¡Hola, hola, hola, soy Noah!
No tengo nada que decir, así que... dentro capítulo chicas. ¡Disfrutadlo!
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación -Leia y Hatsuharu que saldrá más adelante-, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
XI
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, te amo directamente sin problemas ni orgullo: así te amo, porque no sé amar de otra manera.
La calidez del nuevo día me despierta y me levanto para alistarme, por desgracia, mi hermana es consciente de que "salgo" con Sucrette Darcy y me las hizo pasar ayer, por sus caprichos, demasiado bien…
Me desperezó y me hecho agua fría para despertar. Amber también está despierta y a primera hora de la mañana ya se encuentra en mi casa como una posesa diciendo que esto está sucísimo, cosa que no es cierta. Ha tenido que venir a despertarme a las 9 solo por esa idea o quien sabe que planes tenía para impresionar a la chica que me robaba el alma cada vez que aparecía a mi lado.
- Tenemos que limpiar este desastre.
A pesar de que mi apartamento está impoluto y no hay motas de polvo en ningún lado, ella sigue viéndolo imperfecto y se queja.
Ayer, por capricho personal, llamó por teléfono dos horas más tarde de que la conociese en el instituto.
Sucrette me observó divertida y se tiró a mi lado con cierta alegría mientras atendía su llamada. Sabía, seguramente, de las intenciones de Amber y, cuando ella suplicó, bueno, más bien ordenó conocer a mi novia, Sucrette no dudó en aceptar para, o sacarme de mis casillas o hacerme la fiesta en paz con mi hermana dentro del recinto escolar.
- Todo está perfecto Amber, llevo al día la limpieza.
- ¡Podía estar mejor!
- Ella estuvo aquí ayer y no dijo nada-
Probablemente, si estuviese sucio, Sucrette se encargaría de hacérmelo saber solo para poder burlarse de mí.
- De todos modos, ¿cuándo empezó todo esto? ¿Cómo la conociste?
No sabía que responder. Jamás habíamos inventado una historia.
Sin embargo, el ruido de la puerta abriéndose nos hizo a ambos caer en cuenta de la presencia de la persona, que me quitaba la respiración. Sucrette había llegado. Me miró sonriente y dejo las llaves a la par de las mías. ¿Desde cuándo ella…? Bueno, no había problema, me había salvado de las preguntas de mi hermana.
- Buenos días- dice. –Siento llegar tan temprano, pero, estaba demasiado nerviosa y sentía que debía venir lo antes posible-
Posiblemente ella había estado escuchando todo y se había encargado de aparecer en el momento correcto para no fastidiar las cosas o hacer que mi hermana sospechase o pensase algo que no es.
Por desgracia, ella se manejaba muy bien en situaciones peligrosas, sabía manipular y mentir. Algo dentro de mí me decía que eso podía ser horriblemente peligroso, que no estaba bien que ella fuese tan… sádica con estas cosas pero al mismo tiempo me llevaba a la seguridad de que jamás tendríamos problemas gracias a eso. Desearía que pudiésemos vivir siempre juntos y sin sus juegos de mentiras…
Aunque no podía pedir mucho, después de todo, Sucrette había sido la Muerte desde que tenía consciencia.
- ¡No te preocupes!- la jovialidad de mi hermana casi me hace reir. –Es genial tenerte aquí-
- Eres un encanto- procesa con una gran sonrisa.
Y creo que puedo estar tranquilo… al menos, de momento.
[…]
Ofrezco tazas de café a ambas, y pongo la mía en el sillón de una plaza, Amber ha monopolizado el sofá de tres plazas para ellas. Y creo que me asusta la familiaridad con la que está tomando a Sucrette como su sequito personal. Algo me dice que nos interrumpirá, solo por ser quien es ella, y no nos dejará intimidad a partir de ahora por irse aún más de la chica popular.
- Y dime, ¿cómo aguantas al empollón de mi hermano?-
Sucrette se ríe.
