N/A: ¡Hola! Sí, he tardado meses, pero qué más da si os traigo todo el fic completo, ¿verdad?
Disfrutad :)
Dedicado a Luna y Natasha, que me insisten cada tres segundos con este fic.
Capítulo 9: Acta est fabula (La historia se ha terminado).
La nieve desapareció completamente de Hogwarts durante mayo. El sol resplandecía en lo alto del cielo la mayor parte del día y las flores comenzaban a florecer de nuevo gracias al ambiente primaveral que se respiraba en el lugar. Tras lo sucedido con Malfoy casi una semana atrás, Hermione había comenzado una especie de relación con el rubio.
Su «algo» seguía siendo una etiqueta sin nombre entre ellos, un borrón que los mantenía estancados en el mismo lugar. Al principio la castaña había estado bien con eso, creía fervientemente que debían darse un tiempo para pensar qué estaban haciendo y asentar un poco sus ideas antes de tomar una decisión que pudiese cambiar radicalmente el tipo de relación que habían mantenido a lo largo de los meses. Sin embargo el final de curso estaba cada vez más cerca y el tiempo comenzaba a escasear.
Los EXTASIS se acercaban a pasos agigantados y el tiempo que pasaban juntos se limitaba a estar en la biblioteca. O al menos ella, ya que pocas veces había visto a Malfoy pasarse por esa zona del colegio. Habían quedado un par de veces en el mismo aula donde Pansy los había encerrado, pero no habían hablado mucho. Parecía que el hecho de haber roto la barrera del contacto físico había creado una barrera en los intercambios verbales, porque cada vez que estaban solos en un lugar privado gastaban el tiempo en besarse y tocarse más de lo que sería considerado decente.
Ninguno de los quería dar el paso y entablar esa conversación que flotaba entre los dos desde el primer beso que habían compartido. Había demasiadas cosas que tratar y siempre era más fácil fingir que no era necesario a aceptar que tenían que aclarar las cosas entre ellos. Pero Hermione se estaba impacientando, y cuando el día doce de mayo llegó, decidió tomar cartas en el asunto.
—Draco —lo llamó cuando entró en el aula donde solían verse.
—¿Qué? —El chico se giró y se quedó mirando en su dirección.
—Creo que hay algo de lo que tenemos que hablar… —dijo, pero al instante apretó los labios, incapaz de seguir.
—Lo sé. —La afirmación del chico la sorprendió, no se esperaba que él aceptase con tanta facilidad que debían tener esa conversación.
—¿Sí? Porque no lo parece. —Hermione observó como el ceño de Malfoy se fruncía.
—¿A qué te refieres? Tampoco es como si hubiera tenido tiempo para sacar este tema de conversación —replicó con suavidad—, la carta de Potter llegó hoy en la mañana y luego tuve clases. ¿Pansy habló contigo?
Hermione arqueó las cejas y luego suspiró, claramente Draco había malinterpretado sus palabras y estaba hablando de otra cosa. Sacudió la cabeza y miró al rubio, dispuesta a corregirlo y aclarar de qué tema quería hablar, pero algo dentro de ella le gritó que no lo hiciera, que todo se jodería si lo hacía. Así que apretó los labios unos segundos, esbozó una sonrisa y miró al rubio.
—Sí, lo sé. Es solo que pensaba que vendrías a contármelo cuando pudieses y ya son las seis —dijo con un tono bastante convincente.
—Bueno, da igual. —Draco se apoyó en una de las mesas—. Potter dijo que había conseguido por fin que admitiesen la reapertura de mi caso y el de Pansy y tenemos la primera vista con el Wizengamot a principios de junio —comentó—. Ya hablé con McGonagall para que nos dejase salir esos días a Pansy y a mí, y me preguntó por ti, así que si quieres ir…
—Sí, claro —se apresuró a contestar—, hablaré con la directora en cuanto pueda.
Se quedaron en silencio tras esas palabras y Hermione pensó que podría ser una buena oportunidad para tratar de abarcar el otro tema una vez más, pero no lo hizo. Alzó la mirada y clavó sus ojos en los labios finos de Malfoy, sonriendo al ver como la distancia entre ellos comenzaba a desaparecer a cada paso que daba el Slytherin en su dirección.
—¿Algo más que decir, Granger, o te puedo besar ya?
Hermione sonrió ligeramente antes de que sus labios fueran abordados por los de Draco. Quizá podían dejar ese tema para otra ocasión.
