo anbu era inevitable esta situación. Empezó a caminar lentamente hacia ella. ¿Qué debía hacer?: ¿abrazarla?, ¿hacer cómo si no hubiera visto nada?, ¿o quizás llevársela lejos, muy lejos? No lo sabía. De repente, ella sacó un pañuelo de uno de los bolsillos del chaleco y limpió su espada. No estaba llorando, pero tampoco se la veía feliz. Apatía total en su rostro, justo como la de un verdadero anbu.
-Sakura.- la llamó Kakashi muy sosegadamente.
No quería perturbarla. Ella seguía mirando el cadáver.
-¿Estás…
No se atrevió a continuar la pregunta. Era evidente que no podía estar bien después de algo así. De hecho, hacía mucho tiempo que ella no estaba bien. Era una pregunta estúpida.
-Vámonos. – dijo apenas susurrando la joven.
-¿Qué? – no escuchó bien el ninja.
-Vámonos.- elevó la voz.- Aún queda trabajo por hacer.- explicó enfundando la katana.
-Si necesitas algo de tiempo, lo entiendo.- se mostró comprensivo.- Quédate aquí y cuando acabe todo vengo a buscarte.
-Kakashi… - le miró a los ojos.- Yo… - intentó hablar pero unos gritos la interrumpieron.- No hay tiempo.- se preparó de nuevo.
-Puedo ir yo solo.- la detuvo.
-No. – añadió rápidamente.
-Sakura, escucha… - intentó explicarse.
-No puedo quedarme aquí. ¿Y si esos gritos son de compañeros?- preguntó alterada.- ¿Pretendes que vuelva a quedarme de brazos cruzados? – recordó la última misión con sus amigos.
-Con los perros iremos más rápidos. – finalmente accedió.
Kakashi convocó a sus animales y se montó sobre el más grande de todos. Hizo un gesto a su compañera y ella también se subió.
-Agárrate fuerte. – le aconsejó el ninja.
Y ella se sujetó a su cintura apretándose todo lo que pudo.
Iban a tanta velocidad que Sakura apenas podía abrir los ojos. Aún así, se esforzaba por ver que estaba pasando a su alrededor. Los perros de Kakashi les despejaban el camino atacando a las copias de los ninjas exiliados. El humo de las cancelaciones de las técnicas dificultaba todavía más la visión. La joven resguardó su rostro en la espalda de Hatake y se apretó con mayor fuerza todavía. Él lo notó y aumentó la velocidad. Estaban llegando.
Kakashi activó nuevamente su sharingan y vio cómo un grupo de renegados atacaban a dos compañeros anbu. Se agarró fuertemente al lomo de su perro y le ordenó que se abalanzara sobre los enemigos. Sakura lo escuchó y se preparó al instante. Ambos saltaron antes de la colisión. Se produjo un gran estruendo.
Aprovecharon la confusión de sus enemigos y se dispusieron a atacarles. Mientras la joven desenvainaba su katana por segunda vez en la noche, el ninja usó el chidori contra varios renegados para rescatar a sus compañeros. No obstante, llegó tarde; uno de ellos había fallecido. La anbu superviviente estaba visiblemente herida y Kakashi sabía que no resistiría otro ataque. La ayudó a apoyarse en un árbol cercano donde finalmente perdió la consciencia. Ahora le tocaba regresar a la zona donde había dejado a su compañera.
