¡Hola! Muchísimas gracias a todos por comentar, agregar a favoritos y a alertas :)
Sois los mejores :D
Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá.
Este fic participa en el reto anual "Long Story 5.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Este capítulo está dedicado a las bellas e increíbles Doris (Doristarazona) y a Majo (MrsDarfoy) que han recomendado/promocionado este fic en diferentes grupos :)
¡Muchas gracias, bellas mías!
-Anathema-
Capítulo 2: Cum tacent, clamant (Cuando callan, gritan).
Hermione despertó completamente agitada, con un grito ahogándose en el fondo de su garganta mientras su pecho subía y bajaba de manera errática con su respiración. El sudor perlaba todo su cuerpo y las lágrimas corrían por sus mejillas. Ginny estaba a su lado al momento, apartándole el pelo de la cara y diciéndole que todo estaba bien. Que estaba en Hogwarts y que la guerra había terminado.
La castaña abrazó a su amiga, sollozando ligeramente en su hombro mientras trataba de calmarse e ignorar ese horrible dolor que reaparecía en la cicatriz que Bellatrix dejó en su piel. Ginny le susurraba palabras tranquilizadoras en el oído mientras acariciaba suavemente la longitud de su espalda. Cuando consiguió calmarse lo suficiente trató de pedir perdón a Ginny por haberla despertado, pero ésta la acalló con rapidez.
—No te preocupes, ya estaba despierta —susurró—. No es fácil dormir aquí, como si nada hubiese pasado.
La pelirroja se recostó junto a su amiga en la cama, rodeándola con sus brazos y cerrando los ojos al mismo tiempo que Hermione. Sincronizaron sus respiraciones inconscientemente y relajaron sus cuerpos y sus mentes, dejando que Morfeo las reclamase a su reino una vez más.
Pansy sonrió avergonzada cuando Draco, en pijama y descalzo, bajó las escaleras hasta la sala común con una manta de cuadros escoceses entre sus brazos. El rubio le devolvió la sonrisa y se sentó junto a ella, rodeándola con sus brazos y colocando la manta sobre ellos.
El fuego de la chimenea les proporcionaba calor y un poco de iluminación. El Slytherin plantó un suave beso en la parte superior de la cabeza de la chica, sintiendo la tensión que asolaba el cuerpo de Pansy como cada noche.
Era normal bajar a la mañana siguiente y encontrarlos a ellos dos o a más compañeros de séptimo año sentados frente a la chimenea, durmiendo suavemente. Era normal escuchar el llanto de Daphne por la noche y la voz de Theo sacándola de sus pesadillas. Era normal ver a Blaise perdido en sus pensamientos mientras observaba al monstruo del lago pasar al lado de la ventana.
Y no debería ser normal, no debería ser una costumbre que los alumnos de Slytherin, esos que no participaron activamente en la guerra, estuviesen acostumbrados a ver a los compañeros de los cursos superiores caminando despiertos por la noche por toda la casa Slytherin, fingiendo con una sonrisa que nada pasaba.
Que todo estaba bien.
Aunque no fuera verdad.
Las consecuencias de la guerra se notaban hasta en las más pequeñas cosas, esos gestos que identificaban a las personas y que, de una manera u otra, se habían convertido en señas de identidad.
Uno de los ejemplos más claros se reflejaba en Hermione. Esa chica que siempre tenía la respuesta para las cuestiones planteadas, ávida de conocimientos, se había convertido en una simple sombra de lo que una vez fue. Asistía a las clases y copiaba las cosas, pero su mano ya no se alzaba para responder, incluso cuando todas las miradas estaban en ella, esperando por ese mínimo gesto que ya no sucedía.
Hermione se pasaba las tardes en la biblioteca, rodeada de libros que necesitaba leer para sacar las mayores notas y de algunos tomos que cogía por el simple hecho de que le parecían interesantes. Generalmente se sentaba sola, alguna que otra vez Luna o Dean estaban con ella; Lovegood con la edición más reciente de El Quisquilloso en sus manos y Dean con cualquier revista de Quidditch que estuviese en su poder.
Pero al final del día estaba sola.
Y no le importaba.
Las semanas pasaban con lentitud, octubre estaba siendo justo lo contrario a septiembre. Al contrario que con el primer mes del nuevo curso, ese segundo mes en Hogwarts era una verdadera tortura que parecía ralentizarse a cada día que pasaba.