En un abrir y cerrar de ojos Hermione vio el fin del mes aproximarse, dejando atrás los días primaverales de mayo y con el horizonte surcado con los días infernales de junio. A cada parpadeo que daba sentía que los EXTASIS estaban más cerca. A pesar de su idea original, la conversación pendiente que tenía con Draco se había postergado de manera insalvable. Siempre surgía algo que les impedía dar inicio a la conversación; y aunque la mayoría veces era una tercera persona o un asunto inesperado, otras tantas eran ellos mismos dejando que la pasión se desatase y sus labios volviesen a encontrarse.
Hermione suspiró, amargada con sus propios pensamientos y despegó su mirada del libro encima de la mesa. Sus ojos se encontraron con los de Ginny, que la observaba de forma inquisidora como si supiese que estaba pensando en cualquier cosa menos en estudiar. La pelirroja se acercó en cuanto Hermione volvió a suspirar y tomó asiento frente a ella.
—¿Se puede saber qué te pasa? Ni siquiera en tus mayores peleas con Harry y Ron parecías tan amargada —inquirió, frunciendo el ceño—. ¿Es por Malfoy?
—No sé a qué te refieres —evadió ella—. Simplemente estoy algo estresada.
—No me mientas, Hermione —terció la chica—. ¿Qué os pasa?
—Nada —murmuró, aunque luego suspiró cansada—. Solamente tenemos cosas que hablar y no hemos podido hacerlo.
Ginny frunció su ceño incluso más—. ¿Y por qué no vas ahora y hablas con él?
—Es complicado, Ginny.
—Pues explícamelo para que lo entienda.
Hermione miró a su amiga y bufó. No estaba del todo segura de querer hablar ese tema con nadie, pero sabía que guardárselo para ella misma simplemente empeoraría las cosas. Se mordió el labio inferior mientras pensaba en las palabras que quería pronunciar.
—No sé qué es lo que tengo con Malfoy —dijo finalmente—. Estamos en un punto muerto.
—¿No has formulado la famosa pregunta de «¿qué somos?»? —inquirió.
—Básicamente —murmuró—. Cada vez que trato de sacar el tema ocurre algo, y tampoco veo a Malfoy muy receptivo con ello. Parece que huye cada vez que trato de hablar con él. ¿Crees que no quiere hablar de eso? ¿O solo me estoy comiendo la cabeza pensando cosas que no son?
—Bueno, Hermione, tú conoces a Malfoy muchísimo mejor que yo —terció—, pero a ti si te conozco, y sé que tus formas de sacar temas son bastante ambiguas en la mayoría de las ocasiones —comentó—. Quizá no has dejado claro de qué quieres hablar o tú misma te cortas cuando no ves la reacción que esperas por parte de él.
—¿Y si es que él no quiere que le haga la pregunta? Ya es raro que tengamos un «algo», imagínate cómo sería ponerle una etiqueta de forma oficial. —Apretó los labios, negando con la cabeza—. Sería un desastre.
—Tú misma estás poniendo pegas al tema, Hermione. Sabes que tampoco quieres sacar el tema pero es más fácil decir que Malfoy lo rehúye. —La castaña apartó la mirada de su amiga—. ¿Por qué no lo buscas y aclaráis todo de una vez por todas? —preguntó.
—Sí, quizá sería lo mejor.
—Es lo mejor —terció la pelirroja—. Ahora ve y busca a Malfoy.
La mujer dio varios empujones a Hermione hasta que esta se encontró fuera de la sala común de camino a la biblioteca. Sabía que Malfoy llevaba varios días allí encerrado buscando información para un par de trabajos así que esperaba que ese día también estuviese allí y no tuviese que dar cientos de vueltas por el colegio para encontrarlo.
Sin embargo la suerte no estaba de su lado y en la biblioteca solo había dos grupos pequeños de gente de Ravenclaw y otro de Slytherin. Decidió investigar en las mesas del fondo por si acaso no pudiera ver al rubio a simple vista, pero no estaba allí y tuvo que pararse a pensar dónde podría estar el rubio a esas horas.
—¿Habéis oído lo que dicen de Malfoy y Parkinson? —murmuró una voz de repente. Hermione se giró interesada, observando a un trio de colegialas que acababan de entrar a la biblioteca.
—No, ¿qué pasa? ¿Es algo interesante?
