¡Soy Noah otra vez, ey!

Aquí estoy… y lamento la tardanza, creo que siempre empiezo así. Va a ser como un saludo o algo *risas*.

Unos meses después de la última actualización por temas personales: mudanza, trabajo, desarrollar un juego rpg y un montón de cosas, que explico mejor en la negrita de Adolescence y próximamente Ninfomanía, os enteraréis un poco mejor.

¡Espero que os guste el capítulo y disfrutadlo!


XVI

Y si beso la osadía y el misterio de tus labios no habrá dudas ni resabios, te querré todavía más.

El día se presentó como nunca antes lo había hecho, hermoso.

La luz del sol brillaba contra las cortinas descubiertas de mi cuarto, bailoteaba el aire con ellas, en una danza de movimientos ondeantes que me atrapaban en algo que ni yo comprendía porque me hechizaba así.

Tenía la más hermosa vista que se encontraba en mi cama, mirando hacia el techo, sus ojos se fueron hacia mi rostro y pude atraparme en un paisaje mucho más caluroso y ardiente. En ella.

- Buenos días.

- Buenos días…- digo suavemente y desperezándome.

Ella se inclina hacia mí y besa mi frente, siendo sujetado su cuerpo por sus codos.

Esta tan bonita, bueno, miento, está más bonita cada día que pasa a mi lado, sonrió al darme cuenta de que ella va a estar aquí siempre que la necesite, que se ha quedado por mí. Que ha estado para mí todo el tiempo que yo la necesitaba.

- Ten buen día- dice, levantándose de mi cama.

- ¿Vas a irte?

- Accidente automovilístico en Tailandia, en la autopista, dos coches que iban a más velocidad de la permitida con niebla.

Asiento entendiendo la situación.

Ella no puede cambiar lo que es y yo tampoco quiero hacerlo, pues, de todas las probabilidades del mundo, si ella fuera una persona no sería francesa, no nos habríamos conocido y ella no estaría presente en la mayor parte de mi vida. No sé, si ahora que se quién es, podría sobrevivir sin su presencia en otras vidas, en otros mundos e incluso otros universos.

- Suerte…- digo, sin saber decir algo correcto en estos casos.

Ella me sonríe perversa.

Se acerca a mí, pasa sus brazos por encima de mis hombros con picardía. Sus labios se posan en los míos y nos fundimos en un beso de buenos días, se pega y se mueve lentamente mientras recibo todo lo que ella me da, un afectuoso y detonante beso que explota en sentimientos contra mí.

- Suerte a ti con tu hermana.

Y no me gusta un pelo esa sonrisilla petulante que ronda por sus labios, desde luego que sabía que eso no era una buena señal, que había planeado algo para mí y que tenía relación con mi hermana melliza, de eso, estaba seguro, pero valdría la pena vivir con esa situación si ella seguía aquí.

[…]

El instituto me mostro la peor de sus caras hoy.

Una enfurecida Amber me esperaba con los brazos cruzados, en la puerta del instituto, con un sequito de mujeres molestas, vamos, sus amiguitas y Karla. Ella me miró con ojos llenos de llamas iracundas y se acentuó su postura malhumorada.

Iba a matarme.

- Esto… hola, Amber-

- ¿Esto hola Amber? ¿En serio? ¿¡Cómo te has atrevido a dejar a Sucrette plantada y hacerla llorar!?

¿Cómo? ¿Estoy oyendo bien? ¡Seguro que lo estoy haciendo! Ella ha hecho eso para intimidarme, o quizás para darme un buen golpe por esos meses que pasamos separados porque soy un idiota en el fondo.

- ¿Eh…?

- ¡Me lo ha contado todo! ¡Le dije si salía de compras conmigo y se negó! ¡Se negó! Dijo que no tenía humor desde que tú, sin razón aparente en uno de vuestros momentos cursis, la echaste de casa y dijiste que no querías verla. Sin ninguna explicación. ¡A Sucrette Darcy! ¡Quede con ella y estaba devastada! ¡Lloró!

Estaba segura de que eso no ha sido así, es imposible que ella haya llorado, más porque ni siquiera ha mostrado una emoción de tristeza al verme, solo algunos reproches de la molestia, pero estoy seguro de que no ha llorado, que era una táctica para que yo recurriese a ella o alguna de las cosas locas que se le han pasado por la cabeza en sus momentos de soledad.

Para ser la muerte tenía unas ideas malditamente locas y sin sentido.

- ¿Qué te dijo qué?

- ¡Callate y escucha!- farfulla Amber. –Llámala y arréglalo todo con ella, ahora. Seguro que has estado delicadito pero no tienes derecho a cortar con ella y desecharla. ¿Entendido? ¡La llamaré hoy a la tarde y más te vale que la hayas llamado!

Me deja plantado en medio del lugar y me quedo analizando la situación.

