Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.

Gracias a todos/todas por seguir la historia.


Encuentros y distancias.

-¿Cuánto dura una tormenta aquí? -ante la pregunta de Aioria, Hyoga se limitó a sonreír, no quería darle la verdadera respuesta al rubio mal carácter.- Sospecho que más de dos días...

-Hyoga ¿Cuánto durara la tormenta? -pregunto amablemente Aioros.

-La anterior duro tres semanas.

-¿TRES SEMANAS? -Los más grandes sintieron necesidad de golpearse la cabeza contra las paredes del glaciar, ahora entendían por qué Hyoga tenía tanta madera almacenada en ese lugar.

-Podría ser peor -Informo el muchacho, mientras comía lo que parecía ser carne seca.

-¿Y que es peor?

-Ir a buscar comida con esta tormenta. -Informo el chico- yo tengo para mí... supongo que ustedes también tienen, dado que no alcanza para todos la carne que tengo.

-¿De dónde sacas la carne?

-De los peces y cualquier bicho que tenga cuatro patas. -Shura miro de reojo a Ángelo, lo mismo había dicho este cuando lo conoció- ¿Por qué el arma?

-Me la dio un viejo que aún tiene esperanzas en el mundo... -Ángelo se la paso a Hyoga- Cárgala, puede que necesitemos del brazo de Shura.

-Estoy en mejor estado que ustedes cuatro -Comento el chico, mientras dejaba el arma a un costado. -¿Estás seguro que quieres que la cargue?

-Débiles o no, somos caballeros dorados. -Gruño Aioria, que estaba usando su capa como almohada.

-Caballeros o no -Hyoga les miro- No dejan de ser seres humanos y un cuerpo débil, no es algo bueno en el campo de batalla.

-Bueno... -Mascara le miro muy burlón- Tu estas muy gordito, procura rezar para que no haya una tribu de caníbales en Jamir. -Hyoga abrió los ojos algo sorprendido, mientras Aioros atravesaba con la mirada al otro.

Montañas, Tíbet.

-Estas helada. -Shaka abrazo a la joven y le procuro un poco de su propio calor.- ¿Por qué no me dices que tienes frio?

-Cuanto más subamos... hasta que no llegues al valle de Jamir, siempre habrá frío...- Dijo la joven, mientras refugiaba su rostro en el pecho del joven. -¿Cómo es el verdadero presente?

-Me lo preguntas siempre...

-Me gusta escucharte hablar de ese presente. -Shaka sintió el suspiro cálido de la chica atravesar las telas de su ropas. Coloco su mano en la cabeza de ella y comenzó a susurrarle lo que era el verdadero presente. Omitiendo una verdad que le desgarraba, en ese presente no estaba ella.

También ocultaba la parte de Ares y la guerra interna del santuario.

Kali estaba muerta, porque él mismo la había asesinado siguiendo órdenes...

Ordenes de Ares sin saberlo.

Ella se durmió acobijada por su cálido abrazo, mientras lágrimas caían de los ojos del rubio. Cuando todo se solucionara, ya no podría tenerle.

Siberia.

-Algo quiere que nos pongamos en marcha rápido -Comento Aioria, mientras saldrían del escondrijo entre glaciares que los había refugiado durante la tormenta.

-Si mal no recuerdo... -Mascara puso un poco un semblante confuso- Debe haber un pueblo cerca... ¿No?

-Algo queda de ese lugar, pero nadie lo habita. -Informo Hyoga, mientras comenzaba a caminar- Los guerreros de Ares llegaron cuando era niño, se llevaron a casi todos los infantes menos a Isaac y a mí.

-¿Casi todos? -El chico les miro por encima del hombro- Ya entendí, no aclares.

-¿Por qué llevarse a los niños?

-Estarán recurriendo al canibalismo... con tan poca comida.

-¡ANGELO! -Le ladraron Aioria y Shura.

-¡MASCARA! -Le grito Aioros, mientras Hyoga parecía querer vomitar ante la simple idea.- Ignóralo, hay veces que se pasa de idiota. -El chico asintió. -Hyoga, antes de ir a Jamir iremos al pueblo. Puede que encontremos algo que nos sea útil -El rubio asintió.

Pueblo, una hora después.

-Encontré un par de abrigos de piel... -Informo Aioria, mientras los colocaba sobre el mostrador. Del lado de afuera Hyoga montaba guardia, a él el frío le era indiferente.- No le dijeron nada de Camus... -Comento al fin el leonino. Shura también quería preguntar, pero no sabía cómo abordar el tema.