Hermione se mantenía encerrada en la biblioteca, uno de los pocos lugares del colegio que consideraba que no había sido corrompido por los recuerdos de la guerra. No como la sala de los menesteres, no como la torres de Astronomía, no como la casa de los gritos.
La castaña levantó ligeramente la cabeza, sorprendiéndose al ver a Malfoy entrar junto a Greengrass y Parkinson, los tres cargando en sus brazos diferentes libres gruesos y viejos. Se sentaron en una de las mesas más apartadas y rápidamente colocaron todo para disponerse a estudiar.
Ella los observó con lentitud, notando el ligero temblor que Pansy parecía tener en su mano derecha, el extremo de lo que tenía pinta de ser una gran cicatriz desapareciendo bajo la camiseta de Daphne y la presión intermitente y agresiva que Malfoy ejercía en su antebrazo izquierdo.
Eran cosas que Hermione estaba completamente segura habían aparecido después de la guerra, movimientos que ellos no eran conscientes de hacer y que reflejaba los estragos de los tiempos oscuros que asolaron el mundo mágico meses atrás.
Cuando sus ojos conectaron con los de Pansy aguantó la respiración de manera inconsciente, incómoda al saberse pillada en su escrutinio. Parkinson apretó los labios y susurró algo a Draco que rápidamente levantó su mirada y observó en su dirección.
Hermione bajó la cabeza y comenzó a recoger sus cosas, se levantó y, tras colgarse su mochila en el hombro derecho, se encaminó a la salida, su vista clavada en el suelo para evitar que su mirada volviese a dirigirse a la mesa donde esos tres Slytherin estaban.
Minutos después estaba a solo unos pasos para llegar a su sala común, la sensación de que tres pares de ojos se clavaban en su espalda no desapareció hasta que entró en el interior de la torre y la cálida sonrisa de Dean le dio la bienvenida.
Draco apretó los labios e ignoró los comentarios que Cormac y sus amigos les dedicaban a él y a Theo. Ambas serpientes habían decidido salir a los jardines para dar una vuelta y despejarse un poco del ambiente lúgubre que se respiraba en su sala común desde que comenzó el curso. Pero como el mundo estaba en su contra, se encontraron con McLaggen y su grupito de amigos mientras caminaban por los exteriores del colegio y estos no tardaron en atacarles.
—¿Qué pasa, Malfoy? ¿El león te comió la lengua? —Todos comenzaron a reírse mientras Draco arqueaba una ceja y se preguntaba en qué mundo paralelo esa broma tendría gracia.
—Tratar de discutir algo contigo, McLaggen, sería igual de productivo que tratar que Finnegan no explotara cosas —replicó y trató de seguir su camino, pero una vez más se interpusieron en su trayecto.
—¿Huyendo? ¿No sabes hacer otra cosa? —se burló—. Si es que eres la definición perfecta de cobardía.
Nott apretó los labios y colocó su mano en la espalda de Draco, presionando ligeramente para llamar la atención de éste y evitar que saltase a las provocaciones de los Gryffindor.
—No creo que seas el más indicado de hablar de cobardes, McLaggen —escupió Theo—. Después de todo aún recuerdo ese día en quinto año que saliste corriendo, gritando con voz muy aguda porque un escarabajo se había subido a tu guante.
El chico apretó los dientes, su rostro se coloreó ligeramente ante la mención de aquel vergonzoso día y por el cual lo atormentaron durante semanas. Enfurecido ante las miradas frías y aburridas de los dos Slytherin, Cormac sacó su varita y apuntó a Theo con ella, haciendo que ambas serpientes retrocedieran.
—Baja eso, McLaggen —dijo Draco—. Viendo tus capacidades mágicas podrías hacer explotar Hogwarts y no creo que sea algo conveniente.
Más cabreado que antes, el Gryffindor alzó aún más la varita y se preparó para lanzar un expelliarmus contra Draco pero una varita clavándose en su frente lo hizo detenerse y tragar saliva.
Malfoy miró de manera expectante al grupo de Gryffindor y como algunos retrocedían un par de pasos en cuanto colocó su varita en la frente de McLaggen. Éste se quedó lívido y observó con los ojos abiertos de manera exagerada como el rubio lo miraba con unos ojos desprovistos de emociones.
—No te recomendaría intentarlo, McLaggen —comentó arrastrando las palabras con calculada lentitud—. Porque esto podría acabar muy mal, y no para mí.
Bajó su varita y pasó al lado de ellos, Theo siguiéndole de cerca. Cormac, rojo de la furia, se giró en dirección a los Slytherin.
