Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.


Sin fin.

-Shaka. -Mu se paró tras su amigo, frente a ellos estaba un montículo de tierra el cual anunciaba el lugar de reposo final del único ser capaz de entrar al corazón del hindú.- Será mejor que vuelvas...

-Porque de vuelta... No importa que línea de tiempo sea, ella siempre me es arrebatada... -La voz sonaba quebrada, pero ya no había lágrimas que acompañan. Sus ojos estaban secos ya, no importaba ya cuanto llorara...

Jamás se le será regresado eso que dos veces se le fue arrebatado.

-Entiendo que en este momento lo único que experimentas es dolor y furia por lo que no será... Pero no puedes darte por vencido. -El rubio ladeo la cabeza- ¿Acaso crees que ella te querría de rodillas llorando frente a su tumba? -El rubio se puso de pie, no pensaba responder a esa pregunta. Dado que era una pregunta que no necesitaba respuesta.

Japón. Al mismo tiempo.

-¿Aldebarán? -El hombre observó al muchacho frente a él y luego al mayor que había pronunciado su nombre- Entonces si hay más... Si tu estas vivo quiere decir que los demás también... Amigo, no te haces idea de lo feliz que estoy de verte.

-Maestro... -Seiya miró al mayor, ah cualquier duda atacara.

-Ignoro quién eres. -Informo el de cabellera castaña.

-Soy Saga, Alde. -¿Por qué no me recuerda?- Te conocí cuando eras niño...

-Ha pasado muchas cosas desde esa época -Informó el mayor- Puede que ese recuerdo haya quedado bajo otros tantos. -Replicó el grandote.

-Puede ser... -No me recuerda, por alguna razón no me recuerda.- Seiya de Pegaso... No puedo creer que estés vivo.

-¿Disculpe? -El muchacho le miró confundido, su nombre no era Seiya de Pegaso.

-¿Pegaso? -Aldebarán le miró perdido, su maestro le había hablado del caballero de Pegaso cuando era niño. El caballero capaz de matar dioses, si ese hombre estaba creído que Seiya era el protegido de esa constelación… -Eso explica por qué quieren matarte. -El castaño le miro confundido- Seguirnos, no es seguro estar a la vista tanto tiempo.

-No sé si te van a creer… -Informó Ikki, mientras comenzaban a caminar detrás de ellos- Ah mi hay cosas que todavía no me cierran.

Subterráneo. Un tiempo después.

-Mmm…

-¿Crees que estoy loco?

-No, me has dicho cosas de mi pasado que en teoría sólo yo sabría. -Miró a Seiya- Sabes que es del orfanato Kido y muchas más cosas de lo que creí que alguien sabría.

-¿Me crees?

-Solo si me respondes una pregunta.

-¿Cual?

-¿Qué fue lo que pasó?

-No lo sé… -Saga se sentó sobre unos escombros y le miró atentamente- Lo último que recuerdo es a Ares, presumiendo sobre su victoria… Diciendo que había algo que le asegura que ganará la guerra de una manera o de otra.

-¿Y qué hay de Hades?

-Fue por él, que no regresamos Seiya -Ikki dejó salir un suspiro, sabía que tarde o temprano tendría que contarlo- Salimos a buscar ayuda y apareció una niña, al siguiente segundo el cabello de mi hermano se había oscurecido… Y ya no era él… era Hades.

-¿Cómo? -Aldebarán le miró sorprendido- Estás diciendo que…

-Él es el hermano del actual contenedor del dios Hades…

-Y tú el de Ares -Informó Seiya con extremo recelo, no le gustaba para nada la situación de cada uno de los aparecidos.- ¿Que nos garantiza que no sea una trampa de ellos? Nada asegura que no estén aquí de infiltrados tratando de dar con los lugares que usamos de refugio.

-No te recordaba tan avispado -Informó Saga- nada garantiza que no seamos espías, tienes razón… Pero yo solamente quiero liberar a mi hermano, se que Kanon ha de estar sufriendo irremediablemente mientras Ares lo usa como marioneta. -Si es que Kanon aún existe en ese cuerpo, se dijo para sus adentros.

-Maestro Aldebarán. -Seiya observó al mayor, esperando escuchar alguna respuesta sabía al dilema que se encontraba.

-Antes que tomes una decisión… -Saga le miro- Quiero proponerte algo… Si, sirve y deseas no venir con nosotros… Tendrás otra herramienta para protegerlos.

Santuario de Ares, Tracia.

