¡Hola! Sé que he tardado casi el doble de lo normal en subir el capítulo, pero las clases se me están echando encima y me ha sido imposible acercarme al ordenador para actualizar. Este es el último capítulo que tenía escrito y revisado, a partir de aquí no os prometo que siga subiendo cada diez días, pero no tardaré mucho :)
Agradecimientos a todos aquellos que comentasteis en el capítulo anterior :D
Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá.
Este fic participa en el reto anual "Long Story 5.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
-Anathema-
Capítulo 5: Fama nihil est celerius (Nada es más rápido que un rumor).
Se despidieron de Harry y Ron dos días antes del comienzo de las clases, Ginny y Hermione los acompañaron a la estación, diciéndoles adiós con lágrimas en los ojos. Harry y Hermione mantuvieron una pequeña charla privada sobre la sentencia de los Slytherin antes de darse un abrazo y despedirse.
Las dos chicas volvieron al colegio y decidieron ir a su sala común antes de bajar a almorzar, por el camino se encontraron a Parkinson, que se acercó con cara de pocos amigos hasta ellas y le tendió un papel a Hermione.
—¿Qué es esto? —preguntó la castaña.
—La nota de nuestro trabajo de Pociones —dijo y Hermione frunció el ceño.
—¿Qué? Si era para febrero y todavía faltaban un par de ingredientes.
—Draco me dio los que faltaban hace tres semanas, Longbottom me mandó su poción hace unos días y entregué todo ayer. Esta es la nota —explicó vagamente.
—Vale, vale —murmuró y miró el «extraordinario» escrito en lo alto de la página—. Gracias, supongo.
Pansy rodó los ojos y pasó a su lado, siguiendo su camino con rapidez.
—Pensaba que os llevabais bien —comentó Ginny, sorprendida por la actitud brusca de Parkinson.
—No realmente —evadió ella, completamente consciente de que Malfoy le contó a Pansy acerca de su charla.
Ginny frunció el ceño, pero no dijo nada. Si Hermione ocultaba algo con respecto a los Slytherin se lo contaría tarde o temprano.
Las clases comenzaron con rapidez y la rutina se volvió a establecer. Hermione sentía que la tensión entre ella y Malfoy había crecido hasta límites jamás alcanzados por ellos; con Parkinson había crecido también esa atmósfera extraña, pero al menos ella le dirigía la palabra cuando era necesario.
Esa mañana había recibido una carta de Harry, al parecer había conseguido hablar con Shackelbot sobre el tema y el hombre le explicó que, dado que algunos miembros del Wizengamot estaban de vacaciones, tendrían que esperar hasta febrero para poder abrir la investigación sobre los casos de Parkinson y Malfoy.
Hermione decidió aprovechar la clase de Runas Antiguas, que compartía con Malfoy y que se sentaba en la mesa a su lado, para decírselo; él simplemente asintió y giró la cara, dispuesto a ignorarla todo lo que quedaba de hora. Granger rodó los ojos ante su actitud y suspiró, tratando de poner atención en la clase.
—Antes de que se den cuenta cuenta estarán enfrentándose a los exámenes finales, y sé que muchos de ustedes a los E.X.T.A.S.I.S., por lo que he decidido poner un trabajo sencillito para hacer en parejas. Yo ya he decidido con quién estarán y qué investigarán así que nada de quejas y nada de juntarse con los amigos —dijo ella y lanzó una mirada periférica antes de coger un pergamino dónde tenía apuntadas las parejas—. El trabajo no es complicado, simplemente tienen que hacer una investigación exhaustiva del tema que les toque y presentármelo en un plazo de dos semanas. Quiero que busquen de verdad, no me vale lo que pone en el libro. Mínimo diez pergaminos —explicó y todos asintieron, aguantando las protestas—. En el momento en el que diga las parejas se levantarán y se juntarán. Empecemos, Darren Sheets y Marlene Smith…
Poco a poco los dúos se fueron formando, tomando asiento en las mesas y preparando las cosas para comenzar el proyecto. Hermione miraba de forma distraída una de las páginas del libro, pendiente de escuchar su nombre pero sin prestar atención al ajetreo que se formaba cada vez que los alumnos se movían para cambiarse de sitio.
