RANMA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSION, PERO LA TRAMA SI ES MIA
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CUANDO LAS PALABRAS SOBRAN
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CAPITULO 18- FINAL
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Akane no durmió lo que quedaba de esa madrugada. Había visto a Ranma, casi no pudieron cruzar palabra, pero de alguna forma, él había venido a mostrarse a ella ¡qué bien que la conocía!, él había supuesto que ella quedaría destrozada de no verlo y se había ingeniado.
Obviamente el muy tonto no había cambiado nada. Seguía siendo imprudente y torpe como para dejarse atrapar por la policía. Akane sonrió, sonrojándose, porque en aquel corto encuentro con Ranma, lo había encontrado extremadamente guapo, a pesar de los jirones de ropa y de no estar completamente limpio. Siempre había sido atractivo, eso no podía negarlo, pero el aire de adulto que iba adquiriendo le daba un estigma de madurez, muy varonil e interesante.
Es que era algo que ella no podía negarse más. Estaba enamorada de Ranma. Lo sabía desde antes; ese hombre era su marido y también, pese a todas las locuras que lo rodeaban, él que la hacía feliz.
¡Lo había extrañado mucho!, y el corto encuentro lo confirmó. También estaba expectante de ir a la estación de policía a la mañana a por Ranma, como le había dicho el policía, es por eso que no podía conciliar el sueño, por la expectación que eso le causaba.
Fue solo en ese momento, que se dio cuenta de un detalle. Habia descubierto que le habían sustraído el celular hace un rato. No era muy bonito ni algo muy sofisticado, pero había sido el teléfono que Ranma le había obsequiado. Eso le daba un valor muy especial por sobre cualquier otro objeto que le habían robado en el día de hoy. No había tenido tiempo de lamentarse lo suficiente por su perdida.
Se levantó para mirarse en el espejo del baño. Se veía realmente mal. Tal vez debería intentar dormirse para que Ranma no la viera tan demacrada y ojerosa. Aunque si lo pensaba bien, ya lo había hecho. Igualmente, no quería lucir fea para él. Así que procuró arrojarse a dormir un poco.
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¡La había visto en persona luego de tanto tiempo!
Ranma estaba en efecto, dentro de la celda temporal donde la policía lo había metido. Pero en absoluto le resultaba incomodo, mas luego de haber podido ir junto a Akane. Verla en persona, había sido lo más satisfactorio que le había ocurrido en mucho tiempo, porque llevaba tiempo anhelándola. Muchos podrían pensar que él estaba viviendo su sueño, ganando dinero con su talento y respetado por ello, pero nada de eso se comparaba con el calor de verdadero hogar que percibió en Akane. Casi ni habían hablado, solo lo típico, con algún regaño. Si la notó muy cansada, quizá por todo el trajín que había pasado en el aeropuerto, pero seguía luciendo tan bonita como la recordaba.
Se sonrojó al pensar en esto, pero como hubiera querido poder abrazarla. O hasta darle un beso, aunque esto luego le valiese un coscorrón por su indecencia. Pero vaya que hubiera valido la maldita pena.
Se durmió pensando en eso. En pocas horas, tendría a Akane solo para él. Como debería de ser. Como debió haber sido todo este tiempo.
Entrecerró sus ojos, para dormirse unos minutos, antes que lo despertara el puntual ruido del oficial que traía el desayuno a la celda.
─Saotome, a las ocho estará listo su acta de liberación. Espero que luego de eso, ya no volvamos a sorprenderlo haciendo esos saltos, eso está bien para la televisión, pero no para las calles ─escrutó el serio oficial, dejando la bandeja del desayuno.
Ranma no le respondió, porque se había desilusionado al ver que había despertado por este sonido, y no porque ya lo liberaban.
Miró la bandeja, luego de que aquel hombre hubiera salido. Era un desayuno típico americano. No era en absoluto lo que tenía pensado, asi que lo desechó. No descartaba que pudiere desayunar con Akane, con algo tradicional japonés, como hace mucho que no disfrutaba. Aunque fuere algo tarde, no importaba, al menos ese plan no pensaba dejarlo ir.
Había planeado ese desayuno con mucha antelación. Todos los ingredientes los tenía en el departamento, con toda la intención de sorprenderla, porque se suponía que iba a ser su primera comida, luego de su primera noche juntos, en mucho tiempo. Por los líos en los que se metió, no pudieron pasar aquella noche juntos, como habría deseado.
Pero esta noche, ella ya no se le iba a escapar. Habían salido mal algunas cosas, pero eso no significaba que todo tendría que seguir por esa misma senda.
De tanto planear aquello, el resto de hora que aún le quedaba en aquella celda, pasó volando. Finalmente vino el oficial, abrió la celda y le señaló a que fuera por sus cosas en la mesa del ayudante.
─Estas libre, Saotome.
Ranma suspiró feliz. Fue junto al hombre de la mesa, firmó algunos documentos y ellos le entregaron una bolsa con sus pertenencias, como eran la billetera, sus llaves y el teléfono. La celular tenía la batería descargada.
Cuando salió afuera, dispuesto a tomarse un taxi y buscar el hotel de Akane, se encontró con la sorpresa de que ella lo esperaba afuera ¿Cómo había podido llegar hasta ahí, sin tanto dinero?
Ranma no lo dudó y cruzó junto a ella.
Había estado pensando que al final su esperado encuentro no debería de ser tan difícil, pero se encontraba con que las cosas solo eran simples en su cabeza. Ahí estaba ella, ojerosa todavía, pero era la Akane de sus preocupaciones.
