¡Hola! Sé que he vuelto a tardar medio siglo, pero espero poder ponerme al día con esta historia y colocarle el "complete" dentro de poco.
Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá. La trama de esta historia es mía.
Resumen del capítulo anterior: Hermione recibe una carta de Harry y busca de Malfoy para hablar con él, pero Draco se ha ido unos días. Cuando vuelve Hermione lo ve besarse con Astoria y se cabrea con él. Cuando se reencuentran discuten y terminan diciéndose cosas hirientes.
-Anathema-
Capítulo 7: Homo homini lupus est (El hombre es un lobo para el hombre).
Para Hermione marzo se convirtió en uno de los meses más silenciosos que había pasado en Hogwarts desde que pisó por primera vez el colegio. Desde la pelea, ella y Draco se habían distanciado hasta el punto de ingeniárselas para no coincidir en ningún trabajo o tarea, y en las pocas clases que tenían juntos se habían mantenido lo más alejados posibles. Eran como dos imanes que se repelían incluso si no estaban cerca.
Hermione sentía una fuerte presión en el pecho desde aquel intercambio de palabras con Malfoy, y estaba segura de que se debía a la falta de tacto que ambos tuvieron. Ella no debió haber dicho lo que dijo, y él no debería haber respondido. Ambos habían ido a hacer daño y lo habían conseguido. Sin duda eran mejores en atacar al otro que en tratar de mantener esa extrema amistad que habían construido.
La castaña suspiró cuando miró a la mesa de Slytherin y se dio cuenta que solamente Pansy y Blaise estaban sentados. Quedaban apenas unos días para el partido decisivo que marcaría si Gryffindor o Slytherin se colocaban en primera posición en la liga de Quidditch. Ella no estaba muy entusiasmada con la idea, pero Ginny la había convencido de ir al partido y le sugirió que aprovechase la ocasión para hablar con Malfoy tras el partido.
Al principio había estado reticente con el tema, sin embargo no podía negar que no le gustaba estar peleada con Malfoy. A lo largo de todas esas semanas había descubierto que Draco era una de las personas con las que más disfrutaba de pasar el tiempo; tenía un humor negro y sarcástico, era inteligente y podían mantener conversaciones de todo tipo.
Cerró los ojos durante unos segundos al pensar otra vez en el tema y apartó su plato cuando los volvió a abrir. Se levantó y sin cruzar palabras con sus amigas se fue del Gran Comedor. Por el pasillo se mantuvo debatiendo consigo misma, tentada a incumplir su promesa y no ir al partido de Quidditch. Estaba segura de que Malfoy no querría hablar con ella por mucho que lo acorralase; si ella era terca, el rubio la superaba con creces. Ninguno de los dos iba a dar su brazo a torcer y tratar de arreglar las cosas; no estaba en la naturaleza de su relación y por mucho que hubiesen cambiado las cosas ese no era uno de los puntos que lo habían hecho.
Se frenó en seco cuando escuchó las voces de Pansy y Blaise detrás de ella y se escondió detrás de una estatua, maldiciéndose a sí misma por la acción, pero a la vez esperando que los chicos dijesen algo interesante sobre Malfoy. No quería parecer cotilla, pero había notado que el rubio estaba bastante apagado desde su pelea y algo le decía que su discusión no era la causa (no al menos completamente).
—No podemos hacer como si no ocurriese nada —escuchó a Blaise hablar—. Su familia es una mierda y se está hundiendo por su culpa, tenemos que ayudarle.
—Sí, claro. —El tono irónico de Pansy fue audible por todo el pasillo—. Porque lo que más necesita Draco en este momento es a todos sus amigos agobiándolo a cada instante. La atmósfera adecuada para él.
—Pansy…
—Ni Pansy ni ninguna mierda de esas —terció ella—. La familia es familia, Blaise, por mucho que no puedas elegirla. Y sí, tienes razón, Draco pasó por mucha mierda por culpa de su familia, pero eso no puede cambiar todo un pasado de amor, admiración y recuerdos. Agridulces, pero recuerdos.
—¿Y qué propones? ¿Qué lo dejemos hundirse?
