Los personajes de Saint Seiya Clásico no me pertenecen.


Señal de fe.

-Tenemos que buscar un lugar donde refugiarnos... -Informo Aioria, mientras la helada corriente de aire sacudía violentamente la capa que intentaba aislarlo del frio.

-Es una tormenta Aioria, casi no vemos nada. -Replico Ángelo- Aioros... Dime si ves algún lugar donde refugiarnos.

-A duras penas los veo a ustedes -¿Cómo hacía Camus para vivir en un lugar así?

-Deberíamos cuidar de no gritar, podemos causar un deslizamiento de las capas superficiales de nieve. -Notifico Shura, mientras se abrazaba a sí mismo para conservar el calor.- Tenemos que dar con un refugio o no viviremos mucho con esta tormenta... La nieve puede enterrarnos.

-Si usáramos nuestro cosmos, podríamos sobrevivir más tiempo.

-Aioria si alguno usa su cosmos pueden localizarnos y eso, con el estado de tu hermano, no es prudente... -Informo Shura, a pesar del tiempo transcurrido, Aioros cada tanto daba señales de debilidad.

-Tenemos que buscar en donde refugiarnos... -Aioros alzo la vista y entorno un poco los ojos- creo que vi a alguien...

-¿En este lugar? Lo dudo, te habrá parecido...

-Ángelo, enserio, creo que vi a alguien... -Aioros comenzó a caminar en la dirección que había visto la figura.

Cabaña deshabitada.

-Tal vez viste a alguien a fin de cuentas... -Comento Aioria, mientras abrazaba sus piernas para contener el calor.- Por alguna razón terminamos aquí...

-Aioros... -Mascara se le acercó y le mostró algo- ¿Lo reconoces? -Pregunto con una amplia sonrisa.

-¡Es Hyoga! -Dijo cuándo noto quien era el niño de la deteriorada fotografía. -Tal vez lo vi a él...

-Este...

-El que vinimos a buscar. -Informo Ángelo sin mucho rodeo.- Esta foto comprueba de que nació, por lo tanto puede ser que este por algún lado...

-Debe tener cinco años en esta fotografía -Informo Aioria algo pesimista- Seria milagroso que aun estuviera con vida... Puede que este enterrado en la nieve...

-Es la cabaña de Cristal -Informo Aioros, mientras miraba los envejecidos volúmenes- estuve una vez sola aquí... La que le correspondería a Camus no está muy lejos.

-Ni sueñes que saldré con la tormenta... -Gruño Ángelo, mientras tiraba unos papeles sin valor en la chimenea- No sé ustedes, pero quiero un poco de fuego...

Glaciares.

Su capa ondeaba con la tormenta de nieve, el aire helado le era totalmente indiferente. Se había arriesgado a guiar a esos hombres a la cabaña de su maestro. Había visto las cajas que estos cargaban envueltas en mantas, sabía muy bien que podría guardarse en esas urnas. Aunque le parecía algo estúpido que taparan las cajas, dado que cualquiera notaria que llevaban semejantes cosas en su espaldas.

-Vine por ellos, pero me facilitaste el trabajo de encontrarte. -El joven se dio vuelta y se encontró con el asesino de su maestro.

-Harpía...

Cabaña.

-Eso es lo que creo...

-Sí, el cosmos de alguien. -Aioros y Ángelo se apresuraron a salir de la cabaña.

Glaciar.

-Antes de matarlos a ellos, te matare a ti... -El espectro sonrió burlón, luego de esquivar el puño de Hyoga.- El ultimo caballero de los hielos, es solo un mocoso... -Soltó una risa entre dientes- Das lastima, como todos los que sirven a Athena...

El cosmos de Hyoga no tardo en dejarse notar, mientras la tormenta de nieve parecía responder al helado cosmos del joven.

-Al parecer no lo notaste... -El chico le miro- Mi maestro solo se sacrificó para dejarme escapar... Por qué él creía en mi potencial. -El espectro quiso moverse y noto que el hielo ya le llegaba a los muslos.

-¿COMO? -Los ojos del espectro de Harpía brillaron ferozmente al notar que había caído en la trampa del joven caballero.- Nada mal... mocoso... Pero yo soy mejor que tú, mucho mejor que cualquier caballero no importa cuál sea el rango.

Pradera.

-Se están peleando ahí arriba... -El Aioria comenzó a correr más rápido aun, preocupado por quien quiera que estuviera peleando ahí. Si uno de ellos era el niño sonriente de la envejecida fotografía, no quería encontrarse con otro cuerpo... Ver como se enterraba a otro caballero.

Glaciar.

-¡HYOGA! -Aioros miro al muchacho que lucía su blanca armadura... La cual tranquilamente podría confundirse con la nieve que rodeaba al joven. El chico miro sobre su hombro, sorprendido porque alguien le conociera, mientras algo se movía entre los restos de un glaciar destruido. Valentine de Harpía surgió entre los restos de hielo con un hilo de sangre en la boca.

-¡AVARICIA DE LA VIDA! -Ángelo y Aioria fueron los primeros en reaccionar.

