Capítulo 10: Alea iacta est. (La suerte está echada).

—Cuando pensaba que la estupidez humana ya no tenía nada más que ofrecer, Draco y tú me demostráis lo contrario.

La voz de Pansy obligó a Hermione a parar su camino y girarse. La slytherin estaba detrás de ella, con una mirada aburrida y una sonrisa burlona decorando sus labios. Había pasado casi dos semanas desde que ella y Malfoy habían terminado lo que sea que tuviesen y por alguna razón sentía que las cosas se habían estancado entre ellos, pero no acabado definitivamente.

—Hola, Pansy, yo también me alegro de verte, ¿cómo te va todo? A mi bien, gracias por preguntar —soltó con ironía, escuchando la risa de la otra mujer.

—Guárdate esas mierdas para ti, Granger y utiliza las palabras para explicarme qué ha pasado entre Draco y tú y por qué los dos tenéis cara de estar comiendo limones agrios a cada segundo.

—No sé de qué me hablas, no ha pasado nada entre Malfoy y yo.

Pansy arqueó una ceja y bufó, incrédula. ¿Granger no sabía que mentirle a un mentiroso era igual de lógico que encerrar a alguien que ya está preso? Se colocó delante de ella cuando vio sus intenciones de avanzar.

—El hecho de que utilices su apellido y no os estéis enrollando en cada aula del colegio deja ver que ha sucedido algo —replicó—. Si vas a mentir, al menos hazlo de forma que sea creíble.

—Simplemente hemos decidido restringir nuestra relación a una de simples compañeros.

—¿Y eso porque…?

—Teníamos planes diferentes de futuro.

—No eráis capaces de definir vuestra relación vais a ser capaces de tener un futuro en común —rumió ella—. Dime la verdad ya, Granger, ¿qué escuchaste para tomar semejante decisión?

—Nada —terció—. Y ahora, si me disculpas, tengo que ir a la biblioteca.

Pansy se interpuso en su camino una vez más y le sonrió; a veces Hermione tenía la sensación de que la slytherin era capaz de leer a través de la gente.

—¿Tiene que ver con Estados Unidos y el rumor de que Draco y yo nos vamos allí tras terminar Hogwarts? —La cara de Hermione fue la respuesta que Pansy necesitaba—. Pues es falso, a medias; yo sí me voy, pero Draco se queda. Quizá si hubieses preguntando directamente él te hubiera contestado, pero ya veo que ambos sois fans de idos por las ramas.

—Da igual —repuso Hermione—. Si a él le importase arreglar esto después de que acabase de forma inesperada, pues ya hubiera hecho algo. Sin embargo aquí estamos, hablando tú y yo en un pasillo a unas semanas de que acabe el curso y él desaparecido por algún lado.

—Pues habladlo y arreglad las cosas —replicó Pansy.

Hermione retomó una vez más su caminata, ignorando las palabras de la chica aunque terminó parándose y girando para encarar a Parkinson y darle una respuesta.

—Estoy harta de ser yo la que arregle los problemas, sí él quiere arreglarlo, sabe donde encontrarme.

Pansy puso los ojos en blanco mientras se cuestionaba cómo iba a convencer a esos dos de que hablasen las cosas como personas adultas y no como los tercos que eran.


Draco decidió ir a buscar a Hermione cuando la segunda semana. Pansy llevaba varios días molestándolo con el tema de su ruptura (sí es que podían llamarlo así) y no paraba de repetirle que todo se debía a un malentendido por culpa de un rumor y que era su oportunidad de demostrar que las cosas entre ellos tenían futuro.

—Weasley —llamó a Ginny cuando la vio salir de la torre de Gryffindor.

La pelirroja se giró y arqueó una ceja la verlo allí, parecía bastante sorprendida pero también había algo en su expresión que le decía que estaba esperando que eso sucediese en algún momento.

—Si buscas a Hermione, no está aquí —dijo ella antes de que Draco pudiese hablar—. Ha salido a Hogsmeade con algunos alumnos de cuarto y quinto para ayudarlos en no-sé-qué proyecto de la profesora Sprout.

—¿Sabes sobre qué hora llegará?

—No, pero no creo que lleguen mucho más tarde de las ocho.

—Eh… —Draco se atragantó con las palabras.

—De nada —sentenció Ginny, sonriendo ante la notoria incomodidad del hombre y terminó añadiendo—: No la cagues, Malfoy.

Draco decidió ir a dar una vuelta con Pansy a los alrededores hasta que fuera hora de que Hermione volviese de esa salida, pero la chica estaba encerrada en la biblioteca estudiando para los EXTASIS porque, en palabras de la propia slytherin, los exámenes no se aprobaban solos. Así que le tocó estar con ella, tomando algún que otro apunte y respondiendo a las dudas que la chica le hacía. Sus padres lo habían educado para estudiar al menos dos horas todos los días porque «un Malfoy no puede ir desinformado a clases» y a esas alturas se sabía de memoria todo el temario de la cantidad de horas que le había dedicado durante el curso.

—Ya son las ocho —murmuró Pansy mientras subrayaba algo del libro de pociones.

—¿Y? —inquirió, ocupado en repasar algunas cosas de Transformaciones.

—Que Granger debe estar a punto de llegar.

Draco hizo un sonido afirmativo, pero se mantuvo leyendo el libro mientras hacía algunas pequeñas notas aclaratorias o simplificaba algunas explicaciones que estaban demasiado enrevesadas en el tomo.

—Draco —volvió a llamarlo Pansy—, ¿no ibas a hablar con ella? ¿Por qué sigues perdiendo el tiempo aquí?

