Disclaimer: los personajes son pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es completamente de Tufano79 yo solo la traduzco obvio con su permiso.
Capítulo veinticuatro
BPOV
- Esos somos nosotros – dijo Edward con una sonrisa amplia y radiante. Me levanté y me dirigí a la agente de boletos que escaneó nuestras tarjetas de embarque.
- Que tengan un viaje maravilloso Sr. y Sra. Cullen – dijo ella.
Estaba a punto de corregirla cuando Edward le sonrió, diciendo – Lo haremos – Me arrastró por el túnel. Nos instalamos en nuestros cómodos asientos en primera clase. Me abroché el cinturón de seguridad y miré por la pequeña ventana, volviéndome loca de que este tubo largo con alas nos llevaría a Honolulu. Entrelazando nuestros dedos juntos, Edward me miró con picardía en sus ojos – Bella, ¿Has pensado en unirte al Mile High Club*?
¿Qué dijo?
EPOV
- Edward Anthony Cullen, ¿me estás preguntando si quiero tener… sexo… en el avión? – Siseó Bella, sus ojos se abrieron de par en par - ¿Estás jodidamente loco?
- Nop. Perfectamente sano y cuerdo – me reí, inclinándome hacia el oído de mi chica.
- ¿Frente a todas estas personas? Demonios, no Edward – gruñó.
- No es como si fuéramos a estar completamente desnudos – razoné, moviendo mi boca sobre su pecho.
- Olvidas la tendencia que tengo de "mojar" cuando me vengo – dijo sin expresión.
Mierda, olvidé eso. Me encanta pero maldición… – Contrólalo – ronroneé.
- No, Dr. Calenturiento – se rió – No quiero "controlarlo". Amo perderme en los sentimientos que me das amor. No quiero detener mis gritos. No quiero reprimir mi orgasmo solo porque estamos en un avión.
- Entonces, tal vez tenga que rentar un jet privado para nuestro vuelo de regreso a casa; así nos podremos unir al club de las alturas – repliqué con aire de suficiencia.
- No lo creo Edward – ella soltó una risita, golpeando mi brazo – hubo un fuerte golpe en la parte de abajo del avión y Bella chilló – ¿Qué fue eso?
- Están probablemente cerrando la bodega de carga, dulce niña – le dije, poniendo mi brazo alrededor de ella.
- ¿Todos los aviones hacen ese sonido? ¿Este está defectuoso? ¿Edward vamos a morir? – espetó ella, poniéndose más y más histérica en cada pregunta.
- Bella, relájate – tranquilicé – Respira profundamente amor – Ella jadeaba histéricamente, pero irónicamente lo suficiente profundo – Para responder a tus preguntas: sí, todos los aviones hacen ese ruido. Por lo que yo sé, este avión no está defectuoso. Desafortunadamente, ambos vamos a morir...
- ¡¿QUÉ?!
- Después de un largo tiempo juntos, no en este avión – dije besando su boca profundamente. Ella gimió enredando sus manos en mi cabello. Podía oír algunos rumores acerca de los recién casados desagradables en primera clase, pero me importaba un bledo. Yo estaba tratando de calmar los temores de mi niña con mi boca. Preferiría hacerlo con mis dedos o mi polla, pero esto tendría que funcionar. Nos separamos, respirando con dificultad. Los ojos marrones de Bella estaban vidriosos y muy dilatados – ¿Mejor?
- Mucho – ronroneó, frotando su cuerpo contra el mío.
- ¿Sobre el club de las alturas? – Le supliqué.
- No, Edward. Simplemente, no – resopló.
No pueden culpar a un chico por intentar.
Las puertas del avión se cerraron. Con un estremecimiento, el avión estaba avanzando. Bella estaba mirando por la ventana ligeramente en pánico. Yo entrelacé mis dedos con los suyos a medida de que avanzábamos hasta la pista para el despegue – Bella, ¿quieres algo para la ansiedad? Tengo algunas en mi maleta.
- ¿Por qué traes medicamentos para la ansiedad? – preguntó Bella.
- No soy fan de volar y solamente los uso cuando estoy en un vuelo – expliqué.
- ¿Por qué no te gusta volar? – preguntó ella enarcando una ceja.
- Cuando era niño, mis padres nos llevaron a Disney. Entramos en una parte de turbulencia y tuvimos que hacer una aterrizaje forzoso en Tennessee. Los neumáticos reventaron en el tren de aterrizaje delantero y quedé marcado de por vida – expliqué. Mientras contaba mi historia, Bella se puso más pálida. Fruncí mis labios, tomando mi neceser. Después de encontrar el frasco de ativan, saqué dos pastillas – Una para ti, una para mí.
- Um… no quiero que te arresten por… – se sonrojó.
- No hay problema. Te ves como si te fueras a desmayar – dije mientras le daba la pequeña pastilla. Ella se la tragó sin agua, yo hice lo mismo. Enredando mis brazos alrededor de ella vimos como el avión despegaba rumbo a Oahu. Una hora después Bella dormitaba en mis brazos. Yo estaba a dormitando, pero cada vez que la azafata pasaba junto mí, golpeaba mi codo. La quinta vez que lo hizo, la fulminé con la mirada – ¿Podría tener cuidado?
- ¿Cuidado con qué? – preguntó, pestañeando seductoramente.
- Usted sigue golpeando mi brazo y es desagradable – le espeté.
- Yo estaba esperando que, um, me acompañaras al… – ronroneó ella, mirando el baño desocupado – Tu esposa no estaba demasiado interesada en unirse al club de las alturas.
Decidí jugar con la idea de que yo estaba en mi luna de miel, fulminé con la mirada a la azafata loca, que se parecía a la Srta. Piggy – Mira, yo estoy en mi luna de miel con mi esposa. Lo que le decía era entre ella y yo. No con usted. Es probable que usted haya entrado al club de las alturas varias veces y digamos que no sé lo que flota alrededor de su cuerpo. Le recomiendo que se haga pruebas de ETS. Ahora, sería mucho molestar que nos dejara a mí y a mi esposa en paz? le tocaría a mí ya mi esposa sola irse. Usted fue grosera y digamos que voy a documentar su comportamiento. Una bonita y larga carta será enviada a su supervisor acerca de su conducta lasciva y no profesional.
- Lo siento mucho – ella palideció – Por favor, no...
- Demasiado tarde – gruñí.
- Sr. Cullen, por favor, no lo hagan. Necesito este trabajo – declaró.
- Debió haber pensado en eso antes de que me propusiera sexo. Y es Dr. Cullen – escupí, apartándome de ella, poniendo fin a la conversación. Ella se escabulló. Mentalmente escribí mi carta a la compañía aérea, describiendo la conducta inapropiada de la azafata. Diez minutos más tarde, otra sobrecargo se acercó y explicó que la asistente de vuelo, Rebecca, sería reasignada. Nettie, la otra sobrecargo; reemplazaría a Rebecca en primera clase. Asentí con la cabeza, cerrando los ojos y sosteniendo a Bella más cerca de mi cuerpo. Con el tiempo, me quedé dormido, gracias a mi agotamiento y la maravillosa invención del ativan.
Cuando mis ojos se abrieron, estaba oscuro. Bella estaba leyendo, con la cabeza apoyada en mi hombro – Hey – dije con voz ronca.
- Hola – ella sonrió – Estabas perdido bebe.
- Sí – le dije inteligentemente frotando mi cara – ¿Cuánto falta?
