Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.
Perdonen la demora.
Una gota de esperanza.
El dúo, ahora era cuarteto.
Aioria solía ayudar a Aioros a caminar, en el estado en que se hallaba el mayor del grupo no era muy fiable viajar de día.
-Oye... Estaba pensando. -Comenzó Mascara- Antes de ir a Jamir, deberías pasar por Siberia. -Los otros se quedaron helados y miraron al caballero de Cáncer- Puede que este el ganso mamero con vida.
-No le digas así. -Reprendió Aioros, mientras su hermano y Shura se intercambiaban miradas confusas. -Aunque puede que así sea, a fin de cuentas él no es pariente de ninguno de los otros... Incluso...
-¿Pudo haber sido entrenado por Cristal? -Aioros asintió, ambos habían pensado en lo mismo. -Tendremos que buscar abrigos o algo que nos sirva para sobrevivir a Siberia...
-¿Nos explican? Les volvimos a perder el hilo. -Notifico Aioria.
-Hyoga de Cisne, es uno de los cinco caballeros de bronce que te mencione.
-¿Y está en Siberia? -pregunto Shura al fin, aunque era solo retorico.
-Si- Dijeron los otros dos al unísono.
-¿Y se puede saber cómo piensan que vayamos ahí? -Aioria les miro atentamente- Si no se dieron cuenta, estamos caminando y Siberia esta muy lejos.
-Y de esa forma, caminando -Comento burlón Ángelo. -y tal vez en bote si nos topamos con algún rio...
Siberia.
El aire frio surcaba las planicies recubiertas por el eterno hielo, el silencio solo roto por el lastimero viento que lloraba a los muertos por esa cruel existencia era lo único que se dejaba oír.
Llegando a un sector de glaciares de apariencia magna, siguiendo el camino abierto por una grieta y luego de soportar las heladas temperaturas prisioneras entre esas cristalinas paredes. Se llegaba al escondrijo del único caballero sobreviviente de esa cruel región.
Abrasando sus piernas, tratando de mantener el calor en su cuerpo y con una mirada ahogada por la desesperanza. Intentando no sentir lo que en esos momentos sentía. Rogando a dios, al que tanto le había suplicado ayuda, que al momento de abrir sus ojos su maestro, el caballero Cristal, estuviera con vida nuevamente.
Aun recordaba el grito y también la orden que había anticipado a este.
El espectro de Harpía había dado con ellos y ejecutado a su maestro... Hacía solo unos días, su maestro aseguro haber escuchado el llamado de su diosa, de la diosa que había permitido que todo esto pasara. De la diosa que debería de cuidar de los humanos.
Apretó con fuerza los puños, mientras lágrimas caían de sus bellos ojos azules y surcaban su piel morena.
Ahora estaba solo, solo entre los silenciosos glaciares... Deseando tener el corazón frio como el hielo que le rodeaba.
Sin esperanzas.
Sin sueños.
Sin familia...
Su maestro, había sido como un padre para él luego de la muerte de su madre...
Una vez más, volvía a quedarse solo.
Siendo incapaz de escuchar el llamado que su maestro había percibido antes de morir.
Jamir.
-¿Cómo te sientes Mu? -El hombre miro a la diosa y sonrió pobremente. Aún estaba débil, pero ya no era tanto como lo había sido hacia unos meses.
-Diosa Athena, no debería exponerse de esta manera -Informo el guardián de la torre de Jamir. -Deje que Shiryu y yo montemos guardia. Vaya con Shunrei y Kiki, no se aleje de ellos.
-¿Crees que haya alguno buscándonos? -Athena miro al caballero, al igual que ella llevaba una capa color tierra que se perdía con facilidad en el entorno.
-No tenga la menor duda, princesa, de que cada uno de mis camaradas le está buscando.
-Entonces deberíamos ir a por ellos.
-No, diosa Athena, eso sería una imprudencia -Observo el firmamento nocturno- Dohko dijo que Saga murió cuando era niño... Pero todas las noches hay algo que me intriga.
-¿Qué cosa? -Pregunto la deidad serena.
-¿Por qué brilla Pólux? -La diosa observo la estrella, tenía razón Pólux brillaba majestuosamente en el firmamento junto a su hermano Castor, el cual se hallaba teñido de un intenso escarlata.
-¿Por qué brillas Pólux? -La diosa susurro- si la persona a la que resguardas fue asesinada de pequeño...
-¿Que tan seguros estamos de ello? -Pregunto al fin una voz, cuyo dueño había guardado silencio todo el tiempo- Solo encontraron a un padre alcoholizado asegurando que había asesinado, quemado y enterrado los restos de sus dos víctimas... -Dohko se colocó junto a la diosa. -¿Que nos garantiza que ese hombre no haya mentido? -Los dos más jóvenes guardaron silencio.- Las estrellas jamás mienten. -Miro atentamente a la estrella- Pólux no brilla por el simple hecho de brillar.
