¡Hola, hola, hola, soy Noah!
No tengo nada que decir, así que... dentro capítulo chicas. ¡Disfrutadlo!
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación -Leia y Hatsuharu que saldrá más adelante-, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
X
Ella me miro como si nada, yo la mire como si todo.
Caminamos cogidos de las manos, en silencio y disfrutando de nuestro tacto juntase en un agarre firme y seguro.
El clima comenzaba a ponerse bueno y sabía que el verano estaba cerca, quizás tendría la oportunidad de verla un poco más, solo un poco. Lo suficiente como para saciar mi corazón y saber que, pasará lo que pasará, estaríamos bien solos. Que podría obtener valor, para preguntarle a su boca de fresa, si ella realmente nos consideraba novios.
- Que ajetreados son.
- Y que cotillas- coincidí.
Ella sonrió, de nuevo solo para mí.
- ¿Qué hacías aquí?
- Esperarte, ¿no es obvio?- se burló.
- Sí, pero pensé que ayer… yo pensé…
Ella entrecerró los ojos y suspiro.
Así, desde cerca y desde lejos, el sol brillaba contra su piel y la iluminaba como un hada, la hacía lucir hermosa y la contaminaba de más perfección aún, con su cabello vibrante, bajo las turbulencias del viento, aferraba la vida entre sus manos, curando las heridas de mis manos.
- No me voy a ir de tu lado, Nat-Nat- suspiró el aire más puro del mundo, a mis sentidos, más encerrados en su ser. –Permaneceré aquí, hasta que me manden al infierno.
- ¿La Muerte puede ir al infierno?-
- Puede si rompe las reglas.
No entiendo absolutamente nada de lo que está contándome.
Sabía, por su carácter, que era una persona bastante seria en su trabajo, ella a veces hablaba de una guerra y de miles de almas deseosas por salir y alcanzar el paraíso o el infierno eterno. Entonces, siendo consciente de ella, supe que estaba haciendo algo que la perjudicará, y por ello, debía frenarme a mí mismo y mirarla.
- ¿Estás rompiendo las reglas?- pregunte, a sabiendas de que no iba a responderme, observando fijamente sus facciones deslumbrantes.
Ella freno sus pasos y enfoco su mirada en mí.
Sé que estaba analizándome, analizando la respuesta que iba a darme y si desaparecer ahora que había sido insolente y había tratado de traspasar sus barreras, irrompibles por cierto. En estos momentos era bastante consciente de cómo actuaba ella y no sabía si rendirme o insistir hasta que se evaporase.
- Una irrompible- dice simplemente, encogiéndose de brazos.
Me sorprendo muchísimo.
Jamás había respondido, ni escuetamente y sin datos o completamente, mis dudas. Estaba bastante asombrado por aquellas palabras y podía sentir vacilante, su sonrisa de burla asomar por sus labios, tan rápido como mi boca se abrió hasta el fondo.
- ¿Pero… qué has hecho?- me corto un poco y cambio mi pregunta por una frase. –Deberías dejar de romper las reglas, no quiero que vayas al infierno.
Su sonrisa empieza a fastidiarse en amargura.
Quiero acercarme hasta ella y acariciar su rostro, pero el miedo me agarra fuertemente. Ella parece leerme y se acerca, tomando mis manos y dejándolas caer en aquel rostro dulce y delicado, me gusta la forma en la que me conoce y me lee.
Mis manos surcan cada detalle pequeño, mientras mis dedos disfrutan estremeciéndose con su piel tan delicada. La brillante luz iluminándola de forma natural y sana, mientras mis dedos se deslizan cada vez más rápido y se apresuran a rozar aquellos labios que cualquiera desearía probar.
- ¿Serías tan generoso?- pregunta. –¿Salvarías mi cuerpo y mi mente sobre tus deseos?
- Lo haría.
- ¿Incluso aunque tuvieses que renunciar tanto a tu vida como a mí?-
Quiero decirle que sí, que daría todo por ella y luego me entregaría en vida y alma solo para salvarla o porque me lo pidiese en agonía o con su mundo lleno de felicidad. Porque está claro que, mi vida, sin ella, no es vida. Porque ella era todo lo que necesitaba.
Incapaz de articular palabra alguna, la veo caminar con aquel sensual movimiento de caderas. Ondeante su figura como el mar, ella se aleja y yo sé que he fallado completamente, que la he decepcionado como no lo había hecho nunca.
[…]
- De verdad que lo siento- me disculpo por enésima vez. -Lo haría- respondo ahora a su pregunta triste.
Ella no ha vuelto a hablar desde su cuestión en aquella calle loca y vacía.
Las paredes de la habitación iluminadas por aquellas lámparas la hacían apagarse entre las sombras y las cortinas cerradas. Nadie nos podría observar así y podríamos estar a nuestras anchas por todo el apartamento.
- Te creo- dice.
La observo fijamente y no puedo evitar abrazarla firmemente. Más cerca de mí, mucho más.
- De verdad que lo haría- repito, inseguro de que me crea.
- Lo sé- dice suavemente. –Yo solo soy la egoísta a la que no le importa caer en el infierno.
Mis brazos, que la rodean protectoramente, la abrazan aún más fuerte, pero mirando en no ahogarla demasiado para que no se dañe. Nuestros ojos conectan y la veo cerrar los ojos, no puedo evitarlo y la beso aún más profundo de lo que nunca lo había hecho, enlazando nuestras lenguas.
Conectando nuestras formas, ella se libera de mi agarre y sigue el beso. La intensidad rodea cada parte que la observa desde la oscuridad, me dejo llevar a donde nadie puede encontrar mi corazón y mi mente. Con ella y con sus labios. Se lo entregó todo.
Se separa unos minutos después, gruñendo.
- De verdad que tienes algo que tengo que averiguar, es muy difícil besarte si siempre quieres entregarme todo.
- Es que lo haría si me lo pidieras.
Ella sonríe.
- Lo sé, hombrecito, lo sé- dice. Abrazándome fuerte. –Yo por desgracia, te lo arrebataría todo por egoísmo.
No entiendo sus palabras, pero sé que ella sufre internamente sentimientos que yo jamás puedo entender. Su forma de moverse y removerse, la forma en la que me quiere querer, y la distinción entre nosotros se hace cada día más presente.
La Deidad que siempre estará presente, la abstracta realidad en la que viviría sin dudar si ella me perteneciese… ella es lo que ansió y, a la que, sin dudar, todo lo que tengo le daría.
- Sucrette- susurro a su oído, inclinándome un poco hacia su menuda figura. –Te quiero.
- Lo sé, y eso nos condenará a ambos.
Estoy completamente enamorada de este capítulo, sobre todo del final. Es tan expresivo y dice tanto, incluso a la vez dice tan poco que confunde, pero me encanta.
Espero que os guste.
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