—¿Qué propones tú? —replicó—. Es Draco, Blaise. —Suspiró—. Draco, ¿entiendes? No es una persona cualquiera, su forma de llevar las cosas es completamente diferente. Por mucho que quieras ayudarlo no dejará que te acerques.
—¡No podemos quedarnos de brazos cruzados!
—Qué me dejes en paz, pesado. —Hermione observó como Pansy se adelantaba a Blaise, caminando rápido para dejarlo atrás—. ¿Quieres ayudar a Draco? No le recuerdes lo que ha pasado. Cuando nos necesite vendrá a nosotros. No fuerces las cosas, Blaise. Eso nunca trae nada bueno.
Cuando ambos chicos se alejaron por el pasillo Hermione se atrevió a salir de su escondite. Se mordió el labio inferior, tratando de encajar las palabras de Blaise y Pansy y buscarles el sentido. ¿Qué era lo que estaba atormentando a Draco? Claramente estaba relacionado con su familia, pero no estaba segura de qué. En El Profeta no habían puesto nada y si hubiese salido en Corazón de Bruja Ginny se lo habría dicho, así que debía tratarse de un tema familiar que la prensa no consideraba importante, ¿verdad?
Suspiró y se giró, haciendo el camino de vuelta al Gran Comedor esperando encontrar a Ginny por el camino y pedirle su opinión respecto al tema. Su cabeza estaba hecha un lío y no sabía cómo tratar con esa especie de ansiedad por Malfoy.
«Joder», pensó. «¿Qué me está pasando?»
Ginny se rió de ella al principio, como si lo que le había contado fuera el chiste más divertido del mundo, luego paró y negó con la cabeza, mirándolo como si supiese algo que Hermione desconocía. Y eso era lo peor de todo, que seguramente sí que había algo que Ginny sabía y que ella desconocía. Suspiró y esperó por la respuesta de su amiga que se había mantenido en un silencio sepulcral después de ataque de risa.
—Hermione.
—¿Sí?
—¿Por qué es tan importante para ti arreglar las cosas con Malfoy? —inquirió y la castaña ladeó la cabeza, confundida—. ¿Por qué estás tan preocupada por su estado emocional?
—No estoy preocupada —replicó—. Es solo curiosidad. —Ginny la miró incrédula—. Y tampoco me gusta estar peleada con las personas, no espero que seamos mejores amigos pero si recuperar la tregua que teníamos.
—Ya, claro. —El tono de la chica hizo que Hermione frunciera el ceño.
—¿Qué?
—Hermione, abre los ojos —dijo con simplicidad y la miró con un gesto aburrido—. Piensa un poco y analiza la situación. No estarías así si solo quisieras aligerar el ambiente con Malfoy, esa es solo la excusa que te has puesto.
Granger se acomodó mejor sobre el escalón donde había tomado asiento para hablar con su amiga y miró a la pelirroja con gesto interrogante. Sabía que la chica quería llegar a un punto en concreto con esas palabras, pero estaba perdida. ¿Qué tenía que ver? Las cosas estaban claras para ella: se había peleado con Malfoy y quería arreglarlo para volver a su indiferencia amistosa. Fin.
No había nada más.
—Sinceramente, Ginny, no sé de qué me estás hablando —comentó.
La pelirroja se mordió el labio inferior y negó con la cabeza. Parecía que Hermione era incapaz de hilar su preocupación y ansiedad por Draco con el dolor y la decepción que había sentido cuando vio a Malfoy besándose con Astoria. Eran cosas que iban cogidas de la mano; porque a pesar de que se había sentido dolida con la actitud de Draco no podía evitar preocuparse por él y sentir la necesidad de arreglar las cosas entre ellos. Sin duda, aunque no se hubiese dado cuenta todavía, lo que ella sentía no era indiferencia ni era eso lo que buscaba arreglando las cosas con Malfoy. Y Ginny sabía que por parte del slytherin no debía ser muy diferente.
—Mira, Hermione, solo te voy a decir una cosa —comenzó y, tras suspirar, dijo—: Busca a Malfoy tras el partido y habla con él, trata de arreglar las cosas, porque te aseguro que hay mucho más que una simple tregua detrás de tus deseos de que todo entre ustedes mejore.
Hermione apretó los labios y no dijo nada.