- Tenemos cerca de media hora hasta que aterricemos en Oahu – explicó – Además, la azafata Nettie, me dio esto para ti – Me entregó un sobre – No sé de qué se trata, pero, le dije que te lo daría.
Abrí el sobre y vi cuatro vales. Los cupones servían para cualquier vuelo que la aerolínea tuviera. En una nota escrita a mano había una explicación.
Dr. y Sra. Cullen,
En nombre de la línea aérea, estamos profundamente apenados por las acciones de nuestra azafata Rebecca. Ella será sancionada de acuerdo con los procedimientos establecidos en nuestro manual. Después de hablar con nuestro director de marketing por teléfono satélite, estuvo de acuerdo con que usted y su esposa obtuvieran cuatro cupones gratuitos a cualquier destino que tenga la aerolínea disponible como compensación por las transgresiones de nuestra empleada. Por favor, no dude en ponerse en contacto con el director de marketing directamente si tiene alguna pregunta.
Sr. Arthur Serratos
773-555-8456
aserratos (arroba) UnitedAirlines (punto) com
Gracias,
Nettie Barnes
- Lindo – reí tontamente.
- ¿Qué?
- Bueno, mientras tú estabas dormida, una mala azafata me propuso unirme con ella al club de las alturas. La puse en su lugar y basta con decir, que nos consiguió cuatro boletos gratis a cualquier destino que vuele United Airlines. Todavía voy a contactar al chico Arthur para verificar, pero parece de fiar.
- ¿Dónde está esa perra que intentó animarte a que te unieras al club de las alturas? Quiero patearle el culo – gruñó Bella.
- Tranquila fierecilla – me reí – Se ha manejado – Le entregué la carta, pero ella bufó – ¿Quieres la despidan verdad?
- Por supuesto que si – dijo Bella, dándome una mirada feroz – Eres mío, Edward. El hecho de que ella... Oooh! Estoy tan enojado ahora.
- Boletos gratis nena – dije agitando los papeles frente a su rostro.
- Aun así, Edward – resopló. El avión bajó y pude ver el parpadeo tenue de las luces por la ventana – ¡Mierda! ¿Vamos hacia abajo?
- No, es sólo el aterrizaje – le dije – Dame tu mano, dulce niña – Ella me agarró la mano, apretando mis dedos con fuerza. El avión continuó su descenso hasta el aeropuerto internacional de Honolulu. Las luces del aeropuerto se acercaban y Bella estaba volviéndose loca. Mi mano me dolía del agarre. Una vez que las ruedas tocaron el suelo, Bella dejó escapar un grito silencioso. Los motores rugieron y desaceleró en el asfalto. El avión viró y lentamente comenzó su caminata lenta hacia la puerta – ¿Bella?
- Mierda – chilló.
- Lo sé, pequeña. Pero, necesito mi mano de nuevo. No puedo sentir mis dedos – me reí.
- Lo siento – dijo ella, soltando mi mano y besando mi muñeca – ¿Es siempre así? ¿volar?
- Por lo general no siempre es así. Es diferente cuando se puede ver la pista. Es muy desconcertante cuando aterrizas en la noche – le dije – Aterrizar en Las Vegas por la noche es aún peor. Uno se siente como si fuera a aterrizar en el medio de la avenida principal.
- Wow – suspiró ella, mirando por las ventanas. Diez minutos más tarde, estábamos aparcados. La sobrecargo, Nettie, nos dio las gracias por volar con United. La puerta se abrió y todo el mundo comenzó a levantarse. Salimos del avión, haciendo una parada en el baño antes de bajar por el equipaje – Me siento tan sucia – Bella tiró de su camisa, arrugando la nariz.
- Otro efecto secundario desagradable de volar – me reí – Tan pronto como lleguemos a nuestra casa de renta, podemos ducharnos y comer algo.
- ¿Qué pasa con la casa? ¿Tenemos que ir a comprar la comida?
- No. Habrá alimentos entregados a la casa. Contacté con la empresa y les informé de los alimentos básicos que quería allí. Cualquier otra cosa que necesitemos, sólo tengo que contactar con la empresa y lo traerán. Está incluido en el costo del viaje, Bella.
- Oh – respondió ella – ¿Qué pasa con un coche? ¿Tenemos que alquilar uno?
- Nos va a recoger una limusina, pero hay un coche de alquiler para que ocupemos – le expliqué mientras caminábamos por el aeropuerto para buscar el equipaje. Nos detuvimos frente al transportador asignado y esperamos por nuestro equipaje. Con nuestra suerte, nuestras maletas fueron las ultimas en salir del avión. La maleta odiosamente rosa con flores de Bella salió primero, seguida de maletas verdes – Bella, ¿Por qué esa maleta?
- Tu hermana me la compró – respondió Bella, arrugando la nariz – Es de color rosa con flores. Yo no soy una chica de color rosa y, sin embargo, esto es lo que tu hermana me compró.
- Podría ser peor. Pudo haber tenido en ella a Barney el dinosaurio morado – me reí, moviendo su pequeña maleta de ruedas a un lado de la grande – ¿O tal vez amarillo neón?
- Me quedo con las flores rosadas – Bella se rió.
Cogí mi bolsa más pequeña, atándola a la maleta grande. Entrelacé mis dedos con los de Bella, dejamos las bandas transportadoras y salimos al cálido aire libre. El olor del mar asaltó nuestras fosas nasales y el aire era húmedo. Justo a un lado estaba un hombre que sostenía un cartel que decía "Cullen" – Buenas noches – le sonreí – Soy el Dr. Cullen y esta es...
- Su esposa – él sonrió, dándome la mano para saludarme – Gusto en conocerlos a los dos. Déjenme subir sus maletas – se escabulló para poner las maletas en la cajuela. Entramos a la limo y Bella me veía como si me hubieran salido tres cabezas.
- ¿Qué? – pregunté riendo ligeramente.
- Estás disfrutando esto – dijo sin expresión – Todo el mundo está asumiendo que estamos en nuestra luna de miel y estás secretamente enamorado de la idea.
- Bueno, tú y yo sabemos que va a pasar en algún momento – le dije, tomando su mano y besando su dedo anular izquierdo – Además, me encanta el hecho de que todo el mundo está asumiendo que estamos en nuestra luna de miel.
- Eres…. Demasiado cariño – soltó una risita, recargándose contra mi pecho – Tengo que preguntar…. ¿te enciendes cuando la gente de llama Sra. Cullen?
Tomé su mano, colocándola en mi polla erecta – ¿Responde esto a tu pregunta?
- Afirmativo, Edward – resopló.
Por el intercomunicador, la voz del chofer intervino diciendo que sería de alrededor de una media hora en coche a la casa. Bella miró por la ventana, entristecida porque no pudimos ver mucho ya que nos apresuramos a nuestro hogar lejos la costa este de Oahu. El coche frenó y se detuvo en un barrio elegante. Las casas se iluminaron como árboles de Navidad – Wow – suspiró ella – Estas casas son tan hermosas.
- Sólo puedo imaginar lo que valen – le dije.
- Fácilmente millones – dijo Bella, mirándome – ¿Cuánto tendríamos que pagar si en realidad estuviéramos pagando por la renta de la casa en donde nos vamos a quedar?.
- Diez mil la noche – me reí.
- ¿Cuánto pagaste por este viaje Edward? – preguntó ella.
- Menos que eso – respondí – Fue por una buena causa. Además necesitábamos vacaciones.
- Esto no son vacaciones. Son dos semanas en el paraíso, en la cuales gastaste mucho dinero – dijo burlonamente.
