¡Hola! Catorce días después vengo con el siguiente capítulo, un tiempo razonable, ¿verdad? Gracias por los comentarios, casi estamos en los 100 :)


Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá.


-Anathema-

Capítulo ocho: Hic et nunc (Aquí y ahora).

De la misma forma en que todo pareció ir a cámara lenta por unos instantes, el mundo de Hermione comenzó a moverse a una velocidad alarmante. Los gritos comenzaron, los profesores abandonaron las gradas, los alumnos comenzaron a movilizarse y ella empezó a hiperventilar. Corrió en cuanto sus piernas respondieron y se abrió paso entre los estudiantes para poder llegar hasta la parte inferior y seguir al equipo de Slytherin, que trasladaba a Draco a la enfermería.

Sintió a alguien agarrándola del brazo y se giró con brusquedad, encontrándose los ojos de Ginny y su abrazo tranquilizador. El mundo volvió a parecerse durante unos segundos mientras aceptaba el toque, escuchando los ruidos que hacía la gente como un simple sonido de fondo en comparación con su acelerada respiración. Solo podía percibir eso: su respiración.

—Va a estar bien, Hermione. —La voz de Ginny la trajo de vuelta a la realidad.

—Tengo que ir a verlo.

Se soltó del agarre y comenzó a correr en dirección al castillo. No supo cómo podía pasar tan rápido el tiempo incluso si se había sentido como un simple segundo, pero Draco ya estaba en la enfermería cuando llegó al colegio. La mayor parte del equipo se encontraba fuera del lugar, hablando con la profesora Hooch y la directora McGonagall.

—¿Estáis seguros de que no visteis lo que ocurrió?

—Estábamos centrados en el juego, profesora —replicó Graham, uno de los golpeadores—. El buscador es como un jugador independiente al resto del equipo. Su técnica de juego no afecta a la del resto, por eso no le podíamos prestar atención.

—Tuvo que hacer alguien del otro equipo —replicó otra chica—. Un Gryffindor tuvo que desviar una de las bludger, la dirección de Malfoy era la misma en la que estábamos volando nosotros, y le dio desde un lateral. Eso es lo único que sabemos.

McGonagall suspiró y miró a la profesora Hooch de forma interrogante. Mandaron a todos a ducharse en sus dormitorios, alegando que allí no eran de ayuda. Hermione se acercó con pasos lentos y comedidos hasta las dos mujeres, mirando únicamente a la directora.

—¿Necesita algo, señorita Granger? —inquirió McGonagall.

—Fue McLaggen —dijo sin rodeos—. Él desvió la bludger contra la escoba de Malfoy.

—¿Está segura de eso, señorita Granger? Es una acusación muy grave —indicó la otra mujer.

—Estoy segura —replicó—. Estaba siguiendo la jugada de los buscadores cuando vi a Malfoy chocar ligeramente con McLaggen, a los pocos minutos McLaggen desvió la bludger contra Draco. Como una venganza. Puede coger mis recuerdos si así lo desea, directora.

—Lo tendremos en cuenta —dijo la mujer—. Puede irse.

—¿Está bien? ¿Draco está bien? —preguntó y la directora se quedó mirándola fijamente.

—Estará bien.

Hermione sintió que esa era la peor respuesta que pudieron darle.


Pasaron tres días desde el partido hasta que Hermione vio a Pansy acercarse hasta ella. La vio suspirar, pararse varias veces por el camino y refunfuñar por lo bajo antes de que se dignase a decirle algo. Parecía realmente contrariada al tener que hacer eso, pero eso no podía importarle menos a Hermione. Llevaba tres días histérica por no saber acerca del estado de Draco. Tres días escuchando rumores de todo tipo y fingiendo que no le afectaba a pesar de desear ir corriendo a la enfermería y verlo. Tres días preguntándose por qué se sentía de esa forma con Malfoy. Por qué estaba tan jodidamente preocupada.

—Quiere hablar contigo —dijo Pansy cuando se puso frente a ella—. Sobre lo de McLaggen. A las cuatro puedes ir, no habrá nadie excepto Pomfrey.

—Gracias.

Pansy no dijo nada, solo se giró y salió del Gran Comedor seguida de cerca por Daphne y Theo. Miró a Ginny al sentir los ojos de la pelirroja clavados en ella y le sonrió ligeramente. Se sentía nerviosa y aliviada a la vez. Una mezcla de sentimientos que no quería ni podía definir. Malfoy quería verla, quería hablar. Y ella no podía estar más impaciente al respecto.