No era como si supiese que debía contestar a eso.
Draco fingió que no sentía la mirada de Pansy sobre él, juzgándolo. Pero ignorar a la chica era extremadamente difícil y terminó girándose en su dirección, arqueando una ceja y alentándola a hablar con un gesto de mano.
—¿Qué? —dijo y ella apretó los labios.
—Sabes, deberías arreglar lo que sea que te haya pasado con Granger.
—No sé de qué me hablar —terció él y miró hacia otro lado—. No hay nada que arreglar.
—Draco, no soy subnormal. Sé que discutisteis.
El rubio se hizo el sorprendido y apoyó su codo sobre el brazo del sofá, colocando su barbilla sobre su puño tras unos segundos. El desdén en su mirada ponía a Pansy de mal humor al ver la actitud tan infantil que su amigo había decidido tener.
—¿Cómo has legado a esa increíble conclusión? —inquirió.
—Granger y tú os evitáis todo lo posible. No habláis, no os miráis, huis del otro en los pasillos —enumeró—. No es muy difícil sumar dos más dos cuando las cosas están de un tono cristalino.
—¿Y eso quiere decir que…?
La chica gruñó ante la actitud burlona de su amigo.
—Que estás amargado por lo de tu familia y la situación con Granger solo lo ha empeorado.
—No estoy amargado —replicó fríamente—, y en el hipotético caso de que, efectivamente, estuviese peleado con Granger eso no empeoraría nada. Me da igual lo que esa chica piense o deje de pensar sobre mí.
—Ya, claro. —Los ojos grises de Pansy escanearon a su amigo de arriba abajo—. ¿Sabías que el autoengaño no es bueno? Te jode estar peleado con Granger y una parte de ti quiere arreglarlo.
—Ya, claro —dijo él, imitando su tono de forma despectiva—. ¿Y la otra parte qué quiere?
—Seguir cabreado con ella para que puedas demostrarte a ti mismo que Granger no te importa, desgraciadamente las mentiras terminan descubriéndose por sí solas y la creencia de que esa pelea no te afecta terminará cayéndose a pedacitos —comentó ella y sonrió—. Dime, Draco, ¿qué tan jodida está tu cabeza al darte cuenta de que Granger es importante para ti?
El chico se levantó y se acercó con dos pasos rápidos a su amiga. Se agachó para quedar a su altura y sonrió. Pero era una sonrisa falsa y carente de alguna emoción más allá de la frialdad. Parkinson tragó saliva y mantuvo sus ojos clavados en los de Draco, esperando por sus palabras.
—No confundas las cosas, Pansy —comenzó con un tono brusco y seco—, Granger no me importa. Y el hecho de que pienses eso resulta casi insultante. Lo único que esa mujer me provoca es indiferencia, y si quiere estar cabreada conmigo pues que lo esté. Yo no estoy perdiendo nada.
Pansy lo observó irse a su cuarto como un perro rabioso y terco. Suspiró y volvió su vista al libro que había estado leyendo antes de esa conversación. En algún momento Draco se daría cuenta de que Hermione no le era tan indiferente como él quería, y cuando ese instante llegase ella estaría ahí para decirle «jódete, gilipollas».
Quedaban dos días para el partido entre Slytherin y Gryffindor; Draco, Pansy y Theo se encontraban yendo hacia el campo de Quidditch para practicar un poco y repasar la estrategia que tenían prevista llevar a cabo en el partido. Ese año Theo había sido nombrado capitán del equipo y Pansy había conseguido convertirse en una de las golpeadoras del equipo tras la renuncia de Alice Kinney.
Cuando estaban a pocos metros del campo, vieron a Ginny dirigiéndose junto al resto del equipo de Gryffindor de vuelta al castillo. Theo se paró junto al resto de jugadores y la pelirroja hizo lo mismo, observándolo fijamente antes de sonreír cordialmente.
—La zona norte del campo tiene unas corrientes de aire un poco fuertes —dijo—, así que no te recomiendo practicar ahí.
—Gracias —comentó él.