—Hermione Granger —pronunció la mujer y la castaña levantó la cabeza— y Draco Malfoy.
Ambos intercambiaron una mirada antes de que la chica se levantara y se colocara al lado de Malfoy. Se mantuvieron en silencio hasta que finalmente todas las parejas fueron dictaminadas; la profesora volvió a su asiento, comenzando a repartir desde allí los temas de cada trabajo.
—Granger y Malfoy, trabajarán las runas élficas —dijo y ellos asintieron.
Draco abrió el libro por la página necesaria y comenzó a copiar en silencio, haciendo apuntes y remarcando algunas oraciones sin prestarle atención a la chica a su lado. Hermione rodó los ojos y comenzó a hacer sus propios apuntes de las páginas siguientes a las que Malfoy trabajaba.
—Granger, Malfoy —llamó la profesora y ambos alzaron la vista—, no sé si entienden el significado de la palabra cooperativo, pero se supone que tendrían que trabajar, hablar y planear juntos el trabajo.
Todos los alumnos miraron a la pareja y ellos asintieron secamente, Hermione algo sonrojada ante el llamado de atención de la profesora. Se juntó más a Malfoy y en un movimiento rápido le quitó las hojas en las que había estado escribiendo, sustituyéndolas por las que ella había redactado.
—¿Me vas a ignorar eternamente? —inquirió ella—. Entiendo que no sea de tu agrado que me haya enterado de vuestra sentencia, pero no veo lógico que me ignores y rechaces mi ayuda.
—¿Sigues dándole vueltas a eso, Granger? Ya te dije que puedes hacer lo que quieras —comentó él con sequedad—. Que te ignore simplemente se debe al hecho de que no tengo nada que hablar contigo, no somos amigos. Nunca lo hemos sido, no tengo por qué hablarte.
—Soy plenamente consciente de que no somos amigos, Malfoy. Pero tampoco somos enemigos, creo que al menos me merezco un «hola» cuando nos crucemos en los pasillos —replicó ella mientras leía los papeles—. Quiero mantener la atmósfera de respeto que surgió entre nosotros desde el trabajo de Pociones.
—¿Atmósfera de respeto? —Draco se echó a reír—. Granger, creo que rompiste esa atmósfera en el momento en el que decidiste cotillear detrás de una puerta. Respeto a la privacidad, ¿lo conoces? Creo que no.
Hermione apretó los labios y aguantó el golpe bajo que Malfoy le acababa de dar. Se mantuvieron en silencio unos largos minutos, leyendo el trabajo del otro; cuando Hermione iba a hablar otra vez, la voz de la profesora, anunciando el final de la clase, la interrumpió.
Malfoy salió del aula con rapidez y Hermione se quedó un rato más sentada en aquella silla, observando el papel que el rubio le había dado antes de que fuera.
En la biblioteca a las siete. No llegues tarde.
Lo guardó en su bolsillo y se dirigió con pasos rápidos a la siguiente clase, la sensación de malestar que las palabras de Malfoy le habían causado no desapareció en ningún momento.
Esa tarde en la biblioteca fue uno de los días que más incómoda había estado en su vida, Malfoy le dirigía las palabras justas y necesarias; nunca mirándola a los ojos. En más de una ocasión se planteó pedir perdón por haber escuchado detrás de la puerta, pero ese pensamiento desparecía con rapidez al pensar que gracias a ese acto pudo escuchar la injustica cometida con los dos Slytherin y estaba en su mano cambiarlo.
A esa tarde le sucedieron varias, la atmósfera no variaba en ningún momento por lo que rápidamente Hermione se vio acostumbrada a ser ignorada por el chico, e internamente prefería que él la insultase como en el pasado a que fingiese que no existía. Ese día habían quedado en las afueras del bosque para buscar unas antiguas ruinas élficas que, según la profesora, estaban más allá de la casa de Hagrid y serían fáciles de encontrar, y les daría información relevante para su trabajo.
