No fue la última vez que Meiko acabó en la cama de Takeru. Los días de encierro eran largos y aburridos por lo que amenizarlos con sexo no era una mala idea. Muchas veces podías ver como dos personas desaparecían del grupo para encerrarse en alguna habitación, nadie preguntaba y nadie comentaba.

Patamon no dejaba de repetirle cuánto echaba de menos a los demás, hacía sentir culpable a Takeru por haber arrastrado a su amigo a aquella situación, además Takeru también los echaba de menos.

Una semana después de la fiesta pudieron enviar un mensaje a un aliada, corto y conciso: estaban vivos. Aquella información llegó a oídos del grupo de elegidos que no pudieron más que suspirar aliviados después de meses. Al principio pensaron que Takeru volvería cualquier dia y que se disculparía con aquella sonrisa suya que haría que nadie pudiera enfadarse con él, después del primer mes nadie lo pensaba ya. Pasaron semanas buscando cualquier información, por pequeña que fuera, un digimon amigo les comunicó la situación de la zona, llena de patrullas por lo que dedujeron que si estaba escondidos no podían salir. El segundo mes fue desesperante, no sabían nada más, comenzaban a dudar de la información que les había llegado y Yamato comenzó a ponerse en lo peor. El quinto mes decidieron dividirse, no es algo que les gustara hacer pero debían aparentar normalidad, si alguien averiguaba que uno de ellos había desaparecido estarían en problemas.

Takeru notaba rara a Meiko, anoche había estado en su habitación y habían dormido juntos por primera vez, por eso le resultaba raro que ahora lo evitara.

— ¿Pasa algo, Meiko? Te noto nerviosa.

— Estoy embarazada.

Quizá no debió cogerle tan de sorpresa, estaban en unas oficinas bajo una montaña y las farmacias con anticonceptivos no eran algo que tuvieran a mano, aunque había intentado tener cuidado recordaba al menos dos ocasiones en las que no habían tenido suficiente cuidado, y la marcha atrás no era la forma más perfecta de anticoncepción.

— ¿Qué vas a hacer?

— No lo sé, el médico dice que podría intentar hacer algún tipo de abortivo con lo que queda pero es peligroso. Podría ser peor el remedio.

— ¿Entonces? - Takeru sabía que sólo había otra opción pero aún no lo asimilaba.

— Lo tendré.

Después de aquello se pasó un par de días sin salir de la habitación. Había dejado embarazada a Meiko, en medio de un asedio, en medio de un mundo caótico. Sopesó sus opciones, en cuanto pudieran salir podría irse con sus amigos y fingir que no había pasado nada, que no iba a tener un hijo con una chica que había conocido unos meses atrás en medio de una misión suicida. Él había crecido sin padre y sabía el daño que podía causar, no quería hacerle eso a su propio hijo. Su hijo. Por otro lado podía pedirle a Meiko que fuera con él, volver a casa con ella y tener allí al bebé. Volver después de seis meses con una chica y su futuro hijo. Sabía que la mayoría se sorprendería pero lo aceptarían sin preguntar demasiado, pero había una persona que no. Hikari. No podía volver después de seis meses, de la traición que había cometido hacia ella, con otra mujer que llevaba a su hijo en sus entrañas, no después de lo que Hikari le dijo meses atrás, no podía ser tan cruel. La última opción que tenía era la única que quedaba, se quedaría con Meiko.

Cuando se cumplían seis meses y medio la cosa se tranquilizó lo suficiente como para intentar salir de allí, un grupo de digimons voladores y sus compañeros fueron a por ellos a media noche, tuvieron que seguir la mina para llegar a una abertura casi en la cima de la montaña. De allí fueron volando hasta una ciudad fronteriza que ya pertenecía a China, pasarían la noche allí y podrían volver a donde quisieran. Patamon estaba muy contento, le había recordado a Takeru que podía llevarlo volando a la base, incluso podrían volver valiéndose de su digivice y una conexión a internet.

Meiko le pidió hablar a solas en cuanto tocaron tierra.

— Takeru, no puedo pedirte nada que no quieras hacer. No voy a ponerte impedimento si decides irte. No voy a mentirte, no estaba entre mis planes ser madre tan joven, pero ya no hay nada que pueda o quiera hacer. Después de lo de Sibera había pensado retirarme de la primera línea y vivir una vida más tranquila y ahora tengo una bonita excusa para hacerlo. - dijo sonriendo mientras se tocaba la incipiente barriga.

