El viaje había sido pesado y los preparativos más, pero por fin estaban en París, a solo unas calles de casa del abuelo de Yamato. Por el cuerpo de todos se movía la esperanza y el nerviosismo de volver a ver a alguien querido después de tanto tiempo. Esperaban que al abrir la puerta saliera a saludarlos como si nada.
Michael ya estaba avisado de la visita del grupo, les había ayudado a conseguir toda la documentación para el viaje y los esperaba con ansia, hacía años que no veía a su nieto mayor. Llegaron de madrugada, sus caras no eran un secreto para el mundo y no querían atraer atención sobre ellos. El anciano los condujo hasta el salón, donde los dejó descansar y comer mientras saludaba más íntimamente a Yamato, pero parecía que alguien tenía prisa.
- Perdone señor, ¿dónde está Takeru? - preguntó entre impaciente y asustada Hikari.
- No está aquí, está en Lyon. Aquí había demasiada gente que podía reconocerlo.
- ¿Está muy lejos de aquí?
- Casi a 4 horas en coche.
Después de aquello no prestó mucha atención, Yamato tampoco. 4 horas en coche podía reducirse mucho si ibas volando en un Digimon. Parecía que Yamato le leyó la mente porque se acercó a ella y a Tailmon.
- Ve. Empieza a buscar, nosotros iremos en cuanto encontremos transporte. Aún queda suficiente para que amanezca, no creo que tengas problema.
- Me pondré en contacto en cuanto llegue.
Se fue sin despedirse, agradeciendo a Yamato que le permitiera ir primero, al fin y al cabo era su hermano y sabía que tenía tantas ganas de encontrarlo cómo ella. Pero Yamato sabía que quién más posibilidades de encontrarlo era ella, y no estaba muy seguro de sí mismo, podía reaccionar mal si se lo encontraba de pronto.
- ¿Dónde está mi hermana? - preguntó unos minutos después Taichi.
- Ha ido primero. Nos avisará cuando llegue.
- ¿No has escuchado lo que ha dicho tu abuelo verdad? Y has dejado ir a Hikari sola. - parecía muy alterado, a Yamato le recordó al Taichi adolescente que no sabía controlarse.
- ¿Qué ha pasado?
- Takeru no venía solo. - entró en la conversación Jou. - venía con una chica.
- Sí, una tal Mochizuki. Volví a hablar con la mujer que habló con Hikari y me dijo que podrían estar juntos.
- Pero ella está embarazada. - esta vez fue Sora quien habló.
Al ver que Yamato no reaccionaba, o al menos no conectaba los dos hechos, Mimi intervino.
- Está embarazada de Takeru, Yamato.
Aquello sí que le pilló de sorpresa.
- ¿Mi hermano va a tener un hijo?
- Puede que incluso ya haya nacido.
- ¿Pero cómo ha pasado? ¡Sólo tiene 19 años!
- Tranquilízate, Yamato. - dijo Sora.
- Si lo piensas bien no es tan raro, estuvieron encerrados muchos meses. - dijo Jou - tanto tiempo solos y sin nada que hacer pudo llevarlos a eso.
- Sí, dudo que Takeru lo hiciera a propósito. Seguro que se sorprendió tanto como tú pero las circunstancias eran algo extremas y es normal que algo así pasara.
Ahora que estaba más tranquilo las ideas comenzaban a aclararse.
- Ahora no me parece tan raro que actuara así. - hizo una pausa de unos segundos. - pero no entiendo por qué no volvió, debía saber que lo ayudaríamos. Soy su hermano, lo hubiera apoyado.
- Fue por Hikari. - dijo Sora.
- Oh. - pareció encajar las piezas.
- ¿Por mi hermana? Seguro que ella sería la primera en darle la bienvenida, le encantan los niños. - Taichi había madurado mucho, pero seguía siendo algo despistado.
- No es por eso, Taichi. Ya sabes lo especial que es la relación entre esos dos. - dijo Sora- están enamorados. Espero que él aún lo éste.
