Capítulo 4 "Una curiosidad inminente".
Meses después.
"No dejaré que nada te pase, lo sabes. No tienes de que preocuparte, terminaremos con esto y todo volverá a la normalidad y viviremos felices. Lo prometo", decía una voz masculina. Momentos después Setsuna despertó en medio de la madrugada con lágrimas en los ojos. "Tú lo prometiste", susurró en medio de la obscuridad de su alcoba.
Por la mañana se escuchaba el despertador a un costado de la cama que compartían Haruka y Michiru.
"Esa maldita alarma terminará por matarme, odio tener que levantarme temprano", reclamaba Haruka por el sonar del reloj despertador.
"Tranquila, sabes que no puedes faltar al entrenamiento, además de que correr es tu pasión", calmaba Michiru a su pareja mientras le daba un pequeño beso de buenos días.
"Tienes razón, eres la mujer más inteligente, talentosa y bella de este mundo, que digo mundo, del universo", expresó con amor la corredora, mientras besaba a su amante. "Bueno, ahora debo irme a duchar, si gustas me puedes acompañar", propuso con un ligero rubor en sus mejillas.
"Sabes que no deseo otra cosa en este momento, sólo quiero sentir el agua recorrer mi cuerpo a tu lado", respondió la aguamarina.
Después de la ducha entró una duda en la senshi del viento. "Por cierto, no he vuelto a ver a ese niño rubio que tenía Rei en el templo", decía mientras recordaba al pequeño. "Creo que saliendo del entrenamiento iré a visitarla para poder ver de nuevo a ese niño", dijo la rubia, sintiéndose inquita al recordar al infante.
"Está bien Haruka, gracias por avisarme, así no me preocuparé de que ocurrió algo malo en el entrenamiento", agradecía Michiru.
En la pista de carreras se encontraba un piloto muy reconocido, que intentaba batir su propio récord. "Vamos Tenoh, casi lo tienes", reprochaba el entrenador al corredor del vehículo en la pista. "¡Bien hecho!, ¡Así se hace Tenoh!, Nunca dejas de sorprenderme", ahora festejaba; pues Haruka había roto su record y por mucho.
"Muy bien Tenoh, ahora si dudo que alguien pueda superar eso, vaya, incluso no creo que tu lo puedas volver a superar. ¡Fue impresionante!", comentaba el entrenador hacia Haruka.
"Ya lo sé, además que puedo decir, tengo bastantes ánimos hoy", expresaba con orgullo la rubia.
"¿Y a qué se debe eso Tenoh?", cuestionó el entrenador.
"Bueno a que tengo la familia y la vida perfecta", la rubia dijo de forma egocéntrica.
"Ya lo creo Tenoh, tu eres el sueño de toda chica, como no vas a tener la perfección en tu vida", daba mayores ánimos el entrenador.
"Lo sé, ahora me debo ir", la senshi del viento dijo esto al recordar que debía pasar con Rei, la mataba la curiosidad por el pequeño rubio.
"Por supuesto, hoy puedes hacer lo que quieras, no puedo pedir más", contestó el entrenador.
"Espero llamé a mi esposa y le diga eso entrenador", bromeo Haruka mientras salía de la pista de entrenamiento.
La rubia llegó al templo Hikawa y tocó la puerta, abriendo Rei en cuestión de segundos.
"Que tal Rei, ¿Cómo has estado en estos meses?", se apresuró a decir la corredora. Si bien todas las senshis se frecuentaban, era de forma ocasional, quizá una vez al mes, y en un pequeño rato, ya que todas tenían distintas actividades, incluso Usagi estaba ocupada, ya que debía terminar el último año de secundaria que había reprobado.
"Muy bien, gracias por preguntar Haruka. Al parecer a ti también, por lo que visto en televisión y los artículos de las revistas de espectáculos", respondió amable la morena.
"Si, todo ha sido perfecto", la rubia continuaba con esa actitud egocéntrica que tuvo hace un momento en el entrenamiento.
"Y bien, ¿Qué te trae por acá Haruka?, quiero decir, me halaga que alguien tan exitosa como tú se tome un momento para venir a platicar conmigo, pero ese éxito consume tiempo, supongo", la sacerdotisa comentaba a Haruka con cierta pena en su voz.
"Wow, es estupendo para mí escuchar eso Rei", confesó la rubia a su amiga. "Verás, me quedé pensando en el chico que estuvo presente en mi boda, el rubio de ojos miel. Y bueno, quisiera verlo", continuó con la confesión.
