¡Hola! Sé que ha pasado bastante tiempo, pero ahora prometo actualizar más seguido, específicamente cada sábado, tampoco queda mucho de Anathema, 5 caps y un pequeño epílogo.


Disclaimer: Todo lo reconocible de HP es de JotaKá.


¡AHORA A DISFRUTAR!


Capítulo 6: Ad nocendum potentes sumus. (Tenemos el poder de dañar).

Febrero fue una continuación extremadamente fría de enero. La nieve se amontonó cada vez más en los tejados y los alumnos vieron el vaho salir de sus bocas al hablar incluso dentro del castillo. Hermione caminaba por los pasillos acompañada de Ginny; ese día habían suspendido varias clases debido a ciertos problemas en los exteriores de Hogwarts que llevaron a los profesores a abandonar sus clases para ayudar.

Hermione llevaba varios días evitando a Draco y sus amigos tras recibir aquella carta de Harry. Realmente no estaba asustada por lo que pudiese pensar su amigo, con los años Harry había demostrado ser una persona comprensiva y Hermione estaba segura de que si hablaba con él sobre lo que fuera que le sucedía con Malfoy, él trataría de comprenderla. Sin embargo, el hecho de que en cuestión de un mes su cercanía con Malfoy llegase a oídos de Harry fue algo que la descolocó y que la llevó a alejarse del rubio hasta que reorganizase sus ideas.

Había quedado en verse con Harry y hablar con él en el último fin de semana de ese mes, aprovechando las pequeñas vacaciones que le daban al chico y el permiso de McGonagall para que Harry visitase la escuela esos días.

Ambas chicas llegaron al Gran Comedor, siendo recibidas con el olor a comida y las voces de los alumnos al conversar entre ellos. Hermione pudo evitar lanzar una mirada hacia la mesa de Slytherin, divisó a Draco entre Pansy y Daphne, estaba conversando tranquilamente con ellas mientras se preparaba una tostada, pero pareció sentir la mirada de Hermione sobre él porque levantó la vista y clavó sus ojos grises en la chica.

Hermione tragó saliva y rompió el contacto visual con el Slytherin, se dirigió a su mesa y se sentó junto a Ginny y Neville. Sabía que tenía que hablar con Malfoy, evitarlo por algo tan simple como una carta era estúpido, y seguramente la frágil amistad que se había estado construyendo entre ellos desde aquel día en el bosque ahora se tambaleaba en un fino hilo. Decidida, terminó de desayunar con rapidez y salió del Gran Comedor, asegurándose de mirar a Draco e indicándole que la siguiese.

Esperó delante de una puerta de un aula es desuso a la llegada del chico, Draco apareció por el final del pasillo con las manos en los bolsillos de la túnica y una cara de pocos amigos. En completo silencio se internaron en el aula y cada uno se posicionó en el extremo del lugar, como si fueran a batirse en un duelo.

—¿Te has cansado de ignorarme, Granger? —Aunque el tono que utilizó Malfoy parecía gracioso, Hermione supo distinguir el reproche en sus palabras.

—Siento haberlo hecho, pero la carta de Harry es lo único que ha rondado mi mente en los últimos días —comentó y él asintió secamente.

—¿Tan impactante fue lo que te escribió Potter? —inquirió él—. Debe serlo, porque has sido muy buena evitándome a mí y a mis amigos como si fuéramos la peste.

—Ya he dicho que lo siento, Malfoy —replicó ella—. Quizás si me dejarás hablar quizás entendieras mi turbación ante la carta de Harry.

Draco hizo un gesto con la mano, como si la estuviese alentando a que se explicase.

—Harry me escribió para informarme acerca de algunas cosas que había averiguado sobre tu juicio y cómo podríamos ayudarte a ti y a Pansy —comentó con fingida tranquilidad—, y te lo iba a decir, pero en la carta Harry también mencionó algo sobre un rumor que me ha… —Se quedó en silencio, buscando una palabra adecuada para lo que quería trasmitir— Impactado.

