Capítulo 11: Sol lucet omnibus (El Sol brilla para todos).
Hermione tomó una profunda respiración y sonrió ligeramente mientras se apoyaba un poco más en la mesa y miraba a Draco, ladeando la cabeza antes de contestar a la pregunta que le había formulado.
—Sí, supongo que estoy dentro.
Draco también sonrió y se acercó varios pasos hasta ella, quedando a escasos centímetros de su cuerpo. Hermione se acomodó mejor y observó al rubio con tranquilidad. Las cosas entre ellos no habían quedado del todo claras, seguían teniendo un «algo» sin etiqueta y sin un futuro claro, seguían en ese punto de semanas atrás; sin embargo algo dentro de ellos le decían que de alguna manera todo era mucho más claro y que su «algo» era más fuerte.
—No me voy a Estados Unidos —comentó él tras varios segundos—. Rechacé la idea cuando me dijiste que Potter podía ayudarnos a Pansy y a mí.
—¿Por qué? —inquirió.
—Porque Londres es mi hogar, he crecido aquí y, aunque pocos, algunos de mis amigos están aquí. Estados Unidos era solo mi escapatoria si las cosas salían mal, pero creo que estoy comenzando a ser un poco más optimista con respecto a lo que podría pasar.
—Estoy segura de que Harry encontrará una solución —murmuró ella de forma distraída mientras subía sus manos por los brazos de Draco hasta enredarlas en su cuello—. Sabes que no hemos tenido una conversación seria en el sentido estricto de la palabra, ¿verdad?
—Granger, las cosas entre nosotros poco tienen de convencionales, dudo que sentarnos a hablar con seriedad en este instante sea algo factible. —Ella sonrió, asintiendo de acuerdo con sus palabras—. Ya tendremos tiempo de eso.
—¿Hemos vuelto a los apellidos? —replicó Hermione con una risa ligera—. Qué inesperado por tu parte, Malfoy, pensaba que habíamos superado esa etapa.
Draco murmuró algo por lo bajo que no llegó a entender pero todo eso perdió sentido cuando los labios finos del chico chocaron con los suyos y las manos de Draco se posaron en su cintura. No habían tenido la conversación que debían y las cosas seguían en una línea difusa para ambos, pero en ese instante, en ese preciso momento, estaba bien.
Hermione recibió una carta de Harry citándola en las Tres Escobas unos días antes de que llegasen los temidos exámenes finales. Había estado las dos últimas semanas estudiando sin parar con Malfoy, cabreada ante su falta de interés y sus aparentes conocimientos de todas las asignaturas, aunque teniendo en cuenta la rutina de estudio del rubio desde el primer día no le sorprendía verlo así.
Después de dar una vuelta con Ginny, Pansy y Draco por los alrededores del pueblo fue a reunirse con sus amigos en el local. Harry y Ron ya estaban allí cuando llegó, esperándola con una cerveza de mantequilla para ella y en una zona más apartada que el resto para hablar con tranquilidad. Se sentó junto a ellos después de darles un pequeño abrazo y tuvieron una conversación algo trivial para destensar ese extraño ambiente.
—Hemos conseguido una vista para que reabran el caso de Parkinson y Malfoy a principios de julio —comentó Harry tras unos segundos—. Si todo sale bien, solamente tendrás que hacer un par de servicios a la comunidad en San Mungo y en algunas zonas que todavía no se han restaurado tras la guerra pero no tendrán que renunciar a la magia.
—Genial —suspiró ella, feliz—. Eso es… genial. Es increíble, Harry, muchísimas gracias.
—No debes agradecerme nada, Hermione —murmuró él—. El trabajo ha sido de Gates, mi supervisor, él me ha ayudado en todo.
—Pareces particularmente contenta con la noticia —comentó Ron, con sus ojos analizándola. Si algo había notado Hermione en el último año es que su amigo parecía mucho más maduro y centrado—. ¿Algo que debas contarnos?
—Estoy con Malfoy. —Sus palabras fueron simples y directas, casi una burla en comparación de sus conversaciones con Malfoy—. Tenemos un «algo» poco definido y con un futuro borroso, pero tenemos algo y eso nos parece suficiente.
Observó el semblante neutral de Harry y el ofendido de Ron, aunque ninguno parecía cabreado, simplemente algo decepcionados, pero fue suficiente como para que Hermione sintiese un ligero malestar ante causar eso en sus mejores amigos.
—¿Y de dónde se supone que ha salido esa relación, Hermione? —terció Ron, se podía notar lo desagradable que le parecía la idea—. ¿Acaso te has olvidado los últimos años de burlas y comentarios malintencionados?
—Nosotros no éramos mucho mejores, Ronald —replicó ella—. No he olvidado nada, ni siquiera te voy a soltar el discurso de que me he dado cuenta estos meses de que ha cambiado porque sigue siendo un imbécil en algunas ocasiones y es bastante cerrado así que no te aseguro cómo es realmente, pero sé aceptar que hay un «algo» entre los dos y que lo aceptamos. —Frunció el ceño, contrariada al ver al pelirrojo negar—. No estoy enamorada de él, chicos, pero eso no me va a echar para atrás para darnos una oportunidad.