El rostro de la morena cambió a uno de tristeza y angustia mientras respondía a la senshi del viento. "Em…él…bueno…un día simplemente desapareció, después de un mes o un poco más de realizada la boda. Era un buen chico, me ayudaba con las labores del templo, pero una noche se fue, ya que cuando desperté, él ya no estaba. Sabes…por raro que parezca, lo extraño", explicó la morena a su amiga.
"Oh, que horrible Rei, perdón si hablar de esto te hizo sentirte mal", dijo la senshi de Urano al notar gestos en el rostro de su amiga que indicaban contenía el llando.
"Yo…no te preocupes…me hizo bien hablarlo con alguien", se desahogó Rei, mientras brotaban lágrimas de sus ojos.
"Él está bien, yo lo sé, algo me lo dice", consoló la velocista a la morena, mientras la abrazaba.
"Gracias Haruka, de verdad no sabes lo bien que me haces sentir, tus palabras de verdad me hacen creer que él volverá", agradecía la senshi del fuego a la rubia. Se sentía protegida en los brazos de Haruka, apoyada en su pecho, no sabía porque, pero confiaba plenamente en lo que le expresó.
"Lo digo porque lo siento, tengo una corazonada. Vamos ya no llores, así no se puede ver lo hermosa que eres", la rubia con su típico toque de coquetería. Rei se sonrojó un poco y asintió con la cabeza.
"Bueno, debo irme, mi bella esposa me espera en casa, prometí veríamos una película", se podía sentir el amor en la oración de la rubia.
"Si Haruka, con mucho cuidado, salúdame a tu familia", con una sonrisa en su rostro, dijo la senshi del fuego.
"Claro Rei, hasta luego", se despidió la rubia mientras subía a su automóvil.
Diez años después.
Sailor Pluto tuvo que regresar a las puertas del tiempo, ya que la Neo Reina Serenity le pidió que volviera.
"Vamos papá, cómprame una entrada para el concierto de Takashi. Me he portado muy bien y mis notas han sido brillantes", rogaba Hotaru a Haruka.
"Ya te dije que no Himme-chan, esa música es basura pura, es tan parecida a la de los Three Lights", negó la rubia a su hija. Haruka siempre sentía disgusto por el trío musical, la primera razón se debía a que eran sailor externas que habían llegado como intrusas a su sistema solar; la segunda debido a la actitud que tenían y que Seiya siempre buscaba acercarse a Michiru cuando se llegaban a cruzar en el camino.
"Claro que no papá, él sólo es uno y es más joven", debatía la chica de ojos púrpura.
"Eso no me interesa, el punto es que no irás y aquí termina la discusión", finalizó el debate la corredora, o al menos eso era lo que pensaba.
"Tú dijiste que siempre ibas a cumplir mis caprichos, que yo era tu princesa, y que merecía todo lo que quisiera", reprochaba la joven de cabello negro.
"Yo…Himme-chan…este…tu sabes", no podía articular correctamente la senshi del viento ante tales comentarios por su hija.
"Te sientes con poder ahora que mamá no está en casa, pero si estuviera aquí tu palabra no valdría nada, y al final mamá decidiría y dejaría que yo asistiera al concierto, obligándote a pagar el costo de la entrada", soltó fuertes palabras la senshi de la destrucción. "Yo no quise…sabes que no es verdad papá", se disculpó de inmediato al procesar lo que había dicho.
Se podía notar como la rubia contenía las lágrimas y un gran enojo. "Así que no tengo poder frente a tu mamá, que cuando ella está yo sólo sirvo de cajero automático para pagar lo que sea necesario.", tragó saliva la rubia. "Pues ahora que no se encuentra tu madre y 'tengo poder', quedas castigada Hotaru y te repito que no irás a ese maldito concierto de un malcriado mocoso", terminó de hablar la velocista, sacando un poco de su enojo. Finalmente la rubia salió de la habitación de su hija y se dirigió a la recámara que compartía con Michiru. Realmente odiaba estos episodios que realizaba su hija, entendía que era una adolescente y lo conlleva esa etapa de la vida; sin embargo se sentía más triste por la ausencia de su esposa que había salido de gira y regresaría hasta después de una semana, no tenía quien la pudiera consolar en ese momento, le hacía falta en quien apoyarse.
"Michiru…", susurró Haruka con lágrimas en los ojos, abrazando la almohada que le correspondía a la violinista.
Mientras tanto en el parque se encontraba Rei sentada en la banca en la que había encontrado al pequeño rubio hace casi 10 años. Cuando de repente, sintió que alguien le cubría los ojos, dejándola a obscuras con sus otros 4 sentidos.
CONTINUARÁ...
