Capítulo 2

Sasuke tomó el documento que había llegado por correo horas antes. El contrato prenupcial. Todo muy legal, y contenía las cláusulas sufi cientes como para cubrir cualquier eventualidad y más.

Hojeó el documento. Quince meses. ¿Qué le ha bía hecho extender el plazo de tiempo? Bien podría querer dejarlo en mucho menos tiempo. Incluso tenía una cláusula que contemplaba esa posibilidad. También había otro documento separado, por el que renunciaba a interponer cargos contra Kizashi Haruno. Y otro más que contenía un acuerdo privado entre Sasuke Uchihay Sakura Haruno.

La cuestión era, ¿llevaría todo eso a cabo?

Sopesó los pros y los contras y siguió su instinto, como había hecho con todas las demás decisiones que había tomado en su vida. Había una ventaja en eso de tener una amante: que las ataduras estaban claras. Aquello era poco más que un acuerdo de negocios bien definido.

Tomó una pluma y jugueteó ausentemente con ella. Luego la dejó y buscó un archivo, apuntó una dirección y llamó a su secretaria para decirle que se marchaba por un rato, que si se le necesitaba con ur gencia, lo localizara en el teléfono móvil. Luego tomó su chaqueta, se la puso y tomó las llaves.

Sakura escuchó el timbre que indicaba el final de la clase y del día escolar. Suspiró aliviada. Enseñar li teratura inglesa a chicos de dieciséis años que venían de muy distintos ambientes era una forma de arte en sí misma. Conseguir y mantener su interés era difícil, pero normalmente, ella podía hacer que la asignatura fuera divertida.

Ese día se sentía cansada, tanto por la falta de sueño como por la salud de su padre y por la intriga acerca de si Sasuke Uchiha se pondría en contado con ella o no. Habían pasado ya tres días desde su entrevista con él, no la había llamado y estaba empezando a po nerse nerviosa.

Ordenó sus cosas, las metió en el bolso y se lo echó al hombro. Luego tomó unos libros y se los apoyó en la cadera antes de seguir al último de los estudiantes al pasillo. Por suerte, no había ninguna reunión de profeso res, así que podía irse directamente a casa a preparar unos exámenes para el día siguiente, ducharse, comer algo y llamar al hospital antes de ir al restaurante.

- Hola, Miss Haruno.-

Ella levantó la cabeza y sonrió al estudiante que la había saludado. – Hola, Konohamaru.-

-¿Le llevo los libros?-

- Si quieres... -dijo ella y se los dio.

-¿De verdad que Shakespeare trabajaba por en cargo?.-

- Es cierto.- Contestó. En el exterior, el sol de la larde se filtraba por en tre los árboles. - Algunas de sus obras fueron hechas por encargo - añadió ella. - Y escritas en un estallido de creatividad nacida de la desesperación.-

- Eso era lo que me había figurado. –

Cuando se fueron acercando al aparcamiento, Konohamaru preguntó preocupado -¿Tiene problemas, señorita?-

- No. ¿por qué?- Respondió curiosa.

- Porque hay un tipo bien vestido junto a su co che.-

Ella levantó la mirada y se quedó helada. Sasuke Uchiha estaba ahí.

-¿Quiere que me encargue de él? –

El pensamiento de Konohamaru enfrentándose con ese hombre era para reír. Pero ella ni siquiera sonrió. - No pasa nada.-

Konohamaru la miró y luego miró también al hombre que estaba esperándola indolentemente, como si tu viera todo el tiempo del mundo. -¿Está segura? - preguntó el chico. Con solo verlo, habla reconocido el aspecto del hombre y no sabía si su profesora tenía idea del calibre de ese tipo. - Puedo ir a por ayuda.-

- Lo conozco. Gracias por traerme los libros. - Suspiró resignada cuando el chico se dirigió hacia el Míni, esperó hasta que ella abrió la puerta y deja ron dentro los libros y el bolso. - Gracias, Konohamaru - dijo ella y el chico la miró preocupado, pero se marchó.

- Tiene usted un fiel defensor - dijo Sasuke cuando ella cerró la puerta y se quedó de pie, mirándolo.

Sakura pensó que el que se hubiera presentado allí en persona tenía que significar algo, seguramen te. - Pues si. – Respondió con simpleza.

-¿Hay algún sitio donde podamos hablar? –

A ella se le hizo un nudo en el estómago. - Hay un parque no muy lejos de aquí.