Sus últimas palabras sorprendieron a ambos chicos, que la miraron completamente atónitos. Hermione era consciente de que sus amigos iban a estar reticentes con la idea, pero terminarían apoyándola en su decisión. Los tres habían tomado decisiones equivocadas y decisiones que los otros dos no terminaban de aprobar y aun así había seguido adelante con las mismas; la apoyarían, con sus miradas tensas y sus sonrisas forzadas, pero aceptarían su «algo».
—Supongo que si las cosas entre ustedes están bien —comenzó Harry—, tampoco puedo quejarme. Él sabe que si te hace daño lo matamos, ¿verdad? —Hermione asintió—. Entonces creo que te debería dar mi «espero que todo os vaya bien» y mi apoyo incondicional como amigo.
Hermione sonrió cálidamente y miró a Ronald, esperando por sus palabras.
—Eh, sí, supongo que lo mismo de Harry —suspiró él, enredándose con las letras—. Pero no esperarás que lo invite a la cena de Navidad, ¿verdad? —preguntó Ronald tras varios minutos en un silencio que se dibujó eterno.
Hermione soltó una suave risa mientras Harry ponía los ojos en blanco, las palabras de Ron habían sonado demasiado sinceras y preocupadas para ser tomadas como una simple broma para romper el mal ambiente.
—No, Ronald, no te obligaré a invitarlo a ningún sitio. De cualquier forma dudo que Draco aceptase la propuesta.
—¿Os tuteáis? —cuestionó Weasley completamente sorprendido ignorando el resto de su oración—. ¿Qué has hecho estos meses aparte de estudiar?
Harry y Ron se miraron entre ellos y comenzaron a reír. La chica sabía que todavía había un camino muy largo por delante antes de que Harry, Ron y Draco pudiesen tener una relación cordial pero por ahora se conformaba con saber que podía contar con ellos.
—¿Por qué estás tan nerviosa? —inquirió Draco cuando vio a Hermione moviendo su pierna derecha de forma frenética—. Te has pasado las últimas semanas con la nariz hundida en libros, dudo mucho que suspendas algo.
—Necesito las mejores notas para poder acceder a los estudios de medimagia, Draco —replicó ella de forma feroz—. No me digas que no esté nerviosa cuando estoy histérica, eso es como decirle a una persona sedienta que no beba agua cuando se la ofrecen.
—Aunque sacases tres notas bajas tus actividades complementarias en el curso y tu historial te hacen entrar de las primeras en la carrera —terció él con suavidad—. Deberías preocuparte por cosas más realistas como la casa en la que vivirás para ir al hospital o por qué no me has regalado nada por mi cumpleaños.
—¿Sigues con esa estupidez? —cuestionó ella, poniendo los ojos en blanco. Draco llevaba varios días reclamándole eso—. Estábamos en malos términos, no debía darte ni un saludo. Además, tus preocupaciones deberían estar enfocadas en las notas o el juicio dentro de varios días.
—Para ponerme nervioso por las notas te tengo a ti y para el juicio tengo a Pansy, entre las dos tenéis suficiente histeria para cubrirme.
—Imbécil —rumió por lo bajo.
Draco se echó a reír, pero su risa fue interrumpida por el sonido de una de las hermanas Patil gritando que ya estaba la lista con las notas. Hermione fue corriendo a revisarla, abriéndose paso entre la gente y soltando un gritito feliz al ver sus calificaciones, después volvió hacia él con mala cara.
—¿Qué?
—Tus notas han sido perfectas —comentó.
—Lo sé. —Hermione puso los ojos en blanco mientras Draco se acercaba hasta ella—. ¿No me merezco un premio?
La chica le golpeó el hombro, murmurando un «idiota» por lo bajo pero no se negó cuando Draco unió sus labios y acalló sus insultos.
El tren a King's Cross estaba a punto de salir. Hermione hablaba con Neville y Ginny mientras los demás cursos entraban en el ferrocarril; Longbottom iba a estudiar Herbología en una academia en Londres mientras que Ginny iba a prepararse para las pruebas de las Arpías de Holyhead así que no iban a verse mucho ese verano.
—Por ahí llega tu querido algo, Hermione —se burló Ginny—. ¿Te guardamos un sitio o te sentarás con él?
—Guárdame un sitio —comentó sin darle importancia a su pullita.
Neville y Ginny se adentraron el tren tras intercambiar un par de palabras más y Hermione se acercó hasta Draco. Ambos se miraron fijamente, sin necesidad de decir algo para entender el sentimiento de nostalgia que acogía sus cuerpos ante la idea de abandonar de forma definitiva el lugar en el que habían pasado los últimos años de su vida.
—¿Estás listo?
Draco parpadeó en su dirección y sonrió ligeramente, esa sonrisa ladeada que Hermione había aprendido a apreciar. Lo vio asentir antes de lanzarle una mirada rápida a Pansy y Daphne que subían en ese instante al tren. Su mano terminó enlazándose con la de Hermione mientras daba el primer paso para alejarse de Hogwarts y adentrarse en el tren que de alguna forma representaba el camino a su nueva vida.
—Sí, estoy listo —murmuró y Hermione le sonrió antes de comenzar a caminar junto a él.
Sus dedos se apretaron con más fuerza, reforzando el agarre mientras subían al vagón, después de todo ambos habían aprendido que a pesar de todas las cosas malas que sucedían y los obstáculos que pudiesen surgir, el Sol brillaba para todos.
