¡Holisss! Aquí vengo con la actualización, sé que he tardado un día más, pero por alguna razón estaba convencida de que los diez días se cumplían hoy y no ayer, pero no os preocupéis que en nueve días tenéis nuevo capítulo :)

Espero que os guste el nuevo capítulo; mañana contestaré a los reviews (o eso espero).


Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá.


Este fic participa en el reto anual "Long Story 5.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Este capítulo está dedicado a todas las bellas personas que me dejaron un review en el cap anterior :)


-Anathema-

Capítulo 4: Dura lex, sed lex (La ley es dura, pero es la ley).

Pansy observó el fuego crepitar en frente de ella mientras Theo, Blaise y Daphne hablaban animadamente sobre las vacaciones de Navidad. En menos de dos semanas los alumnos volverían a casa a pasar las fiestas con sus familias mientras que otros, como ella y Draco, se quedarían en el colegio.

Theo y Blaise habían decidido hacer un pequeño viaje a una casa de campo que Nott tenía en Gales. Habían invitado a las hermanas Greengrass que aceptaron de inmediato, al contrario que Draco y Pansy, quiénes rechazaron la oferta y decidieron quedarse en el colegio durante las Navidades.

Después de todo, nadie los estaba esperando fuera del colegio.


En un abrir y cerrar de ojos llegó el día en el que los alumnos partirían de vuelta a casa. Malfoy y Parkinson se encontraban en las puertas de Hogwarts despidiéndose de sus amigos, que todavía insistían en que se fueran con ellos.

—Déjalo ya, Blaise —se quejó Draco—. La decisión está tomada, nos quedaremos en Hogwarts.

—Bueno, si cambias de opinión ya sabéis dónde estamos —comentó Theo y le dio un último abrazo a Pansy.

Los cuatro Slytherin se despidieron mientras cogían sus maletas y caminaban en dirección a la salida. Pansy agitó su mano a modo de despedida cuando Blaise se giró y le mandó un beso volado. Con una sonrisa en el rostro, ambos volvieron a su sala común.

—¿Qué me vas a regalar por Navidad? —preguntó la pelinegra cuando se tumbaron en la cama del rubio.

—Mi presencia —contestó él y la chica hizo un sonido decepcionado.

—Es una mierda de regalo.

Draco le dio con el cojín en la cara y ella se echó a reír mientras colocaba sus manos como escudo.

—¿Qué me regalarás tú?

—Es una sorpresa.

El chico rodó los ojos y le volvió a dar con el cojín.

—Violento —se quejó ella.

—Dime, ¿cuál es mi regalo? —volvió a preguntar.

—Es sorpresa. Si te lo dijese ya no sería sorpresa —replicó ella y le quitó el cojín al rubio antes de que pudiese darle otra vez con él.

—No me gustan las sorpresas.

Pansy miró a Draco unos segundos y se acomodó mejor en la cama, se colocó a su lado y lo rodeó con sus brazos, apoyando su cabeza en uno de sus hombros.

—A veces es mejor no saber que te depara el destino —murmuró ella y comenzó a pasar sus dedos por las hebras rubias del chico—. Quizá no te guste lo que descubras.

Draco no dijo nada, simplemente cerró los ojos y dejó que las caricias de su amiga lo llevasen a los brazos de Morfeo.


—¡Directora McGonagall! —exclamó Hermione y corrió junto a Ginny para alcanzar a la mujer—. Profesora, ¿podemos hablar con usted?

—Ya lo está haciendo, señorita Granger —replicó ella—. Díganme, ¿en qué puedo ayudarles?

Ginny miró a Hermione unos segundos antes de hablar:

—¿Pueden venir Harry y Ron a pasar las navidades aquí?

La mujer frunció el ceño.

—¿Por qué vendrían ellos aquí? —preguntó— ¿No sería más fácil que aprovechaseis ustedes estas vacaciones para ir a verlos?

—Lo sabemos, profesora —contestó Hermione—. Pero Ginny y yo decidimos quedarnos por motivos académicos y ellos nos preguntaron si podían venir, para pasar juntos la Navidad.

McGonagall volvió a fruncir el ceño y torció los labios. Vio los rostros esperanzados de las dos jóvenes brujas frente a ella y suspiró.

—Está bien —aceptó—. Pero tendrán que irse antes de que empiecen las clases.

—¡Muchas gracias, directora! —Las dos chicas se alejaron mientras McGonagall negaba con la cabeza y retomaba su camino.