─Viniste…
Ella sonrió, pero intentó dominar su semblante. Sacó autosuficiencia de algún lado, para tapar la inmensa emoción que le embargaba.
─Pues claro que he venido. Tienes que pagar el taxi que me trajo aquí.
Fue allí que Ranma notó que ella estaba parada junto a un taxi que la estaba esperando a ella. Como no tenía el dinero para pagarlo, había hecho un trato con el conductor, de que la persona que esperaban, iba a abonar por el servicio.
─Claro…espera un segundo ─murmuró Ranma, sacando la bolsa, y pagando al hombre, que reanudó su marcha, luego de haber cobrado el trabajo.
Solo quedaron Ranma y Akane, parados en la acera del frente de la estación de policía, donde él había estado preso toda una noche.
Se quedaron mirándose. Parecía que en cualquier momento iban a decirse algo, el resto del mundo había desaparecido para ellos.
─ ¿Ya desayunaste? ─preguntó el joven. No sabía muy bien que decirle a su mujer. La conocía tanto, pero los meses de lejanía, habían provocado que se sintiera vergonzoso hasta de hablar.
─No…vine aquí en cuanto pude, como dijiste que hoy te liberaban temprano ─en voz baja, porque Akane tampoco estaba exenta de los mismos sentimientos que embargaban a su marido.
Pero Ranma cobró valor.
─El departamento donde vivo no queda lejos. Ahí tengo todo para un buen desayuno ¿vamos? ─lanzó él, con una sonrisa tímida, y tocándose la cabeza.
Ella le devolvió la sonrisa y asintió.
Era verdad, el departamento solo estaba a pocas cuadras del lugar.
Sería muy bonito poder caminar juntos. Como antes, cuando vivían en Nerima.
Caminaron unas cuadras en silencio, aunque el ruido del exterior de todos modos les impediría poder conversar. Akane miraba alternativamente entre Ranma y las calles de aquella enorme ciudad, que estaban lejos de ser como la de su ciudad.
─ ¿Cómo van…las cosas en la universidad? ─se animó finalmente Ranma a preguntar.
─ ¿Qué dices?, no te oigo nada ─se disculpó Akane, haciendo gestos con la mano en la oreja.
Hubiera sido un gesto en vano, así que a Ranma se le ocurrió algo intrépido. No en vano, había estado viviendo en un sitio, donde había adquirido un poco más de mundo. Bueno, eso era lo que él se figuraba.
Hizo un gesto tembloroso, de pasarle la mano izquierda a Akane. Eso la sorprendería, por ser este un lugar público. Akane parpadeó confusa, pero finalmente sus pensamientos se escudaron en que no había nada de malo. Ese hombre era su esposo y la estaba guiando.
Pero justo cuando iba a coger esa mano, que se le figuraba cálida, un gentío de niños, vestidos con uniformes de chicos exploradores, apretujados y alegres, los cruzaron, cortando la unión de manos que se gestaba entre la pareja. Era una acera muy concurrida y ruidosa.
Finalmente desistieron de su cometido, cuando Ranma le indicó que habían llegado ya al edificio donde él vivía. El muchacho sacó sus llaves y entraron finalmente, haciéndole un gesto presuroso a Akane, de que entrase, antes de que algún distraído en el gentío no la arrastrase o la perdiese de vista.
Cuando finalmente entraron, Ranma suspiró de alivio.
Por fin, solos y en paz. Ahora ya nadie podría interponerse entre ambos.
Akane se sacó los zapatos, apretando su pequeña cartera en las manos, sorprendida del hermoso lugar. Solo había visto casas así por la televisión o en las revistas americanas de Nabiki.
Le pareció muy sofisticado en comparación a la humilde casa de los Tendo, donde su esposo vivió antes. Se preguntaba, si él alguna vez podría volver a acostumbrarse a un sitio lúgubre como ése, en comparación del esplendoroso apartamento tan moderno.
─Vamos, pasa…Akane ─la invitó él, entrando primero, para dejar su billetera, sus llaves y el teléfono sobre la mesada.
─Ranma…esto es hermoso…
─ ¿Eh?, sí. ─respondió él mientras sacaba algunas cosas de la nevera y de unos cajones de la cocina. Quería sorprender a su mujer, con el desayuno japonés─. Ponte cómoda, estoy buscando algo que desayunar
Akane se paseaba por las estancias del apartamento. No era enorme, pero si practico y bonito.
La alfombra, las ventanas, los detalles de la pared, los sillones del comedor, el baño, aunque era precioso, sí que le pareció muy peculiar, porque no tenía las tinas enormes y lugares para sentarse, que eran tan propias de los grandes baños en su país natal.
Pero cuando llegó al dormitorio, sí que le ganó un apremio. Ella conocía el concepto occidental de los dormitorios, porque ella misma tenía una cama así y no acostumbraba a usar futones, pero esta cama sí que era bonita y suave.
La muchacha paseó su mirada por todo el lugar. Íntimo y pequeño. Y con aroma a Ranma, no era un perfume propiamente dicho, sino el olor que tanto asociaba a su marido. La cama estaba ligeramente deshecha y no pudo evitar, tocarla ligeramente con una mano.
Había tanto que quería decirle a Ranma y no estaba segura de como hacerlo. Había extrañado tanto tener la intimidad de un espacio personal para ambos, que no pudo evitar que una melancólica lagrima se le colara.
Se la limpió de inmediato, cuando oyó que su marido la llamaba.
Corrió a presentarse al comedor, que también fungía de cocina y sala, perfectamente separada. Al llegar, se sorprendió al ver la mesa lista.