-Escucha... hay cosas que es mejor que no sepa, puede confundirlo -Aioros le miro- Cristal si fue su tutor, pero en menor grado.

-¿Tuvo dos maestros?

-Camus no siempre estaba aquí, cuando estaba en el santuario Cristal lo entrenaba. -Informo Aioros, mientras se ponía el abrigo- Ahora si puedo seguir tranquilo el viaje...

-¿Donde esta Hyoga? -Pregunto Ángelo, al notar la ausencia del chico- ¿Habrá escuchado? -Aioros y Shura se apresuraron a salir de la modesta tienda. Si Hyoga había escuchado, podría hacerse ideas muy erróneas al respecto.

Calle.

Hyoga movió un poco la nieve y lo que había llamado su atención queda a la vista con su dorado resplandor. Una manzana de oro se hallaba enterrada en la nieve, cuando quiso tomarla Aioros le puso la mano en el hombro.

-No lo hagas, es una manzana de Eris. Vamos, si esa cosa esta aquí ella no debe estar lejos...

-Tan egoísta eres Sagitario, que no quieres dejar disfrutar al muchacho ese dulce manjar... -Las armaduras doradas dejaron sus respectivas urnas y cubrieron a los dos adultos ante la sorprendida mirada de Hyoga- ¿Vas a dejar que ellos te digan qué hacer? ¿Acaso no le has demostrado que eres mucho más fuerte e inteligente que ellos? Si no fuera por ti, hubieran muerto en la tormenta. Ni gracias te dieron por conducirles a la cabaña...

-No la escuches, Eris es la diosa de la discordia. -Informo Shura- Hizo que todo un pueblo se matara entre sí, en España.

-No es mi culpa la codicia de los mortales -Dijo Eris, cuando apareció frente a ellos vistiendo una armadura roja y negra con alas similares a las de un demonio- Yo solo deje mi manzana, ellos fueron los que se disputaron su tenencia.

-Si yo tocaba esa manzana...

-Serias otra de sus tantas víctimas -Informo Aioros, mientras preparaba su arco. Aioria y Ángelo ya habían salido de la tienda vistiendo sus armaduras también.

-Cuatro dorados y un caballero de bronce... -Miro fijamente al rubio, con una sonrisa un tanto seductora- Los dorados, pueden matarse entre ellos... Pero tu muchacho -Amplio su sonrisa- serás víctima de mis manos, tan bonito chico no puede desperdiciarse... -Shura por instinto se puso delante del rubio. -Ni lo conoces Capricornio, pero aun así lo intentas "proteger" aunque supongo que solo es envidia... Está lleno de cólera por lo que le paso a tu amada, por no haber sido capaz de cuidarla...

-¡CALLATE!

-¿Dónde estaba Athena cuando perdieron a sus seres queridos? -Miro a Ángelo- Donde estaba ella cuando tu maestro agonizaba... -Poso sus fríos ojos celestes, llenos de locura, en Hyoga- Donde estaba su benevolencia cuando la corriente arrastro a Isaac luego que el hielo se rompiera bajo ustedes tres... -Hyoga cerro los puños.- Donde estaba Athena cuando Kanon asesino a tu padre Aioria... Frente a tus ojos.

-Aioria no la escuches...

-¿Y tú Sagitario? Diciéndote todos estos años que puede cambiar este presente, siguiendo una ilusión estúpida que jamás se va a cumplir... -El cosmos de Aioros comenzó a dejarse ver- Sigues un sueño perdido, una triste ilusión que solo te llevara a la muerte... -Dijo en un tono por demás dulce- No cambiara nada va a cambiar, todo lo que crees es una triste mentira. Una ilusión que solo te aparte de la realidad...

-¡CIERRA LA BOCA! -Bramo Aioria, al ver la duda comenzando aparecer en los ojos de su hermano- ¡PLASMA RELÁMPAGO!

Eris solo tuvo que adelantar una mano para detener el ataque del joven. Aioria no podía dejar que la duda anidara en el corazón de su hermano, no podía dejar que Aioros dudara... Dado que este había sido quien siempre había tenido la fe que a él le faltaba... Siempre había creído en su hermano y si este dejaba de creer... Nada le quedaría.

-¿Que pasa minino... no quieres que tu hermano entienda la verdad? -Aioros cerró los ojos, al abrirlos le dedico una fugaz mirada a Shura quien silenciosamente entendió el mensaje.

