Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.
En la soledad de la montaña.
A medida que caía al vació, escuchaba los gritos de desesperación y dolor proveniente de la gente que había jurado proteger. Su cuerpo, ya con varios huesos rotos, impacto contra la ladera de la montaña. A cada golpe que recibía su maltrecho cuerpo y destruida armadura, la realidad también le golpeaba más salvajemente todavía. Los guerreros sangrientos habían descubierto donde se escondían y habían aparecido de improvista...
Ella tenía razón, si hubiera estado descansado. Si hubiera estado en mejores condiciones, hubiera podido hacerles frente. Pero estaba débil, la debilidad estaba en cada una de sus células y había mermado toda su fuerza. No lo había logrado, por más que hubiera peleado con todas las fuerzas que le quedaban... No había podido protegerles.
Ella.
El ser que más amaba, pero jamás lo diría en voz alta, había muerto al tratar de defenderle la primera vez que toco el duro suele durante el combate. Eran cuatro contra él, su condición no les permitía hacer frente. Estaba muy débil, su fuerza había mermado con cada alimento que se había negado a ingerir para que se lo dieran a los menores que ahora eran llevados por esos guerreros sangrientos.
No sabía que pasaba con esas criaturas, solo se las llevaban y ya.
Una lagrima escapo de sus ojos, una única y solitaria lagrima.
-Les falle. -Susurro, antes que la inconsciencia le dominara. Les había fallado, a todos. A sus camaradas de entrenamiento (los cuales al igual que él habían sobrevivido por el sacrificio de su maestro) y los civiles a los que escondían y resguardaban.
Les había fallado a todos.
Alpes españoles.
-Más le vale a esta cabra de mierda estar con vida... -gruño Mascara Mortal, mientras prendía fuego con dos piedras y unas humildes ramas.- Este lugar, me está calando los huesos... -Al decir eso, una idea paso por su cabeza- Hielo ¡Claro! -Amplio su sonrisa- Que el franchute no naciera no quiere decir que se aplique lo mismo para el ganso de su discípulo. -Los de bronce si nacieron, hasta incluso pueden estar con Athena en este mismo instante. - Porque no lo pensé antes. -Amplio su sonrisa, pero esta se borró lentamente. -Shun. El mocoso maldito, debe ser el contenedor de Ares. -Salió a la entrada de la modesta cueva y miro la luna oculta por el eclipse.- ¿Que habrá pasado con Ikki? Capaz que los malditos mataron al chico... Shun está perdido. -Cerro los ojos y dejo salir un breve suspiro. -Pero los otros tres, puede que aun respiren. Deben de estar en algún lado de este muerto mundo, esperando que algo les salve... -volvió al interior de la cueva, rogando estar en parte equivocado.
Cerró los ojos un momento, pensando en esos cosmos que se habían extinguido horas atrás. No era tan estúpido como para ir a ver qué diablos había pasado. Prefería demorarse un poco, a ir y encontrarse con toda la jauría de lobos. A fin de cuentas, ya se habían perdido muchas vidas ¿Que afectaba que se perdiera alguna que otra más?
Mañana siguiente.
Había un cosmos que se debilitaba, una diminuta señal de vida que se extinguía lentamente entre todas esas que ya se habían perdido. Se acercó al precipicio y se asomó por este, quería ver quién era el afortunado que aun respiraba en ese lugar de muerte. En esa montaña solitaria.
-¡SHURA! -Dejo su armadura y el arma del viejo francés y comenzó a descender con cuidado la escarpada ladera. -Maldito Catalán, no te vayas a morir ahora que te necesito. -Si el infeliz se muere, no habrá quien me ayude a encontrar a los otros y a Athena (si es que aún vive).
El hombre abrió los ojos y se topó con el techo de una de las cuevas, a sus fosas nasales llegaba un aroma que desde niño no apreciaba: el aroma de la carne. Al querer moverse, todo su cuerpo le recordó los acontecido antes de caer al vació. Sus ojos se cerraron, para ocultar el dolor que invadía a su corazón. Su espada, Excalibur, no había sido suficiente para proteger a quienes juro proteger. Les había fallado a todos ellos.