—¿Un rumor? —repitió él, su tono de voz cargado de ironía—. ¿Y desde cuando Hermione Granger le da importancia a los rumores?

—Desde que nos involucran a ti y a mí en una situación vergonzosa.

Draco arqueó una ceja e hizo un movimiento de su mano, alentándola, una vez más, a explicarse.

—Corre el rumor que somos… pareja —dijo y pareció un tanto afectada tras decirlo.

—¿Y?

—¿Cómo que «y»? —cuestionó ella perpleja.

—Sí, Granger, ¿y? —dijo con tranquilidad—. Los rumores son eso, rumores. Tienen la importancia que tú les des, y si vas a pasar a ignorarme porque la gente se hace ideas equivocadas entonces el problema es tuyo, no mío. —Los ojos grises de Draco brillaban como una tormenta a punto de desatarse—. ¿Qué problema hay? La gente habla mucho, les encanta hacerlo. ¿Potter cree que somos pareja? Tú le aclaras la verdad y problema resuelto.

—¿De verdad crees que es tan sencillo? —replicó ella con brusquedad—. No es el hecho de que a Harry le haya llegado ese rumor es el hecho de que exista. ¿¡Cómo puede pensar la gente que tú y yo podemos estar juntos!? ¡No tiene el sentido alguno!

Hermione respiró agitadamente sin tener en cuenta lo que había dicho hasta que vio el brillo furioso que cruzó la cara de Draco. Analizó sus palabras y se dio cuenta de que lo había jodido y mucho. El rubio dio dos pasos hacia atrás y adoptó su máscara de frialdad y desprecio, dedicándole una mirada despectiva.

—Si tanto te molesta que te relacionen con un mortífago, Granger, no te hubieras acercado en primer lugar —escupió—. Y sin tan repulsiva te parece la idea de que la gente pueda llegar a pensar que somos pareja entonces no soy yo el que está lleno de prejuicios.

—Draco…

—Buenas noches, Granger.

El Slytherin se dio la vuelta y salió del aula, su capa negra ondeando en el aire mientras salía con rapidez del lugar dejando a Hermione con un malestar en su estómago y petrificada en el sitio.

«Lo jodí todo», pensó y ese pensamiento la acompañó toda la semana.


El ulular de una lechuza despertó a Hermione, quién parpadeó perezosamente antes de incorporarse y dirigirse a la ventana arrastrando los pies. Al ver que era la lechuza de Harry no dudó en acariciar las suaves plumas del animal; tras quitarle el pergamino, que tenía enganchado en el cuello, le dio una galleta y la dejó descansar en la ventana mientras ella volvía a la cama.

Quitó el lazo que envolvía el pergamino y abrió el papel para poder leer su contenido. Su ceño se frunció a medida que observaba y procesaba las palabras de Harry.

Hermione,

he estado investigando sobre el juicio de los Malfoy y de los Parkinson y creo que he encontrado la razón por la cual les han impuesto una condena así. Muchas de las personas que formaron parte del Wizengamot durante sus juicios están asociados a las empresas que las familias de ambos controlan; si Malfoy y Parkinson no fuesen exiliados, el control de las empresas pasaría a ellos, pero al ser exiliados las acciones se repartirían entre los socios. Todo el patrimonio de ambas familias será repartido cuando terminen Hogwarts. No les quedará nada.

Basándome en la legislación mágica, la condena de Malfoy y Parkinson tendría que haber sido la entrega de una cierta cantidad de dinero para contribuir en la reparación de todas las zonas que se vieron afectadas por la guerra y, en el caso de Malfoy, tendría que estar bajo una especie de libertad condicional durante seis meses, pero no le privarían de su magia, solo le restringirían algunos hechizos en su varita.

Voy a hablarme con algunos personas de confianza y voy a pasar el caso a mi jefe, cualquier cosa nueva que surja te aviso. También si puedes hablar con Malfoy para que te dé permiso para acceder a su bóveda de Gringotts sería perfecto. Los archivos de las empresas de Parkinson ya están en nuestro poder.