Ambos equipos siguieron sus caminos y Draco tuvo que ignorar de forma estoica el golpe que McLaggen le propinó con la escoba en la rodilla. Se giró durante un instante para verlo sonreír orgulloso y sintió unas ganas terribles de borrarle la sonrisa a puñetazos, pero sabía que la victoria de Slytherin ese fin de semana podría dolerle incluso más.
Al momento de llegar al campo Draco cogió la snitch y fue a la zona norte, notando como la fuerza del viento aumentaba más en esa zona. Sin duda la madre naturaleza tenía una forma de actuar muy raras. Se subió en la escoba y dejó escapar la snitch, viéndola volar por la zona y perdiéndola rápidamente de vista. Practicó contra la fuerza del viento y se felicitó a sí mismo por conseguir mantener la escoba completamente estable a pesar de las fuertes corrientes.
Cuando vio a Theo descendiendo junto con el resto del equipo decidió hacer lo mismo y se reunió con el equipo. Ellos iban a bañarse en los vestuarios del campo, algo que Draco no quería hacer, por lo que terminó recogiendo sus cosas y emprendiendo el camino de vuelta a Hogwarts solo. Entró al castillo y comenzó a recorrer los pasillos para llegar a las mazmorras y poder darse un baño en su cuarto, sin embargo algo llamó su atención cuando estaba dirigiéndose a su sala común. Observó a Hermione sentada en un banco de piedra bajo el retrato de Sir Matthew Carwell, un viejo escritor de novelas épicas.
Tuvo la tentación de acercarse a ella y hablar. No sabía de dónde surgía esa imperiosa necesidad de entablar una conversación con Hermione y tratar de arreglar las cosas; y le molestaba tener un impulso así, le molestaba que una parte de él, como había dicho Pansy, tuviese ganas de que todo volviese a estar bien entre ellos.
Suspiró derrotado y comenzó a caminar en dirección a la chica, pero se paró en seco antes de llegar hasta ella y retrocedió varios pasos cuando la escena de su pelea volvió a reproducirse en su mente. «No estoy tan loca como para salir con un asesino», eso es lo que Granger había dicho y él le había dado vueltas a esa oración durante horas. Prejuiciosa, terca y arrogante. Eso era Hermione Granger y él no quería más problemas en su vida.
Nunca debió aceptar esa tregua con ella. Nunca debió permitir que se acercara. Nunca debió permitir que investigase su caso y el de Pansy. Nunca debió dejar que Hermione Granger dejase de ser una insoportable sabelotodo a sus ojos. Porque la gente como ella era del peor tipo y él no se iba a dejar hundir por una niñata.
Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo, como si nunca hubiese estado allí.
Hermione se movió entre la gente tratando de llegar al sitio donde Luna y Neville estaban sentados para ver el partido. Para estar en marzo, la mañana se pintaba más propia de verano que de los inicios de primavera; los jugadores estaban en el campo, preparados para montarse en sus escobas y volar cuando la profesora Hooch diese su consentimiento.
El pitido resonó en el aire en el momento que Hermione se sentaba en el banco de madera y los gritos de emoción llenaron el aire al instante. Pronto Gryffindor se puso en cabeza en el marcador, pero Slytherin no tardó en alcanzarlos. Era, sin duda, uno de los partidos más reñidos que se había dado en los últimos años, todo el mundo estaba atento a cada jugada, cada movimiento, cada golpe por parte de los bateadores y cada punto de los cazadores. Ginny y Draco estaban sobrevolando el campo por encima del resto de jugadores, tratando de divisar la snitch dorada sin suerte.
Las primeras dos horas de partido pasaron con una rapidez sorprendente, nadie se había movido del sitio y el marcador iba tan ajustado (56-57, a favor de Slytherin) que nadie sabía qué se podía esperar en ese partido. Los gritos resonaron por todas las gradas cuando vieron a los dos buscadores precipitarse por el aire en busca de la snitch. Las cabezas de los alumnos se movían de un lado a otro siguiendo la rápida trayectoria de Ginny y Draco, esperando ese momento que marcaría el partido.
Sin embargo la pelota dorada volvió a desparecer del campo de visión de ambos buscadores y frenaron su carrera para tratar de ubicarla de nuevo. Hermione observó como Malfoy rozaba el hombro de McLaggen al parar en seco, sin embargo había sido solo eso: un roce. El rubio volvió a tomar altura mientras que el jugador de Gryffindor apretaba los dientes y lo observaba con desprecio.