Platitos de sopa de miso, arroz blanco, pescado y trozos de encurtido.
─Mira lo que he conseguido. No sabes lo difícil que es conseguir algunas cosas aquí, ya las había preparado el otro día, así que solo las he recalentado, espero te guste ─la invitó él, orgulloso de lo que había hecho.
Akane tomó asiento en la cómoda silla. Se llevó a la boca un trozo de pescado con arroz, con cierta aprehensión porque Ranma no le quitaba los ojos de encima, pero finalmente perdió la vergüenza, y el hambre ganó batalla, así que se llevó todo a la boca.
Ranma sonreía. Siempre estuvo seguro de sus dotes culinarias, pero no le interesaba impresionar a ninguna otra persona que no fuera ella.
─Cielos, Ranma…esto está muy bueno ─masculló Akane, tragando ─. Aunque sí que le falta un poco de frescura, pero está muy bueno.
─Oye, no seas grosera. Aunque, de todas formas, pienso que sigo cocinando mejor que tu ¿o has mejorado eso? ─preguntó, él, con ganas de bromear, ya que las últimas palabras de ella, la alentaron a eso.
─No cambias lo baboso ¿no?
─Te lo has buscado tú.
─Todo es mejor, en comparación al horrible tentempié que comí en el aeropuerto.
Al oír eso, de inmediato, la culpabilidad se hacía mella en él. Había sido su culpa que ella hubiere pasado tan malos ratos.
El bajó su tazón de arroz.
─Escucha, Akane…quisiera disculpar...─pero no completó la frase, porque el timbre empezó a sonar ─. Vaya, ¿Quién podría ser?, espera, ya vuelvo ─le indicó a su esposa, mientas él se levantaba a ver de quien podría tratarse.
Cuando abrió la puerta, un hombre trajeado, entró de golpe.
─Cielos, ¿Dónde rayos estabas?
Era Chang, el representante japonés que le asignaron para que no tuviera problemas con el idioma.
─ ¿Pero qué dices? ─adujo Ranma, con mucha sorpresa de ver a ese hombre ahí.
─Te estuve llamando, y tenías el teléfono apagado. Tienes un compromiso con el sponsor de las bebidas energéticas ¿acaso lo habías olvidado? ─reclamó el hombre, aunque cuando reparó en la menuda mujer que lo veía extrañada desde la mesa, bajó los decibeles de su voz.
─Chang, te presento a mi esposa Akane. Ha venido de Japón
Ella se sonrojó, pero se levantó de inmediato de la silla, para hacer una reverencia.
─Un gusto, soy Chang, y soy el representante de su esposo ─mirándola con sorpresa. La esposa de su representado, lucia mucho más joven de lo que imaginaba. El hombre no era malo, pero si se consideraba alguien responsable, y aunque no quería arruinar el reencuentro de aquella pareja, él tenía un compromiso y Ranma lo sabía.
─ ¡Demonios!, olvidé que hoy teníamos la publicidad del refresco ─adujo el muchacho, nada feliz de recordar eso
─Te esperaré allí abajo ─mencionó Chang, antes de hacerle un saludo cordial con la cabeza a Akane.
Cuando la muchacha se cercioró que Chang ya había salido, fue tras su marido que había ido a cambiarse a la habitación. Lo oyó maldecir.
─Pero ni siquiera acabaste tu desayuno ¿Qué es eso de la publicidad de los refrescos?
─Pues firmé un contrato publicitario con una empresa que me patrocina y había olvidado por completo, que la filmación del comercial era hoy ¡rayos! ─se lamentaba mientras se quitaba la camisa y se cambiaba por otra, bajo la atenta mirada de Akane, quien estaba azorada por dos motivos: hace mucho tiempo que no veía a Ranma cambiarse de ropa y que esto significaba que iba a dejarla sola.
Se le ocurrió que debía reclamarle por esto, pero Akane no era ingenua y sabía que Ranma no lo hacía a propósito.
─Entonces ¿me vas a dejar aquí? ─se animó a preguntar Akane, finalmente.
Ranma pareció recobrar el sentido y darse cuenta que estaba abandonando a su esposa, nuevamente.
Se acercó a ella y cobrando valor de algún sitio, posó una mano sobre la mejilla de ella.
─Lo siento mucho…pero prometo volver luego de terminada la sesión. No tardaré mucho ─con esa voz que solo le salía a Ranma en momentos como aquellos.
Ella enrojeció con el contacto, pero también se animó con aquellas palabras. ─ ¿Lo prometes?, es que no tengo más ropa.
─Puedes usar de las mías, si quieres. Al volver, iremos a comprarte ropa. Seguro que encontraremos talla para una chica como tú ─aguijoneó, bromista él
─Sabes que puedo darte una paliza por eso ¿verdad?
─Lo sé ─respondió él, absorto viéndola tan de cerca. Ya no pudo evitar acercarse para besarla, tocando los labios de ella, por primera vez en mucho tiempo.
El beso también había sorprendido a Akane. No esperaba aquella acción tan repentina, y hasta se diría que algo impropia de Ranma, pero a él también le había ganado la nostalgia y el deseo de besarla. Como antes, cuando vivían juntos, donde también imperaba las escasas ocasiones de demostrarse un poco de lo que sentían el uno por el otro.
Soltaron el suave contacto.
Ranma cogió un bolso, y acabó saliendo, sin mirar atrás. Mientras Akane se quedaba en la casa, a esperarlo, como había prometido.
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Akane aprovechó para abotonarse una camisa de él y ponerse un pantalón de los que había encontrado en el armario.