Sakura estaba rodeada. Cinco ninjas exiliados no dejaban de atacarla sin descanso, mientras que ella intentaba sacárselos de encima. Manejaba la katana con destreza, pero eso no era suficiente; por alguna razón que todavía desconocía, le estaba resultando más difícil deshacerse de estos enemigos que de los anteriores. Necesitaba algo de tiempo para recuperarse e idear una estrategia. De pronto, vio una apertura; se dirigió hacia uno de sus enemigos y se abalanzó sobre él apoyando su mano en la cabeza de éste para darse impulso. Saltó por los aires dejando atrás a sus adversarios. Cuando estuvo lo suficientemente alejada, se giró hacia ellos de nuevo y comenzó a acumular chakra en su katana. Descendió en el suelo sin problemas, al mismo tiempo que ejecutaba su nuevo ataque. La joven hizo un movimiento con su espada y se quedó quieta observando a los exiliados como si estuviera esperando algo. Los renegados estaban desconcertados hasta que uno de ellos, el más cercano a la joven, empezó a gritar de dolor desangrándose; acaba de perder sus dos brazos. Los compañeros que había detrás de él, también se vieron afectados por el ataque invisible de Sakura falleciendo en el acto. Uno de los dos exiliados que quedaban con vida intentó huir, pero la joven fue más rápida y se teletransportó justo enfrente de su enemigo asestándole el golpe mortal; el cuerpo del renegado cayó inerte al suelo. La joven respiró agitada y confusa. En menos de dos minutos había quitado la vida a cuatro personas y apenas media hora atrás a su primera víctima. Su mente era incapaz de digerir esta información y se limitó a no pensar. Observó la zona buscando desesperadamente al enemigo que quedaba; lo encontró escondido detrás de una roca. No quiso darle tiempo para recuperarse, o para que ejecutara alguna técnica, así que corrió hacia él a ciegas, sin pensar en las consecuencias. En su interior deseaba fervientemente que su mente y su corazón evadieran la pena y el sufrimiento otorgando a su espíritu un vacío existencial, exactamente igual que el que tenían sus compañeros anbu.
Mientras corría, Sakura pensaba que a cada paso que daba, dejaba atrás algo de su dolor. Tenía la certeza de que con cada muerte que diera, más cerca estaría de la paz interior. Aunque ella no concebía la paz como un estado de bienestar total, sino más bien un estado en general: sin pena, sin remordimiento, sin tristeza… pero también sin contento, sin esperanza y sin alegría. Si carecía de emociones, todo sería más fácil. La vida no tendría sentido pero viviría. Al fin y al cabo, ¿no se trataba de eso?: ¿de vivir? Al menos no desaprovecharía su existencia tirada en una cama de hospital sintiéndose miserable y compadeciéndose de sí misma, haciendo la vida de los que la rodeaban más patética y deplorable. Ni tampoco fingiría ser feliz sonriendo falsamente, drogándose de pastillas y otros medicamentos para calmar su depresión hasta el día en que se quitara la vida. Si tenía que matar para acabar con su dolor, lo haría. Anheló, una vez más, el no sentir nada y se reprochó ser tan emocional cuando notó cómo hervía su sangre al golpear la roca dónde se ocultaba su enemigo.
La piedra estalló en pedazos hiriendo a ambos ninjas. Al renegado uno de los segmentos se le incrustó en la espalda, mientras que a Sakura solamente le rozó, de manera muy superficial, la pierna. Oyó cómo el exiliado rugió de dolor y le observó más detenidamente: no podía mantenerse en pie. En seguida, la joven médico dedujo que el trozo de piedra, además de herirle seriamente, le había obstruido uno de los nervios de su columna vertebral impidiendo que coordinara el equilibrio. Una vez establecido su diagnóstico, sonrió casi de un modo perverso. Tenía la pelea ganada. Por muy fuerte que fuera su enemigo si no podía dar un paso sin tambalearse, el ganador estaba claro. Solamente tenía una posibilidad de vencer si se arrancaba el trozo de piedra, pero aquello era imposible puesto que se había incrustado muy profundamente. Sakura se alegró de su suerte ya que estaba demasiado cansada para continuar el combate y ya había gastado demasiado chakra; sólo le quedaba para ejecutar una técnica más. Enfundó la katana y comenzó a hacer sellos; un jutsu de tierra y todo habría acabado. Atraparle en una prisión de rocas hasta asfixiarle era una buena opción para la joven, así podría revisar si poseía el pergamino. La tierra empezó a elevarse, sin embargo algo iba mal. La anbu notó cómo su enemigo esbozó una sonrisa y empezó a formular sellos al mismo tiempo que se formaba su prisión. De pronto, las rocas de la cárcel de Sakura explotaron dejando libre al renegado. La joven, muy sorprendida, no entendía nada ¿había fallado en la ejecución de la técnica? Nunca le había pasado nada parecido y aún más sabiendo que la naturaleza de las técnicas de su enemigo era el agua, mientras que la suya era la tierra, por tanto su técnica era superior. La única manera de contrarrestar ese jutsu era formular otro de su misma naturaleza. Mientras la joven reflexionaba, vio cómo el exiliado hacía sellos nuevamente y encontró la respuesta a lo sucedido al mismo tiempo que su enemigo se libraba de la piedra de su cuerpo: él utilizaba jutsus de tierra.