—Seguro que está relacionado con Granger, últimamente Malfoy y ella pasan mucho tiempo juntos —aseguró la chica del centro.
—Qué va, es más increíble aún —comentó la voz inicial—. Dicen que Malfoy y Parkinson se van a largar a Estados Unidos cuando terminen Hogwarts.
—¿A Estados Unidos? —inquirieron las otras dos a la vez—. ¿Por qué?
—Al parecer Theodore Nott y Blaise Zabini han podido sacar a flote un negocio y les han ofrecido a esos dos que vayan con ellos a trabajar.
—¿De verdad? ¿Y dejarán todo atrás? —cuestionó una vez más la chica del medio.
—¿Qué van a dejar atrás, Mildred? —preguntó a su vez la otra estudiante—. Lo perdieron todo después de la guerra. El dinero, los terrenos, el prestigio, tienen suerte de que todavía les queden amigos que se preocupen por ellos.
Hermione apretó los labios, cabreada. ¿Estados Unidos? ¿En serio? ¿Por qué Malfoy no había ido a hablar de ese tema con ella? Se habían visto varias veces a lo largo del mes y el rubio no había mencionado nunca que se fuera a Estados Unidos, y algo así no se decidía de la noche a la mañana.
Salió de la biblioteca con pasos rápidos, enfadada y decepcionada ante su reciente descubrimiento. Al contrario de lo que llegó a pensar, Malfoy no confiaba en ella, no lo suficiente como para contarle algo así. Y si había decidido irse a Estados Unidos era porque ese «algo» entre ellos no era más que un pasatiempo; un momento efímero y sin valor. Una distracción.
Había salido en busca de respuestas y las había encontrado.
La menor de los Weasley quitó las mantas de encima del cuerpo de su amiga y se las pegó al pecho, observando con una ceja arqueada cómo Hermione se levantó, ofendida y dispuesta a recuperar sus pertenencias, y con una cara de no haber dormido en toda la noche. La tarde anterior había vuelto a la hora de que saliese de la torre y parecía que las cosas con Malfoy no habían ido bien.
—¿Qué pasó? —inquirió.
—Nada.
Ese «nada» claramente significaba «demasiadas cosas».
—¿Qué pasó? —repitió—. Y más te vale responderme porque tengo poca paciencia y sé manejar una varita con precisión.
Hermione apretó los labios, bastante molesta con su amiga y terminó suspirando. Cada vez que pensaba en las palabras que aquellas Slytherin habían pronunciado se ponía de mal humor y sus pensamientos oscuros acerca de Malfoy nublaban su mente. De cualquier forma se consiguió calmar ligeramente para hablar con su amiga.
—Malfoy se va a ir a Estados Unidos —dijo—. Así que no necesito saber qué somos porque esto me lo deja más que claro.
—¿Te lo ha dicho él? —inquirió sorprendida. Hermione negó con la cabeza—. ¿Entonces cómo sabes que es verdad? Sabes que a la gente le encanta inventar.
—Porque tiene sentido —replicó—. Es algo que haría y que me confirma mi teoría de que no quiere formalizar lo que sea que tengamos. O tuvimos.
—No des por hecho cosas sin tener la declaración oficial, Hermione —reclamó—. Venga, levántate, prepárate y vete a buscar a Malfoy.
—Ginny…
—Menos excusas baratas y más movimiento —terció ella—. Tienes prohibido hablarme y entrar al cuarto hasta que hables con Malfoy.
La castaña se resignó a hacer caso a su amiga y tras coger su varita y cambiarse la ropa salió del cuarto y bajó las escaleras para poder salir de la torre. Se dirigió a las escaleras para poder descender hasta el primer piso; sabía que Malfoy llegaría de la práctica con Slytherin en apenas unos minutos, así que se limitó a esperar en la entrada del colegio a que apareciesen los jugadores. Visualizó el pelo rubio del susodicho a los pocos minutos, aunque le sorprendió darse cuenta de que su dueño iba directamente hacia ella.
—¿Ha pasado algo? —inquirió.
Estaba lleno de barro y su olor era una mezcla entre húmeda, tierra mojada y sudor; hizo una mueca ante eso. Malfoy arqueó una ceja, esperando una respuesta que no parecía llegar. Suspiró, agotado, y ladeó la cabeza, expectante.
—Tenemos que hablar —terminó murmurando Hermione—. A solas —aclaró cuando vio a algunos Slytherin con la mirada fija en ellos.
—Está bien.