—La próxima vez que me amenaces con una varita, Malfoy —exclamó, haciendo que ambos chicos se giraran ligeramente—, no dudes en matarme. ¿Qué es otra muerte más para un asesino como tú?
Draco, en vez de atacar como todos esperaban, simplemente se dio la vuelta y siguió caminando.
Ginny, Hermione y Luna observaron la situación de lejos y se sorprendieron por todo lo sucedido, sobre todo por la reacción de Malfoy. Cormac y sus amigos estaban frustrados de que sus intentos por hacer a Malfoy rabiar no resultaran y que estos simplemente se hubiesen ido. Y mientras comentaban lo ocurrido minutos atrás, Hermione no pudo evitar pensar en algunas cosas que nadie pareció haber visto: la mano de Nott en la espalda de Draco, la forma en que apretaban los labios para no responder a las insinuaciones, la manera en la que Malfoy apretó su varita ante las últimas palabras dichas por Cormac o como Theo se frotó las manos de manera compulsiva ante la mención de la palabra asesino.
Eran gestos que decían muchas cosas. Esas que los Slytherin no decían. Las que ocultaban. Porque de todas las personas de Hogwarts que habían vivido en carne propia la guerra y que residían ahora en el castillo, no había gente que más ocultase secretos y pensamientos que los Slytherin.
Una vez más, Hermione fue testigo de una escena entre Slytherin y Gryffindor. Pansy, que había llegado a penas unos minutos después que Hermione a la sala de estudio que se había acondicionado ese año para los dos últimos cursos, estaba siendo acosada por unas Gryffindor de sexto año. La chica ignoraba a las cinco chicas que no paraban de lanzarle pullas y trataban de hacerla saltar, frustrándose ante la indiferencia de ésta.
—¿Qué pasa, Parkinson? ¿Nos tienes miedo?
La Slytherin ni se inmutó y siguió centrada en su lectura. Cabreada, una de las estudiantes lanzó un libro al suelo, causando un gran estruendo que sobresaltó a Pansy haciéndola saltar sobre su sitio y haciendo que una mueca de terror se formase en su rostro.
El grupo de Gryffindor, al ver la perturbación en las facciones de la chica, comenzó a hacer más ruido, riéndose ante los gestos molestos de la Slytherin. Hermione frunció el ceño y se levantó dispuesta a defenderla, pero como si hubiese sido invocado Blaise Zabini apareció de la nada y espantó a las chicas con unas pocas palabras ácidas.
Las manos del chico se posaron en el pelo de la chica y masajeó ligeramente, haciendo un camino hasta los hombros, los brazos y terminando en su estómago. La chica se reclinó contra él y susurró algo, se podía ver como esos golpes la habían asustado por alguna razón desconocida.
Pocos segundos después aparecieron Draco, Daphne y Theo por la puerta, tomando asiento alrededor de la mujer y cada uno diciéndole cosas que consiguieron calmarla. Cuando Pansy se encontraba recuperada de lo sucedido los cinco se levantaron y se fueron con rapidez. Siempre juntos, siempre protegiéndose, siempre ignorando a todos y defendiéndose entre ellos, pero sin saltar a las provocaciones, sin decir lo que tanto se guardaban.
Labios apretados, palabras llenas de mensajes ocultos, manos frotándose, mangas bajadas, ojos revoloteando en todas partes, siempre acompañados, las varitas en los bolsillos, evitar grandes grupos de otras casas. Eran muchas de las acciones que los Slytherin hacían día tras día, demostrando sin palabras todo lo que sentían en cada momento.
Miedo, furia, tristeza, impotencia. Eran los que más callados estaban siempre. Los que menos hablaban. Los que menos llamaban la atención. Pero eran los más expresivos.
Y es que, si algo Hermione había aprendido en esos dos meses que llevaban de curso, era que cuando los Slytherin no contestaban directamente a algo, lo decían todo con sus gestos.
Porque ellos cuando callan, gritan.
¡Y ya está! ¿Qué os ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Increíble? ¿Fatal? Not bad?
Espero que este nuevo capítulo os haya gustado, seguramente actualice cada 10-12 días, ya empecé las clases así que tengo menos tiempo para estar por FF.
Si os ha gustado, podéis dejar un bello review :)
Gracias a MacaLeiva, Luu, Lorena y Meli Malfoy por sus reviews (sin cuenta), espero que os haya gustado el nuevo capítulo y os animéis a dejar otro bello review :D
Besos y abrazos,
AliciaBlackM.
PD: ¡REVIEWS y GO!