-Eris... supongo que ignoras lo que paso en ese presente -La joven miro atentamente al Cáncer- dudo que cambie tu destino en este... Solo eres una triste diosa que solo da pena, no lograste tu objetivo en ese tiempo tampoco lo lograras en este.

-Creo que ya se con quién empezar -La diosa se dio vuelta y miro fijamente a Mascara- Tantas ideas en tu cabeza, tantas contradicciones en tu memoria... Sera un placer ver como intentas matar a tus amigos. .-La diosa se dio vuelta rápidamente, pero un corte se hizo presente en su mejilla al no poder esquivar en totalidad todo el ataque de Shura. -Que modales Capricornio... Atacar a una dama por la espalda. Eres un hombre cobarde, dejaste que ella muriera -Shura apretó el puño- dejaste que se interpusiera entre el ataque y tu... La dejaste morir, eres un hombre despreciable.

-¡Cállate! -El caballero de Capricornio volvió a lanzar otra vez Excálibur contra la diosa. La deidad esquivo el segundo ataque, pero tarde noto la ausencia de Aioros. La flecha surco el aire y se incrusto en el pecho de la diosa. Esta retrocedió varios pasos confundida, no siendo capaz de creer que el caballero dorado fuera capaz de herirla.

Aioros cayó de rodillas, ya no siendo capaz de estar en pie... Hyoga corrió a auxiliarlo, al ver que la diosa se negaba a morir.

-No... Maldito mortal... -Sangre abandono la boca de la deidad.- Te... matare...

-¡ONDAS INFERNALES! -La diosa emitió otro grito, antes que su alma fuera definitivamente separada del cuerpo mortal que ocupaba. Hyoga ayudo a levantarse a Aioros, el caballero estaba muy débil realmente. El lanzar la flecha se había llevado gran parte de su cosmos, de no haber sido que la diosa estaba tan ensimismada en intentar generar la duda en ellos le hubiera notado.

Si ella se hubiera enfocado en él, en vez de desviar su atención hacia el resto... El cabello de la joven lentamente se fue volviendo rubio y la mirada era ausente...

-¿Qué hiciste?

-La mande al infierno -Replico Mascara, mientras pasaba el otro brazo de Aioros tras su cuello- vamos... no sé si la bruja puede volver y es claro que Aioros no está para esto...

-Les dije que estaban débiles -Hyoga miro con desconfianza el cuerpo de la joven- ¿Por qué se volvió rubia?

-Se llama Eri y... -Era tu amiga en el otro presente- es la contenedora de Eris... -Aioros miro hacia un costado- Lo lamento... pero era la única forma que conocía para deshacernos de Eris.

-Vayámonos de este lugar. -Ordeno Aioria, no quería que aun muerta Eris afectara a su hermano.

Mausoleo, Santuario de Ares, Tracia, Turquía.

En la inmensa habitación cuyas bóvedas estaban trabajas en mármol y pinturas que representaban a los ángeles. Se hallaba, en el medio de esta, un sarcófago de puro y delicado mármol blanco. En la parte superior cuidadosamente labradas existían dos figuras vestidas con delicadas túnicas griegas trabajadas cuidadosamente en el mármol por un experto maestro.

Estas figuras representaban a una madre e hijo abrazados que parecían dormir profundamente. Ambas figuras, se hallaban en el profundo sueño de la muerte...

Los laterales de este sacro sarcófago estaban trabajados en relieve, demostraban ángeles y flores como adornos. Todo trabajado en el mismo mármol puro y blanco que sellaba por encima la tumba.

Aun costado de este lugar de descanso eterno de los restos de los seres amados, un hombre de cabellera índigo reposaba su cabeza en el frío material. Al igual que las anteriores veces, trataba de dar con la paz que le faltaba a su alma. Preguntándose una y otra vez, si había hecho lo correcto al no oponerse cuando él se apodero de su cuerpo. Sabía que debía de haberse opuesto al hecho, pero sus pensamientos lúgubres mantenían sumisa a la sutil voz de su conciencia...

Pero ya era tarde, siempre fue tarde... Nunca estaba el momento, siempre era tarde para todo.

Nadie le había ayudado cuando lo necesito... Nadie había acudido en su ayuda cuando corrió por el bosque gritando por auxilio.

Cuando dio con alguien, ya era tarde.

Una queja salió de sus labios cuando una profunda jaqueca invadió su mente.