-¡PLASMA RELÁMPAGO! -Ángelo corrió a Hyoga del medio. Al mismo tiempo que el joven se corría el ataque se transformó en un león dorado de cosmos. El cual siguió su camino y dio de lleno en el pecho de Valentine, quien cayó al suelo para no levantarse más.

-¡Hyoga! -Aioros comenzó a correr hacia el rubio y el italiano, pero sus piernas (al igual que las de Aioria y Shura) se congelaron. El rubio le propino un puñetazo a Mascara y se lo quitó de encima, no tardó mucho en tomar una buena distancia de ellos.

-¿Quiénes son ustedes y quien le dijo mi nombre?

-Somos viejos amigos de Cristal. -Informo Aioros, tenían que tener cuidado era claro que Hyoga no les recordaría. -Hyoga... Yo soy Aioros de Sagitario -Se presentó el joven en un tono sereno.

-Mi maestro jamás te menciono.

-Oye mocoso... ¿Quién te enseño a pegar así? -Ángelo se masajeaba la mandíbula- Fue un buen golpe, pero tuviste suerte de tomarme desprevenido -Y que no pueda darme el gusto de matarte por esto, se dijo para sus adentros.- Mira niño... -Cuando quiso caminar hacia Hyoga, sus piernas se congelaron- Obviamente Cristal te enseño un par de trucos... -Dijo cuándo noto sus piernas, el joven empleaba la nieve y el viento frio que los rodeaba para dificultar los movimientos de los dorados.

-Oye. Hemos venido hasta Siberia a buscarte y te acabo de salvar tu vida... -Aioria rompió el hielo y comenzó a caminar hacia el rubio. -Por lo menos podrías agradecer y limitarte a escuchar.

-Aioria. -Aioros le lanzo una mirada para indicarle que guardara silencio. -¿Que paso con Isaac? -Hyoga desvió la mirada.

-Tuvieron que conocer a mi maestro para saber de Isaac... -Se dio vuelta y dejo libre a los otros tres- Seguidme, la verdadera tormenta aun no comenzó...

-Si esta no es la tormenta... -Shura se puso junto a Aioros- No me quiero imaginar lo que es en realidad, una tormenta en este lugar.

Glaciar.

Una vez prendido el fuego y pasado unos minutos, los caballeros dorados entendieron por qué razón Hyoga se escondía en el interior de los glaciares. Las frías paredes contenían perfectamente el calor del fuego.

-¿Que fue de Isaac? -Pregunto al fin Aioros- ¿Donde esta Cristal?

-Murió... hará casi un mes de ello.

-¿Isaac? -Mascara lo miro- Que paso con él...

-El hielo se rompió -Hyoga lanzo otra madera al fuego- Mi maestro solo me logro sacar a mi... solté la mano de Isaac... la corriente era muy fuerte... Se me resbalo.

-¿Crees que Isaac este en el santuario submarino? -Pregunto Mascara a Aioros, mientras trataba de calentarse las manos con el fuego.

-Si te digo te miento, no he sentido el cosmos de ningún otro dios.

-¿Por qué vinieron aquí? Si vinieron por mi maestro, está muerto.

-En realidad veníamos por ti. -Informo Shura, aunque medio tarde vio el gesto de "guarda silencio" de Aioros.

-¿Por mí? -El chico les miro confundido- Soy un caballero de bronce, si no lo notaron.

-Uno que pudo mantener a raya a un espectro por varios minutos. -Informo Aioros antes de dejar salir un suspiro- Hyoga... hay algo que tenemos que decirte, pero dudo que me creas...

-Hasta antes de verlos, pensé que era el único caballero con vida. Así que creo que puedo creer en algo más.- Informo el chico, mientras jugueteaba con la cruz de oro.- Puede que aún me quede algo de fe... y capacidad de creer que todo puede cambiar. -Mascara le hizo un gesto a Aioros, él no era bueno con las palabras así que dejaría todo en manos del heleno.


-Sé que es difícil de creer lo que te he dicho, pero...

-Isaac y el maestro Cristal... ¿Están vivos en ese futuro? -Le interrumpió Hyoga, quien estuvo con los ojos cerrados todo el tiempo. Desde que Aioros le dijo que este no era el verdadero presente, que todo era obra de Ares. El cual había alterado por medio de la hoz de Cronos.

-Sí. -El chico abrió los ojos y le miro.

-Hace solo unos días atrás... -comenzó el chico mientras habría sus bellos ojos azules- le pedí al dios en que yo creo que me diera una señal de que todo esto podía cambiar... Una prueba de que la fe que yo tenía no era en vano... -Cerro los ojos y unas lágrimas cayeron de sus ojos- y ahora aparecen ustedes diciéndome que todo esto puede cambiar. Que mi maestro, en otro presente, está vivo al igual que mi amigo... -Abrió los ojos, luego miro decidido a Aioros y al resto- Cuenten conmigo y mi cosmos para buscar a Athena.

-Te prometo, Hyoga, que no será en vano... -Informo Aioros con una amable sonrisa.

Santuario de Ares, Tracia.