- Está bien, si nosotros hubiéramos decidido venir a esta casa por nuestra cuenta, nos hubiera costado aproximadamente $ 140,000. No pagué eso. Pagué un poco menos de nueve mil. Además, fue una agencia de viajes la que donó el viaje. Tienen un montón de publicidad gratuita en la donación por este viaje para la recaudación de fondos – le dije, arqueando la ceja – Yo quiero consentirte, amor.
- Ya lo haces – dijo ella, mirando hacia mí. Se inclinó y me besó suavemente – Lo siento...
- No te preocupes, Bella. No estás acostumbrada a este tipo de cosas y entiendo eso. Sin embargo, necesitas saber que yo siempre te voy a consentir, incluso si se trata de una atención especial. Te ha sido negado el amor durante tanto tiempo y yo tengo la intención de dártelo tanto como me sea posible, para siempre – le dije, tirando de ella hacia mí. Ella dejó escapar un sollozo, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello. La sostuve hasta que el coche se detuvo y el conductor anunció que estábamos en la casa – No era mi intención hacerte llorar dulce niña – presioné un dulce beso en su cabello.
- Está bien – murmuró, y me dio una sonrisa acuosa – Eres tan increíble, Edward. Doy gracias a Dios todos los días por ponerte en mi camino.
- Yo hago lo mismo dulce niña – dije besando sus labios suavemente. La ayudé a que saliera de la limo y frente a nosotros estaba una mansión masiva – Santas pepitas!
- Puedes decir eso otra vez – Bella soltó una risita chocando su codo contra mi pecho.
- Santas pepitas – dije en un grito ahogado
- Dr. y Sra. Cullen, aquí están las llaves de su casa. Cuando yo venga por ustedes los traeré de regreso – dijo el conductor dándonos dos juegos de llaves – Las llaves del auto están dentro de la cochera. Tienen dos vehículos para usar mientras estén aquí. Uno es un Dodge Chalenger convertible y el otro es una camioneta Mercedez plateada. Si necesitan algo, el número de la compañía de renta está en el refrigerador junto con los números de emergencia. Aloha bienvenidos a Oahu – dio la vuelta sobre sus talones y nos dejó frente a nuestra hermosa casa.
- ¿Tienes las llaves dulce niña? – pregunté.
- Si – respondió ella. Con un guiño, me agaché y la tomé entre mis brazos – EDWARD! Bájame! te voy a lastimar.
- Shhh. No sería un buen marido si no te cargara a través del umbral de la puerta – me reí.
- Todavía no estamos casados – dijo inexpresivamente.
- Tecnicismo menor – le dije mientras la llevaba hasta la puerta – Abre amor.
Bella abrió la puerta, empujándola con el pie. Crucé graciosamente el umbral, colocándola en el suelo. La casa era cálida y acogedora. Sin embargo, era enorme. Demasiado grande para los dos. Debimos haber invitado a nuestros amigos para llenar las habitaciones. Eran seis. Sin embargo, me alegro de que no lo hiciéramos. Soy egoísta y necesito tiempo a solas con mi chica – Esto es increíble – Bella suspiró, mirando alrededor de la casa.
- ¿Por qué no exploras en lo que yo traigo las maletas? – sugerí. Ella asintió besando mi mejilla. Salí y metí todo el equipaje en un solo viaje. Las maletas de Bella eran muy ligeras, demasiado para mi sorpresa. Siempre que iba de vacaciones con mi mama, Rosie o incluso con mi ex – esposa Tanya, sus maletas estaban llenas de toneladas de basura. Ropa que nunca veía en sus cuerpos pero que eran desesperadamente necesarias en las vacaciones.
Ugh!
Regresando al interior de la mansión, podía escuchar los jadeos de la decoración opulenta de la casa y su incredulidad de estar en Oahu de vacaciones conmigo – ¿Bella?
- Arriba! La habitación de la izquierda – gritó – Tiene balcón! – me reí llevando las maletas a la habitación de la izquierda. El techo era una madera de teca cálida con moqueta beige suave. La cama tamaño king estaba cubierta de ropa de cama de color gris plateado que parecía lujoso y acogedor. Bella había abierto las ventanas y los sonidos del océano llenaban la habitación – Sólo puedo imaginar cómo se verá esto una vez que esté la luz del día. Probablemente magnífico.
- No tan hermoso como tú – ronroneé enredando mis brazos alrededor de su cuerpo.
- No me siento hermosa en este momento. Me siento pegajosa. No quiero nada mas que una ducha e ir a la cama – dijo ella.
- ¿Quieres compañía? – pregunté besando su cuello.
- Por supuesto. Solo porque dije que quiero ir a la cama, no significa que quiera dormir – ronroneó. Con un guiño ella entró al baño quitándose la ropa y dejando un camino con ella – ¿Vienes?
- En más de un sentido nena – grité siguiéndola al baño.
xx APFL xx
Era temprano a la mañana siguiente cuando finalmente nos quedamos dormidos. Dormir en el avión no ayudó con nuestro insomnio. Hicimos el amor bajo la ducha y de nuevo en la habitación antes de acurrucarnos bajo las mantas, escuchando las olas romper en la orilla. Cuando finalmente abrí los ojos, estaba caliente y, obviamente, soleado. Estaba solo en la habitación. El olor del tocino flotaba hasta el dormitorio y gruñí alegremente. Me puse los pantalones cortos de nuestro viaje, bajé las escaleras para encontrar a Bella tarareando felizmente junto a su iPod que estaba conectado a una base de sonido en la cocina. Ella llevaba una de mis camisetas y nada más que yo pudiera ver.
- Buenos días – dije con voz ronca, mi voz sonaba mucho más profunda de lo habitual.
- Buenos días, cariño – dijo ella, dándose la vuelta – ¿Quieres un café?
- Sí, por favor – le contesté, dándole una sonrisa torcida. Ella puso una taza en frente de mí, junto con un poco de crema y azúcar. Lo hice a mi preferencia y le di un sorbo a la taza caliente de café cargado – Wow, esto es delicioso.
- Lo sé. Es un poco de mezcla especial que encontré en la despensa – dijo ella, poniendo la bolsa en frente de mí.
- Mierda, tendremos que comprar un montón de eso. Esta es la mejor taza de café que he tenido – le dije, tomando otro sorbo – ¿Qué quieres hacer hoy?
- No mucho. Salir a la piscina – sugirió – Es casi mediodía ahora. Dormirse a las cuatro de la mañana arruinó nuestros horarios de sueño.
- No, dormir en el avión hizo eso – me reí – Y la piscina suena perfecto. Bonito día de relax. Podemos planificar lo que queremos hacer mientras estamos aquí.
- No me importa lo que hagamos, siempre y cuando regresemos con un poco de bronceado – se rió Bella – Sería triste que los dos regresemos tan blancos como somos – Levantó su brazo porcelana, arrugando la nariz ligeramente.
- Nuestros horarios realmente no se prestan para tomar el sol – dije sin expresión – Además, no me bronceo. Me quemo. La alegría de ser un jengibre – Me pasé la mano por el pelo, gimiendo en voz baja.
- Tienes protector solar? – preguntó Bella, dándome una mirada de reproche.
- Sí, querida – me reí. Bella resopló, poniendo un plato delante de mí. Se sentó a mi lado, comiendo un poco de fruta y unos huevos revueltos – Es todo lo que comerás?
- No tengo hambre – se encogió de hombros. Yo puse un trozo de tocino en el plato. Ella rodó los ojos, mordisqueándolo – Te preocupa que me esté poniendo demasiado delgada?