- Su piso estaría mejor. - Por supuesto, él sabía dónde vivía ella.

- Mi casera no quiere que los inquilinos lleven gente a sus habitaciones.-

- Entra en el coche, Sakura. Te seguiré - dijo él empezando a tutearla.

Cinco minutos más tarde, se detuvieron delante de un edificio de dos plantas de ladrillo que tenía un aspecto un tanto viejo. La cerca necesitaba una repa ración urgente, la pintura se caía y la hierba no esta ba nada cuidada.

- Segundo piso - dijo ella al tiempo que abría el portal, y él la siguió.

Aquello olía a comida y Sasuke dudó que lo hu bieran pintado desde hacía por lo menos veinte años. Su habitación era solo eso, una habitación con un apartado que tenía un fogón portátil, un pequeño fri gorífico bajo la mesita de cocina y un fregadero.

Una puerta debía dar a lo que se imaginaba que era un baño en miniatura. En la habitación había un sofá cama, una pequeña mesa con un ordenador portátil y una silla. Muy bá sico todo. Él había vivido mucho peor.

-¿Quiere sentarse?- La escuchò.

- Permaneceré de pie. Le he concertado una cita con mi abogado.-

-¿Es eso un sí, señor Veloz-Uchiha?-

- Tengo que dejar claros mis términos. Es esencial que usted los entienda completamente.-

Un sí condicional, basado en sus requerimientos. ¿Qué se había esperado? - El único tiempo libre que tengo es entre las tres y media y las cinco. – Contestó.

Él sacó su teléfono móvil, marcó y habló breve mente por él. - Mañana a las cuatro de la tarde -dijo él y sacó una tarjeta, donde escribió algo -. Este es el nombre y la dirección.

Sakura inclinó la cabeza. - Gracias. ¿Algo más?-

- No, por el momento.-

- Entonces tendrá que disculparme.- Se dirigió a la puerta y esperó allí a que él se marchara. Luego la cerró y se apoyó en ella por unos se gundos, hasta que se tranquilizó el latir del corazón. Luego, se puso a preparar las lecciones del día si guiente; cuando terminó, se hizo algo de comer y después se duchó.

En el hospital, su padre no había sufrido ningún cambio. Estuvo con él tres cuartos de hora hasta que llegó la hora de irse al restaurante, el cual estaba más lleno de lo habitual, por lo que tuvo que quedarse hasta más tarde de lo que le correspondía para agradar al due ño; un italiano que parecía más temperamental que de costumbre. Por tanto, fue un alivio cuando salió por fin y se fue a su coche.

Solo estaba a unos metros de su coche cuando notó que la seguían. Se volvió y vio a dos jóvenes que se le echaban encima. Uno de ellos fue a por su bolso y el otro llevaba algo en la mano. Se puso automáticamente en posición defensiva, el golpe fue bien colocado y llegó a su destino con un sonido satisfactorio. Pero aún así, eran dos contra una y notó un repentino dolor en el brazo. Las luces de un coche que se aproximaba la salvaron de otro ataque y los jóvenes salieron corriendo desapare ciendo tras una valla.

En la huida dejaron caer su bolso y ella lo reco gió, lo revisó rápidamente y se dirigió a su coche. Una vez dentro, cerró las puertas y arrancó. Ni siquiera vio lo que tenía en el brazo; solo con dujo hasta que llegó a su casa, y allí fue donde se dio cuenta de que por la cantidad de sangre y la profun didad del corte, la herida iba a necesitar unos puntos.

¿Y a quién podía llamar a esas horas?

A nadie. Decidió mientras se vendaba el brazo con una peque ña toalla. Luego tomó el bolso y volvió al coche. Había un hospital no muy lejos, y allí la curaron. Eran más de las tres de la madrugada cuando volvió a su apartamento, después de haber formulado la de nuncia correspondiente. Se tomó el sedante que le habían prescrito y se acostó.

Los calmantes la ayudaron a soportar el día esco lar. Llevaba una chaqueta y nadie sospechó que tenía dieciséis puntos en el brazo, o que le dolía mucho.

El bufete de los abogados de Sasuke Uchiha estaba situado en uno de los mejores edificios de la ciudad. Ella dejó su coche en las afueras y luego tomó el autobús.