—¡Chicos! —Hermione abrazó a sus dos amigos y estos la apretujaron de vuelta—. Os he echado de menos.

—Y nosotros a ti, Mione —suspiró Harry—. Nos has hecho mucha falta estos meses.

El trío se separó y se sonrieron, intercambiando palabras sin necesidad de decirlas.

—Eh, ¿hola? ¿Ronald? ¿No vas a saludar a tu única hermana? —se quejó Ginny.

El pelirrojo se echó a reír y levantó en el aire a la chica, sacándole un grito. La movió de un lado a otro como si fuera una muñeca antes de dejarla en el suelo nuevamente.

—Yo también te he echado de menos —suspiró la chica y abrazó a su hermano—. Aunque seas tonto.

Ron frunció el ceño, pero decidió pasar por alto las palabras de su hermana. Los cuatro comenzaron a caminar en dirección a la torre de Gryffindor. Mientras caminaban por un pasillo del cuarto piso vieron como Malfoy y Parkinson paseaban por ahí hablando entre ellos en susurros.

—No sabía que se habían quedado —murmuró Hermione ante las miradas interrogantes de sus dos amigos—. Pensé que se habían marchado con Zabini y los demás.

—No sé cómo los pueden dejar estar aquí —susurró Ron y su ceño se frunció—, son unos asquerosos mortífagos.

—Ron —intercedió Ginny—, Parkinson ni siquiera era una mortífaga y Malfoy fue absuelto de todos los cargos que se le imputaban.

—Eso no los hace menos culpables —terció él y le dedicó un vistazo rápido a los dos Slytherin, estos los miraban parados en mitad del pasillo—. Puedes quitar los cargos de sus expedientes, pero no la sangre en sus manos.

Un tenso silencio se instaló entre ellos y siguieron caminando, pasando al lado de los otros dos alumnos que estaban ese pasillo. Draco giró su cabeza ligeramente cuando Ron chocó contra su hombro y apretó los labios.

—Ten más cuidado, Weasley —pronunció y el aludido se paró.

—¿Disculpa? —El pelirrojo se giró y encaró al Slytherin, sus ojos azules brillaban con furia—. ¿Qué has dicho? No te he oído, Malfoy.

Draco apretó los labios y sus manos se volvieron puños, la condescendía con la cual el otro le había hablado le crispaba los nervios.

—Ha dicho que tengas más cuidado, Weasley —escupió Parkinson y le lanzó una mirada de absoluto asco al chico—. Aparte de inútil, eres sordo.

Ron dio un paso amenazante en dirección a los dos Slytherin, pero fue detenido por la mano de Hermione cogiéndole del brazo. La castaña lo miraba con el ceño fruncido y negando con la cabeza mientras lanzaba miradas rápidas a Pansy y Draco, que estaban en una posición defensiva.

—Vámonos —dijo ella.

—Hazle caso a tu novia, Weasley —comentó Pansy—. No querrás que se enfade.

El pelirrojo reculó y comenzó a caminar junto a sus amigos, dejando atrás a las dos serpientes. Pansy rodó los ojos y cogió a Draco por el antebrazo, empujándole para retomar el camino a las mazmorras.


—No entiendo por qué no me dejaste darles su merecido —reclamó Ron nada más cruzaron la puerta y entraron a la Sala Común de Gryffindor.

—No vale la pena, Ron —suspiró ella con cansancio—. Hemos estado bien con ellos estos meses, no sería bueno que una simple disputa entre vosotros lo arruinase todo —comentó y Ron hizo un sonido descontento—. Tengo que hacer un trabajo con ellos dos y Neville, y prefiero mantener la atmósfera de tolerancia que tenemos.

—¿Atmósfera de tolerancia? —repitió él—. Me parece un insulto que seas tolerante con esos dos. Son una plaga. Merecen la muerte.

—No eres nadie para decidir quién merece morir y quién no —replicó Hermione y sus palabras salieron más cortantes de lo que esperaba—. No debemos someter a las personas a juicios según nuestros pensamientos, te quejabas de que ellos en el pasado eran prejuiciosos, tú lo estás siendo ahora.

Ron apretó los labios y negó con la cabeza, subiendo las escaleras hacia el cuarto de los chicos. Harry se quedó mirando a su amiga y le sonrió ligeramente.

—No le hagas caso a Ron —dijo—. Sabes que siempre ha sido muy impulsivo.

Hermione asintió de manera distraída y Harry decidió subir en busca de su amigo y para acomodar las cosas. Las dos chicas tomaron asiento en el largo sofá rojo que había en la sala y se quedaron mirando al fuego.