- Tú eres perfecta – le advertí, besando sus labios.
- Casi – dijo ella, dándome un codazo en las costillas. Nos tomamos nuestro desayuno en silencio, salvo por la música. Bella terminó y caminó hacia el fregadero para lavar los platos.
- Yo lo hago dulce niña. Tu cocinaste, yo limpio. Ve a ponerte tu traje de baño – sugerí. Ella asintió besándome dulcemente antes de subir las escaleras. Rápidamente lavé los platos poniéndolos en el lavaplatos y tomando otra taza de café. Maldita sea! Esto está muy bueno. También saqué mi computadora y la encendí. Bella regresó usando un traje de baño negro y un pareo que combinaba. Su cabello estaba en una cola de caballo alta y traía unos lentes de sol en las manos.
- Será mejor que no pienses en trabajar, Dr. Sexward – bromeó.
- No lo haré. Solo l encendí para buscar cosas que hacer mientras estemos aquí.
- Yo busco, tu ve a cambiarte – se rió mientras me empujaba alejándome de la computadora. Asentí y corrí por las escaleras.
En nuestra habitación mi teléfono estaba sonando sobre la mesita de noche. Revisé el identificador viendo que era del hospital. ¿Qué quieren? ¿No saben que estoy de vacaciones? – Dr. Cullen – ladré por teléfono.
- Dr. Cullen, es la Dra. Vanderwulf – apareció la tímida voz de nuestra nueva médico adjunta.
- ¿Sí, Dra. Vanderwulf?
- Umm, estamos muy cortos de personal en Emergencias. ¿Podría venir? – preguntó ella.
- Lo siento Dra. Vanderwulf no puedo – Le contesté.
- ¿Porque? El Dr. Yorkie y yo somos los únicos médicos a bordo y los residentes son ¡fatales!
- Estoy como a nueve horas y media de vuelo lejos de Chicago. Estoy de vacaciones. En Oahu – dije tensamente – Debería de estar en el calendario que yo estoy disponible hasta el 20 de Agosto. Si usted está tan abrumada como usted dice que está, comuníquese con el Dr. McGovern. Él está a cargo en mi ausencia.
- Lo siento Dr. Cullen. No sabía que estaba en sus vacaciones – tartamudeó – Llamaré al Dr. McGovern. De verdad lo siento. No me despida.
- Relájate, Kendra. No estás despedida. Sólo no me molestes hasta el 20 de Agosto. Nos vemos luego – dije secamente.
- Hasta luego Señor – murmuró y colgó. Me sentí mal por ella, pero si no tomaba mis vacaciones me volvería loco. Relajándome otra vez, me puse mi traje de baño de bermuda azul y una playera del mismo color y unas flip flops. Me puse mis lentes de contacto y tomé unos lentes de sol antes de bajar las escaleras. Bella escribía furiosamente en la computadora.
- Será mejor que no estés trabajando dulce niña – la molesté tal como ella había bromeado conmigo.
- Nop. Solo estoy buscando cosas divertidas que hacer mientras estemos aquí. ¿Qué tal viaje en velero al atardecer mañana?
- Suena deliciosamente romántico – sonreí, olisqueando la suave piel de su cuello. Metí la mano en mi mochila y tomé la tarjeta de crédito negra con su nombre – Págalo amor – Si, planee eso. Yo quiero que sepa que quiero compartir todo con ella.
- Edward, ¿Por qué me estás dando una tarjeta con mi nombre en ella? – preguntó.
- Porque te incluí en mi cuenta de crédito como un usuario autorizado – sonreí, presionando mis labios con los suyos – Lo que es mío es tuyo dulce niña – sus labios se convirtieron en una línea tensa – Oh, no seas así ¿Por favor?
- Todavía no estamos casados – ella susurró mirando mi clavícula.
- Y? Bella, tu eres eso para mí. Ahora, vas a usar tu nueva tarjeta de crédito para pagar el viaje, o ¿tengo que usar la mía? – pregunte.
- Dámela – dijo ella. Usando su celular, la activó y pago los boletos para el Sunset Cruise* por las costas de Oahu – Solo voy a usar esto para emergencias, Edward Anthony.
- Lo último que escuché es que Sunset Cruise no es una emergencia – bromeé.
Bella me golpeó el brazo – Lo hice bajo coacción – me regañó rodando los ojos.
- Úsala cada vez que quieras Bella. ¿Está bien? Ella resopló indignada – Sobre todo mientras estemos aquí, ¿por favor? - Puse mi cabeza en su hombro, sacando mi labio adorablemente
- Realmente quieres malcriarme, Edward – ella reprendió. Su voz sonaba en broma pero parecía ofendida por la mera idea de que yo la haya añadido a mi cuenta de crédito – Ahora, vamos a pasar el día en la piscina.
- Espera – dije, tomándola por la cintura. Se dejó caer sobre mí – ¿Estás enojada conmigo?
- No – murmuró.
- Bella – suspiré, volteándola y mirándola a los ojos. Ella apartó la mirada rápidamente, mirando algunas flores tropicales frescas en la mesa de centro - Estás enojada.
- No tanto como "enojada" me siento un poco avergonzada – Dijo, arrugando la nariz.
- ¿Por qué estás avergonzada?
- Es tú dinero, Edward – dijo con voz forzada – Yo no debería de gastarlo. Si, sé que cuando nos casemos "lo que es tuyo es mío" y todo eso. Pero no estamos casados, todavía! Me siento culpable Edward. Me siento como una gorrona – le di una mirada dura – Yo sé que no lo sientes así, pero es difícil para mí dejar de sentirme de esa forma. No estoy acostumbrada a que se hagan cargo de mí.
- Bueno, acostúmbrate Bella. Haré eso para siempre – Dije, tomando su rostro en forma de corazón en mis manos. Había temor detrás de sus orbes marrones pero asintió su consentimiento. Se estaba acostumbrando lentamente a mi naturaleza generosa. Tengo mucho dinero en el banco. Que está a su disposición. Mi chica tuvo un comienzo difícil. Quiero hacer que su presente y futuro sea lo más cómodo posible.
xx APFL xx
- Bella, ¿cuál es la vestimenta para el crucero? – Le pregunté, mirando el armario. Tenía pantalones de vestir y pantalones cortos en mis manos.
- Casualmente elegante – respondió ella desde el baño – Llevaré un vestido ligero porque estoy quemada del sol de ayer.
- Yo también – me quejé. Tenía la espalda de color rosa brillante. Me había quedado dormido sobre mi estómago, olvidando ponerme protector solar después salté en la piscina. La ropa me raspaba. Si por mí fuera, me gustaría ir a este crucero al atardecer sin camisa. Por desgracia, esa mierda no sucedería. Suspiré. Escogí una camisa polo y puse mis pantalones cortos de nuevo en el armario, optando por los pantalones de color caqui – ¿Puedes poner aloe en mi espalda?
- Dame un segundo, bebé – dijo en voz alta. Me puse los pantalones y tomé la loción de aloe de la mesita de noche. Mientras ella estaba terminando en el baño, me puse unos calcetines, los zapatos y el reloj – Date la vuelta, Edward.
Me puse de pie, frente al Océano Pacífico. La brisa del mar en calma se filtraba a través de nuestro dormitorio. El cabello de Bella estaba recogido en una coleta baja con suaves rizos enmarcando su cara. Los zarcillos revoloteaban alrededor de su piel rosada. La miré por encima de mi hombro, mientras que ponía un poco de loción en sus manos. Era tan hermosa.