Harry.

Hermione apretó los labios cuando terminó de leer y se levantó para cambiarse de ropa y poder ir a buscar a Malfoy. Aunque no estaba segura si él la escucharía.


Hermione divisó a Pansy al final del pasillo y se acercó corriendo hasta ella; llevaba toda la mañana buscando a Draco, pero nadie lo había visto en todo el día y se estaba empezando a desesperar.

—Parkinson —llamó Hermione y ella se giró en su dirección, sus ojos entrecerrados en su dirección.

—¿Qué? —contestó con brusquedad.

La especia de tregua amistosa que había comenzado entre sus amigos y los de Malfoy se había terminado pocas horas después de la pelea con el rubio, por lo que no estaba sorprendida con la actitud de la chica. Todos ellos habían vuelto a tratarse con frialdad, exceptuando a Luna, que de alguna manera había conseguido que los Slytherin siguieran hablando con ella sin problema.

—¿Sabes dónde está Malfoy? —preguntó y la pelinegra frunció el ceño.

—¿Por qué? —cuestionó mordaz.

—Necesito hablar con él.

—¿Para qué? —Hermione suspiró con fuerza antes de contestar.

—Es algo sobre vuestras sentencias.

Pansy arqueó una ceja y se mantuvo en silencio varios segundos antes de pronunciar palabra alguna.

—Cuéntamelo a mí y yo se lo diré a Draco.

—Es algo que tengo que hablar con él en privado —replicó y Pansy parecía a punto de echarse a reír.

—¿Segura? ¿No tienes miedo de que puedan pensar que sois pareja o algo así? —escupió y Hermione apretó los labios—. Estoy segura que a Skeeter le encantaría, «La heroína de guerra y el mortífago», el próximo bestseller del mundo mágico.

—Lo que tengo que hablar con Malfoy no tiene nada que ver con nuestra relación —dijo con sequedad—. Así que, por favor, ¿me puedes decir dónde está?

—No puedo decírtelo.

—¡Oh, vamos, Parkinson! Entiendo que estés enfadada conmigo, pero es algo realmente importan…

—Déjame terminar —la interrumpió ella—. No puedo decírtelo porque no lo sé, McGonagall lo llamó hace unos días y se fue ayer por la noche. Lo único que me dijo fue que era un asunto familiar, pero no tengo ni idea de dónde está o cuándo volverá.

Hermione se quedó callada, algo avergonzada por haber reaccionado antes de tiempo. Pansy se quedó mirándola a los ojos unos segundos antes de darse la vuelta y comenzar a caminar, alejándose de ella.

—Si me entero de cuándo volverá te avisaré, Granger.

—Vale, ¡gracias! —dijo y observó la espalda de la chica mientras se alejaba.

Ahora le tocaba esperar.


Pasaron casi dos semanas desde la conversación con Parkinson y Malfoy no había aparecido en el colegio. Hermione le había mandado una carta a Harry explicándole la situación y él le contesto diciendo que no tenía conocimiento alguno sobre la situación de los Malfoy, dejando a Hermione con la duda de qué razón habría para que Draco tuviese que salir de Hogwarts tanto tiempo.

Se encontraba desayunando tranquilamente el comedor con Ginny cuando una avioncito de papel aterrizó delante de ella. No había nada escrito en él a primera vista, pero cuando lo cogió y lo abrió, unas letras negras aparecieron y Hermione las leyó con rapidez.

Llega hoy a las siete de la tarde, búscalo sobre esa hora en el hall.

—¿Qué sentido tiene enviarte un avión de papel mágico sin mensaje alguno? —cuestionó Ginny y Hermione comprendió que Pansy había encantado el papel para que sólo ella pudiese leerlo.

—Ya, es una tontería. —Arrugó el avión y lo hizo desaparecer con su varita.

—La gente cada vez hace más cosas estúpidas —rumió la pelirroja antes de darle un mordisco a su manzana.