- Sí, haber vuelto con otra mujer embarazada hubiera sido duro, pero para Hikari habría sido una puñalada en el corazón. - Dijo Jou.
- Y yo la he mandado directa sin saber nada. Lo siento Taichi. - se machacó mentalmente, debía pensar mejor las cosas y no dejarse llevar por deseos egoístas.
- No te preocupes, dudo que hubiera sido diferente si lo supiera. Aunque fueramos ahora a detenerla no nos escucharía. Lo mejor que podemos hacer es buscar una forma de llegar, ir sobre un fénix en llamas no es la mejor opción.
Hikari sobrevolaba el cielo mediterráneo a gran velocidad, había advertido al digimon ángel que fuera lo más rápido que pudiera. Llegaron temprano, cuando la ciudad comenzaba a despertar. La digimon la dejó en una zona alejada, aunque fuera un país pacífico no era buena idea que Tailmon deambulara ante los ojos de todos. Hikari echó a andar, no tenía ni idea de a donde ir pero no se quedaría quieta ahora que sabía que estaba tan cerca de su amigo. Envió un mensaje a los demás para no preocuparlos y comenzó a andar.
Sus pasos la llevaron de aquí para allá durante kilómetros, parecía haber dejado el centro de la ciudad atrás y ahora se encontraba en un barrio residencial de clase media lleno de edificios de apartamentos. Vio una boca de metro cerca y pensó que quizá fuera buena idea cambiar de rumbo.
Ya comenzaba a notarse el flujo de gente entrando y saliendo del metro. Se acercó a las escaleras, pero aún le faltaban metros cuando quedó paralizada.
- Toma, cógela. No encuentro el pañuelo.
- Ven con papá.
- Aquí está. Ven, dámela.
Reconocería esa voz en el fin del mundo. Reconocería esa espalda entre miles. Reconocería ese pelo entre la multitud. Reconocería a esa persona a través del tiempo.
Takeru se giró para retomar el camino cuando algo captó su atención, un pelo rojizo recogido con un prendedor que reconocía perfectamente. Unos ojos rojizos que lo habían tranquilizado en mil ocasiones.
- ¿Hikari?
La chica pareció volver a la vida, notó el corazón temblar cuando escuchó su nombre salir de esos labios que tan bien conocía. No pudo y no quiso controlarse, corrió hacia sus brazos con el anhelo de una vida y se abrazó a él con las ganas que había soportado todos aquellos meses.
Takeru tampoco se contuvo, olvidó por un segundo a Meiko, a su hija, y la decisión que había tomado por el bien de todos cuando Hikari lo abrazó. Correspondió con la misma fuerza, con el dolor de una decisión que aún le pesaba, con el miedo de meses esperando que su hija naciera siendo él apenas más que un adolescente, la tristeza de dejar atrás a sus seres queridos.
- Pensé que jamás volvería a verte. - gimió Hikari.
- Lo siento. Lo siento mucho.
¿Qué más podía decir? Podía notar la humedad de las mejillas de su amiga y las suyas propias bañadas en lágrimas. Ahora sabía que había hecho bien en no despedirse directamente, ahora que la tenía delante estaba seguro de que no podría soltarla jamás.
En cuanto se separaron Takeru notó a una incómoda Meiko mirándolos a cierta distancia. Parecía triste.
- Voy a adelantarme, Emma tiene que desayunar y seguro que tenéis mucho de lo que hablar.
Quizá si se hubiera esforzado un poco más hubiera notado que Meiko quería que volviera con ella a casa, que la eligiera, pero Takeru sólo tenía ojos para una persona.
- ¿Quieres dar un paseo?
Fueron caminando por la ciudad y acabaron en un café, Hikari no comía nada desde el día anterior.
- Siempre soñamos con desayunar en un auténtico café francés. - dijo Hikari.
Sí. - dolía mucho.
Comieron en silencio hasta que se hizo pesado.
- No quiero presionarte, pero quiero saber por qué. Si después sigues queriendo mantener las distancias me iré y no volveré.
- Es complicado. - ahora sus razones le parecían ridículas.