- Bien, Edward se lo que estás pensando – dijo sin expresión – Estoy de un color rosa brillante. Estoy absolutamente preciosa.
- ¿Qué? Lo eres – Bella se rió entre dientes, frotando la loción en mi piel ardiente – Bella, ¿por qué no me crees?
- Eh, me siento cohibida hoy. No me siento cómoda en el vestido que llevo porque mis brazos están expuestos. Pueden ver mis axilas. Me gustaría usar un suéter, pero no tengo nada que combine – dijo con tristeza, moviendo sus manos por mis brazos. Ella resopló, jugando sus dedos con la correa de mis pantalones. Su mejilla estaba presionada entre mis omóplatos.
- Ven aquí, dulce niña – le dije mientras la arrastraba hasta el espejo de la puerta del armario. Me puse de pie detrás de ella, quitando el cabello de sus hombros – ¿Qué ves cuando te miras en el espejo? Yo sé que lo hicimos cuando nos conocimos, ¿pero no ves la diferencia?
- ¿Más o menos? – Se mordió el labio, retorciendo sus manos con nerviosismo. Yo arqueé una ceja en el espejo – Sí, veo la diferencia.
- Dime.
- Mi cabello es más largo – dijo.
- Eso no es taaan de lo que estoy hablando, Isabella – dije, frotando mis manos a lo largo de sus brazos – Sí, tu cabello es más largo. También el mío. De nuevo a mi pregunta... ¿ves la diferencia? ¿Físicamente? ¿Sientes la diferencia, emocionalmente?
- Veo una diferencia, sí – ella comenzó en voz baja – He perdido quince kilos desde enero. Yo llevo puesto, ropa en tallas regulares – Su rostro se torció en una sonrisa tímida pero orgullosa.
- Específicamente, Bella. ¿Cuál es la característica favorita de tu nuevo cuerpo? – Presioné, pasando distraídamente mis dedos por sus antebrazos.
- Mi clavícula – dijo ella, pasando los dedos a lo largo de su delicado cuello – Mis tobillos, también. ¿Tienes una parte favorita?
- Todo de él – le dije con sinceridad – Desde tu rubor seductor a tus senos a tu tímida sonrisa a tu corazón cálido… – Ella se sonrojó profundamente, tratando de esconderse detrás de su pelo, que era difícil, ya que su pelo estaba recogido en una cola de caballo – ¿De qué parte de tu nuevo cuerpo te sientes más orgullosa? – Le pregunté, mirándola a los ojos a través del espejo.
- Cuánto me deseas – respondió ella, captando mi mirada – Siempre me hiciste sentir hermosa, pero ¿ahora? De hecho, me siento un poco digna de tu elogio y de estar a tu lado. Eres tan hermoso, también, Edward.
Me sonrojé, sonriendo torcidamente a mi dulce niña – Gracias – le susurré, besando su cuello. No sería prudente decir que no estaba hermoso si estaba tratando de convencer a mi hermosa alma gemela que ella era tan hermosa, si no más, que yo – Ahora, el propósito de esto es para que no mires la imagen reflejada en el espejo y veas los defectos.
- Es difícil hacer eso, Edward – dijo ella – A pesar de que veo mi nuevo yo, todavía me siento como esa cobarde chica que dejó que todos la pisotearan. Todavía veo el culo gordo con celulitis y rollos.
- Cuando me miro en el espejo, a veces veo el adolescente nerd con mucho acné y frenos – le dije – Pero hemos cambiado, Bella. Hemos mejorado, ya que hemos ido creciendo, dulce niña. ¿Somos perfectos? No, pero tenemos que aceptar y apreciar nuestros defectos. Es lo que nos hace especiales. ¿Entiendes?
- En teoría – dijo ella mordiendo sus uñas – Déjame procesar todo ¿sí?
- ¿Lo vas a escribir en tu diario? – pregunté besando su sien. Ella asintió apoyándose contra mi pecho – Pero, no ahora. Tenemos que estar en la marina en cuarenta y cinco minutos.
- Cierto – soltó una risita – Lo haré cuando regresemos del crucero o mañana en la mañana – dijo mientras se deslizaba apartándose de mi – Voy a terminar de maquillarme y después ¿nos podemos ir?
- Si dulce niña – respondí. Caminó de regreso al baño. Me puse mi playera polo color amarillo mantequilla y me rocié un poco de colonia. Tomé mi cartera, celular y cámara de la mesita de noche y bajé al primer piso de la casa. En el escritorio había dos juegos de llaves; uno era del Challenger convertible color naranja y el otro era de la camioneta Mercedes color plata. Después de una rápida revisada al clima tomé las llaves del convertible caminé al garaje bajando el capó – Lindo – me reí.
Bella salió, cerrando la puerta de la casa. Sostenía una chaqueta de jean en sus manos y un bolso a juego con el vestido – Oooh! Yay! Estás conduciendo el convertible. Tenía la esperanza de que querrías hacerlo – dijo emocionada.
- Es una noche hermosa. ¿Por qué no lo haría? – pregunté, abriendo la puerta para ella. Me agradeció mientras se deslizaba el asiento de piel negro. Me subí al auto y salimos a la calle. Usando mi celular de GPS manejé una corta distancia a la marina en donde estaba anclado el bote. Era un bote pequeño donde cabían alrededor de cincuenta personas más el personal. Era muy similar al Odyssey en Chicago, solo que era de un solo nivel en lugar de tres. Parte de la terraza era al aire libre el resto de él estaba dentro con un buffet, mesas, un bar y una banda tocando varios covers y canciones hawaianas.
Nos sentamos junto a una ventana y charlamos tranquilamente mientras el barco se alejaba del muelle. Ordenamos las bebidas y conseguimos un poco de comida en el buffet. Bella estaba en silencio mientras observaba la isla como flotábamos más allá de la exuberante vegetación que se bañaba en la cálida luz de la puesta de sol tropical – No puedo creer lo hermoso que está aquí – suspiró ella. Abrí la boca dispuesto a decir algo cursi – No lo arruines con uno de tus cursis líneas – Bella se rió un poco, enredando sus dedos con los míos – Estoy hermosa, pero esto es el cielo en la tierra.
- Es hermoso – estuve de acuerdo mirando por la ventana – ¿Quieres ir allá afuera? ¿Tomar algunas fotos antes de que se oscurezca completamente?
- Sip – respondió ella. Caminamos hacia la cubierta. Tomé algunas fotos de Bella antes de que me quitara la cámara de las manos. Tomó algunas fotos de mí antes de tomar algunas del atardecer. En verdad era algo que quitaba el aliento.
- ¿Les gustaría que tome una foto de ustedes dos? – preguntó un señor mayor que estaba en la cubierta con su esposa.
- ¿Puede? – Respondió Bella, sonriendo ampliamente al hombre. Él asintió con la cabeza tomando la cámara de la mano de Bella.
- Acérquense más – sonrió.
Envolví mi brazo alrededor de la cintura de Bella, inclinando mi mejilla contra su cabeza. Bella se acurrucó cerca de mí, presionando su cuerpo contra el mío.
- Oh, George, ellos son tan adorables – arrulló la mujer mientras George tomaba nuestras fotos.
- Sí, lo son – dijo George, devolviéndole la cámara a Bella – Hay mucho amor a tu alrededor. No lo pierdas.
- Nunca – dijo Bella – Yo lo amo mucho. Tengo mucha suerte de amar a mi mejor amigo.
- Cincuenta años he estado con éste – dijo la mujer, uniendo sus brazos a los de su marido – Ha sido maravilloso.