Esa risa, dios, mis sentidos se alteran y buscan sobre todas las cosas originar una y otra vez esa risa tan melodiosa y perfecta, suena como el canto de los ángeles y puedo jurar que mi corazón palpita aún más rápido de lo que debería por solo escucharla hablar.
- Bueno, supongo que es difícil, sobre todo cuando mete la nariz entre sus libros, despertarle a veces es muy frustrante.
Amber la mira complacida, supongo que no va a decirle que, cuando ella pasea a mí alrededor, mis ojos caminan a donde va ella, a su voz y a su todo, porque si no, Amber sabría que algo en mí, no iba bien. Jamás sentía cosas como estas.
Pasaron los minutos y el tema se cambió, no era una sorpresa que mi hermana iba a cambiarlo por cosas que le interesaban más, como le hecho de que Sucrette era una diva de la moda, o algo así, supongo.
- ¿Cómo te ficharon esos tipos del modelaje?
- Hm, por la calle, caminaba con una amiga, Cindy, y enseguida corrieron como locos a decirme que era simplemente perfecta para este trabajo- dijo.
Amber estaba enfrascada en ella, con totalidad. Jamás había estado tan fascinada por alguien o por algo.
Podría intuir que ella tenía un efecto en los LeBlanc que no era visible, aunque siendo sinceros, la Muerte cautivaba a cualquiera que la tuviese de frente con ese níveo rostro.
Aquellos rubíes por ojos, que eran las joyas más hermosas de todas, aquellos labios tentativos de fresa ácida y dulce, aquella piel tan delicada, suave y blanca como la nieve y su cabello… su hermoso, sedoso, largo y azabache cabello terminaban por extasiar al más duro.
- ¿Era tu pasión?
- Si tengo que ser sincera, no- dijo. –Me gustaba más el mundo del arte escrita, por ello mis textos debajo de cada foto. De todos modos, amo lo que hago. Me gusta como lo hago y todo lo que pienso cuando trabajo. Es motivador, sobretodo inspirar a otros para saber que son perfectos incluso con defectos físicos o psíquicos.
- Por supuesto.
Me reiría, pero sé que Amber me odiaría si lo hiciese.
A parte de quitarle credibilidad, Amber está como loca con Sucrette y haría lo imposible por sobreponerla a ella, quien sabe para qué, quizás solo para ser aún más diva de lo que se creía en el instituto o simplemente porque se sentía mejor teniendo a alguien importante a su lado. Incluso aunque esas fueran sus intenciones, Sucrette conocía a Amber muy bien y sabía que, ella, no creía que las personas con discapacidades, obesas u otras, no eran bellas si no respondían al canon de belleza actual.
- De todos modos, me preguntó que se siente.
- Puedes llegar a ser modelo si quieres, eres muy linda-
El halago inundó a mi hermana y se volvió socarrona.
Podía leerla como un libro abierto, no solo porque era mi melliza y había compartido todo con ella desde siempre, sino porque con el paso de los años, ella había cambiado tanto frente a mis ojos, se había vuelto lo que es y había sido así siempre. No podía culparla después de todo lo que vivió.
- Oh, muchas gracias, me lo dicen a menudo, pero sienta bien oírlo.
Sucrette sonríe dulcemente.
Deleitándonos de nuevo con su perlada sonrisa brillante, dejándonos patidifusos por aquella especial luz que nos acercaba cada vez más a envidiarla por tal perfección en su forma.
- Me gusta tu cabello largo y rubio.
- A mí también, mantenerlo cuesta una fortuna.
- Debe hacerlo, es hermoso.
Verlas juntas era una contradicción de color… una oscura y la otra clara, a veces me preguntaba porque la oscuridad se hacía tan hermosa si tenía sus ojos.
[…]
La comida transcurrió lentamente. Tan lento como aquella mañana-tarde.
Amber había monopolizado a Sucrette, habían hablado de un montón de cosas como ropa, complementos, modelos, famosos, grupos de música y había obtenido respuestas reales. No respuestas cortas y cortantes como las que me ofrecía a mí cuando nos quedábamos a solas. Reales. Sobre ella.