—¿Sabes? Hubo una época en la que estaba segura de que Ron y yo estaríamos juntos sin problemas —comentó ella—, cosas como estas simplemente me demuestran que estaba equivocada y que romper fue lo mejor que nos pudo haber pasado.

Ginny miró a su amiga unos segundos, torciendo el gesto.

—Supongo que me pasó algo parecido con Harry —dijo ella—. Siempre pensé que era el hombre de mi vida, pero lo nuestro no funcionaba.

Se quedaron en silencio unos minutos hasta que las chicos bajaron, Ron parecía algo más calmado y Harry les sonrió suavemente.

—¿Vamos a cenar? —preguntó y ellas asintieron.


—Señor Malfoy, señorita Parkinson —los llamó McGonagall.

Ambos se giraron y miraron a la profesora de forma interrogante.

—¿Sucede algo? —cuestionó Pansy y la mujer negó con la cabeza.

—Nada preocupante —dijo—. Pero me gustaría hablar con ustedes un momento.

Los dos Slytherin intercambiaron una mirada antes de asentir y seguir a la profesora hasta entrar en un aula en desuso.

—¿De qué necesita hablar, directora? —preguntó Malfoy mientras se apoyaba en una mesa y Pansy se colocaba a su lado.

McGonagall se posicionó delante de ellos y los miró unos instantes antes de suspirar y hablar.

—Sobre vuestro juicio —respondió—. Y que opciones tienen en el futuro.

Los dos alumnos guardaron silencio.


Hermione se dirigía de vuelta a su sala común para buscar abrigos para ella y Ginny, cuando estaba pasando por uno de los pasillos del cuarto piso oyó unas voces salir de una de las aulas. Se acercó con curiosidad y se apoyó en la pared, al lado de la puerta, la voz de McGonagall flotó por el aire, dándole a conocer las personas allí encerradas.

—Señor Malfoy, señorita Parkinson —habló la mujer—. ¿Han pensado ya que van a hacer después de Hogwarts? El Ministerio me ha pedido información sobre vuestro avance, aquí en el colegio, y me gustaría saber qué planes de futuro tienen. Ya hablé con sus compañeros y tuvieron las ideas muy claras.

—¿Qué clase de planes tendríamos? —cuestionó Pansy—. Después de Hogwarts no quedará nada para nosotros, estar en este colegio es una condena. Los juicios de nuestras familias poco se asemejan con los de los Nott o los Zabini.

—Señorita Parkinson… —intentó McGonagall con tono conciliador— Estoy segura que podrán conseguir algo, quizá aquí en Inglaterra no, pero hay muchos países y con su dominio del francés no sería difícil que alguno de ustedes entrase en alguna academia mágica de Paris.

—¿Por qué le importa? —preguntó Draco, Hermione tragó saliva y se acercó más a la puerta—. No tiene ningún tipo de sentido que busque alternativas para nosotros, ya hemos aceptado nuestra sentencia, ir a Francia no serviría de nada.

—Todos cometemos errores, señor Malfoy —dijo la directora—, es algo humano. No seré yo quien os juzgue y os desee un futuro oscuro, al contrario, mi deseo como profesora y directora de este colegio es que todos tengan una buena base para labrar vuestro futuro —comentó—. Y no me importa la marca en su brazo, señor Malfoy, o vuestros apellidos, sois alumnos míos y deseo lo mejor para ustedes, sea aquí o en otro país.

—No se lo han dicho, ¿verdad? —inquirió Pansy—. No tiene ni idea. —Se echó a reír y Hermione frunció el ceño al mismo tiempo que lo hacia McGonagall.

La castaña sabía que escuchar esa conversación estaba mal, pero no podía evitar sentir curiosidad sobre los Slytherin. La Orden había sido llamada a testificar en gran parte de los juicios, pero aquellos de las grandes familias, como los Malfoy o los Parkinson, habían sido privados y no se llamó a ningún testigo a testificar. Sus sentencias fueron ocultadas a todo el mundo.

—¿Saber qué, señorita Parkinson?

—La sentencia dictaminada por el Wizengamot —respondió Malfoy y su voz estaba teñida por un tono oscuro; tenebroso—. No le dijeron nada, ¿verdad?

—El tribunal se guardó su sentencia, señor Malfoy —aceptó ella—. Pero teniendo en cuenta que ustedes están cursando su último curso en Hogwarts supuse que no sería algo drástico.

—Lo es, profesora —dijo Pansy en el mismo tono que Draco—. Estar aquí en Hogwarts no es algo bueno, es una tortura.