No encontraba nada que pudiere hacer, ya que el sitio estaba muy limpio, así que se dedicó a lavar los trastos del desayuno, para luego secarlos y finalmente, luego de ciertas dificultades para encontrarles sitio, guardarlos en la alacena que le correspondía.
Acabó sentándose, luego de terminar la faena.
─Se ve que ese ese bobo se esmera por tener el lugar limpio. Por cierto, nunca me dijo que hora volvería. No sé si debería de preparar la cena.
Eso le hizo pensar en que quizá sí debería a ponerse con aquello. Ya que Ranma llegaría cansado de aquel sitio y con bastante hambre. Siempre había sido un tragón.
Pero cuando iba a ir a rebuscarse en la cocina, notó varias revistas sobre un rincón.
Todas eran unas que cubrían aquel evento televisivo donde Ranma participaba y que ella nunca había tenido oportunidad de ver. Por lo que pudo entender, muchas presentaban un elogio muy interesante para Ranma, y que era uno de los favoritos del público, ya que aparentemente era un chico que no aparentaba mucha fuerza, pero en realidad sí que la tenía.
Akane se sonrojó en la parte donde mencionaba que el muchacho también el favorito de la platea femenina.
¡Vaya!, ese detalle, él nunca se lo había contado a ella.
Al final Akane acabó cerrando las revistas.
Ranma lo tenía todo aquí, así que era perfectamente entendible que ya no quisiera volver jamás a Nerima. Tenía éxito y podía practicar a sus anchas en su especialidad.
Prefirió no volver a pensar en aquello, y fue a cocinar la cena. Esperaba poder encontrar los ingredientes suficientes para cocinar algo que supiese.
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Las horas de grabación se habían extendido demasiado. Ranma no estaba muy a gusto con aquello, más cuando sabía que había dejado a su esposa sola en un departamento que no conocía y además recordaba que ella no tenía un teléfono, porque el suyo lo había perdido.
─Saotome, unas fotos más y estamos listos
─ ¿No creen que ya son suficientes? ─preguntó, mirando el reloj de pared de la sala.
─Saotome, las fotos fueron el compromiso pactado ─señaló Chang, con el rictus serio ─. Y debes quedarte hasta que las fotos puedan servir para el evento publicitario.
Ranma no tuvo más remedio que seguir en aquello. Así que cuando salió, ya eran más de la diez de la noche. No estaba seguro de que hubiera alguna tienda de ropa, que estuviere abierta, ya que le había prometido comprarle ropa a su esposa.
Tomó un taxi, porque ya no quería volver a tener problemas con la policía, por andar de saltarín y salió disparado al departamento. Y al llegar, subió a trompicones, sacó sus llaves y se anunció.
─Ya estoy en casa…─con una sonrisa, no exenta de preocupación
Pero, sin embargo, nadie respondió.
─ ¿Pero ¿dónde estará?
No tardó en recibir respuesta. Encontró a su esposa, dormida en el sofá.
Su nariz también lo guió a la cocina. Sobre la mesa, tapadas con un mantel, había huevos cocidos con arvejas y un salteado de verduras con queso.
Olían muy rico. Akane había mejorado su técnica de cocina, y eso le hizo sentir íntimamente orgulloso. No pudo evitar llevarse un trozo de los huevos, mezclado con las verduras para la boca.
─Retiro lo dicho…─ con la cara petrificada, escupiendo lo que había intentado tragar. El aspecto había mejorado, pero el sabor seguía siendo horrible. Pero se sintió muy halagado por todo el esfuerzo de ella, quien había acabado rendida en el sofá.
Se volvió a acercar, para poder cargarla y llevarla a la habitación. Ya no valía la pena despertarla. Merecía poder descansar.
Al hacerlo, y tenerla entre sus brazos, el aroma suave de Akane le entró por las narices. Se notaba que se había bañado y al no tener ropa, se había puesto un pijama de Ranma. Otro punto menos para él, quien le había prometido que saldrían de compras.
Cuando la bajó en la cama e iba a cubrirla con la mano, ella le atrapó una mano.
─Ranma…
─ ¿Te desperté? lo siento mucho
─Eres un bobo… ¿Por qué tardaste tanto? ─balbuceó la joven, adormilada.
─Las sesiones se extendieron más de la cuenta. Pero te prometo que mañana será diferente, te llevaré a conocer la ciudad. Hay mucho que deseo mostrarte ─propuso Ranma, sonriendo ligeramente. Pero Akane no lo soltó, sino que le estiró hacia ella, haciendo que el muchacho cayera sobre ella.
Había sido una acción instintiva. Algo que había querido y anhelado hace tiempo, y ahora materializada, ante la posibilidad que tenía ahora, por tener a Ranma frente a ella.
─Akane… ─Ranma estaba azorado y enrojecido por la actitud de ella. Pero tampoco tenía intención de seguir negándose a aquello. Nunca podría, aunque quisiera.
Aplastó los labios de aquella mujercita, como su instinto se lo indicaba. Paseó sus manos por aquellos hombros, besó ese hermoso cuello blanco y acarició su cintura, por encima de la ropa.
No le costó trabajo, desatarle el nudo de la yucata, para comprobar ruborizado que no tenía ropa interior. Era como desenvolver un regalo precioso, al cual él tenía mucha hambre de probar.
Ella no se quedó atrás, a pesar de las increíbles sensaciones de las manos y los labios de él en su cuerpo, así que desabotonó la camisa del muchacho y no tardó en abrirle el zipper a sus pantalones.