—¿De qué querrá hablar? —inquirió Ginny y Hermione la miró fijamente.

—Ya lo dijo Parkinson —respondió—: sobre el partido.

—De que querrá hablar realmente, me refiero —replicó su amiga—. Si de verdad crees que vais a hablar únicamente de lo que pasó con McLaggen entonces déjame decirte que estás equivocada.

—Ginny…

La chica se levantó y miró a Granger de reojo, negando con la cabeza mientras cogía sus libros y avanzaba un par de pasos en dirección a la puerta. La pelirroja suspiró y se agachó para estar a la altura de su cabeza.

—Hay cosas pasando entre ustedes, Hermione. —La castaña parpadeó, sorprendida—. Todo el mundo se ha dado cuenta. Créeme, no vais a hablar del partido.

La chica se quedó paralizada en el sitio, observando la espalda de su amiga mientras se alejaba de ella. ¿De verdad lo que le sucedía con Malfoy era tan obvio? No entendía de qué hablaba Ginny, ella ni siquiera era capaz de ponerle un nombre a la extraña amistad que habían entablado, ni siquiera podía explicar qué había sentido cuando lo vio con Astoria Greengrass.

«Hay cosas pasando entre ustedes».

Sí, había cosas entre ellos. Lo que Hermione no sabía decir era qué se suponía que significaban esas cosas.


Entró en la enfermería con la cabeza agachada y los nervios alterando cada parte de su cuerpo. Malfoy estaba tumbado en la camilla del fondo del lugar, con el brazo envuelto por una escayola de tono blanquecino, una gran venda cubriéndole el pecho y unas marcas rojas en la frente. Hermione se acercó con pasos cautelosos y se colocó al lado de la camilla, observando los rasgos afilados del rubio.

—¿Ya te has cansado de mirarme, Granger? ¿O prefieres que te de mi otro perfil? Es mejor.

La chica se sobresaltó al oír su tono sarcástico y la forma en la que giraba la cabeza en su dirección. Tenía una sonrisa amarga pintada en los labios y no parecía estar del mejor humor del mundo. Pero tras lo sucedido, ¿quién lo estaría? Hermione inspiró y se mordió el labio inferior antes de mirarlo fijamente.

—Fue McLaggen —dijo y él arqueó una ceja.

—Si vas a decirme cosas que ya sé, puedes irte.

Le giró la cabeza y cerró los ojos, fingiendo dormir. Hermione apretó los labios y se movió hasta colocarse a los pies de la camilla, mirando fijamente a la persona que estaba tumbada sobre esta. Draco volvió a mirarla y ladeó ligeramente la cabeza, como si le estuviese incitando a hablar.

—McLaggen desvió la bludger y esta te golpeó en la muñeca, destrozando tus huesos y tu escoba —dijo—. Te golpeó y tú, maldito gilipollas descerebrado, seguiste jugando a esa estupidez de juego porque querías ganar. Seguiste jugando hasta que atrapaste la jodida snitch antes de estrellarte contra el suelo. —Draco la miró sin inmutarse—. ¿Acaso querías matarte? ¿Eres un suicida y nadie se había dado cuenta? Dímelo, explícamelo, porque te juro que no lo entiendo.

—¿Por qué querrías entenderlo? ¿Acaso te importa que un asesino como yo quiera acabar con su vida? —replicó él y Hermione volvió a sentir esa extraña sensación en su pecho—. Tienes una moral muy retorcida y oscura, Granger. Estás perdiendo el tiempo aquí, así que lárgate.

—No me iré hasta que me respondas.

—No tengo que responderte a nada. No tengo que darte explicaciones. No tengo que hablar contigo. —Draco se movió y sintió una punzada de dolor atravesarlo, pero lo ignoró para poder incorporarse ligeramente—. Eres nadie para mí, ¿entendido? Vete con tus proyectos de caridad a otro sitio, Granger, porque aquí no se te ha perdido nada.