Hermione miró en dirección a la mesa de Slytherin pero no vio a ninguno de los amigos de Draco sentados, pero no le dio importancia alguna. Sólo quedaban algunas horas para que Malfoy volviese y por alguna razón desconocida se sentía muy nerviosa por verle.

Lo había echado de menos.

No sabía por qué.

Pero lo había extrañado.


Sus pasos resonaban a medida que caminaba por el pasillo. Quedaban cinco minutos para las siete y avanzaba lo más rápido posible para poder llegar a tiempo de encontrar a Draco a solas. No quería a nadie más presente y tampoco quería que él se largase al verla, no queriendo estar junto a ella en el mismo sitio.

Al doblar a la derecha al final del pasillo divisó dos figuras frente a la puerta del colegio. Se escondió detrás de una de las columnas y observó con ojos entrecerrados a Draco y a la chica que estaba con él. Era bajita, con el pelo marrón, largo y ondulado, no podía verle la cara porque estaba de espaldas, pero estaba segura de que se trataba de Astoria Greengrass.

Se acercó un poco más, ocultándose tras una columna para poder escuchar mejor la conversación de los dos Slytherin. Draco tenía el ceño fruncido y Astoria le agarraba uno de sus brazos con fuerza, casi nada de espacio entre ambos.

—Draco, ¿has pensando en lo que te dije hace unas semanas? —preguntó ella con voz melosa.

—No, no he pensado en nada que no fuese mi familia estos días, Astoria —comentó con sequedad—. Ahora, si me disculpas, tengo que ir a hablar con McGonagall.

—Pero Draco... —La chica alargó la «o» mirando fijamente al rubio mientras parpadeaba exageradamente— ¿Cómo no has podido pensar en nosotros? Es nuestro futuro.

—Astoria, de verdad, estoy agotado. ¿Podemos dejar esta conversación para otro día?

La chica frunció el ceño y se soltó del brazo de Draco con resignación. Hermione estaba deseando que la morena se perdiese ya y así poder interceptar a Draco y hablar con él, pero un movimiento de la Slytherin la dejó petrificada detrás de la columna.

En un rápido movimiento Astoria se colocó de puntillas y rodeó el cuello de Draco con sus brazos, empujándolo hacía abajo y estampando sus labios juntos. Hermione sintió un dolor punzante en su pecho y la decepción golpeándola con fuerza. No sabía por qué, pero observar ese beso había sido como un puñetazo en su estómago. El dolor en su pecho creciendo al ver como Draco rodeaba la cara de Astoria con sus manos.

Se dio media vuelta y se marchó por donde había venido en completo silencio. Ninguno de los dos estudiantes de Slytherin notando su presencia.


Draco frunció el ceño al notar los labios de Astoria chocando contra los suyos. Tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo rodeó la cara de la chica con sus manos y trató de alejarla, consiguiéndolo casi al instante. Dio varios pasos hacia atrás mientras se pasaba la manga de su camisa por los labios.

—¿¡Se puede saber por qué has hecho eso!? —exclamó y Astoria pareció realmente impactada por su reacción.

—¿Por qué te pones así, Draco? ¿No querías besarme?

—Claro que no. —El rubio se apretó el puente de la nariz—. Astoria, te lo dije hace dos semanas y te lo vuelvo a repetir ahora, no hay ni habrá nada entre nosotros. No quiero ser tu novio, tu pareja, tu marido —dijo con simpleza—. No somos nada y nunca lo seremos así que, por favor, déjame en paz.

Draco se dio la vuelta y se alejó con pasos tranquilos en dirección al despacho de McGonagall, ignorando los falsos sollozos que soltaba la morena. Estaba más que acostumbrado al victimismo de Astoria y a sus lágrimas de cocodrilo.*

Llegó al despacho de McGonagall con pereza y tras una breve reunión con ella donde la mujer le entregó sus tareas atrasadas de esas dos semanas y el impreso para la siguiente salida a Hogsmeade. Cuando estuvo en su habitación, recién bañado y con el pijama, se tiró sobre la cama, hundió su cara en la almohada y tras unos segundos se quedó dormido.


