¡Hola, hola, hola, soy Noah!

He visto que he tenido éxito, a pesar de tener diez comentarios, de guests que voy a aceptar ahora para que se pongan de una vez y. También tengo follows y favorites y me ha encantado, me he emocionado tanto que ya he hecho sobre catorce capítulos.

Me encantaría que siguieseis apoyándome, que me comentaseis y me dieseis vuestra opinión y, en fin, que vayáis captando la historia de mi querido Nathaniel, uno de mis personajes favoritos. -Obvio que el primero es Castiel, pero en fin, Nath me encanta también-


Disclaimer:

Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.

Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación -Leia y Hatsuharu que saldrá más adelante-, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.


II

"Yo aquí, con ganas de encerrarte en mi inestable universo y tú allá, formando galaxias con tan solo sonreír"

Los rallos de sol inundaron mi habitación y terminaron de despertarme.

Nunca había dormido con las persianas bajadas, y mucho menos desde que ella cruzaba y descruzaba las paredes y aparecía para mí, dándome un pase privado a aquella obra de arte que era ella. La luz de la luna le sentaba bien y, su piel blanca y nívea, destacaba con la luz de aquel satélite, por eso jamás cerraría las puertas a dicho espectáculo.

Me moví para prepararme y espere impaciente el salir de esta casa, aunque me ofreciese dichos pases y la intimidad de conocerla, no me gustaba estar aquí.

Ya vestido, había hecho el desayuno para mi padre, mi madre y mi hermana. Ni siquiera me había molestado en prepararme algo para mí, no tenía hambre. La noche pasada ella se había dedicado a invadirme, invadir mi corazón y llenarlo de reservas de energía. Mi estómago pareció saciarse también y el solo hecho de pensar en comida me hacía sentir demasiado lleno como para poder ingerir algo.

- Deberías desayunar- su melodiosa voz sonó en mi oreja.

Tuve que luchar por el impulso de soltar, por el sobresalto, aquella taza de café negra, justo la de mi padre. Si la rompía… no quería saber qué pasaría si la rompía.

- No me asustes así, por dios.

- Uh, no digas por dios, él te oye y sabe que estoy escaqueándome otra vez-

Rodé los ojos y coloque la taza en la mesa.

Todo estaba perfectamente ordenado, al menos eso pensaba yo. Las tazas estaban colocadas en los respectivos sitios que ocupaban mis familiares, los bollos y los cruasanes estaban perfectamente amoldados en la cesta, las tostadas estaban hechas y había dejado mantequilla y mermelada de diversos sabores para mi padre y Amber. Los platitos estaban perfectamente colocados y con el ángulo que los deseaba mi padre. Todo parecía perfecto.

- Tal vez deberías volver a tu trabajo en vez de venir a verme-

Ella, quien se hallaba sentada en una pose bastante sensual, se levantó de sopetón y se situó a mi lado, rozando mi espacio y coloreando un camino de intranquilidad y nervios por mi aura.

Mi respiración se aceleró y supe que debía controlarme. Mis reacciones eran patéticas, pero no podía impedir colocar, en mis sentidos, toda mi atención y mi fuerza hacia ella, el magnetismo de sus pasos y aquellos rubís instaurados en su angelical rostro causaban estragos en mí.

Se inclinó y apoyó algo que no supe que era hasta que lo soltó sobre la mesa. Una baguete surgió de la nada, solo de aquel pedacito de flor, me quedé mudo y la observe. Mi padre nunca comía baguete, nunca habían desayunado baguete.

- Tu hermana quiere baguete, de la panadería Miss Pan, con Nutella- aclara leyendo mi mente, otra vez. –Ella se encargará de hacer berrinche si no la tiene y ya sabemos lo que pasará luego.

Surgió el escalofrío, por lo bajo de mi espalda, haciendo que me convulsionase lentamente, estaba frito si no fuera por ella, se encargaría de borrarme hasta la memoria a golpes, borraría de mi cuerpo su toque mágico y no sería capaz a sentirla con claridad tras las manchas negras que mi piel lloraba para que la dejase respirar entre golpe y golpe.

Ella sabía que me dañaba y me salvaba, por ello, mi mente la deseaba.

- Deberías ir a trabajar-

- Tú también eres mi trabajo- susurró, a tan solo unos centímetros de mí.

Podía sentir su presencia y deseaba poder sentir su respiración, pero no la tenía, desde luego que no lo hacía, ella no respiraba.

Me gire para mirarla, tan solo a unos centímetros de mí, más baja y letal, tan menuda y tan poderosa, tan contradictoria y tan hermosa, bajando por su cuerpo, las ganas de tocarla y besarla, con aquellos sentimientos ilegibles que no tenía y su gran compasión hacía mí.

Se puso de puntillas y rodeo mi cuello con sus brazos, entrelazando sus manos y estallando sus dedos en un chasquido irritante, me miró con los ojos entrecerrados y sus labios entreabiertos, con su piel resplandeciente y su tentadora boca tan próxima a los mía. Quería que la besara.