-Señor. -Una joven de armadura alada se arrodillo ante Ares- Hemos detectado dos cosmos de considerable magnitud en Siberia. -El dios miro de reojo a la joven.- Ya he dado la orden de que vayan a aniquilar a los dueños de dichos cosmos. -El dios volvía a tener su mirada en el paisaje que le proporcionaba el balcón. -Mi señor... Sospechamos que se trata del cosmos de Aioros de Sagitario, y su hermano, Aioria de Leo.

-Eris. -La joven se dio vuelta y se encontró con Deimos. -No importunes a mi padre con tus sospechas, ve y trae esas armaduras. -La joven de cabellera celeste y labios azules asintió- Es hora que agrandemos su colección, padre. -El dios no dijo nada al respecto.- Debemos de tener cuidado con la diosa de lengua de serpiente... -Dijo una vez que estuvieron solos. No confiaba en Eris y jamás lo haría.

-Eris no hará nada -Informo el dios olímpico sereno- sabe cuándo ser agradecida.

-Jasón... Fue muy considerado al decirnos de que ella reencarnaría -El dios menor se arrodillo a menos de un metro de él- Como así también decirnos que Poseidón reencarnaría en esta época... -Deimos miro la espalda del dios- Es una pena -sonrió burlón- que su contenedor muriera siendo un niño pequeño... en sus manos. -agrego.

-Más pena me da, que no pudieran dar con el contenedor de Hades. -Replico el otro en un tono sumamente sereno con su autoritaria voz- Ocho no es lo mismo que 108.

-Lo siento, mi señor, no pudimos dar con el niño a tiempo...

-No importa. A fin de cuentas ¿Que sería del mundo sin las guerras? -replico el dios sereno- Me sería muy aburrido, gobernar una tierra pacífica.

Isla de Corfú.

-Aquí no está, lo que busca mi hermano... -Susurro el espectro, antes de salir de esa Isla. Phobos y Deimos no estaban por ningún lado, pero algo le decía que no era sabio estar ahí.

Estaba investigando en todos los lugares remotos, en los cuales tenía entendido, Ares poseía algún tipo de interés. Buscar en los santuarios menores, le parecía una pérdida de tiempo. Ares no colocaría algo tan valioso al alcance de cualquiera. Solo era cuestión de investigar un poco para saber la ubicación de los santuarios y los altares... Hasta un niño podría hacer esa investigación, por lo tanto daba por sentado que en ninguno de estos estaría lo que buscaba.

Ares podría ser un dios despiadado que mantenía a menores, con cosmos, cautivos para moldear sus mentes a su antojo como si se tratara de arcilla. No había informado nada de eso aún, no había dicho nada de los niños que Ares tenía en su poder y a los que aparentemente pensaba convertir en futuros soldados de sus legiones. Su prioridad no eran esos niños, tampoco eran de su interés.

El solo vivía para su hermano menor, habían sobrevivido todo ese tiempo... solos. Hasta el día que el cabello de Shun cambio de color y su mirada se hizo más profunda... Hasta el día en que Shun se convirtió en Hades.

Siempre habían sido ellos dos. No importaba que pasara, siempre fueron ellos.

Incluso ahora.

Tíbet.

-No tenías que hacerlo... -Shaka paso el paño por el rostro de su camarada, para limpiar los raspones que tenía.

-Shaka, mejor que detecten el cosmos de bronce a uno dorado. -Replico la joven, mientras el rubio se mordía los labios.- Ya perdí a Zúa, Zuo y Luna... No pienso permitirme perder otro amigo, además tú vales más que yo.

-Eso es mentira. -La chica le miro escéptica.

-Más vale un caballero dorado que uno de bronce. -Repitió la chica.

-Tu vales mucho para mí... -Susurro el joven- No puedo permitirme perderte...

-Entonces no te expongas y yo no me expondré. -La joven le acaricio con cuidado la mejilla- Shaka, eres el único amigo que me queda... y no quiero perderte.

-Yo tampoco quiero... -paso un poco de saliva- perderte, amiga mía... -Dejo el paño a un lado- Descansemos un poco... No van a buscarnos por esta zona, seguramente irán hacia el norte o el Oeste.

-Ojala que nos busquen al Oeste- replico la chica serena- bien lejos de nuestro destino. -Shaka no replico ante esas palabras.

Siberia.

Eris caminaba por el helado valle de inmensos glaciares, podía sentir la esperanza de esas personas y las discordias que naturalmente anidaban en los corazones de ellos.

Una sonrisa cruel se presentó en los labios de la mujer de cabellos celestes, seria todo un placer ver como se mataban entre ellos luego que su dulce voz hiciera efecto en sus mentes y corazones.

-La sangre derramada por los tontos, es la mejor ofrenda a los dioses... -dijo la joven mujer de bella apariencia. Su largo cabello celeste se movió graciosamente en el helado viento, mientras nuevamente una cruel sonrisa se presentaba en sus labios. Muy en el fondo de su mente, la verdadera dueña del cuerpo que habitaba lloraba en silencio.

Continuara.