-Saga está vivo. -Susurro Athena- Pero... ¿Cómo?
-Princesa Athena -Dohko le lanzo una profunda mirada verde- La pregunta correcta es: ¿Dónde está?
Rusia, varios meses después.
-Más... le vale al pato... -Ángelo se abrazó a sí mismo- estar con vida...
-Fue su idea venir a buscarle. -Le reprendió Aioria, a quien tampoco le hacía mucha gracia el viento helado que circulaba por los glaciares.
-No se quejen, que todavía ni siquiera llegamos a las cumbres de Siberia -Les reprendió Aioros.- Cuando estemos ahí... pueden quejarse... Sean como Shura que no dice nada.
-No dice nada porque seguramente se le congelo la lengua. -Comento al fin Mascara, luego de un silencio.
Giudeca, Inframundo.
-¿Qué haces aquí Valentine de Harpía? -Pandora miro con soberbia al espectro que se arrodillo a diez pasos de la escalinata que llevaba al trono- ¿Por qué vienes a importunar al señor Hades?
-Unos esqueletos, aseguran haber visto a cuatro hombres en las cercanías de los glaciares de Siberia.
-¿Y eso que? -La mujer de ojos morados claros le miro con desagrado- eso no le importa al señor Hades, los hombres son criaturas estúpidas. Lo que pase con ellos, no es de su interés en este momento y jamás lo será.
-Señorita Pandora -Valentine alzo la vista- según los esqueletos, esos hombres cargaban con urnas en sus espaldas...
-¿Caballeros? -La mujer logro controlar su voz, luego de casi emitir un leve grito al pronunciar esa palabra- No es posible. Es imposible que queden caballeros. Los que sobrevivieron a las matanzas de Ares, fueron eliminados por los espectros o murieron por otras causas-Informo serena- Debió ser una confusión.
-Señorita Pandora. Hacia unos meses atrás, le notifique que un joven caballero logro escaparse y se ocultó en los glaciares. -El hombre bajo la mirada.
-Tu estupidez, sin duda puede causar problemas -Hizo una mueca de desagrado- Asegúrate que esos hombres no sean caballeros Valentine y si lo son los eliminas. No queremos que se reagrupen y den con su fastidiosa diosa.
-Entendido, señorita Pandora. -El espectro se retiró en absoluto silencio.
La mujer subió las escaleras, encontrándose con el trono vació.
-Bennu. -Dijo con fastidio.
Castillo Heinstein.
-Pandora. -La joven observo al dios que se hallaba escuchando las armonías generadas por los instrumentos de sus dos consejeros. -¿A qué se debe esa expresión de ofuscación en el rostro? -La joven miro todo a su alrededor no había rastro del espectro. -Ikki no está aquí, si es lo que buscas.
-Mi señor -La joven se puso de rodillas ante el dios- Valentine de Harpía ha notificado de un posible grupo caballeros en Siberia.
-¿A eso has venido realmente? -pregunto el dios sereno, mientras entornaba los ojos- ¿Hay algo más que quieras notificarme Pandora?
-No mi señor.
-¿Qué hay de la orden que te he dado?
-Aún no han dado con el escondite- Informo la joven, sin mirar al dios a los ojos.
-Me lo suponía, por eso mande a Ikki a realizar el trabajo -Cerro los ojos- Tu ineficacia, Pandora, me está resultando bastante molesta.
-Mi señor...
-Por alguna razón, Ares lo mantiene vivo. -El dios abrió los ojos y poso su mirada en Pandora- En mi poder, ese hombre significaría la pérdida del control que Ares tiene sobre su contenedor- Hizo una pausa- Supongo que no debo decirte lo importante que es la derrota de Ares.
-No estando Athena en nuestro camino- Comenzó Hypnos, luego de dejar de tocar la flauta- el dominio de la tierra será enteramente del señor Hades, una vez Ares sea derrotado.
-Pandora, tu rivalidad con el espectro de Bennu -Thanatos le dedico una sonrisa cruel- esa estúpida rivalidad, tan propia de los humanos, está siendo una molestia para el señor Hades.
-Lo siento mi señor... -susurro la joven- Haré mi mejor esfuerzo... le prometo que daremos con el gemelo del contenedor de Ares.
-Pandora. -Hades dejo el trono y tomo a la joven del mentón- No quiero que me prometas, quiero que lo hagas. -Informo el dios- Toca un poco de tu arpa para mí, esta plática me ha estado siendo sofocante.
-Como guste, mi señor. -La mujer se paró y se dirigió al arpa, en la cual comenzó a entonar un sublime réquiem. Al que luego fue acompañado por los instrumentos de las otras dos deidades.
Monasterio abandonado, Tíbet.
-Shaka. -El hombre dejo de meditar, ante la voz de la joven- Ya es hora, el deshielo comenzara muy pronto.
-¿Estas segura que quieres venir? -Pregunto el rubio sereno, a la única de sus compañeras que aún seguía con vida.