—Qué pesada eres —murmuró el chico mientras soltaba las cosas y se levantaba—. Ya me voy, ¿contenta?

Pansy se limitó a arquear las cejas en su dirección antes de volver su mirada a los libros frente a ella. Draco se alejó mientras bufaba, poniendo los ojos en blanco cuando madame Pince le chistó por hacer un ruido mínimo. Salió de la biblioteca y se dirigió hasta la entrada de Hogwarts, encontrándose por el camino con bastantes alumnos de cuarto y quinto así que supuso que ya habrían llegado de aquella salida.

Se encontró con Hermione acompañada de Anthony Goldstein a pocos pasos de él. Ambos hablaban de forma animada mientras ordenaban algunas cosas que tenían en sus manos y recogían los papeles que los alumnos restantes les entregaban. Draco no podía negar que después de la extraña separación entre ellos se había sentido extremadamente cabreado porque no entendía nada y que cuando ese enfado desapareció no quiso ser quién diera el paso para hablar y aclarar las cosas. Sin embargo las semanas pasaron y ninguno de los dos parecía dispuesto a conversar con seriedad y calma, y Malfoy tampoco quería que las cosas entre ellos se terminasen con tanta facilidad después de haber estado casi dos meses rehuyendo de ese «algo» como tanto lo habían llamado.

Esperó pacientemente a que todos se fueran, incluido Goldstein, pero este último no parecía querer alejarse de Hermione y esto quedó confirmado cuando le soltó un «si quieres te acompaño hasta tu sala común» que cualquiera podría haber oído. A pesar de todo, los ojos de Hermione terminaron enfocándose en él y tras unos segundos que parecieron eternos rompió el contacto visual y declinó la oferta de Anthony.

Draco observó con fingida tranquilidad como Hermione se acercaba hasta él, la cara de la chica era tan inexpresiva como la suya y eso ya era un gran augurio de la complicada charla que tenían por delante.

—¿Vienes a hablar conmigo o ha sido una desafortunada coincidencia?

—¿Qué respuesta preferirías? —inquirió él.

Hermione pareció frustrada ante su forma de hablar, pero ya debería estar acostumbrada a la manía que tenía Draco de no contestar las preguntas de forma directa. Lo criaron bajo el lema de «nunca des la respuesta exacta a las preguntas personales, Draco, no sabes qué podrían hacer con ellas» y a pesar de los años y la forma en la que había cambiado, había cosas a las que no estaba dispuesto a renunciar (y tampoco podía).

—¿Voy a tener que soportar todas tus evasivas o vas a contestarme con sinceridad alguna vez?

Draco se mordió la lengua para tragarse el comentario venenoso que quería soltar y terminó suspirando con hastío.

—Quiero hablar contigo —afirmó—. Pero preferiría que fuese en un lugar más privado —miró detrás de ellos— creo que tenemos espectadores.

Hermione se giró de forma muy poco disimulada y arqueó una ceja al observar a Anthony junto a un par de estudiantes más mirando en su dirección. Agarró del brazo a Draco y tiró de él hasta que se perdieron de vista y pudieron llegar hasta una zona despejada; de cualquier forma Hermione esperó con paciencia a que la puerta a la Sala de los Menesteres se abriese y pudieran tener completa intimidad.

—Muy bien, habla —concedió Granger cuando ya estaban en el lugar.

Si Draco estaba nervioso, preocupado o molesto por la situación, no lo demostró. Se sentó en una de las múltiples sillas abandonadas que había en el lugar y esperó a que Hermione se acomodase también. La charla parecía que iba a ser larga y lo mejor era ponerse cómodos.

—Pansy me ha comentado que tu cabreo de hace unas semanas surgió a raíz de una rumor que decía que me iría a Estados Unidos —explicó—. Sinceramente, me cabreé hace dos semanas cuando llegaste y de repente nuestro «algo» sin etiqueta se rompió y me cabreé cuando Pansy llegó hace unos días y me dijo que esa había sido la razón de tu arrebato. Pero supongo que los dos hemos sido un poco obtusos cuando se trata de hablar con sinceridad así que no soy quien para reclamar nada.

—¿A dónde quieres llegar con esto?

—¿Querías ponerle una etiqueta a nuestro «algo»? Entonces vamos a hacerlo —replicó, sin responder su pregunta de forma directa—. ¿Querías saber si tenemos un futuro de verdad? Pues arriesguémonos. Dicen que los Gryffindor son los valientes, ¿no? Yo estoy dentro y no lo soy, ¿lo estás tú?

—¿En qué estás dentro exactamente? —inquirió ella; una parte de Hermione estaba nerviosa ante las palabras del chico. ¿Malfoy realmente quería intentarlo? Sus palabras sonaban como las de una persona que consideraba que había un futuro posible para ellos.

—No te quiero —dijo de repente, y eso descolocó a Hermione—. No voy a decirte dos palabras que sé que no siento, pero estoy dispuesto a intentarlo porque no las veo como un imposible. Siento algo por ti que no tendré la osadía de clasificar como amor, pero sé que es lo suficientemente real como para querer intentarlo. Mi pregunta es: ¿tú estás dispuesta a tomar el riesgo o no?

Hermione inhaló profundamente y clavó sus ojos en Draco; parpadeó repetidas veces, tensa y analizando con detenimiento las palabras del chico. Ella tampoco estaba enamorada de él, pero sí que había algo, una atracción inefable que antes no había estado ahí y que había sido la principal causante de todo lo que había sucedido entre ellos. Sin embargo no sabía que responder.

Draco esperó pacientemente a que la chica dijese algo, después de todo la suerte estaba echada.