—¿Un proyecto de caridad? ¿Sigues pensando que eres eso para mí? —La chica soltó una risa sin humor—. Eres un subnormal al que le he prestado demasiada atención y con el que he compartido mi tiempo a pesar de no merecérselo. Eso eres para mí, Malfoy. Eres como una enfermedad, una toxina que afecta a cualquiera que se acerque. Solo sabes dañar, pero eres jodidamente adictiva y eso me cabrea. —El chico se lamió los labios y Hermione apretó los dientes—. Eres orgulloso, arrogante y condescendiente. Te crees el dueño del mundo, pero no lo eres. Te crees superior a todos pero eres exactamente igual que todos. Representas todo lo que he aprendido a odiar y sin embargo sigo preocupándome por ti y por cómo estás. Eso eres para mí.

—¡¿Por qué te preocupas, entonces?! ¡Dime, Granger, si tan despreciable soy, ¿por qué coño te preocupas?! —gruñó él y Hermione tuvo unas intensas ganas de pegarle.

—¡Porque soy gilipollas!

La chica se giró y se largó del lugar con pasos apresurados, golpeando la puerta con fuerza tras salir. Draco suspiró y hundió su cabeza en la almohada, ahogando un grito mientras golpeaba el camastro con su mano buena. Theo, que había estado oculto en una esquina todo el tiempo soltó una risa y miró a su amigo.

—Sin duda eso no salió como Pansy y yo esperábamos.

—Iros los dos a la mierda.

Theo volvió a reír.


Los días pasaron y Hermione estaba cada vez más cabreada con lo sucedido en la enfermería. A cada segundo que pasaba su resentimiento con Malfoy crecía. Una parte de ella había tenido esperanzas de arreglar las cosas entre ellos cuando entro en la enfermería días atrás pero se habían evaporado en cuanto el chico abrió la boca y comenzó a soltar mierda. Sin duda ellos estaban destinados a discutir hasta por el clima.

Suspiró por octava vez y miró a Zack, el prefecto de Gryffindor con el que tenía que hacer las rondas, cuando él llamó su atención con un golpe. El chico se quedó mirando en su dirección unos minutos antes de suspirar y hacer un gesto con la cabeza hacia atrás.

—¿Qué?

—Que deberías haber girado en aquella esquina —dijo con simpleza—. Para cubrir la entrada del castillo.

—Oh. —Se removió, avergonzada—. Lo siento.

—No importa.

Hermione se dio la vuelta y corrió hacia el pasillo donde debía comenzar su ronda. Había estado tan distraída maldiciendo a Malfoy en su mente que ni cuenta se había dado. Sin duda Zack debía pensar que lo de prefecta se le había quedado grande. Suspiró y volvió a retomar el hilo de pensamientos que había seguido toda la semana, ese que recriminaba a su mente por pensar que Malfoy podía ser diferente. Pero se paralizó al ver a Daphne sentada en el suelo, con su espalda apoyada en la pared al lado de la puerta de la enfermería.

—Greengrass, ¿qué haces aquí? —preguntó y la chica la miró.

—Esperar.

—¿Y qué esperas?

—Noticias —replicó con suavidad—. Buenas noticias.

La castaña frunció el ceño y se acuclilló delante de la Slytherin. Los ojos azules de Daphne recorrieron su rostro y Hermione pudo notar el cansancio que se acumulaba tras ellos. Parecía exhausta y ella no quería pensar en la razón.

—¿Ha ocurrido algo malo?

—Tiene fiebre y empezó a sangrar y… —La chica cerró los ojos— Estoy agotada, muy agotada. Solo quiero dormir y no despertar. Pero supongo que en este momento no hay nadie que lo desee más que yo exceptuándolo a él.

—Greengrass…

—Su padre murió, ¿sabes? Por eso se ha comportado como un gilipollas últimamente —dijo y se echó a reír con suavidad. Una risa rota y triste—. Nunca nos enseñaron a manejar estas cosas: la muerte, los sentimientos, la soledad… Nos educaron para ser los invitados en un baile de máscaras donde nadie se quita la suya por muy rota que esté.

Hermione se sentó y cogió la mano de Daphne entre las suyas. La rubia le sonrió y apoyó su cabeza en la pared, cerrando los ojos durante unos segundos antes de volver a abrirlo y mirarla fijamente.

—Draco no sabe cómo lidiar con la muerte de su padre. Está cabreado, aliviado, asustado… Es un desastre. —Hermione se mordió el labio inferior y miró a las puertas cerradas—. No quiere estar solo, pero aleja a todo el mundo de él. Es lo que siempre han hecho, lo que le enseñaron a hacer. No deja que la gente vea sus debilidades, no deja que la gente lo conozca. O al menos no lo hacía.

