¡Hola, hola, hola, soy Noah!

Y aquí traigo el capítulo 7.


Disclaimer:

Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.

Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación -Leia y Hatsuharu que saldrá más adelante-, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.


VII

La gente iba suspirando con las heridas abiertas.

Ahora mismo desearía que la tierra me tragase.

- ¿Qué diablos te pasa, idiota?- gritó Castiel.

Yo no podía creerme que mi mal día, comenzará aun peor de lo que lo creía posible, chocar contra Castiel, luego de que él discutiese con Leia, era terrible. Y eso que raras veces sucedía, pero cuando lo hacía, Castiel era una bomba de relojería que explotaba a la mínima y, claro, la única persona que podía calmarle estaba lo más lejos de él y sin querer acercarse por el enfado que los había sacudido a ambos.

- ¿Es qué estás sordo, patético empollón?- gritó aún más alto.

Había tirado su guitarra sin querer y tampoco es que me importase, no se había roto, así que simplemente debería bajar el tono y esperar a que me disculpe pues, aunque solo fuese Castiel, había sido mí culpa y yo si tenía educación y modales.

El asunto terminaría ahí y yo me iría de una dichosa vez a casa.

Pero esto no era un cuento, esto era real y, si no me pegaba hoy por cosas de la vida, lo haría otro día que tuviese una frustración mayor. Alzó el puño y cuando estuvo a punto de rozarme, golpeó las taquillas.

- ¡Largate antes de que me arrepienta, idiota!

No entendí nada, pero me marche, por mi cara, por mi bien y porque realmente me sentía débil como para zurrarle yo.

[…]

- De verdad que lo siento.

Pidió por octava vez Leia a mi oído, y yo solo quería que se fuera.

Hacía bastante que no veía a Sucrette y la necesitaba como el aire que respiraba. No es que no me agradase Leia, era mi mejor amiga y la quería, pero ahora mismo mi mente se encontraba atrapada en el corazón no vivo de la Muerte. Deseaba con cada célula que ella apareciese y me llevase lejos, a un lugar lejano, donde sentiría que todo iría mejor.

La necesitaba, mucho, más que nada.

- Le he dicho que no vuelva a meterse contigo- aclaró, en cierto sentido no necesitaba eso. –Es que es tonto, se celó de Armin, ¡de Armin! ¿puedes creerlo? ¡Armin!-

- Leia…- llamé.

Ella me miró con sus brillantes ojos violetas y me dio su atención por completo.

Otros chicos, como por ejemplo Lysandro –quien a pesar de ser el mejor amigo de Castiel estaba loco por ella-, Kentin, Armin, Dake –el estúpido sobrino de Boris-, Dajan y Jade, suplicarían por tener la completa atención de Leia, pero yo no podía disfrutarla aunque me agradaba su compañía. Mi mente se estancaba en los buenos momentos con Sucrette y no quería disfrutar el tiempo que estaba sin ella, pues, era mi tortura personal.

- De verdad que está bien- dije, para calmarla. –No estoy enfadado, él es idiota y podrías aspirar a algo mejor- aclare para ella, que sonrió. –Pero lo elegiste a él, así que, me conformo con tu elección y se las pasaré, así que, respira con calma-

Sentí en seguida sus brazos alrededor de mi cuerpo. Reconfortante y a la vez distante, me abrazaba porque le alegraba que yo respetase su decisión, ella era linda en el fondo.

Castiel carraspeo para que nos separásemos y, a pesar de no haber devuelto el abrazó de su novia, me fulminó con la mirada, celoso. Desde luego que era celoso y posesivo aunque muchas veces les había oído hablar y él negarse a aceptar ese término, lo era. Debería controlarlo un poco aunque a ella le pareciese algo "mono".

- ¡Castiel!- ella no tardó en girarse feliz y yo también lo hice, no tan feliz.

Detrás de él la vislumbre, con un tono burlesco en su fino y delicado rostro, mi sonrisa casi se escapa de mis labios y quise correr hacia ella, pero sabía que nadie la estaba viendo, solo yo, o bueno, eso creo...

- Hola- tan seco… sin embargo, su voz no concordaba con la forma en la que la abrazó y la tomó en sus brazos, besando su sien y dándole su cariño. Ella rió tontamente y yo casi siento ganas de hacer lo mismo con la chica que estaba detrás.

Esos dos estaban hechos para estar juntos. Y lo sabía.

- Nosotros nos vamos, Nath- dijo, pero no sonaba tan bien como cuando ella me lo decía a mí, cuando ella me llamaba Nath.

- De acuerdo, nos vemos- dije, simplemente y continúe mi camino hacia el parque, hasta que una voz me detuvo.

Me gire un poco, de reojo y pude ver que Castiel y Leia la miraban con bastante atención.

- Hola y gracias por ignorarme.

Leia tenía los ojos abiertos como platos y no paró de seguirla con los ojos hasta que llegó a mi lado, entrelazando sus brazos alrededor de mi cuello, con aquella sonrisa divertida y burlona que siempre asomaba por sus deliciosos y tentadores labios.

- ¿Ni siquiera piensas esperarme?- gruñó ella, con tono divertido. –Me habías visto, ¿acaso estás enfadado conmigo?

- ¿Qué?- pregunté, confuso. Pensé que solo la veía yo, me equivoqué.

- Nuestra cita, ¿tienes algún trabajo para hoy?- preguntó melosa. –Y yo que pensaba que podríamos hacer… ya sabes, otras cosas.

Castiel casi se atraganta al oir la sugerencia tan lasciva de Sucrette.

Leia le golpeo con el codo, no porque la mirase asombrado, si no por no disimular ni un ápice en sus reacciones. Leia no era celosa y lo sabía, al menos no hasta el punto de odiar a Sucrette por ser la más hermosa en la faz de la tierra o porque su novio tuviese ojos para verlo.

Sucrette ni prestó atención, ni dijo nada al respecto. Se dejó caer contra mis labios y me besó, delante de esos dos, sobre todo de Leia, que me miraba casi acusatoriamente por no haberle contado que había alguien en mi vida. Bueno, eso no importaba ahora…

Sus labios se movieron delicadamente sobre los míos y pasé mis brazos por encima de su cintura, Sucrette no dudó ni un segundo en apretujarse contra mí y mis ojos se cerraron, instantáneamente, mientras mis sentidos se anulaban completamente. Se separó.

- ¡Vamos!- lanzó con alegría y tiró de mi mano, casi haciendo que fuese arrastrado.

La Muerte sabía cómo anular toda mi realidad y convertirla en la mejor, incluso aunque todo apestase y pudiese irse a pique. Ella sabía qué hacer para que todo, todo lo que veía, fuese mejor.


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Besos.

¡Buena semana!