Se maldijo a sí misma por no haber prestado más atención, ninguno con los que acababa de pelear había hecho ningún ninjutsu, por lo que dedujo que éstos también debían ser exiliados de la niebla (y que sólo sabían utilizar técnicas de agua). Se equivocó totalmente y ahora lo pagaría. Agotada, sin chakra y emocionalmente inestable no sabía qué hacer. Se quedó totalmente desorientada y el enemigo aprovechó para atacarla lanzándole innumerables rocas con forma de balas. Sakura no pudo esquivar el ataque y fue brutalmente acribillada.
La fuerza del impacto de las balas fue de tal magnitud que la joven colisionó con varios árboles de la zona provocando un fuerte estruendo. Kakashi, que andaba muy cerca, se impresionó por el ataque y corrió deseando que su exalumna se encontrara bien. A pesar de la dimensión de aquel golpe, Sakura seguía con vida y consciente. Sentía como si todos los huesos del cuerpo se le hubieran roto y cada vez que intentaba hacer algún movimiento, se acrecentaba más y más ese dolor. Como pudo, fue examinándose a sí misma reparando en posibles daños internos; en una primera observación no halló nada grave, sin embargo aún era pronto para detectar una posible hemorragia interna. Durante su breve exploración, agradeció el brutal entrenamiento al que le sometió su maestra, ya que éste le había fortalecido de una manera increíble los músculos del cuerpo, y gracias a eso, todavía seguía con vida. Intentó levantarse, sin embargo no pudo; estaba demasiado herida.
-Mierda…- masculló entre dientes al sentirse mareada; había perdido mucha sangre lo que le hacía perder, poco a poco, la consciencia.
Escuchó unos pasos y supo que se trataba de su enemigo. Iba a darle el golpe de gracia y ella no podía hacer nada para evitarlo. Volvió a intentar levantarse, tampoco lo consiguió esta vez. Intentó acumular chakra, pero ya no tenía las fuerzas necesarias y sentía cómo su cuerpo iba debilitándose. "Si tan solo pudiera alcanzar mis píldoras soldado…" pensó agonizando. "Demasiado tarde, está aquí." El renegado se acercó más a la anbu hasta cogerla por la solapa de su chaleco.
-Así que esto es la élite de Konoha… ¡Menuda decepción! – se burló el exiliado.
-Sssi… tsk – balbuceó la ninja. No podía pronunciar bien por toda la sangre que había en su boca.
-¿Qué dices? No te entiendo… ¿Acaso suplicas por tu vida? – preguntó arrogante.
- No.- escupió la sangre y sonrió divertida.
-¿Qué es lo que te hace tanta gracia, estúpida? – se enfadó de inmediato el enemigo de la ninja.
Ella volvió a reír. Y pausadamente contestó:
-Me he cargado a tus compañeros. Y ahora…- escupió sangre de nuevo mientras sonreía maliciosamente.- Vas a morir tú.
-¿Qué dices? – gritó colérico por la burla de la anbu.- ¡Tú eres la que vas a morir!
El renegado levantó su mano para golpear a la joven, sin embargo otra mano detuvo su intento.
-Regla número cinco del manual del ninja: nunca dejes de vigilar tu espalda.
-¿Qué demonios…? – se giró el exiliado topándose de frente con otro anbu.- ¿Cuándo…?
-Lo básico para un ninja es ocultar su presencia y esconderse.
-¡No me jodas! – intentó liberarse sin conseguirlo.- Voy a…
-¿Matarte? – el anbu miró fijamente a los ojos de su enemigo.
-El sharingan…- murmuró el otro soltando a la joven. La anbu cayó al suelo dolorida.- Eres el ninja copia…- dedujo con acierto.
Kakashi sonrió para sí mismo y liberó a su oponente del agarre. El renegado dio algunos pasos hacia atrás esperando algún ataque.
-Sakura, ¿estás herida? ¿Puedes levantarte? – preguntó Hatake sin perder de vista a su adversario.