Ranma hubiera deseado poder entretenerse un poco más, pero la clara invitación de ella, al quitarle esas prendas, eran una señal inequívoca de que ahora no estaban para muchos juegos. Ella lo deseaba y él a ella.
Le separó las rodillas con una pierna y se hundió en la gloria de la piel de ella, quien la recibió gustosa y feliz de volver a sentirse una sola con su amado esposo. No habían tenido mucha oportunidad de hacer el amor a lo largo de su matrimonio, pero las pocas ocasiones habían sido suficiente aprendizaje para ambos.
Había sido un camino intenso de descubrimiento y ahora que llevaban tiempo separados, pues la sensación de placer era mucho mayor.
Ranma pensaba en cómo había sido capaz de sobrevivir solo en este continente sin ella. En cómo había añorado su boca y que su piel estaba más tersa de lo que recordaba.
Como estaban solos, ahora sí que podían permitirse gemir todo lo que querían. No podían avergonzar a nadie, asi que se entregaron sin miramientos a aquel placer.
Minutos después, cuando Ranma salió de ella, satisfecho y feliz, ella no pudo evitar abrazarlo con ganas.
─Desde que te vi…he tenido ganas de hacer esto ─murmuró él
─! ¡Eres un pervertido!
─No más que tu ¿no te parece?, lo dejaremos como nuestro pequeño secretito ─anunció él, besándole la frente a ella, y arropándola con muchas ganas, correspondiendo con delicia al abrazo de Akane.
Ella sonrió.
─Mañana si te quedaras aquí ¿verdad?
─Siempre y cuando, prometas no volver a cocinar
Ella le dio un coscorrón en el brazo.
─Está bien, está bien. Y no te preocupes, que arreglé todo para tener la semana libre y pasarla contigo. Ya sabes que aún tenemos la misión imposible de encontrarte ropa ─bromeó él
─Si no estuviera tan cansada…te haría pagar tus palabras
Él tuvo una idea y volvió a ponerse encima de ella.
─ ¿En serio estas muy cansada?
Akane se ruborizó hasta la punta de sus cabellos. ¿Desde cuándo este bobo había perdido tanto de su timidez?
Pero como siempre, ella no podía resistirse a él, y bajó la guardia, como guía a él, de que podía hacer con ella, lo que quisiera.
Volvieron a hacer el amor durante esa madrugada. Más pausada y tranquilamente, como si la luna los estuviera vigilando en aquella faena de reencuentro.
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Akane despertó, gracias al aroma que le entró por las narices.
Seguro Ranma estaba cocinando el desayuno.
Generalmente despertaba por las mañanas por la claridad que emanaba de las cortinas y porque su reloj biológico así se lo mandaba cuando estaba sola, pero esta vez además de estar agotada físicamente, todavía no se acomodaba al jet lag de la diferencia horaria.
Sonrió al recordar, que cuando dormían con Ranma allá en Nerima, ella solía despertar, gracias a las malas posiciones del muchacho al dormir, que siempre derivaba en una pequeña pelea matutina.
Fue al baño, y agradeció que su marido le había procurado un cepillo de dientes.
Se puso la yucata que estaba en el piso, porque había dormido desnuda y fue a la cocina.
Se maravilló con lo que vio.
Pescado, sopa de miso, arroz y unos panes de apariencia deliciosa. También había té, que por su aroma, supuso que eran de naranja.
Su esposo había hecho el esfuerzo de volverle a procurar un desayuno japonés.
─ ¿Tu hiciste todo esto?
Él se volteó, ya que estaba en la faena de saltear unas verduras.
─ ¡Ah!, hola Akane, ya despertaste, pasa y ponte cómoda
Ella le hizo caso, obnubilada por el rico aroma
─Pensé que ibas a dormir otro poco ─adujo ella, llevándose una taza de té a la boca
─ ¿Y arriesgarme a que cocines algo tú?
─ ¡Tú sigues siendo el mismo grosero de siempre!
─Pero te gusto ¿no?
─ ¡Cállate!, eres un bobo
Él acabó su faena llevando la bandeja con las verduras. Para poder mezclarlas con el pescado a la parrilla y desayunar con ella.
─Tengo que confesar que extrañaba comer algo así. Generalmente por mi escaso tiempo no puedo cocinar y no tengo más remedio que comprar por allí. Y todavía no me adapto por completo a los desayunos occidentales ─explicó Ranma, mientras devoraba con fruición.
─Entonces hoy estas libre ─afirmó Akane
─Toda la semana. Me lo deben ─manifestó el muchacho, feliz de haber obtenido aquel trato con Chang. Un trato de palabra.
─ ¿Podemos recorrer la ciudad?
─Claro que lo haremos. Hay un par de cosas que quiero enseñarte
Akane sonrió. Iban a tener una autentica cita, solos en esta ciudad. Iba estar solos, como casi nunca habían estado. Le emocionaba saber que iba a compartir con Ranma, tenía muchas ganas de contarle de Nerima y las vivencias de allá, aunque no estaba del todo segura, si esos relatos serían tan emocionantes como las que él podría tener viviendo en una gran ciudad como esta.
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Luego de terminar de lavar los platos, el timbre sonó y Ranma fue a atender. Como esperaba, era el portero del edificio que le había hecho el favor de conseguirle a Ranma, una muda de ropa femenina.
─Se lo encargué al portero. Es japonés, como nosotros, solo que el emigró aquí hace muchos años. Es que su esposa tiene una tienda de ropa y pues se lo mandé pedir. Espero te guste, al menos te servirá para salir y hasta que encontremos más ropa para ti.