—¿Hablaste ayer con Granger? —preguntó Pansy cuando se sentó frente a ella en el desayuno.

—No he hablado con ella desde hace semanas, ¿por qué?

Pansy frunció el ceño y le dio otro mordisco a su tostada, masticando con lentitud y mirándolo fijamente antes de tragar.

—Me preguntó por ti hace varios días y ayer le avisé de que llegarías a las siete, pensé que había ido a dar contigo.

—Pues no. La que si estaba esperándome era Astoria —suspiró con cansancio—. No me dejo ni tomar aire cuando comenzó a acribillarme otra vez con el tema de ser pareja. Qué jodidamente pesada puede ser a veces.

—Es Astoria, no sé de qué te sorprendes —comentó ella con simpleza—. Pero déjame adivinar, la trataste mal y le dijiste que te dejara en paz, ¿no? —Draco asintió—. Me lo imaginaba, lleva predicando horas lo mala persona que eres y que te odia.

Draco puso los ojos en blanco antes de mirar a la mesa de Gryffindor. Granger no se encontraba entre Weasley y Longbottom como normalmente, sino que estaba frente a ellos, dándole la espalda a su mesa.

—¿Te dijo por qué quería verme?

—¿Granger? Algo sobre las sentencias del Wizengamot —respondió—. Supongo que será para que les concedas algún permiso o algo así, hace dos semanas me reuní en el despacho de McGonagall con dos aurores para firmar unos papeles que les diese permiso para reunir los papeles de las empresas de mi padre.

El rubio no dijo nada sobre eso, su vista desviándose otra vez a la mesa de los leones. No sabía de qué querría hablar exactamente Granger, pero se encargaría de descubrirlo esa tarde.


Draco visualizó a Hermione caminando en dirección a los jardines de Hogwarts cuando se dirigía a las mazmorras. Se acercó a ella con pasos rápidos y se colocó a su lado, comenzando a caminar con tranquilidad antes de ser notado por la morena.

—¿Qué quieres, Malfoy? —espetó ella al momento y él frunció el ceño.

—Eso debería preguntar yo, Pansy me dijo que habías preguntado por mí y que ayer ibas a ir dar conmigo cuando llegase al colegio.

—Iba, en pasado, tú mismo lo has dicho. Cambié de opinión.

—¿Ya no tienes que decirme nada?

Hermione paró en seco y se giró en su dirección, sus facciones completamente neutrales y sus ojos marrones mostrando una frialdad poco común en ella.

—No, Malfoy, ya no tengo nada que decirte —replicó—. Y espero no tener que volver a hablar contigo sobre cualquier tema de ahora en adelante. Es más, ojalá ni siquiera tuviéramos que compartir algunas clases.

—¿Se puede saber qué te pasa? —inquirió incrédulo—. Si tu actitud de mierda es por lo de los rumores, la carta de Potter y toda esa mierda siento decirte que te estás comportando como una niñata inmadura.

—No tiene nada que ver con eso, simplemente me he dado cuenta durante estas semanas que no tengo necesidad alguna de juntarme contigo. Ni siquiera sé por qué seguimos hablando después de terminar el trabajo —comentó ella y se giró para seguir su camino.

—Mira Granger, no sé qué mierda te pasa, tampoco me interesa —dijo él—, pero si lo que ibas a decirme está relacionado con mi sentencia me gustaría saberlo.

—Pues envíale un mensaje a Harry, Malfoy. Te lo repito, no quiero hablar contigo.

Hermione retomó su caminó una vez más, pero la mano de Draco cerrándose alrededor de su muñeca paró su huida y ella se giró en su dirección, molesta.

—¿Se puede saber por qué estás enfadada conmigo? Que yo sepa tendría que ser al revés, eres tú la que se comportó como una paranoica prejuiciosa la última vez que hablamos.