Llegó puntual a la cita y pronto una mujer ele gantemente vestida la condujo a una lujosa oficina, donde un hombre impecablemente vestido y de unos veinti tantos años, se levantó para saludarla.

- Señorita Haruno, tome asiento, por favor. –

Ella lo hizo en uno de los cómodos sillones y él de nuevo, tras la mesa. - Sasuke tardará un poco - añadió el hombre mien tras tomaba tres documentos y luego abría el prime ro. - De cualquier manera, podemos empezar sin él. Le pasó tres copias y continuó:

- Si examina el acuerdo prenupcial, se lo iré ex plicando. –

Sakura se percató de que aquello estaba hecho a conciencia. Cualquier eventualidad estaba cubierta. Vio consternada que iba a tener que vivir en la casa de Sasuke Uchiha.

¿No era lo habitual que las amantes vivieran en un lugar aparte?

Él también habla cambiado el tiempo de duración de doce meses a quince y también se reservaba el de recho a terminar con ese acuerdo en cualquier mo mento. Ella no lo podía hacer. Y si él decidía terminar con ese acuerdo antes de tiempo, se reduciría el porcentaje de la deuda, calcu lando el valor del tiempo pasado. Lo que quedara ella debería pagarlo en un tiempo determinado. Estaba claro que no había nada que ella pudiera ne gociar. Con eso, él la tendría legalmente en sus manos.

Mientras ella estudiaba esos documentos, Sasuke entró en al despacho, dedicándole solo una breve mirada, fría y desapasionada.

El documento personal contenía algunos detalles ciertamente muy subjetivos, casi insultantes. Ella se ruborizó pero la alivió un poco que Sasuke se hubiera sometido ya a unas pruebas similares.

- Una precaución necesaria - dijo entonces el abo gado -. Y, por supuesto, usted es libre de no firmar estos documentos.

Libre de marcharse de allí y de no tener nada que ver con Sasuke Uchiha. Pero si lo hacía, here daría una deuda de medio millón de dólares y todos los perjuicios que eso le acarrearía. Y quince meses no eran una eternidad. Al final de ese período sería libre y podría recuperar su propia vida.

El abogado se tomó su silencio como una afirma ción. -¿Tiene alguna pregunta? –

Ella tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para decir que no.

- Hemos organizado una cita con un médico después de esto. También le he procurado una consulta con un colega independiente para que la aconseje. Los resulta dos de las pruebas deberían estar listos en menos de dos días y se le enviará una copia de las mismas. –

Aquello era la eficiencia profesional en persona. Y entonces, ¿por qué ella se sentía como si estuviera atrapada por un maremoto?

Sin embargo, era lo que ella habla querido. Se re tirarían todos los cargos contra su padre y ya no tendría que trabajar en el restaurante todas las noches y podría marcharse de su habitación alquilada.

- Gracias - dijo y se levantó.

Luego tomó las tarjetas que le dio el abogado. - La consulta del médico está en la tercera planta - le dijo el abogado.

- Mi colega abogado tiene el bufete en la décima.-

Muy conveniente, pensó ella. Todo estaba dis puesto para ahorrarle tiempo y para que pudiera lle gar a tiempo a su trabajo.

Sakura inclinó la cabeza en dirección a Sasuke y salió por la puerta que el abogado le había abierto. Luego, la secretaría la acompañó a los ascensores. Cuando se hubo marchado, el abogado cerró la puerta y se volvió hacia Sasuke, que estaba ya sentado cómodamente.

- Espero que sepas lo que estás haciendo - dijo.

- Tú ya te has ocupado de que todo esté muy claro - respondió Sasuke mientras su viejo amigo se dirigía al bar y servía dos whiskys.

Le dio un vaso a Sasuke y se sentó delante del hombre al que habla conocido hacía tanto tiempo ya, mientras ambos subían peldaños en la escala del éxito. - Esta vez estás tratando con un ser humano, no con acciones, ladrillos y cemento. –

- Este acuerdo me tiene intrigado. Lo mismo que esa mujer. – Contestó el Uchiha.

- Estás renunciando a una gran suma de dinero. – Insistió su amigo rubio.

- Solo puedo esperar que la recompensa por ha cerlo sea la adecuada. – Contrarresto.

El abogado le dio un buen trago a su copa. - Te deseo lo mejor - dijo.

- Gracias, amigo - respondió Sasuke.