Era un vestido amarillo, muy bonito y bastante del estilo de Akane. La tendera había sido muy hábil al escogerlo, luego de oír las descripciones de Ranma.
Akane se puso muy contenta, porque al fin tendría algo decente que ponerse. Mientras corría al cuarto a cambiarse, el timbre volvió a sonar.
Cuando Ranma fue a ver, ya las cosas no eran nada agradables. Era Chang y venía a por Ranma.
─ ¡Pero si llegamos a un acuerdo de que esta semana tendría la agenda liberada!
─Las cosas no son tan sencillas… ¿crees que las cosas pueden negociarse tan fácil con la producción del programa de televisión?, sabes que esto es el costo de ser una estrella de este programa de lucha ─esgrimió Chang, muy serio y cruzado de brazos.
─No es problema mío ¡cancélalo!, no voy a dejar a mi esposa sola por esta ciudad.
Mientras Ranma y su representante discutían, Akane se había deslizado a escuchar por la puerta. Luego de oír los retos de Chang, decidió actuar. Ella no iba a ser una piedra en el zapato del éxito de su marido.
Así que salió e intervino en la discusión.
─Por favor, Ranma…no te preocupes por mí. Si tienes agenda hoy, simplemente ve a cumplirlo. Yo sé cuidarme sola.
Ranma la miró, muy sorprendido.
─ ¿Ves, Saotome?, tu mujer está de acuerdo. No se diga más, ¡vámonos! ─proclamó Chang, muy contento de oír aquello ─. El vehículo nos está esperando allá abajo.
Ranma esperó unos segundos, esperando una reacción de su esposa, pero como ella seguía impasible, finalmente se dejó vencer y arrastrar por Chang. Hoy tenía tres sesiones de lucha para filmar.
─Ve tranquilo, Ranma. Yo te espero aquí.
─Pero Akane…
─Por favor, cumple tu contrato.
Ranma no tuvo más remedio que irse, aunque no hubiera querido.
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Los siete días de estadía de Akane se acabaron en un abrir y cerrar de ojos.
No habían podido tener una cita o una salida decente en casi ninguno de esos días. Los compromisos de la televisión tenían completamente absorto a Ranma.
La única vez que pudieron salir, fueron al centro de la ciudad, pero cuando iban a subir a un ferry y hacer un paseo en un barco, la misma se tuvo que suspender, porque unas fanáticas reconocieron a Ranma, e hicieron tanto alboroto, que, por paz, la pareja tuvo que abandonar el ferry y volverse para su casa.
Ranma venía muy agotado de las grabaciones, que, por las noches, simplemente se arrojaba a dormir.
Akane había aceptado todo con estoicismo. Ese era el precio que ella debía pagar para que Ranma cumpliese su sueño, como ya bien le había hecho oír Chang en una ocasión que estuvieron a solas.
─Señora Saotome, no quiero sonar grosero, pero Ranma necesita máxima concentración para mayor rendimiento. Si de verdad lo quisiera, dejelo cumplir con la agenda en paz. Es el sueño de su marido ¿no?, es más, estoy dispuesto a darle un consejo de amigo, regrese a Japón y espérelo desde la distancia. Así Ranma no se distraerá por culpa suya.
Eso es lo que pensaba Akane.
Ranma había venido de muy lejos, porque detestaba ser un maestro de gym. ¿Y que podían ofrecerle allá?, si no, un dojo arruinado y una familia que le cercenaba posibilidades con sus locuras. Ella misma se los cortaba y se odiaba a si misma por eso.
Así que secretamente, al octavo día, negoció con la agencia de viajes para adelantar su regreso a Japón, y dejar que Ranma se quedase tranquilo.
También le golpeaba la casa, algunas frases que había oído de esas fanáticas que los habían acosado en el ferry, el día anterior.
─ ¿Esa mujer tan poco agraciada es su esposa?
─ ¿Qué hace una perdedora como esa con alguien como Ranma?
Cuando era adolescente, había estado habituada a las locuras de las ex prometidas de Ranma, pero esto parecía un juego de niños en comparación con la sensación de inseguridad a su autoestima que estas mujeres occidentales le producían. Por eso decidió irse, antes de tiempo.
Con su marcha, ya no comprometería a Ranma y él podría ser libre de seguir esforzándose por seguir su sueño.
A la joven se le secaba los labios de imaginar una nueva etapa, lejos de Ranma ¿Cuándo podría volver a verlo?. Así como iban las cosas, no podía dar por sentado nada.
Pero tendría que ser necesario, además era mejor así, porque si le contaba a Ranma, que pensaba irse, él no la dejaría. Y ella, ya no quería hacerlo más traumático.
Así que esa mañana, aprovechó que Ranma fue a grabar, para preparar lo que tenía, que consistía en su bolso de mano donde cargó las pocas mudas que había llegado a comprar. Le dejaría escrita una nota a ese bobo. Era lo mejor para todos.
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Ranma no la pasaba mejor. Iba a cumplir sus obligaciones de forma autómata, pero no con gusto. Cierto que su sueño era poder vivir de su talento, pero no de esta forma. También pensaba, que, por otro lado, era el único modo de ofrecerle a su mujer y a toda su familia, una vida mejor.
Eso era parte del deber de un hombre, ser capaz de proveer a la familia.
Como culpa, había comprado un teléfono nuevo para Akane. Uno muy bonito, que pensaba regalarle una de estas noches.
Las pocas horas en su compañía, habían sido las más divertidas que había tenido en mucho tiempo. ¿Qué lo hacía más feliz?, la grandilocuencia de salir en televisión y ganar mucho dinero o la compañía de los suyos, la de su esposa, primordialmente.