Los dos comenzaron a caminar en dirección al baño de prefectos; Hermione sabía que durante esas horas nadie iba a esa zona así que era una zona segura para entrar y hablar, además que, suponiendo que no lo hubiesen cambiado, ella todavía se sabía la contraseña de acceso al lugar y aparentemente Malfoy también porque fue él quien murmuró las palabras para acceder al baño.
—¿Qué es eso de lo que tenías que hablar? —inquirió Draco mientras se metía detrás de un biombo y se desvestía.
Hermione apartó la mirada, azorada ante la poca discreción que tenía el chico. Se movió hasta poder apoyarse en un saliente en una de las paredes y se impulsó para sentarse sobre este. Se lamió los labios, nerviosa por no saber abordar el tema de forma correcta.
—Tenemos «algo» —dijo finalmente. Draco hizo un sonido de afirmación—. ¿Pero qué es exactamente?
Draco salió detrás del biombo y la miró con una ceja arqueada. No parecía sorprendido por su pregunta y eso la perturbaba. ¿Acaso había estado esperando que ella sacase el tema? ¿Por qué no lo había sacado él si tan poco parecía importarle?
—No lo sé —respondió el chico—. No me gusta ponerle etiquetas a las cosas y lo nuestro no parece encajar en ninguna.
La respuesta no le gustó a Hermione; se cabreó con él y su facilidad para quitarle importancia al asunto. «¿No me gusta poner etiquetas?», eso no tenía nada que ver con lo suyo. Ella no buscaba saber si eran novios o no, buscaba saber si tenían futuro o él los había sentenciado desde un principio.
—¿No? Pensaba que sí lo sabías —murmuró con los dientes apretados—. O eso me has dado a entender con tus acciones y tu falta de sinceridad.
Las cejas rubias de Malfoy se arquearon, parecía realmente sorprendido con sus palabras, como si no se hubiese esperado esas palabras. Hermione no entendía cómo podía verse tan genuinamente extrañado.
—¿Cómo?
—Creo que esto debería terminar —replicó, ignorando su confusión y decidiendo que tenía que ser ella la que cortase por lo sano—. Este «algo» no tiene futuro y alargar su fin solo empeorará las cosas.
—¿Se puede saber a qué viene este arrebato? Pensaba que habías quedado en ver hasta dónde llegábamos con esto y ahora me dices que no tenemos futuro, ¿a qué estás jugando?
La castaña negó con la cabeza—. No juego a nada, Malfoy, solo veo la realidad.
Draco arqueó una ceja, comenzaba a frustrarse con la actitud de la chica.
—¿Hemos vuelto a los apellidos, Granger? —cuestionó con acidez—. No creo que este sea el momento más adecuado para discutir lo que sea de lo que estemos hablando —terció él tras unos segundos.
—Es el momento indicado —repuso ella y enfrentó su mirada con la de Malfoy—. Te ayudaré en todo lo que sea posible y no pretendo que seamos amigos ni nada por el estilo. He estado pensando y creo que lo más conveniente es que terminemos este «algo» ahora mismo.
El rubio bufó y dio dos pasos hacia atrás, poniendo más distancia entre ellos mientras se cruzaba de brazos y la observaba con frialdad. Ella nunca había sido especialmente buena en las relaciones y las palabras y él mucho menos; estar a la defensiva o terminar las cosas de raíz antes que hablarlas resultaba más fácil para ambos. Estaban perdidos en un bosque del que no sabían salir pero al que habían aprendido a prenderle fuego.
—¿Así que esto es todo? ¿Una discusión sin sentido y una decisión unilateral? —cuestionó Draco—. Dime, Granger, ¿esto es todo?
Fue el turno de Hermione para alejarse varios pasos, girándose sin darle la cara a Draco y recomponiéndose con rapidez ante la flaqueza que llegó a sentir por unos instantes. Por alguna razón, sentenciar esa relación al punto y final le parecía un error, pero ambos habían cometido muchos errores en su vida y uno más no podía cambiar mucho la balanza.
—Sí, es todo. —Estiró su mano para abrir la puerta y poder salir—. Adiós, Malfoy.
No recibió ningún tipo de respuesta, pero el sonido de la puerta al cerrarse detrás de ella y el silencio posterior pareció suficiente para culminar todo. Hasta ahí había llegado todo, hasta ese instante lo que fuera que nació entre ellos había crecido; ese era el final.
Su historia había terminado.
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