McGonagall se irguió y miró a los dos chicos, se podía ver el dolor en los ojos de Pansy tras pronunciar esas palabras y Draco miraba al suelo, incapaz de levantar la vista de éste. La mujer se temió lo peor.

—¿Cuál fue vuestra sentencia? —preguntó y Pansy sonrió, una sonrisa cargada de sufrimiento.

—Terminaríamos nuestro último año en Hogwarts —dijo—, es cierto, pero después de éste se nos quitaría la varita y nos condenarían a vivir en el mundo Muggle, prohibiéndonos cambiar el poco dinero que nos queda a la moneda muggle. Nos exiliarían del Mundo Mágico y de Inglaterra, profesora McGonagall —explicó ella y su voz se rompió—. Cuando se acabe Hogwarts, no seremos nada. Este último año es la forma que el Ministerio tiene de recordarnos que en unos meses dejaremos de ser magos.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Hermione tras escuchar esas palabras. No se quería ni imaginar qué sería de ella si le quitaban la magia. Era cierto que ella conocía el mundo muggle y sabría adaptarse a vivir en él, pero después de descubrir que era una bruja todo su vida cambió y no quería ni pensar en perderlo. Si para ella sería difícil, para Malfoy y Parkinson lo sería aún más, obligados a vivir en un mundo que no conocían y privándolos de algo que había sido parte de su vida desde que nacieron.

Al escuchar pasos dentro del aula, Hermione se alejó con pasos rápidos, doblando la esquina del pasillo justo cuando los dos Slytherin y la directora salían del lugar. La anciana intercambió un par de palabras más con Pansy y Draco antes de alejarse. Estos simplemente se quedaron parados en mitad del pasillo, ella aguantándose las lágrimas y él ahogándose con el nudo en su garganta.

La gente decía que había luz al final del túnel, pero para ellos no era así. Al final del suyo no había luz, sino una caída libre a la que no sobrevivirían.


Hermione volvió con sus amigos algo alterada, Ron y Ginny no parecieron darse cuenta de la turbación de su amiga, pero Harry sí, y aprovecho el camino por el jardín para alejarse con ella y hablar.

—¿Qué pasa?

—¿Qué? No ocurre nada, ¿por qué lo preguntas? —inquirió y tragó saliva.

—Hermione, soy tu mejor amigo —le recordó con una suave sonrisa—. A mí no me tienes porque mentir.

La castaña miró los ojos verdes de Harry y suspiró, las palabras que escuchó en aquella conversación aún rondaban en su cabeza. Observó que nadie pudiese escucharlos antes de hablar.

—Harry, ¿tú sabes cuál fue la sentencia de Malfoy y Parkinson? —preguntó y él negó con la cabeza.

—Traté de enterarme —confesó—, pero se negaron a decirme nada.

—Pues yo me enteré hoy, hace menos de dos horas —le dijo y el frunció el ceño—. Y es horrible, Harry. Es jodidamente cruel.

—¿Qué es? ¿Tan mal les fue el juicio?

Hermione asintió con pesar y tomó aire antes de contestar.

—Los condenaron a terminar este curso —comenzó y Harry la miró extrañado—, pero después de que acaben Hogwarts ellos… —Se quedó callada y bajó la cabeza.

—Ey, Mione, ¿qué pasa?

—Los van a exiliar de Inglaterra y del Mundo Mágico. Les van a retirar sus varitas y después les van a privar de la magia. Su condena es vivir como muggles para el resto de su vida.

Harry aguantó la respiración y miró incrédulo a su amiga.

—¿Qué? Eso es exagerado, ni Parkinson ni Malfoy participaron activamente en la última batalla —dijo—. Es cierto que Malfoy tiene la marca, y que sus familias estaban involucradas estrechamente con Voldemort, pero ninguno de los dos, que yo sepa, cometió crímenes suficientes como para obtener una sentencia así.

—No lo sé, Harry —dijo ella—. Me parece una medida exagerada, la familia Nott estaba en la misma posición que los Malfoy, pero sólo les han quitado gran parte de su fortuna y han encerrado al señor Nott en Azkaban. No han tomado ningún tipo de represalia extremista contra Theodore, y él también tomó la marca por lo que tengo entendido.

—Creo que deberíamos hablarlo con la gente de la Orden, quizás Shackelbot pueda abrir una investigación.

—Pero él estaba en los juicios, si hubiese querido hubiera hecho algo —replicó ella.