-Estoy bien.- contestó retorciéndose por el dolor.- Me ha pillado desprevenida.
-Lo he visto, no te preocupes. Yo me encargaré de él. – concluyó mientras ejecutaba su primer jutsu propio: el chidori. Una nueva pelea había comenzado.
Sakura sabía que no podía permanecer por más tiempo en aquel lugar y mucho menos en medio de una batalla en su estado. Alzó la vista y observó cómo Kakashi estaba manteniendo a raya al renegado. Una cosa menos de la que preocuparse. Como pudo, buscó entre sus ropas la caja que contenía las píldoras soldados, pero no las encontró. Se extrañó porque sabía que las llevaba encima y que todavía le quedaban al menos un par. "Deben haberse caído" pensó alterada examinando la zona más detalladamente. De pronto las vio, estaban a tan sólo unos metros de ella. Lentamente, fue arrastrándose hacia la caja. El dolor era insoportable pero no había otra opción. De fondo, escuchaba el sonido de las armas al chocar y las terribles técnicas que empleaban cada uno de ellos. La voz de Kakashi le hacía estremecerse, le traía demasiados recuerdos dolorosos. Como un flashback fueron apareciendo en la mente de la joven, imágenes de la misión donde murieron sus dos amigos y, precisamente, fueron esas mismas imágenes las que le dieron la fuerza necesaria para llegar hasta el cajetín. Estaba a punto de cogerlo cuando sintió que algo estaba mal.
-¿Kakashi? – se giró buscando a su compañero.
-Te equivocas… - contestó una voz ronca e irritante.- Vuelve a intentarlo… - se acercó más a ella.- Vas a morir…
-¡No!- gritó Sakura protegiéndose con sus brazos.
-No quieres morir, ¿verdad? – se rió el renegado.- Tu amigo seguramente tampoco quería… Pero así es la vida. Al menos él ha tenido suerte y su muerte ha sido rápida, la tuya en cambio… será lenta y dolorosa.
-Te equivocas… - contestó la joven reproduciendo las palabras de su enemigo.
-¿Cómo?- el ninja se giró dando la espalda a la joven. De lejos, pudo ver el cuerpo del otro anbu.- Tu amigo está ahí tirado.
La ninja aprovechó la distracción de su enemigo para comerse una de las píldoras soldado que acababa de recuperar. Y dijo:
-No es él quién debería preocuparte.
El renegado se volvió hacia ella rápidamente.
Sakura, que esperaba esta reacción, se preparó para asestarle un potente golpe y alcanzó a darle en la cara.
- No prestas atención a las reglas ninjas, ¿eh?: "Nunca dejes de vigilar tu espalda". – dijo sonriendo con algo de superioridad.- Eso es lo que ha dicho Kakashi…
La pastilla hizo su efecto de inmediato. La ninja había recuperado totalmente su fuerza y se encontraba en condiciones de pelear. Afortunadamente para ella, no necesitaba su chakra para un combate cuerpo a cuerpo. No esperó que su contrincante se levantara del suelo y fue tras él con furia. Había estado a punto de morir y, lo que es peor, había estado a punto de fallar a Kakashi. Le había prometido que no moriría y no estaba dispuesta a decepcionarle de nuevo.
El renegado intentó levantarse, pero recibió una patada en el estómago que le impidió hacerlo. El nuevo ataque le causó un dolor insoportable que se reflejó en su rostro. Empezó a sangrar por la boca justo cómo Sakura lo había hecho antes. La joven se acercó aún más a su enemigo y le agarró de la solapa.
-¿Dónde está el pergamino?- le preguntó directamente mirándole a los ojos.
-No pienso hablar.- contestó como pudo el renegado.
-No me hagas perder el tiempo.- dijo la joven examinando las heridas de su enemigo.- Estás herido de gravedad. No aguantarás más de una hora en este estado.
-¿Y tú qué sabrás?- balbuceó el renegado algo mareado. Sakura presionó la parte izquierda del abdomen de su enemigo. Él rugió de dolor.
- El abdomen se ha endurecido. – afirmó la muchacha.- Esto sumado al dolor, al sudor frio y a la disminución del nivel de conciencia que presentas, me hacen diagnosticar una posible ruptura de bazo.