- No voy a llevarte, Nathaniel…- susurró la Muerte para mí.

Y no dudé en pecar.

Nuestros labios se juntaron, en la danza más lenta y peligrosa. La Muerte pedía a la vida un beso y la vida se lo concedía, con la lujuria y el morbo, con la silenciosa habitación se acallaban, los suspiros de un alma viva, cansada, que luchaba por resistirse a los encantos de la perdición. Y sabía a rosas la Muerte, como un coctel delicioso, como lo más apetecible del mundo, y lloraba mi cuerpo horrores, por no soportar los besos que ella proporcionaba a mí ser.

Se separó y gruñó.

Alejándose lo suficiente de mí, impidiendo que volviese a tocarla o si quiera que intentase atraerla de nuevo a mis brazos, dejándome aturdido por las sensaciones tan hermosas que me había dado y haciendo que la soledad se instaurase bajo los poros de mi adolorida y golpeada piel.

- Ten un buen día, volveré pronto.

Y sabía que ese "pronto" se convertiría en siglos para mi corazón, que no sería hoy y tampoco sería mañana, que me moriría esperando si volvía a desaparecer otros cinco días y que mi mente se olvidaría, del toque de sus labios si no aparecía pronto.

- No te vayas- supliqué ansioso por recuperarla.

- La Muerte nunca descansa- susurró. –Te prometo que volveré pronto.

Y dejando a mi alma desolada, la Muerte se fue de mi casa.

Nunca pensé lloriquearle a la nada, y mucho menos suplicar a la Muerte que no me abandonase, prácticamente estaba dictando mi sentencia al fin.

- ¡¿Qué demonios haces?!- chilló Amber, despertándome de mi ensoñación. -¡Coge mis libros de la habitación!

Y dándome cuenta de que ella ya no estaba, la encaré.

Estaba en aquel pijama naranja tan corto que según ella, era lo más de lo más. Su inmadurez inundó la cocina y aquella dulzura anteriormente plagada en el aire se sustituyó. Ya no tenía pruebas de que ella había estado aquí. Solo el sabor a Muerte en mis labios.

[…]

Esa mañana no quise coger el autobús, probablemente estaba totalmente erróneo y debí haberlo cogido, pero la sensación en mis entrañas me había hecho sentir que era una mala idea.

Me decanté por seguir, una ruta nueva, el instinto que me enseñaba un camino que jamás había seguido, derecha, recto, izquierda, derecha, izquierda, izquierda e izquierda. Llegué lento al instituto y probablemente por los pelos, la primera vez que me sucedía, pero había sido bueno para mi cuerpo, que respiraba aliviado de hacer desaparecer la tensión acumulada en mis músculos.

Tras pisar el recinto escolar, recibí varias miradas asombradas, como si hubiesen visto un fantasma.

- ¡Oh, Dios Santo!- la voz de Melody, quien tenía los ojos llorosos me inundó. -¡Pensé que estabas muerto!

- ¿Qué?- pregunté.

Y atropelladamente varios alumnos, como Armin, Peggy, Kentin, Violeta, Iris Alexy, Rosalya y Leia se acumulaban a mi alrededor. Se acercaban. Todos ansiosos por observarme de cerca. Como si fuera un fantasma o mi presencia aquí no fuera correcta, pero el alivio estaba en su rostro y yo era feliz.

Leia no dudó en abrazarme mientras pequeñas lágrimas caían de sus ojos.

Las dudas se implantaban en mí ser, era como si fuese un milagro para ellos verme aquí, ahora, hoy, a estas horas y vivo. No entendía la situación, pero olía como si fuese absolutamente fortuito para mí.

- ¡El autobús en el que vienes siempre se ha estrellado contra el edificio nuevo que el ayuntamiento está construyendo!- declaró Peggy. -¡Hay muchos heridos graves que están a punto de morir y muchos muertos!

- Como que estábamos en shock, porque sabemos que es tu ruta- dijo Leia, ella y Melody probablemente eran las únicas que sabían eso. –Ha sido un milagro que no hayas cogido el autobús.

Y yo tampoco podía creérmelo. Era absolutamente increíble.

Y cuando gire la vista hacia los bancos, por impulso, en vez de encontrar a Castiel o a Lysandro hablando, la encontré a ella, apoyada en el banco y mirándome fijamente. La Muerte había salvado una vida.


Hasta aquí.

Los capítulos van a ser cortos, no pasan de dos o tres páginas. ¿Qué sacáis de esto? Que subiré X días a la semana por ejemplo, que decidiremos entre todas y yo los iré subiendo, está historia avanzará rápido y tendréis siempre capítulos -por así decirlo-, porque es breve y porque tiene un contenido corto pero narrativo-lírico que se hará fácil de leer y espero que, aunque yo lo creo, sea entretenido.


Os amo, dejad reviews para mí.

Besos y buen viernes y fin de semana.


¿Qué día queréis los capítulos?

PD: Gracias por vuestro apoyo, os amo mucho.