—Aunque el Ministro no esté de acuerdo, el Wizengamot es el que toma la última decisión. El Ministro está obligado a asistir a los juicios, pero son el Jefe Supremo y los miembros del tribunal los que toman las decisiones —explicó—. Quizá tendríamos que tratar de abrir una investigación, ellos no son mis personas favoritas en el mundo, pero si algo he aprendido de estos años es a ser justo, y no creo que ninguno de los dos se merezca ese futuro que les han dictaminado.

Hermione abrazó a su amigo y suspiró en su hombro. Quizá ellos podían conseguir cambiar el destino de los Slytherin. Al menos lo intentarían.


Draco se acercó con pasos lentos a los lindes del bosque. Había visto a Granger salir a pasear por los alrededores del castillo, y aprovecharía que estaba sola para hablar con ella. La vio sentada en el mismo sitio dónde la había encontrado la otra vez, cuando el centauro la miraba desde dentro del bosque.

Los copos de nieve caían con ligereza sobre ellos, manchando sus abrigos de blanco y haciendo que el frío tiñese sus caras de rojo. Se acercó hasta ella, quedándose a unos pocos pasos de ella.

—¿Te gusta escuchar conversaciones ajenas? —inquirió él y Hermione se sobresaltó, girándose desde su sitio y mirándole sorprendida.

—Lo siento —dijo, sabiendo que sería imposible negárselo. Malfoy parecía muy seguro de sus palabras—. No era mi intención escucharos, pero no me arrepiento.

—¿Por qué tienes ese molesto habito de meterte dónde no te incumbe? —preguntó él, su tono de voz sonaba duro y frío.

—Considero que fue bueno escuchar vuestra conversación —contestó, evitando reaccionar a sus palabras—. Sinceramente, creo que puedo hacer algo para cambiar vuestra sentencia.

—No te metas, Granger —dijo él y Hermione se levantó, girándose y encarándole—. Nadie ha pedido tu ayuda.

—¿Vas a resignarte? —inquirió ella y frunció el ceño—. Eso es algo patético, Malfoy. No niegues la ayuda de la gente que te la ofrece.

—¿Acaso me has ofrecido tu ayuda? —replicó él—. Creo que no; lo que has hecho es escuchar una conversación ajena y decidir por tu cuenta que Pansy y yo seríamos tu obra de caridad del año.

Hermione apretó los labios, ofendida por sus palabras.

—No sois una obra de caridad —dijo y Draco arqueó una de sus cejas—. No tomes mi ofrecimiento como algo así.

—Te lo repito, Granger, no te metas en esto. Por mucho que te guste pensar lo contrario, no puedes hacer nada para cambiar algo que ya se dictaminó.

—Me da igual lo que pienses, Malfoy. —Comenzó a caminar, colocándose al lado del rubio—. Voy a tratar de ayudaros de cualquier manera, por mucho que a ti te guste recibir mi ayuda.

Hermione pasó a su lado, comenzando a caminar de vuelta al colegio. Draco rodó los ojos y habló una vez más, consiguiendo que Hermione se parase.

—No tiene nada que ver con recibir tu ayuda —comentó y miró a la castaña—. Simplemente, no creo que sea conveniente. El Wizengamot no cambiará su decisión.

—Al menos déjame intentarlo —intentó ella y oyó a Malfoy suspirar.

—Haz lo que quieras —concedió él—. Eres demasiado buena, Granger.

La chica frunció el ceño y abrió los labios, dispuesta a preguntarle el significado de esas palabras, pero se abstuvo a hacerlo. Vio como Malfoy dirigía su vista al bosque, ignorándola. Con un suspiro resignado se dio la vuelta y volvió a Hogwarts, mientras su cabeza buscaba maneras de poder ayudar a los Slytherin.

Draco, por su parte, se quedó un rato más en el exterior, alzando la cabeza hacia el cielo para dejar que los copos cayesen sobre su cara. Secretamente admiraba la determinación de Granger para ayudar a todos aquellos que creía que se lo merecían, pero era una ingenua si creía que el tribunal cambiaría de opinión. Él ya había aceptado su futuro, al igual que Pansy.

Después de todo, la ley es dura, pero es la ley.


¡Y ya está! ¿Qué os ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Increíble? ¿Fatal? Not bad?

Las cosas se están poniendo intensas, ¿no?

Espero que este nuevo capítulo os haya gustado, nos vemos en 9 días :)

Recordar que, sí os ha gustado, podéis dejar un bello review :)

Besos y abrazos,

AliciaBlackM.

PD: ¡REVIEWS y GO!