-¿Bazo?
- El bazo es una víscera situada casi siempre a la izquierda del estómago que destruye los hematíes caducos y participa en la formación de los linfocitos. También…
-Una ninja médico… - dedujo el ninja enemigo resoplando.- ¿Me vas a dar una clase de medicina?
-No.- negó rápidamente la ironía, mientras continuaba estudiando el estado de su enemigo.- Sólo te informo.
-¿Por qué? No tiene sentido que me cures si antes ha intentado matarme. – se tomó unos segundos para reflexionar.- ¿O es que estás pensando en llevarme vivo hasta Konoha para que Ibiki me interrogue?
- Era una posibilidad, pero no hay tiempo.
-¿Qué quieres decir?
-Además de la ruptura del bazo, es posible que sufras una insuficiencia hepática. Probablemente con la patada, te he lesionado el hígado también. Viendo la dificultad con la que respiras me atrevería a concluir que la artería hepática se ha deteriorado. Es muy posible que dentro de unos minutos, el hígado te deje de funcionar provocando una insuficiencia renal.
-¿Y eso que significa?
-Que vas a morir…
-¡Eso ya lo sabía! – interrumpió el renegado.
-No me has dejado terminar. – habló la ninja médico.- Vas a morir lenta y dolorosamente si no hago nada por evitarlo.
-¿No deberías preocuparte por tu amigo?
-Kakashi está bien. Sólo necesitaba algo de tiempo para reponerse.
A lo lejos, el renegado vio cómo se levantaba el otro ninja.
-¿Lo ves? – habló de nuevo la joven. El renegado la miró con ira.- De ti depende cómo quieras morir. Tan sólo dime dónde está el pergamino y dejarás de sufrir…
-No pienso hablar.- repitió el exiliado mientras veía cómo se acercaba su otro enemigo.
-¿Cómo vas, Sakura?- preguntó Hatake.
-No quiere cooperar.- se incorporó la ninja al mismo tiempo que Kakashi se colocaba a su lado.
-Ya veo. Deberíamos matarlo ya e irnos a por el resto.
-Quizá si le parto alguna costilla…
-No hay tiempo para eso.
-Tienes razón. – suspiró.- Además, probablemente si le torturamos muera en el acto.- sentenció la joven mirando al renegado que apenas podía mantener los ojos abiertos. Estaba prácticamente inconsciente.
-Vámonos. – sugirió Kakashi.
Sakura fue la primera en moverse. Dejó tirado el cuerpo de su enemigo y se adelantó un par de pasos de su maestro. Un escalofrío se apoderó de ella, se volvió y vio cómo el renegado se abalanzaba sobre la espalda de Hatake. ¡Era imposible! Prácticamente su enemigo estaba moribundo. Protegió a su compañero del ataque sorpresa empujándole fuera del alcance de su enemigo. En cuestión de segundos, el renegado se había recuperado de su herida mortal, ¿cómo era posible?
Harunosacó la cajetilla de pastillas para darle a Kakashi la última que le quedaba, pero la caja estaba vacía. ¡El exiliado debía habérsela quitado cuándo estaba examinándole! Desenfundó la katana y se dispuso a matarle tal y como debía haber hecho anteriormente. Otro error más era inaceptable.
Atacó a su enemigo con la espada y éste se defendió con la suya contrarrestando el ataque. La joven anbu acrecentó sus fuerzas provocando la ruptura de ambas katanas. El renegado cayó al suelo y Haruno tiró la empuñadura del arma rota. El exiliado, nuevamente herido, sacó una bola de humo y se la lanzó a la joven. El humo no la dejaba respirar y sentía cómo los ojos le ardían. Sakura comenzó a realizar sellos con la esperanza de ganar algo de tiempo.
Hatake aprovechó para realizar un jutsu de viento para disipar el humo. Mientras realizaba la técnica, Sakura no tardó en detectar la posición del ninja enemigo a sus espaldas. El renegado pegó un salto en el aire para atacar. La joven se giró rápidamente al mismo tiempo que se agachó tocando con sus manos el suelo. De la tierra brotó una gigantesca rama de árbol que provocó un gran estruendo.