Ranma no pudo sentirse más amargado. En ese momento esperaba su turno para grabar. ¿Esto valía más que la compañía de Akane, que estaba desperdiciando por venir aquí?
En ese momento sonó su celular. ¿Sería Akane llamándolo de algún teléfono público?
─Saotome, apaga ese teléfono. Las grabaciones ya van a empezar
Él ignoró la llamada de atención.
─Hola ¿Akane?
─ ¿Señor Saotome?, ¿me oye?, soy el señor Liu, el de la portería
─Oh, claro, el señor del edificio.
─No sé si es correcto lo que voy a decirle, pero creo que tiene que saber que vi a su esposa llevarse un bulto, y tomar un taxi para el aeropuerto. Todo no me habría parecido sospechoso, de no ser porque la señora me dejó la llave al marcharse, con encargo de que se lo entregue.
Ranma se quedó estático. Apenas tuvo tiempo de procesar lo que su portero le había dicho. ¿Akane marchándose? ¿Qué clase de horrenda pesadilla era aquella?
Él no iba a quedarse de brazos cruzados mientras eso pasaba. Mas luego de haber estado pensando en la importancia de la familia en comparación a la vida que llevaba aquí. Akane era lo más importante para él. No dejaría que se fuera. Ranma la necesitaba como el aire que respiraba.
Soltó la toalla que tenía, ignorando que lo llamaban por el altavoz.
Fue al casillero, por su bolsa. Necesitaba salir de ahí y alcanzar a Akane. En este momento nada más importaba.
Pero en la puerta estaba Chang.
─ ¿Dónde crees que vas?, ¿Qué no oíste que te están llamando para grabar?
─Sal de mi camino. Tengo que ir a por mi esposa, me dijeron que se marcha del país.
Chang esgrimió una sonrisa.
─Al menos alguien de la familia Saotome si sigue mis consejos. Yo mismo le dije a tu mujer, que su presencia te distraía. Si quieres triunfar aquí, debes aprender a dejar de lado esas cosas. Créeme, luego tu familia te agradecerá tu esfuerzo y sacrificio, porque con esto ya después jamás les faltará el dinero.
Ranma estaba azorado ante aquella revelación.
─Sal, Chang…iré por mi esposa
─Si sales por esa puerta, haré que tu carrera en televisión norteamericana se acabe. Lo perderás todo, por incumplimiento de contrato. ¿Acaso quieres perderlo todo por causa de una mujercita?
Eso fue suficiente para que Ranma perdiera el control. Le estampó un golpe que dejó en el suelo a Chang.
─ ¡A mi esposa no la vuelvas a tratar nunca de mujercita!, tiene más pantalones que tú, y si estuviera oyéndote, ella misma te daría la paliza de tu vida ─le gritó a un desconcertado Chang, que estaba en el suelo.
Acto seguido, se quitó las insignias del programa que tenía su ropa, y tomó su bolso sin mirar atrás y sin medir las consecuencias de sus actos.
Pero no le interesaba, sólo quería ver a Akane.
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Luego de más de 27 horas de vuelo, una agotada Akane llegaba al aeropuerto de Tokio. Había sido un desastre, porque el vuelo normal era de 12 horas, pero no había conseguido ningún vuelo directo, y no tuvo más remedio que tomar uno con escalas.
No había avisado a su familia, aunque no estaba segura si Ranma pudo llamar a alertarlos, para que la esperaran en el aeropuerto. La alivió no verlos.
Le pesaba en el corazón lo que había hecho, pero era por el bien de ese bobo. Ya había tenido tiempo de llorar como posesa en el asiento del avión.
Había fingido sentirse mal un par de veces para esconderse dentro del baño.
Al pisar suelo japonés, y luego de acabar con los trámites migratorios de rigor, se sentó a descansar un momento, antes de buscar un bus que la llevara para Nerima, además de que debía prepararse mentalmente para la furia de Ranma.
─Que remedio…─se dijo a sí misma, antes de levantarse y buscar ese bendito bus. Solo quería llegar a casa y seguir llorando.
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Cuando finalmente bajó del bus, cargando su pequeño bolso de mano, agotada más de la tristeza que del jet lag del viaje, se encontró finalmente con su querida Nerima.
Ese era su lugar, no aquel sitio tan sofisticado donde Ranma se desenvolvía ahora, en aquella gran ciudad.
Arrojó unas lágrimas. Llevó una mano para limpiárselas y seguir caminando hasta su casa. Pero cuando bajó la mano, su mente vino a jugarle una terrible pasada.
Ranma estaba sentado de cuclillas sobre un barandal. Así como antaño cuando iban al colegio entre bromas. Akane se volvió a sacudir los ojos.
─Me estoy volviendo más loca que Kodashi ─pero aun luego de limpiarse los ojos, el Ranma del barandal esta vez le sonrió, guiñándole los ojos.
─ ¿Qué clase de truco es este…? ─se cuestionó a sí misma, antes de caer de rodillas.
No alcanzó el suelo, porque alguien la sostuvo. El aroma de Ranma, que ella conocía al dedillo, le entró por los poros
─ ¿Ves que me necesitas?, si no estuviera aquí para detener tus torpezas, probablemente te hubieras raspado las rodillas ─dijo el hombre, apretándola entre sus brazos, antes una sobrecogida Akane que tenía los ojos muy abiertos, totalmente incrédula.
─ ¿Pero ¿cómo? ¿no deberías de estar en alguna grabación? ¿Qué haces aquí? ─murmuró, ella incorporándose, pero sin soltar jamás el agarre de él.