- Cincuenta años de estar en mi luna de miel – George canturreó. La besó en la frente – Te amo mucho, Elaine.
- ¿Ahora quien está siendo adorable? – Bella se rió.
- Tratamos – Elaine sonrío satisfecha – ¿Están en su luna de miel?
Bella me lanzó una mirada - No, todavía no – dije – Solo de vacaciones pero pronto estaremos en nuestra luna de miel.
- No esperes mucho tiempo – George quiñó un ojo - ¡Oh! ¡Una foto más! ¡El sol está perfecto! – tomé a Bella en mis brazos acercándola mucho a mi cuerpo mientras George tomaba muchas más fotos de nosotros dos – ¡Perfecto! Buena suerte – sonrió.
- Gracias por tomar las fotos – dijo Bella con aprecio. George asintió, dándole a Bella la cámara y caminó hacia sus esposa. Mientras se alejaban sus dedos se entrelazaron. Ella se inclinó contra su hombro y el besó su sien antes de caminar hacia el interior del barco. Bella se sentó en el banco y comenzó a mirar las fotografías que nos habían tomado - ¡Oh wow! ¡Es tan bonito! Edward, ven a ver.
Me senté junto a ella. La pareja que estaba en la pequeña pantalla de la cámara estaba obviamente muy enamorada y feliz. El aura de dicha nos rodeaba y era asombroso de ver – Amo esta – murmuré señalando la foto en donde Bella y yo nos estábamos besando. El sol estaba justo detrás de nosotros, dándonos un brillo etéreo. El cielo estaba rosado, naranja, morado y azul fuerte.
- Debemos imprimir esta en cuanto regresemos de vacaciones – Bella sonrió, poniendo la foto como favorita en la cámara. La puso en su bolso acurrucándose contra mí. Vimos el final de la puesta del sol. El cielo cambió de un rosado cálido a un morado profundo hasta que estuvo completamente negro con estrellas brillando en la distancia. Perezosamente pasaba mis dedos sobre su brazo – Dios, me estás volviendo loca con tu suave toque en mi brazo Edward.
- ¿Un buen loco o un mal loco? – Le pregunté, continuando mi lento, lánguido sendero a lo largo de su piel suave y aterciopelada.
-Yo-quiero-saltarte-encima loco – bromeó.
- Tú estás usando este vestido – Ronroneé, acariciando su cabello con mi nariz. Ella olía tan bien. Además de su olor normal de fresa, un poco de frutas tropicales se mezclaba. Era acogedor y tan tentadora. Mi cuerpo reaccionó a su olor; la agitación en mis pantalones era una indicación clara de lo que quería hacer. Maldije a los demás ocupantes en el barco. La deseaba jodidamente ahora.
- ¿Qué pasa contigo y el sexo público? – Bella soltó una carcajada alejándose de mí – Primero el club de las alturas y ahora teniendo sexo con cincuenta personas a menos de tres metros.
- ¿Qué? Soy un chico - Solté un bufido, encogiéndome de hombros sin convicción – Te deseo.
- Me tendrás Edward – dijo ella enredando sus dedos en el cabello de mi nuca – Cuando regresemos a la casa.
- ¿Tengo que esperar tanto?
- Si bebé – soltó una risita – En verdad no quiero ser arrestada por indecencia pública y comportamiento obsceno y lascivo. Quiero disfrutar mis vacaciones.
- ¿Me prometes que haremos el amor en cuanto lleguemos a casa? – hice un puchero.
- Dios, si! Como dije antes, me estás volviendo loca con la cosa del brazo – dijo ella, inclinándose hacia delante besando mis labios – Además, parece que ya casi llegamos al muelle. No tendremos que esperar mucho tiempo.
Alcé mi puño en signo de victoria, profundizando el beso mientras llegábamos a la marina. Esta noche haré el amor con mi chica. Si!
xx APFL xx
Hicimos el amor hasta bien entrada la mañana, una vez que regresamos del crucero. Apenas entramos a la casa nuestra ropa ya estaba fuera de nuestros cuerpos. Hicimos el amor en el sofá de la entrada. Le hice sexo oral en las escaleras y quedé mojado de su liberación. Follamos en la ducha; la primera vez para Bella. Después finalmente hicimos dulcemente el amor en la cama, murmurando palabras de devoción, durmiéndonos rápidamente después de eso.
El siguiente día fue muy relajado. Pasamos el día en la playa privada de nuestra casa. Para la cena, decidimos ir a un restaurant que se veía intrigante en la computadora. Sí, era una mierda. Basados en el anuncio, nos pareció que era un lugar de sushi. Pero, no fue así. Era francamente horrible. Después de que pagué la cuenta, dejando una propina mínima, salimos de allí y fuimos a Pizza Hut para comer una pizza. Sí, era una cadena de restaurantes pero era familiar y comestible.
Mientras comíamos una pizza grande de carnes frías, hablamos de lo que queríamos hacer al día siguiente. Después de una acalorada discusión, decidimos ir a Pearl Harbor a visitar el Arizona Memorial USS seguido del Dole Plantation. Llenos de pizza, nos dirigimos de nuevo a la casa y vimos una película antes de ir a la cama.
A la mañana siguiente, desperté temprano y decidí hacerle un desayuno a mi niña. Ella ha hecho la mayoría de la comida. Era mi turno. No soy un cocinero como Bella, pero definitivamente puedo hacer algo de huevos revueltos y salchichas. Mientras la carne se estaba cocinando, corté algo de piña, sandía, fresas, mango y melón dulce poniéndolo en una bol. Terminé con la ensalada de fruta y regresé a cocinar los huevos. Milagrosamente, serví dos platos de huevos revueltos con queso, salchichas y ensalada de fruta fresca. Puse la comida en una bandeja y lo llevé hasta nuestro dormitorio.
Bella estaba enredada en las sábanas. Su espalda desnuda con sólo la parte superior de su culo empujando hacia fuera de las cobijas, burlándose de mí con sus curvas. Quería desesperadamente poner la bandeja abajo, tirar de sus caderas hacia arriba y hundir mi dura polla entre sus muslos. El desayuno, que idiotez. Deja de pensar con la polla.
Poniendo la bandeja en la silla a los pies de la cama, me subí a la cama con mi niña. Pasé mi manos por su piel, quitando su largo cabello café de su rostro – Despierta mi amor – ronroneé, besando su oído.
- Hmmm – gruñó alejando su cabeza de mí. Ella se movió lo suficiente para que la sábana se moviera de su culo delicioso. Me mordí el labio. Mis manos se movían por su cuerpo desnudo, masajeando su culo desnudo. Mis dedos rozaron los labios inferiores y estaba mojada. No... Deja a tu novia caliente en paz. Ella necesita el desayuno, un abrazo y un poco de fruta. No, no Cullen – Sólo unos minutos más. Tú me agotaste Dr. Sexward.
Me reí – Yo también estoy un poco cansado dulce niña. Pero te traje unos presentes – dije besando su hombro.
Ella se volteó hacia mí abriendo un ojo. Su rostro estaba adorablemente arrugado – ¿De qué hablas?
- Hice el desayuno Bella – dije saltando fuera de la cama. Ella se sentó lentamente tomando mi camisa de la noche anterior. La puso alrededor de su cuerpo abotonándola. Se veía deliciosamente sexy con mi camisa, su cabello enmarañado y sus labios rosados. Sus mejillas tenían las marcas de la almohada. Su ceño estaba fruncido en confusión - ¿Qué está mal?