Después de dos horas buscando y recolectando información, ambos se dispusieron a salir de los alrededores y volver al colegio. Hermione estaba bastante molesta por la situación con Malfoy; no quería que él la ignorase, no cuando buscaba ayudarle, cuando quería demostrarle que no era una obra de caridad y que ella realmente quería cambiar su fatídico destino.
—Estoy harta de esta situación —le dijo Hermione al rubio tras varios minutos caminando en silencio—. No puedes ignorarme para siempre por el hecho de que te esté ayudando. Sí, invadí tu privacidad al escuchar esa conversación, pero no me arrepiento. ¡Estoy tratando de ayudarte, Malfoy, déjame hacerlo! No huyas de la posibilidad de un futuro mejor.
Draco se giró con brusquedad y ladeó la cabeza hacia un lado, mirando a Hermione con los labios apretados y los ojos más fríos de lo usual. La agarró por la muñeca con fuerza y la adentró con él en el bosque. Hermione no forcejeó, algo dentro de ella le decía que no estaba en peligro y que siguiese al chico. Llegaron a un pequeño claro que no quedaba muy lejos de la casa de Hagrid y Malfoy la empujó hasta un árbol, una de sus manos apretando el tronco justo al lado de su cara.
—No huyo, Granger —murmuró y ella trató de ignorar el escalofrío que le recorrió el cuerpo—. ¿Un futuro mejor? ¿Crees de verdad que por mucho que consigas cambiar mi sentencia voy a tener un futuro mejor? —Se alejó de ellas, dando varios pasos hacia atrás antes de levantarse la manga de su camisa y mostrar la marca oscura—. ¿Crees que con esto en mi piel voy a conseguir un buen futuro? Me espera una vida de odio y rechazo, Granger. Prefiero mil veces ser condenado en el mundo muggle que vivir encerrado en mi casa.
—¿Tú renunciando a la magia porque la gente te rechace? —inquirió ella incrédula—. Eso es una locura hasta para ti, es cierto que esa marca cambia muchas cosas, pero dudo que el rechazo de la gente hacia ti por haber sido un mortífago sea menos doloroso que despedirte del mundo al que has pertenecido toda tu vida.
—¿Crees de verdad que yo quiero eso? Busco tener una vida, Granger. Y si tengo que resignarme y olvidar la magia para poder tener esa oportunidad lo haré, porque sé lo que es estar atado en tu propio hogar, ahogándote en el desprecio de la gente de afuera y aborreciendo tus orígenes y la posición en la que estos te han colocado. —Hermione tragó saliva ante la intensa mirada de Malfoy—. Mi vida es una mierda, Granger. No te puedes ni imaginar lo horrible que es.
En un impulso, Hermione recorrió los pocos pasos que la separaban de Malfoy y envolvió su mano alrededor de la muñeca descubierta del chico, cubriendo la marca oscura. Eran pocos los centímetros que los separaban, haciendo el aire más espeso y la atmósfera más tensa.
—Te mereces una vida, Draco —murmuró ella y él cerró los ojos ante el calor que su mano alrededor de su antebrazo le proporcionaba y su nombre susurrado por sus labios—. Te mereces una segunda oportunidad, porque te diste cuenta de que Voldemort y sus ideales no era lo que te representaban, porque tuviste miedo y eso no te hace un cobarde, te hace humano. Yo también tuve miedo, lo tengo a día de hoy. Estoy aterrada pensando que cuando me despierte la mañana siguiente todo haya sido un sueño y Voldemort siga vivo, matando a gente inocente.
Hermione fijó su vista en los párpados cerrados de Draco y clavó sus uñas ligeramente en su piel para que abriese los ojos. El gris chocó con el marrón de forma tormentosa, ambos dejando de ser consciente de su alrededor.
—Todos tenemos marcas que ojalá no estuviesen en nuestro cuerpo, pero eso no quiere decir que no podamos seguir adelante —le susurró—. Creo que te mereces tener una vida, Malfoy, y sé que quizá parezca una locura que yo te ayude después de todo lo que ha pasado estos últimos años, sin embargo aquí estoy, tendiéndote la mano.