Todavía el humo no se había esparcido del todo, por lo que Kakashi apenas podía distinguir la figura de Sakura de su enemigo. Precipitadamente paró la técnica cuando le pareció ver cómo uno de los ninjas había sido atravesado por una especie de tronco. Corrió hasta la zona del ataque, dónde había más humo, y se dirigió hacia el cuerpo mutilado que yacía en el aire todavía -porque la rama no le había dejado caer al suelo-. Sintió cómo si su corazón estuviera punto de pararse cuando vio a su compañera en el suelo junto a un charco de sangre. Kakashi se apresuró a ayudarla mientras gritaba su nombre:
-¡Sakura, Sakura!- incorporó el cuerpo de la muchacha.- ¿Estás bien?– empezó a inquietarse al ver que la ninja no decía nada.- ¡Respóndeme! - No hubo respuesta.
Hatake comenzó a zarandearla con la esperanza de que la joven se despertara. Gritaba su nombre una y otra vez con desesperación. Estaba a punto de volverse loco cuando…
-Kakashi.- pronunció su nombre abriendo los ojos. Estaba viva. La sangre no era la suya.
-¡Sakura! – agradeció el ninja a los dioses por su suerte. Tan emocionado estaba que no pudo más que abrazar a la joven.
-Kakashi… Kakashi… - le decía la anbu intentando llamar su atención, pero continuaba en estado de shock. No dejaba de repetirse la suerte que había tenido (que habían tenido) al estar vivos los dos. – Kakashi, por favor…
-¿Qué? – se sobresaltó el hombre.- Perdona… Estaba terriblemente preocupado.
-Tengo el pergamino.- dijo la muchacha mostrándole su mano; lo agarraba fuertemente.
-¿El pergamino? – se sorprendió Kakashi.
-Era el objetivo de la misión. – contestó la joven anbu.- ¿En qué estabas pensando? – le preguntó mientras se separaba de sus brazos. Se levantó del suelo bajo la atenta mirada de su compañero.
-Pensaba en… - "ti", pero no se atrevió a decirlo en voz alta. Mientras él estaba preocupado por ella, ella lo estaba por la misión.
Sakura, primeramente, confirmó que se trataba del pergamino que estaban buscando. Después, comenzó a examinar las posibles heridas de su cuerpo y como vio que no tenía nada grave, se puso a examinar a su compañero. Kakashi se estremeció al ver cómo había reaccionado Sakura: había seguido al pie de la letra, el protocolo anbu, lo que asustó mucho al ninja.
-¿Te duele algo Kakashi? – le preguntó mientras le ayudaba a levantarse.
-No, nada en particular.- contestó aún distraído.
-¿Pasa algo?
-No… ¡qué va! – intentó disimular sus inquietudes.
-¿Qué es? No veo nada grave. ¿Estás mareado?
-Puede ser…
-Quizá hayas perdido mucha sangre, pero ya te he cerrado las heridas.
Sakura continuaba con su exploración, cuando llegaron el resto de los compañeros anbu. Una de ellos llevaba un cuerpo en sus brazos. La joven Haruno reconoció a la anbu, era Yuugi: una de las anbu que intervino, años atrás, en una de las peleas de Orochimaru. En aquella ocasión perdió a su novio y, en ésta, a su mejor amigo. Yamato y Neji también estaban muy serios. Llevaban tiempo trabajando con el anbu fallecido y siempre dolía perder a un buen amigo. Kakashi dio el pésame a sus compañeros, él acababa de reincorporarse a Anbu por lo que no conocía demasiado al difunto. Los tres anbu le agradecieron el gesto en silencio.
Sakura se separó del grupo, mientras sus compañeros guardaban un minuto de silencio por la muerte del anbu. Kakashi se disculpó con el resto del equipo.
-Necesita estar sola.
Todos le entendieron, porque sabían lo mal que lo estaba pasando la joven.
Al cabo de unos instantes, Sakura regresó.
-Ya he enviado una paloma a Konoha con el pergamino. La misión se ha acabado.
La impasibilidad de la joven desconcertó al resto de sus compañeros.
Kakashi suspiró afectado porque sus temores acababan de confirmarse: Sakura era una anbu.
FIN CAPÍTULO 5
Tormento de Yume Fujimi