Sintió que alguien se inclinaba sobre él, al abrir los ojos se encontró con el rostro moreno de un hombre y una mirada penetrante de este.
-Pensé que estabas en coma, menos mal que despiertas Shura. -¿Cómo sabe mi nombre? -Menudo susto me diste, cuando te vi al final de la ladera pensé que no te salvabas. -Soltó una risa entre dientes- Al parecer tengo que recordar que las cabras se llevan con las montañas.
-¿Quién eres? -La sonrisa del hombre se esfumo- ¿Cómo sabes mi nombre?
-Los nombres: Mu, Aldebarán, Saga, Kanon -Vio que el hombre apretó los labios ante uno de esos nombres...- Aioria, Shaka, Dohko, Milo, Aioros, Camus y Afrodita ¿Te dicen algo?
-Solo conozco de nombre a una de esas personas -El otro dejo salir un gruñido.- Y esa persona esta con el responsable de todo esto. -Quiso levantarse, pero una nueva corriente de dolor le hizo estarse acostado. - ¿Quién eres?
-Soy Ángelo de Cáncer -Si le digo Mascara Mortal puede que lo tome a mal.- Estoy buscando a todos los supervivientes de las masacres en los campos de entrenamiento. -Shura miro hacia el otro lado- No puedes culparte por lo que ha pasado, es claro que no estás en condiciones para pelear.
-¿Has encontrado a algún otro superviviente?
-De la orden dorada eres el primero. -Miro al mal herido español- Escucha, necesito que me ayudes a encontrar a Athena.
-No creo que este viva... -Susurro Shura.- De estarlo, dudo que hubiera dejado que todo llegara a este punto. -Escucho que el otro soltaba un par de palabras en lo que creyó que era Italiano.
-Ella está viva, solo tenemos que encontrarla y para ello necesito tu ayuda y la de todos los demás. -Miro molesto al hombre -Iría por Aldebarán, pero más que seguro el grandote este en Brasil y a duras penas logre atravesar el Mar Mediterráneo. Si tuviera los recursos y la ayuda necesaria atravesaría el Atlántico e iría por él. Más que seguro estaría dispuesto a ayudar y no se estaría lamentando como tu ¡IDIOTA! -Le miro con cólera y se dirigió a la entrada de la cueva. -Lamentarte por lo perdido, no te ayudara en nada. Es claro que no eres capaz de recordarlo, pero hay otra línea de tiempo en que tu única preocupación era que Shion no te enchufara otro aprendiz. -El español le miro algo perdido, dado que no entendía de qué diablos le hablaba ese extraño sujeto.
-¿Hacia dónde planeas ir? -Miro el rustico mapa de Europa que el caballero de Cáncer poseía- ¿Por qué hablas de otra línea de tiempo?
-Porque la hay -El caballero le miro de reojo, su mirada se escurrió entre su flequillo- La cosa es sencilla: Ares estaba por perder la guerra, obtuvo la hoz de Cronos y mando a uno de sus soldados a matar a ciertas personas. Con esas personas muertas, el futuro se convirtió en la mierda en que vivimos. -Shura se sentó frente a él- No me entiendo cómo es que no... -Dejo las palabras inconclusas. -Claro. Por qué no lo pensé antes.
-¿De qué hablas?
-Tú estabas cuidando de Abel... Por eso no recuerdas, al momento de que ese bastardo uso el poder de la hoz tú no estabas con Athena. Por eso no recuerdas nada. -Dejo salir un gruñido- Entonces solo Athena, Dohko, Shaka, Aioros y yo sabemos del verdadero futuro. -Sus manos apretaron el mapa- si doy con cualquier otro, no será capaz de recordar nada.
-Disculpa, pero te perdí la línea...