Sintió los largos dedos de Malfoy enrollándose alrededor de su muñeca, su pulgar presionando sobre la ropa en el sitio donde la palabra «sangre sucia» estaba marcada. Ella suspiró y su aliento golpeó los labios entreabiertos de Draco. Se quedaron en esa posición unos cuantos segundos antes de soltarse y retroceder ambos un par de pasos.
—Creo que debería irme —murmuró Hermione y se felicitó mentalmente cuando su voz no tembló.
Draco simplemente sacudió la cabeza afirmativamente y se quedó quieto. La castaña agachó la cabeza y tras recolocarse el abrigo se dispuso a irse.
—Lo siento —lo oyó decir y contuvo la respiración— por todo.
—No tienes porqué pedirme perdón —dijo y Draco esquivó su mirada—, hace mucho tiempo que te perdoné.
Hermione se mordió el labio para no decir nada más al ver que él no contestaba y se giró, largándose de allí con pasos rápidos. Su corazón latía casi tan veloz como era su avance por la nieve para alejarse de ese claro.
Esa tarde algo comenzó a crecer dentro de ellos respecto al otro y ninguno quería hacer nada para evitarlo.
A partir de ese día, las cosas comenzaron a cambiar. Una semana después de aquel momento en el claro, era normal verlos sentados juntos en la biblioteca, hablando tranquilamente, estudiando al lado del otro y, en algunas ocasiones, riendo disimuladamente para no alertar a Madame Pince.
Cuando sus respectivos amigos preguntaban por ello, ambos evadían el tema con excusas como: «un trabajo de runas» ó «coincidió de que tenía un libro que necesitaba». Pero poco a poco dejaron de dar explicaciones, encogiéndose de hombros ante las preguntas y dejando que esa amistad que habían comenzado a forjar fuese visible para todos los alumnos.
No fue hasta la nueva salida a Hogsmade que Hermione demostró que aquello que la unía con Draco era más que una simple relación de compañeros de clase. Caminaban juntos por el paseo cubierto de una capa blanca que rodeaba la aldea, hablando de temas triviales y mirando alrededor, deleitándose con el paisaje que el invierno está dejando.
Tras varios minutos de caminata, decidieron pararse en un banco cerca de la casa de los gritos. Draco lanzó un hechizo para quitar la nieve del asiento y que no les recorriese un escalofrío cuando se sentasen en la fría superficie. Se mantuvieron hablando durante unos largos minutos allí, bromeando ligeramente y compartiendo su tiempo juntos.
—¿Sabes por qué la llaman la Casa de los Gritos? —preguntó Draco.
Hermione sonrió, recordando con algo de tristeza aquella tarde que habían compartido Ron, Harry, Ginny y ella con Sirius y Remus y cómo estos les habían contado muchas anécdotas sobre su estancia en Hogwarts, entre ellas la razón por la cual la casa se llamaba así.
—No, ¿por qué?
—Por ahí decían que la casa estaba embrujada y lo que se oía eran los gritos de una mujer, llorando el abandono de su amado, llamándolo —murmuró y se reacomodó en su lado—, pero eso es mentira.
—¿Lo es? —Él asintió—. Entonces, ¿qué eran esos gritos?
—No es algo de lo que esté seguro, las cosas que se dicen en Slytherin son, en muchos casos, pasajeras y de fuentes muy poco fiables —explicó antes de mirar a Hermione—, pero se decía que eran los gritos de un hombre lobo, uno que vivía oculto en Hogwarts y al que encerraban en la casa para evitar que atacase a nadie.
Hermione trató de ocultar su sorpresa al ver que esa historia era prácticamente la verdad sobre la casa y le devolvió la mirada a Draco.
—Sería una buena explicación —replicó con suavidad—, si fuera posible que un hombre lobo viviese tranquilamente en Hogwarts y que nadie se diese cuenta de su naturaleza.
—Quizá —Draco hizo tronar su cuello al moverlo—, ya te dije que las cosas que se dicen en Slytherin no son muy fiables a veces.
—¿A qué te refieres con eso exactamente? —preguntó—. Las cosas que se oyen en Slytherin —aclaró.
