¡Hola, hola, hola soy Noah!
Estoy completamente llena de ideas últimamente, supongo que se debe al estrés y que escribir siempre me ha ayudado mucho, así que creo que voy a traer cincuenta mil capítulos estos días. Aunque... mejor, ¿no?
XIII
Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma.
Sabía que estaba aquí, pero mi corazón se agrietaba cuando recordaba la frialdad con la que había pronunciado aquel discurso. Me había hablado con tanta frialdad que, incluso ahora, me estremecía y me calaba hasta los huesos. Ella había tratado la muerte de un familiar de un conocido como si me hubiese dicho que salía a comprar pan y eso me había hecho caer en cuenta de nuestras innumerables diferencias.
No era solo eso, había mucho más escrito en este cuento, como el simple hecho de cuál sería su reacción si seguíamos juntos y mataba a Amber o a mi madre, incluso me dolería que se llevase el alma de mi padre aunque yo no le perdonaría nunca, o al menos, eso era lo que pensaba ahora, así que lo dejaríamos en que todavía no lo hacía.
Ella había estado apareciendo varias veces y se quedaba en silencio, jamás me intentaba hablar, pero si se quedaba callada mirándome fijamente. Quería girarme muchas veces y decirle mi dolor, pero me sentía débil y sabría que, si la miraba, todo lo que me dolía desaparecía y yo no estaba listo para asumir que convivía con alguien que se llevaba a gente que, en cualquier momento, podría ser importante para mí si era su hora.
Al cuarto día, ella volvió a aparecer y se sentó en el escritorio de mi habitación. El único lugar donde estudiaba cómodo, incluso aunque tuviera la casa para mí solo, mi lugar siempre era mi habitación.
Supe que Blanca, también, se encontraba allí porque la oí ronronear al son de las caricias que le proporcionaba la chica, y supe que ella se quedaría un tiempo, como había hecho esas semanas.
- No puedo cambiar lo que soy, ¿sabes?- dice. –Me hicieron para que esto fuera natural para mí-
En estos días jamás había hablado, me había dejado espacio y me había proporcionado la soledad que necesitaba, pero hoy, hoy parecía que se acababa.
No dije nada, y espere a que ella continuase, muy consciente de sus palabras –a mi pesar-, me senté en la cama para mirar al suelo fijamente, aun no podía mirarlo a los ojos. Blanca maulló feliz acurrucándose contra los brazos de la muerte y, por un pequeño y corto momento, desee ser yo quien se encontrara ahí, recibiendo todo el amor que pudiese darme.
Consolarme.
- En el mundo tiene que existir la vida y la muerte, tenéis que morir para volver a vivir, y vivir para volver a morir- dice. –No es algo con lo que no tengas que convivir en tu existencia y pensé que eras consciente de que miles de vidas se pierden cada día. Incluso más. Vivir es morir, Nathaniel.
Mis ojos escuecen al darme cuenta de que ella está dolida.
La miro a los ojos, y veo su semblante, serio adornando aquella triste y fea habitación. Incluso así está bonita y me siento adictivamente atraído hacia ella. Con el impulso de abalanzarme y atraparla en un cálido abrazo que derrita cualquier enfado que hubiese permanecido en mí, -o lo que quiera que haya sido este ataque que he tenido al ver su despreocupación hacia cosas que me duelen- me quedo quieto por orgullo.
- Soy consciente- digo, controlándome y permaneciendo en mi lugar.
- No lo eres, si no, no te hubieses tomado tan a pecho lo que te dije- dice. –Sé que lo sientes cercano, pero al fin de cuentas ese hombre tiene una edad avanzada- anuncia. –Era su hora, su enfermedad avanzó y no pudieron curarle, el vivirá otra vez cuando pase el tiempo necesario y te aseguro que será feliz. Es lo único que puedo decir para consolarte si tanto te importa. Tengo que llevármelo.
Sé que ella tiene razón.
Sé que no tiene culpa, que ella no mata, solo se lleva, cuando no puede habitar más, el alma, en la tierra, que las cura de sus heridas y las lleva al cielo cuando es necesario, pero me fastidia, me frustra porque no entiendo muchas cosas y porque siento que, cuando esto les pase a mis seres queridos, para ella solo será uno más.
Uno más de los que se ha llevado, a los que ha sentenciado la condena que se les asignó.
- No es solo uno más si te importa, puedo avisarte si lo deseas, prepararte si así lo quieres, pero...no puedo saltarme esto ahora.
- ¿Y conmigo si puedes?
Ella frunce el ceño.
- No sé qué demonios te pasa, ¿sabes?- dice. –Si fueras una mujer preguntaría si tienes la regla chico, porque de verdad que estás inaguantable de esta forma-
- ¿Inaguantable? ¡Puedes irte de aquí cuando quieras y no volver más!
Ella frunció el ceño.
- ¿Es eso lo que quieres?
- Sí- espete sin pensar.
- Bien-
Dejó a Blanca en el suelo con una suavidad tremenda y, ahí, la vi desaparecer ante mis ojos, con aquel brillo natural que aparecía cuando se marchaba a quien sabe dónde.
No supe cuánto me arrepentiría de esto hasta que no pudiese volver a verla.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
No es el final, así que, tranquilas.
¡De todos modos, espero reviews!
Son gratis