- ¿Tu cocinaste?
- Si Bella – dije sin expresión, poniendo la bandeja sobre sus piernas – No soy completamente inútil en la cocina.
- Lo sé – soltó una risita cuando vió las cosas en la bandeja - ¡Wow! Esto se ve realmente bien bebé.
- ¿Mejor que la pizza de anoche? – bromeé.
- Esa fue comida de confort para borrar la memoria de la mierda poi gris que pretendían hacer pasar por comida en el restaurante de mierda –Bella palideció. Con una sonrisa, ella cogió el tenedor y se clavó en el desayuno en frente de ella. Ella tarareó con aprecio – Mucho mejor que la cena y la pizza de la noche anterior, Edward. Gracias.
- Bien. Me alegra que te haya gustado – dije mientras tomaba un poco de ensalada de frutas. Comimos el desayuno, disfrutando del desayuno y viendo las olas romper en la playa. Tal vez pueda poner una solicitud de transferencia a Oahu… esto es tan bonito. Bella gimió cuando probó la ensalada de fruta. Ese sonido lascivo fue directamente a mi polla.
- Mierda, esto está muy bueno Edward – suspiró tomando un pedazo de sandía – Hay licor en la ensalada?
- No demasiado – dije con voz estrangulada. Sus sexy tono de voz me estaba volviendo loco de deseo.
- ¿Estás bien bebe? – preguntó pasando su mano por mi frente – Estás rojo y sudoroso.
Lamí mis labios y cogí la bandeja, poniéndola en el diván. No había respondido a Bella. Nada era lo que me pasaba. Era una necesidad desesperada de ella. Sabía que mis ojos estaban dilatados. Podía sentir mi excitación debajo de mis pantalones cortos. Girando lentamente, me arrastré hasta la cama, sujetándola contra el colchón – Creo que conozco el problema que estás experimentando – suspiró ella.
- ¿Qué es? – ronroneé, quitando las sabanas de su cuerpo dejando ver sus ahora piernas bronceadas Me acomodé contra su húmedo calor.
- Erección – ronroneó hacia mí, moviendo sus manos suaves por mis brazos hasta que llegaron a mi cabello.
- ¿Cuáles son los síntomas, Enfermera Swan? – Le pregunté, inclinándome para besar su cuello. Ella gimió cuando mis labios entraron en contacto con su piel sensible debajo de la oreja.
- Uhhh – tartamudeó.
Me reí entre dientes de manera sexy, moviendo mis labios en su clavícula, mordiendo su piel fragante. Mis manos se movían a lo largo de su cuerpo hasta llegar a los botones de la camisa – ¿Síntomas?
- A la mierda los síntomas! Necesito la cura – suplicó – ¿Por favor?
- No puedo darte la cura si no me dices todos los síntomas – dije succionando el lóbulo de su oreja.
Bella empujó mi hombro y nos rodó y así ella quedó posada en mi regazo. Entrelazó sus dedos con los míos, dándome una sexy y seductiva sonrisa. Su cuerpo estaba sobre mi erección – Bien… Síntomas, incluye sonrojo excesivo, respiración acelerada, dilatación de pupilas e incremento de la presión arterial en partes erógenas. Sabiendo los síntomas, ¿Qué prescribirá?
Me senté y lentamente desabroché la blusa de Bella – Mi prescripción es simple. Besarse mucho.
- ¿En dónde? – preguntó ella dándome una sonrisa torcida de satisfacción.
- Primero, comenzaré con los labrios – respondí, tomándola del cuello para atraer su boca a la mía. Sus labios contra los míos podía sentir el sabor de la fruta con lo salado de los huevos revueltos. Moví mi cabeza y profundicé el beso deslizando mi lengua entre sus labios. Echándome hacia atrás le quite la camisa – Después, te besaré por el cuello y llegaré a tus pechos mordisqueando y saboreando tus persones con mi lengua.
- Mierda – dijo entre dientes.
- Pronto, nena – le dije mientras corría mi boca por su suave cuello. Mi mano derecha palmeó el pecho, rodando lentamente su pezón entre el pulgar y el dedo índice. Ella se echó hacia atrás y me dio espacio para aferrarme al pecho izquierdo con la boca. Sacudiendo su pezón con mi lengua y masajeando su otro pecho con mi mano, Bella se sacudió contra mi cuerpo. Su excitación manaba de ella y probablemente estaba dejando una huella húmeda en mis pantalones cortos. No me importaba. Era su forma de marcarme.
Cambié de pecho y le di la misma atención. La cabeza de Bella cayó hacia atrás junto con la camisa. Y estaba completamente desnuda frente a mí. Tan hermosa. Verla tan encendida me hizo ponerme duro como una piedra. Quería arrancarme los shorts de mi cuerpo y deslizare entre sus paredes cálidas y mojadas. Debía de terminar de administras mi receta completa. Soltando su pezón, nos volteé y así Bella quedó recostada sobre su espalda. Ella chilló – El próximo lugar para besar es… - hice una pausa.
- Edward – gimió.
Le di una sonrisa antes de levantar su pierna – Aquí – terminé, besando el empeine de su pie. Ella se echó a reír, tratando de zafarse. Bella tenía los pies muy cosquillosos. No me quedé allí mucho tiempo antes de besar su pierna. Ella se había relajado cuando me moví al otro pie, ganando una nueva ronda de chillidos y retorcijones. Mi lengua recorría sus piernas hasta que llegué a la parte superior de los muslos.
- ¿Por favor? Edward, yo… te necesito - rogó, apretando las sabanas – Bésame!
Levanté la vista hacia ella, presionando, suaves besos angelicales a lo largo de su cuerpo. Abriendo las piernas, besé su sexo como lo haría en la boca. Mi lengua se adentró en el dulce calor de su coño, deleitándome en su fuerte y picante, sabor natural. Bella dejó escapar un fuerte grito cuando mi lengua entró en contacto con su piel acalorada. Podía sentir sus músculos estremecerse a mi alrededor mientras me cogía su coño con mi lengua. Su cuerpo estaba cambiando incontrolablemente mientras se acercaba al orgasmo. Su excitación manaba de ella. No fue hasta que cambié mi lengua a su clítoris y deslicé dos dedos en su entrada que se deshizo debajo de mí. Seguí bombeando mi mano, curvando los dedos en el interior de su cuerpo mientras ella descendía de su orgasmo.
Subí por su cuerpo quedando sobre ella. Usando su pie empujó mis shorts hacia abajo. Los pateé para quitármelos. Las piernas de Bella se enredaron alrededor de mis caderas arrastrándome hacia su cuerpo – Hazme tuya Edward – susurró – Termina de administrar tu prescripción. Casi estoy curada.
- Hmmm, yo también – dije mientras me deslizaba dentro de ella – Prescripción completamente administrada. El placer es todo lo que queda, dulce niña.
- Siiiiii – siseó sacudiéndose contra mí. Nuestras manos se entrelazaron y nuestra danza primitiva fue acompasada. Nuestras miradas estaban trabadas. Mi cuerpo se movía adentro y fuera de ella; mi polla brillaba por su excitación. Nuestros cuerpos estaban pegajosos de sudor y se sentía tan bien. Estábamos haciendo el amor. Estábamos llegando juntos en la más íntima de las formas – Edward, te sientes taaan bien. Más fuerte bebé.