—Al no relacionarnos con las otras casas, hemos aprendido a ser muy observadores. Muchas cosas de las que han pasado en el colegio suelen tener una versión fantástica y que todos conocen, y una verdadera, esa que sólo los Slytherin y los que estuvieron presentes cuando sucedió saben —comentó y sonrió—. Si te quedas observando a tu alrededor, atenta a las cosas que ocurren, te darás cuenta de muchas. Eso es lo que hacemos los Slytherin y por eso cuando algo sucede, nosotros siempre sabremos la verdad, porque lo habremos presenciado o al menos, lo habremos predicho.
—Es una cualidad bastante curiosa —dijo y le correspondió la sonrisa—. ¿Cuántas cosas has descubierto sólo observando a tu alrededor?
—Te asustaría saberlo.
—Dime una.
—Durante nuestro primer año, Weasley hizo un comentario sobre ti que te molestó —relató y ella abrió los ojos sorprendida—. Te enfadaste con él y con Potter porque habías comenzado a considerarlos tus amigos y ellos se rieron de ti. El día ese en el que había un troll en las mazmorras tú no estabas en el Gran Comedor, sino en el baño de las chicas, dónde el troll se dirigió y allí fue cuando Potter y Weasley fueron a tu rescate.
—¿Cómo…? —balbuceó ella completamente asombrada con las palabras que el chico dijo.
—¿Cómo lo sé? —inquirió él con una sonrisa ladeada—. Te dije que los Slytherin somos muy observadores, no fue muy difícil ver tu cambio de actitud hacia esos dos y cómo tomabas un desvío a los baños cuando se supone que todos íbamos a comer.
—Sí, supongo que lo sois.
Se mantuvieron en silencio durante un rato, disfrutando de la compañía del otro pero sin sentir la necesidad de llenar el ambiente con palabras que buscaban eliminar una incomodidad que no existía.
—¿Quieres ir a beber algo? —preguntó él, Hermione le sonrió y asintió.
Se levantaron y comenzaron a caminar en dirección al pueblo, listos para tomarse una deliciosa cerveza de mantequilla. Caminaban prácticamente pegados al otro, ignorando deliberadamente el roce que se producía entre sus manos y como sus dedos parecían enredarse y desenredarse en cada movimiento.
Cuando llegaron a Las Tres Escobas, las miradas de Lavender, Padma y Marlene los siguieron hasta que se sentaron en una de las mesas más alejadas. Al observar la complicidad que parecía haber entre ellos y como hablaban tranquilamente, metidos en su propio mundo, las tres chicas comenzaron a comentar sobre la posible relación amorosa que existía entre ellos.
Pansy, Theo y Daphne entraron poco después al lugar, localizando a Draco con la mirada y recibiendo un asentimiento de éste para que supieran que no había problema con que se acercaran. Tras unas palabras con el rubio y su acompañante, tomaron asiento junto a ellos y pidieron sus bebidas.
—Entonces —murmuró Pansy y se limpió el bigote de espuma que se había quedado sobre su labio superior—, ¿qué tal el paseo?
—Normal —contestó Hermione y trató de componer una sonrisa, sintiéndose un tanto nerviosa al estar en presencia de esos tres Slytherin—, tampoco nos fuimos muy lejos. Dimos una vuelta por los alrededores, ¿y vosotros que hicisteis?
—Pansy y Theo se atiborraron de chocolate en Honeydukes mientras yo mandaba una carta en la lechucería local —respondió Daphne y recibió una mala mirada de los dos aludidos—. No me miréis así porque sabéis que es cierto.
—Lo raro sería que no estuviesen comiendo en Honeydukes —se burló Draco y recibió un golpe en el brazo por parte de Pansy—. Qué violenta eres.
—Lo sé —replicó la otra con una sonrisa—. Y tú eres demasiado hablador, nosotros no nos atiborramos a chocolate —dijo, imitando la voz de Daphne en las últimas palabras—. Catamos los diferentes productos de cacao de la tienda para ofrecer una reseña al respecto y tener un buen criterio a la hora de elegirlos.