Sakura entró al restaurante a las seis y se puso a trabajar. No tuvo tiempo para pensar en los sucesos de esa tarde, aunque la falta de sueño la hizo confundirse un par de veces, cosa que irritó al dueño. El brazo le dolía después de horas de estar llevando platos y bandejas. Cuando terminó su turno y salió a las once, una voz ya conocida la hizo detenerse.

Sasuke Uchiha era una figura formidable a la luz del letrero luminoso. -¿Qué está haciendo aquí? – Pregunto dudosa.

Él la miró duramente. - Acabando con tu empleo. –

- No puede… – Respondió de inmediato.

- Espera y veras. - Desapareció un par de minutos y cuando volvió, la expresión de él la dejó helada.

- Métete en tu coche. Yo te seguiré. – Le ordenó.

Ella lo miró con ojos llameantes. - Dentro de unos días me podrá decir lo que tengo que hacer. Pero por el momento, no puede darme ordenes. –

- Unas palabras valientes, pequeña. ¿Fuiste tan valiente anoche, cuando te atacaron? - Ella supuso que se lo había contado el médico, que había visto el brazo vendado.

- Las noticias viajan rápido –Le respondió.

- Fuiste al hospital a medianoche y saliste a las tres. –

- Sus fuentes de información son admirables. –

- Lo siguiente que me vas a decir es que puedes cuidar de ti misma.-

- Llevo haciéndolo desde hace tiempo.-

- Entra en el coche, Sakura.-

Ella lo hizo y, cuando llegó a su casa, aparcó y esperó a que él hiciera lo mismo. Cuando ambos estuvieron fuera, él le dijo - Tomate un sedante, llama mañana al colegio y diles que estás enferma. –

- Sí y no. – Sakura empezó a alejarse y le dio las buenas no ches por encima del hombro.

Sasuke esperó hasta que vio que ella encendía la luz en su apartamento, luego se metió en su coche y arrancó.

Después del fin de semana, el lunes, él tendría los resultados de los análisis y luego se firmarían todos los documentos. De lo que no estaba nada seguro era de la razón por la que se había metido en eso. Sakura no significaba nada para él. Tenía todas las razones para que esa mujer no le gustara y para desconfiar de ella. Debía estar un poco loco para ha ber accedido a aquello.

Y entonces ¿por qué no solo estaba siguiendo adelante con el acuerdo, sino que estaba cediendo a un instinto de protección que antes había estado se guro de que no poseía?

Después de una nula noche, Sakura desayunó, se puso unos vaqueros y una camiseta amplia y fue a la tienda de su amiga Ino, que vendía cosas de artesanía hippie, discos y velas aromáticas y donde ella hacia unas horas para conseguir un poco más de dinero.

El brazo le dolía aún, pero no tanto como antes, y estaba segura de que el domingo le dolería menos to davía. Esa noche no tenia que apresurarse para vol ver a casa y trabajar en el restaurante, así que cenó con Ino una ensalada y zumo de zanahoria en el restaurante vegetariano y herbolario que tenían al lado.

A pesar de las ganas que tenía de confiar a alguien lo que estaba haciendo, no le pareció bien contárselo a su amiga. Además, todavía no había firma do nada; ya lo contaría cuando lo hiciera.

Más tarde, fue al hospital y se dirigió a la habita ción que su padre compartía con otros tres pacientes. Cuando entró se quedó helada al ver que su padre te nía otra visita. No se trataba de un amigo, sino de Sasuke Uchiha en persona.

La expresión de Sakura se transformó en fiera y protectora, pero la cambió inmediatamente cuando su padre se volvió y la vio. Sasuke la observó mientras ella se acercaba a su padre, le tomaba las manos y le daba un par de besos.

- Has estado ayudando a Ino - dijo el señor Haruno sonriendo débilmente -. Mira quién ha venido a visitarme.-

-SI, ya lo veo - dijo ella mirando amenazado ramente a Sasuke.

El uchiha pensó que era como una leona defendien do a sus cachorros, con las garras preparadas y lista paro saltar, - Estoy seguro de que prefieren estar a solas - su girió. Se despidió con un gesto de la cabeza, les deseó buenas noches y se marchó.

Cuando se hubo marchado, Sakura se preguntó por qué habría ido él allí. Se quedó una hora con su padre y. cuando salió, casi esperaba encontrarse con Sasuke fuera, pero él no estaba. Una vez en su casa, cenó y preparó las clases para el lunes.