—En serio, déjame en paz. No quiero ser tu amiga, no quiero ser nada tuyo. Y tienes razón no quiero que me relacionen con el exmortífago por excelencia, no quiero que nadie piense que somos amigos ni nada por ese estilo —escupió, cabreándose cada vez más—. Así que, por última vez, Malfoy, déjame en paz y vete con tu novia por ahí.

Ignorando sus primeras palabras y el sentimiento de decepción que lo golpeó, Draco se centró en las últimas palabras de la chica.

—¿Novia? ¿De qué novia hablas? —preguntó, pero a los pocos segundos lo entendió—. ¿Te refieres a Astoria? ¿Nos vistes ayer? ¿Por eso estás así? Creo que estás malinterpretando todo y que te estás comportando como una niña pequeña. ¿Cuál es tu problema si estoy o no con Astoria? Eso no te incumbe.

—Tienes razón, no me incumbe. Ni siquiera sé para qué te he dicho nada, no vale la pena hablar contigo.

Por tercera vez retomó su camino, pero unas palabras de Malfoy la dejaron petrificada.

—¿Acaso estás celosa, Granger? —inquirió él y Hermione se giró con lentitud hacia él.

—¿Celosa de qué?

—De Astoria, claramente. —Los ojos de Draco brillaron—. Si es así, no lo entiendo. ¿Por qué sentirías celos? Dime Granger, explícamelo, ¿o será que quizá te gusto?

—Te has vuelto loco. —Hermione se echó a reír—. ¿Gustarme? ¿Tú?

Malfoy no pareció ofendido por sus palabras, en tal caso parecía divertido con la situación. Se cruzó de brazos y arqueó una de sus cejas rubias en su dirección, una media sonrisa dibujada en su cara.

—Es lo único que explicaría tu forma de actuar —comentó con simpleza—. Me has tratado fatal desde el comienzo de esta conversación sin razón aparente y luego me has hecho una especie de reclamo por lo que sucedió ayer con Astoria. Eso solo indica que estás cabreada conmigo porque estás celosa.

—Te tienes en mucha estima, Malfoy. —Hermione suspiró con fingido cansancio—. Yo jamás podría sentir celos de Astoria, el hecho de que te besases con ella no me ha afectado en nada y que creas que puedas llegar a gustarme me parece hasta ofensivo.

—¿Nunca podría llegar a gustarte? ¿En serio? —Draco soltó una risa sin humor—. Y luego yo soy el de los prejuicios. No eres mejor que yo, Granger, nunca lo has sido. La única diferencia entre nosotros es que supiste colocarte en el lado ganador. Solamente eso.

—Soy mejor que tú, Malfoy, en muchísimos sentidos. Siempre supe qué era lo correcto y tu horrorosa e forma de ser demostraba lo podrido que estás por dentro, ¿de verdad piensas que podrías gustarme? No estoy tan loca como para salir con un…

—¿Con un qué?

—Con un asesino —pronunció ella y se sorprendió al notar como Malfoy apretaba los labios, bajaba la cabeza y daba un paso hacia atrás. Como si estuviese dolido, como si le hubiese pegado un puñetazo en pleno estómago.

Se arrepintió al instante de haber pronunciado esas palabras.

—No te preocupes, Granger —murmuró tras unos largos segundos, levantando la cabeza y mosteando su perfecta máscara de desprecio—. Yo tampoco estaría tan loco como para salir con una asquerosa sangre sucia.

El rubio se alejó de ella tras decir aquello, pasando a su lado mientras Hermione sentía como esas palabras la dañaban como nunca lo habían hecho. El pensamiento de que todo se había jodido definitivamente y que no parecía tener arreglo abrumándola.

Después de todo, ambos tenían el poder de dañar.


¡Y ya está! ¿Qué os ha parecido? ¿Intenso, no?

¿Me merezco un review?


Aclaración:

*Lágrimas de cocodrilo: básicamente, lágrimas falsas.


Besos y abrazos,

AliciaBlackM.

PD: ¡REVIEWS y GO!