—Es casi insultante que utilices una explicación tan detallada y llena de eufemismos para decir que estáis obsesionados con el chocolate y que os pasáis dos horas probando todos aquellos sabores que hay en la tienda —comentó Daphne y fue el turno de Theo de infringirle daño a la persona a su lado, pellizcando el muslo de la rubia con fuerza hasta sacarle un jadeo de dolor—. Theodore eres un maldito bruto.
—Controla tus palabras, Daphne —murmuró antes de sonreírle con suavidad, ganándose un bufido de la chica.
Hermione soltó una pequeña risa junto a Draco y Pansy, sorprendida al ver el buen rollo y las bromas que circulaban con facilidad entre ellos. Casi una hora después, Luna y Ginny se les unieron un poco tímidas al principio, pero acoplándose rápidamente y contagiándose del humor negro y astuto de los Slytherin.
Cuando volvieron a Hogwarts, Draco y sus amigos se despidieron de las chicas, pactando sin necesidad de palabras que tendrían que pasar otras tardes como aquella.
A finales de enero, era común ver al grupo de amigos de Draco juntándose con el de Hermione. Ginny y Luna se acostumbraron con rapidez a la forma de ser de los Slytherin, encontrando muchas cosas en común con ellos y quedando para ir a dar una vuelta o pasar el rato sin necesidad de que Draco y Hermione estuviesen como nexo de los dos grupos. La castaña y el rubio cada vez tenían más confianza y era normal verlos caminando juntos por los pasillos, sentándose al lado del otro en las clases dónde coincidían o pasando las tardes en la biblioteca.
Algunas personas no habían aceptado el hecho de que una heroína de guerra y sus amigas se juntasen con los Slytherin, concretamente con Malfoy y sus amigos. Habían comenzado a recibir insultos y reprimendas de algunas personas que les recriminaban sus nuevas amistades, pero ellas lo habían ignorado y siguieron juntándose con ellos.
Esa tarde de sábado se encontraban en una pequeña arbolada en los alrededores de Hogwarts, compartiendo bromas y manteniendo conversaciones sobre temas como Quidditch y las clases. Llevaban casi tres horas ahí cuando Lavender se acercó, flanqueada por Padma y Marlene, y le tendió una carta a Hermione.
—Llegó hace unos minutos, la trajo la lechuza de Harry—dijo con simpleza al ver la cara extrañada de la castaña.
Las tres Gryffindor se alejaron tan rápido como llegaron y tras unos segundos todos se volvieron a concentrar en discutir sobre qué equipo de Quidditch era mejor. Hermione, por su parte, miró la carta atentamente antes de abrirla y leer su contenido, una sonrisa se formó en su rostro a medida que leía las líneas y se giró en dirección a Malfoy para comentárselo cuando vio que debajo de la firma de Harry había escrito algo más.
PS: Me ha llegado un rumor que dice que Malfoy y tú tenéis una relación, ¿eso es cierto? Creo que tienes que explicarme muchas cosas, Hermione.
Se congeló en el sitio, su sonrisa se borró rápidamente y un nudo se formó en su garganta mientras leía una y otra vez las palabras allí escritas. Y no pudo evitar pensar que, desde pequeña, su madre siempre le había dicho unas palabras que ese día cobraron completo sentido:
Nada es más rápido que un rumor.
¡Y ya está! ¿Qué os ha parecido? Las cosas van avanzando, ¿no creéis? El próximo capítulo supondrá la mitad del fic, así que cada vez queda menos para que termine.
¡Sabéis que podéis dejar vuestras opiniones en los reviews!
Aclaración: en mi canon mental, los Slytherin al alejarse de las otras casas, solamente relacionándose entre ellos, se volvieron personas muy observadoras capaz de ver cosas que los demás pasaban por alto, por eso lo de que se rumorease en las mazmorras sobre la verdad de la Casa de los Gritos, pero se quedó como eso, un rumor y nunca se sospechó de Remus ni de los Merodeadores.
Contestación al review sin cuenta:
Lorena: ¡Hola! Sí, la sentencia puesta para los Slytherins es muy dura, y no te alejas de la realidad sobre las malas artes metidas en ella, pero ya veremos como avanza eso. Muchas gracias por leer y comentar, besos :)
Besos y abrazos,
AliciaBlackM.
PD: ¡REVIEWS y GO!