—¿A qué te refieres? —inquirió con suavidad.

—En cuestión de meses tú has derribado muchas de sus barreras, Granger. Eres una excepción que le asusta y por eso se empeña en alejarte. Y tú te alejas de él también, sois imanes que se atraen y se repelen a la vez. Dos fuerzas de la naturaleza que han chocado de forma inesperada y que no saben reaccionar ante la conexión.

Daphne se levantó y se sacudió la falda. Miró a Hermione y le tendió su mano para ayudarla a levantarse; se mantuvieron la una frente a la otra durante unos minutos antes de que la rubia volviese a hablar.

—No dejes que te aleje, Granger, eres buena para él. —Hermione abrió la boca, sorprendida—. Y aunque ahora te parezca una locura o un desvarío de alguien demasiado cansado para pensar, créeme cuando te digo que él también es bueno para ti.

Y mientras Daphne comenzaba a alejarse por el pasillo, Hermione se quedó allí, paralizada. Procesando todo lo que le acababan de decir y tratando de ordenar todo lo que estaba sintiendo tras esa conversación.


Hermione caminó con tranquilidad a Honeydukes tras despedirse de Ginny y Neville. Había prometido comprarle unos dulces a unas niñas de primero si aprobaban el examen de encantamientos, y como lo habían conseguido le tocaba gastarse un par de galeones en las golosinas de la tienda. Su cuerpo impactó con otro cuando fue a entrar al recinto y un jadeo de dolor la hizo alzar su mirada para encontrar los ojos grises de Draco analizándola.

—Lo siento —dijo al instante—. No te vi.

—Me di cuenta de eso —replicó él y Hermione retrocedió un par de pasos para que él pudiese salir.

La castaña vio como el chico pasaba a su lado con pasos lentos y se debatió si hablar con él o dejarlo pasar. Las palabras de Daphne se habían repetido en su cabeza a lo largo de la semana y no había tenido la oportunidad de hablar con Malfoy incluso si había estado casi dos semanas en la enfermería. Las cosas habían cambiado de repente tras la conversación con Greengrass, los Slytherin volvieron a acercarse y la tregua se volvió a establecer, la amistad tan extraña que habían mantenido durante varios meses había vuelto y ella había estado demasiado ocupada analizando ese cambio como para aceptar que tenía cosas que resolver con Malfoy.

Sin embargo ahí estaba él, caminando a unos pasos de ella y en un sitio donde podían ocultarse de las miradas curiosas de la gente y los murmullos malintencionados de los otros estudiantes. Se giró y se acercó hasta Draco con pasos rápidos, tocando su espalda con su mano para llamar su atención.

—¿Qué?

—Sé lo de tu padre.

Draco la miró durante unos segundos que se sintieron como una vida antes de cogerla del brazo y arrastrarla con él por las calles. Llegaron hasta la misma zona en la que habían estado meses atrás, el lugar cerca de la casa de los gritos donde habían mantenido una de sus primeras conversaciones calmadas y sinceras.

—¿Quién te lo ha dicho?

—Daphne.

—Genial, qué amigos tan espléndidos tengo —rumió y miró a Hermione—. No se lo digas a nadie, Granger. A nadie.

—No lo haré —replicó ella—. No lo haré.

Malfoy la miró una vez más, clavando sus ojos grises en su rostro y analizando cada parte de ella. Como si pudiese leerla. Como si pudiese saber todo sobre ella con solo mirarla a los ojos. Sin embargo Hermione no apartó la mirada ni se amedrentó.

—Lo siento —murmuró y Draco la miró sorprendido.

—¿Por qué?

—Por lo que dije aquel día, cuando volviste al colegio —aclaró—. Dejé que mis emociones me dominasen y realmente no pensaba las cosas que te dije. No al menos ese día.

—¿Las de la enfermería si las pensabas?

—¿Sinceramente? Sí. —Draco suspiró—. Pero también sé que acepté esas cosas sobre ti hace meses, desde nuestra conversación en los lindes del bosque. Eres complejo, pero todos los somos y no soy nadie para reclamarte algo.

—Yo también lo siento —dijo él—. Supongo que yo tampoco me comporté de la mejor forma contigo.

—¿Somos un desastre, no? Parece que nuestra… —los señaló a ambos con la mano— relación se basa en pelearnos.