Me sentía desconectado de ella, era como si, mi hermana, a quién ella no conocía de nada, fuese más cercana a ella de lo que lo era yo, respondió a todo eso con sinceridad y dejó que la conociese, al menos que conociese a las cosas que le gustaban a Sucrette Darcy, la modelo. Pero, por lo menos, conocía más de lo que yo conocía de ella.
Poco después, Amber quiso seguir escuchándola hablar, dándose cuenta de que su voz era igual de bonita que ella en sí misma y volvió a nuestra relación.
- ¿Y cómo os conocisteis?
- En la biblioteca- dijo. –Cuéntale, Nathaniel.
- Eh… esto…- la intervención casi me deja patidifuso.
Desde que ambas habían empezado a hablar no había habido sitio para mí.
Amber no me dejaba hablar, cuando comenzaba intervenía molesta y decía cosas como que debería dejarla hablar tranquila y que fuese a estudiar o algo así, que debería tener cosas que hacer y que ahora estaban hablando las mujeres. Sucrette reía divertida por sus comentarios y concordaba, silenciosamente, con la arpía de mi hermana. Arpía hoy por apartarme de ella siendo lo que yo más amo en este mundo.
- Que le cuentes a tu hermana como te conocí en la biblioteca- repitió, aún más divertida.
Esta me la pagaría, jamás había inventado una historia, y ahora ella, me lo pedía a mí con ese toque de gracia que la caracterizaba. Obviamente estaba burlándose de mí de una de las peores formas posibles, ver que tan bueno era mintiendo.
Nunca me había envuelto en la necesidad de mentir, solo de ocultar hechos o cosas que no requerían inventar algo creíble.
- Pues… esto… había ido porque necesitaba un libro y…
- Típico- contesta Amber con superioridad. –Él siempre tiene la cabeza entre libros, seguro que fue allí sin necesidad-
Frunzo el ceño molesto y la miro aún más fijo. No me gusta nada lo que estoy oyendo.
- Amber- gruñó. –Si quieres escuchar deja de comentar y piensa-
El rostro de mi melliza se contrae en humillación y odio, seguramente no se esperaba que fuese a gritarle delante de Sucrette, pero estaba hartándome, cada vez que trataba de abrazar o sentirla cerca, a Sucrette, ella intervenía y nos separaba y ahora que me daban la oportunidad de entrar, que me la daba la Muerte claro –pues mi hermana pasaba de mi existencia-, comentaba con desdén y burla todo lo que decía.
- ¡Él siempre hace esto!- gruñe molesta.
Estoy bastante cabreada con esto que está diciendo, es como si automáticamente quisiera desacreditarme delante de Sucrette y sé que no puedo permitir lo que está sucediendo en estos momentos, la irracionalidad en mi ser se vuelve bastante brusca y necesito golpear algo con fuerza para no descargar mi ira contra ella.
Me mosqueo internamente y me levanto bastante cabreado y sé que tengo que hacer algo contra esto que está sucediendo.
- No te hagas la víctima, Amber- grito. –Es mi novia, no tu muñequita.
- Nat-Nat- dice con calma. –Está bien-
Camina hacia mí y me sonríe con dulzura, casi puedo sentir como su tranquilidad se vuelve hacia a mí. Amber no dice nada, sus labios forman una línea recta y sé que se ha molestado bastante con aquella respuesta.
- Bien, pues me largo- dice la rubia. Sobresaltándose fuera del sofá, como si llevase un resorte. –Hacéis una bonita pareja, así que, pasadlo bien. ¡Dale mi número y ya quedaremos a solas de tus caprichos, Nathaniel!
Y ahí veo que mi hermana, en el fondo, es un poco menos egoísta de lo que creí.
Espero que os haya gustado mucho. Ella, el fic, me encanta. Desde luego que cuando leí un libro sobrenatural sobre la figura de la muerte me ha echo realmente feliz.
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