Me incliné para besarla antes de enganchar sus piernas sobre mis brazos. Mi cuerpo se movía más rápido y más duro en su interior. Demasiado pronto, ambos gritábamos y nos veníamos. Me vine en el interior de su cuerpo, cayendo sobre su cuerpo, sudoroso, gastado y completamente satisfecho. Le di la vuelta y se acurrucó en mi pecho, jugando perezosamente con mi tatuaje a lo largo de las costillas – No me quiero mover – ella se rió.
- Yo tampoco – dije pasando mi mano de arriba abajo por su espalda.
- Pero estamos en este hermoso lugar. Deberíamos explorarlo – dijo ella mirándome – Por mucho que ame que me hagas el amor, hay más vida que coger.
- ¿Según quién? – resoplé.
- Yo – respondió ella – Vamos bebé. En verdad quiero ver el monumento de Pearl Harbor y visitar la plantación Dole*. Podemos hacer el amor otra vez cuando regresemos a casa.
- ¿Al menos nos podemos bañar juntos?
- Claro que si Edward – dijo ella. Nos levantamos y tomamos una muy inocente ducha. Quería más, pero Bella medió "la mirada". Después de nuestra ducha Bella bajó y lavó los platos de nuestro desayuno. Una hora después, estábamos en el auto conduciendo hacia el monumento del Arizona USS, el submarino USS Bowfin y otras varias atracciones en Pearl Harbor. Después de eso fuimos a la plantación Dole ahí tuvimos un almuerzo tardío y un tour por la plantación.
Aparqué en el estacionamiento recientemente renovado, nos acercamos a la taquilla. Arrugué nariz – Hay un tiempo de espera amor.
- No, no lo hay – dijo mientras sacaba una copia impresa de su bolsillo. Ella había dejado su bolso en el coche – Yo reservé con antelación las entradas.
- ¿Usaste tu nueva tarjeta de crédito? – le pregunté.
- Sip. Los pedí justo después de regresar del crucero al atardecer – explicó, poniendo la impresión en frente de la agencia de viajes. Fue revisada y empezamos nuestro recorrido por Pearl Harbor. Empezamos con el USS Arizona Memorial. Fue muy sombrío. A pesar de las enormes multitudes, se podía oír caer un alfiler. Bella estaba tomando fotos con nuestra cámara. Había lágrimas en sus ojos mientras caminábamos por el monumento.
- ¿Estás bien dulce niña?
- Es solo que mucha gente murió aquí Edward – murmuró – Innecesariamente. No debería ser tan emocional por algo que paso hace casi setenta años, pero sabiendo lo que pasó… – una solitaria lágrima bajó por su mejilla – Dios, nunca podría ir al monumento del 11 de Septiembre en Nueva York, sería un desastre sollozante.
- Cada generación tiene un momento en el que saben dónde estuvieron cuando ocurrió algo grande – le dije, entrelazando los dedos con los de ella – Para mis abuelos, fue Pearl Harbor. Para mis padres, fue Kennedy recibiendo un disparo. Para nosotros, por desgracia, es el 11 del 9.
- ¿Qué estabas haciendo? – Preguntó Bella.
- Yo estaba en clase: en la escuela de medicina de la Universidad Johns Hopkins. Un Tutor entró corriendo, susurrando algo al oído del maestro. Encendió la televisión y nos sentamos allí, mirando la CNN por el resto del día. Nada de clases. Demonios, incluso algunas personas se retiraron para ayudar al equipo en Nueva York. Teníamos un par de técnicos de emergencias médicas y paramédicos altamente capacitados en nuestra clase. Se fueron en un latido del corazón.
- ¿Cancelaron las clases?
- Por una semana – respondí – Resumiendo, después hubo definitivamente un sentido de urgencia en nuestra educación. ¿Qué hay sobre ti? ¿En dónde estabas?
- Trabajando en el asilo – respondió Bella – Uno de mis pacientes estaba viendo la televisión cuando sucedió. Irónicamente, él era un veterano de la II Guerra Mundial y lloró por las personas en las torres gemelas. Estuve con él todo el día, llorando con el mientras torres caían.
Nos quedamos en silencio, contemplando donde estábamos, el pasado, el presente, el futuro ... todos los pensamientos muy impetuosos y pesados en un paraíso tropical en medio del Pacífico. Todavía en silencio, terminamos de recorrer el USS Arizona Memorial y fuimos al acorazado USS Missouri. El tamaño de los cañones era impactante. El resto del tiempo en el Pearl Harbor Memorial lo gastamos en el museo de la aviación y el submarino.
Alrededor de las dos, nos fuimos a la plantación de Dole. Empezamos consiguiendo algo de comer. El viaje duró más de lo previsto y eran un poco más de las tres cuando llegamos. La comida era deliciosa y diferente. ¿Quién sabía que se podía preparar la piña en tantas maneras diferentes? Mi favorito fue el helado de piña, sin embargo. Compartir eso con mi chica era delicioso y maravillosamente divertido. Por no hablar de pegajoso. Pero, fue en buena diversión.
Después del tour en la plantación, entramos en el laberinto más grande del mundo. La risa melódica de Bella llenaba los altos arbustos que hacían el laberinto. Verla tan despreocupada y feliz, hizo que mi corazón estallara de amor por ella – Vamos, lento! llamó ella – Deja de mirarme fijamente y ayúdame a resolver esta cosa!
- Tal vez quiero perderme en el laberinto… vivir mis fantasías de sexo público? – resoplé.
. Edward, no. Solo no – se rió caminando hacia mí. Sus dedos se enlazaron con los míos y me sonrió – No vamos a coger en un gran laberinto en forma de piña. Además, ¿no escuchas a los niños cerca y alrededor de nosotros? Quieres espantar para toda su vida a esos pobres niños? – ella enredó sus brazos alrededor de mi cuerpo besándome suavemente – Te amo Edward.
- Yo también te amo. Aunque, estoy sorprendido de que me devuelvas mi afecto. Estar en este clima tropical me ha convertido en un pervertido sexual – me reí, mi cara estaba en llamas.
- Hmmm, tal vez me ha afectado, también – dijo ella, mordiendo mis labios – Te prometo que antes de irnos, vamos a tener sexo...
- Bella, tenemos sexo, hacemos el amor – me atraganté – "Muy a menudo"
- Tú no me dejaste terminar – ronroneó ella, jugando con mi pelo. Enarqué una ceja – Como estaba diciendo, vamos a tener relaciones sexuales en público, sólo para satisfacer tus tendencias anormales sexuales.
Qué. Comience. El. Juego.
N/T: Bueno aquí estoy de nuevo, niñas quiero pedirles una disculpa enorme por la tardanza! No pude publicar ni seguir traduciendo porque desde principios de marzo he tenido muchos problemas familiares muy grandes no me sentía con ánimos de nada, mi hermana está en un proceso penal gracias a su ex esposo (que para mí es el peor "hombre" del planeta) y de verdad es desgastante. A principios de mayo me dio un ataque de asma (yo no sabía que tenía asma) pero ya estoy 100% recuperada y con los ánimos arriba. Muchas gracias por su apoyo incondicional y mil gracias por preocuparse por mí. NO PIENSO ABANDONAR EL FIC. Estoy tratando de traducir lo más rápido posible así que no se desilusionen ni mucho menos piensen que dejaré esto a medias. Les dejo muchos besos y un abrazo enooorme y otra vez! Mil gracias por su apoyo. Las quiero!
P.D: Nuestro Eddie es un pervy obsesionado con el sexo publico! Haha pff un hombre como él no tendría ni que pedirme permiso Jajaja. Prepárense para drama! No les digo más. Besos!
*Plantación Dole/ es una plantación de piñas que se encuentra en Hawaii.