Zou había muerto. La neumonía había llevado a cabo su trabajo y se había llevado al que creían, con gran temor, el último Lemuriano. Luna, su otra amiga y amazona de Liebre había sido asesinada al final del otoño por el espectro de Atavaka.
-Sí.
-Kali...
-Vamos Shaka -La chica se puso su armadura al hombro- Yo no pienso quedarme a esperar que nos asesinen... -Informo mientras comenzaba a caminar- seguiré la voz de Athena y me reuniré con ella... -El rubio se colocó la caja en la espalda y comenzó a caminar también...
El paso, debido a la altura en que se hallaba el monasterio, se había visto cerrado por la nieve y el hielo. Habían tenido que aguardar todo el invierno a que la condición cambiara. Y ahora había cambiado.
-Procura estar siempre tras mío -Ordeno el rubio, mientras comenzaban a abandonar el viejo monasterio. Luego de la muerte de Zou de Noctua, habían dejado el primer monasterio dado que para los tres adultos les era un tanto difícil pasar cerca del lugar donde yacían los restos del niño.
En el viaje habían perdido a Luna de Liebre y ahora Shaka de Virgo temía perder a su última amiga con vida.
-No estamos tan lejos de Jamir... -Le alentó la joven, mientras se ponía a su lado desobedeciéndole como de costumbre- Antes que te des cuenta, estaremos allí...
-¿Por qué comenzar en Jamir?
-No sé... Algo me dice que tenemos que ir ahí ¿No te pasa lo mismo?
-Sí, algo me dice que tenemos que ir allí.
Glaciares, varios días después.
-Oigan... -Mascara miro de reojo a Aioros- ¿Soy el único que se siente observado? -Susurro, los otros disimuladamente dijeron que no. Hacía varios días que sentían una mirada sobre ellos, solo que ignoraban una cosa.
Eran dos personas las que seguían su paso.
Uno portaba una armadura oscura.
El otro portaba una tan blanca como la nieve que caía del cielo y cubría con su frio manto todo el suelo de hielo...
Cada quien vigilaba a los caballeros por su lado, acobijados por las distintas fisonomías de los glaciares que llenaban el paisaje con sus frías, imponentes y eternas presencias.
Cada quien con distintos planes para el cuarteto de hombres que perturbaban la calma del lugar con su presencia.
En algún lugar del mundo.
El hombre alzo la cabeza al escuchar el ruido conocido por el cerrojo, cerró los ojos cuando escucho abrirse la puerta.
-Ni te imaginas lo hermoso que está afuera -Informo su carcelero burlón- La belleza del mundo... -Al abrir los ojos se encontró con los ojos inyectados en sangre del hombre que lo tenía cautivo desde su "dulce" niñez.- que él con su sumisión nos está ayudando a construir...
-Ya matarme de una vez... -Dijo el hombre, cuya barba ya había vuelto a crecer más de lo que carcelero deseaba ver.- ¿Que les he hecho para merecer este castigo?
-Hay muchacho... -El hombre de cabellera entrecana sonrió burlón- Ni te imaginas... Lo que has hecho -Comento antes de recortar un poco la barba del hombre- Tu, eres la peor pesadilla y el más bello sueño. -Dejo salir una risa entre dientes- Lo eres todo y eres nada. Eres la salvación y la ruina.
-¿De quién? -El carcelero dejo salir otra risa entre dientes.
-Que buena pregunta... -Sujeto el mentón del hombre encadenado- Una muy buena pregunta. -Sonrió cruel- debo decir que es la mejor que has realizado en estos 24 años... -Coloco el vaso de rustico metal en los labios del hombre y le dio de beber la miseria cantidad de siempre.
Algunas gotas se escurrieron por la barba algo crecida luego de que el vaso fuera retirado. El carcelero se levantó y salió de la pequeña celda... Dejando solo una vez más a su cautivo.
Había veces, que por simple placer torturaba al hombre y otras que por simple hecho de ver el deseo de ver el mundo le decía lo maravilloso que esta fuera.
Aunque claro está, el mundo solo era maravilloso para los guerreros de Ares. A fin de cuentas ¿Su cautivo que sabía?
Nada.
Lo tenían en esa celda, escondida entre un montón de ruinas ocultas por el mismo tiempo. Desde los cinco años que su cautivo solo conocía las cuatro paredes de su celda y los eslabones de sus cadenas. Las únicas personas que sabían que estaba ahí solo eran él y el dios Deimos. Nadie más debería de saber que lo tenían...
Nadie más tenía que saber que aún vivía.
La mente del cautivo estaba dividida en dos... Tristemente, asociaba esa división con la absoluta locura. El hombre cautivo no tenía esperanzas, pero disfrutaba que al momento de cerrar sus ojos se veía a él y a su hermano...
Eso era algo que su carcelero jamás le podría quitar y por lo cual agradecía a su locura.
Cuando cerraba los ojos podía ver a su hermano.
Continuara.