Los soldados que resguardaban las armaduras doradas, todas ellas a un costado del magno trono de su señor fueron deslumbrados ante el destello dorado que provino de una caja. Al extinguirse este se encontraron con la aterradora vista que podría costarles la existencia: la armadura de Tauro había desaparecido.

-¿Que ha sucedido? ¿Que fue esa explosión de cosmos? -Bramo Deimos detrás de ellos, al acercarse al origen de todo se encontró con la respuesta. Solo quedaba en poder de su padre: Géminis, Escorpio, Acuario y Piscis. Las restantes armaduras de la élite jamás habían sido encontradas…

-No sabemos señor las… Agggg…- El soldado cayó muerto tras ser atravesado por la lanza del dios- Lleven las otras armaduras a las catacumbas, hay ningún poder podrá hacerlas abandonar este santuario.

-Sí, señor. -Dijeron los restantes al unísono, mientras se apresuraban a tomar las armaduras que aún permanecían en su dominio.

-También trasladen a Pegaso y las demás armaduras, no quiero que se muevan de aquí.

Aposentos.

-¿Y eso que fue?

-Nada que a ti te debe de importar. -Fue la helada respuesta de Ares, mientras estaba postrado en la cama de inmenso tamaño. Poseer el cuerpo de Kanon tenía sus limitaciones mortales, debía de comer y dormir para que este le fuera útil. Odiaba al muchacho por aun seguir existiendo, su vida sería más fácil si Kanon ya no existiera.- Cállate la boca y duerme, tienes que dormir…

Aunque sabía que eso no pasaría, la mente de Kanon (los pensamientos de esa alma desdichada, estaban con su gemelo). Podía ver las dudas en Kanon, el hombre ya comenzaba a dudar que el cuerpo de ese niño dentro del sarcófago fuese de su hermano. Ares solo sabía lo que Phobos y Deimos le habían dicho: que los restos infantiles pertenecían a Saga Jacob Aricalteris, gemelo mayor de Kanon de Géminis.

Aunque ahora, Kanon ya no creía en las palabras de esos dos dioses, albergaba dudas al respecto y él las podía ver.

Sala.

-¿Hay rastros de él?

-Negativo, aun no han dado con Saga… Pero sí ha sucedido algo.

-Te escucho.

-Tu preciosa ave está muerta -Deimos apretó los dientes tras escuchar de la muerte de su amante y leal guerrera- No sabemos aún las circunstancias, pero su cosmos desapareció hace unas horas atrás y no sabemos dónde… Pero seguramente dio con nuestros objetivos.

Inframundo.

Ikki.

Hades tenía en frente a sus jueces, Minos había regresado de su visita a la Isla de la reina muerte. Solo le había arrancado un par de palabras a la muchacha, pero eso no había sido de gran ayuda. Aun no hallaba al traicionero espectro de Bennu, lo necesitaba para controlar a Shun y necesitaba al gemelo para dominar al contenedor de Ares.

Todo depende de que encontraran a los hombres que se hallaban en algún lugar de la tierra de los vivos. Minos de Grifo, había llegado con información a medias y esta no era de mucha utilidad si se iba a ser honesto. Solo eran murmuraciones de una chica que podría o no haberle mentido.

Dentro de su mente, seguía escuchando los lamentos de Shun por su hermano mayor. Lamentos que seguramente acabarían una vez aprisionara en el reino de los sueños al odioso mortal.

Todo depende de encontrarlo antes que Ares.

Castillo Heinstein.

-Señorita Pandora…

-El espectro de Bennu, solo causa sufrimiento -Pandora tenía sus dedos sobre las cuerdas del arpa, a pesar de no estar entonando melodía alguna en ese momento- A pesar del aprecio infinito que nuestro señor siente por cada uno de sus espectros, Ikki de Bennu es un traidor. Desprecio al señor Hades y debe pagar las consecuencias.

-Señorita Pandora, encontrar a Ikki de Bennu es la orden que recibió Minos de Grifo.

-No podemos esperar a que Minos de con él y lo traiga de regreso -Informó la joven como si nada- debes… de eliminar al traidor por el bienestar de nuestro señor Hades… Encierra su alma en lo más profundo del Cositos -Informó serena, antes de tocar la primera nota con extremo cuidado. A esta nota le siguieron una más y así continuó, hasta que se transformaron en una dulce melodía.- No podemos permitir que el señor Hades sufra por causa de un mortal traidor… La mejor condición posible, es acabar con su existencia y enterrarlo en el Cositos. -El réquiem inundó la habitación con sus notas dulces, Pandora dejó que Radamanthys se deleitara con la música antes de agregar- ¿Cuento contigo Radamanthys de Wyvern?

Continuará.