Una hora más de partido pasó y la puntuación estaba igualada 80-80. La snitch no había vuelto a ser visualizada ni por Ginny ni por Draco y la gente comenzaba a desesperarse ante la posibilidad de que Hooch decidiese declarar el partido como empate y que el primer puesto quedase en una incógnita. Ninguna de las dos casas veía esa opción como una buena alternativa. Hermione se acomodó sobre la banca y suspiró con cansancio, se le estaba adormeciendo el culo y se estaba empezando a cansar de estar ahí sentada viendo el interminable partido, por muy emocionante que estuviese. Entonces, la snitch dorada pasó volando por encima de su cabeza y se quedó aleteando frente ella.
—¡Agachaos! —se escuchó una voz gritar y Hermione bajó la cabeza justo a tiempo. Vio la pelota alejarse mientras Ginny y Draco volaban tras ella.
Los gritos volvieron a inundarlo todo y la atención de todo el mundo volvió a dirigirse a los buscadores. La snitch volaba alrededor de las gradas, obligando a Malfoy y a Weasley a rodear el campo en varias ocasiones para tratar de atrapar la pelota sin éxito alguno. La snitch se precipitó hacia la zona baja del campo de repente y tanto Ginny como Draco comenzaron a descender. Hermione sonrió y alzó la cabeza de los buscadores en el momento indicado para ver como McLaggen desviaba una bludger directa a Draco.
La pelota destrozó la parte delantera de escoba del rubio, golpeándole una de las manos con las que sujetaba el palo y haciéndolo perder el equilibrio durante unos segundos. Abrió los ojos sorprendida y jadeó al ver como Malfoy ignoraba lo que acababa de pasar y seguía volando de forma inestable en busca de la snitch. Alcanzó a Ginny durante unos minutos antes de que tuviesen que separarse para evitar a dos jugadores, pero pronto volvieron a precipitarse hacia la snitch que se mantenía volando por la misma zona del campo que instante atrás.
Todos se levantaron de sus asientos cuando vieron como Ginny y Draco alzaban sus manos para tratar de alcanzar la snitch. Hermione cogió los prismáticos para ver la escena de cerca y jadeó al ver que Malfoy tenía la mano hinchada y enrojecida bajo el guante, pero que aun así la mantenía erguida para atrapar la pelota. Ante la atenta mirada de todo el campo, Malfoy perdió el control definitivo de la escoba y se cayó de esta cuando se inclinó hacia delante. Su cuerpo se precipitó hacia el suelo a más de cuatro metros de altura.
Hermione se acercó hasta el borde de las gradas para jadear al ver a Malfoy chocar contra el suelo. Todos los jugadores comenzaron a descender con rapidez al igual que la señora Hooch. Theo y Pansy se acercaron corriendo hasta el cuerpo de su amigo junto a la profesora y Ginny; escucharon como la mujer conjuraba una camilla y observaron como levitaba el cuerpo de inconsciente de Draco hasta dejarlo sobre la superficie. Entonces un pitido resonó y en el marcador de Slytherin se sumaron ciento cincuenta puntos.
En la mano que la bludger había golpeado estaba atrapada la snitch dorada.
Slytherin había ganado, pero a un precio horrible.
La castaña se quedó mirando el sitio donde había estado tirado el cuerpo de Malfoy durante unos minutos que no contó. En su mente no paraba de reproducirse una y otra vez la misma escena. Desde el golpe de Cormac a la bludger hasta la salida de Malfoy del campo. Era como una pesadilla que estaba obligada a presenciar una y otra vez, sin poder pausarla, sin poder despertar de ella.
Y en ese momento solo podía pensar en una cosa:
El hombre es un lobo para el hombre.
¿Qué os ha parecido? Me ha costado reengancharme un poco a escribir esta historia, pero creo que el capítulo ha quedado bien. Espero poder traeros el siguiente en unos diez días o así. No olvidéis dejar un comentario acerca de qué os ha parecido el capítulo.
Besos y abrazos,
AliciaBlackM.
PD: ¡REVIEWS y GO!