— Yo tampoco planeaba esto, pero también es responsabilidad mía. Quiero decir, también es mi hijo - aún le daba un poco de vértigo pensar esas palabras con tan solo 19 años. No es justo que desaparezca, ¿qué clase de persona sería?

— No serías la persona de la que me enamoré.

Aquellas palabras cogieron desprevenido a Takeru, no pensaba que Meiko se hubiera enamorado de él. Lo hacía todo más complicado, pero no podía cambiar de opinión, no le incumbía solo a él, sino al bebé.

— Tranquilo, sé que no es mutuo. La llamas en sueños.

¿La llamaba? ¿A quién? Un nombre brilló en su mente pero lo desterró, era demasiado doloroso. Por otro lado Meiko no perdía la esperanza de ganarse un lugar en el corazón del padre de su hijo.

Takeru se separó del grupo y buscó un terminal con internet, escribió un mensaje conciso a sus amigos y fue a pasear con Patamon, aún tenía que explicarle que no volverían a casa.

Era de madrugada cuando el ordenador de Koushiro emitió la alerta, una que solo saltaba cuando alguien del grupo enviaba un mensaje por lo que se levantó de un salto. Leyó el mensaje de Takeru dos veces sin entenderlo bien, quizá estaba demasiado dormido. Llamó a Mimi que dormía en la habitación contigua, casi se puso a gritar antes de ver de quién se trataba. Siguió al chico a su habitación y leyó el mensaje que le señalaba, ella tampoco entendió.

— Hay que llamar a los demás.

— Ve a por Sora, yo voy a por Taichi.

Apenas unos minutos después estaban todos en la sala.

— ¿Qué pasa? Mimi ha dicho algo de mi hermano, ¿ha vuelto?

Por respuesta sólo recibió a la pantalla principal, donde un mensaje corto firmado por su hermano rezaba "Estoy bien. Las circunstancias han cambiado, no voy a volver."

— ¿Cómo que las circunstancias? ¿Has intentado ponerte en contacto? - dijo ofuscado Yamato.

— Sí, el ordenador pertenece al colectivo asiático que atacó el búnker. Takeru se ha marchado y no saben donde.

Todos guardaron silencio, intentando encontrar la respuesta en aquellas palabras.

— ¿Y si el grupo le ha hecho algo a Takeru y no puede decírnoslo? - preguntó Sora.

— No creo, el grupo estaba mal organizado pero no parecían malas personas.

— Takeru conoce los códigos para hacernos saber cosas así, no he encontrado nada en el mensaje.

Sin ninguna explicación convincente todos llevaron sus ojos a Hikari, que permanecía callada en uno de los sofás.

— Ya habéis escuchado a Koushiro, el mensaje quiere decir lo que quiere decir. Ha decidido no volver.

Se notaba la voz apagada y los labios temblando por lo que salió de la habitación, Taichi intentó ir tras ella pero lo frenaron.

Hikari fue directa a la habitación de Takeru y se tumbó en la cama, seis meses después seguía oliendo a él. Cogió el emblema que Takeru había dejado atrás y lo sostuvo entre sus manos, lo notaba frío, se lo llevó a los labios y rompió a llorar. ¿Qué había hecho que Takeru decidiera abandonar su vida en solo seis meses? Estaba segura de que volvería a su lado pero había fallado. Por primera vez en su vida sintió que no conocía a Takeru tan bien como creía y aquello le dio pánico.

Takeru y Meiko habían partido lo antes posible junto a otros del grupo, Patamon aún parecía enfadado por la decisión de su amigo pero lo seguiría al fin del mundo.

— ¿Donde vamos, Meiko?

— A Europa. Tenemos información de que las cosas allí se están calmando, se están aprobando leyes que equiparan los digimon a animales de compañía. No es lo ideal pero es más de lo que hay en otras partes del mundo. Es un sitio seguro para empezar.

— Tengo familia en Francia, quizá puedan ayudarnos.

Cuando más se alejaba de Japón más frío y vacío se sentía, pero lo que empezaba a sentir por alguien que aún ni siquiera conocía lo hacía estar anclado a aquel asiento.