—Somos demasiado parecidos.

Hermione levantó la mirada y sonrió ligeramente, mirando las facciones de Draco con lentitud y apreciando la ligera sonrisa que él también tenía. Era una situación extraña y tensa, ninguno de los dos podía predecir qué podría pasar a cada segundo que pasaba.

—Me alegro por tu, eh… —Hermione suspiró— tu noviazgo con Astoria.

—¿Mi qué?

La risa que Draco soltó tras sus palabras se sintió como un puñetazo en su estómago. Se sentía insultada. Estaban arreglando lo que sea que hubiese entre ellos y él le soltaba eso, jodiéndolo todo. Sin duda ambos eran expertos en cagarla cuando no debían. Hermione se dio la vuelta y se alejó del rubio, maldiciendo por lo bajo cuando sintió los pasos de él detrás suya.

—¿Qué quieres? —cuestionó cuando sintió a Malfoy agarrándola por el brazo.

—¿Crees que Astoria es mi novia?

—Bueno, dime tú qué debo pensar cuando te veo besándote con ella en la entrada del colegio —soltó y salió con un tono mucho más celoso del que quería.

—¿Besándo…? —El chico guardó silencio cuando se dio cuenta de qué pasaba—. No somos una pareja, ella me esperó y me besó cuando estaba despistado. Ni siquiera hablo con ella, no la soporto.

—No tienes que darme explicaciones.

—Aparentemente sí tengo que hacerlo —replicó—, porque de lo contrario no me dirías estas cosas. ¿Estás celosa?

Hermione se quedó en blanco ante la pregunta y se giró para encarar a Draco, mirándolo como si estuviese completamente loco.

—No. —Como para afirmar sus palabras comenzó a mover la cabeza, negando—. Claro que no.

—Entonces explícame tu cabreo porque no lo entiendo —reclamó él.

La castaña negó una vez más y trató de zafarse del agarre del rubio, pero este apretó la mano que la sujetaba para mantenerla quieta y la acercó más a él. Estaban prácticamente pegados y Hermione tenía el presentimiento que eso tendría extrañas consecuencias. Consecuencias que alterarían incluso aún más la mezcla de sentimientos que Hermione llevaba arrastrando durante semanas.

—No lo sé —suspiró y Draco sonrió—. Estoy confundida.

—Confundida —repitió él.

—Sí, confundida.

—¿Por qué?

Hermione tiró de su brazo y se soltó del agarre del chico. Retrocedió varios pasos y miró al suelo, sintiendo la tensión llenar el ambiente. Debía evitar esa conversación a toda costa, debía mantener el control y evitar que todo explotará. Que esas cosas de las que Ginny había hablado saliesen a la luz. No estaba preparada para eso.

—Me confundes —confesó—. Simplemente eso.

Draco no dijo nada y Hermione aprovechó eso para darse la vuelta y tratar de huir de ahí. Sin embargo los pasos del otro volvieron a sonar a su espalda y antes de que pudiese reaccionar se vio apretada contra el pecho de Draco y con unos labios abordando los suyos. No le dio tiempo a responder al contacto, de reaccionar a lo que estaba pasando.

—Tú también me confundes —murmuró él contra sus labios antes de separarse e irse.

Hermione se quedó petrificada en el sitio, con los ojos cerrados, los labios cosquilleándole y su corazón estallando.


El final de abril se acercó con pasos agigantados. Los exámenes finales estaban cada vez más cerca y los trabajos aumentaban la presión sobre todos los estudiantes. Hermione y Draco se habían estado evitando tras lo sucedido en la visita a Hogsmeade y los únicos momentos que estuvieron relativamente cerca del otro fueron tan efímeros que casi ni se dieron cuenta. Se evitaban como si fueran la encarnación de su mayor miedo, a pesar de que lo sucedido se repetía en sus mentes una, y otra y otra vez.

Los Slytherin se habían vuelto a acercar al grupo de amigos de Hermione, y aunque las cosas seguían tensas y Luna parecía ser la única que se llevaba completamente bien con todos, estaban juntos. De vuelta a su tregua, de vuelta a su extraña amistad. Y ese retorno había hecho que Pansy, que siempre había sido extremadamente observadora, se diese cuenta de la creciente tensión entre Hermione y Draco. Tensión que ella estaba dispuesta a cortar de raíz.