-Escucha, cuando ese bastardo uso la hoz de Cronos. Dohko de Libra, Aioros de Sagitario, Shaka de Virgo y yo estábamos protegidos por el poder del escudo de nuestra diosa. -Tomo un poco de aire- Así que en consecuencia nuestras mentes no se dañaron y recordamos todo o eso espero que se aplique con el resto.
-Y basándote en esa teoría quieres recorrer Europa buscando al resto. -Mascara asintió- ¿Alguien te ha dicho que perdiste un tornillo?
-Escucha, ya está todo perdido ¿Que perdemos con intentarlo? -Replico sereno el guardián de la cuarta casa. Shura dejo salir un suspiro- ¿qué pasa?
-Mi armadura, se dañó en el combate con los guerreros sangrientos.
-Eso indica que tenemos que ir con Mu, si es que el carnero esta con vida. -Athena quiera que así sea.
-¿Y dónde encontramos a ese tal Mu? -El otro sonrió de medio lado. -¿Qué pasa?
-Está en Jamir. -Shura arqueo una ceja.- Eso queda pasando el Tíbet.
-Estas diciéndome...
-¿Que tenemos que ir a Asia? Sí.
-¿Cómo planeas llegar a halla? -pregunto Shura, algo sorprendido por la descabellada idea.
-De la misma forma que llegue aquí.
-Y eso sería...
-Caminando -Shura abrió los ojos sorprendido por la idea, la cual sin duda superaba a todas las ideas descabelladas que había escuchado en su vida- Sin necesidad de usar mi cosmos puedo recorrer una buena cantidad de distancia en un día.
-Estás loco.
-Mira, ir a Jamir estaba en mis planes desde un principio. Así que, si quieres venir conmigo eres bienvenido -Comento el hombre mientras iba a ver la cena que se asaba lentamente- En este momento, realmente, me da igual si vienes o no conmigo.
-¿Y eso por qué?
-No eres el Shura que esperaba encontrar -replico el Italiano, en un tono helado.
-¿Estás seguro que quieres hacerlo? -Shura caminaba detrás de Mascara, quien aparte de su armadura cargaba la del 10 guardián. En esas condiciones Shura apenas podía cargar con sus propias penas- No piensas hacer ninguna escala en algún otro lado antes.
-Mira, para lo que se nos viene encima. Es mejor que encontremos a Mu y tú tengas la armadura reparada. -Se detuvo, se quitó el rifle del hombro y se lo arrojo al español- Si ves algo que tiene cuatro patas o un par de alas, pégale un tiro. Eso será nuestra comida.
-Yo...
-No podemos usar el cosmos, eso nos delataría, además más te vale que tengas buena puntería. -Informo Ángelo, mientras seguía caminando ignorando a su camarada- No tengo muchas balas y estas nos tienen que durar hasta Jamir.
-¿Quiénes crees que estén con vida? -El otro no replico.- Solo por cortesía deberías de responder.
-Pues... los hermanos de fuego seguro. -Replico al fin- También espero que lo estén Shaka y Dohko.
-¿Quiénes son los hermanos de fuego?
-Aioros de Sagitario y Aioria de Leo. -Informo el Cáncer fríamente- Sé que ellos escaparon del santuario o eso me llego... Apuremos a dejar esta montaña.
Shura miro por última vez la montaña, la soledad que reinaría en ese lugar a partir de ahora le sabía amarga. Pero si ese sujeto tenía razón, esa soledad no debía de existir. Solo a medida que prosiguieran en su viaje, iría descubriendo si las palabras de este eran verdad o una completa fantasía de una mente desesperada.
Con el cuerpo tan dolido como el alma, con un paso ligeramente renqueante por la pierna fisura. Asiendo apoyo en una vara, Shura de Capricornio se unió a la cruzada de la búsqueda de los demás caballeros dorados supervivientes a las masacres cometidas por Ares.
Aunque tristemente, no solo debían de preocuparse por las tropas de Ares. También estaban en la tierra las tropas del señor del averno. Hades.
Continuara.