- Puedo intentarlo.
- ¿Recuerdas a la chica de antes?
- Sí.
- ¿Y al bebé?
- Sí.
- Es mi hija.
Notó un puñal directo al corazón, la quemaba y la helaba a partes iguales. El tenedor de repente parecía pesar mucho y cayó al plato con estrépito. Respiró hondo, trató de serenarse.
- ¿Por eso no volviste? - trató de que no se notara el nudo en la garganta pero falló.
- No sabía… no podía… - si traspasaba la línea no estaba seguro de poder volver atrás como hacía unos meses.
- ¿Estás enamorado de ella?
Takeru le sostuvo la mirada, veía el dolor en los ojos de Hikari y le entraron ganas de llorar.
- No seguiría aquí con ella si no sintiera nada.
Mentía. O al menos no decía toda la verdad. Lo que sentía por Meiko no era amor, quizá cariño, pero no estaba enamorado de ella. Su corazón tenía dueño desde que conoció al misterioso octavo niño elegido, la portadora de la luz. Pero si insinuaba aquello las cosas serían mucho más dolorosas de lo que ya eran.
Hikari recibió una llamada cuando el resto del grupo llegó a la ciudad. Dejó a Takeru decidir si quería verlos o si se despedían allí. Ya no tenía fuerzas para negar sus propios deseos y los invitó a casa.
Subió primero mientras Hikari esperaba al resto, tenía que avisar a Meiko, ella también tenía derecho a decidir.
- Son tus amigos, siempre serán bienvenidos. - lo retuvo antes de que volviera a salir para encontrarse con ellos. - Te quiero. Aunque no me hubiera quedado embarazada seguiría estando enamorada de ti.
Esperaba una respuesta y él lo sabía, pero lo único que pudo hacer fue abrazarla. ¿Por qué no podía amarla a ella también? Era amable, comprensiva, algo patosa pero adorable, y se había enamorado de él, no del niño elegido, no del hermano menor de Yamato. Pero no podía. Quizá si no hubiera conocido a Hikari podría haberla amado y hubieran formado una familia feliz.
Se separó de ella y bajó al encuentro de sus amigos. El primero en verlo fue Yamato, durante un segundo esperó que lo golpeara, pero pareció contenerse y fue a abrazarlo.
- No vuelvas a hacer esto, ¿entiendes? La próxima vez no seré tan comprensivo.
- Lo siento hermano. - por mucho que odiara su pasado de niño llorón aquél día estaba derramando demasiadas lágrimas.
- Te he echado de menos. - dijo Yamato tímido.
- Y yo a ti.
Tras Yamato se turnaron para abrazarlo y felicitarlo, recordándole cuánto lo habían echado en falta.
- Tu abuelo nos ha contado lo que pasó. Nadie te guarda rencor. - dijo Taichi.
- ¿Queréis subir a conocerla?
- Claro. - dijo emocionada Mimi.
Meiko los recibió como si nada hubiera pasado momentos antes. Sora y Jou la mandaron a sentarse mientras ellos servían el café y las pastas. Todos se acercaron a conocer a la pequeña, que dormitaba en brazos de su madre.
Hikari estaba apartada, sin atreverse a acercarse, si la veía lo convertiría todo en real, aquel bulto sería la hija de Takeru.
- Ya que hemos venido hasta aquí deberías conocerla. - su hermano se había acercado a ella.
- No sé si podré.
- Esa niña va a ser siempre la hija de Takeru, si no la aceptas a ella no lo aceptas a él.
Como siempre tenía razón. Se acercó, la pequeña dormitaba. Tenía la capa de pelo muy clara, aunque más oscura que la de Takeru. La nariz no la reconocía en su amigo, así que supuso que sería l de su madre. La boca le recordaba ligeramente a Yamato y Natsuko. Buscó los ojos de la pequeña pero los tenía cerrados. No pudo evitar pensar cuántas ganas tenía de verla crecer bajo todo el amor que pudieran darle. Ahora entendía la decisión de Takeru, y la respetaría
