¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Después de mucho tiempo de odiar a Beemov, de frustrarme, de no tener tiempo, aquí vuelvo. Intentaré ser más constante, pero que sepáis que pienso acabar mis proyectos, me lleve años, me lleve meses, me lleve días, incluso siglos. Los acabaré.
Promesa real.
Ahora, después de este anuncio. ¡Disfrutad de la lectura!
XX
"Yo ya era así antes de que tú llegaras, caminaba por las mismas calles y comía las mismas cosas. Incluso antes de que llegaras yo ya vivía enamorado de ti y a veces, no pocas, te extrañaba como si supiera que me hacías falta."
Me sentía inquieto.
Las personas iban mucho más lento de lo normal, yo iba fuera de onda como si no estuviese en este mundo, las semanas pasaban y sentía que algo estaba mal, que yo estaba mal. De vez en cuando sentía que algo me estaba mirando, que me seguían. Sentía que se aproximaban a mí y me tocaban, pero cuando me giraba no había nadie.
- Relájate, Nathaniel. No hay nadie aquí.
- Vaya forma de matar el ambiente.
Me sobresalté, saltando hacia atrás, quise gritar.
Mis ojos se movieron al sonido de la voz, allí estaba ella, apoyada contra el muro que estaba a mi izquierda. Respiré hondo, realmente me había asustado, estaba demasiado paranoico y la realidad comenzaba a sentirse demasiada extraña para mí. Suspiré en alivio.
- ¿Qué te pasa?
- Solo me has infartado, no te esperaba.
- ¿Solo eso?
Me mantuve en silencio.
Si lo pensaba, ella se enteraría y podía ponerse tenso el asunto. Debería dejar de pensar, no debería decirle nada porque de todos modos, probablemente, solo es mi imaginación y el estrés de los exámenes, aunque no esté mi padre en mi vida, tan presente al menos, sigue obligando a mi padre a preguntarme por los estudios.
- ¿Qué se supone que es tu imaginación?
- Olvídalo.
- No juegues conmigo, no me obligues a hacerlo contra tu voluntad.
- Deberías aprender el significado de la palabra privacidad.
La veo rodar los ojos.
Su sonrisa me inunda, como siempre, no puedo evitarlo, cuando ella sonríe mis preocupaciones desaparecen, se me olvida todo cuando su único hoyuelo asoma y sus dientes de blanco perfecto se muestran. Sus labios parecen más apetitosos, si es posible, de lo normal.
- Por muchos halagos que digas, sé que pasa algo.
- No es importante. Se llama estrés.
Rueda los ojos.
Se acerca a mí, rodeándome con sus brazos. Se acerca y besa mi mejilla, luego la otra, pasa a mi frente, mi barbilla y mi nariz, roza mi cara con una caricia deleitosa para mí. Sus ojos permanecen cerrados, y aunque yo quiero cerrarlos y disfrutar, sé perfectamente que lo que más me apetece ahora es verla, de cerca, de lejos, da igual. Solo verla.
- Nat-Nat. Por favor.
- No es importante, de verdad.
- Podría ser más importante de lo que crees.
No la comprendo, pero parece tan seria que me tensa solo con hablar.
Sus ojos me miran única y exclusivamente a mí, parecen querer atravesarme, parecen retenerme en los suyos, y aunque el viento baile con su pelo y me despiste, aunque su olor sea lo único que percibo, no puedo evitar fijarme en la seriedad que me ha expresado.
- De acuerdo…
- Bien, gracias. ¿Qué sucede?
- No es nada, realmente. El estrés, yo estoy paranoico y… bueno, seguramente no sea nada grave.
- Nat-Nat…
- Fijo que son imaginaciones mías y…
- Ve al grano.
Veo su ceño frunciéndose.
Parece estar más tensa que yo, aunque generalmente se muestra insensible a todo, creo que ahora mismo no podría creer que no le importa nada. Ahora mismo daría mis cosas y ganaría a que ella siente más de lo que me quiere hacer ver.
- Creo que me siguen. Cuando me giro no hay nadie, pero siento cosas. Es como una sensación desagradable y como si me tocase, se me ponen los pelos de punta y creo sentirlo, pero nunca hay nada.
- …
- Es estrés. Fijo.
Ella ya no me mira.
Sus ojos están fijos en el horizonte, su mirada se ha ido de la mía, su seriedad me aplasta, me giro. Allí no hay nada. Vuelvo la vista a ella, no hay nada.
Y hasta aquí.
Espero que lo hayáis disfrutado.
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