─Estoy en el único sitio donde quiero estar y de donde nunca debí haber salido.
Akane no se salía de la sorpresa.
─Pero…
─Nada…ya no volveré a irme jamás. No pienso volver a dejarte por aquí sola. No regresaré a América.
Akane pensaba que esto era un sueño, y no pudo evitar desmayarse de la emoción, en los brazos de aquel hombre que tanto amaba. Él la cargó amorosamente para llevarla a casa. Su verdadero y único hogar.
Habían sido horas terribles cuando llegó horas antes al aeropuerto y saber que el vuelo de su esposa ya había salido. Sabido esto, no lo dudó, fue a por sus cosas y compró el primer vuelo directo que encontró. Si no había podido detenerla, al menos si la alcanzaría allá. Por eso no avisó a su familia. Esto era algo que debía solucionar solo con ella.
Había arrojado al fango esa carrera en América y perdido todo. Pero nada de eso tenía importancia en comparación con lo que estaba perdiendo: a Akane y su familia.
Y todo ¿Por qué?, por un puñado de billetes y fotos en las revistas. Él ya no quería seguir privándose de ella. No podría seguir aguantando la vida de allá, y la revelación de Chang había sido la gota que colmó el vaso.
Y por eso llegó a una conclusión.
Akane lo amaría igual, aunque fuere el hombre más pobre del mundo. Eso lo sabía bien. Así que él volvería a ella, y ya estando juntos se les ocurriría que hacer. Siempre había sido más listo, con ella cerca.
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Aunque el regreso de Ranma conmocionó a la familia y a Akane misma, él estaba muy feliz de estar con la familia tan loca que tenían.
Con su padre y el señor Soun peleando por comida. Con su madre que cargaba una espada. Con Nabiki haciendo cuentas malévolas. Con Kasumi sonriendo por servir la comida. Con el Dr. Tofu, haciendo mil tonterías por estar cerca de Kasumi, e incluso el maestro Happosai que revoloteaba por allí.
Nadie le había pedido muchas explicaciones de su intempestiva venida. Su familia era así de sencilla.
Con Akane si tuvo más explicaciones en la intimidad de su habitación.
Pensaba retomar su antiguo trabajo de maestro de gym, aunque luego con la gestión de Nabiki se enteró que podía recuperar sus ahorros, lo que había llegado a guardar en un banco americano. Eso había sido inesperado para Ranma, quien daba por perdido aquel dinero. También se había enterado que Chang le había estado sustrayendo dinero todo el tiempo que lo representó.
─Eso te pasa por confianzudo ─le reclamó su mujer, que bebía té con él.
─A poco, a ti no te hubiese engañado. Es que yo no entiendo de esas cosas, mi especialidad es romperle la cara a la gente.
Lo cierto, es que nada de eso, tenía ya mucha importancia para Ranma ahora. Lo bueno es que, con el dinero, modernizaron el Dojo y lo reabrieron con mucha pompa, para felicidad de los patriarcas de la familia. Ranma decidió no volver al gym, a su viejo trabajo. Podía volverse el nuevo sensei del dojo.
Podía seguir cumpliendo su sueño, de la forma que le gustaba, desde su hogar y estando cerca de sus seres queridos.
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─ ¿En serio no te arrepientes de haber dejado todo? ─le preguntó Akane, una noche de invierno, varias semanas después de su regreso.
Estaban acostados en la cómoda cama, cobijados por la manta y por sus propios brazos.
─ ¿Y privarme el pelear contigo?, la vida era muy aburrida allá sin ti.
Ella lo pellizcó con ganas en la mejilla como venganza, pero la respuesta de él, le gustó.
Ella quiso replicarle con alguna respuesta bien aguda, pero cuando sintió el repentino peso por encima suyo de Ranma, las palabras desaparecieron de su boca.
Ella cerró sus ojos, para entregarse a aquello en forma silenciosa, para que nadie los oyera en casa.
Después de todo, nunca habían sido buenos hablando.
Mejor que sus cuerpos hablaran por ellos.
Las palabras siempre habían sobrado entre ambos.
FINAL
Agradecimientos finales
No estoy segura de que vaya a gustarles este final, considero que el lugar de Ranma es Nerima. Es mucho más feliz ahí.
Ojalá no parezca que me fui a lineas fáciles.
Gracias a todas las personas que me acompañaron durante este tiempo, algunos comenzaron conmigo , y luego los decepcioné dejando tirada la historia por mi alejamiento del fanfiction.
Estoy queriendo hacer un capítulo adicional para mi one shot de "MI ESPOSA, LA ÚNICA", mientras empiezo a perfilar mi siguiente historia el fandom de Ranma.
Tengo terror de olvidar nombres, pero quiero dejar un abrazo especial a las personitas que me dejaron un rw en el ultimo capitulo.
Haruri Saotome, Diluanma, Annasaotome83, Rj47, B, Emilse Camila Silva , Ranma84 ,azzulaprincess, ANGeux, SARITANIMELOVE,Lila, MI QUERIDA LUZ LOZANO, AZULMITLA, mimato bombon kou ,Touka de Kou, Llek BM , , gabyhyatt, Nancy Gabriela Saucedo, Iselaglezcam, nancyricoleon.
TAMBIEN A TODOS LOS GUEST, LOS QUE AÑADIERON EN FOLLOWS Y FAVS, LOS QUE DEJARON COMENTARIOS ANTES Y QUE NO PUDE RESPONDER.
PARA USTEDES TODO MI CARIÑO.
HASTA LA PRÓXIMA HISTORIA.
BESOS.
PAOLA