Esta va a pagármela, ahora mi hermana va a estar totalmente pegada a mí y preguntando como nunca si nos va bien o si x o y, no me gusta esto, pero bueno, supongo que me lo tengo merecido.

- ¿Qué haces ahí plantado?- la voz de Leia resuena en mis oídos y me giro para mirarla.

- Oh, nada…-

Ella me mira pero no añade nada, solo camina un poco más lejos de mí y sé que algo no está bien.

No puedo decir si realmente necesita que corra tras ella o que la deje tranquila, así que, al menos, durante un rato la dejaré respirar tranquila, al mismo tiempo, Castiel también entra haciendo turbulencia, me mira con ira y golpea el muro.

Así que ellos han discutido… La origen del problema se encuentra ahí, puedo ir, consolarla y quizás ayudarla.

[…]

Rosalya está al lado de Leia, hablándole sobre algo, pero ella tiene un rostro deplorable, su mirada está perdida en algun punto del pasillo y parece triste, muy triste. Casi puedo entender lo que siente, aunque no sepa porque es, aunque raras veces se pelean seriamente, puedo ver que esta vez es grave.

- Hola chicas, perdón por interrumpiros, necesito secuestrar a Leia un momento...

Rosalya, alza la mirada, puedo ver en sus ojos que estaban hablando del estado de Leia y que ella estaba gritándole que debería hacer algo con el asunto. Al menos así es la chica de ojos felinos.

- ¡Díselo tú también! ¡Se ha pasado está vez!- dice imponente.

Ella me mira furibunda.

Rosalya siempre ha sido la típica persona demasiado sincera que no tiene pelos en la lengua, ella va de aquí para allá y dice lo que piensa sin inmutarse ni sentir reparo por sus palabras. Es muy directa y lanzada y, a veces, nos demuestra a todos que no tiene tacto.

- No sé qué ha sucedido, solo he pensado en hablar con ella para brindarle apoyo- digo desaprobatoriamente.

- ¡Cuéntale! ¡No mejor, te cuento yo!- dice Rosalya totalmente contrariada y molesta. –¡Castiel simplemente a…!

Ella iba a hablar, estaba tan dispuesta a contarme lo que le sucedía a su mejor amiga, pues en el fondo sabía que Leia no dudaría en contármelo, que no se fijo en el rostro descompuesto de su amiga.

- Ya basta.

Su voz resuena autoritaria, parece molesta, dolorida, casi puedo sentirla incómoda.

No sé qué ha sucedido entre Leia, pero su rostro siempre permanece calmado y sereno, con una enorme sonrisa en él que deslumbra a cualquiera, pues es una chica despampanante y que, a pesar de ser muy metiche, se preocupa por todos y agrada a todos, excepto a un grupo de cuatro personas, entre ellas mi hermana y bueno, actualmente a Melody.

- Deberías dejar de hablar así, es mi novio, sé que es impulsivo y no controla sus palabras a veces, solo… necesitamos hablar después de que nos demos unas horas o quizás un momento incierto. Así que, déjalo estar. Necesitamos despejarnos de esto.

- ¡Te insulto y tachó de mentirosa!- chilla Rosa.

- Y yo también lo insulte y lo aporre con el archivador- se encoje de brazos. –Necesito estar sola, de verdad… y si no… necesito su abrazo.

Y ahí, se levanta, caminando hasta el patio o a no sé dónde.

Solo sé que, si la molesto ahora, se enfadará conmigo y, perder a mi mejor amiga no me gustaría un pelo.

[…]

Salgo del instituto pensando en que tengo varios temas en mente que me gustaría solucionar.

Hablar con Leia me vendría de perlas, de eso, estoy totalmente seguro, el apoyo que ella me brinda es mucho y yo quiero ofrecérselo de igual modo, aunque sea muy repetitivo, ella me ha ayudado mucho siempre que ha podido. Además, estoy intranquilo, no se ha presentado a ninguna clase después de todo.

- Te esperaba- sus ojos están rojos y parece que ha llorado en los últimos momentos.

El tema que me preocupaba sobre Sucrette, pasa a segundo plano por el momento.

- ¿Quieres un abrazo?

- Sí, pero no aquí, tengo miedo de que Castiel esté por los alrededores y vuelva a malinterpretarme. Supongo que no está el horno para bollos- dice hipando un sollozo.

Asiento y me encamino hacia su casa, por suerte no queda tan lejos y de repente, sentimos unas manos que nos detienen.

- Hey- es ella.

- Oh, hola- digo descolocado.

Sus ojos atraviesan hacia la chica entre mis brazos y veo que no reacciona demasiado, solo se queda allí, observándola fijamente y casi analizándola. Nuestros ojos se conectan una última vez antes de avanzar hacia nosotros. Leia se frota los ojos y resoplo.

- Todo va a salirte bien- dice ella, frotando su espalda.

Me mira a mí fijamente y sonríe. No sé si eso es algo bueno o algo malo, es tan impredecible que ya no sé cómo actuar cuando está cerca y aparece así tan de repente.


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