¡Hola, hola, hola, soy Noah!

Otro capítulo de Ella, espero que os guste, definitivamente creo que me encanta esta historia.


XIV

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido, yo porque tú eras lo que yo más amaba y tú porque yo era quien más te amaba.

Una semana sin aparecer.

Al principio estaba tranquilo, mis heridas cicatrizaban rápido y sabía que ella era la Muerte de una forma más profunda e intacta en un puñal justo en mi corazón, jamás lo ocultó, no mintió, me lo dijo de frente y afrontó muchas cosas –escaqueándose solo para verme y ganándose puntos negativos con su jefe- por mí y por nosotros.

Mis ojos se quedaron extintos en ella, estaba deseándola a cada instante y, cada día me sentía más vulnerable y culpable, sabiendo perfectamente que yo había causado esta situación tan tensa entre ambos. Hasta el punto de espantarla.

Podía darme cuenta, y tenía mucho tiempo para saberlo y meditarlo, que era lo que debía hacer para remediarlo y cómo hacer que, a mí, me entrase en la cabeza lo que ella era. Era obvio que ella simplemente deseaba de todas las formas posibles consolarme incluso aunque ella no lo comprendía.

Se esforzó por mí y la rechace.

Segunda semana sin aparecer.

La echaba mucho de menos, deseaba con todas mis ansias que ella regresase y entrase o por una pared o por donde sea que quiera entrar, pero que entrase y me abrazase, pedirle perdón y hacer que sus labios y los míos encajen, una vez más, solo una.

Retorcí mis cabellos y observe fijamente la pared de la sala de delegados, no había nada que me tranquilizase en estos momentos.

- ¡Nathaniel!-

La voz de Leia resonó por toda la estancia, a su lado venía Lysandro, quien se estaba reincorporando en el instituto y tenía que venir a entregarme sus justificantes a mí, ya que era yo quien entregaba todo a la directora.

- ¿Qué?- pregunté, extrañado del grito que ella había dado.

- Llevo un buen rato llamándote, no reaccionabas- ríe.

Ella se sienta a mi lado y le indica, a Lysandro, que camine a nuestro lado y tome una silla a la par de ella.

Parece un poco tranquilo a su lado, había oído que su memoria había perdido una gran parte de los acontecimientos sucedidos, como la llegada de Leia, sin embargo, rápidamente se había habituado al hecho de estar en la vida de ella. Según decían los rumores, Castiel estaba bastante cabreado por el hecho de que su mejor amigo se pegase a su chica, sin embargo, no había armado un escándalo y, el chico misterioso, solo rondaba a su alrededor.

- Hemos venido a traerte el justificante de Lysandro- dice suavemente.

- Sí, claro, lo archivo ahora- digo, un rato más tarde que ella.

Ella me observa suspicaz mientras me entrega el papel, y me indica con los ojos que hable, pero no puedo hacerlo con Lysandro delante, no ahora.

- ¿Nathaniel?-

- Ya está, podéis iros.

[…]

- Gracias por venir-

Se sienta a mi lado y sonríe tristemente hacia mí, estamos en el funeral de George, el padre de Lysandro.

Leia está preciosamente sombría y parece una muñequita, lleva un vestido negro, ajustado en la cintura y suelto hacia abajo, elegante pero no de fiesta, lúgubre y habitual, en sus hombros porta una chaqueta de cuero negra, parece que es de Castiel, lleva medias transparentes y unos botines del mismo color.

- No pasa nada, ¿qué tal está Lysandro?

- Confuso, triste, desorientado- contesta. –Perdió la memoria y, cuando despertó, empezó a habituarse a la situación para llevarse el chasco de que su padre está gravemente enfermo.

Comprendo la situación perfectamente y la observo patear el muro en el que estamos sentados.

Veo personas con diversas expresiones de tristeza en su rostro, veo al grupito de Armin, Alexy, Iris, Kentin, Priya, Kim y Violeta hablando en voz muy baja, al parecer habían venido a apoyar a su amigo, a pesar de que la mayoría de las cosas que los había unido habían desaparecido de su cabeza.

Yo era el único que sentía que no debía estar aquí, sentía que los había traicionado y no me gustaba un pelo.

- ¿Y tú? ¿Cómo lo llevas?- digo mirándola a los ojos.

Me encara de la misma forma y suspira.

- He estado mejor, no es un buen momento para ninguno de nosotros cuatro- dice. –Quiero decir, Castiel no está facilitando las cosas- me informa, su voz cálida es muy suave.

- ¿Qué ha sucedido con Castiel?

Ella señala hasta una esquina, con su cabeza, y puedo verlo. Nina está allí.

Sin embargo no entiendo qué problema puede ocasionar la pequeña fan de Lysandro a Castiel, y que ha sucedido para que todo fuese tan mal como para que Leia sienta esa molestia y tristeza en ella.

- Ella, en ciertos aspectos, causó el accidente de Lysandro y luego las hizo bonitas en el hospital- aclara. –Luego de descubrir sus motivos y perdonarla, al menos yo lo hice, Castiel comenzó a molestarse de que Lysandro se apoyase en mí y que Nina hubiese actuado como lo había hecho.

- ¿Está molesto por que ayudas a su mejor amigo?- preguntó.

- Supongo que, lo que le molesta, no es eso. Si no el simple hecho de que Lysandro se apoye en alguien que llegó hace nada a su vida y de quien no se acuerda, en vez de hacerlo con él.

Suspiro y me abrazo el cuerpo, supongo que entiendo su dolor.

Tercera semana sin aparecer.

Camino hacia casa, desamparado e infeliz.

Es oficial, me estoy volviendo loco, completamente loco sin ella. Necesito verla en estos momentos y decirle que lo siento. El arrepentimiento aparece cada vez más, es como que, mi corazón se estruja en pequeños berrinches por encontrar la sangre que se bombea gracias a ella.

- Si esto sigue así, voy a volverme loco-

Mi cuerpo choca contra otro bruscamente y lo veo fijamente de todas las formas posibles, reflejándose en pequeños trozos de luz, una mujer de cabellos castaños y preciosos ojos violetas que me mira fijamente con un semblante irritado.

- Lo siento- me disculpo educadamente.

- No hay problema, ha sido culpa mía esto… eh…

- Nathaniel, Nathaniel LeBlanc-

- Yo soy Erika, simplemente Erika- dice. –Un placer-

Sonrió y la observo fijamente.

Parece muy educada, me sorprende viniendo de los adolescentes de ahora, sin embargo, ella tiene un toque refinado que me gusta. Y que me recuerda a Sucrette, pero es totalmente diferente, ella tiene latidos, respiración y color vivo.

Ella no es perfecta y tiene un montón de defectos de los humanos, de eso, estoy seguro.

- Pues, de nuevo lo siento- dice ella. –Ahora tengo que irme.

- Claro, lo siento, yo también tengo prisa.

Nos sonreímos incómodos y caminamos lejos el uno del otro. Y ahí me di cuenta que, hiciese lo que hiciese, yo la había echado a perder.


Espero que os haya gustado.

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