—Draco —llamó a su amigo cuando estaban saliendo de la clase de Pociones—. Tenemos que hablar.

—¿De qué?

—Es un tema personal —susurró y él asintió—. A las seis en el aula llena de sillas rotas del cuarto piso, no dejes que nadie te vea ahí. Así que entra y espérame ahí si no estoy,

—Vale.

Pansy se alejó por el pasillo en dirección a las escaleras, dispuesta a llegar al aula de Estudios Muggles, la clase de la que Hermione tenía que salir en cualquier momento. Vio a la Gryffindor abandonar el lugar a los pocos minutos de llegar y la siguió con pasos rápidos, colocándose a su lado en cuanto la alcanzó.

—¿Pansy, qué necesitas?

—Hoy a las seis en la sala de las sillas rotas del cuarto piso —le susurró—. Es sobre mi sentencia. Tengo información que podría ayudar.

—Oh, vale, sin problema.

—Entra directamente al aula.

Se alejó de ella antes de que Hermione pudiese decir algo más y sonrió maliciosamente. Todo su plan marchaba perfectamente.


La hora acorada llegó con sorprendente rapidez. Hermione entró directamente al aula y se apoyó contra una de las pilas de sillas que había en la sala, esperando a que Parkinson llegase. Sin embargo la persona que entró en el aula fue Malfoy y ninguno de los dos tuvo tiempo suficiente como para huir antes de que Pansy apareciese y cerrase la puerta, bloqueándola con su cuerpo.

—Vais a hablar y vais a solucionar vuestra mierda, ¿entendido? —dijo antes de que ellos tuviesen la oportunidad de hablar—. No sé lo qué ha pasado entre ustedes y, sinceramente, tampoco me interesa conocer los detalles, pero sea lo que sea, arreglarlo.

La mujer salió del lugar dejándolos a ellos dentro y mirándose fijamente; completamente congelados en el sitio. Hermione fue la primera en moverse y se acercó hasta Draco con pasos rápidos, rodeó su cuello con las manos y tiró de él hacia abajo para poder besarlo. Fue inesperado y chocante pero el rubio no tardó en responder, rodeando la cara de Hermione con sus manos y atrapando su labio inferior con los dientes.

Se separaron cuando el aire fue completamente necesario y sus pasos los llevaron a alejarse como si fueran tóxicos para el otro. Cada uno se colocó en un extremo del aula, mirando hacia el suelo y fingiendo que eso no acababa de pasar a pesar de que se morían por repetirlo. Era como si un torbellino de emociones se hubiese disparado en su interior y no había forma de controlarlo.

—¿Qué significa esto? —cuestionó ella—. Esa es la pregunta que me he hecho desde lo que ocurrió en Hogsmeade.

—No lo sé, Hermione. —Su nombre pronunciado por sus labios la hizo estremecer—. ¿Qué significa esto?

La chica bajó la mirada una vez más y cerró los ojos. «Hay cosas pasando entre ustedes», eso había dicho Ginny. Y ella estaba cada vez más segura que ese algo era mucho más complicado de lo que realmente quería admitir.

—¿Qué significa esto, Draco? —repitió ella y él suspiró.

El silencio se mantuvo entre ellos durante tanto tiempo que Hermione perdió la cuenta. Solo se podían escuchar sus respiraciones, nada más. Solo eso y la terrible tensión entre ellos, ese espacio lleno de palabras que ninguno de los dos quería decir, que ninguno de los dos se atrevía a pronunciar.

—Es algo —comenzó finalmente Draco— que no sé nombrar, es algo que no entiendo y es algo que me asusta. Porque tú eres tú y yo soy… yo. Somos la antítesis oficial del colegio, los enemigos declarados. El león contra la serpiente. Y a pesar de todo eso, somos algo. Sin nombre, sin etiquetas, sin definición, pero algo.

—Somos algo.

—Sí, y posiblemente este sea el único momento en el que podamos hablar sobre ese algo —siguió—. El único momento en el que nos atrevamos. Así que dime, Granger, ¿qué significa esto?

—Significa que somos algo —aceptó y comenzó a caminar en dirección a Draco—. Aquí y ahora. ¿Estás bien con eso?

—Estoy perfectamente bien.

—Genial.

Sus labios volvieron a colapsar juntos, dejando que el silencio lo volviese a consumir todo. Todo, excepto a ellos.


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Ali~