-¿Que sucede? Déjame en paz, solo un rato.

-Kanon, alguien mato a Eris. -Informo sereno Ares- Me temo que se acabó tu paz... es hora que me regreses el control.

-Por favor, ya basta...

-Kanon -rio un poco- deja de pedirme eso... Sabes que no puedes suplicarme que pare, dado que esto ya está en camino nuestro plan maestro. Cuando controle el infierno, tendrás a tu hermano de regreso -Hizo una pausa- ¿Crees que él no te aceptara por esto? Tu hermano, no se opondrá... Te vera como su héroe, por liberarlo de las garras del infierno.

-Ya... no...

-Cállate, de nada sirve escuchar tus patéticas dudas. -El dios se dirigió a la puerta del mausoleo- Debo de dirigir a mi ejército, ahora que la patética de Eris no está... Solo cuento con Phobos y Deimos.

-Dejas que ellos tomen muchas decisiones en tu nombre.

-¿Sospechas algo? -pregunto burlón- No te oculto nada, sabes todo lo que yo sé.

-Sospecho que mientes... Que algo me ocultas.

-Si ya tengo tu cuerpo ¿Por qué iría a seguir con alguna mentira? -Kanon guardo silencio al respecto, aunque Ares podía ver cuál era la causa de sus dudas.

Pólux.

La estrella estaba dándole dudas al hombre... y a él también.

Jamir.

Athena estaba sentada en el suelo con su humilde vestido blanco formando delicados pliegues a su alrededor, mientras rezaba por el bienestar de los caballeros que resistían en el extranjero. Sin saberlo, sus plegarias estaban llamando a todos aquellos que aún no habían perdido sus esperanzas a donde se encontraba.

Montañas, Jamir.

-¿Shaka? -La morena se detuvo y miro sobre su hombro, el caballero había dejado de caminar y se había quedado varios metros atrás. -¿Sentiste algo? -Miro para todos lados, temiendo que algún espectro o belserker estuviera cerca.- ¿Shaka?

-No quiero perderte... -Susurro al fin, sin mirarla.- Te mentí... en ese presente... -Apretó los dientes- estas muerta... yo mismo te mate. -La chica se quedó sin palabra alguna, no siendo capaz de creer lo que el rubio había dicho. -Me ordenaron matarte, por traición... Cuando Athena regreso al santuario, me entere que jamás habías sido una traidora. -La chica se acercó a Shaka, claramente se esperaba la bofetada. -Lo siento. –Susurro mientras su mejilla comenzaba a tener una marca carmín.

-Pedirme perdón... no cambiara el hecho que fuiste capaz de dudar de mi lealtad... -Shaka no era capaz de abrir los ojos, sabía que si lo hacía se encontraría con las lágrimas de la joven. -No me duele que me hayas matado, me duele que hayas sido capaz de dudar de mí... siendo que se supone que éramos amigos ¿Qué clase de amigo eres que dudas? -Hizo un breve silencio- Nunca dudas de un amigo... Shaka. Jamás, aunque las pruebas digan lo contrario, siempre confías en ellos y jamás dudas.

-Kali... Lo siento realmente, no habido día en que no me arrepintiera... Debí haberme negado…

-Cállate –hizo una pausa- Vámonos... -La chica le dio la espalda y comenzó a caminar de nuevo- tenemos que dar con Athena... Mantente callado si no quieres que te quite los sentidos, no eres el único que posee ese poder. -le recordó, antes de alejarse de él.


-¿Shaka? -La voz detuvo a ambas figuras. -¡Shaka! -el rubio se dio vuelta y Mu cayo a solo medio metro de él. El abrazo afectivo de su amigo, le hizo sentir extrañamente bien... Necesitaba de un abrazo lleno de afecto.- No puedo creerlo... Shaka... -Mu le miro al rostro y noto el rastro de las lágrimas. -¿Shaka? -Observo a la figura femenina que estaba con él. - ¿Kali? Ustedes dos...

-¿Quién eres? -pregunto la joven en un tono por demás helado.

-Soy Mu de Aries -el caballero sonrió, aunque algo le decía que no importara como se comportara la chica se mostraría con absoluta frialdad hacia él y el rubio. -Vengan, no es prudente que se queden a la vista. -Informo el lemuriano, mientras comenzaba a caminar y su capa marrón realizaba movimientos suaves tras él.

-¿Sabe algo de Athena caballero de Aries?

Continuara.